Europa da la razón al Fondo Monetario y se suma a la
iniciativa de pedir una rebaja salarial del diez por ciento en España, que
vendría a completar el espíritu de la “maravillosa” Reforma Laboral de Rajoy,
colocando a nuestros trabajadores en unos niveles cercanos a los de los
asiáticos y provocando así una competitividad de mercado indiscutible, siempre
a costa de una explotación que de este modo, empezaría a instalarse en el sur
de Europa.
Se echan a temblar los funcionarios, previendo que si se
produce una nueva reducción, será ellos los primeros en sufrirla, a pesar de
haber sido objeto anteriormente de otra y de haber perdido para siempre la paga
extraordinaria de la pasada Navidad y haberse encontrado, entre unas cosas y otras,
con una merma de su poder adquisitivo cercana al veinticinco por ciento, que
coloca a muchos de ellos al borde de entrar a formar parte del club de morosos
que la crisis ha creado en este País.
También todos los que no están parados se temen que más
pronto que tarde, estos sindicatos que tenemos acabarán por firmar el acuerdo,
bajo la amenaza de que su negativa pudiera generar un fuerte aumento de la
pérdida de empleo, al estar los empresarios, cómo no, totalmente a favor de
bajar los sueldos, mientras se frotan las manos pensando en los suculentos
beneficios que podría dejar en sus bolsillos, esta vergonzosa medida de
recorte, que volvería a afectar como siempre, a los mismos.
Si un milagro no lo remedia, la probada obediencia de Rajoy
cederá ante los Organismos europeos y volveremos de las vacaciones siendo mucho
más pobres de lo que nos fuimos, teniendo que estar dispuestos a trabajar más
horas por menos dinero y sin protestar, porque el despido se ha puesto fácil y
a los empresarios no les temblará la mano para firmarlo, habiendo como hay, una
demanda sobrecogedora de mano de obra, ansiosa por recibir algún ingreso.
Ya estamos pues, dónde querían. A punto de traspasar la línea
que desde hace años nos separaba de la esclavitud laboral, privados de la mayor
parte de nuestros derechos sociales y en silencio, es decir, exactamente igual
que hace ciento y pico de años, cuando éramos explotados hasta la extenuación
en los cinturones industriales de las grandes ciudades, a cambio de un mísero
salario de hambre que no daba para cubrir ninguna de nuestras necesidades
vitales, ni permitía aspirar a otra cosa, más que a la oscuridad de la
ignorancia más supina.
Entretanto, una serie de individuos sin rostro, mueven
grandes fortunas especulando con el capital a su antojo, sin que el bienestar
de otro género humano que no sea el de su clase, les preocupe o inquiete,
sabiendo como saben a ciencia cierta que cuentan con la complacencia borreguil
de los gobiernos y habiendo permitido, mirando hacia otro lado, que se instale
la corrupción con mayúsculas, entre las filas de los políticos.
Quiénes están dispuestos a luchar por que esto no suceda,
sigue siendo una incógnita que solo será resuelta cuando el hambre acucie de
verdad y a los españoles no nos quede tiempo para pensar en otra cosa que en
trabajar sin descanso para beneficio de nuestros nuevos dueños.
A ver si entonces despertamos de nuestro incomprensible
letargo, aunque auguro que con toda probabilidad, ya será demasiado tarde para
escapar a los tentáculos que nos asfixian y que no queremos ver, cómodamente
instalados en el inmovilismo.

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