lunes, 5 de diciembre de 2016

Indicios de ruptura


Ninguno de los resultados obtenidos ni en Italia, ni en Austria, pueden convencer plenamente a la Unión Europea, aunque el fracaso de Renzi en el país latino, podría considerarse como un nuevo desafío a las políticas recomendadas desde Bruselas y el triunfo de los verdes sobre la extrema derecha austriaca, ofrece un respiro momentáneo que alivia los peores temores que sobrevuelan el viejo Continente.
El caso del Partido Popular español, que cuenta con un electorado absolutamente fiel, por mucho que se tuerzan los tiempos, no puede ser tomado como ejemplo de lo que podría suceder en otras naciones y lo ocurrido con el referéndum italiano, tras el brexit británico, debiera mover a los líderes europeos a una profunda reflexión y sobre todo a un cambio paulatino que cierre el periodo de austericidio que ha provocado un clima de crispación absolutamente justificable en una ciudadanía, cansada de pagar los platos rotos de situaciones pasadas que no fueron controladas a tiempo.
Se podría decir sin temor a equivocarse, que si estos cambios no se  producen, la Comunidad se tambalea peligrosamente, por el crecimiento de los nuevos Partidos y que con toda probabilidad, será Francia la que incline la balanza cuando le toque acudir a las urnas, siendo como es, uno de los imprescindibles bastiones con que cuenta la Unión y estando como está Le Penn, en un momento espléndido para situarse entre los vencedores de los próximos comicios.
El fracaso de Renzi, que quizá por haberse producido en Italia, cuya inestabilidad política se ha convertido en usual, no ha llamado la atención que debiera, constituye sin embargo un síntoma claro de debilitación, que empieza a poner a Merkel y los suyos en un grave aprieto que podría desembocar en algo mucho peor, si no ceden y mucho, en el tono de sus exigencias a los países sureños.
Porque el respiro austriaco no ha sido, no nos engañemos, todo lo contundente que se podría haber deseado y esa extrema derecha, que aterroriza por sus antiguas connotaciones a los europeos, no solo ha estado bien cerca de alzarse con la victoria en las elecciones, sino que continúa ganando adeptos procedentes de la desesperación, en otras muchas de las naciones que nos rodean.
Así que el pavor a las nuevas Fuerzas de izquierda que se tiene en Europa y el empeño denodado en que Partidos como Podemos no puedan llegar al gobierno, se antoja pecata minuta, si se  compara su programa con los que presentan estos ultras de nuevo cuño con ideología fascistoide, xenófoba y amiga de la violencia, que además ahora, con la victoria de Trump en Estados Unidos, ya ha empezado a dejar ver su cara más oscura, con el renacimiento de grupos como el Ku Kus Klan, reivindicando una recalcitrante ideología, que muchos creíamos muerta.
Si Europa no reacciona pronto y continúa tensando la cuerda que ha llevado a la gente hasta el abismo de la miseria, si sigue aumentando el desempleo, o lo que es peor, los trabajos basura que laceran la dignidad de los seres humanos y que anclan a los más desfavorecidos a su propia desesperanza, elegir caminos erróneos, por los que transitar sin competencia extranjera, bien podría ser una elección mayoritaria que termine de manera tajante y violenta con el espíritu de una Unión, que se ha comportado como una tirana, con aquellos que aún conservamos el recuerdo de una vida mejor, que parece haber desaparecido para siempre.
Equivocado o no, el discurso de las ultra derechas europeas, sus promesas de prosperidad, basadas en un engrandecimiento de las propias naciones y en la lucha sin cuartel contra la llegada y competencia laboral de los extranjeros, cala fundamentalmente en aquellos que sin tener ningún tipo de recuerdo sobre lo que sucedió en el continente en el siglo pasado, han dejado de creer en la honestidad de los gobernantes al servicio de los poderes económicos, agarrándose fuertemente a los que consideran la única tabla de salvación, para recuperar algo de lo perdido, en el transcurso de esta crisis.
Perder de vista esta posibilidad, constituiría sin duda, uno de los mayores errores cometidos por la Unión, desde el mismo inicio de su existencia y menospreciar hoy lo que ocurre en Italia, conformarse con el resultado austríaco o no tratar de atajar lo que viene sucediendo en Francia bajo el mandato de Hollande, un terrible desacierto, cuyas consecuencias pagaremos todos, si nada lo remedia, en un breve espacio de tiempo.


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