lunes, 5 de agosto de 2013

Miren a otro lado, por favor


El eterno conflicto de Gibraltar, tan recurrente cuando se quieren tapar otros problemas del País, hace su aparición en este atípico mes de Agosto, cargado de rabiosa actualidad relacionada con el caso Bárcenas y vuelve a buscar el despertar de un sentimiento patriótico en los españoles, como siempre, sin contar para nada con la opinión de los habitantes del pequeño peñón del estrecho.
Históricamente reclamado a Inglaterra, casi desde el mismo momento de la cesión, el minúsculo trozo de tierra ha sido providencial en muchas ocasiones para todo tipo de gobiernos, que  invariablemente, se han ido encargando de calentar el ambiente con pequeños conflictos de fácil resolución, de los que se ha magnificado su importancia, pero que han servido para desviar la atención de otros mucho mayores, sin que por ello haya quedado nunca zanjada la cuestión territorial o haya habido un mayor acercamiento en las posturas de los protagonistas, a la sazón, españoles e ingleses.
Pero es que además, quienes nacieron o habitan en Gibraltar, no quieren oír hablar de volver con España y se sienten fuertemente anclados a un Reino Unido, que les proporciona un mejor nivel de vida y en el momento actual, una tasa mucho más reducida de paro de la que tenemos aquí, además de otras muchas prebendas que automáticamente perderían, si por esas cosas extrañas del destino, Inglaterra cediera en devolver este Paraíso fiscal, a quién fue en sus orígenes, su legítimo dueño.
Los que tenemos cierta edad, aún recordamos el cierre de la verja y la famosa frase de “Gibraltar Español”, que esgrimían con exaltación los líderes franquistas, procurando que esta reclamación no dejara entrever las tropelías cometidas contra el pueblo durante su dictadura y arrastrando a las alienadas masas de entonces hasta la misma frontera, protagonizando la única manifestación permitida durante más de cuarenta años, aparte de las convocadas en la Plaza de Oriente, para lucimiento del Dictador, cada vez que desde el extranjero se cuestionaba su manera de hacer política y como reafirmación de la supuesta identidad hispánica que tanto gustaba al general, hasta poco antes de su muerte.
Como todos sabemos, este tipo de conflictos en el mundo moderno, deben arreglarse siempre por vía diplomática y es imposible que el gobierno del PP no sepa a ciencia cierta que esta es la única manera de hacerlo, pero las aguas turbulentas que arrasan con su paso la credibilidad de  quienes nos gobiernan, sin respetar siquiera el periodo vacacional de los miembros del Ejecutivo ni del Presidente, crean la necesidad perentoria de establecer cualquier otro centro de atención, que libere de esta carga insufrible as los que ostentan el poder…y ahí está Gibraltar, otra vez, para conseguirlo.
Si se preguntara a los españoles qué grado de importancia otorgarían a lo que está pasando en el Peñón, es probable que más de un noventa por ciento de nosotros, contestara diciendo que Gibraltar le importa un bledo y si hipotéticamente, se continuara indagando en las verdaderas preocupaciones que nos acucian, el paro, la corrupción y, por ende, la resolución del Caso Bárcenas y otros muchos, serían las estrellas del ranking, a una distancia de años luz, del conflicto gibraltareño.
Y como sin duda, alguien se encargará de persistir en la información sobre estos problemas y se avecinan momentos de tensión, como el de las declaraciones ante el Juez Ruz de Cospedal y Cascos, hay que decir que este montaje que escenifica el Ministro de Exteriores, no servirá, créanme, absolutamente para nada.
Los ciudadanos no vamos a mirar a ninguna otra parte y menos aún a una frontera con la que hemos convivido pacíficamente desde siempre y a cuyos habitantes apreciamos como si fueran nuestros, aunque hablen inglés y algunas veces, consigan cabrearnos un poco por algunas cuestiones que no vienen al caso.





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