domingo, 29 de abril de 2018

Los límites del dolor



Una artritis nodular, absolutamente incapacitante, en ambas manos y muñecas, me ha impedido durante las dos últimas dos semanas, por traspasar todos los límites del dolor, dedicar ni uno solo de los minutos de los largos días  a poder escribir, aunque afortunadamente y gracias al  trabajo de  los magníficos Reumatólogos de nuestra Seguridad Social, voy recuperando poco a poco la movilidad perdida y empiezo otra vez  a ver la vida, con nuevas dosis de luz y esperanza.
Esta invalidez, que ha servido fundamentalmente, para aprender la rotunda lección de que si nos falta la salud, nada tenemos y que me ha hecho recapacitar seriamente sobre lo prescindibles que somos todos, a lo largo de la vida y del tiempo, me ha ayudado a la vez, a reconsiderar el imperdonable vicio de pretender ir más allá de lo que nuestras fuerzas, como seres humanos, a veces nos permiten y a intentar delegar funciones en los que, queriéndonos y compadeciéndonos, en nuestros peores momentos, nos rodean, entendiendo que el mundo no se acaba si tenemos que retrasar nuestras funciones rutinarias o incluso, si nos vemos obligados a posponerlas durante mucho tiempo, por razones más que evidentes.
Seguramente, ha extrañado mucho a mis lectores, mi inexplicada ausencia, sobre todo, porque los acontecimientos que solemos tratar, se han ido precipitando y acumulando, provocando un auténtico huracán de noticias, que han sido de gran relevancia para la marcha de este país, por lo que a muchos les habrá sorprendido este largo periodo de silencio. Por ello, pido perdón y ofrezco las explicaciones pertinentes, antes de volver a entrar en materia y ruego, por si las cosas volvieran a torcerse, un poco de paciencia, que sé que me concederán, debido a la consideración que conmigo siempre demuestran.
Muchas cosas han ocurrido desde mi última entrada, algunas de ellas decididamente vergonzosas para cualquier ser humano, con un mínimo de conciencia y otras, que aunque se estaban viendo venir, terminaron por  precipitarse a través de ciertos mensajes de sordidez, que si nos atenemos a la verdad, sobraban, dada la contundencia de los anteriores argumentos.
Creo recordar que lo dejamos en un momento en el que el asunto del Master de Cristina Cifuentes iba tomando unos derroteros que preludiaban que no podía quedar otro remedio que habilitar de la manera que fuera, su salida y mientras los miembros de Podemos libraban una dura batalla interna entre facciones, en la Ciudad de Madrid, tratando desesperadamente de arbitrar una solución de unidad, que hace ya tiempo reclamaban como imprescindible sus inscritos y simpatizantes y que finalmente, logró saldarse con un acuerdo para presentar una candidatura conjunta para la Presidencia de la Comunidad,  encabezada por Iñigo Errejón, al que muchos consideramos como un pilar imprescindible en el que apoyar ese proyecto de progreso que levantó pasiones e ilusiones en  nosotros y que después se fueron enfriando, por cuestiones ajenas a la política, que todos conocemos.
La vuelta de Errejón a la primera línea de fuego, ofrece, sin el menor atisbo de duda, una bocanada de aire fresco, que devuelve las aguas de la izquierda española a un cauce que jamás debió abandonarse, como ha podido demostrarse después, cuando Ciudadanos comenzó a despegar, hasta situarse en la posición que ahora mismo le auguran todas las encuestas.
 Entretanto y al mismo tiempo que los socialistas proseguían preparando la Moción de Censura que con la ayuda de los podemitas, tenían previsto presentar contra la Presidenta de la Comunidad de Madrid y Mariano Rajoy, con la flema que le caracteriza, trataba de no ceder a las presiones que ejercían, cada vez con más fuerza, los de Rivera, para que sustituyera a Cifuentes,  el OK Diario de Eduardo Inda, dejaba con la boca abierta a todo el país, publicando la aparición de un video grabado hace siete años, en la trastienda de uno de los Supermercados Eroski y en el que puede verse como uno de los guardas de seguridad, registra el bolso de Cifuentes, encontrando dos tarros de cremas antiarrugas, que al parecer había sustraído de los estantes, siendo descubierta por una de las dependientas.
En un ambiente de estupefacción y delirio, los medios de comunicación nacionales, emitieron durante toda la mañana dicha grabación, sin que los ciudadanos pudiéramos dar crédito a lo que estábamos viendo y precipitando, con extrema aceleración, la inmediata dimisión de una Presidenta, que quizá no contaba con este golpe bajo que le impediría abandonar el cargo, al menos con un poco de honor  y que la ha colocado en una situación personal, mucho peor de la que cualquier persona merece.
Que el gravísimo asunto de su Master no haya sido el motivo que haya dado lugar a su dimisión y el hecho de que alguien haya tenido guardada durante tanto tiempo una grabación de estas características, sugiere inmediatamente, un indiscutible móvil de venganza y señala, porque no podría ser de otra manera, a motivaciones personales de algunos de los miembros de su propio Partido, aunque sería una temeridad por nuestra parte, sugerir esos nombres que todos tenemos en mente.
La aniquilación de Cifuentes ha sido además de bochornosa, absoluta y no le ha quedado otro remedio que abandonar también la Presidencia del PP en la Comunidad de Madrid,  contribuyendo de manera rotunda a la caída vertiginosa en intención de voto, que  ya se auguraba para su Partido.
Con los últimos coletazos de este caso, aun latiendo en los escenarios de todos los medios del país, la sentencia del Caso de “La manada”, conocida el Jueves, a última hora de la mañana, ha levantado una auténtica explosión de indignación en las conciencias de todos los ciudadanos y ciudadanas de esta nación   y de una buena parte de otros países extranjeros, al considerar los tres jueces encargados de este proceso, que en los sucesos ocurridos una madrugada en un portal de Pamplona, durante la celebración de los Sanfermines, no existió violación  y que las once penetraciones y otras acciones incalificables, cometidas por un grupo de cinco hombres, contra una víctima de sólo dieciocho años, no generaron intimidación ni violencia, por lo que se les condena sólo a nueve años de cárcel, por delito de abusos sexuales y con el voto particular de uno de los magistrados, que pedía la libre absolución, alegando que los gritos que se aprecian en el video grabado por los condenados, podrían considerarse como excitación sexual, por parte de la víctima, todo, según él, en un ambiente festivo y de jolgorio.
La reacción de las mujeres de todo el país no se ha hecho esperar y a los pocos minutos de conocerse esta polémica e inexplicable sentencia, las calles y plazas del territorio nacional, se llenaban de manifestantes, que al grito de “No es abuso, es violación”, exigían la inhabilitación inmediata de los tres magistrados y empezaban a recoger firmas para tal fin, obteniendo un apoyo popular que ha rebasado todos los límites que hubieran podido esperarse y que ha movido al PP a ofrecerse a revisar el Código Penal, para que estas cosas no se repitan.
Los ocho millones de mujeres que salimos a las calles el ocho de marzo y otras muchas que se han sumado después, a las reivindicaciones de este estallido feminista, nos sentimos, al conocer esta sentencia, violadas reiteradamente, igual que la víctima, en nuestras conciencias y no estamos dispuestas a detenernos hasta que este imperdonable error se corrija, porque hemos perdido el miedo.
No exigimos, ninguna otra cosa que no sea la igualdad y el respeto que cualquier persona merece, independientemente de cual fuere su condición o género, pero si la Justicia, que ha de ser necesariamente un poder en el que apoyarnos confiadamente cuando se comete un delito contra nuestra integridad, permanece anclada en supuestos decimonónicos de inaceptable contenido, en los tiempos que corren, habrá que cambiarla inmediatamente y habrá que conseguirlo, a través de la lucha, si los políticos de este país nuestro no son capaces tampoco de comprender, el hondo significado real que encierran estas terribles historias.
No quisiera extenderme más, por hoy y en relación con este último tema, creo que sobran las palabras, porque todo lo evidencian los hechos.
Ponerse en el lugar de la víctima, comprenderla, apoyarla y exigir una inmediata respuesta a lo que le sucedió, es, permítanme recordarlo, la obligación inaplazable de  cualquier persona de bien y por supuesto y en primer lugar, de los encargados y encargadas de administrar ese concepto tan vilipendiado hoy en día, que se llama Justicia.
Seguiremos hablando. Lo prometo.




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