domingo, 4 de agosto de 2013

Alea jacta est


Podrá el PP, tratar de convencer a Mariano Rajoy y a quién quiera escucharle, de que su comparecencia en el Parlamento fue un éxito e infundir un poco de entusiasmo al líder, construyendo para él una realidad paralela.
Podrá creer, no sin razón, que el PSOE ya no constituye una alternativa de poder y alegrarse de la tibieza que Alfredo Pérez Rubalcaba demostró en su discurso, sea cierto o no, que está dispuesto a presentar una Moción de Censura en Septiembre y a no dejar caer en olvido la intención de clarificar en lo posible, los entresijos del caso de Bárcenas.
Podrá aleccionar a los periodistas adeptos para que continúen defendiendo lo indefendible en todos los canales televisivos, proclamando a Rajoy ganador de un debate al que acudió obligado y en el que todos los grupos parlamentarios exigieron su dimisión, sin dar crédito a sus palabras y sin que fueran respondidas ninguna de las preguntas formuladas por ninguno de ellos.
Podrá, en ejercicio de su derecho a la libertad de expresión y pensamiento, decir y hacer lo que crea oportuno para salir del trance que atraviesa y maquillar cuánto quiera lo que ocurre, mezclando una estrategia de victimismo con otra ataque directo a los demás, sin dar lugar a la autocrítica necesaria para reconocer la verdad y afrontarla, con todas sus consecuencias y podrá, si me apuran, presumir de una honradez y pulcritud, claramente negadas por la contundencia de los hechos.
Y podrá autoengañarse ilusamente, pensando que las explicaciones de Rajoy han convencido a los ciudadanos, otorgándole un margen de maniobra que le permita continuar en el poder, como si nada hubiera pasado y Bárcenas fuera sólo una anécdota que ha quedado atrás, sin afectar a la credibilidad ni al honor del Partido de la derecha, ni al número de votos con que contaron hace casi dos años, cuando aún no sabíamos que su programa sería, literalmente, incumplido y alardeaban de ser la solución que necesitaba la Crisis.
Pero la suerte está echada y lo ocurrido en la sede de Génova, en el transcurso de casi treinta años, forma parte de un oscuro pasado que ha sido minuciosamente detallado por un ex tesorero  escrupuloso en el cumplimiento de su trabajo y no basta el  deseo fehaciente de hacerlo desaparecer, para  que no acabe saliendo a la luz e influyendo de manera incontrolable en el destino de cuántos protagonizaron la historia, sin pararse a pensar que algún día, tendrían que responder de sus actos, ante los ciudadanos y la justicia.
La punta del iceberg que asoma, presagiando que debajo del mar helado subyace un bloque de enormes dimensiones contra el que será imposible luchar, no ha hecho más que mostrar una pequeña parte de  su verdadera naturaleza y algunos aseguran que Bárcenas tiene mucho más y que nadie podrá escapar impune, llámese como se llame y ocupe el cargo que ocupe.
Si como se apunta en algún medio, existen grabaciones que prueben el asunto de los sobresueldos y los nombres de los que comparten las cuentas de Bárcenas en Suiza son los que todos pensamos, la alegría de haber superado el Debate, de nada servirá a un Presidente que acuciado por la fuerza de la verdad, se verá, finalmente, obligado a dimitir y puede, que hasta citado a declarar, si el juez lo considerara oportuno.
Importa poco si el PSOE no es alternativa de poder, es más, los ciudadanos agradecemos profundamente que ya no lo sea, ya que de convocarse nuevas elecciones, preferiríamos un Parlamento fragmentado, al tormento de una mayoría absoluta irreductible, a la que hay que soportar durante cuatro largos años, se esté o no, de acurdo con las medidas que tome y sea o no, creíble lo que dice o promete, apoyado en su hegemonía categórica.
Mariano Rajoy, ya lo decíamos, está herido de muerte. Y sus heridas, infringidas precisamente, por alguien que consideraba “leal”, podrían incluso agravarse en los próximos días, según convenga al delator, que ya presumió que “no podría con él”, mientras escuchaba su intervención en el Debate.
El éxito relativo obtenido en su intervención tiene visos de ser la mejoría que suele anteceder a la muerte y lo que suceda en este mes, será crucial, para este enfermo terminal, al que ya han desahuciado la sociedad, sus oponentes, la prensa y hasta una gran parte de sus propios allegados políticos.



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