martes, 7 de agosto de 2012

Una nueva forma de despido



Once profesores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, acaban de quedarse estupefactos al descubrir sendos ingresos económicos en sus cuentas bancarias como “indemnización por despido”, sin que antes les hubiera sido notificado absolutamente nada por parte de la empresa, y en pleno periodo vacacional, lo que evita cualquier tipo de reclamación, al encontrarse las Facultades cerradas.

La Comunidad de Madrid, se ha apresurado a declarar que la recesión de los contratos se debe a la nueva política de recortes y que sigue estrictamente los pasos que marca la Ley de Reforma Laboral impuesta por el PP hace sólo unos meses, aunque prescinda de cualquier contacto personal con el trabajador, hurtándole su derecho a conocer su situación en la empresa, hasta que se encuentra en la calle.

Las formas no pueden ser menos humanitarias, ni más alevosas, pero es probable que los españoles hayamos de irnos acostumbrando a esta manera de actuar por parte de los organismos públicos a partir de ahora, ya que éste no se trata más que de un nuevo caso de los muchos de despidos colectivos que se están llevando a cabo en la administración y que pretenden terminar con la totalidad del personal laboral, que se encuentra dentro de la administración del Estado.

No es casualidad que éste concretamente, haya ocurrido en la Universidad y precisamente en Madrid, dónde Doña Esperanza Aguirre sigue ejerciendo su virreinato ultraconservador, claramente posicionada a favor de la Privatización de la Enseñanza, como demuestra su empeño en premiar con jugosas subvenciones a los Centros Concertados, mientras recorta los sueldos de los funcionarios de la enseñanza, además de aumentar sus horarios y provocar el hacinamiento en las aulas, saturándolas con más de cuarenta alumnos en cada una.

A medida que vamos conociendo en carne propia los entresijos de la Reforma Laboral de Rajoy y descubriendo la cruda realidad que representa para los trabajadores de este país, la nube de indignación que ya se cernía sobre la población, se va haciendo más densa e insoportable.

Todos sabíamos, aunque se hayan empeñado reiterativamente en negárnoslo, que las medidas recogidas en el decreto garantizaban el despido libre y que colocaban en total indefensión a los trabajadores, dando toda clase de facilidades a los empresarios para terminar con nuestros derechos.

Pero esta suerte de subterfugios, que evitan además a quien despide la escena de tener que comunicárselo al despedido, al menos con una cierta antelación, dota aún de más facilidades al entorno patronal, ahuyentando cualquier posibilidad de réplica oral que pudiera producirse, en el momento del encuentro.

No se trata ya solo de ir ajustando los presupuestos a la situación que atravesamos, sino que a la agonía de quedar desempleado se une ahora también la incertidumbre de no saber cuándo ocurrirá y el miedo a consultar el extracto de tu cuenta bancaria, temiendo encontrar en ella el montante correspondiente al finiquito, mientras todavía crees estar en plantilla de la empresa para la que trabajas.

Como se ve, todas las posibilidades han sido cuidadosamente estudiadas para evitar la posibilidad de litigar en las Magistraturas y las espaldas de la clase empresarial han sido cuidadosamente cubiertas por los promotores de estas leyes, fabricadas a la medida de los intereses de los dueños de los recursos económicos.

Naturalmente, en esta macabra historia, urge privar de la facultad del saber al grueso de la sociedad y por eso se incide especialmente en recortar en primer lugar de las partidas destinadas a la educación pública, que posibilita el acceso a los conocimientos de los hijos nacidos directamente del pueblo.

Está claro que lo que se persigue en esta área es un calco del montaje educativo que se da en Estados Unidos, con toda una suerte de Universidades privadas, sólo al alcance de quién pueda pagarlas y un sistema de créditos inalcanzables para estudiantes de clase humilde, que han de ser devueltos cuando se finaliza la carrera, hasta el último céntimo.

No convienen pues, buenos docentes en la enseñanza pública y si los hubiere, de seguro terminarán quemados por las patéticas condiciones de trabajo que les aguardan, si finalmente se imponen las medidas que los conservadores han pensado para nuestro país.

Así que en este inusual despido, conlleva además ciertas intenciones ocultas y se nos muestra como la punta de un iceberg, que aún permanece escondido bajo las aguas.





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