martes, 6 de agosto de 2013

Un indulto fallido


La inexplicable puesta en libertad de un pederasta condenado a treinta años de prisión en Marruecos, formando parte de un indulto para reclusos españoles, supuestamente solicitado por el Rey en su reciente visita al País, viene a sumarse a la multitud de extrañas noticias que están sucediendo en este Agosto atípico, cargado de información, a diferencia de lo que sucede otros años, en periodo vacacional.
Si el pederasta era o no espía, como se ha dicho en algunos medios de comunicación, aún hace más interesante su perdón, a la vez que coloca al CSID español, en una posición verdaderamente incómoda, si de verdad contaba en sus filas con semejante elemento.
No se comprende que un Organismo dedicado precisamente a labores de espionaje, no conozca en profundidad la vida de sus miembros o que pase por alto tendencias delictivas de esta índole, que constituyen un grave atentado contra la integridad de los menores de los que se abusa, dejándolos marcados para toda la vida.
La inclusión de esta persona en la lista de nombres que, supuestamente, Juan Carlos facilitó al Rey marroquí, carece de toda lógica si se tiene en cuenta la gravedad de los delitos y es aún peor, si conociéndolos, se hubiera propuesto su excarcelación, sólo por su pertenencia a los servicios de inteligencia.
El conflicto creado a raíz de este hecho en el País amigo, donde miles de personas han salido a la calle sin dar crédito a lo que allí acababa de ocurrir, ha estado a punto de dar al traste con los acuerdos de otra índole firmados por ambas naciones y han obligado al rey de Marruecos a dar marcha atrás  y a cursar una orden de detención contra el recién liberado, sin que se hayan aclarado culpabilidades o quizá porque la responsabilidad final, estaba en las mismísimas manos de dos Reyes.
Ni allí ni aquí, se ha hecho un ejercicio de autocrítica, ni se ha dado ninguna explicación a lo sucedido, aunque sí se ha logrado detener al ex preso, sin que ahora esté claro cuál será su futuro inmediato, al no existir tratado de extradición con Marruecos y no haber sido condenado en España, por lo que, finalmente, podría quedar nuevamente libre para seguir con su vida, zafándose de la pena y con probabilidades de volver a sus prácticas sexuales y de espionaje, si así sus superiores lo permiten.
En plena competencia informativa con el caso de Bárcenas y la escaramuza gibraltareña, es de esperar que esta noticia quede sepultada por la importancia de las otras y pronto se pierda el interés en hacer un seguimiento exhaustivo a las andanzas de este individuo, sin que se llegue a saber exactamente cuál será su destino, o si por esas casualidades de la vida, recala cerca de nuestros hijos, con el peligro que eso conlleva.
Otra vez se nos hurta la verdad, cosa a la que ya nos tienen acostumbrados nuestros gobernantes, que a diario se deslizan sibilinamente por una realidad construida a su antojo y en la que no se tiene en cuenta el derecho a la información de los ciudadanos, a los que simplemente, se manipula a través de una inmensa red de mentiras.
Buscando una rendija por la que espiar, ahora nosotros, lo que verdaderamente sucede en nuestro entorno, en toda su crudeza, la nuestra es una lucha permanente por no ser manejados por estos políticos, tan severamente confundidos a la hora de gestionar sus atribuciones, hasta el punto de hacer de ellas un salvoconducto para cometer trapacerías en total impunidad, como si los votos les otorgaran un beneplácito  para implantar el totalitarismo.

No saben ellos que su libertad termina donde empieza la nuestra y que el poder, ese ente adormecedor al que tanta querencia demuestran, está al final, siempre, en nuestras manos, que son las que introducen el voto en la urna, aupándolos hasta la cima, o arrojándolos a la oscuridad del abismo.

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