viernes, 9 de diciembre de 2011

Volver a la esclavitud

La propuesta del Banco Central Europeo para España, sugiriendo la creación de mini empleos remunerados con un salario de cuatrocientos euros, es el insulto más grande recibido por los trabajadores, desde que iniciada la revolución industrial, se hacinaban en las ciudades huyendo del campo, a cambio de unas cuantas monedas.
Invitan además, por si fuera poco, a que el asalariado gestione por su cuenta los gastos de la seguridad social, liberando así a los empresarios de cualquier prestación a las arcas del Estado, en aplicación de una nueva y malévola teoría que sobrepasa incluso, los límites del más feroz de los capitalismos y devuelve al siglo XVIII las condiciones de vida de la mayoría de los ciudadanos, obligados a trabajar por cuenta de otro.
Puede que el Banco Central Europeo tenga una imagen distorsionada de España, creyéndola más cerca de cualquier país tercermundista que de la comunidad en la que está inmersa y piense que los cinco millones de parados que conviven aquí, aceptarían cualquier tipo de contrato que se les ofreciese, denigrando los derechos sociales conseguidos y sin un atisbo de lucha por mantenerlos, pero esta usura institucional, que sasesina las normas más elementales de pacífica convivencia entre las clases y anula la dignidad personal de la ciudadanía, asfixiándola con exigencias tan inaceptables, ha de tener contundente respuesta y no tardarán en producirse alteraciones sociales que lo demuestren.
Sin embargo, la poca representación demostrada por los Sindicatos en los últimos tiempos, da lugar a pensar que ésta será una lucha en solitario para los trabajadores, frente a los colosos empresariales que pretenden devolverlos a un clima de esclavitud.
Tampoco se espera demasiada colaboración por parte del Parido Popular, que ha corrido a los brazos del eje franco-alemán, deseoso de sucumbir a sus insólitas peticiones de recortes que fortalezcan aún más su hegemonía en Europa. Nunca un partido conservador se puso de parte de los débiles y ahora que ya no quedan formaciones de izquierda gestionando los gobiernos del continente, la solidez de su unidad será un tanque aplastando cualquier atisbo de protesta que contradiga sus directrices clasistas.
Pero esta ofensa de incalculables dimensiones hecha por el BCE, hubiera merecido una salida a los medios instantánea por parte de Rajoy, que se empleó a fondo en su campaña afirmando que el paro sería su preocupación esencial.
Lo peor es que este tipo de empleo-basura, disfraza las estadísticas permitiéndole a quien gobierna la presunción de haber disminuido el desempleo, sin hacer distinciones entre los tipos de contrato con que se lleva a cabo la gestión.
Para Rajoy será pues fácil, contarnos que ha conseguido crear por ejemplo, un millón de puestos de trabajo, sin especificar que lo que se recibe a cambio de ellos es exactamente la misma cantidad que la de los subsidios de hambre establecidos por su antecesor.
Si además llegamos a permitir que la seguridad social corra a cargo de los asalariados, la batalla de la sanidad pública se habrá perdido y solo tendrá derecho a recibir atención médica, la parte de la población que pueda costearse acudir a un centro, cuando enferma.
La desfachatez de creer que los españoles permanecemos en la ignorancia propia de nuestra posguerra y que su conformismo será eterno, parece más una broma de mal gusto, que una línea seria para terminar con la crisis que nos azota.
Pasar por este aro, nos colocaría en una posición de difícil retorno y nos convertiría en marionetas en manos de estos malhechores con traje y corbata que se pasean por sus elegantes edificios decidiendo nuestro destino, como dioses modernos, que ejemplifican el grado de maldad que los hombres pueden llegar a ejercer sobre sus semejantes.

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