lunes, 15 de diciembre de 2014

No basta con dinero


Se apresura la Infanta Cristina a depositar los casi seiscientos mil euros que le exige la Fiscalía, por haberse lucrado de los beneficios de la trama Noos, en un intento desesperado por sortear de alguna manera sentarse en el banquillo de los acusados y antes de que sus abogados pretendan que se acoja a la doctrina Botín, para conseguir una impunidad, que nadie cree que merezca.
Sin que el Juez Castro haya tomado aún la decisión de procesarla, junto a los otros acusados de corrupción para los que sí se piden penas de cárcel, el bufete de Roca que parece ignorar la autoridad del magistrado, ateniéndose únicamente a lo que propone el Fiscal Horrach, se cura en salud pretendiendo demostrar que Cristina de Borbón está dispuesta a asumir sus responsabilidades con el fisco y abona sin rechistar la cantidad exigida, asumiendo tácitamente, al menos, una parte de culpa.
Pero le guste a Roca o no, el destino que aguarda a la hermana del Rey se encuentra única y exclusivamente en las manos de Castro y no parece probable que después de haber estado luchando contra viento y marea para llegar al esclarecimiento de la verdad, el juez se conforme con el cobro de la sanción administrativa, consintiendo  que la imputada se libre del banquillo.
Sería como admitir que toda la tortuosa instrucción que ha llevado a cabo durante tanto tiempo, ni se ajustaba estrictamente a derecho, ni se regía por las pruebas que se manejaban en el desarrollo de este caso y que parecen culpar a Cristina de Borbón, de otros delitos mucho más graves, defendiendo que conocía perfectamente los asuntos que se traían entre manos, su marido y sus socios.
Tampoco parece probable que el juez admita que se acoja a la doctrina Botín, ni que esté dispuesto a tolerar ningún tipo de manipulación alrededor del caso, como no podía ser de otra manera, si desea  cumplir estrictamente, las funciones propias de su cargo.
De nada va a servir, creo, a la Infanta, la prisa en depositar un dinero, que efectivamente, pertenece a todos los españoles, ni la contumacia del fiscal en asumir el papel de abogado defensor en este caso, si como se prevé, las pruebas que existen contra ella aconsejan su procesamiento, por lo que probablemente, antes de Navidad, conoceremos sin demasiada sorpresa que el Juez decide procesarla.
Ni la influencia de su familia, ni la fuerza del apellido, ni las sucias maniobras que se supone han ocurrido alrededor del caso, ni la negativa de Hacienda a personarse como acusación particular, ni la descarada predilección de este gobierno por su figura, parece que vayan a servir para garantizar una impunidad cada vez más lejana y que no habría lugar, sólo ateniéndose a una cuestión de un apellido, que al final es la causa de toda la parafernalia que se ha venido montando alrededor de este asunto.
También parecía imposible que a Urdangarín se le pudieran pedir veinte años de cárcel…y se ha hecho, aunque quizá para tratar de convertirle en el único culpable de una historia que jamás habría podido acometer en soledad, de no ser por el apoyo tácito que le prestaban sus socios y la propia influencia de formar parte de la misma realeza.
Pero este caso no quedaría totalmente cerrado, si se permitiera que algunos de los implicados en él escaparan olímpicamente de la acción directa de la justicia.
Seguramente, esto mismo debe pensar el juez y a juzgar por la dureza con que instruyó el sumario, la posibilidad de que la Infanta consiga la impunidad a cambio de una cuestión crematística, no entra dentro de lo posible.
Habrá que ver qué opciones de trabajo le quedan a Horrach si finalmente pierde este pulso y qué manifestaciones hará el agudo Roca, si no consigue con la facilidad que creía, defender brillantemente, lo indefendible.

 Ya ha acusado directamente a la sociedad de no respetar la presunción de inocencia, pero es que, de verdad, por mucho que se quiera, no se puede creer lo increíble.

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