Por mucho que se empeñen los grandes Partidos en tratar de
mantener ante de los ciudadanos que continúan siendo enemigos irreconciliables
en su manera de entender la política, lo cierto es que la estrategia del PP, de
apelar continuamente a la convocatoria de nuevas elecciones, le está
funcionando a la perfección en sus relaciones con el PSOE y parece que vamos
encaminados a ser gobernados por esa gran coalición que Mariano Rajoy defendía
denodadamente desde el principio.
La seguridad de haber
sido traspasados en intención de voto por Podemos, ha colocado a los
socialistas, exactamente, dónde más conviene a los conservadores, que incluso
han empezado ya a profanar los acuerdos a los que llegaron con Ciudadanos, para
conseguir del rival más débil aquellos apoyos que necesitan para sacar adelante
una legislatura, que en principio se suponía corta y violenta.
Absolutamente convencidos del que este PSOE de la Gestora
aceptará cualquier cosa que se le proponga, con tal de no tener que enfrentarse
a las urnas, hasta que Susana Díaz no se considere preparada para ello, los
populares no han dudado ni un solo minuto en comenzar a presionar para poder
sacar adelante sus presupuestos, haciendo únicamente la concesión de subir un
salario mínimo que con esta medida sigue dentro de la precariedad, pero que
podría convencer a algunos votantes ingenuos de que los socialistas están
logrando abatir a la derecha, en el campo de unos derechos sociales totalmente
maltrechos y sin ninguna esperanza de recuperación, si éstas son las líneas que
se van a seguir, durante los próximos cuatro años.
A cambio, el PSOE susanista ha callado ante la primera subida
de impuestos y mucho más que callará, como veremos en los meses que vienen,
ante cualquier otra cosa que se les pida, cuando los conservadores empiecen a
apostar con firmeza por las políticas exigidas desde Bruselas y no le quede más
remedio que rubricar los recortes que sin duda van a llegar, dando la mano una
y otra vez, a quién hicieron, en su día, Presidente.
Nada queda de la poca combatividad que todavía quedaba a los
socialistas en los tiempos convulsos de Pedro Sánchez y aunque la guerra
interna subsiste en las agrupaciones de todo el país, el tiempo que va
transcurriendo inexorablemente, juega a favor de los que dieron el golpe de
estado en Ferraz y que han hecho de la moderación y el servilismo, su bandera.
Sacar adelante los presupuestos, va a ser para Mariano Rajoy
un paseo militar con enemigos tan condescendientes, incluso aunque empezaran a
perder el apoyo de los de Rivera, que han sido, como apartados sin
contemplaciones de la actualidad política española, pues el filón de
obligatoria generosidad que ha encontrado en los que hasta anteayer fueran sus
más firmes contrincantes, suaviza y mucho, su posición en esta legislatura que
comienza y que por la composición del Parlamento, pudiera parecer que se
convertiría en un tormento.
Poco pueden hacer las fuerzas de izquierda ante esta unidad
de conveniencia que han firmado tácitamente los bipartidistas y que no
permitirá ningún tipo de acuerdo que pueda considerarse como progresista y nada
les queda a los ciudadanos, sino de nuevo, la protesta en las calles, para
remediar, aunque sólo sea un poco, el negro futuro que bajo el mandato de la
coalición, se aproxima.
Nunca creímos los españoles que podríamos ver algo semejante,
pero el presente nos demuestra que en política no existen ni existirán jamás
las certezas y que los dogmas puede cambiar de la manera más inesperada, porque
al final, todo se reduce a una cuestión de intereses.
El chantaje emocional que tan bien está funcionando, no sólo
no cesará con el paso del tiempo, sino que con toda probabilidad, se
recrudecerá hasta límites insospechados, si la situación del PSOE no se remedia
y a la vista de lo que ocurre, uno no puede sino preguntarse si de verdad
merece la pena perder la dignidad, el prestigio ganado durante más de cien años
y el aprecio de la ciudadanía, simplemente por acabar obteniendo una parcela de
poder, por grande que ésta sea.
La respuesta, para algunos tan clara como el agua, representa
en sí misma, una fuente de ingrata inquietud para todos los que aún creemos en
la bondad de los seres humanos y cae, como una losa, aplastando los principios
en los que creemos y por los que continuamos luchando, aunque a nuestro lado
tengan lugar estos extraños contubernios.

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