Como era de esperar, el Fiscal Horrach carga las tintas
contra Iñaki Urdangarín, en el caso Noos y pide cerca de veinte años de cárcel
para él, mientras continúa defendiendo la inocencia de la Infanta, en
consonancia con la postura que ha venido manteniendo, desde que se iniciara la
instrucción de este caso.
En clara oposición a la conocida actitud del juez Castro, que
en todo momento ha ignorado la procedencia familiar de cristina de Borbón, en
un intento desesperado por aplicar una justicia igualitaria para todos los
españoles, Horrach considera que si de algún modo habría que castigar a la
hermana del Rey, sería admitiendo que se lucró de los capitales obtenidos de
esta trama corrupta, aunque sin conocer la procedencia de los mismos.
Los ciudadanos, que reiteradamente han afeado la actuación de
este fiscal, que reiterativamente se ha apartado de sus funciones específicas
en este caso en concreto, esperan que la inflexibilidad de Castro al juzgar
esta causa sea absoluta y que nadie se libre de ser condenado a la pena que
correspondiese a sus delitos, con independencia de su apellido.
La acusación popular sin embargo, pide ocho años de cárcel
para la mujer de Urdangarín y defiende su participación directa en los negocios
que en este caso se tratan, con conocimiento pleno de que se estaban
defraudando caudales públicos y utilizando estas ganancias en mil aspectos de
su vida personal, como demuestran las cuatrocientas facturas que obran en poder
del Juez.
Se da además, un flagrante agravio comparativo con las
acusaciones que Horrach hace a la mujer del socio de Urdangarín , que podrían
colocarla en una clara indefensión, siendo su posición en las empresas
exactamente la misma que la de Cristina de Borbón, a quien no se le supone
delito alguno.
Todo este caso, que desde el principio ha resultado
extremadamente espinoso, precisamente por la importancia en la vida pública de
los implicados, continúa, a día de hoy, constituyendo una enorme maraña que con
toda probabilidad resultará difícil desenredar, si el juez no se afana en el
estricto cumplimiento de sus funciones, a pesar de la multitud de presiones
externas que ha recibido y recibe, desde que cayera en sus manos la instrucción
de la causa.
La opinión general es que si Castro no se ha rendido hasta
ahora, nada ni nadie podrá impedir que siente a la Infanta en el banquillo y
que consiga a duras penas, llegar hasta el mismo fondo de este asunto, aunque
no sea más que para demostrar que no se equivocaba en sus conclusiones, que le
han costado una enemistad manifiesta con un fiscal, que más parece abogado
defensor contratado por la Casa Real, que acusador, como debiera.
Por tanto, no parece probable que el Juez admita la
aplicación de la Doctrina Botín, que seguramente reclamará la defensa de Borbón
como último recurso y todo hace pensar que los españoles veremos al matrimonio
Urdangarín, uno junto a otro, en el juicio, por mucho que pese al Gobierno, a
la Casa Real y a todos los monárquicos del País, por la vergüenza que
constituye para la Institución a la que pertenecen ambos cónyuges.
Pero el principio de igualdad ha de ser aplicado en los
juzgados mucho más que en cualquier otra parte y es por tanto de Ley, que
aquellos que delinquen se atengan a las consecuencias que acarrea el
descubrimiento de sus delitos, sin que sea jamás posible la impunidad para
nadie, sea Príncipe, o simplemente, mendigo.
Una condena a Cristina de Borbón, si la merece, reforzaría y
mucho la opinión que los ciudadanos tienen sobre un deteriorado Sistema Judicial, que ha venido desgraciadamente
y con demasiada frecuencia, bailando el agua a los infractores fiscales,
emitiendo ridículas sentencias que han permitido que la corrupción llegue a los
niveles que está alcanzando últimamente.
El único camino para terminar con esta sinrazón es que los
culpables, sean quiénes sean, devuelvan los capitales robados en su integridad
y paguen con los años de cárcel que les corresponda, la osadía de haber
cometido un delito que nos afecta directamente a todos.
Y ser Borbón, no constituye en modo alguno, un eximente.

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