domingo, 1 de febrero de 2015

Imagen de futuro


Unas trescientas mil personas respondieron el Sábado a la llamada de Podemos y colapsaron el centro de Madrid demostrando que las previsiones electorales que las encuestas conceden a la formación ciudadana de Pablo Iglesias podrían quedarse incluso cortas, a juzgar por la empatía que existe entre el mensaje que lanza el nuevo líder y una ciudadanía hastiada de la podredumbre que corroe el panorama político español.
El espíritu del 15M, que planeó en todo momento sobre la celebración, no sólo por el emblemático lugar en que se celebraba, sino también porque una gran parte de los asistentes ya habían estado en la Puerta del Sol durante aquellas primeras asambleas, puede por fin materializarse, si nada lo remedia, en opción de poder y parece que nada  podrá frenar esta explosión de compromiso que han asumido los españoles, cansados de esperar que los Partidos tradicionales gobiernen en función de lo que verdaderamente preocupa a los electores.
La imagen, que puede ser la que debamos acostumbrarnos a ver con naturalidad de cara al futuro, no ha podido agradar, naturalmente, a los señores del bipartidismo, que cada vez más alejados de la realidad, no pueden permitirse otra opción que la de amenazarnos con la estrategia de un miedo que sin embargo, no tiene visos de triunfar entre los millones de españoles que ya han decidido dar un paso adelante en su concepción de cómo deberían ser los políticos que quieren al frente de las Instituciones de su Estado.
Los ataques, los enredos, las invenciones y el vade retro entonado por PP y PSOE, no han podido frenar los arrolladores deseos de la gente por participar en un proyecto que mueve a la esperanza y la asistencia masiva a la convocatoria de la Marcha por el cambio, deja claro que para los españoles la negra etapa que han vivido durante los años de crisis ha de quedar atrás, aunque hayan de construir desde cero un Sistema distinto al que hasta ahora conocíamos y que tan malos resultados ha ofrecido para todos, en los últimos años.
Oír a estos jóvenes líderes dirigirse de igual a igual a sus interlocutores, tener la absoluta seguridad de que conocen y comparten la innumerable lista de problemas que hemos venido padeciendo bajo la tiranía del dinero y contemplar la ilusión  con  que se enfrentan al durísimo reto que se les viene encima, resulta ser el bálsamo que necesitábamos para empezar a pensar que no todo está perdido y sobre todo, que lo que haya de acaecer se encuentra, precisamente, en nuestras manos.
A partir de esta fecha, nadie podrá decir que Podemos es una Utopía, ni considerar que la importancia que esta Formación tendrá en las múltiples elecciones que vendrán  este año, será mínima.
Las trescientas mil personas que abarrotaron el Sábado el centro de Madrid, suponen la mayor entrada conocida que haya habido en un mitin de cualquier formación política en el territorio español  y nada ni nadie podrá poner en duda la contundencia de este argumento.
Podemos ha devuelto a los españoles las ganas de participar en los asuntos del Estado, en esas cosas públicas que la corrupción de los Partidos tradicionales se han encargado de pudrir, con el inasumible descaro de manejarlas sólo en su propio beneficio y  está tan clara la línea que separa al equipo de Pablo Iglesias de los líderes del llamado Bipartidísmo, que no hay más que mirar alrededor y contar, con cifras reales, la gente que acude a escucharles.

No les va a quedar otra que abandonar a la fuerza todas sus posiciones de privilegio y desde luego, no porque ellos quieran, sino porque  les vamos a empujar nosotros.

jueves, 29 de enero de 2015

Reacción en cadena


No tardan los poderosos en responder al triunfo de Tsipras, haciéndole ver por medio de la marcha de los mercados, que no están dispuestos a tolerar que nadie arruine el productivo negocio que tienen montado en Europa.
Baja nueve puntos la bolsa griega y la prima de riesgo, esa que ha entrado a formar parte de nuestras familias y a la que todos consideramos un pariente odioso, se dispara por encima de los mil puntos, en cuanto el Banco Central Europeo cierra el flujo de dinero que llegaba al país heleno, provocando que los ahorradores empiecen a retirar sus depósitos de los bancos, por miedo a que se produzca un corralito.
La avaricia no da ni un día de tregua al equipo de Tsipras y de paso, avisa a España de lo que nos podría ocurrir si  votamos a Podemos, poniendo en marcha todos los mecanismos de una técnica de terror, que podría, si nos dejamos amedrentar, dar los frutos deseados para los que nos mandan y gobiernan.
Les da lo mismo, llevar a un país a la quiebra, abandonándolo en la estacada simplemente por una cuestión de ideología, aplicando una forma de fascismo severo, que demuestra claramente la importancia real que tenemos los ciudadanos, para esta cohorte de indeseables.
Ya no pueden los países, en este continente nuestro, ni votar en libertad, sin ser inmediatamente amenazados por unas instituciones sin rostro cuya única pretensión es la de manejar nuestros destinos y cuyas actuaciones están sirviendo en bandeja de plata la verdadera visión que de ellos debiéramos tener, todos los que vivimos bajo su tiránico mandato.
Estas acciones contra Grecia, que podrían considerarse un auténtico golpe de Estado de carácter financiero y que ni siquiera han dado a Tsipras la posibilidad de ponerse a gobernar, respaldado por la mayoría de los votantes helenos, dejan entrever, aunque ninguno de los individuos que están detrás de ellas lo confiesen, que ni están dispuestos a perdonar ni un solo euro de la deuda que los anteriores gobiernos griegos adquirieron, ni a tolerar que los ciudadanos puedan volver a recuperar la dignidad que perdieron y mucho menos, si para ello se crecen, contradiciendo las órdenes recibidas.
Y sin embargo, todos tenemos claro que Tsipras estaba probablemente esperando este tipo de reacciones, por lo que es más que previsible que ya tenga un plan alternativo con el que combatir tales vilezas, por lo que los próximos días serán cruciales para lo que pueda suceder en el futuro de Grecia y también de cualquier otro país, que se atreva a intentar cambiar las normas establecidas por los magnates europeos.
Puede que no quede otro remedio que abandonar el euro, plantando cara de forma contundente a las intolerables presiones llegadas desde los centros de poder y puede que Tsipras se decida finalmente a hacerlo, si continúan conduciéndole a un callejón sin salida y no le dejan otra opción para poner en marcha su Gobierno.
Pero si esto sucediera, el precedente griego bien pudiera animar a otros socios de la Comunidad a seguir el ejemplo, sobre todo si como se está viendo, se atenta contra la propia soberanía de los países, castigando tan duramente lo que la voluntad de los pueblos decide  en las urnas.
Porque la intromisión en los asuntos internos de los estados miembros de la Comunidad, no puede ser  en absoluto considerada legal, por muy disfrazada que venga de reacción económica de los mercados, ya que los mercados no son entes etéreos que funcionan de manera sobrenatural, sino que son manejados por la avaricia de los hombres.
No se puede entonces permitir que se tuerza la voluntad de los ciudadanos, ni hacer como que no pasa nada, tolerando que se maniate a Grecia impidiéndole llevar a cabo un cambio que para sus propios intereses es absolutamente necesario.
Rendirse ahora, dar un paso atrás, votar a los mismos de siempre, en nuestro caso, sería como renunciar de pronto a la única posibilidad que nos queda de disfrutar de un futuro digno.
Y la pregunta es: ¿puede Europa enfrentarse a una rebelión generalizada de los países del Sur, si todos decidieran seguir el camino iniciado por Grecia?




miércoles, 28 de enero de 2015

En justicia


Si Juan Carlos Monedero no consigue explicar pronto y de manera exhaustiva el origen del dinero que dice haber ganado como consultor de unos cuantos países iberoamericanos, sea cierto o no que ha defraudado a Hacienda, puede convertirse en el primer sospechoso de corrupción que milita en Podemos y causar a su formación un grave perjuicio, de cara a los primeros Comicios a los que se enfrentarán y que son, como todos sabemos, los andaluces.
Si Pablo Iglesias pretende llegar a las urnas impoluto y contar con la confianza de los votantes españoles haciendo gala de no tolerar ni el menor atisbo de sospecha a ninguno de sus militantes, tal vez le convendría prescindir de la presencia de su número dos, al menos hasta que aclare la procedencia de las cantidades que la prensa maneja, alejando de su Partido cualquier sombra  que pudiera frenar en seco, una carrera hacia el poder, que hasta ahora había sido imparable.
Predicar con el ejemplo ha de ser la primera norma que debe aceptar un político y resulta del todo imperdonable exigir a los demás un comportamiento intachable, sobre todo en asuntos relacionados con la limpieza del dinero, si no se es capaz de cumplir con la misma contundencia, el deber de cesar a todo aquel que se vea implicado en algún tema de dudosa honestidad, llámese como se llame y ocupe el puesto que ocupe.
De ahí que resulte verdaderamente urgente que Monedero presente pruebas de haber cumplido a rajatabla la legalidad, ya que no basta con recurrir a la teoría de la conspiración para dar por  sentada la inocencia, sobre todo teniendo en cuenta que los ciudadanos, demasiado acostumbrados a la utilización de estos subterfugios por parte del PP, no suelen creer una palabra de este tipo de afirmaciones que  no producen, en general, más que un aumento considerable de la propia sospecha.
Si Monedero ganó limpiamente el dinero y nada tiene que ocultar sobre su procedencia, bastará con presentar los documentos pertinentes para demostrar su inocencia, cosa que tranquilizará a todos aquellos futuros votantes que decidieron dar su confianza al Partido al que pertenece, precisamente por pensar que sus líderes representaban la decencia y el pundonor que desgraciadamente faltan, a los representantes del bipartidismo.
Todo dependerá, naturalmente, de la ambición de poder que mueva al número dos de Podemos y de si es o no capaz de sacrificar su propia carrera política en beneficio de las siglas a las que representa, pero al menos, debería considerar la posibilidad de dimitir si este asunto se alarga en el tiempo y no consigue poner en claro ante la ciudadanía de dónde salió el medio millón de euros.
Buscar atajos o proclamar, como ha hecho Pablo Iglesias, que quienes atacan a Monedero le atacan a él, no parece la solución más acertada y mantiene abierta la duda que se cierne sobre este miembro fundador de Podemos, que continúa hasta este momento ocupando un cargo de importancia en la Formación, haciendo caso omiso de las graves acusaciones que sobre él se están vertiendo.
Aconsejaríamos a Iglesias que no caiga en el mismo error que cometió Mariano Rajoy cuando se acusó a Bárcenas y que empiece a entender que la máxima de que en la Política no hay amigos, es absolutamente cierta.
Porque Pablo Iglesias puede, si quiere, poner la mano en el fuego a nivel personal para salvaguardar el honor de Monedero, pero no puede ni debe olvidar que en el momento en que nos encontramos, es la cabeza visible de un Partido que representa la esperanza de muchísimos españoles y que por ello, está obligado a  anteponer el interés de las mayorías a las que representa, al suyo propio y al de cualquier otra persona que forme parte de los dirigentes de su formación, por el bien de la misma.

Y aunque todos estamos convencidos de que existe un afán desmedido de atacar la imagen de Podemos, por parte de aquellos que ven como se les escapa el poder que han ostentado durante los últimos treinta años, tolerar ciertas veleidades en asuntos relacionados con una presunta corrupción, no es, precisamente, un buen comienzo cuando se está a punto de alcanzar puestos de auténtica responsabilidad en el Estado, si no se quiere parecer igual que aquellos a los que tanto  se denostó, por consentir este tipo de actitudes. 

martes, 27 de enero de 2015

Las ojeras del Presidente


Con un ojo puesto en Atenas y otro en el avance imparable de Podemos, el PP convive estos días con la incertidumbre de no saber en qué momento Bárcenas podría dar un paso adelante en su enfrentamiento personal con la cúpula de Génova, atreviéndose a presentar nuevas pruebas de mayor contundencia que constaten fehacientemente la recepción de sobresueldos en negro y que pudieran finalmente forzar a Rajoy a dimitir y  tener que abandonar la política por la puerta de atrás, con la presunción de ser un delincuente.
Ha salido Bárcenas, como se esperaba, locuaz, agresivo y descaradamente tranquilo en sus múltiples apariciones ante los medios de comunicación, como si estuviera seguro de que el desenlace de esta truculenta historia se escribirá de manera bien distinta a como esperan los líderes del Partido conservador y los acontecimientos venideros fueran a deparar, para otros, alguna que otra desagradable sorpresa.
Afirmando que  Mariano Rajoy no sólo conocía la existencia de la caja B, sino que él mismo recibía cada mes una compensación económica en negro procedente del montante que en ella se ocultaba, demuestra  el ex tesorero que no está dispuesto a asumir en solitario las responsabilidades que se le imputan y que puede guardar bajo la manga algún as mucho más valioso, incluso, de lo que todos imaginábamos.
Si ha llegado a un acuerdo con la justicia para ir dosificando las pruebas que puedan estar en su poder, constituye sin duda uno de los temores más evidentes que debe afrontar el PP y no hay más que observar el nerviosismo con que se mueven sus líderes estos días, sin ser capaces siquiera de responder a las acusaciones de Bárcenas, aún cuando pretendan ofrecer, de cara a la galería, una imagen de falsa unidad que ya no engaña ni al más incauto de los españoles.
Por primera vez, el Presidente tiene ojeras. Ni los recortes, ni la mala gestión que ha venido haciendo en el país, ni las protestas de los múltiples colectivos que han manifestado su oposición en las calles, ni el manifiesto incumplimiento de su programa electoral, lo habían conseguido y ha bastado que su ex tesorero abandonara la prisión y se enfrentara a las cámaras en dos o tres ocasiones, para que su rostro evidencie síntomas de honda preocupación, por mucho que su discurso continúe en la línea de triunfalismo, a que últimamente nos tiene acostumbrados.
Qué le preocupa tanto a Rajoy y por qué vuelve a la estrategia de no nombrar al recién excarcelado, son las preguntas que a día de hoy nos gustaría contestar a todos los que ofrecemos a diario nuestra visión de lo que ocurre en el país, pero cualquier respuesta que pudiéramos aventurar, sería una mera especulación que no cuenta con la solidez de una base real que pudiera confirmar las sospechas.
Pero si es verdad que Bárcenas guarda un arsenal de pruebas incriminatorias y existen, como se dice, grabaciones que confirman lo que ha declarado sin tapujos ante la justicia, el solo pensamiento de que pudieran ver la luz, ya sería motivo suficiente para producir un desasosiego generalizado en la cúpula del Partido Popular y muy particularmente en su Presidente.
Tales pruebas, constituirían en sí mismas, la diferencia entre poder llegar con relativa tranquilidad al final de esta legislatura o tener que abandonar precipitadamente el poder, admitiendo o sin admitir, que se ha incurrido en un grave delito de corrupción, teniendo que soportar, además, que las dolorosas imágenes de la evidencia, sean vistas por la totalidad de los españoles.
Pero solo Bárcenas sabe, desde luego, con qué material cuenta y da la impresión de que en estos momentos parece disfrutar con el dulce sabor de una venganza premeditada durante los diecinueve meses de encarcelación, procurando mantener, al menos por un poco más de tiempo, la angustia en el corazón de los que fueran sus amados compañeros, a los que ahora odia cervalmente, sin pararse a disimularlo.
De momento, se ha convertido en la persona más perseguida por los medios y mientras decide o no qué hacer con la información que posee, se limita a sonreír, como pensando, que verdaderamente es el amo de este sucio y pequeño universo.





lunes, 26 de enero de 2015

Valor de ley


Aplasta Tsipras al bipartidismo griego, relegándolo a un olvido forzoso, por la fuerza del voto ciudadano que apuesta por recuperar, lo primero, su dignidad de volver a vivir como personas y no como esclavos del totalitarismo europeo, empeñado en hacer de la economía, el nuevo Dios del siglo XXI.
No hay perdón para los que obedecieron el mandato dictatorial de los poderosos, los mismos que arrastraron a Grecia al abismo de una miseria desconocida, a la que hubo que habituarse a golpe de dolor, de soledad, de incomprensión y de abandono de unas Instituciones colaboracionistas con colonizadores encubiertos, usureros, despiadados, paradigmas de una ambición sin límites, carentes de toda humanidad y empeñados en redirigir los destinos del mundo, sin recordar que la voz de las mayorías es, en definitiva, la que elige en las urnas, su propio futuro.
Nada pudo la estrategia del miedo, ni la reiterativa intención de satanizar a los que convivían con la gente, fuera de la burbuja en la que se ha estado aislando el poder tiránico de los Partidos tradicionales, atreviéndose a crear una realidad paralela, en la que únicamente sus socios, sus adeptos, han estado gozando de un bienestar, en muchos casos procedente de la corrupción, mientras se le negaba al pueblo la posibilidad de sobrevivir, condenándolo al ostracismo de la pobreza más extrema, asesina de sentimientos y pensamiento y causante de una alienación, tan conveniente para los depredadores europeos.
Grecia ha dicho hasta aquí, con un valor de ley digno de aquellos héroes que durante siglos se han convertido en ejemplo para el resto del mundo y ha tenido que ser, precisamente, en la cuna de la Democracia, donde se ha decidido por la fuerza de la razón, terminar con el predominio de la razón de la fuerza.
Se queda Tsipras, a sólo dos escaños de la mayoría absoluta y la madrastra europea tendrá que echar a un lado la soberbia de que ha hecho gala durante estos últimos años, sin que le quede otro remedio que sentarse a escuchar esas propuestas a las que tanto teme y que podrían representar una estrepitosa caída de su intocable Imperio.
 Por fin, llegará la voz de los humildes a las Instituciones de la Comunidad y los prebostes encargados de su funcionamiento, habrán de resignarse a tener que compartir sus lamentos, sin poder apartar la vista de la mesa de negociación y sin mofarse abiertamente de aquel que representa, de verdad, los auténticos intereses de uno de sus países miembros.
No podía ser de otra manera. La cuerda se ha tensado tanto, que naturalmente, tenía que romperse.
Y Grecia, es solo el primer ejemplo de otros muchos que seguirán, estando como estamos, todas las naciones del Sur, en circunstancias similares a las que han venido padeciendo los ciudadanos que ayer decidieron romper las cadenas, sintiéndose hoy más libres, apoyados únicamente, en la grandeza de sus propios votos.
En España, la ascensión imparable de Podemos, preludia un resultado similar al heleno y con los motores en marcha, el Partido de Pablo Iglesias sigue escalando posiciones frente al bipartidismo traidor de PP y PSOE, que no supo entender que se ha de gobernar con el apoyo de los pueblos y única y exclusivamente en beneficio de los mismos.
Alegres por el resultado en Grecia, los españoles ponen todas sus esperanzas en que el tortuoso camino que señalaron los señores del dinero, vaya desdibujándose ante la negativa de contribuir que ya señalan los que apoyan sin reservas, un cambio radical en la manera de hacer política, sobre todo desde el respeto.
Un pedazo de la perdida dignidad, ha vuelto desde ayer a instalarse en el corazón de los griegos. Dado este paso, sin temor, ya no queda más que contribuir, cada cuál como mejor sepa, a la cimentación de un nuevo Sistema, mucho más igualitario y digno para todos, en el que por fin podamos respirar, aliviados tras el paso de este huracán que se llamó crisis y que ojala  pronto, se convierta solo en un recuerdo.


jueves, 22 de enero de 2015

Indicios de venganza


Sólo un día le ha costado a la familia de Bárcenas recaudar los doscientos mil euros de la finanza, a pesar de que su propio hijo ha reconocido ante los medios que no han contado con la colaboración de ningún amigo y que el dinero ha salido, exclusivamente, de su entorno más íntimo.
Parece por tanto, que esta misma tarde podremos ver al ex tesorero del PP en la calle y que a partir de ahora, cualquier cosa podría pasar, aunque el hijo ha reconocido también que hace tiempo que no mantienen relaciones con nadie del que fue su entorno político, utilizando un tono en el que se adivinaba cierta animadversión hacia los líderes conservadores.
Saber qué hará Bárcenas a partir de ahora y cuáles serán los pasos que dará mientras espera que se celebre su juicio, constituye un reto para todos los profesionales de los medios de comunicación que han venido siguiendo este caso y aunque ya se elucubra con que tiene milimétricamente estudiadas las líneas de su propia defensa, de momento, el juez Ruz le ha concedido otros tres días para encontrar un nuevo abogado, en un repentino acto de comprensión que resulta, al menos, un poco sospechoso.
No cuadra su benevolencia con la teoría de que el gobierno ha podido mover ciertos hilos para acelerar su liberación, a cambio de silencio, una vez que el Magistrado ha demostrado que no está dispuesto a obedecer los mandatos de nadie y tras la declaración del ex tesorero ayer, en la que le oímos reconocer abiertamente la existencia de una caja B en el PP, más parece que puede encontrarse dispuesto a colaborar más estrechamente con la justicia, quizá, revelando nueva información relevante, que pudiera ayudar a esclarecer hasta qué punto la trama formaba parte de la normalidad entre la cúpula del PP y quiénes se beneficiaron, al igual que él, de ella.
Acorralado por la soledad en que le han dejado sus ex compañeros, a Bárcenas no le queda otra salida más que la de confesar lo que sabe, teniendo, eso sí, extremo cuidado en no complicarse a sí mismo en nuevos delitos que pudieran añadirse a los que se le imputan y de ahí, haber negado ayer que el dinero negro recibido, lo fuera, a cambio de posteriores concesiones de grandes obras públicas, aunque todos sabemos que existieron.
El pulso que tendrá que librar ahora con los líderes del PP, no va a resultar nada fácil, ya que Rajoy parece dispuesto a terminar esta legislatura de la manera que sea y sólo la fuerza de unas pruebas determinantes de su propia implicación en la trama corrupta, podría precipitar una dimisión que la oposición está pidiendo a gritos y más ahora, que ni siquiera se digna a comentar el hecho de que la fiscalía acuse al PP, de financiarse ilegalmente, con el dinero de las millonarias donaciones.
Sin embargo, a Bárcenas, en estos momentos, no debe preocuparle en absoluto lo que pase con los que fueron sus compañeros y sin duda ha de estar, necesariamente, más empeñado en encontrar una vía que suavice lo más posible el negro futuro que se le viene encima, que en considerar si arrastra en su caída a otros muchos a los que él considera cómplices y que desde hace tiempo decidieron darle la espalda, abandonándole a su suerte, en este escabroso asunto.
Mucho dependerá lo que decida de los consejos familiares que pueda recibir a partir de ahora y por tanto, parece crucial la opinión que sobre el caso pueda tener su esposa Rosalía, a la que siempre procuró mantener al margen de sus actividades, sin conseguirlo.
Los lazos que durante mucho tiempo pudieron atar a esta familia con el Partido Popular, parecen haberse roto para siempre y la experiencia enseña que las reacciones de un hombre desesperado pueden resultar absolutamente imprevisibles.
Al hijo de Bárcenas, la verdad, se le adivinaba esta mañana cierta sed  de venganza, mientras se refería a los ex correligionarios de su padre como “esta gente”.
El tono despectivo con que respondía ante los medios, podría dar una idea de lo que querría que hiciera su padre.
Los españoles también queremos lo mismo.



miércoles, 21 de enero de 2015

Un paso al frente


A sólo unos días de que se celebren los comicios en Grecia, el Partido de Tsipras, al que los comentaristas gustan de comparar con el Podemos español, parece librar una carrera de fondo para alcanzar una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario en el país que más ha sufrido los efectos de la crisis en Europa.
Su casi segura victoria, que ha levantado ampollas entre los dirigentes más poderosos de la Comunidad, incluida Merkel, parece sin embargo inevitable, a pesar de las amenazas abiertas que los griegos están recibiendo sobre el peligro que, teóricamente, supondría la llegada al poder de Syriza, cuya ideología difiere diametralmente del neocapitalismo reinante en el continente y que podría constituir el comienzo de un cambio real en los planteamientos que hasta ahora se han venido imponiendo, contra las naciones que han necesitado rescate.
Pero la preocupación de los fuertes se centra, por mucho que pretendan ocultarlo, en el empeño declarado que parece tener el líder griego en aclarar las circunstancias de su deuda y en la posibilidad de que una vez conocidos los entresijos de este negocio redondo, pudiera negarse a pagarla.
Sería grave para los seguidores de Alemania que algo así sucediera, por si pudiera cundir el ejemplo en otros países que se encuentran en circunstancias parecidas y mucho más, ahora que en España las encuestas indican que el Partido de Pablo Iglesias, continúa su ascensión imparable.
A quienes mandan, les da igual qué clase de gobierno se asiente en los territorios del sur, siempre que el compromiso de abonar las deudas contraídas durante esta larguísima crisis permanezca inalterable y puedan seguir manteniendo los jugosos beneficios que esta usura encubierta les genera, permitiéndoles conservar una hegemonía real, sobre las naciones rescatadas.
Quizá por eso, gustan de emplear la estrategia del miedo para aterrorizar a los inocentes ciudadanos que nada entienden de macroeconomía, pero que sentirían perder la poca estabilidad que les queda, si sus países entrarán, de verdad, en bancarrota.
Pero la historia está llena de deudas condonadas y de escandalosos impagos que no trajeron mayores consecuencias y a todos nos vendría realmente bien conocer cómo, quién y de qué manera se generaron tales deudas, para decidir después si somos los pueblos y no otros, los que debemos comprometernos a resarcirlas.
En el caso de España, todos intuimos que los agujeros económicos no los generaron, en ningún caso, los ciudadanos y que fue precisamente la Banca, a quién se destinó después la totalidad del rescate, la que generó la inestabilidad que nos ha colocado, a las puestas mismas de la miseria que tantos recortes nos ha traído y que aún arrastramos, pese a las ínfulas triunfalistas que exhibe nuestro inoperante gobierno.
Y precisamente por eso, porque quienes estamos contribuyendo con nuestro esfuerzo al pago de esta deuda, somos nosotros, estaría bien poder exigir, al menos, conocer al detalle la verdad que nos revelaría una auditoría seria, sea quien fuere el Partido que la promoviese.
Los griegos se encuentran ahora en la terrible encrucijada de tener que decidir entre sucumbir al miedo inculcado cínicamente desde el poder, o dar un paso al frente para decidir un cambio radical en su maltratado destino y que con toda seguridad, sería lo más conveniente para la mayoría de la Nación, dado que nada más se puede perder, de lo que ya se ha perdido.
Porque si Tsipras gana, a Europa no le quedará otro remedio que aceptar su victoria y acomodarse a las circunstancias de manera lo menos traumática posible, si quieren percibir, aunque sea, una mínima parte de aquello que pretende que se le debe y no perderlo todo, con una ruptura que además, podría acarrear un cisma protagonizado por  los países del Sur, hartos de seguir mansamente, todas y cada una de sus exigencias.
El miedo, no sólo es patrimonio de las clases humildes y se podría asegurar sin temor a equivocarse que resulta ser mucho más paralizante para los poderosos, cuando está en juego el meollo de su negocio.
Quizá ha llegado el momento de decidir si en conciencia, aceptamos seguir sometidos a una clase de política que nos ha traído exactamente hasta dónde ahora nos encontramos o merece la pena apostar por un cambio radical, aunque suponga contradecir los cánones de lo establecido en este Sistema, que parece estar llegando a su fin, a juzgar por el panorama desolador que está dejando en nuestras naciones.
Por todo ello, los resultados de las elecciones en Grecia, establecerán un punto y aparte en el desarrollo de la historia y puede que si nada se tuerce, hasta constituya un estreno de otra forma de entender la política, mucho más equitativa con las aspiraciones de la gente normal y el deterioro del Imperio económico que algunos han montado para nuestra desgracia.