jueves, 28 de febrero de 2013
Sospechas fundadas
Sin abandonar los temas judiciales, que mantienen centrada toda la atención en el caso Urdangarín, el magistrado que lo lleva, no encuentra indicios de implicación, ni de la Infanta ni de su secretario, a pesar de dar por ciertos los mensajes presentados por Torres, en los que se menciona varias veces a la Casa Real, estableciendo lo que sería una conexión permanente entre los negocios de Noos y algunos destacados miembros de la misma.
El socio del Duque, sin embargo, afirma tener constancia de que Cristina estaba al tanto de todo lo que ocurría en las sociedades y al estar imputada su mujer, parece exigir igualdad de trato y no se sabe qué estrategia tendrá prevista para conseguirlo o si aún guarda en la manga alguna prueba de peso que haga cambiar al juez de opinión, respecto a este punto.
Entretanto, una revista del corazón de enorme tirada, publica una extensa entrevista con la amiga del Rey, Corina, en la que la interfecta deja caer que ha estado realizando labores diplomáticas para el Gobierno español, sin terminar de aclarar en qué consisten, aludiendo a una confidencialidad, que parece otorgarles una categoría de Secretos de Estado.
Y aunque el ministro de exteriores se ha apresurado a desmentirlo, la sola idea que un personaje así pueda estar manejando según qué información, acaba de apuntillar la opinión desastrosa que sobre la Monarquía se está formando la sociedad española, en los últimos tiempos.
Estos problemas cortesanos, vienen estupendamente al PP para desviar la atención del caso Bárcenas, pues el morbo que despiertan los líos de faldas parecen más entretenidos que las guerras de cifras evadidas y el pueblo necesita urgentemente de alguna diversión, para escapar de la nube de amargura que han traído la corrupción y los recortes practicados por el Gobierno.
Pero estos problemas no ayudan precisamente a conservar la buena imagen que España se ganó a pulso en la transición, sobre todo porque se hallan inmersos en ellos, justamente los más altos representantes de las más importantes instituciones políticas, lo cual hace que merme considerablemente la confianza que otros países pudieran depositar en gestiones futuras, de las que probablemente dependerá que encontremos o no, una salida airosa de la crisis.
Es verdad que no se debe generalizar creyendo que todos los cargos políticos son culpables de corrupción, pero el altísimo número de casos descubiertos y la sospecha que se cierne sobre el Presidente del Gobierno y el propio Rey, hacen muy difícil exculpar a quienes se encuentran en escalafones inferiores e incrementa los malos pensamientos dentro y fuera de nuestras fronteras.
No se puede convivir con el temor de tropezar a diario con noticias de esta índole y menos aún, cuando la estabilidad económica de la Nación es tan precaria.
El primer paso para alcanzar cierta estabilidad ha de pasar, necesariamente, por el conocimiento de la verdad. Que se inculpe a quienes hayan cometido delito, que se les juzgue y se les condene, que se les exija la devolución íntegra de lo sustraído y que se les inhabilite, de por vida, para ejercer cargo público alguno. Y que esto sea así independientemente de quién se trate, desde el Rey, hasta el último de los españoles.
martes, 26 de febrero de 2013
Viviendo con su enemigo
El culebrón Bárcenas, cuyo guión parece deparar cada día una
nueva sorpresa, nos trae esta tarde la noticia de que su protagonista ha
decidido demandar al Partido Popular, por un despido improcedente, fechado nada
menos que el 31 de Enero del presente año y no en 2010, como se han encargado
de difundir por activa y por pasiva, relevantes miembros de la formación
conservadora, cada vez que se les ha preguntado por este asunto.
Ayer mismo, Cospedal protagonizaba un ridículo episodio ante
la prensa, defendiendo la desvinculación del ex tesorero con la formación
política a la que representa que no sirvió más que para aumentar las numerosas
sospechas que sobre este asunto se tienen, si no para confirmar la certeza de
que se ha venido incurriendo en una serie de delitos, tanto en relación con el
cuestionado despido, como en el tiempo de filiación a la Seguridad Social que
se concedió a Bárcenas.
Pero si la historia del imputado es cierta, todas las piezas
de este rompecabezas empiezan a encajar con una precisión absoluta y se explica inmediatamente la
negativa del PP a presentar el finiquito, pues de hacerlo, quedaría claro que
han estado mintiendo reiteradamente al país, durante casi dos años.
Habría que añadir que mientras ocupaba su despacho de Génova,
Bárcenas percibía, esta vez en dinero legal, un salario de más de 21.000 euros
mensuales, que vendrían a contradecir de manera rotunda las ansias de imponer
austeridad que demuestra el discurso del Presidente de la Nación, cada vez que
se digna a deleitarnos con su presencia, ya sea ante las cámaras de televisión
o en el Parlamento.
Bárcenas parece dispuesto a librar una larga y dura batalla,
ahora que se ha liberado del lastre de
la disciplina partidista y ya le da igual adoptar posturas radicalmente
contradictorias a las de los líderes de la formación a la que perteneció,
aunque esto tiene cierta lógica, tras haber comprobado que le han dejado en la
más absoluta soledad y que ya nadie quiere ni pronunciar su nombre.
Entretanto, Rajoy aún anda pensándose si se querellará o no
contra su ex empleado, probablemente bastante asustado por el cariz que puedan
tomar a partir de ahora los acontecimientos y, claro está, por si finalmente un
día de estos aparecen los originales de la famosa agenda secreta y se le vienen
abajo, de repente, todos los argumentos que hubiera previsto sobre el asunto de
los sobresueldos, viéndose obligado a una rendición dimisionaria, en la que aún
podría alegar que se marcha por no hacer daño al Partido que dirige, aunque sin
admitir culpabilidad alguna en esta enrevesada historia.
¿Qué más guarda Bárcenas en su más que repleta chistera?.
Esta incógnita será revelada sin lugar a dudas, por capítulos, pero dada la
importancia de su antiguo cargo, es de suponer que posea ingentes cantidades de
información sobre lo sucedido en los sótanos del PP, e incluso sobre las
circunstancias personales de todos y cada uno de sus miembros más relevantes,
ya que durante veinte años no se sospechó de su presente deslealtad y por sus
manos pasaron infinidad de documentos de distinta índole.
Tanto temer a conspiraciones externas, arengadas desde las
filas de los partidos de izquierdas y
ahora resulta que la única verdad es que estaban viviendo con su verdadero
enemigo.
lunes, 25 de febrero de 2013
Ante el juez
La luminosa idea de comerciar con arte, que según ha
declarado el ex tesorero Bárcenas ante el juez, le ha proporcionado una inmensa
fortuna que asciende a treinta y ocho millones de euros, parece haber sorteado
todos los avatares de la crisis y colocado a los que se dedicaron a este
negocio, en una inmejorable posición, capaz de augurarles toda una vida de
comodidades, al margen de mercados o de cierres patronales inesperados y
violentos.
Habiendo establecido como prioridad librarse del modo que sea
de alguna pena de prisión, Bárcenas ha centrado la estrategia de su propia
defensa en procurar reconocer sólo un
delito de fraude fiscal, cosa que al mismo tiempo exoneraría también de
toda culpa al Partido Popular, si el magistrado diera credibilidad al discurso
del imputado.
Pero el arte ha de ser obra de genios para convertir a sus dueños
en millonarios y sólo a nivel de galerías de lujo suele comerciarse con
trabajos de esta categoría, sin que hasta ahora haya trascendido que
Bárcenas tuviera algún tipo de relación
con estos círculos, ya que su única
ocupación conocida era la de ocuparse de las finanzas del PP, en su despacho de
la calle Génova.
Por tanto, va a ser difícil demostrar el repentino
enriquecimiento del protagonista de esta historia y olvidar la traída y llevada
agenda de la contabilidad B de los populares, teniendo en cuenta que los
exámenes caligráficos parecen demostrar la autoría de la letra y que existen
demasiadas coincidencias que apuntan
directamente a la cúpula conservadora, como parte importante de lo ocurrido
durante los últimos veinte años en la oscura vida de este personaje novelesco.
La fiscalía tampoco está dispuesta a pasar por alto los otros
delitos que se le imputan, ni a olvidar los indicios de que debajo de este tema
subyace la que podría ser una de las tramas de corrupción de más envergadura,
de cuántas se tejieron en este país, proclive a la picaresca y al engaño como
pocos.
De momento se ha retirado el pasaporta a Bárcenas, dando por
terminadas sus múltiples escapadas a lujosos destinos en el extranjero, cosa
que al menos tranquiliza a los españoles de a pie, que no entienden como el ex
tesorero permanece aún en el país y no ha aprovechado ya la libertad de que
disponía para desaparecer sin dejar rastro.
Entretanto, siguen las investigaciones y cierta parte de la
prensa se atreve a publicar que entre Bárcenas y Sepúlveda, ex marido de la
Ministra Ana Mato, existen ciertos vínculos de sociedad, estableciendo un nuevo
cabo por el que tirar de la madeja en esta rocambolesca historia, aunque sin
salir de los círculos del PP, que ya no sabe qué camino tomar para intentar
demostrar su dudosa inocencia.
Una titubeante Maria Dolores de Cospedal, intentaba hoy sin
éxito, ofrecer a los periodistas una explicación que justificara los pagos a
Bárcenas y su filiación a la Seguridad Social, hasta Diciembre del pasado año, mientras
Rajoy continúa pensando aún si se querellará o no contra él, por todo lo
sucedido desde que se produjo su imputación en este caso.
Queda ahora en manos de la justicia esta ocasión de oro para
llegar hasta el fondo de esta enrevesada cuestión y decidir si habrá o no más
imputaciones por este y otros más que evidentes indicios de delito.
Los ojos de los españoles están puestos en la actuación de
quien se encarga de este caso y la esperanza de que por una vez, la ley se cumpla, tiene en vilo a una opinión
pública, cuya indignación iría en aumento, si esto no se resolviera de manera
absolutamente contundente.
domingo, 24 de febrero de 2013
A pesar del hartazgo y la pobreza
Sobrepasados por las noticias de los innumerables casos de
corrupción que azotan el país, vuelven los colectivos españoles a lanzarse a la
calle, como demostración de que lo
tratado en el Debate del ·Estado de la Nación y quién haya sido su vencedor, no
viene a calmar la marea de indignación que subyace en una sociedad, que no
confía ya en absoluto, en la palabra de los políticos.
Mientras sus señorías
se enzarzan en discursos calcados a los de otras veces y se lanzan unos a otros dardos envenenados y
reproches innumerables, sin detenerse un solo instante a proponer soluciones
urgentes para los problemas reales de
las familias, la negra nube de un imparable desempleo se va cerniendo sobre las
clases trabajadoras, asfixiando su modo
de vida anterior y trasladándolas a situaciones similares a las de principios
del SXX, cuando el hambre y la indefensión constituían la única certeza de los
que dependían de un salario para su propia supervivencia.
El gran paso educacional conseguido en estos cien años, marca
sin embargo, una diferencia notable con aquella actitud de sumisión que
caracterizaba a los obreros de entonces y haber saboreado las mieles de la libertad de
expresión, es lo que impide que en este momento la gente permanezca en su casa
y sea capaz de salir en demanda de sus derechos, retomando una lucha que casi
se dio por desaparecida, al considerarse superadas las desigualdades, en los
tiempos de bonanza.
Nunca en este País
habían interesado tanto los temas políticos, ni siquiera mientras que dábamos
el paso entre la Dictadura y la Democracia, ni nunca antes se habían manejado a
nivel coloquial tantos términos económicos, aprendidos a fuego, con cada medida
de recorte que se ha venido aplicando a golpe de decreto, sobre el ilusorio
bienestar de los ciudadanos.
Y sin embargo, esta respuesta mayoritaria, que deja claro el
descontento general y que arrastra a cientos de miles de españoles a una lucha
encarnizada contra un poder institucional no sólo malévolo y caduco, sino
también corrupto, no termina de hacer mella en los endurecidos corazones de
quienes nos gobiernan ni consigue, como sería de esperar, derribar el muro
inexpugnable en que se hayan resguardados de todo aquello que pueda erosionar
su voluntad de poder y su más que demostrada ambición por permanecer en
posiciones de privilegio.
¿Qué más puede hacer un pueblo para evidenciar su rabia, su
indignación y su disconformidad con lo que se está haciendo, a sus espaldas, a
traición y con alevosía, al margen de sus deseos y de sus verdaderos intereses?
¿Va a ser necesaria la violencia para que el clamor popular consiga
finalmente modificar el errático camino emprendido por los gobernantes o alguna
vez el eco de la realidad que vivimos dejará de ser silenciado por mecanismos
legales oportunamente aplicados por aquellos que, a tenor de la situación,
deberían haber presentado su dimisión y abandonado el marco político para
siempre?
Esta voz, que tan poco interesa a los parlamentarios, viene
avalada sin embargo, por la inmensa valentía de los que ya nada tienen que
perder y es por tanto, capaz de alzarse alto y claro, por encima de todas las
barreras impuestas y de resistir eternamente y con fiereza, los avatares que
esta crisis orquestada tenga previstos para minar la confianza de los
ciudadanos.
Ya no somos los pobres ignorantes a los que se compraba con
unas migajas del pastel ni a los que se amedrentaba para obtener una obediencia
cercana a la esclavitud, aprovechándose de su analfabetismo, convirtiéndoles en
meros productores de beneficios en las cuentas corrientes de los dueños de los
capitales.
Podrán haber reducido a cenizas el supuesto estado de
bienestar que disfrutábamos y despojarnos sin piedad de una gran cantidad de
derechos ganados en el pasado a gente exactamente igual que ellos, pero el
conocimiento adquirido, el acceso a la cultura y la educación que se nos
brindó, han sido aprovechados hasta el último sorbo y ya no somos manipulables,
porque al menos en este campo, la igualdad es más que un hecho.
Más aún, el progreso tiene una deuda impagable con las clases
medias, de la que proceden la inmensa mayoría de los talentos que han vivido en
el mundo desde hace más de un siglo y la totalidad de la riqueza generada
durante este periodo de tiempo, lo ha sido gracias a los hijos y nietos de
aquellos obreros esclavizados que poblaban los núcleos urbanos, a merced de la
caridad de sus patronos.
Es por eso que ahora entendemos perfectamente el significado
de las enrevesadas palabras de todos los políticos y detectamos al instante,
todas y cada una de las estrategias que contra nosotros se intentan, sin estar
dispuestos a colaborar mansamente, con quienes de un modo ilusorio, pretenden
doblegar nuestra voluntad con espejismos inexistentes.
Ya no existe el desconocimiento generalizado que hizo posible
nuestra explotación en otras épocas históricas. Ahora sabemos decir no y
mantener el pulso el tiempo que haga falta, a pesar del hartazgo y la pobreza.
jueves, 21 de febrero de 2013
La tibieza de la oposición
La prensa cercana al PP, lanza en portada el “aplastante
triunfo” de Rajoy en el Debate sobre el Estado de la Nación, intentando hacer
hincapié en que su discurso le ha llevado directamente a una consolidación
política, que al parecer no había alcanzado con anterioridad pero que a tenor
de lo expuesto en la tribuna del Congreso, se hace innegable para los que
profesan su misma ideología.
Ciegos también al delicado ambiente que se vive en la calle,
los periodistas de estos medios, a los que todos conocemos por sus
intervenciones televisivas en cadenas como La 13 o Intereconomía, se deshacen
en elogios hacia la figura del
Presidente, procurando que la nutrida dosis de alabanzas que le dedican,
entierre en un lugar oscuro cualquier noticia que tenga que ver con el
escándalo de Bárcenas o el asunto de los sobresueldos, cuyo esclarecimiento
tanto interesa a la ciudadanía y tan poco a los líderes conservadores y a
quienes les siguen.
Una gran parte de culpa la tiene sin duda, la enorme tibieza
con que toda la oposición ha decidido afrontar la multiplicidad de problemas
que sacuden el territorio patrio y el paupérrimo discurso que hacen los
oradores que la representan, independientemente de sus diferencias políticas y
también del número de escaños que ocupan en el Parlamento.
A pesar de la terrible experiencia que al pueblo español ha
traído la política de Rajoy en su primer año de gobierno y de la gravedad de
los innumerables casos de corrupción en que están imputados un sinfín de cargos
de su Partido, sólo Cayo Lara se ha atrevido a reclamar su dimisión, mientras
el resto de oradores se enzarzaban en una guerra de acusaciones mutuas con el
Presidente, abundando en una estrategia que se ha demostrado absolutamente
inútil y desaprovechando la ocasión de enumerar los incontables errores que se
han cometido durante su breve, pero nefasto mandato y que cualquiera de los
ciudadanos de a pie podría recitar con los ojos cerrados, si alguien le diera
ocasión para ello.
El pueblo está empezando a pensar que esta suavidad con que se acometen los
debates, ha de tener sin duda un origen oscuro y que más de un grupo
parlamentario se ve obligado, por sus pecados, a guardar silencio, porque en
caso contrario, resulta del todo incomprensible que no se encuentren activadas
todas las alarmas dentro del recinto sagrado del Congreso para denunciar con
toda la crudeza que el idioma permite, la trágica realidad que se está viviendo
en el País y lo erradas que están las políticas del PP, en cuanto al camino
elegido para hallar una solución a los conflictos.
La permisividad que está demostrando esta decafeinada
oposición, que no acaba de dar los pasos necesarios para enfrentarse
descarnadamente a quien gobierna, no hace otra cosa que aumentar el enorme
clima de desconfianza que se está generando en el País sobre las clases
políticas y dejar la sensación a los votantes de no ser, para nada,
representados por aquellos a quienes votaron, con la buena voluntad de creer en que se
encargarían de la defensa de sus intereses y derechos, ahora perdidos, por la
mala gestión de un Gobierno a quién nadie contesta.
El pueblo tenía la esperanza de que el resto de la Cámara
hubiera hecho causa común reclamando contundentemente la marcha inmediata de
Rajoy, a raíz de lo acaecido en los últimos tiempos, cuánto más, cuando la
sombra de la sospecha de la peor clase de corrupción se balancea sobre su
propia cabeza como una espada de Damocles, sin que nada ni nadie haya
conseguido demostrar con mínima claridad, la certeza de su inocencia.
No había que ser experto en política para intuir que el único
camino para conseguir un cambio radical en los métodos empleados por el PP para
la resolución de la crisis, estaba en la unidad de todos ante el enemigo común
y que era precisamente esa unidad decidida y potente, la que esperaban con la
respiración contenida, los hombres y mujeres que eran vilmente saqueadas por
una legión de indeseables, que sólo para los demás, reclamaban estrecheces y
sacrificios insufribles.
Perder esta ocasión termina de hacer trizas la opinión que
sobre la clase política se tiene y más que defraudar, corrobora los malos
pensamientos que se han ido asentando en la conciencia de una Sociedad, que ya no soporta
la traición que sobre ella se infringe y que únicamente desea que este Sistema
podrido en su misma raíz, desaparezca sin dejar rastro, para poder olvidar lo
vivido, aunque eso signifique la marcha de todos y cada uno de los que ahora
tienen alguna clase de responsabilidad en las instituciones y que ya a nadie
representan.
miércoles, 20 de febrero de 2013
El desastroso estado de la Nación
Cuélguese Mariano
Rajoy, cuantas medallas quiera, ante el Parlamento. Atribúyase méritos sin fin,
en este primer año al frente del Gobierno y créase, sus propias palabras, si le
place, o abducido por los halagos de su particular cohorte de admiradores que
hacen de la extrema fidelidad que le demuestran, un claro ejemplo de servilismo
irrisorio, incapaz de la necesaria sinceridad que cualquier asesor debe a su
asesorado y de la valentía suficiente para hacerle notar, también, todos y cada
uno de sus potenciales errores.
Siga pensando Rajoy, si así lo considera oportuno, que la
mayoría del pueblo español está en un
nivel de inteligencia por debajo de la normalidad y que basta su
discurso decimonónico- populista para convencerlo de que su manera de hacer
política es la correcta y que las medidas adoptadas por su gobierno están dando
apetitosos frutos, aunque la incapacidad que nos supone, nos impida verlo y
disfrutarlo, como debiéramos hacer, para vanagloria de su nombre.
Preséntese como quiera, ya que también él es un ser libre y
como tal, tiene derecho a expresar su opinión, desde que nos ganamos el
privilegio de disfrutar de un Sistema democrático y acabamos, por fin, con los
cuarenta años de Dictadura y vimos la luz al final de un túnel demasiado largo.
Maquille la realidad, hasta hacerla parecer de color de rosa
y pida por esta labor, un Goya a la Academia de Cine, si cree de verdad que lo
merece, pero bajo esa gruesa capa de afeites, por muy bien aplicada que
esté, subyace la incontestable verdad de lo que aquí está sucediendo y la
terrible imagen que queda, cuando España se enfrenta a su espejo, a solas, sin
efectos especiales que dulcifiquen la acritud de lo que acaece y no es capaz de
ver una sola esperanza que augure un futuro mejor, para todos sus habitantes.
Toda esa parafernalia teatral, que no es más que una huída a
la desesperada, de un año de gobierno plagado de errores garrafales, impuestos
por decreto a un pueblo masacrado sin razón por la ineptitud de sus
gobernantes, no puede barrer bajo la alfombra la suciedad, ni pretender que
todo marcha con normalidad para satisfacer la maliciosa curiosidad de los
socios europeos, haciendo desaparecer del discurso, todo aquello que no
convenga airear, por desagradable o violento.
Que Rajoy no mencione en la tribuna el fantasma del paro, no
borra por arte de magia de las listas del INEM a los seis millones de personas
desesperadas que no encuentran ocupación, gracias a la Reforma Laboral que nos
“regaló” su gobierno. Que no hable de Bárcenas o que ahora pretenda legislar
contra la corrupción, no aclara qué ha estado sucediendo en el PP durante los
últimos veinte años, ni si es cierto o no que él mismo y su cúpula hayan estado
recibiendo sobresueldos procedentes de la extorsión a una clase
empresarial atenazada por el miedo y que no haga
referencia alguna al problema de las hipotecas, ni se atreva a pronunciar la
palabra desahucio, no devuelve la vida a los decidieron abandonarla, víctimas
de la desesperación y la soledad en que los ha dejado su imperdonable tibieza ante el
problema.
Que no quiera ver el estallido social, ni oír la voz de su
propio pueblo, reclamando su dimisión, en todas y cada una de las esquinas del
País, no significa que se le profese un amor incondicional, ni que se comprenda
y apruebe su gestión ciegamente, ni que se aplauda su decisión de mantener en
su puesto a personajes como la Ministra Mato u otros muchos, imputados o en
ciernes de estarlo, en gravísimos casos judiciales que tratan de esclarecer el
destino de capitales robados a las arcas estatales o procedentes de operaciones
fraudulentas, que convierten a sus protagonistas en auténticos indeseables,
pero que siguen ejercitando importantes labores de gobierno.
Diga lo que diga y haga lo que haga Rajoy, el Estado de la
Nación, es desastroso, insostenible, desesperanzador y corrupto y quien ahora
es directamente responsable de su funcionamiento, o sea, él, debe a este pueblo
una serie de explicaciones que más pronto que tarde habrá de dar y no a puerta
cerrada, sin prensa y en la paz sepulcral de la Sede de su cuestionado Partido
Político, sino probablemente, en los tribunales de justicia, que es donde
suelen terminar los presuntos implicados en ciertos delitos, independientemente
de que al final, se llegue a demostrar su culpabilidad, una vez esclarecida la
veracidad de los hechos.
Y no valen ahora burdos intentos de mejorar, por ejemplo, un
paro juvenil que roza el cincuenta por ciento, pretendiendo implantar en España
los famosos mini jobs que ya funcionan en países como Alemania, pero que con la
catadura moral de ciertos empresarios españoles, acabarán por esclavizar a los
jóvenes con interminables jornadas laborales, aunque pagando los cuatrocientos
euros correspondientes a este tipo de empleos, según palabras del propio Rosell
o del dueño de Marsans, ahora imputado por evasión de capitales.
Como tampoco sirve ya la reiterativa manía de culpabilizar a
los antecesores de todos los males que padecemos. Las medidas y recortes
aplicados por el Gobierno de Rajoy, solo a este gobierno pertenecen y por
tanto, las consecuencias derivadas de ellos, han de ser asumidas, en su
totalidad, por quién las puso en práctica y erró, como constata la situación
que soportamos gracias a ellas y de la que no podremos escapar, si no se
produce el milagro de una dimisión colectiva, que nos libre de su indeseable
presencia.
Tras un día de emociones intensas, en el que una extraña
mezcla de orgullo e inquietud parecía ser el único alimento que llegaba a nuestros
corazones, nuestra hija se doctoró ayer con todos los honores en Filosofía,
consiguiendo culminar uno de los sueños más importantes de nuestras vidas.
La oportuna celebración nos arrancó a todos de nuestras
obligaciones rutinarias y es la culpable de que en mi caso, hoy no haya visto
la luz el artículo diario que desde hace más de dos años viene apareciendo en
este blog.
Estoy segura de que mis lectores entenderán la emoción del
momento y disculparán que no tuviera ningún reparo en cambiar trabajo por fiesta, aún
a sabiendas de que son muchos los que desde diversos lugares del mundo
me siguen con lealtad, cosa que yo no pararé de agradecer, toda la vida.
Esta pequeña aclaración la hago además, porque sé que desde
donde estéis, compartiréis conmigo la profunda alegría que hoy me invade y que
justifica plenamente la dedicación al ámbito familiar y el olvido consciente de
cualquier cosa que pudiera haber sucedido ayer en el mundo.
Gracias por la comprensión y el apoyo y por estar, aún sin
conocernos, celebrando hoy también el evento, que, aclaro, ha sido además
conseguido a través de nuestra estupenda Enseñanza Pública.
Un saludo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)