Atentando directamente contra uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos, la policía copa todas las entradas de la Puerta del Sol de Madrid, impidiendo el acceso de los integrantes del Movimiento 15M, al lugar más emblemático de sus asentamientos.
Tratando de impedir que se consoliden las crecientes protestas contra lo que está aconteciendo en los mercados con la prima de riesgo, las fuerzas de seguridad han sido desplegadas, sin ahorrar en efectivos, convirtiendo el centro de la capital en un lugar solitario, al que ni siquiera se permite la entrada de turistas.
Algunos sindicatos policiales se han apresurado a mostrar su rechazo a las órdenes recibidas, insinuando una supuesta solidaridad con los principios del movimiento popular, que en ningún momento ha abandonado una postura pacífica, en esta lucha que mantiene contra el poder establecido, que con su ineficacia, provocó la indignación de la ciudadanía que lo forma.
A juzgar por lo que está pasando en Madrid, resulta fácil adivinar cuál será la postura del PP con los indignados, si es que llegan a culminar con éxito sus irrefrenables ansias de poder y ganan los próximos comicios, como prevén todas las encuestas.
Movidos también por su catolicismo recalcitrante, se supone que intentan ahorrar disgustos al Papa, que viene de visita en uno de los momentos más difíciles de todo el periodo de crisis y con unos costos inasumibles para la cartera de un estado maltrecho que está al borde de necesitar con urgencia, un rescate parecido al de Grecia.
Las bendiciones ofrecidas, al precio que sea a la llegada del pontífice por las huestes conservadoras, desdice y mucho, de la supuesta preocupación por los temas sociales con que nos quieren convencer para arrancarnos nuestros votos y demuestran que ponen el boato religioso por en cima de las necesidades de los ciudadanos, de los que se auto denominan representantes, sin que nunca hayan llegado a serlo.
El enfrentamiento que están provocando con su postura de intolerancia, pisotea sin compasión los derechos adquiridos por los humildes durante años de dura lucha contra los represores de su clase y traspasa cualquier idea que de la democracia se pudiera tener, ya que impide la libre circulación de los individuos y pretende acallar la libertad de expresión que les asiste, para opinar en contra de lo que consideren conveniente.
La respuesta a semejante ignominia debe ser inmediata y es absolutamente inadmisible volver a casa en estas circunstancias que nos imponen por la fuerza.
Debe intentarse una y otra vez hacer valer nuestros bien ganados derechos y no sucumbir a las acciones que contra nosotros se perpetran, al amparo del abuso de poder.
La transitoriedad del gobierno y la codicia de la oposición, están contribuyendo a que tales desmanes se lleven adelante, en un atentado sin precedentes contra la ciudadanía, llegando a recordarnos tiempos pasados, que habíamos creído dejar atrás cuando el dictador desapareció de nuestras vidas.
Ya no sólo está en juego la economía de la mayoría de este pueblo, sino que empiezan a peligrar otras cosas mucho más necesarias para el desarrollo de los individuos, como la libertad, que no estamos dispuestos a perder.
Tratando de impedir que se consoliden las crecientes protestas contra lo que está aconteciendo en los mercados con la prima de riesgo, las fuerzas de seguridad han sido desplegadas, sin ahorrar en efectivos, convirtiendo el centro de la capital en un lugar solitario, al que ni siquiera se permite la entrada de turistas.
Algunos sindicatos policiales se han apresurado a mostrar su rechazo a las órdenes recibidas, insinuando una supuesta solidaridad con los principios del movimiento popular, que en ningún momento ha abandonado una postura pacífica, en esta lucha que mantiene contra el poder establecido, que con su ineficacia, provocó la indignación de la ciudadanía que lo forma.
A juzgar por lo que está pasando en Madrid, resulta fácil adivinar cuál será la postura del PP con los indignados, si es que llegan a culminar con éxito sus irrefrenables ansias de poder y ganan los próximos comicios, como prevén todas las encuestas.
Movidos también por su catolicismo recalcitrante, se supone que intentan ahorrar disgustos al Papa, que viene de visita en uno de los momentos más difíciles de todo el periodo de crisis y con unos costos inasumibles para la cartera de un estado maltrecho que está al borde de necesitar con urgencia, un rescate parecido al de Grecia.
Las bendiciones ofrecidas, al precio que sea a la llegada del pontífice por las huestes conservadoras, desdice y mucho, de la supuesta preocupación por los temas sociales con que nos quieren convencer para arrancarnos nuestros votos y demuestran que ponen el boato religioso por en cima de las necesidades de los ciudadanos, de los que se auto denominan representantes, sin que nunca hayan llegado a serlo.
El enfrentamiento que están provocando con su postura de intolerancia, pisotea sin compasión los derechos adquiridos por los humildes durante años de dura lucha contra los represores de su clase y traspasa cualquier idea que de la democracia se pudiera tener, ya que impide la libre circulación de los individuos y pretende acallar la libertad de expresión que les asiste, para opinar en contra de lo que consideren conveniente.
La respuesta a semejante ignominia debe ser inmediata y es absolutamente inadmisible volver a casa en estas circunstancias que nos imponen por la fuerza.
Debe intentarse una y otra vez hacer valer nuestros bien ganados derechos y no sucumbir a las acciones que contra nosotros se perpetran, al amparo del abuso de poder.
La transitoriedad del gobierno y la codicia de la oposición, están contribuyendo a que tales desmanes se lleven adelante, en un atentado sin precedentes contra la ciudadanía, llegando a recordarnos tiempos pasados, que habíamos creído dejar atrás cuando el dictador desapareció de nuestras vidas.
Ya no sólo está en juego la economía de la mayoría de este pueblo, sino que empiezan a peligrar otras cosas mucho más necesarias para el desarrollo de los individuos, como la libertad, que no estamos dispuestos a perder.

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