lunes, 26 de marzo de 2018

Reacción en cadena



Como era de esperar, la detención de Carles Puigdemont ha levantado una serie de reacciones en cadena del movimiento independentista y miles de personas, se han echado a las calles de Catalunya reclamando la libertad del que fuera su Presidente y también la de los demás  procesados por el Juez Llanera por un delito de rebelión, provocando graves enfrentamientos con la policía autonómica, que han causado un centenar de heridos de diferente pronóstico.
Los manifestantes secesionistas, que hasta ahora habían venido ofreciendo en todas sus concentraciones una imagen de puro civismo, han ido perdiendo los nervios con los acontecimientos ocurridos en los últimos días y anoche protagonizaron una serie de actos violentos que abarcaron desde la quema de contenedores y neumáticos, hasta los cortes de carreteras en todo el territorio catalán, llegando en algún momento a proferir graves amenazas en contra del juez encargado de la causa y arrastrando por el suelo multitud de fotografías de Mariano Rajoy y del Rey, a los que consideran, en gran medida, responsables de lo que viene ocurriendo.
Cerca de las diez de la noche, el Presidente del Parlament, Roger Torrent, ofrecía ante los medios una declaración institucional que además de llamar a la calma a las multitudes que protestaban en la calle, exigía una salida política inmediata que paliara los terribles efectos de lo que está sucediendo en Catalunya, sugiriendo la formación de una especie de pacto de concentración, que podría abarcar también a los Comunes de Xavi Domenech e incluso, si así lo quisieran, a los socialistas de Miguel Iceta.
Fue la suya, una intervención contundente, plagada de un evidente partidismo, que choca frontalmente con la supuesta neutralidad que debiera mostrar el Presidente de cualquier Parlamento y clarísimamente excluyente con los parlamentarios de PP y Ciudadanos, a los que tácitamente consideró, sin atreverse a mencionarlo, como parte del Sistema represor del Estado español y por tanto, como enemigos declarados de los intereses de Catalunya.
Serio y circunspecto, tras la detención de Puigdemont, Torrent, que como todos sabemos, pertenece a la Formación de Oriol Junqueras, Esquerra Republicana, jugó sus cartas arriesgando, en gran medida, una solución alternativa a la que exponen los integrantes del PdeCat y los de la CUP, que hacía sólo unos instantes habían propuesto tomar la sede parlamentaria, para proclamar a Puigdemont como su Presidente, de manera clandestina.
La noche, que ha resultado ser toledana y que ha ofrecido una imagen terrorífica de las reacciones que han traído los procesamientos de los líderes separatistas y la detención de Puigdemont, ha dejado entrever, por primera vez, que una buena parte de los partidarios del secesionismo se encuentran dispuestos a llegar hasta dónde sea para tratar de conseguir la inmediata liberación de la cúpula de sus dirigentes y  ha abierto, aún más si cabe, esa brecha de considerables dimensiones que  divide cada vez más a los propios ciudadanos de Catalunya y que será muy difícil cerrar, si no se arbitran de inmediato medidas exclusivamente políticas que restañen las heridas por las que se desangra esta sociedad, más rota que nunca, tras los acontecimientos vividos en los últimos días.
Entretanto, el Estado español y con él, los representantes del Gobierno de Mariano Rajoy y también los Ciudadanos de Albert Rivera, se limitan a celebrar las acciones judiciales, sin arbitrar una sola propuesta que pudiera ayudar a restablecer la normalidad en Catalunya, prescindiendo en todas sus valoraciones sobre el problema, de los dos millones de personas que se declararon a través de sus votos abiertamente independentistas, tratando de negar una existencia real, que puede complicar y mucho, la vida de un territorio al que también pertenecen.
El conflicto, que no es ya una cuestión de derechas o izquierdas y que ni siquiera refleja con claridad cuestiones ideológicas, tal y como las entendemos mientras vivimos en un ambiente sereno, supone más bien, un enfrentamiento brutal entre dos bloques fanatizados por dos nacionalismos distantes, que se niegan sistemáticamente a admitir que quepan en un mismo espacio, catalanistas y constitucionalistas, como hasta ahora habría venido ocurriendo.
Llegar a un acuerdo, resulta pues una cuestión prácticamente imposible, pues entre los contendientes de ambos bandos falta un concepto fundamental, que se denomina respeto.
Habiendo perdido los papeles, estos dos bloques enardecidos, incapaces de entender que en cualquier tipo de negociación, ha de haber, necesariamente, voluntad para el entendimiento, están convirtiendo a Catalunya en un espacio imposible de cohabitar, en el que ya sólo cabe una sinrazón que se ha instalado, con la intención de quedarse durante mucho tiempo, en un territorio que era, hasta hace bien poco, un ejemplo de convivencia pacífica entre ciudadanos de opiniones bien diferentes.
Estamos muy seguros de que ni la judicialización permanente ni la violencia en las calles podrán ser nunca la solución para este problema y sólo esperamos, desde la tristeza amarga que produce contemplar el clima de odio que se respira allí, que de entre la penumbra surja, en algún momento, alguien que apelando a la capacidad de razonar, sea capaz de reconducir a unos y a otros al sendero de la verdad, que no es patrimonio de nadie, ya que todos tenemos, en igual medida, luces y sombras que nos convierten en simples seres humanos, como todos, absolutamente imperfectos.
Hacer examen de conciencia y admitir, en primer lugar los errores propios, antes de reprochar los ajenos, se hace, a todas luces,  imprescindible, para habilitar un camino en el que se pueda empezar, otra vez, a caminar.
Si no, la convivencia entre catalanes, podría quedar reducida a cenizas.

domingo, 25 de marzo de 2018

El amargo final del camino



Poco después de las once de esta mañana, en la pequeña localidad alemana de Schuby, a sólo treinta Kilómetros de la frontera danesa, Carles Puigdemont era detenido en una gasolinera, mientras regresaba en coche desde Finlandia, del que ha sido el  último viaje, de los muchos que ha realizado durante su etapa en el exilio.
La activación de la orden de captura internacional, dictada por el juez Llarena, después de los procesamientos del viernes, ha sido el detonante que ha desencadenado su inmediata persecución y la idea de cruzar territorio alemán, a bordo de un vehículo con matrícula belga, al que se había colocado en algún momento un chip de seguimiento, ha puesto un amargo final  al camino emprendido tras la efímera proclamación de la República, cerrando un capítulo de una historia en la que seguramente había basado una buena parte de sus sueños.
Ha sido Puigdemont, un exiliado atípico, que ha dedicado todo su tiempo a internacionalizar el conflicto catalán, exponiendo continuamente su libertad en una gira continua por diversos países europeos y tratando de crear un reducto indestructible de catalanidad con sede en Bruselas, desde el que dirigir, con mano firme, todos los movimientos del separatismo latente en las ciudades y los pueblos de su país, aunque olvidando la gravísima situación en la que se han visto inmersos una buena parte de los antiguos compañeros que decidieron permanecer en el territorio patrio y que se han visto absolutamente desbordados por las decisiones judiciales tomadas en los últimos días, teniendo que enfrentarse, como ya ocurriera a Oriol Junqueras, Joaquin Forn y los Jordis, primero, a la prisión y después a un procesamiento por los delitos de rebelión y malversación, que sin duda cambiará sus vidas para siempre.
Creyó erróneamente el ex President haber encontrado un paraíso de inmunidad, junto a los ex consellers que optaron por seguirle, en territorio belga y contemplando únicamente esa opción, que pasaba por la supuesta legitimidad que le otorgaron las urnas en las elecciones del pasado Diciembre, nunca quiso renunciar al puesto que desde su punto de vista le correspondía, complicando superlativamente un momento de extrema gravedad   e impidiendo reiteradamente el nombramiento de otro candidato a la Presidencia de la Generalitat, que hubiera calmado los ánimos del Estado español y probablemente, también los del juez encargado de un caso que finalmente ha sido llevado hasta el peor de los escenarios que se hubiera podido imaginar, sin que haya indicio alguno de que pueda suavizarse en un futuro cercano y que ha cercenado de raíz, la cúpula formada por los principales líderes independentistas en Catalunya.
Su flagrante equivocación al pensar que el aparato del Estado español, en manos de una derecha tradicional e imperturbable, terminaría por ceder a las presiones de dos millones de ciudadanos y a la perseverancia demostrada por los principales implicados en la lucha separatista, ha sido simplemente, mayúsculo, sobre todo si a esto se añade la machacona insistencia de acusar  a la justicia de obrar en connivencia con los dirigentes del Partido Popular, poniendo en entredicho no sólo la objetividad del encargado de juzgar esta causa, sino también, que fuera capaz de llegar hasta dónde ha llegado, retándole continuamente con peligrosos juegos de palabras, acciones que rozaban el filo de la ilegalidad y fugas al extranjero de algunas personalidades implicadas en el proceso, que han perjudicado ostensiblemente las posibilidades que aún quedaban, al resto de sus compañeros.
En cuanto a la política se refiere, quedaba claro para muchos de nosotros, desde la experiencia que ofrece la edad, que Mariano Rajoy jamás perdonaría el ridículo a que se vio abocado por la celebración del Referendum del Primero de Octubre y menos aún, la burla que para él debió suponer la huida apresurada, en sus propias narices,  de  Puigdemont y sus consellers a Bruselas, ni el contenido incendiario de los mensajes lanzados a nivel internacional, en sus conferencias, por el antiguo President y que comprometían, de alguna manera, su obsesión declarada por mantener la unidad de un Estado, que se ha visto permanentemente cuestionada, desde foros establecidos en varias naciones europeas, siempre con Puigdemont como protagonista.
La ingenuidad demostrada al creer que la misma persona que decidió aplicar el 155 en Catalunya, podría admitir después que aspirantes como Jordi Sánchez o Turull, pudieran presentarse como candidatos a la Presidencia de la Generalitat, sin forzar inmediatamente una actuación de la justicia, ha resultado, para los independentistas y sus seguidores, sancionada con el peor de los castigos y no ya porque el juez haya, como algunos apuntan, prevaricado en sus conclusiones sobre este conflicto, sino porque las Leyes del Estado y también la Constitución, fueron escritas en su mayoría por políticos españoles y diseñadas milimétricamente a su imagen y semejanza, por lo que su estricta aplicación ha de dañar, necesariamente, a todo aquel que pretenda alejarse del camino marcado, actuando sin tener en cuenta lo establecido, consciente o inconscientemente.
Los recortes en las libertades que nos trajo la Ley mordaza, aprobada por cierto con el beneplácito de la antigua Convergencia, han contribuido en gran parte al emponzoñamiento de una situación que podría haber sido resuelta, con diálogo y voluntad, si ambas partes se hubieran empeñado a fondo en conseguirlo, pero la intransigencia de Rajoy y el empecinamiento de los separatistas, en mantener cada cual su postura, tensando la cuerda y esperando que se rompiera por el otro lado, no hizo posible hallar un camino de solución, arrastrándonos a todos hasta el mismo centro de la tormenta y lo que es peor, generando entre nosotros un ambiente de animadversión muy difícil de corregir, si no se abandona la judicialización del conflicto y se comienza a intentar, de verdad, practicar el arte de la política.
Con Puigdemont detenido, se rompen los sueños de más de dos millones de catalanes a los que se hizo creer  que la independencia era posible y que hoy se encuentran, solos, con todos sus líderes encarcelados y un proyecto pisoteado sin piedad, ante sus propios ojos, sin otra salida posible que reclamar en las calles, de momento de manera pacífica, que les devuelvan la dignidad y la libertad de poder manifestar abiertamente lo que piensan, sin ser inmediatamente reprimidos.
A su Líder, le espera uno de los momentos más difíciles de cuántos haya tenido que afrontar en su vida, pues al haber sido detenido en Alemania, el delito de rebelión del que se le acusa, se equipara allí al de alta traición y podría acarrear, a quién   lo haya cometido, unas  penas que oscilan entre los  diez años de cárcel y la cadena perpetua, por lo que no resultará fácil decidir si debe quedarse o regresar, a pesar de haber expuesto en numerosas ocasiones, que en España jamás sería  juzgado de manera objetiva.
Puede que muchos se alegren del cariz que están tomando los acontecimientos estos últimos días e incluso que alberguen la sensación de haber conseguido derrotar a los que consideraban, desde hace un tiempo, como sus peores enemigos.
 A otros, a  los que pensamos que  las guerras terminan perdiéndolas todos y cada uno de los que participan en ellas, nos parece que estamos viviendo un periodo de terrible desolación. Nos duelen, las familias de los encarcelados y fundamentalmente, volver a vivir en un país en el que se considera que hay vencedores y vencidos.
Que verdad es, que los hombres no aprendemos casi nada de nuestra propia historia y que por tanto, quedamos permanentemente condenados a que en cualquier momento, pueda volver a repetirse.

viernes, 23 de marzo de 2018

El día más largo



Muy en la línea seguida durante este tiempo y probablemente influido por la convocatoria del Pleno de ayer, en el Parlament de Catalunya, aunque finalmente resultara fallido, el Juez Llarena dicta acta de procesamiento por delito de Rebelión contra doce líderes separatistas, entre los que se encuentran Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y el propio Jordi Turull, que está pendiente de que el pleno del Sábado ratifique o no su investidura, como President de la Generalitat, por mayoría simple, habiendo perdido la votación  celebrada, por la abstención de los cuatro representantes de la CUP.
Está siendo la de hoy, una mañana de locos en las que las noticias relacionadas con Catalunya se pisan unas a otras, generando una cierta confusión en un ambiente profundamente enrarecido, a juzgar por las caras que exhibieron en el pleno, la mayoría de los líderes separatistas y muy especialmente el candidato en cuestión y que ha traído  también, una buena dosis de sorpresa, cuando ha trascendido que Marta Rovira se ha marchado de España, con destino a un exilio aún desconocido,  abandonando su acta de diputada y que por tanto, no ha comparecido ante el juez, como si han hecho sus compañeros de aventuras en el Proces, a  los que su fuga seguramente perjudicará de manera  ostensible, por causas evidentes.
La decisión judicial, ha sentado francamente mal a todos los que de alguna manera se encuentran inmersos dese el principio en todo lo que ha venido sucediendo, desde que se comenzara a hablar de la intención de convocar un referéndum secesionista, aunque algo debían ya intuir, pues muchos de ellos incluso se despidieron de sus familiares, antes de viajar a Madrid, conociendo quizá de antemano que su ingreso en prisión era cuestión de horas, no se sabe muy bien, por qué extraño mecanismo de información, pues hasta hoy, el procesamiento no se ha hecho público.
Y sin embargo todo lo ocurrido ayer por la tarde, el discurso anodino, afligido y sin convencimiento del propio candidato Turull, la lentitud con que transcurrieron unas horas en las que se respiraba una densidad impropia de un acontecimiento como el que se estaba viviendo y el rostro cariacontecido de todos los diputados separatistas, que no denotaban un solo gesto de alegría, hacía presagiar que lo que ocurriera en el día de hoy podía llegar a ser mucho más grave de lo que en principio se pensara, cuando la efervescencia de la emoción soterraba cualquier probabilidad  fracaso y que la decisión de LLarena, no sólo iba a corroborar todo lo expuesto con anterioridad, sino que podía ir mucho más allá de lo esperado, exigiendo que todo el peso de la Ley, cayera sobre estos hombres y mujeres, considerados ya abiertamente, como rebeldes.
Así que la sesión transcurrió, con esa insípida condescendencia que exhiben quiénes saben de antemano que todo lo tienen perdido y exceptuando la intervención del representante de la CUP, que continuó acusando al Estado español de antidemocrático y opresor y reclamando con nitidez, el derecho a constituir una República independiente, todos los oradores, incluidos los de los Partidos constitucionalistas y hasta el de Podemos, parecieron estar abducidos por una especie de desgana colectiva o por la sensación de que el acto que allí se estaba celebrando,  resultaba ser del todo inútil e inservible.
Lo sucedido a lo largo de la mañana, ha venido a darles la razón e incluso a poner en tela de juicio si será o no posible la celebración del nuevo Pleno, con un candidato procesado por rebelión, que a nuestro corto entender, quemó ayer el último cartucho que le quedaba, pues probablemente ingresará hoy mismo en prisión preventiva, como ya sucediera a algunos de sus ilustres compañeros.
Con todo en el aire y pendientes de los acontecimientos que puedan ir produciéndose a lo largo de este largo día, los ciudadanos tenemos hoy una sensación de extrema tristeza, pues sinceramente, no vemos que se avance absolutamente nada en intentar la resolución de un conflicto, que desgraciadamente, nos atañe a todos y que perjudica fatalmente a los catalanes en general y no sólo a los que apoyaron con ilusión y esperanza verdadera, un proceso que ha resultado ser un estrepitoso fracaso, pero que seguramente ha marcado sus vidas y sus sentimientos para siempre, dejando en sus corazones una pátina de rencor y odio hacia el Estado español, que será muy difícil hacer desaparecer, por muchos años que pasen.
Los que nunca fuimos nacionalistas, ni fanáticos de símbolos y banderas de ningún signo, los que siempre permanecimos al margen de estas luchas encarnizadas entre bandos y que hemos sido desdeñados por los unos y por los otros, con igual contundencia, sin embargo, ya lo habíamos advertido. Sólo la buena voluntad, el diálogo razonado y la capacidad de saber ceder, de los unos y los otros, podrán arbitrar una solución a este problema, cada vez más enquistado en las entrañas de sus contendientes.
El  tiempo, nos está dando la razón. Aquí estamos, en la misma situación o en una mucho peor que la que se intuía cuando se convocaron las elecciones de Diciembre y sin visos de hallar otra vía que no sea la judicial o la de los reproches recíprocos, que solucione de una vez, este conflicto que aflige a catalanes y españoles, por igual, pero que nadie se atreve a acometer, lejos de una cierta violencia.

jueves, 22 de marzo de 2018

Por vía de urgencia



Tras casi cuatro meses de densa espera y habiendo comprobado en la práctica la imposibilidad de investir como President de la Generalitat al exiliado Puigdemont , ni al encarcelado Jordi Sánchez, todo se precipita en Catalunya y Torrent convocó ayer, por vía de urgencia, un pleno para esta misma tarde, en el que se tratará de poner  a Jordi Turull, del PdeCat, al frente de esta nueva legislatura, al haberse alcanzado un acuerdo las fuerzas independentistas, a excepción de la CUP, que a estas horas todavía debate si dará su apoyo al candidato propuesto.
La maquinaria se ha puesto en marcha de  manera absolutamente inesperada, al conocerse que el Juez LLarena tomará una decisión judicial, sobre los imputados en el Proces, mañana Viernes, en un intento a la desesperada por conseguir nombrar a un hombre de confianza para gestionar los tiempos difíciles que con toda seguridad se avecinan, antes de que pueda ser imputado y por tanto, inhabilitado para  ocupar el cargo que se le ofrece.
La maniobra ha sentado como un jarro de agua fría a PP y Ciudadanos, que seguramente deseaban la convocatoria de nuevas elecciones, con la ilusión de que el tiempo hubiera conseguido desgastar la furia separatista y la esperanza de que los de Rivera pudieran obtener  una mayoría suficiente, que les permitiera formar, con la ayuda de los Partidos constitucionalistas, otro tipo de Gobierno.
El nombre del  Turull, no convence tampoco para nada a la CUP, que desde el primer momento apoyó claramente a Puigdemont, como única apuesta posible y hasta pudiera darse el caso de que votaran en contra del candidato propuesto, al considerar, igual que los Comunes, que es un hombre que procede directamente de la antigua Convergencia y muy cercano a los Pujol, ahora imputados por corrupción, en múltiples procesos judiciales abiertos.
Así que unas buenas dosis de incertidumbre planean ya sobre el Pleno de esta tarde, aún antes de haber comenzado y el reloj corre inexorablemente en contra de los separatistas, pues si hoy mismo no queda resuelta la investidura de este candidato improvisado, que ni siquiera aparecía en las listas que se han venido confeccionando reiteradamente, desde Diciembre, pudiera ser que a partir de mañana, si Llerena sigue en la línea que ha venido poniendo en práctica desde que el caso cayera en sus manos, las circunstancias empeoren considerablemente para los que formaron parte del movimiento secesionista y haya que esperar mucho tiempo, hasta poder habilitar la posibilidad  de convocar una nueva investidura y sobre todo, para encontrar una persona libre de cargas judiciales, que ya no pertenecería a la primera línea de juego  que arbitrara toda la historia del llamado Proces.
En  esta tesitura y con la espada de Damocles oscilando sobre las principales cabezas de los Partidos secesionistas, lograr en el día de hoy una victoria en el Parlament, se ha convertido en una mera cuestión de honor, pues de otro modo, el fracaso de todo el esfuerzo que han venido llevando a cabo los líderes implicados en la historia catalana reciente, quedaría reducido a cenizas y Rajoy podría presumir de haber vencido en esta batalla, del modo y manera en que suele hacerlo casi siempre, es decir, con probada soberbia.
Así que por un lado y aunque a este candidato le acompañe la sombra de la sospecha, debido a los ambientes en que se ha movido durante mucho tiempo, la posibilidad  de que pudiera ser investido como President abre una vía de cierta tranquilidad, a los ojos de los catalanes de a pie, hartos ya de esperar a que las cosas se solucionen del modo que sea, aunque por otra, el hecho de que sólo convenza a los parlamentarios que provienen directamente del movimiento separatista y no en su totalidad, augura un periodo de extrema dificultad, que sólo se resolverá si todas las partes ponen en ello voluntad de alcanzar la concordia y se habilitan entre ellas, vías de diálogo que posibiliten, al menos, un cierto entendimiento.
Atónitos por el cariz que han tomado, a última hora, los acontecimientos, a los ciudadanos en general, no nos queda otra opción que la de pensar que éste es un problema que atañe exclusivamente a quienes habitan en Catlunya y que por tanto, habrán de ser ellos, los  encuentren un camino para salir del atolladero, en el que todos estamos inmersos.
Si Turull sale investido hoy y mañana Llerena no le da el disgusto de inhabilitarle, convirtiéndole en el President con la trayectoria más corta de la Historia y las cosas empiezan a funcionar con normalidad, al menos, los catalanes podrán librarse del odioso artículo 155 y recuperar su ritmo de vida, lejos de la incertidumbre que ha marcado a fuego, el transcurrir de los últimos tiempos.
Pendientes de lo que suceda esta tarde y muy fundamentalmente del discurso del candidato en cuestión, de lo único que estamos seguros es de que asistimos a un acontecimiento de una importancia sustancial, que según vaya saliendo, podría o no transformar la situación en la que ahora mismo se está viviendo en Catalunya y a partir de mañana, ya veremos.

miércoles, 21 de marzo de 2018

La ignorancia supina



La comparecencia de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ante la Comisión del Congreso, que comenzó ayer por la mañana, en un ambiente de crispación potenciado por la declarante, que exponía ante los medios no entender por qué razón se encontraba allí, derivó, en cuanto empezaron las preguntas comprometidas, por parte de los representantes de los Partidos de la oposición, por unos derroteros que desgraciadamente se han convertido en una práctica habitual, para todos aquellos que de una manera o de otra se ven de pronto salpicados por alguno de los innumerables casos de corrupción, que habilitaron fondos  destinados a la financiación ilegal de Campañas electorales o simplemente, el enriquecimiento personal de algunos personajes muy conocidos.
Como anteriormente ocurriera con la infanta Cristina, Ignacio González, Granados, en sus primeros tiempos y otros muchos nombres que no viene al caso enumerar, Cifuentes optó desde el principio por alegar una ignorancia supina en cualquier circunstancia que pudiera perjudicarla personalmente, a pesar de  que por los cargos que ha venido ocupando en el PP, todas las cuestiones que se relataban fueron en algún momento de su competencia y fueron las suyas, una serie interminable de respuestas anodinas que pusieron letra a una música perfectamente compuesta para tal fin, sin que a pesar de la insistencia de los representantes parlamentarios, se consiguiera poner en claro absolutamente nada, porque evidentemente, nunca hubo voluntad de hacerlo.
Acorralada, como otros muchos de sus compañeros de Partido, por la turbidez de algunos asuntos que han venido produciéndose en su entorno más cercano e interpelada continuamente, primero por el representante del PSOE y después, por un Iñigo Errejón, como siempre brillante en su entonación y  en su interrogatorio, su intervención alcanzó el punto álgido precisamente cuando llegó el turno de Toni Cantó, que siguiendo la nueva estrategia de Ciudadanos, fustigó sin piedad a la Presidenta, sin lograr nada más que una cierta elevación en el tono de sus manidas respuestas.
Declarándose, como ya lo hiciera Aguirre en su día, absolutamente intolerante con los asuntos de corrupción, trató de bandear como pudo todas y cada una de las insinuaciones que sobre ella vertieron los parlamentarios, llegando a negar su probada relación con ciertos personajes que se fueron nombrando a lo largo de la mañana y que se encuentran inmersos en diversas causas judiciales, aún abiertas.
Procurando en todo momento conservar una actitud casi festiva, como si el hecho de estar allí le provocara un cierto punto de hilaridad, que a nadie le pareció consecuente, Cifuentes aguantó el temporal que se le está viniendo encima irremediablemente, procurando restar peso a los poderosos argumentos esgrimidos por la oposición al completo y declarándose, perdonen la expresión, abiertamente cretina, al aducir no saber absolutamente nada de cuanto sucedía a su alrededor, como si no fuera obligación de quién ocupa un cargo de importancia, estar perfectamente informado de las acciones que llevan a cabo sus subordinados, en todo momento.
Evidentemente, no convenció y las declaraciones posteriores de todos los participantes en la Comisión, así lo demuestran, pues parlamentarios y ciudadanos en general, empezamos a estar más que hartos de que los dirigentes políticos del PP, parezcan en su totalidad, sordos y ciegos  y sinceramente, no se entiende que un Partido en el que todo el mundo hace dejación flagrante de sus funciones, haya podido funcionar durante tanto tiempo, pues la ignorancia reiteradamente expuesta por sus dirigentes, de ser cierta,  debería haber dado lugar a un estrepitoso fracaso, irremediablemente.
Al no haber jurado tener que decir verdad, nunca sabremos hasta qué punto nos mintió ayer Cifuentes, pero en una maniobre macabra del destino, los medios han lanzado hoy  la noticia de que la Señora Presidenta obtuvo un Master sin haberse presentado a dos asignaturas, que aun así fueron calificadas con Notable, proporcionándole el Título pertinente.
Si esto es cierto, puede que sus días malos no hayan hecho más que empezar y que como ocurriera a Al Capone, al final sea un asunto relativamente pequeño, el que le cueste el puesto.

martes, 20 de marzo de 2018

Divide y vencerás



Ya ven que a Mariano Rajoy no le haya quedado otro remedio que reaccionar ante las multitudinarias manifestaciones de pensionistas que están teniendo lugar en todos los rincones del país, pues  habría sido poco talentoso por su parte, aplicar su reiterada estrategia de esperar a que el tiempo pudiera solucionar también este problema y sobre todo, porque no debe ser agradable ver cómo se te escapan entre los dedos unos cuantos millones de votos, que creías asegurados para siempre y que desaparecen como consecuencia de la ridícula subida anunciada a bombo y platillo, a través de unas cartas, que han sido mayoritariamente quemadas, ante los medios de comunicación, por cientos de miles de jubilados, como muestra de la gran indignación que en ellos ha provocado, el hecho de que se haya dudado tan burdamente de su inteligencia.
 Así que azuzado por la oposición, casi al completo y principalmente, por la imagen que pueden ofrecer al mundo, los millones de pensionistas que han salido a la calle, en justa reclamación de sus derechos, a Rajoy se le han torcido los planes que había previsto en relación con este sector y se ha visto obligado a pergeñar, con carácter de urgencia, un plan alternativo que a su modo de ver, podría apaciguar los malos vientos que corren en el momento actual, contra su persona, aunque sin plantearse siquiera la posibilidad de ceder a las propuestas que se le hacen desde este colectivo de luchadores, que se ha puesto el mundo por montera y que no piensa retroceder, por considerar que la razón les acompaña, por muchos años que tengan.
 No hay que pensar demasiado para comprender rápidamente que la maniobra que tiene en mente el señor Presidente del Gobierno trata de quebrar la unidad que ha venido caracterizando, hasta ahora, al colectivo de nuestros mayores y que la forma más eficaz de hacerlo, es la de prometer a una parte de ellos, ciertos beneficios fiscales que paliarían, en cierta medida, su situación de extrema pobreza, generando así una positiva felicidad en aquellos y aquellas que puedan beneficiarse de las medidas propuestas, a ver si de este modo abandonan la lucha y se olvidan de otras demandas verdaderamente importantes, como la del blindaje constitucional que garantice, para todos, pensiones que les permitan vivir con dignidad, ahora y en el futuro que viene.
Dicha táctica, que intenta jugar con los sentimientos personales de  los sectores más vulnerables del colectivo de los jubilados, como son  los perceptores de las pensiones más bajas y las viudas y que cuestiona gravísimamente su talento para comprender el cebo que se les lanza, puede sin embargo ofrecer, una idea meridianamente clara de cuál es la naturaleza de las intenciones de este Gobierno y de cuánto en realidad, teme a la férrea unidad que caracteriza al movimiento de los pensionistas y que no debiera romperse, si de verdad se quieren alcanzar los objetivos marcados cuando se comenzaron las movilizaciones y que son, en sí mismos, justos y factibles de ser llevados a buen término.
El insultante descaro de los responsables políticos del Partido Popular, al ofrecer, como un regalo envenenado, estas medidas, condicionándolas sin pudor, a la aprobación de los presupuestos, pone en evidencia la  necesidad perentoria que tiene de solucionar cuánto antes este problema, con el que no contaba y que puede convertirse en el verdadero motor que arbitre una pérdida segura del poder, en unas elecciones que se presumen anticipadas, si como parece, Rivera le retira el impagable apoyo que le ha venido prestando, en esta última legislatura.
Todo da a entender que si continúa subiendo  el tono de las protestas y los pensionistas mantienen el nivel de participación que han venido alcanzando en las últimas convocatorias, no quedará para los conservadores otro remedio que ceder y que si finalmente sus reivindicaciones son aceptadas, se abriría un camino muy importante para otros colectivos igualmente numerosos, que probablemente no dudarían un momento en imitar su ejemplo.
Agobiado aún por el problema catalán y estrechamente cercado por los innumerables casos de corrupción que señalan directamente a multitud de altos cargos de su partido, el momento que atraviesa Mariano Rajoy podría calificarse como el peor de cuántos ha vivido desde que se hiciera cargo  del Gobierno y esta indignación de colectivos tradicionalmente tranquilos, como los de los pensionistas y las mujeres, que sin lugar a dudas han sido los más castigados por los efectos de las políticas de recortes aplicadas sin compasión, desde su llegada a Moncloa, podrían terminar con la hegemonía  ultra conservadora que ha marcado los últimos años de la política española y que tan mal recuerdo ha dejado en el corazón de la ciudadanía.
Contemplar una dimisión, es impensable, pues ya sabemos que en esta tierra nuestra nada se hace si no es de manera forzada, por el transcurso de los acontecimientos, pero ahora que Rivera está crecido, tras su triunfo en los comicios catalanes y que las encuestas le pronostican resultados, hasta hace unos meses inimaginables, el mundo creado por Mariano Rajoy, bajo los dictados de Bruselas, empieza a tambalearse ostensiblemente, por mucho que desde su Partido se trate de ofrecer una visión distorsionada de la realidad del país y ellos mismos, empiezan a ser plenamente conscientes de ello.
Porque lo que se dice resolver, en el ámbito que interesa a la ciudadanía, no se ha resuelto absolutamente nada y esa jactancia, con la que los miembros de este Gobierno suelen dirigirse a nosotros, no sólo empieza a cansar indefectiblemente, sino que además, las condiciones de supervivencia que nos vemos obligados a soportar, hacen inaplazablemente necesario que se escuche el clamor popular que reclama un cambio en la manera de gobernar, que está claro, no puede ser protagonizado, en modo alguno, por este Presidente.
Tratar de dividir a los pensionistas con cantos de sirenas que palien momentáneamente y sin garantías, la espantosa situación de unos pocos, quizá sea la última oportunidad desaprovechada que le quede a Rajoy, antes de ser derribado, no ya por sus adversarios políticos, sino por la contundencia de los argumentos.
La vileza de tratar de aprovechar la vulnerabilidad de los más necesitados, a su favor y la demostración de soberbia que hace, cada vez que dirige a los ciudadanos el mismo discurso patético y aparentemente orgulloso de haber convertido al país en un lugar dónde las desigualdades se han visto multiplicadas por mil, mientras que ha durado su mandato, tiene que ser ineludiblemente, castigada, pues los tiempos en que pobreza e ignorancia caminaban unidas, afortunadamente, pasaron y habría que ser verdaderamente ingenuos, para creer en las promesas de quien nos ha traído hasta el punto en el que nos encontramos, colocándonos en una tesitura imposible de soportar, que sólo podrá ser cambiada con unidad y resistencia.


lunes, 19 de marzo de 2018

Capaces de entenderse



La pregunta formulada en la cabecera del último programa de Jordi Évole, que tuvo como escenario el barrio de Villaverde de Madrid, cuyos votantes han ido evolucionando a lo largo de los años hacia unos planteamientos de derechas, echando seguramente en falta un entendimiento real entre los Partidos llamados de progreso, quedó a lo largo de la entrevista realizada a Eduardo Madina e Iñigo Errejón, parcialmente respondida, dejando en evidencia los innumerables razonamientos esgrimidos durante los últimos tiempos por los líderes de PSOE y Podemos, incapaces de hallar una vía necesaria en la que confluir en unidad, para hacer frente a la posibilidad de que gobiernos conservadores, puedan prolongar, sine die, su estancia en el poder, en detrimento de las clases más vulnerables que  malviven en este país, incluida la de los trabajadores de nuevo cuño, sometidos a situaciones laborales absolutamente precarias.
Fue una buena idea, en principio, no contar con la presencia de Iglesias y Sánchez, como representantes principales de las Formaciones que encabezan y explorar lo que podría estarse cociendo en una segunda línea de juego, pues habría que recordar de vez en cuando, sobre todo para que no se olvide, que los Partidos políticos no son patrimonio personal de quiénes los presiden, ni tienen por qué seguir a rajatabla, las líneas de sus pensamientos.
Acostumbrados a la crudeza con que suelen tratarse los líderes de PSOE y Podemos y a los continuos reproches que reiteradamente han vertido el uno sobre el otro, intentando adjudicar la culpa de la desunión al adversario, sin admitir en ningún momento los errores que cada uno cometieron, la entrevista de anoche, fluyó en un ambiente de cordialidad, que permitió expresar con plena libertad y sin cortapisas, a cada cual, la naturaleza de su pensamiento, demostrando que el diálogo y las buenas maneras, que no tienen por qué significar moderación, pueden ayudar significativamente a un imprescindible acercamiento, sobre todo si las ideas quedan, desde el principio claras, en una y otra parte y se está dispuesto a  ceder, en determinados aspectos, con la intención común de alcanzar un único fin que beneficie a todos y muy fundamentalmente, al conjunto de los ciudadanos que conformamos este país al que pertenecemos.
Las críticas vertidas ya esta mañana desde  redes sociales, sobre todo sobre Iñigo Errejón, por parte de los sectores más radicales de su propio Partido, no restan, sin embargo, un ápice a la brillantez y clarividencia con que expuso sus argumentos y muy fundamentalmente, a la crudeza con que analizó las auténticas posibilidades que tiene la izquierda de alcanzar el poder, sobre todo ahora que Rivera ha conseguido adelantar en intención de voto al PP, según los resultados de las últimas encuestas.
Ambos líderes, que apostaron y perdieron por opciones diferentes a las propuestas por quienes presiden las Formaciones a las que pertenecen, pero que continúan conservando, a los ojos de mucha gente, una importancia que se les ha venido negando sistemáticamente, desde dentro, fueron sin embargo capaces de hacer, ante los ojos de los telespectadores, esa autocrítica imprescindible que puede contribuir a enmendar los propios errores y que sin embargo, resulta tan difícil de encontrar en todos los líderes que conforman el panorama político español, no se sabe si por miedo o por vergüenza.
Desde un punto de vista que se ciña a la realidad que vivimos y que contemple de manera seria las verdaderas posibilidades que aguardan a la izquierda española, en general, las intervenciones de ambos protagonistas del programa, aportaron un rayo de esperanza que una buena parte de la sociedad en que vivimos ha estado aguardando sin resultado alguno, durante demasiado tiempo y dieron a entender, de una manera tácita y sin aspavientos, que el entendimiento entre PSOE y Podemos, no sólo es factible de ser logrado, sino que en cierto modo, es el único camino que puede quebrar , si se renuncia a los personalismos, el periodo de oscurantismo social que estamos viviendo bajo el mandato de la  vieja derecha y el que puede aguardarnos, si como se va empezando a ver en el horizonte, el relevo lo toma Rivera.
La inexcusable contundencia de los argumentos que se esgrimieron y que podría dar lugar a que cierto tipo de componentes de ambas Formaciones pensaran de manera errónea que Errejón debería militar en el PSOE y que Madina podría hacerlo en Podemos, demuestra no obstante, que todo lo que se ha hecho hasta ahora, ha fracasado y que la naturaleza de ese fracaso lo único que ha conseguido es restar cuatro o cinco puntos en intención de voto, a ambos Partidos, anulando cualquier posibilidad real de alcanzar el poder, favoreciendo el ascenso de la llamada nueva derecha.
La idea de intentar apartar a Errejón de la primera línea política, ha perjudicado gravemente la imagen y las perspectivas de Podemos y ya les digo yo, que a Pablo Iglesias le convendría y mucho, reconsiderar  un acercamiento eficaz, pues para una gran parte de los indignados que auparon desde la nada a Podemos, esta separación incomprensible, resulta ser del todo inaceptable, por la enorme pérdida de talento que supone el alejamiento del que fuera número dos de la Formación morada, en sus inolvidables comienzos.
También a Sánchez le vendría bien atraer a Madina, a la primera línea de juego, pues en política, nada hay más hermoso que saber perdonar y sobre todo, atreverse a presentar ante los electores al mejor equipo posible, aunque esto signifique en muchos casos, ceder cierto protagonismo  y tener que salvar discrepancias, cuando por razones meramente humanas, se produce un choque de talentos.
Fue el programa de Évole, como en otras  tantas ocasiones, una manera tácita de poder conocer un poco mejor a estos dos personajes controvertidos y rebeldes, que sin embargo, propiciaron, con su conversación, un clima de calidez que se ha venido echando en falta entre las izquierdas de este país, desde hace demasiado tiempo.
Ya hemos hablado muchas veces  de Errejón, de las luces y las sombras que le han llevado a estar dónde está, de los errores que cometiera y también de los enormes triunfos que le auparon merecidamente, a la cabeza de Podemos. Sigue, como no podía ser de otra manera, sabiendo ordenar mejor que nadie las secuencias lógicas de los hechos y entendiendo, con meridiana claridad, que las revoluciones pueden quedar reducidas a meras utopías, si no se ponen los pies en el suelo y se admite que a través de la evolución también es posible llegar al mismo punto que se hubiera marcado desde el principio, aunque por un camino diferente.
A Madina, le conocíamos menos, pero la valentía de reconocer su pertenencia a la socialdemocracia, sin complejos y su buena voluntad al asentir a ciertos planteamientos de su oponente, dándolos como buenos, nos descubrió a un personaje válido que podría ser muy recomendable como futuro negociador, si los de Sánchez fueran capaces de olvidar algún día, que una vez apoyó a Susana Díaz, en pleno derecho de su libertad de elección, aunque desde mi punto de vista, equivocadamente.
A todos los que vimos el programa, nos pareció, esencialmente, que el entendimiento era posible y que la izquierda, esa que todos se preguntaban dónde está, se encontraba en aquel momento, sentada delante de una mesa,  representada por dos grandes hombres sencillos, capaces de asumir la obligación de propiciar un acercamiento que no parecía ser tan difícil.
Solo hace falta voluntad. Aunque a lo peor, es precisamente eso lo que les falta a los que toman las decisiones, finalmente.