La pérdida de la triple A por Estados Unidos, con base casi probable en la influencia del Tea Party en la política del país y del mundo, crea una revolución en los círculos económico internacionales, de imprevisibles consecuencias.
La condición ultra conservadora de este movimiento republicano, que debe, dadas sus creencias, abominar de la condición racial del actual presidente de la nación más poderosa del mundo, acaba de radicalizar sus posturas poniendo en movimiento todos los mecanismos de poder que regentan sus adinerados integrantes y parecen estar dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias, con tal de provocar una rápida pérdida de popularidad de Obama y, a ser posible, su caída.
Poco nos importaría esto, si nuestra vida diaria no dependiera estrechamente de las directrices marcadas desde La Casa Blanca y de su política, como número uno de la civilización de occidente.
Hacer tambalearse la economía del coloso, es una buena estrategia para reencontrar el camino iniciado por George Bush, a favor del capitalismo feroz que beneficie los bolsillos de las grandes familias americanas y a pesar de que las expectativas ofrecidas por Obama en su campaña, se han visto cercenadas hasta quedar prácticamente reducidas a polvo, un golpe de efecto a nivel internacional, volvería a colocar el poder en las manos adecuadas para seguir manejando el planeta con plena libertad de movimientos.
Aprovechar los tiempos de crisis que nos sacuden, para obtener determinados beneficios, suele ser una norma bastante extendida entre los que se encuentran al más alto nivel económico, dentro del extraño universo de las cifras que rigen el mundo y desde luego, no estarían dispuestos a perder su perversa hegemonía que esclaviza a las naciones y sus habitantes, sin agotar cualquier tipo de recurso, por sucio y descabellado que parezca.
De la dirección que sigan los mercados a partir de mañana, depende todo nuestro futuro y decididamente, ya pasó el tiempo de creer en milagros, si éstos no son forzados por los que manejan los hilos de la historia y menos aún, si les va en ellos algún perjuicio.
La degradación del coloso, entendida como una mancha en su honor como territorio de primera categoría, es la caricatura del espíritu sureño invadiendo la situación internacional, con sus medidas decadentes, pero perseverantes en el tiempo.
La llegada al poder de un presidente de las características de Obama, ha de haber supuesto para la ultraderecha americana un error imperdonable, que ataca directamente al corazón de su ideología de clase blanca superior y que ha de ser corregida cuánto antes.
Mientras tanto, los ciudadanos israelíes se lanzan por primera vez a las calles, siguiendo el ejemplo de los indignados españoles, en una demostración inusitada de que la calidad de vida ha bajado, incluso en uno de los países más poderosos de la tierra.
La necesidad de canalizar la unión de los trabajadores frente a los continuos devaneos de los caprichosos dueños del capital, se está convirtiendo a todas luces, en algo perentorio, de lo que no podemos ni debemos escapar, si queremos seguir adelante.
Las noticias están aseguradas en los días venideros y el rumbo que tomen, puede depender en mucho de nosotros.
La condición ultra conservadora de este movimiento republicano, que debe, dadas sus creencias, abominar de la condición racial del actual presidente de la nación más poderosa del mundo, acaba de radicalizar sus posturas poniendo en movimiento todos los mecanismos de poder que regentan sus adinerados integrantes y parecen estar dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias, con tal de provocar una rápida pérdida de popularidad de Obama y, a ser posible, su caída.
Poco nos importaría esto, si nuestra vida diaria no dependiera estrechamente de las directrices marcadas desde La Casa Blanca y de su política, como número uno de la civilización de occidente.
Hacer tambalearse la economía del coloso, es una buena estrategia para reencontrar el camino iniciado por George Bush, a favor del capitalismo feroz que beneficie los bolsillos de las grandes familias americanas y a pesar de que las expectativas ofrecidas por Obama en su campaña, se han visto cercenadas hasta quedar prácticamente reducidas a polvo, un golpe de efecto a nivel internacional, volvería a colocar el poder en las manos adecuadas para seguir manejando el planeta con plena libertad de movimientos.
Aprovechar los tiempos de crisis que nos sacuden, para obtener determinados beneficios, suele ser una norma bastante extendida entre los que se encuentran al más alto nivel económico, dentro del extraño universo de las cifras que rigen el mundo y desde luego, no estarían dispuestos a perder su perversa hegemonía que esclaviza a las naciones y sus habitantes, sin agotar cualquier tipo de recurso, por sucio y descabellado que parezca.
De la dirección que sigan los mercados a partir de mañana, depende todo nuestro futuro y decididamente, ya pasó el tiempo de creer en milagros, si éstos no son forzados por los que manejan los hilos de la historia y menos aún, si les va en ellos algún perjuicio.
La degradación del coloso, entendida como una mancha en su honor como territorio de primera categoría, es la caricatura del espíritu sureño invadiendo la situación internacional, con sus medidas decadentes, pero perseverantes en el tiempo.
La llegada al poder de un presidente de las características de Obama, ha de haber supuesto para la ultraderecha americana un error imperdonable, que ataca directamente al corazón de su ideología de clase blanca superior y que ha de ser corregida cuánto antes.
Mientras tanto, los ciudadanos israelíes se lanzan por primera vez a las calles, siguiendo el ejemplo de los indignados españoles, en una demostración inusitada de que la calidad de vida ha bajado, incluso en uno de los países más poderosos de la tierra.
La necesidad de canalizar la unión de los trabajadores frente a los continuos devaneos de los caprichosos dueños del capital, se está convirtiendo a todas luces, en algo perentorio, de lo que no podemos ni debemos escapar, si queremos seguir adelante.
Las noticias están aseguradas en los días venideros y el rumbo que tomen, puede depender en mucho de nosotros.

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