La inexplicable puesta en libertad de un pederasta condenado
a treinta años de prisión en Marruecos, formando parte de un indulto para
reclusos españoles, supuestamente solicitado por el Rey en su reciente visita
al País, viene a sumarse a la multitud de extrañas noticias que están
sucediendo en este Agosto atípico, cargado de información, a diferencia de lo
que sucede otros años, en periodo vacacional.
Si el pederasta era o no espía, como se ha dicho en algunos
medios de comunicación, aún hace más interesante su perdón, a la vez que coloca
al CSID español, en una posición verdaderamente incómoda, si de verdad contaba
en sus filas con semejante elemento.
No se comprende que un Organismo dedicado precisamente a
labores de espionaje, no conozca en profundidad la vida de sus miembros o que
pase por alto tendencias delictivas de esta índole, que constituyen un grave
atentado contra la integridad de los menores de los que se abusa, dejándolos
marcados para toda la vida.
La inclusión de esta persona en la lista de nombres que,
supuestamente, Juan Carlos facilitó al Rey marroquí, carece de toda lógica si
se tiene en cuenta la gravedad de los delitos y es aún peor, si conociéndolos,
se hubiera propuesto su excarcelación, sólo por su pertenencia a los servicios
de inteligencia.
El conflicto creado a raíz de este hecho en el País amigo,
donde miles de personas han salido a la calle sin dar crédito a lo que allí
acababa de ocurrir, ha estado a punto de dar al traste con los acuerdos de otra
índole firmados por ambas naciones y han obligado al rey de Marruecos a dar
marcha atrás y a cursar una orden de
detención contra el recién liberado, sin que se hayan aclarado culpabilidades o
quizá porque la responsabilidad final, estaba en las mismísimas manos de dos
Reyes.
Ni allí ni aquí, se ha hecho un ejercicio de autocrítica, ni
se ha dado ninguna explicación a lo sucedido, aunque sí se ha logrado detener
al ex preso, sin que ahora esté claro cuál será su futuro inmediato, al no
existir tratado de extradición con Marruecos y no haber sido condenado en
España, por lo que, finalmente, podría quedar nuevamente libre para seguir con
su vida, zafándose de la pena y con probabilidades de volver a sus prácticas
sexuales y de espionaje, si así sus superiores lo permiten.
En plena competencia informativa con el caso de Bárcenas y la
escaramuza gibraltareña, es de esperar que esta noticia quede sepultada por la
importancia de las otras y pronto se pierda el interés en hacer un seguimiento
exhaustivo a las andanzas de este individuo, sin que se llegue a saber
exactamente cuál será su destino, o si por esas casualidades de la vida, recala
cerca de nuestros hijos, con el peligro que eso conlleva.
Otra vez se nos hurta la verdad, cosa a la que ya nos tienen
acostumbrados nuestros gobernantes, que a diario se deslizan sibilinamente por
una realidad construida a su antojo y en la que no se tiene en cuenta el
derecho a la información de los ciudadanos, a los que simplemente, se manipula
a través de una inmensa red de mentiras.
Buscando una rendija por la que espiar, ahora nosotros, lo
que verdaderamente sucede en nuestro entorno, en toda su crudeza, la nuestra es
una lucha permanente por no ser manejados por estos políticos, tan severamente
confundidos a la hora de gestionar sus atribuciones, hasta el punto de hacer de
ellas un salvoconducto para cometer trapacerías en total impunidad, como si los
votos les otorgaran un beneplácito para
implantar el totalitarismo.
No saben ellos que su libertad termina donde empieza la
nuestra y que el poder, ese ente adormecedor al que tanta querencia demuestran,
está al final, siempre, en nuestras manos, que son las que introducen el voto
en la urna, aupándolos hasta la cima, o arrojándolos a la oscuridad del abismo.

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