Mariano Rajoy pone al
frente del Ministerio de Sanidad al fiel Alonso, que hasta ahora había
desempeñado labores de Portavoz del Gobierno, sustituyendo a la dimisionaria
Ana mato, desaparecida desde que se viera forzada a dejar un cargo, que la ha superado
ampliamente en muchas situaciones vividas.
El Presidente apuesta por una continuidad que evite poner
en peligro su línea de gobierno y no se arriesga, estando como están cercanas
las elecciones, a proponer a cualquier otro que pudiera acarrearle nuevos
disgustos relacionados con la corrupción, aunque se le está poniendo difícil, a
la vista de la larga lista de los que por esta causa han sido imputados y que
procedían de su Partido.
Poco puede esperarse, sin embargo, de este leal servidor de
Rajoy, al frente de uno de los Ministerios que se han visto más afectados por
la fuerza de los recortes y cuyos profesionales se encuentran permanentemente
en pie de guerra, para defender una Sanidad Pública y gratuita, que no parece
ser del agrado del PP.
Alonso siempre ha estado al lado de Rajoy, por lo que
imaginar algún cambio en el campo de la Sanidad, ahora que ocupa la cartera,
resulta del todo imposible, aunque teniendo en cuenta la espantosa gestión que
ha llevado a cabo Mato mientras ha durado su mandato, nadie que llegue puede
hacerlo peor, tan solo con que se preocupe de recabar algo de información sobre
las cuestiones propias de este campo.
De momento, tampoco se le conocen a Alonso conexiones
extrañas con tramas de corrupción, por lo que su llegada supone un punto
positivo, dentro de la negatividad que aporta la gestión del PP, en relación
con los temas sanitarios, por lo que habrá que suponer que todo seguirá siendo
con él, exactamente igual que viene siendo, aunque un poco mejor gestionado.
Este nombramiento, que da la impresión de haber sido hecho
para salir del paso, cierra en falso la profunda crisis en que se encuentran
los mandatarios conservadores, sobre los que pulula continuamente la sombra de
la sospecha, en varios de los casos de corrupción actualmente investigados y en
particular, en el de Bárcenas, con sus famosos papeles, en los que muchos de
ellos, incluido el Presidente, aparecen como perceptores de sobres en negro,
procedentes de la extorsión a los empresarios españoles.
Y digo que se cierra en falso, porque en vista de lo que ha
llovido, han existido motivos suficientes para que el gobierno en pleno se
viera forzado a dimitir y para que se convocaran con carácter inmediato, nuevas
elecciones generales.
Pero Rajoy prefiere siempre poner un parche que arregle
momentáneamente las situaciones de peligro y continuar su camino, esperando que
la gracia divina haga el milagro de solucionar los problemas, a ser posible,
sin mancharse las manos, y sin tener que aparecer ante los ciudadanos para
ofrecer explicaciones creíbles.
Alonso es uno de esos parches y todos lo sabemos, desde el
momento en que el PP aún se atreve a defender a la Ministra saliente, a pesar
de haber sido directamente acusada por el juez Ruz, de haberse lucrado de las
ganancias ilícitas procedentes de Gurtel, convirtiéndose así, en la enésima
implicada popular, en uno de los casos de corrupción más sonados de los últimos
tiempos.
Al final, de tanto parchear, alguno de estos sucios asuntos
terminará por estallar en las narices del Presidente y no le quedará más
remedio que marcharse por la puerta de atrás, naturalmente sin haber admitido
nunca ni un solo error o culpa, pero vencido por la fuerza de la verdad, que
siempre se termina imponiendo.

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