jueves, 8 de septiembre de 2016

Por favor, sean rebeldes


Los ocho millones de votos que ha recibido el Partido Popular en las pasadas elecciones y la sensación de creer que una buena parte de los ciudadanos refrendaban con su apoyo en las urnas las políticas llevadas a cabo por el gobierno, aunque no han bastado, como todos sabemos, para que, hasta el momento, Mariano Rajoy haya podido ser investido, han sido sin embargo, suficientes, para que sigan ocurriendo cosas como la propuesta de colocar al ex Ministro Soria al frente del Banco Mundial, que contradice en lo más profundo, cualquier principio ético.
Acostumbrados a no haber tenido ningún tipo de oposición durante la legislatura en la que han ocupado el poder y crecidos por la aquiescencia de quienes les han perdonado no sólo todas las tropelías cometidas en una multitud de casos de corrupción, sino también el hecho de haber convertido el ejercicio de la política en una mera cuestión de recortar sueldos, empleos y derechos, el amiguismo descarado practicado durante tantos años con total impunidad y la necesidad de comprar el silencio de los que se han visto forzados, por sus actos, a abandonar las filas conservadoras por la puerta trasera, se han convertido en una práctica que no parecen estar dispuestos a abandonar, pensando equivocadamente que los españoles somos una masa ignorante a la que se puede manipular y convencidos de que hagan lo que hagan, sus fieles nunca se plantearían retirarles su confianza.
Pero, he aquí que la suma de los votos del resto de los ciudadanos supera, en mucho, esos ocho millones de leales y sumisos seguidores y que además, por motivos que todos conocemos, el Parlamento español ha pasado de ser una aburrida Cámara en la que los dos Partidos mayoritarios discutían, hasta ahora, con mayor o menor teatralidad, la alternancia en el poder, a un Foro en el que, por suerte,  han irrumpido para quedarse otra serie de Formaciones, dispuestas a poner en práctica las labores propias de una oposición responsable y decididas a terminar fulminantemente con cualquier tipo de corrupción, ya sea de carácter económico o moral, aunque para ello haya que presentar recursos todos los días.
La ha salido mal a De Guindos la jugada que tenía prevista para su amigo y gracias al escándalo que han provocado las mentiras que se han ido elaborando estos días, desde el seno del PP y las exigencias de otros Partidos, al reclamar inmediatamente explicaciones sobre el posible nombramiento, el gobierno se ha visto obligado a dar marcha atrás, forzando, otra vez,  a Soria, a renunciar al puesto.
Así que las cosas, pese a quién pese, parecen estar cambiando, por lo menos en esto y la laxitud con que se han llevado estos asuntos, desde las filas populares y que darían para escribir un par de tomos sobre su modo de entender la endogamia, tiene, para bien de la sociedad en general, los días contados, pues el pasado ya no volverá, ni hay disposición para tolerar la soberbia que ha caracterizado a los conservadores, por parte de los otros grupos políticos.
Que De Guindos encontrará en breve otro puesto que pueda satisfacer la ambición de su amigo Soria y asegurar su silencio, no cabe duda, pero es verdad, que cualquier intento futuro habrá de ser minuciosamente estudiado si no se desea ofender gravemente  a los españoles.
No olvidemos que la formación de un nuevo Gobierno sigue estando en vilo y que las costumbres de los populares y su manera de hacer las cosas, con mentiras y subterfugios, no parece una buena forma de ganar adeptos.
Ni siquiera con  los Ciudadanos de Rivera podrán, de este modo, contar. Por muy de derechas que sean los recién llegados, no se atreverán a jugarse el poco o mucho prestigio de que puedan disfrutar, permitiendo que estas situaciones continúen repitiéndose, por cierto, mientras apoyaban la propuesta de investidura de Rajoy, ajenos a lo que se cocía en la trastienda.
Naturalmente y a raíz de lo que estamos viviendo, no cabe otra cosa que pensar que los populares no han aprendido nada en absoluto del cambio que se está produciendo en nuestra sociedad y que por supuesto, no estarían  dispuestos a renunciar a este tipio de actitudes, ni en la próxima legislatura, ni nunca.
Claro que mientras ocho millones de personas sigan otorgando un voto incondicional a políticos de  estas características, los españoles estaremos condenados a soportar estas amarguras, indefectiblemente.

Nada hay peor para un pueblo que la sumisión. Por favor, sean rebeldes.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cuestión de voluntad


Con los ojos puestos en lo que pueda ocurrir en las próximas elecciones vascas y gallegas, Mariano Rajoy se marcha a la reunión del G20, dejando la estela de su fracaso en la Investidura, como una herida abierta, a los demás, que de momento, parecen incapaces de encontrar una solución que encarrile los destinos del país, a causa de la poca empatía que existe entre los Partidos de izquierdas, o al menos, entre  los líderes que los encabezan y a los que no les vendría nada mal  apearse un poco de su ego para ponerse, como sería su obligación, al servicio de una Nación que pasa por unos momentos muy difíciles.
La tregua de dos meses que se concede a todos para tomar decisiones y meditar sobre la necesidad de practicar un poco más la diplomacia y el arte de pactar, tan desconocido en el panorama político español, parece sin embargo arrancar con una dosis baja de ilusión, por parte de los protagonistas de la historia, que a pesar de la gravedad de la situación que vivimos, no parecen tener ninguna prisa en iniciar siquiera una simple ronda de negociaciones, acuciados quizá, por los problemas internos que se cuecen de puertas para adentro de los propios Partidos y sobre todo, como en el caso del PSOE, por miedo a ser fagocitado por la energía demostrada por una Formación como Podemos, que bien podría sustituirle en breve como principal representante de la izquierda española.
A los más mayores, todas estas historias nos recuerdan a lo que pasó en la transición, primero con el estrepitoso fracaso de la Alianza Popular de Fraga y luego con el cisma incontrolado de la UCD que fundara Adolfo Suárez, cuya desaparición potenció en gran parte, el nacimiento del PP que ahora conocemos, aglutinando en un gran Partido, a toda la derecha.
Entonces, también fueron tiempos difíciles, aunque los principales problemas que amenazaban  al país tuvieran más que ver con el ruido de sables que con los altibajos de una pobreza económica, que los ciudadanos considerábamos como inherente a nuestra propia condición de españoles y contra la que hubo que luchar en múltiples frentes, que finalmente dieron fruto, cuando se consiguieron alcanzar toda una suerte de imprescindibles derechos.
La diferencia está en que entonces, todos confiábamos en nuestros políticos como representantes de nuestra voluntad, dejando  en sus manos la resolución de nuestros problemas, casi seguros de que pondrían cuanto pudieran de su  parte para encontrar las soluciones que favorecieran a unas  mayorías, demasiado heridas por las huellas que había dejado en ellas, el interminable periodo de la Dictadura franquista.
Quizá por eso, craso error, muchos consideramos que era mejor que emergieran con fuerza sólo dos Partidos que representaran claramente los dos grandes bloques de izquierda y derecha y el voto útil, la necesidad de llegar pronto a la libertad que se nos había negado sistemáticamente durante tanto tiempo, propició que PP y PSOE se alzaran alternativamente con un triunfo que quizá no merecían por sus méritos y que ha durado, para desgracia nuestra, hasta nuestros días.
Así, lo más que tuvieron que negociar unos y otros, fueron ciertos acuerdos con unos nacionalistas mucho menos beligerantes que los de ahora y que se conformaban con unas migajas a cambio de un apoyo incondicional, al Partido vencedor de las elecciones, independientemente de su programa o su ideología.
Puede que por eso, ninguno de los dos sepa de pactos mucho más que cualquier ciudadano de a pie y que ese sea, precisamente, el motivo que nos haya traído hasta dónde nos encontramos en este momento, aunque con una composición del Parlamento que reclama la urgente necesidad de encontrar una vía que nos dote de un nuevo Gobierno.
Pero habrá que asumir que los tiempos cambian y que aquellos que favorecieron con tanta generosidad a los señores del bipartidismo, terminaron y muy fundamentalmente, porque ninguno de los protagonistas de esta historia supo administrar decentemente los poderes que se le concedieron, forzando a la sociedad a dar un paso al frente para detener unas prácticas políticas absolutamente distantes de la voluntad expresada por los ciudadanos, que han conducido a este país a un callejón desde el que no se puede ver la luz, casi como antaño.
No ha sido fácil tampoco para nosotros, para la gente corriente, volver a partir de cero. Pero hemos hablado, acercado planteamientos, tendido la mano y hecho concesiones los unos con los otros, aunque nuestro Parlamento haya sido la calle y nuestros escaños, el suelo.
Ese paso, que después se ha ido consolidando hasta reflejarse en los resultados que han salido de las urnas en las dos últimas ocasiones, ha sido sin embargo, de una importancia capital para los que pensábamos que todo estaba ya perdido y que todos aquellos esfuerzos que hicimos hace años, habían resultado al final, de una inutilidad manifiesta.

Por tanto, no ha de ser tan imposible esto de negociar. Sólo hay, eso sí, que poner ganas en el empeño, no aferrarse jamás a un pasado que ya no volverá, ceder y exigir, con  la misma vehemencia y sobre todo, querer, aunque para ello haya que dejar a un lado las ambiciones personales, que al fin y al cabo solo son, efímeras páginas de nuestras vidas, que  empequeñecen ante la grandiosidad del interés general que a todos nos confiere la posibilidad de ser mejores.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Comenzando de nuevo


Regresamos los españoles de las vacaciones, tal y cómo nos fuimos, encontrándonos con que no hay manera de librarse de un  Presidente en funciones, que languidece en el cargo esperando que su Dios le haga el favor de concederle el impensable milagro de robar la memoria que de su pasado tenemos todos y la capacidad de atraer, sin ofrecer nada a cambio, el favor de unos oponentes políticos que, momentáneamente, han cerrado filas contra el enemigo común, votándole rotundamente NO, en una Sesión de investidura especialmente interesante, que animó poderosamente el final de un largo y cálido verano.
 Se ha encontrado el señor Rajoy, con la sorprendente rebelión de un Pedro Sánchez dispuesto a morir con las botas puestas y remando contra corriente en el seno de su propio Partido, al que todos apremian a tomar una decisión, la que sea, que saque a este país del atasco en que lleva sumido, desde el pasado mes de Diciembre.
De nada han servido los ocho millones de votos que obtuvo en las pasadas elecciones el popular, ni el servil apoyo de un Rivera, cada vez más escorado a la más recalcitrante derecha y claramente dispuesto a pactar con quién sea, sin contar con ideologías o impedimentos con la justicia, con tal de tocar un poder que ansía su irrefrenable ambición, por encima de todas las cosas y que la negativa de las izquierdas  y los nacionalismos, le han negado por segunda vez en unos meses, devolviéndole a la realidad de sus 32 diputados, que le pesan como una losa, en su intención de llegar a acuerdos que fructifiquen y que podrían mermar en el caso de que se repitieran las elecciones, debido a ese picoteo de flor en flor que se trae el catalán y que define perfectamente cuál es la base real de su pensamiento.
Continúa Iglesias, reclamando a los socialistas, ahora que Rajoy ha fracasado estrepitosamente en su intento, una alianza que aunque podría ser efímera y necesitaría de vascos y catalanes para triunfar, no resultaría tan descabellada como parece, pero lo hace, habiendo aprendido bien la lección que le dieron los ciudadanos en Junio, cuando le recordaron que su mejor baza consiste en la frescura de su mal definida radicalidad, volviendo al discurso que llega al corazón de los pueblos y que siempre se caracterizó por decir verdades como puños, de esas que hieren profundamente a esa casta que nos ha ido llevando hasta el lugar en el que nos encontramos y del que nunca saldremos, si finalmente Rajoy consigue arrancar de los socialistas la maldita abstención que reclama y que sería el fin de un largo periodo de lucha que mucha gente protagonizó, en defensa de un pensamiento que  se ha ido diluyendo en los últimos tiempos, acercándose peligrosamente a las doctrinas que pregonan los defensores de unas políticas, del todo nefastas para los intereses de los pueblos.
El caso es que el socialista parecería, a juzgar por su discurso, dispuesto a capitanear el supuesto pacto de izquierdas y hasta se podría tener la impresión de que hubiera logrado vencer a los seguidores de la señora Díaz y los beneficiarios de los privilegios que otorgan las puertas giratorias instaladas a la salida del Parlamento, pero le falta la sinceridad de  compartir públicamente la naturaleza de los problemas que le impiden dar ese paso necesario que devolvería a su Partido la credibilidad perdida en cada paso que ha venido dando en los últimos años y que le ha convertido, a los ojos de los españoles, en sumiso servidor del mandato europeo y en asesino del ideario proclamado por su fundador, a finales del SXIX.
Así que aunque su intención parece buena, le falta a Pedro, la valentía necesaria para romper con el sometimiento a los poderes económicos y el esfuerzo preciso para partir de la nada recreando todos aquellos pasos que son inherentes al socialismo que figura en sus siglas y que podrían lograr devolver la dignidad robada, a ese pueblo que dicen representar, cuando se subén a la tribuna del Parlamento.
La vida, le está dando una tercera oportunidad, que no debiera desaprovechar en oír los cantos de sirena que susurran en sus oídos los barones que le rodean en Comité Federal y que no parecen, sin embargo, tener en cuenta la opinión casi unánime de sus bases.
Debiera, obligatoriamente, pactar con Podemos e incluso tratar de conseguir un acercamiento con los nacionalistas, aunque tuviera que aceptar el Referendum.
También es extremadamente urgente desenquistar la situación catalana, aunque nadie se atreva a coger al toro por los cuernos.
Pero eso, ya se verá. De momento, hemos regresado a la arena y nada se ha movido un ápice de dónde estaba cuando nos marchamos.
A ver si pasa este maldito calor que nubla el entendimiento y el aire fresco del otoño disipa los miedos de nuestros políticos que son, aunque parezca muchas veces lo contrario, humanos y vulnerables como nosotros y tampoco pueden luchar contra  los rigores del clima, al menos de momento.



lunes, 1 de agosto de 2016

Cuando llegue Septiembre


De año en año, cuando llega el momento de hacer una parada más que necesaria en nuestra ajetreada vida, la satisfacción de haber sido capaz de armar un artículo cada día y de haber sido seguida de cerca por incondicionales y aves de paso, que se toparon con mis letras por casualidad, se hace de nuevo evidente y he de confesar que abandono la actividad con pena, sobre todo si como en este momento, la actualidad resulta ser trepidante y no hay manera de saber si dentro de unos pocos segundos sucederá algo inesperado, que transforme en un futuro nuestras vidas, de una u otra manera.
Sin embargo, está bien tener la posibilidad de cambiar de aires y  paisajes, de contemplar y conocer a otras gentes, que de seguro nos enriquecerán con lo que puedan aportar de novedoso a nuestras vidas, guiados, como vamos, por una curiosidad insaciable por aprender y también de enseñar lo que podamos, pues sólo con ese valioso intercambio se logra la complacencia de haber cumplido con un deber, que todos nos imponemos, por decisión propia.
Romper con todo por un corto espacio de tiempo, abandonarnos a la meditación y valorar todas aquellas sorpresas que nos puedan sobrevenir en el viaje y que sin duda, engrosarán nuestro bagaje personal y por ende, el mensaje que transmitiremos después a los otros, se convierte en un modo de evasión que a través de la distancia, nos proporciona una perspectiva mejor que la que podamos tener cuando nos encontramos en el mismo centro del huracán, renovando nuestra capacidad de discernir, entre aquello que de verdad nos importa y lo que nos resulta banal, aunque a primera vista, hubiera parecido otra cosa distinta.
Vamos pues todos, ligeros de equipaje, a emprender camino hacia los lugares que hayamos elegido, solos o en compañía de los nuestros, con la esperanza de encontrar allí aquello que cada cual buscamos y que en algunos casos serán recuerdos de la infancia condensados en las calles y plazas de nuestros pueblos y en otros, la grandiosidad de algún bello lugar en el que nunca antes estuvimos y que ahora conoceremos, por fin, cumpliendo quizá un viejo sueño.
Roguemos, porque nada enturbie la paz en  ninguna parte y fundamentalmente, porque la cordura se imponga a la barbarie que se hace patente a nuestro alrededor con excesiva frecuencia y también, por qué no, porque los hombres y mujeres del mundo encontremos el modo de convivir, salvando y respetando nuestras diferencias, procurando en todo momento hacer esta tierra que compartimos, mucho más habitable y placentera.
Como todos los años, quisiera agradecer, sin pecar de pedantería, vuestra fidelidad al hacer posible el milagro de que este blog subsista, después de tanto tiempo y la impagable decisión de perder un poco de vuestro tiempo en compartir los pensamientos de una persona pequeña que desde algún lugar de España, se sienta todos los días a describir aquello que ve, sin esperar nada más que conseguir mantener viva su ilusión por hacer volar sus palabras, alrededor del mundo.
Cuando llegue Septiembre y volvamos a coincidir, de la manera que lo hacemos, en este anonimato maravilloso que sin embargo, nos une íntimamente a vosotros y a mí, muchos de esos problemas que hoy dejamos abiertos, se habrán solucionado, pues el tiempo y sobre todo, la tranquilidad, suelen proporcionarnos a todos, la mayor parte de las respuestas que recibimos en la vida.
Por favor, sed felices.



jueves, 28 de julio de 2016

Un sí con condiciones


Acepta mariano Rajoy el encargo del Rey para presentarse a la investidura, con la condición de obtener el plazo necesario para buscar los apoyos que le faltan y que de momento, le niegan todos los Partidos, excepto Ciudadanos, que le ofrece  su abstención en segunda vuelta, pero cuya decisión podría cambiar, a juzgar por la trayectoria que lleva, de aquí a que llegue el día señalado.
No hay error más grande que jugar con certezas, cuando de política se trata, pues la información que llega a los medios y a la ciudadanía, nada tiene que ver con lo que a la vez, pueda estar sucediendo en las altas esferas, dónde las negociaciones, las cesiones y las renuncias, se plantean a un nivel absolutamente desconocido para la gente corriente  y rodeadas de un inmenso secretismo, que los propios artífices siempre se encargarán de preservar, aunque sea contra viento y marea.
Pero la imaginación  y la capacidad de formar hipótesis, de momento, continúan siendo libres, por lo que la lectura de las palabras que acaba de pronunciar el todavía Presidente del Gobierno, bien puede ser entendida como una señal de que la negociación encubierta continúa avanzando, aunque quizá no con la celeridad que Rajoy esperaba y que con toda probabilidad, en los próximos días, los españoles conoceremos que los de Rivera, apelando a cuestiones de patriotismo, estarán dispuestos a apoyar la investidura , empujando con ello a los socialistas a la abstención, o al menos, a ofrecer a sus diputados una libertad de voto, que aporte al popular  la ayuda necesaria, para volver a ser Presidente.
Al no haberse dado jamás, en la corta historia de nuestra democracia, un caso como este, resulta especialmente difícil dilucidar cuál será finalmente la reacción de cada cual y el oscurantismo y la ambigüedad con que se están afrontando las negociaciones, por parte de casi todos, obliga a estar continuamente leyendo entre líneas y también, a poner una especial atención a los pequeños detalles que suceden a nuestro alrededor y que en otros momentos, carecerían importancia, sobre todo cuando las mayorías parlamentarias resultan suficientes, para no necesitar ningún tipo de apoyos.
Y sin embargo, esa misma indefinición en la que se mueven los principales protagonistas de esta historia, no hace, sino acabar de convencer a los ciudadanos de la ineptitud de una clase política, incapaz de afrontar con éxito, cualquier tipo de situación que se salga, por su complejidad, de unos cánones que durante años han sentado un precedente de una continuidad, de la que ahora  se carece
Naturalmente y ellos lo saben, los populares serían los más beneficiados, si Rajoy fuera reelegido como Presidente, pues el éxito final de la operación concedería al PP una impagable oportunidad de regenerarse, sin haber tenido que pagar precio alguno por la corrupción, ni por los recortes infringidos, aunque dejándole una deuda con los de Rivera que a lo largo de la legislatura habrá que pagar, sin que aún se hayan determinado cuáles han sido las condiciones de los a cuerdos.
Sólo Sánchez, acosado por su permanente inestabilidad, saldría seriamente perjudicado, si finalmente claudica  y casi se podría afirmar que en cierto modo, estaría certificando su propia defunción política, tragado inexorablemente por las aguas turbulentas que se mueven bajo sus pies, en el seno de su propio Partido.
A este PSOE atrapado entre los populares y Podemos, le aguarda, irremediablemente, un futuro difícil que incluso podría terminar con un cisma entre los partidarios de izquierda y los complacientes benefactores de la derecha.

Ya se verá. Pero ya les adelanto y no creo equivocarme, que Rajoy, para nuestra desgracia, será otra vez, Presidente.  

miércoles, 27 de julio de 2016

Obras son amores


Desde que Podemos apareciera como Partido, en el panorama político español, todos sus dirigentes se han esforzado de manera especial en defender, por encima de todo, una imagen de limpieza, que en el caso de sus oponentes se había ido enturbiando de manera considerable, a causa de los innumerables casos de corrupción que incomprensiblemente, se han convertido en una rutina con la que nos hemos, incluso, acostumbrado a convivir, como si fuera natural que los políticos cruzaran habitualmente las líneas de la legalidad, sin que nadie se escandalizase por ello.
El empeño constante de los representantes de la Formación morada, en denunciar contundentemente todos los casos relacionados con este tipo de irregularidades financieras, viene hoy a chocar, diametralmente, con el hecho de que Pablo Echenique haya mantenido a una persona a su servicio, durante un año, sin contrato y sin darle de alta en la seguridad social, contraviniendo con ello, de manera fehaciente, los principios de su propio Partido.
Escudarse en el desconocimiento de la Ley, reconocer ahora los hechos ofreciendo ante los medios explicaciones que tratan de minimizar una acción que no por ser frecuente en la sociedad en que vivimos, resulta menos punible, no exime sin embargo, al líder de   Podemos, del obligado cumplimiento de las normas establecidas a este fin, ni resta importancia a la falta cometida por quién, además, se define como defensor de la transparencia.
Verdad es que la gravedad del pecado resulta ser minúscula, si se compara con la mayoría de los casos de corrupción que hemos conocido, pero dar ejemplo, en el caso de un líder procedente de esta Formación en concreto, se hace imprescindiblemente necesario, si se desea que el mensaje transmitido a los demás sea creíble y no se confunda, en el fondo, con la versatilidad huera que suelen utilizar las Formaciones tradicionales, cuando se refieren a estos temas tan tratados.
Por ello, no  basta pedir perdón, aunque la historia ya no tenga remedio y se impone quizá, una toma de medidas ligeramente más drásticas por parte de sus propios compañeros, que no deben ni pueden permitirse que se manche toda una trayectoria de transparencia por un hecho así, por mucho que en el fondo, les duela.
Viviendo en la época que vivimos, la forma de afrontar  este tipo de asuntos, en el seno de los  partidos, empieza a marcar las diferencias y no debe, por tanto, obviarse aquello que en este caso ocurrió, cayendo en el error de perdonar algo que resulta ser del todo imperdonable, al afectar a quién afecta.
Mucho hemos defendido desde aquí el modo de actuar de los líderes de Podemos, pero si se quiere mantener el prestigio ganado a lo largo del tiempo y fomentar que los ciudadanos cumplan escrupulosamente con sus obligaciones fiscales, sin excepción, se impone predicar con el ejemplo.
Y como obras son amores, convendría recordar a Echenique que nada, ni siquiera la necesidad más extrema de un asalariado que prefiere no declarar su propia situación, debe obstaculizar el cumplimiento estricto de las leyes.
Los cambios, en esta sociedad, desgraciadamente infectada de casos como éste, han de comenzar necesariamente, por uno mismo, pues de nada serviría criticar la conducta de los demás, cuando la nuestra se asemeja tan peligrosamente a la de ellos.





martes, 26 de julio de 2016

Odio en las entrañas


Mientras el Rey iniciaba los contactos con las fuerzas políticas del país, de cara a la posible investidura como Presidente de Mariano Rajoy, en un pequeño pueblo de Normandía se perpetraba un nuevo atentado que ha dado como resultado la muerte de un sacerdote y en el que han resultado heridos varios feligreses que  se encontraban en ese momento en la Iglesia, en la que dos hombres armados con cuchillos, que después fueron abatidos, los atacaban por sorpresa, declarándose seguidores de ISIS.
El problema de estos lobos solitarios, que parece ir creciendo en Europa de manera espontánea y que resulta muy difícil controlar por la imprevisión de sus actos, refleja sin embargo que el llamamiento doctrinal que realizan a diario los radicales islamistas a través de las redes está encontrando un inesperado apoyo dentro de los grupos marginales que durante años han poblado los arrabales de nuestras ciudades, sin que se haya encontrado un modo de motivar a los miles de jóvenes que los habitan, para que encuentren un camino que les permita alcanzar un futuro de esperanza, a través de una educación que sistemáticamente, por su situación, se les niega.
Sumidos en el pozo negro de la incomprensión y la pobreza endémica característica de determinados grupos urbanos, incomprendidos y olvidados de manera permanente por los gobernantes o simplemente, hacinados en guetos en los que la falta de oportunidades les impiden mantener unas relaciones sociales sanas con individuos de otros colectivos, la promesa de convertirse en héroes que les ofrecen los terroristas y que muchas veces van a acompañadas de una fuerte mejora económica para sus familias, les hace, en cierto modo, adquirir una importancia que necesitan para satisfacer  sus emociones personales y les brinda, por una única vez, la impagable fortuna de ser importantes para una causa, proclive a ser aceptada sin reservas, por quiénes nada tienen ya que perder y a los que nada les importa, en última instancia, entregar la vida.
Éste tipo de acciones, que nada tienen que ver, en el fondo, con motivos religiosos entendidos como tales y mucho con la ineficacia de los gobiernos de las potencias europeas para conseguir que todos los ciudadanos, sin excepciones, que habitan nuestro viejo Continente, se integren en igualdad de condiciones en la Sociedad, revelan el grave problema que subyace bajo las diferentes formas que tenemos de afrontar la inmigración y han resurgido con fuerza desde que con la llegada de la crisis se multiplicara por mil el crecimiento del paro, construyendo un panorama laboral en el que la competitividad por conseguir un trabajo ha alcanzado niveles de ferocidad, hasta hace poco, inimaginables.
La culpabilización de los inmigrantes que han esgrimido en los últimos tiempos los Partidos de extrema derecha, que han venido disfrazando su xenofobia ideológica bajo el argumento de que los extranjeros nos roban las oportunidades de trabajar, consiguiendo que una buena parte de la población autóctona haya llegado a creer firmemente estas afirmaciones, ha aumentado considerablemente las desigualdades que, ya de por sí, sufrían estos grupos excluidos de la convivencia general, colocando a muchas de las personas que los integran, al límite de una desesperación, de la que no consiguen salir y que les persigue, inexorablemente, todos los días de sus tristes vidas.
Sin que exista absolutamente nada que pueda justificar estos actos de terrorismo, se podría decir sin embargo, que en cierto modo, son, más que fruto de un adoctrinamiento progresivo lanzado por los integristas, una muestra de nuestro propio fracaso como gestores de las relaciones con las personas procedentes de otras culturas y una prueba fehaciente y desgraciadamente luctuosa, de cómo las políticas de integración llevadas a cabo por los gobiernos europeos, no han conseguido otra cosa que generar focos localizados de extrema virulencia.
Las guerras, como la de Siria, las invasiones injustificadas, como la de Irak y el tratamiento que los occidentales hemos dado, fundamentalmente desde las altas instancias del poder, a los refugiados y migrantes que huyen de la muerte y de la pobreza, no han hecho otra cosa que aumentar de manera casi irreparable, las enormes distancias que separan a este primer mundo nuestro, de la selva inhabitable en que apenas sobreviven, aquellos que son, también, seres humanos, como nosotros.
Es la suya, una locura inducida por la crudeza de las circunstancias, que no se combate, además, con la fuerza de las armas, ni con la atrocidad de las guerras.
Quizá si fuéramos capaces de ofrecer soluciones que posibiliten a estos jóvenes que caen en la radicalidad, poder aspirar a una vida mejor, lejos de la marginación y la indignidad del terrible silencio, podríamos encontrar un camino por el que transitar  hacia un mundo más igualitario en el que no tuvieran cabida ni las injusticias, ni los resentimientos.