jueves, 11 de agosto de 2011

Buscando las tierras del Norte






En plena efervescencia estival de noticias, llega mi turno de emigrar para disfrutar de otros paisajes, que ayuden a serenar el ánimo en los tiempos que vienen, ordenando las vísceras con el bálsamo sanador de la belleza, que hace olvidar los sinsabores de la vida y nos trasporta por breves instantes, al mundo irreal de la ilusión.
Vuelvo a la tierra de mi abuela, que como ya sabéis, me llama cada cierto tiempo para que me abandone al sorprendente verdor de sus valles, a la claridad de sus sonoros ríos y a los mil caminos perdidos entre sus diminutas aldeas.
Galicia es una de esas casas virtuales que cada uno tenemos en alguna parte y que nada tienen que ver con la posesión material de un inmueble y mucho con la sensación de pertenencia a un lugar, que se genera en nosotros, sin que nunca lleguemos a comprender por qué.
Siempre subo la vía de la plata sabiendo que descubriré algo nuevo, con esa incertidumbre buena que da la esperanza y la seguridad plena de no ser decepcionada por lo que aún está por venir.
Después, cruzando el país, llegaré a Cataluña, donde me aguarda el reencuentro con viejos y queridos amigos, de los que llegan a ser imprescindibles para encontrase a uno mismo, en este mundo materialista en el que tan poca importancia se suele dar a cosas tan grandes como ésta.
Yo haría con gusto un cuaderno de viaje desde el que abriros las ventanas de mis ojos para mostraros a través de las letras lo que veo, pero me dice la experiencia que habrá dificultad de conexión que me permita utilizar el medio en el que me muevo y pocas ganas de estar pendiente de la asfixiante actualidad que nos acecha la vida y que no me permitiría disfrutar de mis nuevos destinos.
Puedo eso sí, hacer un repaso rápido, a la vuelta, de las sencillas experiencias que haya ido teniendo en estos próximos días, aunque estoy segura que todas y cada una de ellas, acabarán aflorando a mis escritos, que siempre se han nutrido de lo vivido en primera persona, más que de la fantasía arrolladora que caracteriza a otros escritores, mejores que yo.
Será raro, no ocupar un rato cada tarde en elegir la noticia del día, no pensar el enfoque que le daré y sobre todo, será raro no acabar escribiendo las sensaciones que me provoca lo que sucede a mi alrededor, como sistemáticamente vengo haciendo desde hace ya casi dos años.
Sin embargo, estoy segura de que aguardareis mi regreso con la acostumbrada paciencia y sé que seguiréis, donde quiera que estéis, conservando el recuerdo de esta página, como si en cierto modo, nos conociéramos de toda la vida.
La experiencia suele enriquecer a los escritores de manera muy especial y es un modo de renovación necesaria para los amantes de estos menesteres, si no queremos quedar anquilosados y sin poder ofrecer nada nuevo a los que nos hacen el inmenso favor de leer nuestras cosas.
Me voy, ya lo sabéis, bastante indignada con el mundo y sus gobernantes, avergonzada del comportamiento de mi propia especie y sin embargo, esperanzada a la vez, en que todo es factible de ser cambiado por la maravillosa esencia humana, como si descubriéramos la tierra por primera vez.
Será bueno andar los caminos para que no se escape este último pensamiento y poder disfrutar pronto la alegría del regreso, sin haber perdido, como siempre, la ilusión de llegar a ser mejor… y contarlo.


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