miércoles, 3 de diciembre de 2014

El relevo


Mariano Rajoy pone  al frente del Ministerio de Sanidad  al fiel Alonso, que hasta ahora había desempeñado labores de Portavoz del Gobierno, sustituyendo a la dimisionaria Ana mato, desaparecida desde que se viera forzada a dejar un cargo, que la ha superado ampliamente en muchas situaciones vividas.
El Presidente apuesta por una continuidad que evite   poner en peligro su línea de gobierno y no se arriesga, estando como están cercanas las elecciones, a proponer a cualquier otro que pudiera acarrearle nuevos disgustos relacionados con la corrupción, aunque se le está poniendo difícil, a la vista de la larga lista de los que por esta causa han sido imputados y que procedían de su Partido. 
Poco puede esperarse, sin embargo, de este leal servidor de Rajoy, al frente de uno de los Ministerios que se han visto más afectados por la fuerza de los recortes y cuyos profesionales se encuentran permanentemente en pie de guerra, para defender una Sanidad Pública y gratuita, que no parece ser del agrado del PP.
Alonso siempre ha estado al lado de Rajoy, por lo que imaginar algún cambio en el campo de la Sanidad, ahora que ocupa la cartera, resulta del todo imposible, aunque teniendo en cuenta la espantosa gestión que ha llevado a cabo Mato mientras ha durado su mandato, nadie que llegue puede hacerlo peor, tan solo con que se preocupe de recabar algo de información sobre las cuestiones propias de este campo.
De momento, tampoco se le conocen a Alonso conexiones extrañas con tramas de corrupción, por lo que su llegada supone un punto positivo, dentro de la negatividad que aporta la gestión del PP, en relación con los temas sanitarios, por lo que habrá que suponer que todo seguirá siendo con él, exactamente igual que viene siendo, aunque un poco mejor gestionado.
Este nombramiento, que da la impresión de haber sido hecho para salir del paso, cierra en falso la profunda crisis en que se encuentran los mandatarios conservadores, sobre los que pulula continuamente la sombra de la sospecha, en varios de los casos de corrupción actualmente investigados y en particular, en el de Bárcenas, con sus famosos papeles, en los que muchos de ellos, incluido el Presidente, aparecen como perceptores de sobres en negro, procedentes de la extorsión a los empresarios españoles.
Y digo que se cierra en falso, porque en vista de lo que ha llovido, han existido motivos suficientes para que el gobierno en pleno se viera forzado a dimitir y para que se convocaran con carácter inmediato, nuevas elecciones generales.
Pero Rajoy prefiere siempre poner un parche que arregle momentáneamente las situaciones de peligro y continuar su camino, esperando que la gracia divina haga el milagro de solucionar los problemas, a ser posible, sin mancharse las manos, y sin tener que aparecer ante los ciudadanos para ofrecer explicaciones creíbles.
Alonso es uno de esos parches y todos lo sabemos, desde el momento en que el PP aún se atreve a defender a la Ministra saliente, a pesar de haber sido directamente acusada por el juez Ruz, de haberse lucrado de las ganancias ilícitas procedentes de Gurtel, convirtiéndose así, en la enésima implicada popular, en uno de los casos de corrupción más sonados de los últimos tiempos.
Al final, de tanto parchear, alguno de estos sucios asuntos terminará por estallar en las narices del Presidente y no le quedará más remedio que marcharse por la puerta de atrás, naturalmente sin haber admitido nunca ni un solo error o culpa, pero vencido por la fuerza de la verdad, que siempre se termina imponiendo.




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