Como era de esperar, la Fiscalía alemana recomienda la
extradición de Puigdemont, que si un milagro de última hora no lo remedia,
tendrá por fin que enfrentarse a la justicia española, acusado, como otros de
sus compañeros, de los delitos de rebelión y malversación, dejando en manos de
los jueces la elaboración de este último capítulo de su rocambolesca historia,
llegando justo adonde no quería llegar, cuando abandonó su territorio, camino
del exilio belga.
Y digo como era de esperar, porque cada vez resulta más
evidente que la detención del ex President de la Generalitat, en territorio
alemán, no debió ser precisamente una casualidad, sino que más bien, apunta a
un acuerdo tácito entre Estados, que libera a la Comunidad Europea de un
problema que se estaba convirtiendo en un auténtico quebradero de cabeza para
ella y que podía haber dado pie a otros episodios similares, causando un
auténtico caos territorial, de
incalculables consecuencias.
De todos es sabido, que la sumisión de Mariano Rajoy a Ángela
Merkel ha sido una constante, desde el mismo instante en que llegó al poder y
la Canciller alemana, no podía dejar pasar la ocasión de corresponder de alguna
manera a tan entregada obediencia, por lo que el caso de Puigdemont y todo lo que políticamente conlleva el
asunto del pretendido independentismo, le ha brindado la oportunidad de demostrar que la alianza
entre España y Alemania, al menos de momento, resulta sencillamente,
incontestable.
Nunca sabremos si los independentistas tenían previsto de
algún modo que los acontecimientos pudieran tomar la deriva que nos ha traído
hasta el momento que estamos viviendo, ni tampoco si se encontraban, todos
ellos, dispuestos a asumir los riesgos que corrían desde el mismo instante en
que se atrevieron a comenzar su aventura
secesionista, pero lo cierto y verdad, es que nada ha salido como en principio
y de manera algo ingenua, habían pensado, provocando el natural desengaño en
esos dos millones de personas a los que siempre prometieron un final feliz que
no sólo nunca llegó, sino que se ha convertido en una pesadilla interminable,
para una buena parte de sus dirigentes.
Que Alemania se decantaría por la extradición estaba
prácticamente cantado y por eso, principalmente, se permitió a Puigdemont
cruzar, en su camino de vuelta desde Finlandia, un par de países no tan amigos,
esperando pacientemente a que pasara la
frontera alemana para proceder su
detención, seguros de que allí se contaba con el apoyo necesario para que el
Gobierno español obtuviera un triunfo total en esta enrevesada causa, que no ha
sabido afrontar por la vía política, desde un primer momento.
Así que las esperanzas de los separatistas, en que Puigdemont
saliera ileso de su encontronazo con la justicia alemana se han esfumado esta
misma mañana, con la decisión de la fiscalía, que argumenta entre otras cosas,
que existe un grave riesgo de fuga que no aconseja su libertad provisional, por
lo que tendrá que permanecer en prisión, aproximadamente los sesenta días que
tiene el juez alemán, para finalmente, decretar o no su extradición a España, de
manera efectiva.
No han servido de nada, ni los plenos del Parlament catalán,
ni las manifestaciones de los Comités en defensa de la República, ni los
intentos a la desesperada de los abogados, en lograr una libertad que ya se
presumía muy difícil, por lo que seguramente habrá que decidir, en última instancia
, el nombre de algún nuevo candidato a President de la Generalitat, pues el
tiempo sigue corriendo y de otro modo, no quedaría más remedio que convocar
nuevas elecciones.
A parte de esta
noticia de máxima actualidad, el periódico de Ignacio escolar sigue
aportando nuevas informaciones, sobre el caso del Master de Cristina Cifuentes,
que mañana comparecerá ante la Asamblea de Madrid y que no podrá zafarse de
tener que dar algunas explicaciones a la oposición y presenta una serie de
testimonios de algunos compañeros que aseguran no haber visto jamás en clase a
la Presidenta de la Comunidad, a pesar de que los cursos del Master habían de
ser necesariamente presenciales, ni tampoco en ninguno de los exámenes que
resultaban ser imprescindibles para la obtención del título del que se está
hablando, durante todos estos días.
Tampoco ayuda el hecho de que formalizara la matrícula tres
meses después de que finalizara el plazo marcado para tal fin, por lo que las
dudas que permanecen abiertas en el
caso, ponen en grave peligro la posibilidad de que Cifuentes pueda continuar
ocupando el cargo que ejerce en la actualidad, por razones que son evidentes.
En esta tesitura, Montoro presenta a bombo y platillo los
presupuestos generales del Estado, que habrán de ser aprobados en el Parlamento
por mayoría o no podrán salir adelante y aunque cuenta con la inestimable ayuda
de Ciudadanos, le faltan siete votos para poder conseguirlo, ahora que el PNV
le ha retirado su apoyo mientras en Catalunya siga en vigor la aplicación del
155, como una muestra de solidaridad con sus compañeros separatistas, con los
que se consideran ideológicamente hermanados, desde hace mucho tiempo.
Como verán, no corren buenos tiempos para un PP,
absolutamente desbordado por el desarrollo de los acontecimientos y más aún,
ahora que Rivera es dado como ganador en futuras elecciones, en todas y cada
una de las encuestas, por lo que la natural flema de Rajoy, ha de estar
necesariamente alterada, pues nunca tuvo la talla ni el valor necesario, para
poder lidiar con tantos problemas, al mismo tiempo.
Si los presupuestos no
salen adelante y Cifuentes no logra mañana convencer a la oposición de la autenticidad
de su título, lo más probable es que Rajoy se vea finalmente forzado a dar por terminada la legislatura y a convocar
en breve, nuevos comicios, cosa que me da la impresión que en cierta medida,
desea, quizá porque de este modo podría traspasar a otro todo aquello que no
fue nunca capaz de resolver y que hace de él, el peor Presidente que hemos
tenido los españoles, en los cuarenta años que han pasado, desde que nos
ganáramos la llegada de la Democracia.

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