viernes, 6 de abril de 2018

Varapalo a Llarena



Mientras el caso del Master de Cristina Cifuentes se precipita sobre ella como un torrente, por las últimas noticias aparecidas, la justicia alemana deja en libertad provisional a Puigdemont,  tras el pago de una fianza de 75000 euros, por considerar que no cometió el delito de rebelión del que se le acusa en la orden internacional emitida y que sólo podría ser extraditado por malversación, lo que equivaldría como mucho, a una pena de doce años.
En la tarde de ayer, la supuesta Presidenta del tribunal ante el que Cristina Cifuentes dijo haber defendido su trabajo de fin de Master, se desmarcaba inesperadamente del asunto, alegando que no sólo no había presidido jamás el tribunal al que se aludía, sino que su firma había sido falsificada en un acta que había sido construida apresuradamente, tras la aparición en prensa del escándalo y que resulta ser la misma que Cifuentes ha estado exhibiendo a través de las redes e incluso delante de la mismísima Asamblea de Madrid, como documento probatorio de la realización de un trabajo, que continúa sin aparecer, a la hora en que escribo este artículo.
Inmediatamente después de que se conocieran estos datos, la Universidad decidió poner en manos de la fiscalía la investigación, que en principio se había iniciado, de puertas para adentro y los alumnos de la Juan Carlos, interpusieron a su vez una denuncia, para intentar que a través de la justicia, se clarificara todo este  tema.
Mal se ponen las cosas para Cifuentes, como seguramente habrán imaginado todos ustedes y peor aún, para un PP, que aunque sigue defendiendo a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, debe encontrarse absolutamente abrumado por la profusión de las pruebas, por lo que no sería de extrañar que en cualquier momento, como ya ha ocurrido otras veces, le retire su apoyo, condenándola a la más triste de las soledades e incluso obligándola a dimitir, quiera o no quiera, sobre todo si Ciudadanos empieza a tensar la cuerda.
En cuanto al caso Puigdemont, el inesperado varapalo propinado al Juez LLarena por la justicia alemana, viene a complicar y mucho, el hecho de poder mantener las acusaciones de rebelión que pesan sobre doce altos cargos del independentismo, pues resultaría ser, por lo menos curioso, que el principal instigador de la proclamación de la República catalana fuera juzgado sólo por malversar fondos públicos, mientras todos sus subordinados se enfrentan a acusaciones mucho más contundentes, creando así un inteligible galimatías, imposible de descifrar para los millones de ciudadanos que se hallan pendientes de los giros que vaya tomando este asunto.
Suponemos que todas las discrepancias entre el tribunal alemán y Llarena, se basan en el establecimiento de si hubo o no violencia, en los días en que sucedieron los hechos y sobre todo, en la imposibilidad de cuantificar, en el caso de que la hubiera habido, el punto hasta el que se llegó y si realmente fue suficiente para desestabilizar la seguridad del país, al que todos pertenecemos.
Probablemente, Puigdemont será finalmente extraditado, aunque no en las condiciones  que el Juez y el Gobierno esperaban, para complicar aún más si cabe, el conflicto de Catalunya y ahora cabe preguntarse, si tras su puesta en libertad, el ex Presidente retornará a su línea de querer presidir el nuevo Gobierno de la Generalitat o consentirá en que sea otro el que ocupe el puesto que según él, le corresponde legítimamente, al haber sido elegido en las urnas.
Tenemos por delante, un fin de semana movido, en el que habrá que estar pendientes del desarrollo de los acontecimientos, pero ya les digo yo que no será precisamente placentero, ni para Cifuentes, ni para LLarena y menos aún, para un Mariano Rajoy, al que no le debe llegar la camisa al cuerpo, a la vista de que nada de lo que se empeña en defender, le sale tal y como lo había previsto.

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