martes, 2 de diciembre de 2014

El truco final


Hasta dónde se puede llegar para conservar el poder, una vez que se han probado los privilegios que reporta, va a quedar claro ahora que parece que el bipartidismo está herido de muerte segura y así lo demuestran las declaraciones de María Dolores de Cospedal, afirmando que el PP estaría dispuesto a entenderse con el PSOE, en el caso de no sacar mayoría absoluta, en las próximas elecciones.
El imparable avance de Podemos ha hecho saltar todas las alertas en el corazón de los dos grandes Partidos, acostumbrados a repartirse periódicamente todos los cargos decisorios del País sin oposición peligrosa de otras fuerzas políticas y en este momento, visiblemente contrariados por la posibilidad real de que se venga abajo, un sistema que daban por asentado para siempre, en una cómoda posición de alternancia.
Enemigos declarados, PP y PSOE no han dudado durante todos estos años en atacarse mutuamente, con una ferocidad que muchas veces ha sobrepasado con mucho el límite de la chabacanería, llegando incluso a insultarse gravemente en las sesiones parlamentarias y haciendo creer a los ingenuos españoles que sus diferencias resultaban insalvables.
Los dos se han autoproclamado paladines de la derecha y de la izquierda, negando a cualquier otra Formación el derecho a defender ambas ideologías, aunque el tiempo ha venido demostrando que una vez alcanzado el poder, han terminado por parecerse grandemente.
Esto se ha visto claramente tras la llegada de la crisis, en la que sus dirigentes se han decantado por la aplicación de una clase de política pensada más para contentar a los exigentes socios europeos, que a la ciudadanía y directamente en consonancia con un sistema capitalista, que ha terminado por asfixiar a los ciudadanos, provocando su hartazgo.
Si a ello sumamos los innumerables casos de corrupción que hemos conocido y cuyos protagonistas pertenecen indistintamente a ambos Partidos, el caldo de cultivo para que los españoles buscaran otras vías, más en consonancia con sus deteriorados intereses, estaba servido y ha bastado que alguien les hable con cierta seriedad de que sus múltiples problemas pueden tener solución, para que la intención de voto cambie y los augurios para el bipartidismo sean, francamente apocalípticos.
En vista de estas inesperadas circunstancias, no queda otro camino para conservar el poder, que una alianza entre enemigos acérrimos, que consiga bajar los humos de los líderes de Podemos, demostrándoles que no puede ser tan fácil llegar a la Moncloa y que ni PP ni PSOE están dispuestos a rendirse sin lucha, si se diera el caso de que fueran desbancados en las elecciones, por un Partido con el que nadie contaba hace apenas un año.
Así que ya no importa la ideología, ni las brechas que antaño separaron a los protagonistas principales de estas historias y lo que verdaderamente cuenta es no permitir que un intruso reclame su parte del pastel, en esta farsa esperpéntica, en que se ha convertido la política.
Sin embargo, en la mano de los ciudadanos está no consentir que tal aberración se produzca, ofreciendo el voto libremente a quiénes, al menos, conserven la cordura de ser lo que son, sin venderse al mejor postor, llegando a traicionar los principios para no ser condenados al olvido.
Ahora, con más fuerza que nunca, habrá que votar a otros Partidos, los que sean, con tal de que este truco final no produzca las consecuencias que esperan estos ilusionistas de pacotilla, que sólo pretenden que las cosas sigan como están, es decir, muy bien para ellos.
 Es preferible tener un Parlamento fragmentado, en el que sea absolutamente imprescindible contar con los demás en cada decisión que se tome, que una tiránica mayoría que gobierne con mano absolutista sin que nada se pueda hacer, durante otros cuatro años, por evitar la tortura de su mandato.
Además de Podemos, otros Partidos pequeños aguardan su oportunidad de demostrar que también pueden ser opciones de poder, en esta maltrecha España que deja como herencia la mano del bipartidismo.
Habrá que pensar, en conciencia, qué es lo que queremos para nuestro futuro y actuar, ahora que vamos a poder, con plena libertad de decisión, para evitar volver a caer en el mismo engaño en que ahora vivimos.




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