lunes, 12 de diciembre de 2016

Discursos enfrentados


Reaparece Pedro Sánchez  en Asturias, tierra por cierto del Presidente de la Gestora, reafirmándose en su propuesta de celebrar cuanto antes el Congreso en el que se pueda medir la voz real de la militancia del PSOE, a la que conscientemente se ha silenciado, antes, durante y después de los graves sucesos de Ferraz, en un intento a la desesperada por colocar en el poder a una Susana Díaz, ahora mermada en fuerzas, por la clara división de opiniones que se tienen en su Partido.
En un baño popular de afecto, abrazado, elogiado y aplaudido por los socialistas pertenecientes al último estamento, Sánchez mantiene un discurso bien distinto de aquel que propagan los que seguramente sólo están en política con fines electorales y que le acusan , personalmente, del fracaso obtenido en los últimos Comicios, como si la derechización sufrida por los líderes principales del PSOE, con González y Díaz a la cabeza, no hubiera calado y mucho, en todos los ciudadanos que se consideran de izquierdas.
Con el único objetivo de que Podemos no toque poder, los susanistas andan enredados en unas cuantas maniobras nada claras, cuyo éxito necesitan antes de la celebración del Congreso, empeñados como están en facilitar las labores de gobierno al PP, cosa que con toda certeza, ni agrada a su militancia, ni puede convencer a todos aquellos que simpatizaron alguna vez, con la ideología ahora lejana, que representaba el PSOE en España.
El pulso, que está costando sudor y sangre, heridas incurables y pérdida absoluta de credibilidad a este Partido, se ha estancado encima de la mesa sin que ninguno de los brazos consiga derribar al otro, a pesar de los denodados esfuerzos, estancándose en un callejón sin salida que no tiene visos de iluminarse en muchos meses, se celebre o no se celebre el Congreso.
Las mutuas acusaciones, el evidente desprecio que demuestran las partes entre sí y las líneas diametralmente opuestas que se proponen, en uno y otro lado, hace imposible la conciliación y no sería de extrañar que el ala de Sánchez acabe por unirse directamente con Podemos, dando un suculento bocado a las fuerzas con las que siempre ha contado el PSOE, que ahora quedarían mermadas, si finalmente se dejara escapar a esta facción respondona que  ha surgido, sin que estuviera previsto su nacimiento.
Encantado de tales enfrentamientos, Mariano Rajoy aprovecha  la debilidad del contrario para sacar adelante acuerdos in extremis conseguidos por medio del chantaje, que le afianzan en el cargo, por encima de todas las previsiones que auguraban una legislatura corta e insegura, debido a la fractura del Parlamento.
Sin echar las campanas al vuelo, habría que decir que los conservadores le están dando una lección de política a los socialistas y también que los de Pablo Iglesias están desaprovechando una oportunidad de oro para hacerse con  los que apoyan a Pedro Sánchez y con él mismo, a pesar de que quizá sea esa la cuota que le falta para poder instalarse más cerca del poder, asentándose de manera permanente y segura, en el panorama político actual, bastante revuelto.

Doblan las campanas por un PSOE hundido en la naturaleza de sus propias miserias, de las luchas internas por controlar de modo absolutista el devenir futuro, por su miedo a ser abochornado por aquello que debió hacer y nunca hizo y por perder, debido a esa inexplicable inactividad, el sitio que ganaron los viejos luchadores que conformaron la esencia de este Partido y que se horrorizarían si tuvieran que contemplar en lo que ahora se ha convertido.

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