jueves, 15 de diciembre de 2016

Demasiado tarde


Por fin los principales Sindicatos, que parecían estar dormidos, durante los peores años de la crisis, se deciden a convocar manifestaciones que transcurrirán bajo el lema “Las personas y los derechos, primero”, en contra de la línea continuista que Rajoy tiene pensado seguir, a lo largo de toda la legislatura, en principio, contando con la inestimable ayuda de Ciudadanos y PSOE, gracias a los cuales ha conseguido llegar al poder.
Muy enfadados hemos estado los ciudadanos con Comisiones y UGT, durante todos estos años, pues su inexplicable inmovilismo, su falta de empatía con los problemas de la sociedad y su incapacidad para organizar propuestas de cierta contundencia y perseverancia, han dado como fruto que se aprobaran medidas como la terrible Reforma Laboral, que ha destrozado la estabilidad económica y emocional de los trabajadores, a los que supuestamente estas organizaciones, defienden y representan.
Con unas cifras de paro que rebasan todos los límites aceptables en cualquier país y con una precariedad en el empleo que coloca al borde de la pobreza, incluso a familias en las que trabajan sus  dos progenitores, la lucha sindical en España, más que dormida, ha estado muerta y si no llega a ser por los movimientos ciudadanos, surgidos espontáneamente, por la indignación de los individuos, se podría haber dicho que los españoles habrían sufrido los efectos terribles de la crisis, en una completa soledad y absolutamente desamparados por las Instituciones y las Leyes.
Así, la imagen de estas Organizaciones Sindicales y la de los convidados de piedra que las dirigen, ha quedado merecidamente degradada y el grado de confianza que generan, a día de hoy, en las conciencias de los ciudadanos, se podría decir que es totalmente nulo, por lo que no se puede, si no dudar de que sus convocatorias de ahora, obtengan ningún éxito.
A diferencia de Francia, dónde las movilizaciones han sido continuadas y en muchos casos, hasta violentas, en este País nuestro, los principales Sindicatos han optado por no caer en la política del enfrentamiento con el gobierno, temiendo quizá que de hacerlo de un modo distinto, terminarían de un plumazo las subvenciones y privilegios que reciben de parte de la Administración y que les han servido para sobrellevar cómodamente este tiempo de dificultad, que tanto daño ha hecho sin embargo, a las clases trabajadoras.
Reclamando ahora un protagonismo que nunca debieron perder, si hubieran actuado tal como corresponde a su propia identidad, colaborando con firmeza en los momentos más duros de esta crisis, quizá pretenden borrar las consecuencias de un pasado, que sin embargo, ha quedado grabado a fuego en la memoria de los ciudadanos y que será imposible hacer desaparecer, con sólo un par de tibias manifestaciones que en el fondo, no llevan a ninguna parte, al menos de momento.
Porque el Sindicalismo, ha de ser necesariamente otra cosa y la prueba evidente del gravísimo error cometido por estas Organizaciones en el territorio español durante los pasados años, es la espantosa situación que se vive en el mundo laboral, sin que se hayan conseguido ningún tipo de mejoras, por la intervención directa de estos pseudo sindicalistas.
Si de verdad quieren ayudar, si están dispuestos a hacer penitencia y a empezar a comportarse como les correspondería, por lo que dicen representar, quizá debieran apoyar con firmeza, las iniciativas que proponen los grupos de izquierdas en el Congreso y muy especialmente aquellas que pretenden la retirada fulminante de la Reforma Laboral, que se aprobó, con su más absoluta aquiescencia.
La imperdonable traición de haber abandonado a las personas a su suerte, marcará durante mucho tiempo la trayectoria de estos sindicatos en concreto y sólo desaparecería, con una renovación total de todos sus estamentos y la aprobación de unos nuevos estatutos, en los que se prohibiera, para siempre, la connivencia con los poderosos.



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