Definitivamente, no interesa encontar a los muertos. No importa la incertidumbre de las familias, el duelo permanente a que son sometidos incluso después de terminar la dictadura franquista, ni la agonía de quienes nunca tuvieron derecho a saber si en efecto una noche alguien acabó con la vida de los suyos.
Parece, como si hubiera una tozudez pertinaz en hacernos creer que la Guerra Civil no existió, tán orgullosos que estaban cuando la ganaron...
Pero este país también incluye en sus tierras a los perdedores y precisamente porque ya se les hizo pagar con dureza la derrota, es hora de ir cerrando heridas propiciando el encuentro de la gente con los que de forma tan terrible , les fueron arrebatados entonces.
Esta campaña de acoso y derribo a que se somete al Juez Garzón es más que política, inhumana. Permitir que precisamente la falange reclame que se dejen de investigar los hechos ocurridos durante un franquismo ,que ellos apoyaron y mantuvieron, no debiera ser consentido. Y hasta me parece delito tolerar a quienes un día fueron verdugos , represores y acalladores de ideologías y pensamientos, reclamen ahora una justicia que durante tántos años nos negaron.
Va contra las leyes de la naturaleza ensañarse en el dolor, prolongarlo para siempre en la creencia de que seremos capaces de olvidar y perdonar.
Pero claro, el desenterramiento de los cadaveres, tal como estála ciencia forense, ciertamente aclarará todas las circunstancias en que tan aberrantes crímenes fueron cometidos. Y esa aclaración pondrá a cada cual en su sitio, por fín, de una manera justa. Naturalmente, quizá estas circunstancias contribuirían a la desaparición total de la falange, pues de todos es sabida su participación directa en los hechos durante y después de la guerra.
Sin embargo, cuando se miran de frente las lágrimas de los ahora ancianos ante las fosas de sus padres abiertas después de setenta años de desprecio, la mínima sensación es la rabia que produce haber vivido en un país que fué capaz de seguir adelante con esa lacra en el corazón y esperar que aunque tarde, se produzca el milagro de un ansiado reencuentro. Para que todos, sin excepción, descansemos por fín en paz y aquello esté presente en nuestra memoria y no se vuelva a repetir ni ahora, ni nunca.
Todos estamos en deuda con nuestra própia historia y los que disfrutaron de la victoria sobre los otros han de ser generosos si quieren desterrar para siempre el rencor y la ira.
Pero también han de asumir los hechos reales que acaecieron y aunque sea por un momento fugaz, pararse a pensar qué exigirían de haber sido al revés el desenlace y comprender...
Basta ya de dificultar el proceso intentando a la desesperada un olvido que es imposible. Los historiadores y los ciudadanos de a pie, agradecerían que este capítulo se cerrara con el conocimiento de la verdad y las familias, se conformarían con poder honrar a sus muertos.
viernes, 26 de marzo de 2010
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¡¡¡¡¡Pero que bien escribes tia ¡¡¡¡
ResponderEliminarTe quiero