miércoles, 7 de agosto de 2013

Salarios de vergüenza


Europa da la razón al Fondo Monetario y se suma a la iniciativa de pedir una rebaja salarial del diez por ciento en España, que vendría a completar el espíritu de la “maravillosa” Reforma Laboral de Rajoy, colocando a nuestros trabajadores en unos niveles cercanos a los de los asiáticos y provocando así una competitividad de mercado indiscutible, siempre a costa de una explotación que de este modo, empezaría a instalarse en el sur de Europa.
Se echan a temblar los funcionarios, previendo que si se produce una nueva reducción, será ellos los primeros en sufrirla, a pesar de haber sido objeto anteriormente de otra y de haber perdido para siempre la paga extraordinaria de la pasada Navidad y haberse encontrado, entre unas cosas y otras, con una merma de su poder adquisitivo cercana al veinticinco por ciento, que coloca a muchos de ellos al borde de entrar a formar parte del club de morosos que la crisis ha creado en este País.
También todos los que no están parados se temen que más pronto que tarde, estos sindicatos que tenemos acabarán por firmar el acuerdo, bajo la amenaza de que su negativa pudiera generar un fuerte aumento de la pérdida de empleo, al estar los empresarios, cómo no, totalmente a favor de bajar los sueldos, mientras se frotan las manos pensando en los suculentos beneficios que podría dejar en sus bolsillos, esta vergonzosa medida de recorte, que volvería a afectar como siempre, a los mismos.
Si un milagro no lo remedia, la probada obediencia de Rajoy cederá ante los Organismos europeos y volveremos de las vacaciones siendo mucho más pobres de lo que nos fuimos, teniendo que estar dispuestos a trabajar más horas por menos dinero y sin protestar, porque el despido se ha puesto fácil y a los empresarios no les temblará la mano para firmarlo, habiendo como hay, una demanda sobrecogedora de mano de obra, ansiosa por recibir algún ingreso.
Ya estamos pues, dónde querían. A punto de traspasar la línea que desde hace años nos separaba de la esclavitud laboral, privados de la mayor parte de nuestros derechos sociales y en silencio, es decir, exactamente igual que hace ciento y pico de años, cuando éramos explotados hasta la extenuación en los cinturones industriales de las grandes ciudades, a cambio de un mísero salario de hambre que no daba para cubrir ninguna de nuestras necesidades vitales, ni permitía aspirar a otra cosa, más que a la oscuridad de la ignorancia más supina.
Entretanto, una serie de individuos sin rostro, mueven grandes fortunas especulando con el capital a su antojo, sin que el bienestar de otro género humano que no sea el de su clase, les preocupe o inquiete, sabiendo como saben a ciencia cierta que cuentan con la complacencia borreguil de los gobiernos y habiendo permitido, mirando hacia otro lado, que se instale la corrupción con mayúsculas, entre las filas de los políticos.
Quiénes están dispuestos a luchar por que esto no suceda, sigue siendo una incógnita que solo será resuelta cuando el hambre acucie de verdad y a los españoles no nos quede tiempo para pensar en otra cosa que en trabajar sin descanso para beneficio de nuestros nuevos dueños.
A ver si entonces despertamos de nuestro incomprensible letargo, aunque auguro que con toda probabilidad, ya será demasiado tarde para escapar a los tentáculos que nos asfixian y que no queremos ver, cómodamente instalados en el inmovilismo. 














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