Una artritis nodular, absolutamente incapacitante, en ambas
manos y muñecas, me ha impedido durante las dos últimas dos semanas, por
traspasar todos los límites del dolor, dedicar ni uno solo de los minutos de
los largos días a poder escribir, aunque
afortunadamente y gracias al trabajo
de los magníficos Reumatólogos de
nuestra Seguridad Social, voy recuperando poco a poco la movilidad perdida y
empiezo otra vez a ver la vida, con
nuevas dosis de luz y esperanza.
Esta invalidez, que ha servido fundamentalmente, para
aprender la rotunda lección de que si nos falta la salud, nada tenemos y que me
ha hecho recapacitar seriamente sobre lo prescindibles que somos todos, a lo
largo de la vida y del tiempo, me ha ayudado a la vez, a reconsiderar el
imperdonable vicio de pretender ir más allá de lo que nuestras fuerzas, como
seres humanos, a veces nos permiten y a intentar delegar funciones en los que,
queriéndonos y compadeciéndonos, en nuestros peores momentos, nos rodean,
entendiendo que el mundo no se acaba si tenemos que retrasar nuestras funciones
rutinarias o incluso, si nos vemos obligados a posponerlas durante mucho
tiempo, por razones más que evidentes.
Seguramente, ha extrañado mucho a mis lectores, mi
inexplicada ausencia, sobre todo, porque los acontecimientos que solemos
tratar, se han ido precipitando y acumulando, provocando un auténtico huracán
de noticias, que han sido de gran relevancia para la marcha de este país, por
lo que a muchos les habrá sorprendido este largo periodo de silencio. Por ello,
pido perdón y ofrezco las explicaciones pertinentes, antes de volver a entrar
en materia y ruego, por si las cosas volvieran a torcerse, un poco de
paciencia, que sé que me concederán, debido a la consideración que conmigo
siempre demuestran.
Muchas cosas han ocurrido desde mi última entrada, algunas de
ellas decididamente vergonzosas para cualquier ser humano, con un mínimo de
conciencia y otras, que aunque se estaban viendo venir, terminaron por precipitarse a través de ciertos mensajes de
sordidez, que si nos atenemos a la verdad, sobraban, dada la contundencia de
los anteriores argumentos.
Creo recordar que lo dejamos en un momento en el que el
asunto del Master de Cristina Cifuentes iba tomando unos derroteros que
preludiaban que no podía quedar otro remedio que habilitar de la manera que
fuera, su salida y mientras los miembros de Podemos libraban una dura batalla
interna entre facciones, en la Ciudad de Madrid, tratando desesperadamente de
arbitrar una solución de unidad, que hace ya tiempo reclamaban como
imprescindible sus inscritos y simpatizantes y que finalmente, logró saldarse
con un acuerdo para presentar una candidatura conjunta para la Presidencia de
la Comunidad, encabezada por Iñigo Errejón,
al que muchos consideramos como un pilar imprescindible en el que apoyar ese
proyecto de progreso que levantó pasiones e ilusiones en nosotros y que después se fueron enfriando,
por cuestiones ajenas a la política, que todos conocemos.
La vuelta de Errejón a la primera línea de fuego, ofrece, sin
el menor atisbo de duda, una bocanada de aire fresco, que devuelve las aguas de
la izquierda española a un cauce que jamás debió abandonarse, como ha podido
demostrarse después, cuando Ciudadanos comenzó a despegar, hasta situarse en la
posición que ahora mismo le auguran todas las encuestas.
Entretanto y al mismo
tiempo que los socialistas proseguían preparando la Moción de Censura que con
la ayuda de los podemitas, tenían previsto presentar contra la Presidenta de la
Comunidad de Madrid y Mariano Rajoy, con la flema que le caracteriza, trataba
de no ceder a las presiones que ejercían, cada vez con más fuerza, los de
Rivera, para que sustituyera a Cifuentes, el OK Diario de Eduardo Inda, dejaba con la
boca abierta a todo el país, publicando la aparición de un video grabado hace siete
años, en la trastienda de uno de los Supermercados Eroski y en el que puede
verse como uno de los guardas de seguridad, registra el bolso de Cifuentes,
encontrando dos tarros de cremas antiarrugas, que al parecer había sustraído de
los estantes, siendo descubierta por una de las dependientas.
En un ambiente de estupefacción y delirio, los medios de comunicación
nacionales, emitieron durante toda la mañana dicha grabación, sin que los
ciudadanos pudiéramos dar crédito a lo que estábamos viendo y precipitando, con
extrema aceleración, la inmediata dimisión de una Presidenta, que quizá no
contaba con este golpe bajo que le impediría abandonar el cargo, al menos con
un poco de honor y que la ha colocado en
una situación personal, mucho peor de la que cualquier persona merece.
Que el gravísimo asunto de su Master no haya sido el motivo
que haya dado lugar a su dimisión y el hecho de que alguien haya tenido
guardada durante tanto tiempo una grabación de estas características, sugiere
inmediatamente, un indiscutible móvil de venganza y señala, porque no podría
ser de otra manera, a motivaciones personales de algunos de los miembros de su
propio Partido, aunque sería una temeridad por nuestra parte, sugerir esos
nombres que todos tenemos en mente.
La aniquilación de Cifuentes ha sido además de bochornosa,
absoluta y no le ha quedado otro remedio que abandonar también la Presidencia
del PP en la Comunidad de Madrid, contribuyendo
de manera rotunda a la caída vertiginosa en intención de voto, que ya se auguraba para su Partido.
Con los últimos coletazos de este caso, aun latiendo en los
escenarios de todos los medios del país, la sentencia del Caso de “La manada”,
conocida el Jueves, a última hora de la mañana, ha levantado una auténtica explosión
de indignación en las conciencias de todos los ciudadanos y ciudadanas de esta
nación y de una buena parte de otros países
extranjeros, al considerar los tres jueces encargados de este proceso, que en
los sucesos ocurridos una madrugada en un portal de Pamplona, durante la
celebración de los Sanfermines, no existió violación y que las once penetraciones y otras acciones
incalificables, cometidas por un grupo de cinco hombres, contra una víctima de
sólo dieciocho años, no generaron intimidación ni violencia, por lo que se les
condena sólo a nueve años de cárcel, por delito de abusos sexuales y con el
voto particular de uno de los magistrados, que pedía la libre absolución,
alegando que los gritos que se aprecian en el video grabado por los condenados,
podrían considerarse como excitación sexual, por parte de la víctima, todo,
según él, en un ambiente festivo y de jolgorio.
La reacción de las mujeres de todo el país no se ha hecho
esperar y a los pocos minutos de conocerse esta polémica e inexplicable sentencia,
las calles y plazas del territorio nacional, se llenaban de manifestantes, que
al grito de “No es abuso, es violación”, exigían la inhabilitación inmediata de
los tres magistrados y empezaban a recoger firmas para tal fin, obteniendo un
apoyo popular que ha rebasado todos los límites que hubieran podido esperarse y
que ha movido al PP a ofrecerse a revisar el Código Penal, para que estas cosas
no se repitan.
Los ocho millones de mujeres que salimos a las calles el ocho
de marzo y otras muchas que se han sumado después, a las reivindicaciones de
este estallido feminista, nos sentimos, al conocer esta sentencia, violadas
reiteradamente, igual que la víctima, en nuestras conciencias y no estamos
dispuestas a detenernos hasta que este imperdonable error se corrija, porque
hemos perdido el miedo.
No exigimos, ninguna otra cosa que no sea la igualdad y el
respeto que cualquier persona merece, independientemente de cual fuere su condición
o género, pero si la Justicia, que ha de ser necesariamente un poder en el que
apoyarnos confiadamente cuando se comete un delito contra nuestra integridad, permanece
anclada en supuestos decimonónicos de inaceptable contenido, en los tiempos que
corren, habrá que cambiarla inmediatamente y habrá que conseguirlo, a través de
la lucha, si los políticos de este país nuestro no son capaces tampoco de comprender,
el hondo significado real que encierran estas terribles historias.
No quisiera extenderme más, por hoy y en relación con este
último tema, creo que sobran las palabras, porque todo lo evidencian los
hechos.
Ponerse en el lugar de la víctima, comprenderla, apoyarla y
exigir una inmediata respuesta a lo que le sucedió, es, permítanme recordarlo,
la obligación inaplazable de cualquier
persona de bien y por supuesto y en primer lugar, de los encargados y
encargadas de administrar ese concepto tan vilipendiado hoy en día, que se
llama Justicia.
Seguiremos hablando. Lo prometo.

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