sábado, 20 de marzo de 2010

La enésima

C uando una noticia se convierte en rutina, deja de interesar automáticamente. C reo que éso es lo que empieza a ocurrir con estos terroristas domésticos que matan mujeres a diario sin que se haya llegado a encontrar una solución tajante a su espantoso delito. Y es peor en tánto en cuánto, estas víctimas inocentes se ven relegadas a un simple número en un calendario anual y a unas imágenes de la pequeña manifestación de turno en la plaza de su pueblo.
Vamos a ser realistas.: las medidas no sirven. No hay suficientes policias para hacer efectivas las órdenes de alejamiento, ni bastantes pulseras para las muñecas de los maltratadores, ni jueces implicados en algo más que en interpretar las leyes a su libre albedrío sin ninguna contundencia en su aplicación más directa.
Y esta lacra social nos va invadiendo calladamente e instalándose entre nosotros a pesar de la creacción de nuevos ministerios y de las interminables charlas improductivas impartidas en foros a los que nunca llegaría el problema de manera flagrante.
Yo quisiera, como mujer, que todas las personas que perdieron la vida a manos de estos asesinos de domicilios sin leyes conservaran por lo menos su nombre y su historia . Que los medios de comunicación se convirtieran en un recordatorio npermanente de lo que no se puede ni se debe perdonar. Este holocausto silencioso de agresiones maquilladas, desesperación y miedo debe terminar sin perder un segundo. No podemos dar tregua a quienes empiezan por perder el respeto dentro de sus própias paredes martirizando la dignidad de otras personas cuyo único delito fue nacer con un sexo distinto.
Empecemos por educar a nuestros hijos con un rol diferente, por no reir los chistes que circulan sobre el tema, por poner oídos a las paredes de nuestros vecinos, por implicarnos y denunciar lo que SI nos incumbe porque quizá agradeceríamos que otros denunciaran si se tratara de nuestras hijas quienes sufrieran el maltrato.
Abandonemos, otra vez, el miedo para empezar a terminar con el horror y con la muerte. Los primeros, los hombres. No basta con apoyar en silencio las medidas del gobierno de turno mientras se tratan de mantener los privilegios de una dominación perpetrada durante siglos bastante conveniente, por cierto.
Ese status YA NO VA A VOLVER. La mujer ha evolucionado, ha mirado hacia su propio fondo descubriendo la injusticia desorbitada que el mundo había cometido con ella y ya no se conforma. Hace tiempo que decidió romper con eso y nada va a ser ya como antes. En favor de las que estamos y de las que van a nacer, en favor de una humanidad más digna e igualitaria, en favor de todos nosotros.
Quisiera que reflexionáramos y que esta víctima de ayer no sea la´enésima proponiéndonos una tarea constructiva día a día.
Hoy no voyt a permitir que mi hijo se quede sentado mientras su hermana recoge la mesa. Hoy no voy a tolerar que mi marido me grite por primera vez. Hoy voy a conservar el orgullo de ser persona intacto, sin que nadie lo mancille. Y mañana, otra vez.

1 comentario:

  1. Debería de existir condenas "serias" sin posibilidad de reinserción para el que dilinque en temas tan serios como este. No sólo el que maltrata a su mujer, si no al que odia a la mujer, al que viola y ataca y sale de al cárcel y vuelve a violar y a matar. ¿La justicia es tonta? No, la justicia es un valor, y como tantas otras grandes palabras y conceptos lo toman hombres con poca cabeza y lo destrozan, y hacen que dejemos de creer en ella. Qué triste que se vuelve injusta la justicia...

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