domingo, 13 de mayo de 2018

Un único objetivo



En su  discurso para la investidura, el candidato elegido por  Puigdemont, Quim Torra, podría haber optado, como ser libre que debiera ser, fundamentalmente por dos caminos: uno, en el que habiendo analizado en profundidad la realidad cotidiana en la que se ven obligados a convivir los habitantes de esta tierra de profundos contrastes que se ha visto de pronto sorprendida por el calado de esas diferencias, batallase por intentar hallar algún remedio que propiciara, a partir de ahora, un modo por el que llegar a entenderse, sin que ello signifique una renuncia a los principios en que los que se creen y defienden y otro, en el que partiendo de la premisa, siempre peligrosa, de creer que se está en posesión de una única verdad, se infravalora, hasta la humillación, a quienes siendo partidarios de otros movimientos, pretenden  a su vez, encontrar un hueco en el que poder expresarlos sin temor, en esa misma sociedad en la que llegados a este punto, todos se han perdido el respeto.
Sólo algunos grandes políticos fueron bendecidos, a lo largo dela Historia, con el extraordinario don que les permitió situarse en un determinado punto de neutralidad, desde el que mirar con objetividad la raíz de este tipo de problemas y fue su talla, su templanza y el saber que la razón absoluta no es más que un concepto que nadie posee en exclusividad, lo que les permitió arbitrar soluciones que evitaron males mayores, devolviendo a la totalidad de los ciudadanos que de su mandato dependían, una idea que pasada por un filtro en el quedaron atrapadas todas las impurezas, muchos se liberaron de la esclavitud que supone vivir atrapados en el rencor y la incomprensión, de modo permanente.
Las gravísimas heridas abiertas en la Sociedad entre  dos grandes bloques, abocados a un permanente desencuentro, hubieran necesitado, en estos momentos, de una figura así y muchos, albergábamos, en nuestro fuero interno, la casi imposible esperanza de que por primera vez en muchos meses, la luz se abriera paso  entre la oscuridad del duro enfrentamiento, pero  por desgracia, ni Quim Torra parece poseer la talla que sería necesaria para plantearse siquiera ese tipo de reflexiones, ni sus oponentes más directos son, a día de hoy, precisamente proclives a dar algunos pasos imprescindibles que pudieran poner este reloj que corre en contra de todos, a cero.
Por el contrario, el candidato, cuya investidura depende de los cuatro votos de la CUP, al no haber sido capaz de alcanzar una mayoría suficiente en la primera de las votaciones, eligió un discurso plagado de fogosidad y exaltación, discurrido con el único objetivo de glorificar sus propias doctrinas y cayendo, como habiendo extraviado ese orgullo que pretendía por todos los medios mostrar, en un victimismo feroz que alimentó, desde el primer momento, el argumentario de unos oponentes que encontraron en sus palabras un filón con el que hacer frente, despiadadamente y sin paliativos, a quienes consideran como enemigos, sin llegar a la conclusión, ni el candidato, ni los otros, de que todos forman parte de un mismo todo llamado Catalunya.
Faltaron al candidato Torra, propuestas concretas sobre las políticas que pudiera tener en mente, como futuro President de los catalanes y sobraron soflamas dirigidas en exclusividad a contentar a los ya partidarios separatistas o tal vez, sólo y exclusivamente a Puigdemont, poniendo en bandeja de plata a los Constitucionalistas y también a los Comunes, las respuestas que de todos ellos recibió y que sin duda mereció, tras cometer el grandísimo error de partir de un discurso excluyente.
Los árboles frondosos que representarían quienes ya son partidarios de la separación, le impidieron la contemplación del gran bosque que se abría detrás de sus copas y en el que se encuentra asentada exactamente,  la otra mitad de una población cuyos intereses también estará obligado a defender Torra, si decide aceptar la Presidencia.
Muchas han sido las voces que han defendido la inteligencia de este candidato, como una de sus mayores virtudes, pero su estrechez de miras, su imposibilidad para admitir que hay otro mundo detrás de las fronteras que pretende establecer, como límite de su feudo, su marcado desprecio por todo aquello que no se corresponda con su concepto de catalanidad deseada  y la hispanofobia explícitamente expresada, de manera general y sin excepciones, en su discurso aterrador, le convierten en un individuo que ha sido claramente incapaz de evolucionar al ritmo de los tiempos y que prefiere permanecer cautivo en un  territorio acotado en el que no se permite más que su libertad y  en  el que seguramente, morirá sin haberse concedido la oportunidad de haber conocido y disfrutado de la inmensa diversidad que ofrecen, de manera gratuita, otras gentes, otras culturas, otros pensamientos y otros pueblos.

viernes, 11 de mayo de 2018

Por fin, un candidato



Tras meses de zozobra e incertidumbre, de idas y venidas, de vaivenes y pulsos fallidos con el Gobierno español, Carles Puigdemont, desde el exilio, designa personalmente un candidato a la Presidencia de la Generalitat, que será elegido, si ninguna eventualidad lo impide, mañana en el Parlament de Catalunya.
La nominación de Quim Torra, abogado, escritor, editorialista e independiente, aunque fuertemente ligado a la ideología nacionalista, ha sorprendido a propios y ajenos, que suponían que los ojos del ex President  se encontraban puestos desde hace tiempo en su compañera Elsa Artadi, pero que por alguna razón ha quedado desbancada por este inesperado nombramiento, que no ha gustado nada a los Partidos llamados constitucionalistas, por la severa radicalidad que esta persona ha demostrado, durante mucho tiempo, en todas sus manifestaciones.
Claramente antiespañolista y muy dado a generalizar en sus apreciaciones acerca del sentir de todos aquellos que habitando en esta península, no formamos parte del territorio catalán, Torra ha sido, literalmente sacado del baúl en el que se encontraba hasta ahora, pareciendo una opción de urgencia que refuerce las posturas de los separatistas y que no ponga nada fácil al Gobierno español, esa transición hacia la normalidad que tanto desea, pero que sin duda se verá complicada por la dureza del pensamiento de alguien cuya misión prioritaria parece que será la de evitar que la idea de la lucha por la Independencia, no caiga en el olvido.
Antiguo Presidente de Ómnium catalana y defensor a ultranza de los derechos de sus compatriotas y no libre de cierta xenofobia hacia los residentes en Catalunya que no nacieron allí, Torra no va a ser un President proclive a una negociación que en estos momentos parece necesaria para poder recuperar, al menos, una parte de la normalidad perdida, pero cumple estrictamente con todos los requisitos exigidos, desde su exilio, por Puigdemont, que probablemente espera que le sirva de valedor oficial, mientras él mismo toma, a partir de mañana, todas las decisiones importantes, desde su residencia de Berlín.
No nos cabe ninguna duda de que una de sus primeras exigencias será la de que se ponga en libertad a todos los que se encuentran encarcelados por su participación en el Process y también la de que se devuelvan inmediatamente  los poderes arrebatados a Catalunya, tras la aplicación del 155, en un intento de culpabilizar al Gobierno de Mariano Rajoy y a los Partidos que le apoyaron, de todo lo ocurrido.
De cómo gobernará, una vez que sea por fin investido, nos iremos enterando a medida que vaya pasando el tiempo y se empiecen a dar pasos de trascendencia, en una u otra dirección y aunque partimos de la base de que Torra se ha convertido en la persona que ha señalado el dedo de Puigdemont, las ínfulas que se adquieren cuando uno llega realmente al poder, pueden y suelen cambiar, muchas veces radicalmente, los fundamentos con que se partía de la línea de salida.
Con un resultado tan ajustado, con Catalunya dividida en dos grandes bloques antagónicos y un clima social absolutamente viciado por la dureza de los últimos tiempos, Torra cuenta, únicamente, con el apoyo de los partidarios del separatismo, pero tiene en contra exactamente al mismo número de ciudadanos, que preferirían continuar formando parte del Estado español, como hasta el momento.
Así que tendrá que hacer un verdadero esfuerzo para superar su declarado antiespañolismo, si desea ser el President de todos los catalanes, pues tal y como están las cosas, no le conviene nada ir sumando nuevos enemigos, no vaya a ser que la gente, harta del clima irrespirable en el que se ve obligada a convivir, se convenza de que con la forma de luchar que se ha venido intentando en los últimos años, no existe ninguna posibilidad  de avanzar hacia el sueño dorado de la República independiente.
Se abre, en este viernes que preludia un fin de Semana virulento, una nueva etapa que sin embargo, cierra en falso todas las heridas abiertas y que empieza sin subsanar ninguno de los problemas de fondo que nos trajeron hasta la situación actual, demostrando que en cualquier guerra, de la índole que sea, al final todos son perdedores, cargados además, por la fuerza de su resentimiento.
Convendría, a una y otra parte, asumir la responsabilidad de aprender de todos los errores cometidos y demostrar esa imprescindible grandeza de miras, tan necesaria para poder construir futuro abandonando el rencor e ir dando pequeños pasos que vayan consolidando la convivencia entre las personas que cohabitan en una misma tierra, aunque nadie tenga por qué abandonar para ello, su legítimo derecho a expresar libremente su opinión o a exigir las reivindicaciones que considere pertinentes.
Conteniendo el aliento y deseando que todo salga de la mejor manera posible, aguardamos el momento en el que este peculiar candidato llegue a ser investido y como no podría ser de otra manera, le deseamos suerte en su andadura y la inteligencia suficiente para saber ofrecer a Catalunya y los catalanes, algo que pueda hacerles de nuevo, felices.

jueves, 10 de mayo de 2018

Ciudades inhabitables



La reconversión de los pisos y casas de los Centros de las grandes Ciudades españolas en viviendas dedicadas al alquiler turístico, está produciendo una  imparable ola de emigración de los que hasta ahora habían sido los vecinos de toda la vida y un encarecimiento desorbitado de los precios de los arrendamientos a largo plazo, que muchas personas se ven obligadas a elegir, desde que estallara la burbuja inmobiliaria al principio de la crisis y que perjudica gravísimamente a los residentes permanentes en el país, obligándoles a tener que desplazarse a las afueras, para poder encontrar un sitio que por sus posibles, puedan permitirse.
Van quedando esos Cascos históricos, totalmente huérfanos de familias y pobladores asentados por motivos sentimentales o laborales en estas ciudades en las que nacieron o les adoptaron, por lo que la imagen que tenemos, cuando paseamos por sus calles y plazas principales, es la de un constante trasiego de turistas con maletas que vienen y van de acá para allá, formando un galimatías de razas y lenguas  y que aprovechan cualquier oportunidad de divertimento, de las muchas que ofrece el país, para protagonizar, sobre todo durante la noche, terribles escándalos que tienen mucho que ver con el bajo precio del alcohol en España y también, con el consumo desmesurado de otras sustancias que todos conocemos.
Estos grupos, profundamente incívicos y maleducados que se han adueñado sin rubor de estas zonas, en las que la gente de bien hacía vida normal, hasta hace bien poco tiempo, no sólo no pueden ser considerados como un turismo de calidad, sino que suelen perjudicar gravemente el mobiliario urbano que todos pagamos con nuestros impuestos, transformando paisajes históricamente reconocidos en todo el mundo, en basureros y urinarios, en los que depositan toda clase de deshechos.
A la vez, están acabando con el pequeño comercio tradicional, en el que  los vecinos de toda la vida tenían costumbre de abastecerse, por cercanía, por confianza o por simple cariño y que ya perjudicados por la existencia de los grandes almacenes, en muchos casos, se han visto obligados a echar el cierre, al haber perdido su clientela tradicional y no  de poder contar con la llegada de nuevo público fijo.
Algunas de estas Grandes ciudades, como Palma, Madrid, Barcelona o Valencia, han empezado a considerar seriamente la idea de prohibir estos alquileres turísticos, en muchos casos tramitados de forma ilegal y que no reportan ningún beneficio, para tratar de recuperar, a la mayor brevedad posible, un ritmo de vida que se nos ha escapado de las manos, por la permisividad que con el problema se ha tenido y que ha traído una ola de indignación general que ha derivado en continuas protestas, ante la dificultad de poder continuar viviendo, por cuestión de dinero, ruído y vandalismo, en los barrios en los que decidieron, algunos hace ya muchos años, establecer su residencia.
Coartan, en cierto modo y sin medida, estas hordas de turismo cada vez mayores, la libertad de las personas, al no poder competir, en estos momentos difíciles, con la formidable subida de los precios y mucho nos tememos, que este problema terminará contribuyendo considerablemente a la creación de una nueva burbuja, esta vez relacionada con los alquileres, que podría suponer para todos una regresión fatal, pues ahora ni siquiera partimos de la bonanza que disfrutábamos cuando diera comienzo la crisis.
Muy en serio se están tomando los llamados Alcaldes y Alcaldesas del cambio estos sucesos que se han convertido en rutina, en los Municipios que dirigen y  ya han presentado varias propuestas dirigidas a erradicar la aquiescencia con que cuentan los particulares y las Agencias que se dedican a tales menesteres, para intentar una repoblación necesaria de núcleos de población fijos, que devuelvan a los Centros urbanos, el brillo y la naturalidad que antaño tuvieron.
Y si para ello hubiera que perder una parte de ese turismo ruidoso que se adueña instantáneamente de los lugares por los que transita, faltando sin consideración al respeto a las personas que en ellos conviven, poco o nada habría de importar, pues sería mucho mayor el bien que causaría deshacerse de esta molesta plaga que nos afecta, que el perjuicio económico que causaría su ausencia.
Mucho se ocupa este gobierno de poner trabas a la inmigración que trata de llegar a nuestro país, por mera cuestión de supervivencia y muy poco de este turismo grosero que nos invade sin remedio, quizá porque la Banca, que posee ingentes cantidades de pisos vacíos, procedentes de desahucios llevados a cabo contra las familias, ha encontrado, en este mundo de los alquileres sobrevalorados, un filón con el que continuar obteniendo jugosos beneficios.
No vendría mal, detenerse a pensar en las posibilidades económicas con las que cuentan las familias españolas, ganando los salarios que ganan, desde que se produjera la crisis y preguntarse si ese derecho a la vivienda que se presume para todos, como refleja la Constitución, puede ser verdaderamente asumido, si los precios de los arrendamientos se siguen disparando, sin que nadie les ponga techo.
Escamados por lo que nos ha tocado vivir  un tiempo atrás, los ciudadanos ni siquiera estamos dispuestos a esperar a ver si funcionan estos absurdos planes, en años venideros.
Exigimos, que se revise a la mayor brevedad  posible, lo que está sucediendo en el mercado del alquiler, no sea que en algún momento después, se nos venga con la milonga de que nadie esperaba que hubiera otro crack y haya de nuevo que apretarse un cinturón, al que no le quedan más agujeros.

miércoles, 9 de mayo de 2018

The rich first



Tal y como había prometido, el Presidente del “América first”, Donald Trump, dio ayer  un sonoro carpetazo a los Pactos nucleares con Irán que había firmado su antecesor, Barak Obama, con el apoyo de Reino Unido, Francia, Rusia, China y también Alemania y que reportaba cierta seguridad de que al menos en unos cuantos años, la fabricación y utilización de este tipo de armamento, quedaba paralizada, bajo la estrecha vigilancia de los Inspectores de la Agencia de Energía Atómica.
Este paso, que como muchos otros, define a la perfección el carácter voluble de  quien ocupa la Presidencia del país más poderoso del mundo y que clarifica meridianamente el odio ancestral que guarda contra quien le antecediera en el cargo, como demuestra su desmedido afán por anular una por una, todas las medidas adoptadas por Obama, fueran del calado que fueran, supone sin embargo, a parte de las consecuencias nefastas que para todos nosotros pudiera traer, un desprecio infinito hacia los países firmantes del acuerdo, hacia Europa de manera general y muy particularmente, hacia cualquier Estado de Oriente que pudiera frustrar de algún modo las perspectivas que sus socios israelíes pudieran tener sobre una zona, que vive, para pesar de todos, en un ambiente de sórdido y permanente conflicto.
La más que evidente xenofobia expresada continuamente por Trump por el mundo árabe y los continuos cambios que realiza en la composición de su gobierno, en cuanto alguien cuestiona, en mayor o menor medida, la naturaleza de su pensamiento, ha quedado palmariamente clara en  esta gravísima decisión, que toma, como siempre,  desde una perspectiva personal y pensando seguramente en quién sabe qué intereses ocultos, dirigidos con toda probabilidad, a posibilitar su propio enriquecimiento.
Pero Trump no es cualquier persona que poseída por un arrebato de ira puede optar por finiquitar repentinamente, pongamos por caso, la confianza con algún amigo, ni sus decisiones, cualesquiera que sean, afectan únicamente a él mismo, su entorno familiar y ni siquiera a su propio país, sino que son, por la importancia del cargo que ostenta, absolutamente fundamentales para que sea posible un equilibrio en la política mundial y por ello, habrían de ser, minuciosamente analizadas y sopesadas hasta la saciedad, antes de que pudieran ser llevadas a la práctica.
Sin embargo,  el estilo de este peculiar Presidente, aupado hasta el poder fundamentalmente por los habitantes de una américa oscura y profunda, anclada a un conservadurismo feroz y que continúa creyendo que su nación es y debe seguir siendo el ombligo del mundo, se encuentra muy alejado del que se esperaría encontrar en un político de carrera y a  nadie debiera pues extrañar, esta manera de gobernar a golpes de tiránicos decretos, que sin embargo, está infringiendo un daño irreparable a la imagen que el resto del mundo tiene en estos momentos, sobre Estados Unidos.
A medida que va pasando el tiempo y se va viendo cómo periódicamente se van dinamitando todos los avances conseguidos en la legislatura anterior, en lo que se podría calificar como un ataque sin precedentes contra cualquier medida que haya podido significar algún progreso, la regresión que están sufriendo, no sólo los habitantes de su país, sino también la humanidad en general, que no puede comprender que alguien haya podido apoyar la candidatura de este nefasto Presidente, no tiene parangón y sólo algunos, cuyos intereses reales pudieran coincidir plenamente con los que Trump transmite en cada uno de sus neuróticos discursos, aplauden esta manera de dirigir que tiene más que ver con el absolutismo feroz, que con la Democracia de que tanto se presume en  Los Estados Unidos de América.
No obstante, estos arrebatos a los que ya nos tiene acostumbrados este personaje de folletín, resultan ser, en cierta medida, del todo previsibles y quizá convendría, a los mandatarios de las demás naciones,  basar a partir de ahora su juego en la anticipación, si no quieren ser llevados algún día a un irreparable desastre que pudiera traer para toda la humanidad, incalculables consecuencias.
Trump, está claro, hace tiempo que tiene sus ojos puestos en Irán, del mismo modo en  que Bush los pusiera en Irak, no hace demasiado tiempo y más pronto que tarde, encontrará un motivo, real o ficticio, para  justificar una intervención militar allí, exigiendo además, el apoyo inmediato de los países que han sido tradicionalmente sus aliado, entre otros, el nuestro.
Con esas miras, esta decisión que acaba de tomar le proporciona la apertura de un camino que ya está marcado de antemano y que finalmente terminará recorriendo y ni los Inspectores de la Agencia de Energía Atómica, ni las recomendaciones de la ONU o de cualquier otro Organismo internacional, podrán hacerle abandonar un objetivo que está escrito en su agenda, como prioritario.
Como ya ocurriera en Irak, la historia comenzará con escarceos que terminarán por recrudecerse, mientras se difunde un discurso de pánico a la sociedad americana, alertándola de dónde se encuentran sus verdaderos enemigos, para intentar después, a través de los medios que fueran precisos, conseguir captar aliados fuertes que apoyen la inevitable intervención, aunque después se abandone la zona, en condiciones similares a las que ahora se padecen en Irak y con un costo de vidas humanas que rozan el calificativo de genocidio.
Pero lo que pueda ocurrir a la gente de estos países, poco o nada importa al Presidente del “América first”, pues su imposibilidad para empatizar con el sufrimiento de los demás y su odio ancestral hacia los colectivos más desfavorecidos de la sociedad, han quedado suficientemente demostrados en el tiempo que lleva al frente de un país que quiere transformar, a su imagen y semejanza, únicamente.
“The  rich first”, debiera ser el lema de su próxima Campaña. Sería mucho más comprensible.







martes, 8 de mayo de 2018

Justicia y nuestra gratitud



Tras dos años de terrible espera, se resuelve el juicio que tenían pendiente tres bomberos sevillanos que habían estado realizando de manera voluntaria, labores de rescate en Grecia y se hace, porque no debía ser de otra manera y porque la presión humana que ha levantado este caso no ha podido ser más solidaria y rotunda, con una justa absolución, aunque el sufrimiento generado en estos héroes anónimos que un día decidieron dedicar su tiempo libre a salvar vidas y el de sus familiares y amigos, nunca podrá ser resarcido, dejando en ellos una huella imborrable de decepción, que sólo se suavizará con el tiempo.
Su historia, que por rocambolesca e indignante hizo mella en nuestras conciencias, provocando una inmediata ola de solidaridad que traspasó todas las fronteras, nos ha estado acompañando, a la vez que a ellos mismos, durante todo el tiempo transcurrido, convencidos como estábamos de que su inocencia en el cargo de tráfico de personas que se les imputaba, era total y que todo  parecía haber sido construido, con la única intención de ocultar, a los ojos de las personas de bien, la magnitud del drama que se está viviendo en los mares que nos rodean y que se han convertido en impresionantes cementerios.
Les tocó a ellos, como podría habernos tocado a cualquiera de nosotros, de haber estado en el mismo lugar en el que se encontraban, en aquellos s momentos y como hemos podido ver después  en varias ocasiones, su caso no ha sido el único que ha conseguido paralizar las labores humanitarias que se llevan a cabo todos los días, en los mares de Grecia.
Exigir responsabilidades a los encargados de gestionar estas ayudas de salvamento y acogimiento, de cientos de miles de seres humanos que se exponen a la dureza de estas travesías, para escapar de la guerra, el hambre y el sufrimiento, resulta ser, para el resto de la humanidad, una obligación inaplazable y un motivo de lucha suficientemente justificada, por una cuestión de meros sentimientos.
Poner trabas a las organizaciones y particulares que se ofrecen a prestar auxilio a estas masas migratorias que se encuentran en un auténtico estado de emergencia, supone, al menos moralmente, un gravísimo delito de lesa humanidad y dice mucho en contra de los dirigentes que se encuentran a la cabeza de estos países del primer mundo, a los que poco o nada importa, lo que suceda en otros mucho menos afortunados, a juzgar por el calado de sus acciones y gestos.
A todos los que ponen su grano de arena en estos durísimos trabajos de rescate, a los que prestan cariño, comprensión y calor humano a  los que consiguen llegar a través de los mares, a un lugar que para ellos, desde luego, debe parecer una especie de paraíso, la colaboración de los organismos oficiales les resulta, necesaria e imprescindible y no poder contar con ella, ha de provocar  en ellos una suerte de desesperación, sólo entendible para quienes viven a diario las tragedias que se suceden en estos lugares, sin ninguna posibilidad de poder solucionarlas todas, por falta de medios, como sin duda sería su deseo.
Desde aquí, quisiera decirles que esa soledad que sugiere la incomprensión de los poderes que les rodean, no es real y que todos nosotros, la gente corriente que les admira sin conocerles,  aplaudiendo la callada labor que realizan, en favor del género humano,  agradeceremos eternamente la valentía y el arrojo que nos demuestran todos los días, aunque por razones de edad, salud o trabajo, no podamos estar codo con codo, dónde  ellos se encuentran.
Les respetamos y les queremos, porque en el fondo de nuestros corazones entendemos como imprescindible esa colaboración desinteresada que prestan, a los más necesitados, en estos terribles momentos.
La vida, que suele ser tozuda al colocar a cada cual en su sitio, seguro que de alguna manera, les premiará. Aunque no creo que pueda existir un premio mayor que contemplar la mirada de aquellos a los que consiguen rescatar y que les acompañará, como un tesoro, durante toda su existencia,



lunes, 7 de mayo de 2018

Los viejos luchadores nunca mueren



Andamos los mayores, poseídos por una creciente indignación, que además de tener que ver con la situación de desamparo en que vivimos y con las inaceptables cargas familiares que nos ha acarreado la política de recortes del Partido Popular, se incrementa cada vez que se piensa, desde las esferas del poder, que vivimos aún poseídos por el analfabetismo reinante en los años treinta o cuarenta del pasado siglo, mientras se pone en duda, de manera reiterada e insistente, nuestra capacidad de razonar y nuestro propio nivel de inteligencia.
Afortunadamente, aquellos tiempos en que las clases trabajadoras y muy fundamentalmente los ancianos, vivían en la oscuridad y sin la más mínima posibilidad  de entender una sola palabra de los grandilocuentes discursos que ofrecían los políticos, hace ya mucho que pasaron y estos viejos de hoy, no estamos dispuestos a consentir que se nos manipule, como hacían los caciques con nuestros abuelos, pues muchos de nosotros, poseemos, gracias al sacrificio y el esfuerzo de nuestros abnegados progenitores, una formación que nos permite mirar a los ojos,  de igual a igual, a todos estos que ocupando un escaño o algún puesto de cierta relevancia, se han hecho expertos en el arte de la manipulación, o al menos eso intentan, a través de esas propuesta trampa que nos lanzan, a ver si picamos el anzuelo.
Ser mayor, no significa necesariamente vivir anclado a tiempos pasados, ni haber malgastado los años que llevamos vividos, sin haber sabido evolucionar al paso que marcaban los acontecimientos, en cada momento y por supuesto, la edad no merma la curiosidad por entender los asuntos que ocurren a nuestro alrededor ni obstaculiza el afán por aprender, por los medios que sean, aquello que quizá no se sabe, pero de cuya comprensión depende poder hallar una salida que resuelva nuestros  más acuciantes problemas.
Existen además, valiosísimos aliados que ayudan sobremanera a no perder el paso que marca la actualidad, al mismo tiempo que nuestra existencia y en esta era de la comunicación, la lectura y el acceso a los medios servidos a través de las redes, proporcionan mil mecanismos al que los quiere utilizar, para poder ser, cada día, un poco más sabio, sin que exista un solo tema sobre el que no se pueda obtener información y aprovecharla en propio beneficio.
Y luego, está el tema de la procedencia.  Porque éstos que peinamos canas provenimos, en general,  de una generación de inagotables luchadores a los que les tocó vivir una época histórica convulsa que fuimos capaces de transformar, contando con la voluntad y el esfuerzo y esa condición, que se queda anclada en el alma de manera profunda y latente, aflora inevitablemente en cuanto se detecta alguna señal que pueda poner en peligro alguna de aquellas cosas que ganamos, moviéndonos otra vez, a volver a combatir, con la diferencia de que ahora podemos invertir en hacerlo todo el tiempo del mundo, pues nuestra veteranía ya no exige de nosotros una dedicación laboral, que antes nos era imprescindible.
Así que a quienes piensen que pueden obtener una rendición, a través de un ofrecimiento que   parchee nuestra situación durante un par de años, sin afrontar a fondo la raíz del problema, ya les digo yo que jamás conseguirán las bendiciones que tanto  les gustaría obtener, ni por supuesto, podrán quebrar esa unidad que ha surgido espontáneamente entre nosotros, por un caso de extrema necesidad y que nos hace estar cada  día, orgullosos de nuestro comportamiento.
Comentarios como los vertidos por la Secretaria de Estado de Comunicación, ante los abucheos recibidos por Rajoy, de parte de un grupo de pensionistas, nos conceden, involuntariamente, la seguridad de tener la razón y nos enseñan que el camino que estamos marcando con nuestras protestas en las calles, es el único que puede conquistar el grueso de las reivindicaciones que exigimos y que son, de mera justicia.
En el mismo momento en que esta Secretaria deslenguada y faltona lanzaba los improperios que todos hemos podido oír a través de los medios, el Presidente de nuestro Gobierno, entraba apresuradamente y visiblemente nervioso en el recinto al que se dirigía, sin atreverse a cruzar una sola mirada, con el grupo de personas que le increpaban desde la acera de enfrente.
Nadie esperaba, por supuesto, que se parase a conversar. Hace ya mucho tiempo que sabemos que esa corriente de complicidad que debiera existir obligatoriamente entre el pueblo y su Presidente, no existirá jamás mientras Rajoy esté en el poder, pero su actitud vergonzante, el hecho de acelerar el paso para escapar de la evidencia de lo que allí estaba ocurriendo, dice mucho de lo que todos podemos esperar de él y señala, de manera incontrovertida e incuestionable, que su afección por los colectivos que forman parte del país que dirige, deja mucho que desear y pone en tela de juicio su capacidad real para ocupar el cargo que ostenta.
Ni sus espantadas, ni su ley Mordaza, ni sus veleidades con PNV o Ciudadanos, para doblegar nuestra voluntad, podrán nunca dar los resultados que tuviera previstos, pues los viejos luchadores, nunca mueren.
Tampoco nos creemos ese interés repentino que le ha entrado por bailar al son que le marca la calle, ahora que su declive personal y el de su Partido, augura tiempos difíciles y el fin de esa era de insolencia en la que a través de las mayorías absolutas, nos trajo hasta la situación que estamos atravesando y que tanto nos duele, se acerca inexorablemente.
La memoria intacta de sus acciones durante sus años de mandato, nos hará permanecer alerta. Para su desgracia, los mayores tenemos mucho tiempo para pensar y ya les digo yo que no olvidaremos, en lo que nos reste de vida, la indiferencia con que fuimos tratados, en los peores momentos.

domingo, 6 de mayo de 2018

Tierra de contrastes



Mientras continúan resonando los ecos de la sentencia del caso de La Manada y ETA escenifica el abandono de las armas en un acto con el que se pretendía transmitir cierta solemnidad, sin hacer mención alguna al dolor esparcido durante tantos años, en las conciencias de todos los pueblos, los candidatos que ya se conocen, para las Elecciones autonómicas de Madrid, que se celebrarán el año que viene, han dado el pistoletazo de salida a una especie de precampaña feroz, aprovechando hábilmente el mal sabor de boca que ha dejado a  precipitada salida de Cifuentes y procurando ganar un tiempo precioso al maltrecho PP, que sigue sin encontrar a una persona que sustituya a la defenestrada Presidenta y que mantiene a su número dos, al frente de la gestión que hasta ahora, sólo a ella le había correspondido.
Formando parte de un mismo ambiente político, aunque resueltamente apartados de  esa globalidad que suele caracterizar normalmente a las Instituciones de un mismo Estado, los independentistas catalanes, aprueban en su Parlament, con la fuerza de sus votos, pero de manera absolutamente unilateral, una resolución que permitiría, si la justicia no acaba por dar al traste con la idea, una investidura a distancia del incombustible Puigdemont, desafiando sin rubores, otra vez, a un Gobierno español, al que ya saben adicto a intentar solucionar los problemas por vía judicial y no por la vía política que exigiría la gravísima situación de este momento.
Entretanto, nuevos casos de extrema violencia de género, sacuden la columna vertebral de millones de mujeres decididas a sumarse sin condiciones a las reivindicaciones del movimiento feminista y que nos encontramos en un punto en el que el miedo y la situación de indefensión, nos han convencido de que la vía de la lucha en férrea unidad, es el único camino que hará posible una igualdad real que consiga borrar de la memoria los años de forzado sometimiento a los designios marcados por un patriarcado brutal y obsoleto.
Algo aún por definir, pero cuya esencia se palpa ostensiblemente en las calles por las que vamos circulando a diario, multitud de colectivos que por nuestra precaria situación, habíamos permanecido hasta ahora, como resignados a los azares de un destino maldito, comienza a brindar un sentido que guía nuestras vidas y la sensación de que si no ha lugar a la rendición, podremos vencer, se instala en nuestros corazones, al margen del discurso que puedan estar intentando ofrecer los políticos, como si se hubiera roto de pronto, irreparablemente, ese cordón que nos unía indefectiblemente a la corrección, sin permitirnos expresar en total libertad, lo que verdaderamente pensábamos y sentíamos en nuestro fuero interno.
Vivimos y así lo asumimos, porque la realidad es irrenunciable, en un país de contrastes, en el que varias generaciones de supuestos servidores públicos han ignorado taxativamente el mensaje les lanzábamos desde nuestra orfandad, mientras ellos, instalados en la burbuja protectora que les aislaba del sentir popular, elegían disfrutar, sine die, de los privilegios que les iba ofreciendo su particular condición, siempre adquirida a través de los votos de lealtad de millones de adeptos, que se han, que nos hemos cansado de esperar, absolutamente destrozados por la dureza extrema de los últimos tiempos, que nuestras voces fueran escuchadas, nuestras protestas atendidas y nuestros recursos, generados siempre a través del esfuerzo de trabajar, empleados en beneficio de las carencias de las mayorías a las que pertenecemos.
Llegados a tal punto de desesperación, tomar las riendas de nuestras míseras existencias y aprender a gestionar nuestros propios problemas, haciendo ver a los que durante años nos  ignoraron en sus apretadas agendas repletas de apellidos de gente poderosa que nos organizaba el porvenir , a golpe de operaciones bursátiles destinadas a saciar su propia codicia, se ha transformado irrenunciablemente, en un necesidad perentoria para poder abandonar esa sensación de mera supervivencia en la que nos encontrábamos inmersos, simplemente para poder vivir, en un ambiente en el que el aire no se encuentre viciado por la densidad de nuestras propias historias y la dignidad de ser simplemente humanos, recomponga con urgencia las heridas casi crónicas que la pobreza endémica, económica y emocional, estaba produciendo en nosotros, ineludiblemente.
 Esa fuerza que nos otorga nuestra más que evidente superioridad numérica y  la  certeza de saber que todas las transformaciones históricas se consiguieron, a lo largo de los siglos, a través de la lucha y la superación de los fantasmas del miedo, hacen que el hecho de formar parte de esos contrastes y poder convivir sin complejos con lo que son y representan, en estos precisos momentos, supongan, para nosotros, un reto asumible al que deseamos sumarnos sin reservas, para no quedarnos atrás mientras otros avanzan imparables hacia un cambio inminente y nos procura, a la vez que el delirio que supone enfrentarse a situaciones de riesgo, el orgullo de estar construyendo una historia distinta de la que para nosotros tenían preparada, estos seres sin rostro que a través del poder económico, se jactaban de haber dominado la voluntad de los pueblos.
Ayer, rebuscando en los estantes de mi humilde biblioteca, me topé de bruces con un viejo ejemplar de “Las uvas de la ira” de Steinbeck y un deseo irrefrenable de releer aquella obra que tanto me impactó en mi juventud, me dominó inmediatamente.
Empecé. Y la descripción minuciosa de sus primeras páginas, esa representación detallada al milímetro del desarrollo y posteriores efectos de una gran sequía, que en el momento en que fue escrita podría significar una comparación descarnada con aquello que produjo en las clases humildes la Gran depresión, me atrapó, haciéndome reflexionar sobre la impresionante similitud que comparte, con la época que, salvando las distancias lógicas, nos ha tocado vivir.
Las heridas que produce esta lectura, se evidencian desde las primeras frases y se van haciendo más grandes, a medida que vamos leyendo.
A quiénes no conozcan el libro, no puedo, sino recomendarles que se atrevan a sumergirse valientemente en su argumento. Fue escrito en el pasado siglo, pero pudiera haberse escrito ayer y la historia de sus personajes, bien podría, a día de hoy, ser la nuestra, su frustración, nuestra frustración, su amargura, nuestra amargura y esa sequía externa e interna, el paisaje desolador que nos ha dejado el paso de esta crisis que igual que aquella, pasará.
Ha empezado a llover, estamos vivos y si queremos, podemos.