lunes, 8 de diciembre de 2014

A conveniencia


Después de que el PP consiguiera que los jueces defenestraran a Garzón, aparentemente por las escuchas de la Gurtel y ahora que el magistrado se encuentra apartado de la carrera judicial por unos cuántos años, el Ministro de Justicia propone aprobar una ley que legalice las escuchas telefónicas, alegando que en casos relacionados fundamentalmente con el terrorismo, podrían resultar absolutamente esclarecedoras para conseguir condenas, por parte de los jueces.
Por qué se trata ahora de aprobar esta ley con carácter de urgencia y por qué en el caso que llevaba Garzón estas prácticas fueron denostadas de la manera que todos sabemos, viene a corroborar la teoría de que legislar en este País, en este preciso momento, tiene mucho que ver con que  lo que se convierte en legal favorezca o no los intereses del Partido que gobierna y en este caso de un PP, al que no ayudaba nada que se llegara hasta el fondo de lo que ocurría en la trama Gurtel, al estar implicados en ella, un gran número de miembros relevantes de esta formación, como más tarde todos hemos visto.
Hasta dónde hubiera llegado la investigación de Garzón y a quiénes hubiera afectado, de haberse considerado las escuchas como legales, nunca lo sabremos, aunque podamos intuir que en este mayestático caso de corrupción, aún quedan fuera muchos más nombres de los que se conocen y que esos nombres quizá pudieran ser los de gente mucho más importante en el PP, que la que hasta hoy se encuentra imputada.
Que Garzón era sustancialmente molesto para el Partido de Rajoy no es ningún secreto y que su declarado apoyo a la Ley de Memoria Histórica fue una de las causas que le costaron el puesto, es algo que venimos defendiendo desde el principio, pero que su afán por llegar hasta el fondo mismo de lo sucedido con Gurtel puede ser la razón primordial que le colocara exactamente dónde está, lejos de poder culminar con el éxito que a todos nos gustaría, uno de los peores casos de corrupción de los últimos tiempos, es una evidencia irrefutable.
El descaro de legalizar las escuchas telefónicas ahora, por pura conveniencia, supone un agravio de dimensiones incalculables para el Juez, pero a la vez, termina por dar la razón a su teoría, anulando, aunque sólo sea de manera simbólica, la estúpida sentencia que le apartó del cargo, pero que no ha conseguido en absoluto acabar con el prestigio internacional que le acompaña.
Porque si las escuchas son, a partir de ahora legales, también lo serían antes y el argumento de la prevaricación viene a caer por su propio peso demostrando que el tiempo, inexorablemente, acaba por poner a cada uno en su sitio.
Tal vez la aprobación de esta Ley sirva para que Garzón pueda de algún modo, solicitar una revisión de su caso, declarándose afectado por un agravio comparativo que urgentemente debiera corregirse y tal vez, hasta encuentre apoyo en muchos de sus compañeros, si es que quieren mantener en sus decisiones una cierta independencia y no ser meras marionetas en manos de un poder político, que no debe injerirse en el campo de la justicia.
A los ciudadanos nos parece que en toda regla, los gobiernos juegan con las Leyes a merced de los vientos que para ellos soplan, sin tener en absoluto en cuenta qué es mejor para el funcionamiento de una nación o para el conjunto de la sociedad, que ha de regirse necesariamente, por ellas.
Porque si Garzón prevaricó ordenando las escuchas de la Gurtel, también prevaricará, y mucho más, el Ministro, si pretende redactar una ley que las legalice en su totalidad, por las razones que fueren.
Habrá que esperar al desenlace de esta historia, pero, en principio, uno no puede por menos que pensar que o todos nos hemos vuelto locos, o que el descaro de los políticos no conoce fronteras.




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