Por fin los principales Sindicatos, que parecían estar
dormidos, durante los peores años de la crisis, se deciden a convocar
manifestaciones que transcurrirán bajo el lema “Las personas y los derechos,
primero”, en contra de la línea continuista que Rajoy tiene pensado seguir, a
lo largo de toda la legislatura, en principio, contando con la inestimable
ayuda de Ciudadanos y PSOE, gracias a los cuales ha conseguido llegar al poder.
Muy enfadados hemos estado los ciudadanos con Comisiones y
UGT, durante todos estos años, pues su inexplicable inmovilismo, su falta de
empatía con los problemas de la sociedad y su incapacidad para organizar
propuestas de cierta contundencia y perseverancia, han dado como fruto que se
aprobaran medidas como la terrible Reforma Laboral, que ha destrozado la
estabilidad económica y emocional de los trabajadores, a los que supuestamente
estas organizaciones, defienden y representan.
Con unas cifras de paro que rebasan todos los límites
aceptables en cualquier país y con una precariedad en el empleo que coloca al
borde de la pobreza, incluso a familias en las que trabajan sus dos progenitores, la lucha sindical en España,
más que dormida, ha estado muerta y si no llega a ser por los movimientos
ciudadanos, surgidos espontáneamente, por la indignación de los individuos, se
podría haber dicho que los españoles habrían sufrido los efectos terribles de
la crisis, en una completa soledad y absolutamente desamparados por las
Instituciones y las Leyes.
Así, la imagen de estas Organizaciones Sindicales y la de los
convidados de piedra que las dirigen, ha quedado merecidamente degradada y el
grado de confianza que generan, a día de hoy, en las conciencias de los
ciudadanos, se podría decir que es totalmente nulo, por lo que no se puede, si no
dudar de que sus convocatorias de ahora, obtengan ningún éxito.
A diferencia de Francia, dónde las movilizaciones han sido
continuadas y en muchos casos, hasta violentas, en este País nuestro, los
principales Sindicatos han optado por no caer en la política del enfrentamiento
con el gobierno, temiendo quizá que de hacerlo de un modo distinto, terminarían
de un plumazo las subvenciones y privilegios que reciben de parte de la
Administración y que les han servido para sobrellevar cómodamente este tiempo
de dificultad, que tanto daño ha hecho sin embargo, a las clases trabajadoras.
Reclamando ahora un protagonismo que nunca debieron perder,
si hubieran actuado tal como corresponde a su propia identidad, colaborando con
firmeza en los momentos más duros de esta crisis, quizá pretenden borrar las
consecuencias de un pasado, que sin embargo, ha quedado grabado a fuego en la
memoria de los ciudadanos y que será imposible hacer desaparecer, con sólo un
par de tibias manifestaciones que en el fondo, no llevan a ninguna parte, al
menos de momento.
Porque el Sindicalismo, ha de ser necesariamente otra cosa y
la prueba evidente del gravísimo error cometido por estas Organizaciones en el
territorio español durante los pasados años, es la espantosa situación que se
vive en el mundo laboral, sin que se hayan conseguido ningún tipo de mejoras,
por la intervención directa de estos pseudo sindicalistas.
Si de verdad quieren ayudar, si están dispuestos a hacer
penitencia y a empezar a comportarse como les correspondería, por lo que dicen
representar, quizá debieran apoyar con firmeza, las iniciativas que proponen
los grupos de izquierdas en el Congreso y muy especialmente aquellas que
pretenden la retirada fulminante de la Reforma Laboral, que se aprobó, con su
más absoluta aquiescencia.
La imperdonable traición de haber abandonado a las personas a
su suerte, marcará durante mucho tiempo la trayectoria de estos sindicatos en
concreto y sólo desaparecería, con una renovación total de todos sus estamentos
y la aprobación de unos nuevos estatutos, en los que se prohibiera, para
siempre, la connivencia con los poderosos.

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