No ha resultado fácil
que los dos carismáticos líderes de Podemos, Iglesias y Errejón, hayan conseguido
firmar la paz, limando sus graves desavenencias, pero después de mucho
dialogar, de muchos mensajes cruzados y de dos largas horas de reunión en
solitario, parecen haber llegado finalmente a un acuerdo, aunque esto haya costado apartar un poco a los
representantes de la corriente anticapitalista y Miguel Urbán, se queje por
ello.
Estas discrepancias, que son mucho más peliagudas en los
Movimientos asamblearios que en los Partidos corrientes, sobre todo porque los
primeros albergan en sus filas a gentes de pensamientos bien distintos, suelen
sin embargo resolverse con mayor facilidad que cuando se trata de facciones
surgidas de un mismo tronco ideológico,
quizá porque la gente que milita en Formaciones como Podemos, está acostumbrada
a codearse con otros que desde el principio pusieron sus cartas abiertamente
sobre la mesa, declarándose defensores de su propia ideología.
Le ha tocado a Podemos, por suerte o desgracia, contar con
dos figuras políticas de primera línea al mismo tiempo y el hecho de que entre
ellos no coincidan plenamente en su manera de afrontar el futuro que les espera
como Partido, contribuye seriamente a que mantengan un tira y afloja permanente
por hacerse con el poder, aunque después procuren ser razonables, para no perjudicar
la imagen que se tiene sobre aquello que representan.
El tándem Iglesias- Errejón, que tan buenos resultados ha
dado mientras ha funcionado como un todo
indestructible y que ha conseguido situar a Podemos en el primer plano de la
política nacional, ha de seguir necesariamente en pie, pues la fotografía que
tiene el electorado que les ha ofrecido su confianza, simplemente a cambio de
promesas, se resentiría grandemente, si por meras cuestiones de organización,
se rompiera de un plumazo la colaboración que ha existido entre ellos desde el
principio, mandando al garete un proyecto ilusionante que ha conseguido
movilizar a un buen puñado de ciudadanos, dispuestos a seguirles, allá dónde
les lleven.
Afortunadamente, ambos líderes son conscientes de esta realidad
que les ha tocado vivir, uno al lado del otro y por lo que parece, aún no ha
llegado el momento de poner el ego por encima de otras razones de mucho más
peso para el electorado de Podemos, así que tras el acuerdo de ayer, se podría
decir que los dos han demostrado tener un empaque político que para sí
quisieran los dirigentes del PSOE, por ejemplo, dando por zanjada una cuestión
a la que los adscritos pondrán la guinda, con sus votos, en estos próximos
días.
Cierto es que si se quiere hacer carrera en política se han
de aparcar los asuntos personales y liderar un Movimiento que agrupa a tantas y
variadas corrientes, se convierte en un complicado reto que no será fácil
superar, pero es de agradecer que se den pasos, en base a lograr un
entendimiento.
Las líneas que se marquen después, en Vista Alegre II,
marcarán el camino a seguir en los próximos tiempos, pero lo más difícil,
acercar distancias y hacerlo con buena disposición por ambas partes, parece que
se ha conseguido.
La unidad, ahora que la derecha cuenta con el apoyo de
ciertos socios en el Parlamento, es imprescindible. De otro modo, la izquierda
quedaría huérfana de representación real en las Instituciones y contribuiría también a construir ese camino
de rosas, en el que Rajoy quiere convertir esta interesante legislatura.

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