jueves, 28 de febrero de 2013

Sospechas fundadas




Sin abandonar los temas judiciales, que mantienen centrada toda la atención en el caso Urdangarín, el magistrado que lo lleva, no encuentra indicios de implicación, ni de la Infanta ni de su secretario, a pesar de dar por ciertos los mensajes presentados por Torres, en los que se menciona varias veces a la Casa Real, estableciendo lo que sería una conexión permanente entre los negocios de Noos y algunos destacados miembros de la misma.

El socio del Duque, sin embargo, afirma tener constancia de que Cristina estaba al tanto de todo lo que ocurría en las sociedades y al estar imputada su mujer, parece exigir igualdad de trato y no se sabe qué estrategia tendrá prevista para conseguirlo o si aún guarda en la manga alguna prueba de peso que haga cambiar al juez de opinión, respecto a este punto.

Entretanto, una revista del corazón de enorme tirada, publica una extensa entrevista con la amiga del Rey, Corina, en la que la interfecta deja caer que ha estado realizando labores diplomáticas para el Gobierno español, sin terminar de aclarar en qué consisten, aludiendo a una confidencialidad, que parece otorgarles una categoría de Secretos de Estado.

Y aunque el ministro de exteriores se ha apresurado a desmentirlo, la sola idea que un personaje así pueda estar manejando según qué información, acaba de apuntillar la opinión desastrosa que sobre la Monarquía se está formando la sociedad española, en los últimos tiempos.

Estos problemas cortesanos, vienen estupendamente al PP para desviar la atención del caso Bárcenas, pues el morbo que despiertan los líos de faldas parecen más entretenidos que las guerras de cifras evadidas y el pueblo necesita urgentemente de alguna diversión, para escapar de la nube de amargura que han traído la corrupción y los recortes practicados por el Gobierno.

Pero estos problemas no ayudan precisamente a conservar la buena imagen que España se ganó a pulso en la transición, sobre todo porque se hallan inmersos en ellos, justamente los más altos representantes de las más importantes instituciones políticas, lo cual hace que merme considerablemente la confianza que otros países pudieran depositar en gestiones futuras, de las que probablemente dependerá que encontremos o no, una salida airosa de la crisis.

Es verdad que no se debe generalizar creyendo que todos los cargos políticos son culpables de corrupción, pero el altísimo número de casos descubiertos y la sospecha que se cierne sobre el Presidente del Gobierno y el propio Rey, hacen muy difícil exculpar a quienes se encuentran en escalafones inferiores e incrementa los malos pensamientos dentro y fuera de nuestras fronteras.

No se puede convivir con el temor de tropezar a diario con noticias de esta índole y menos aún, cuando la estabilidad económica de la Nación es tan precaria.

El primer paso para alcanzar cierta estabilidad ha de pasar, necesariamente, por el conocimiento de la verdad. Que se inculpe a quienes hayan cometido delito, que se les juzgue y se les condene, que se les exija la devolución íntegra de lo sustraído y que se les inhabilite, de por vida, para ejercer cargo público alguno. Y que esto sea así independientemente de quién se trate, desde el Rey, hasta el último de los españoles.

martes, 26 de febrero de 2013

Viviendo con su enemigo



El culebrón Bárcenas, cuyo guión parece deparar cada día una nueva sorpresa, nos trae esta tarde la noticia de que su protagonista ha decidido demandar al Partido Popular, por un despido improcedente, fechado nada menos que el 31 de Enero del presente año y no en 2010, como se han encargado de difundir por activa y por pasiva, relevantes miembros de la formación conservadora, cada vez que se les ha preguntado por este asunto.
Ayer mismo, Cospedal protagonizaba un ridículo episodio ante la prensa, defendiendo la desvinculación del ex tesorero con la formación política a la que representa que no sirvió más que para aumentar las numerosas sospechas que sobre este asunto se tienen, si no para confirmar la certeza de que se ha venido incurriendo en una serie de delitos, tanto en relación con el cuestionado despido, como en el tiempo de filiación a la Seguridad Social que se concedió a Bárcenas.
Pero si la historia del imputado es cierta, todas las piezas de este rompecabezas empiezan a encajar con una precisión  absoluta y se explica inmediatamente la negativa del PP a presentar el finiquito, pues de hacerlo, quedaría claro que han estado mintiendo reiteradamente al país, durante casi dos años.
Habría que añadir que mientras ocupaba su despacho de Génova, Bárcenas percibía, esta vez en dinero legal, un salario de más de 21.000 euros mensuales, que vendrían a contradecir de manera rotunda las ansias de imponer austeridad que demuestra el discurso del Presidente de la Nación, cada vez que se digna a deleitarnos con su presencia, ya sea ante las cámaras de televisión o en el Parlamento.
Bárcenas parece dispuesto a librar una larga y dura batalla, ahora que se ha liberado  del lastre de la disciplina partidista y ya le da igual adoptar posturas radicalmente contradictorias a las de los líderes de la formación a la que perteneció, aunque esto tiene cierta lógica, tras haber comprobado que le han dejado en la más absoluta soledad y que ya nadie quiere ni pronunciar su nombre.
Entretanto, Rajoy aún anda pensándose si se querellará o no contra su ex empleado, probablemente bastante asustado por el cariz que puedan tomar a partir de ahora los acontecimientos y, claro está, por si finalmente un día de estos aparecen los originales de la famosa agenda secreta y se le vienen abajo, de repente, todos los argumentos que hubiera previsto sobre el asunto de los sobresueldos, viéndose obligado a una rendición dimisionaria, en la que aún podría alegar que se marcha por no hacer daño al Partido que dirige, aunque sin admitir culpabilidad alguna en esta enrevesada historia.
¿Qué más guarda Bárcenas en su más que repleta chistera?. Esta incógnita será revelada sin lugar a dudas, por capítulos, pero dada la importancia de su antiguo cargo, es de suponer que posea ingentes cantidades de información sobre lo sucedido en los sótanos del PP, e incluso sobre las circunstancias personales de todos y cada uno de sus miembros más relevantes, ya que durante veinte años no se sospechó de su presente deslealtad y por sus manos pasaron infinidad de documentos de distinta índole.
Tanto temer a conspiraciones externas, arengadas desde las filas de los partidos  de izquierdas y ahora resulta que la única verdad es que estaban viviendo con su verdadero enemigo.

lunes, 25 de febrero de 2013

Ante el juez



La luminosa idea de comerciar con arte, que según ha declarado el ex tesorero Bárcenas ante el juez, le ha proporcionado una inmensa fortuna que asciende a treinta y ocho millones de euros, parece haber sorteado todos los avatares de la crisis y colocado a los que se dedicaron a este negocio, en una inmejorable posición, capaz de augurarles toda una vida de comodidades, al margen de mercados o de cierres patronales inesperados y violentos.
Habiendo establecido como prioridad librarse del modo que sea de alguna pena de prisión, Bárcenas ha centrado la estrategia de su propia defensa en procurar reconocer sólo un  delito de fraude fiscal, cosa que al mismo tiempo exoneraría también de toda culpa al Partido Popular, si el magistrado diera credibilidad al discurso del imputado.
Pero el arte ha de ser obra de genios para convertir a sus dueños en millonarios y sólo a nivel de galerías de lujo suele comerciarse con trabajos de esta categoría, sin que hasta ahora haya trascendido que Bárcenas  tuviera algún tipo de relación con estos círculos, ya  que su única ocupación conocida era la de ocuparse de las finanzas del PP, en su despacho de la calle Génova.
Por tanto, va a ser difícil demostrar el repentino enriquecimiento del protagonista de esta historia y olvidar la traída y llevada agenda de la contabilidad B de los populares, teniendo en cuenta que los exámenes caligráficos parecen demostrar la autoría de la letra y que existen demasiadas  coincidencias que apuntan directamente a la cúpula conservadora, como parte importante de lo ocurrido durante los últimos veinte años en la oscura vida de este personaje novelesco.
La fiscalía tampoco está dispuesta a pasar por alto los otros delitos que se le imputan, ni a olvidar los indicios de que debajo de este tema subyace la que podría ser una de las tramas de corrupción de más envergadura, de cuántas se tejieron en este país, proclive a la picaresca y al engaño como pocos.
De momento se ha retirado el pasaporta a Bárcenas, dando por terminadas sus múltiples escapadas a lujosos destinos en el extranjero, cosa que al menos tranquiliza a los españoles de a pie, que no entienden como el ex tesorero permanece aún en el país y no ha aprovechado ya la libertad de que disponía para desaparecer sin dejar rastro.
Entretanto, siguen las investigaciones y cierta parte de la prensa se atreve a publicar que entre Bárcenas y Sepúlveda, ex marido de la Ministra Ana Mato, existen ciertos vínculos de sociedad, estableciendo un nuevo cabo por el que tirar de la madeja en esta rocambolesca historia, aunque sin salir de los círculos del PP, que ya no sabe qué camino tomar para intentar demostrar su dudosa inocencia.
Una titubeante Maria Dolores de Cospedal, intentaba hoy sin éxito, ofrecer a los periodistas una explicación que justificara los pagos a Bárcenas y su filiación a la Seguridad Social, hasta Diciembre del pasado año, mientras Rajoy continúa pensando aún si se querellará o no contra él, por todo lo sucedido desde que se produjo su imputación en este caso.
Queda ahora en manos de la justicia esta ocasión de oro para llegar hasta el fondo de esta enrevesada cuestión y decidir si habrá o no más imputaciones por este y otros más que evidentes indicios de delito.
Los ojos de los españoles están puestos en la actuación de quien se encarga de este caso y la esperanza de que por una vez, la ley  se cumpla, tiene en vilo a una opinión pública, cuya indignación iría en aumento, si esto no se resolviera de manera absolutamente contundente.

domingo, 24 de febrero de 2013

A pesar del hartazgo y la pobreza



Sobrepasados por las noticias de los innumerables casos de corrupción que azotan el país, vuelven los colectivos españoles a lanzarse a la calle, como  demostración de que lo tratado en el Debate del ·Estado de la Nación y quién haya sido su vencedor, no viene a calmar la marea de indignación que subyace en una sociedad, que no confía ya en absoluto, en la palabra de los políticos.
  Mientras sus señorías se enzarzan en discursos calcados a los de otras veces  y se lanzan unos a otros dardos envenenados y reproches innumerables, sin detenerse un solo instante a proponer soluciones urgentes  para los problemas reales de las familias, la negra nube de un imparable desempleo se va cerniendo sobre las clases trabajadoras, asfixiando  su modo de vida anterior y trasladándolas a situaciones similares a las de principios del SXX, cuando el hambre y la indefensión constituían la única certeza de los que dependían de un salario para su propia supervivencia.
El gran paso educacional conseguido en estos cien años, marca sin embargo, una diferencia notable con aquella actitud de sumisión que caracterizaba a los obreros de entonces  y haber saboreado las mieles de la libertad de expresión, es lo que impide que en este momento la gente permanezca en su casa y sea capaz de salir en demanda de sus derechos, retomando una lucha que casi se dio por desaparecida, al considerarse superadas las desigualdades, en los tiempos de bonanza.
  Nunca en este País habían interesado tanto los temas políticos, ni siquiera mientras que dábamos el paso entre la Dictadura y la Democracia, ni nunca antes se habían manejado a nivel coloquial tantos términos económicos, aprendidos a fuego, con cada medida de recorte que se ha venido aplicando a golpe de decreto, sobre el ilusorio bienestar de los ciudadanos.
Y sin embargo, esta respuesta mayoritaria, que deja claro el descontento general y que arrastra a cientos de miles de españoles a una lucha encarnizada contra un poder institucional no sólo malévolo y caduco, sino también corrupto, no termina de hacer mella en los endurecidos corazones de quienes nos gobiernan ni consigue, como sería de esperar, derribar el muro inexpugnable en que se hayan resguardados de todo aquello que pueda erosionar su voluntad de poder y su más que demostrada ambición por permanecer en posiciones de privilegio.
¿Qué más puede hacer un pueblo para evidenciar su rabia, su indignación y su disconformidad con lo que se está haciendo, a sus espaldas, a traición y con alevosía, al margen de sus deseos y de sus verdaderos intereses?
¿Va a ser necesaria la violencia para que el clamor popular consiga finalmente modificar el errático camino emprendido por los gobernantes o alguna vez el eco de la realidad que vivimos dejará de ser silenciado por mecanismos legales oportunamente aplicados por aquellos que, a tenor de la situación, deberían haber presentado su dimisión y abandonado el marco político para siempre?
Esta voz, que tan poco interesa a los parlamentarios, viene avalada sin embargo, por la inmensa valentía de los que ya nada tienen que perder y es por tanto, capaz de alzarse alto y claro, por encima de todas las barreras impuestas y de resistir eternamente y con fiereza, los avatares que esta crisis orquestada tenga previstos para minar la confianza de los ciudadanos.
Ya no somos los pobres ignorantes a los que se compraba con unas migajas del pastel ni a los que se amedrentaba para obtener una obediencia cercana a la esclavitud, aprovechándose de su analfabetismo, convirtiéndoles en meros productores de beneficios en las cuentas corrientes de los dueños de los capitales.
Podrán haber reducido a cenizas el supuesto estado de bienestar que disfrutábamos y despojarnos sin piedad de una gran cantidad de derechos ganados en el pasado a gente exactamente igual que ellos, pero el conocimiento adquirido, el acceso a la cultura y la educación que se nos brindó, han sido aprovechados hasta el último sorbo y ya no somos manipulables, porque al menos en este campo, la igualdad es más que un hecho.
Más aún, el progreso tiene una deuda impagable con las clases medias, de la que proceden la inmensa mayoría de los talentos que han vivido en el mundo desde hace más de un siglo y la totalidad de la riqueza generada durante este periodo de tiempo, lo ha sido gracias a los hijos y nietos de aquellos obreros esclavizados que poblaban los núcleos urbanos, a merced de la caridad de sus patronos.
Es por eso que ahora entendemos perfectamente el significado de las enrevesadas palabras de todos los políticos y detectamos al instante, todas y cada una de las estrategias que contra nosotros se intentan, sin estar dispuestos a colaborar mansamente, con quienes de un modo ilusorio, pretenden doblegar nuestra voluntad con espejismos inexistentes.
Ya no existe el desconocimiento generalizado que hizo posible nuestra explotación en otras épocas históricas. Ahora sabemos decir no y mantener el pulso el tiempo que haga falta, a pesar del hartazgo y la pobreza.

  

jueves, 21 de febrero de 2013

La tibieza de la oposición



La prensa cercana al PP, lanza en portada el “aplastante triunfo” de Rajoy en el Debate sobre el Estado de la Nación, intentando hacer hincapié en que su discurso le ha llevado directamente a una consolidación política, que al parecer no había alcanzado con anterioridad pero que a tenor de lo expuesto en la tribuna del Congreso, se hace innegable para los que profesan su misma ideología.
Ciegos también al delicado ambiente que se vive en la calle, los periodistas de estos medios, a los que todos conocemos por sus intervenciones televisivas en cadenas como La 13 o Intereconomía, se deshacen en elogios  hacia la figura del Presidente, procurando que la nutrida dosis de alabanzas que le dedican, entierre en un lugar oscuro cualquier noticia que tenga que ver con el escándalo de Bárcenas o el asunto de los sobresueldos, cuyo esclarecimiento tanto interesa a la ciudadanía y tan poco a los líderes conservadores y a quienes les siguen.
Una gran parte de culpa la tiene sin duda, la enorme tibieza con que toda la oposición ha decidido afrontar la multiplicidad de problemas que sacuden el territorio patrio y el paupérrimo discurso que hacen los oradores que la representan, independientemente de sus diferencias políticas y también del número de escaños que ocupan en el Parlamento.
A pesar de la terrible experiencia que al pueblo español ha traído la política de Rajoy en su primer año de gobierno y de la gravedad de los innumerables casos de corrupción en que están imputados un sinfín de cargos de su Partido, sólo Cayo Lara se ha atrevido a reclamar su dimisión, mientras el resto de oradores se enzarzaban en una guerra de acusaciones mutuas con el Presidente, abundando en una estrategia que se ha demostrado absolutamente inútil y desaprovechando la ocasión de enumerar los incontables errores que se han cometido durante su breve, pero nefasto mandato y que cualquiera de los ciudadanos de a pie podría recitar con los ojos cerrados, si alguien le diera ocasión para ello.
El pueblo está empezando a pensar  que esta suavidad con que se acometen los debates, ha de tener sin duda un origen oscuro y que más de un grupo parlamentario se ve obligado, por sus pecados, a guardar silencio, porque en caso contrario, resulta del todo incomprensible que no se encuentren activadas todas las alarmas dentro del recinto sagrado del Congreso para denunciar con toda la crudeza que el idioma permite, la trágica realidad que se está viviendo en el País y lo erradas que están las políticas del PP, en cuanto al camino elegido para hallar una solución a los conflictos.
La permisividad que está demostrando esta decafeinada oposición, que no acaba de dar los pasos necesarios para enfrentarse descarnadamente a quien gobierna, no hace otra cosa que aumentar el enorme clima de desconfianza que se está generando en el País sobre las clases políticas y dejar la sensación a los votantes de no ser, para nada, representados por aquellos a quienes votaron, con  la buena voluntad de creer en que se encargarían de la defensa de sus intereses y derechos, ahora perdidos, por la mala gestión de un Gobierno a quién nadie contesta.
El pueblo tenía la esperanza de que el resto de la Cámara hubiera hecho causa común reclamando contundentemente la marcha inmediata de Rajoy, a raíz de lo acaecido en los últimos tiempos, cuánto más, cuando la sombra de la sospecha de la peor clase de corrupción se balancea sobre su propia cabeza como una espada de Damocles, sin que nada ni nadie haya conseguido demostrar con mínima claridad, la certeza de su inocencia.
No había que ser experto en política para intuir que el único camino para conseguir un cambio radical en los métodos empleados por el PP para la resolución de la crisis, estaba en la unidad de todos ante el enemigo común y que era precisamente esa unidad decidida y potente, la que esperaban con la respiración contenida, los hombres y mujeres que eran vilmente saqueadas por una legión de indeseables, que sólo para los demás, reclamaban estrecheces y sacrificios insufribles.
Perder esta ocasión termina de hacer trizas la opinión que sobre la clase política se tiene y más que defraudar, corrobora los malos pensamientos que se han ido asentando en la  conciencia de una Sociedad, que ya no soporta la traición que sobre ella se infringe y que únicamente desea que este Sistema podrido en su misma raíz, desaparezca sin dejar rastro, para poder olvidar lo vivido, aunque eso signifique la marcha de todos y cada uno de los que ahora tienen alguna clase de responsabilidad en las instituciones y que ya a nadie representan.    
 


miércoles, 20 de febrero de 2013

El desastroso estado de la Nación



Cuélguese  Mariano Rajoy, cuantas medallas quiera, ante el Parlamento. Atribúyase méritos sin fin, en este primer año al frente del Gobierno y créase, sus propias palabras, si le place, o abducido por los halagos de su particular cohorte de admiradores que hacen de la extrema fidelidad que le demuestran, un claro ejemplo de servilismo irrisorio, incapaz de la necesaria sinceridad que cualquier asesor debe a su asesorado y de la valentía suficiente para hacerle notar, también, todos y cada uno de sus potenciales errores.
Siga pensando Rajoy, si así lo considera oportuno, que la mayoría del pueblo español está en un  nivel de inteligencia por debajo de la normalidad y que basta su discurso decimonónico- populista para convencerlo de que su manera de hacer política es la correcta y que las medidas adoptadas por su gobierno están dando apetitosos frutos, aunque la incapacidad que nos supone, nos impida verlo y disfrutarlo, como debiéramos hacer, para vanagloria de su nombre.
Preséntese como quiera, ya que también él es un ser libre y como tal, tiene derecho a expresar su opinión, desde que nos ganamos el privilegio de disfrutar de un Sistema democrático y acabamos, por fin, con los cuarenta años de Dictadura y vimos la luz al final de un túnel demasiado largo.
Maquille la realidad, hasta hacerla parecer de color de rosa y pida por esta labor, un Goya a la Academia de Cine, si cree de verdad que lo merece, pero bajo esa gruesa     capa de afeites, por muy bien aplicada que esté, subyace la incontestable verdad de lo que aquí está sucediendo y la terrible imagen que queda, cuando España se enfrenta a su espejo, a solas, sin efectos especiales que dulcifiquen la acritud de lo que acaece y no es capaz de ver una sola esperanza que augure un futuro mejor, para todos sus habitantes.
Toda esa parafernalia teatral, que no es más que una huída a la desesperada, de un año de gobierno plagado de errores garrafales, impuestos por decreto a un pueblo masacrado sin razón por la ineptitud de sus gobernantes, no puede barrer bajo la alfombra la suciedad, ni pretender que todo marcha con normalidad para satisfacer la maliciosa curiosidad de los socios europeos, haciendo desaparecer del discurso, todo aquello que no convenga airear, por desagradable o violento.
Que Rajoy no mencione en la tribuna el fantasma del paro, no borra por arte de magia de las listas del INEM a los seis millones de personas desesperadas que no encuentran ocupación, gracias a la Reforma Laboral que nos “regaló” su gobierno. Que no hable de Bárcenas o que ahora pretenda legislar contra la corrupción, no aclara qué ha estado sucediendo en el PP durante los últimos veinte años, ni si es cierto o no que él mismo y su cúpula hayan estado recibiendo sobresueldos procedentes de la extorsión a una clase empresarial   atenazada por el miedo y que no haga referencia alguna al problema de las hipotecas, ni se atreva a pronunciar la palabra desahucio, no devuelve la vida a los decidieron abandonarla, víctimas de la desesperación y la soledad en que los  ha dejado su imperdonable tibieza ante el problema.
Que no quiera ver el estallido social, ni oír la voz de su propio pueblo, reclamando su dimisión, en todas y cada una de las esquinas del País, no significa que se le profese un amor incondicional, ni que se comprenda y apruebe su gestión ciegamente, ni que se aplauda su decisión de mantener en su puesto a personajes como la Ministra Mato u otros muchos, imputados o en ciernes de estarlo, en gravísimos casos judiciales que tratan de esclarecer el destino de capitales robados a las arcas estatales o procedentes de operaciones fraudulentas, que convierten a sus protagonistas en auténticos indeseables, pero que siguen ejercitando importantes labores de gobierno.
Diga lo que diga y haga lo que haga Rajoy, el Estado de la Nación, es desastroso, insostenible, desesperanzador y corrupto y quien ahora es directamente responsable de su funcionamiento, o sea, él, debe a este pueblo una serie de explicaciones que más pronto que tarde habrá de dar y no a puerta cerrada, sin prensa y en la paz sepulcral de la Sede de su cuestionado Partido Político, sino probablemente, en los tribunales de justicia, que es donde suelen terminar los presuntos implicados en ciertos delitos, independientemente de que al final, se llegue a demostrar su culpabilidad, una vez esclarecida la veracidad de los hechos.
Y no valen ahora burdos intentos de mejorar, por ejemplo, un paro juvenil que roza el cincuenta por ciento, pretendiendo implantar en España los famosos mini jobs que ya funcionan en países como Alemania, pero que con la catadura moral de ciertos empresarios españoles, acabarán por esclavizar a los jóvenes con interminables jornadas laborales, aunque pagando los cuatrocientos euros correspondientes a este tipo de empleos, según palabras del propio Rosell o del dueño de Marsans, ahora imputado por evasión de capitales.  
Como tampoco sirve ya la reiterativa manía de culpabilizar a los antecesores de todos los males que padecemos. Las medidas y recortes aplicados por el Gobierno de Rajoy, solo a este gobierno pertenecen y por tanto, las consecuencias derivadas de ellos, han de ser asumidas, en su totalidad, por quién las puso en práctica y erró, como constata la situación que soportamos gracias a ellas y de la que no podremos escapar, si no se produce el milagro de una dimisión colectiva, que nos libre de su indeseable presencia.   

 



Tras un día de emociones intensas, en el que una extraña mezcla de orgullo e inquietud parecía ser el único alimento que llegaba a nuestros corazones, nuestra hija se doctoró ayer con todos los honores en Filosofía, consiguiendo culminar uno de los sueños más importantes de nuestras vidas.
La oportuna celebración nos arrancó a todos de nuestras obligaciones rutinarias y es la culpable de que en mi caso, hoy no haya visto la luz el artículo diario que desde hace más de dos años viene apareciendo en este blog.
Estoy segura de que mis lectores entenderán la emoción del momento y disculparán que no tuviera ningún reparo en cambiar trabajo por  fiesta, aún  a sabiendas de que son muchos los que desde diversos lugares del mundo me siguen con lealtad, cosa que yo no pararé de agradecer, toda la vida.
Esta pequeña aclaración la hago además, porque sé que desde donde estéis, compartiréis conmigo la profunda alegría que hoy me invade y que justifica plenamente la dedicación al ámbito familiar y el olvido consciente de cualquier cosa que pudiera haber sucedido ayer en el mundo.
Gracias por la comprensión y el apoyo y por estar, aún sin conocernos, celebrando hoy también el evento, que, aclaro, ha sido además conseguido a través de nuestra estupenda Enseñanza Pública.
Un saludo.