miércoles, 30 de noviembre de 2011

Reunión de pastores

El primer encuentro de Mariano Rajoy con Patronal y Sindicatos, parece haber producido una buena impresión en ambas partes y se salda con buenas palabras de los interlocutores hacia las reformas, aún secretas para la mayoría, que les ha relatado el futuro Presidente.
Después de lo ocurrido en los últimos años, esta complacencia sin roces entre los integrantes de la curiosa reunión, no tiene por menos que despertar ciertos recelos en la clase trabajadora, escarmentada por el nulo apoyo recibido hasta ahora, de parte de sus supuestos representantes y por las anteriores exigencias de los empresarios, siempre a favor de reducir cualquier ventaja que pudieran conseguirse, en el plano laboral.
Tampoco es natural un acercamiento a quienes más lo necesitan, por parte de un líder conservador claramente posicionado en la ideología neo liberal que capitanea esta crisis y por tanto, aún antes de revelar las medidas que piensan llevarse a cabo después de la toma de posesión, planea en el ambiente la sombra de más recortes para los mismos bolsillos y un largo tiempo para la resolución del problema de desempleo que padece el país.
Los unos, temen ahora que ha cambiado el signo del gobierno, ser atacados con una reducción o desaparición de las jugosas subvenciones que reciben de parte del estado y que les permite tener una corte de liberados a su servicio cobrando de las arcas públicas.
Los otros, empiezan a frotarse las manos imaginando la creación de un empleo eventual y mal pagado, del que poder despedir a quien les plazca, sin la obligación de indemnizar.
Al PP se le llena la boca recordando la era Aznar y la bonanza económica que trajo consigo su mandato, pero la realidad es que convirtieron en costumbre un tipo de contrato laboral de precariedad infinita, potenciando además a las empresas de trabajo temporal como mediadoras, previo pago de parte del salario correspondiente a cada uno de los empleados.
Es muy probable que en este momento todo se trate de acercar nuestro modelo laboral a los asiáticos, es decir, horarios desmesurados, salarios irrisorios, supresión de la negociación de convenios colectivos y despido libre, además de reducción de cargas fiscales para los empresarios y alguna que otra ayuda para la banca.
Fijándonos en el terrible ejemplo protagonizado por la Generalitat catalana, es de temer también un despido masivo de interinos, la anulación de cualquier convocatoria de plazas en organismos públicos, reducción en el sueldo de los funcionarios y recortes encubiertos en sanidad y enseñanza, como ya se está haciendo en las comunidades gobernadas por el partido popular.
Esta reunión de pastores de hoy, preludia sin duda, ovejas muertas. Lo peor del asunto es que las ovejas somos nosotros y que con toda seguridad, seremos los únicos en seguir pagando la crisis.
Ni una palabra sobre los que más tienen ni sobre exigir a los bancos la devolución de los préstamos otorgados por el gobierno Zapatero. Ni una sola mención a los auténticos culpables de la situación que atravesamos y ni una sola merma en el bienestar de sus señorías, que siguen recibiendo como regalo de bienvenida, un teléfono móvil de última generación, un ordenador personal de alta gama y una tableta digital con la que soportar las tediosas sesiones del Congreso.
En Euskadi, cambian la flota de automóviles de la ertzanza y en Andalucía, gastan cinco millones de euros en informar a los usuarios de la seguridad social, del costo de los servicios recibidos, en caso de enfermedad.
Aún esperamos que alguien alce la voz sobre un despilfarro que podría servir para crear empleo y paliar en cierta medida, la desesperada situación de algunos padres de familia inmersos en la ruina y el espanto.
Poco importa a nuestros políticos esta cuestión, a juzgar por la ignominiosa cobardía con que afrontan el futuro de su pueblo. Incapaces de poner freno a un sistema absolutamente lesivo con la sociedad, sucumben al erotismo de un poder que les proporciona riqueza personal, ignorando la urgencia de resolver los asuntos verdaderamente vitales para los ciudadanos que pusieron en sus manos las riendas del Estado.
La tremenda desilusión de comprobar que pasa el tiempo sin que se tenga en cuenta lo que grita la calle y que cambien los gobiernos y todo siga igual, nos ha quitado cualquier atisbo de esperanza.
Quizá convendrfía recordar, una vez más, que sin embargo, nada serían si nuestros brazos caen, todos al mismo tiempo paralizando la maquinaria de producción.



martes, 29 de noviembre de 2011

Canción para el olvido

Desleyendo una carta de amor
en un triste rincón de un café arrabalero,
escuchando una bella canción
de un viejo cantautor deslenguado y roquero,
me asaltó la increíble intención
de mirar hacia atrás añorando otra vida vida.
En la calle habitaba un mirón
y un pobre acordeón rechinaba en la esquina.
Un macarra apoyado en la barra
agitaba una copa de ron con sus dedos,
calentando el motor de ligarse
a la reina del bar con su look callejero.
Ella ausente, con cierto pudor
melancólicamente tragaba el anzuelo
y la carta de amor se cayó
dejando tus palabras perdidas por el suelo.
Quién tuviera- pensé- veinte años
y todo el valor de creer las mentiras.
Un reloj que marcaba las dos
me miró de reojo y siguió su rutina.
La varita tocó con su magia
el color del lugar transformando mezquina,
calabaza en preciosa carroza y al pobre macarra
en un clon de Sabina.
Se propuso el destino burlón
pintar un corazón entre valles desiertos
y buscó una rendija de luz
por donde iluminar dos destinos inciertos.
Me acordé de la imagen de un mundo
que flota difunto en un mar de dinero
y una lágrima vino a encontrar
el calor de mis ojos la noche de enero.
Sonreí y me dio un subidón
de pura adrenalina
contemplando el disfraz de almidón
de aquel romance urbano hecho de plastilina.
Esperé para ver el final y los dos se perdieron
al final de la calle buscando un sentido a la noche
detrás de algún coche, diciendo te quiero.
Y de pronto perdió su importancia
la vieja fragancia que adorna tu pelo.
Tu intocable recuerdo voló, el café se acabó
y con él el dolor que nublaba mi cielo.
Recogí aquellas letras malditas
de viejas palabras bañadas de olvido,
e hilvané con tu estúpido adiós
un poema de amor casi descolorido.
Tres borrachos cerraban el bar
suplicando una más con dolor lastimero,
coreando la bella canción
del viejo cantautor deslenguado y rockero.
Empañado el cristal se quejó
de haber aprisionado a un puñado de dedos
y en lo oscuro del viejo rincón
mi vida amaneció renaciendo de nuevo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

El tesoro andalusí

Por primera vez en la historia de nuestra relativamente joven democracia, la siempre vituperada Andalucía se ha decidido a olvidar su tradicional voto de izquierdas para sumarse, a la desesperada, a la moda del cambio anunciado por la derecha, aunque manteniendo un gobierno autonómico regido aún, por el partido socialista.
Por ser la tierra en que he nacido, me consta que este voto ha sido fruto de la terrible indignación de haber sido colocados a la cabeza de las regiones con mayor índice de paro en el mundo y del hartazgo de más de veinticinco años de mandato por parte de unos dirigentes que en los últimos tiempos, no han sabido estar a la altura que esperaba la fidelidad de sus electores, abandonándolos a una suerte peor aún que la del resto de pobladores de las otras partes del territorio nacional.
No es de extrañar la alegría de los populares ni su machaconería en centrar su campaña en nuestros pueblos y ciudades con la intención de tomar al asalto esta región, hasta ahora hostil, dado el número de habitantes que la poblamos y su fuerza real en el panorama político de la nación.
Pero no han de engañarse los vencedores creyendo que de la noche a la mañana han sido capaces de transformar nuestro pensamiento en conservador o borrado de nuestra memoria los años de ignorancia y abandono que nos regalaron cada vez que estuvieron en la cresta de la ola. Debe quedarles claro que el voto andaluz no representa en modo alguno un triunfo de su corriente política, sino un castigo contundente al mal hacer de sus antecesores y a los casos de corrupción que viniendo de parte de la izquierda, parecen aún más graves e intolerables.
No deben apresurarse pues, en hacer juicios de valores engañosos ni a dar por sentado que en los próximos comicios autonómicos volverán a saborear las mieles del triunfo, terminando de teñir de azul el mapa de la península. Mucho tiene que llover de aquí a entonces y la situación es lo suficientemente mala como para vaticinar que será grande el desgaste de los recién llegados en poco tiempo y pequeños los avances tangibles que las clases humildes experimenten en su vida cotidiana, que es en definitiva lo que inclina su voto en las urnas.
Los andaluces pese a quién pese, ya no somos aquella masa de ignorantes que esclavos de la pobreza y del miedo, obedecían la voz del terrateniente subyugando su propia voluntad, sin derecho a la libertad de expresión o pensamiento. Hemos aprovechado como nadie los años que se nos han brindado para salir del pozo oscuro en el que malvivíamos y hecho uso de todos los recursos que se han puesto a nuestro alcance colocándonos con enorme esfuerzo, incluso por encima de las regiones que siempre gozaron de los mejores privilegios, Ya no se nos compra con un trozo de pan, ni somos el hazmerreír del mundo, engalanados con los manidos trajes de faralaes que tantos malos entendidos han traído a nuestra casa.
La búsqueda de nuestra identidad ha recorrido un largo y tortuoso camino hasta llegar aquí y se ha liberado de los tópicos impuestos sobre nuestro pecho como símbolo de una diferencia monstruosa que durante años ha sido nuestro peor enemigo.
Y puede que nuestro particular idioma, la facultad para integrar a los que vienen de otras culturas, o la tendencia a la alegría que caracteriza a nuestra gente, probablemente por razones meramente climáticas, confunda a los que miran desde lejos haciéndoles pensar que somos un pueblo facilón al que se engaña con promesas de futuro que luego se olvidarán.
Nada más lejos de la verdad que dar estos supuestos por ciertos, porque los andaluces están, estamos, en este preciso momento, aguardando en el cruce de caminos para cerciorarnos de que cuánto se nos dijo se cumpla a la mayor brevedad, sin importarnos para nada volver a cambiar de dirección, si detectamos el más mínimo hedor a mentira o comprobamos jugadas sucias en el transcurso de estos meses.
Esta tierra nuestra, nos parece, es un enorme tesoro a cuidar, milenario, universalista, rico en matices, en culturas varias y también en nuevos valores salidos de los sacrificios inenarrables de los que un día nos propusimos reinventar otra forma de ser andaluces.
Hace mal la derecha en pensar que ha puesto su bandera entre nosotros, si su intención es la de manipularnos con vagas palabras, en la creencia de que perdonaremos sus errores, dada la gravedad de la situación que sufrimos. El tiempo de perdonar, de soportar en silencio el maltrato, la discriminación y la saña con que tradicionalmente se nos trataba, pasó. Y yo me aventuro a dar por seguro que no volverá nunca. No lo consentiríamos, desde luego.








domingo, 27 de noviembre de 2011

La incógnita Rajoy

Acostumbrado a tener que esconder sus intenciones en su propia casa política, el próximo presidente del gobierno ha desarrollado un sentido del ocultismo, que trae de cabeza a los españoles, sin que se les desvelen las claves precisas de cuáles serán las nuevas directrices por las que regirse, en cuanto se complete el traspaso de poderes.
El hermetismo que rodea a Rajoy, no augura buenas perspectivas para aquellos que le otorgaron su voto ni favorece su nivel de popularidad en estos primeros días, después del triunfo.
No llega ni una sola noticia sobre los nombres de los que podrían ser ministrables, de manera que resulta prácticamente imposible adivinar qué ala del partido será la elegida para efectuar el prometido cambio en el que se sustentó su campaña.
Los primeros contactos del líder le sitúan exactamente en la línea que muchos esperábamos de él, es decir, en el bando de los banqueros y los grandes empresarios, con los que ha comenzado a confraternizar en la sede de su partido, sin que por el momento, haya habido un solo intento de acercamiento a las filas de los trabajadores, ni a través de los sindicatos, ni a nivel de calle, a pesar de haber estado repitiendo hasta la saciedad, durante la campaña electoral, que su mayor preocupación era el sufrimiento de las familias afectadas por el desempleo y gestionar un futuro mejor para ellas.
Su aspiración de caer en Europa como el salvador de un país al borde de la quiebra, tampoco ha dado los frutos apetecidos que esperaban sus correligionarios, ya que la prima de riesgo de España fluctúa en la cuerda floja tendida sobre el abismo y las bolsas no han experimentado las subidas que vaticinarían una mejora inmediata de la situación.
Ninguno de estos factores ha conseguido sacar al anacoreta Rajoy de su actual retiro, para poner sobre la mesa sus intenciones reales de gobierno. Pasada la borrachera insufrible de su triunfo electoral, sigue guardando en la manga sus cartas de juego y mantiene a todo el país en vilo, a la espera de conocer algunas de las decisiones que tomará y en qué afectarán a la mayoría, ávida de saber en qué sectores se practicarán los recortes.
La prensa oficial, casi toda al lado del recién llegado, ni siquiera menciona la posibilidad de que los problemas de Rajoy hayan empezado en el mismo seno de su entorno y hurta a los lectores la encarnizada lucha que sin duda, se está produciendo en el Partido Popular, por entrar a formar parte del nuevo gobierno, entre las tendencias mayoritarias que pueblan esta formación, desde la ultraderecha hasta el centro, y sus naturales enfrentamientos por conseguir un poco de poder.
No es de esperar que el recalcitrante sector liderado por Esperanza Aguirre, Mayor Oreja o el propio Aznar, se conformen con pasar a un segundo plano de la vida política, dejando en manos del ala más liberal del partido la batuta directora de la próxima legislatura, sin intervenir como ha sido hasta ahora su costumbre, para tratar de acercarnos cada vez más a sus peligrosas teorías neo capitalistas.
Algunas señales ya corroboran lo que digo. Parece por ejemplo evidente, que la señora Botella se desmarca a pasos agigantados de Aguirre, con los ojos puestos en la alcaldía de Madrid, en cuanto Gallardón ocupe su escaño en el congreso y ya nadie se atreve a defender las teorías de conspiración de Mayor Oreja sobre Euskadi, sabiendo con seguridad que el nuevo jefe de gobierno habrá de reunirse con los abertzales, en el momento en que empiecen sus rondas de contactos con las demás formaciones políticas.
Será curioso ver cómo tratan de salvar la ropa los que durante ocho años han sido los peores detractores de Rajoy, incluido Jiménez Los Santos, que llegó a llamarle Mari complejines, en su incendiario programa radiofónico, y en más de una ocasión.
Aguirre, incluso se atrevió a salir al balcón la noche de la derrota, a pesar de haber conspirado por activa y por pasiva contra Rajoy para ocupar su cargo, si hubiera sido posible, e impasible ante el desbarajuste que en su partido hubieran podido ocasionar sus continuas salidas de tono.
Con tales elementos a su espalda, resulta lógico que el futuro presidente permanezca en silencio hasta haber tomado posesión de su cargo y eluda hacer referencia a cualquier cuestión que tenga que ver con futuras políticas, para no empezar a ser atacado por aquellos con los que no decida contar, incluso antes de haber probado el sabor del poder.
Mientras, los socialistas tratan de recomponer su desesperada situación, deseando perder de vista a Zapatero, único artífice de la derrota sufrida en las urnas y esperando el milagro de que un nuevo congreso les traiga un líder con el que empezar a subir la dura cuesta de una recuperación que probablemente será dolorosa. Pero ésa es otra historia y sobre ella hablaremos otro día.


viernes, 25 de noviembre de 2011

Esperando a Hugo

Un frenético rosario de visitas hospitalarias, me ha impedido durante varios días sentarme a escribir y me ha colocado en las incómodas salas de espera de sendos Centros Públicos, en los que la paciencia es un don que se aprende practicando y el que, como yo nunca la tuvo, acaba por aceptarla como parte de su propio destino.
Cerca ya del final de su embarazo, a mi hija y a su babé no les ha quedado más remedio que echarse en brazos de los magníficos profesionales que gestionan esto de la maternidad, ya que el pequeño Hugo parecía decidido a permanecer sentado en el vientre y predestinado a un nacimiento por cesárea que iba a ser programada para la próxima semana, después de realizar todas las pruebas pertinentes, en los increíbles aparatos ultramodernos que ahora controlan cualquier anomalía que pueda surgir en el periodo de gestación.
Él aún no lo sabe, pero es probable que sea uno de los últimos pacientes atendidos en el maravilloso régimen de sanidad pública que disfrutamos hasta ahora y la verdad, no se han ahorrado medios en procurar que su nacimiento sea lo más feliz posible, ya que los médicos que lo siguen han puesto toda la carne en el asador, hasta conseguir una maniobra que parece increíble.
Gracias a la buena observación de la situación del feto, por parte de una doctora de no más de treinta y cinco años, anteayer organizaron una acción conjunta que parece llamarse en su jerga ininteligible “versión” y tras monitorizar a la futura madre durante cuatro o cinco horas, consiguieron girar desde fuera al bebé, hasta colocarlo en el oportuno lugar de nacimiento, de manera indolora y evitando así mismo la operación prevista, hasta que llegue el momento del alumbramiento que ahora será, gracias a ellos, totalmente natural.
Lógicamente, ninguno de nosotros ha querido perderse el acontecimiento y de ahí, la permanencia a tiempo completo lo más cerca posible de los pacientes. Los mayores, alucinados por los adelantos científicos que en nuestra época eran impensables y los jóvenes, en solidaridad y apoyo con madre y niño, un poco asustados ante la situación padecida y ahora, afortunadamente, recuperados en su totalidad, tras el éxito rotundo de la torsión.
Ahora sólo nos queda a todos esperar al pequeño Hugo, con la relativa tranquilidad que da saber que su formación se completará con normalidad, e ir acabando de prepararlo todo para su llegada, tal como habíamos previsto y con la ilusión propia de estos eventos gozosos.
Ya sabemos que nacerá en tiempos revueltos, pero con la seguridad de que le procuraremos toda la felicidad que esté en nuestras manos y con la esperanza de que pondremos todo el empeño posible en que vaya creciendo en una sociedad mejor que la que conocemos, más igualitaria y menos cruel.
Será educado, creo, fundamentalmente, por buenas personas, con sólidas creencias que, probablemente, le serán transmitidas íntegramente y por tanto, también aportará desde la experiencia que vaya adquiriendo, su propio apoyo a la época que le toque vivir, ayudando a que sea lo mejor posible para sus contemporáneos.
Como futura abuela, ustedes comprenderán que mi atención en los próximos días estará plenamente centrada en esta espera y puede que falte a esta obligación que me impuse hace año y pico o mis noticias giren escandalosamente hacia lo personal, olvidando un poco, la indignación y el malestar que en todos nosotros producen la clase política y su permanente especulación con los derechos de los humildes.
Pero ahora, mi `prioridad es transmitir a mi hija y al nuevo miembro de la familia los incontables beneficios de la felicidad, reír con ellos, abrazarlos, acogerlos y ayudarlos a desenvolverse en la nueva situación que les aguarda y disfrutar plenamente de su incomparable compañía.
Es éste un momento que uno nunca se puede perder.

martes, 22 de noviembre de 2011

Volver a empezar

Mientras España vive la resaca de los resultados electorales, el pueblo egipcio vuelve a tomar la plaza Tahrir, en contra del cariz que han tomado los acontecimientos, desde que el tirano Mubarak fue derrotado por la presión ciudadana.
Un ejercito ávido de perpetuarse en el poder, ha ido dilatando la convocatoria de las elecciones democráticas que suponía la primera reivindicación de los millares de personas que permanecieron acampadas en este lugar, ya convertido en icono para todos los que se han sumado a la revolución de los jazmines.
Confiados porque sus fuerzas armadas se habían negado desde el primer momento a reprimir las manifestaciones populares, los egipcios pusieron toda su esperanza en que, una vez iniciado el proceso para una normalización del país, se pondrían a las órdenes del primer gobierno salido de las urnas, sin contar con las dilatadas experiencias que otros pueblos han tenido que soportar, de aquellos que manejan la fuerza de las armas.
La erótica del poder, probablemente, ha tentado poderosamente a los militares de mayor graduación haciéndoles pensar que, pasado el tiempo, las aguas volverían a su cauce y la gente se olvidaría de aquello que exigió, conformándose con un cambio de caras, en las altas esferas que controlan la gobernanza de su nación.
La facilidad con que los ejércitos se perpetúan en el poder, nos es de sobra conocida, por la abundancia de ejemplos que se han dado a lo largo y ancho del planeta y por las terribles consecuencias que estas experiencias han dejado, en el recuerdo de todos nosotros.
Sin embargo, al no tratarse aquí de un golpe de Estado organizado, sino de una suerte de carambolas azarosas, la evolución del problema egipcio será sin duda diferente a cuántas hemos vivido con anterioridad y será interesante seguirla, para quienes confiamos desde el primer momento, en la posibilidad de que esta nación milenaria, subiera al carro de la democracia, reconquistando los derechos que le fueron hurtados por tan larga tiranía.
Como era de esperar, un pueblo que nada tiene que perder, está dispuesto a no hacer concesiones que no satisfagan sus peticiones y a llegar hasta el final en la defensa de sus intereses y los militares deben contar con que no se producirá una rendición pacífica, como seguramente esperaban, al ser los dueños del armamento necesario para aplastar la rebelión.
Podría temerse sin embargo, que el problema derivara al modo de lo sucedido en Libia y que la democracia tuviera un elevado costo en vidas humanas, manchando así la hermosa aventura emprendida por los pueblos árabes en pos de la libertad.
Es de esperar, no obstante, algún tipo de ofrecimiento por parte de la junta militar, en un intento a la desesperada por no deshacerse de los privilegios adquiridos, pero la extrema situación de pobreza que soporta el pueblo egipcio, no puede ser, en modo alguno, subyugada por vanas promesas que nunca se cumplirán.
Expectantes ante la cadena de acontecimientos que se abren ante nuestros ojos, no podemos hacer otra cosa que aguardar y desear a los desheredados del mundo que la fuerza de su unión consiga desterrar cualquier forma de esclavitud que silencie la voluntad de los pueblos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Quien siembra vientos...

El sentimiento de extrañeza que parecen haber causado los resultados electorales en una gran parte de los medios de comunicación, no puede ser en modo alguno, auténtico.
El abono con que el Partido Socialista ha estado tratando los campos del país, durante sus últimos años de mandato, ya prometían la desolación de esta cosecha y preludiaban un tiempo largo de sequía para los que, embelesados con los sueños de grandeza que les ofrecía la impiedad de los capitalistas, traicionaron la confianza de su pueblo, sucumbiendo a las exigencias de los poderosos.
Múltiples advertencias les avisaban de lo que podía suceder y su persistencia en actitudes poco éticas, más cercanas a las políticas conservadoras de las más recalcitrantes derechas que a su propio ideario, han ido horadando el sentimiento de simpatía de las clases humildes, hasta provocar un derrocamiento legal, que estaba cantado.
Han desoído las voces de la calle, que clamaban ante la indefensión que sentían los millones de desempleados que traspasaban el umbral de la pobreza, a causa de las reformas laborales impuestas; han desafiado a colectivos enteros interviniendo los salarios, congelando las pensiones de los mayores y negando la evidencia de que la crisis nos estaba llevando a una situación crítica sólo en avenencia con las leyes de los mercados y en contraposición absoluta a las auténticas y perentorias necesidades de los ciudadanos, y han abusado del poder que un día les otorgó una mayoría que buscaba, como todas las mayorías, un punto de apoyo para sus justas reivindicaciones y que se ha visto obligada a ir reconociendo su absoluta soledad, sin que nadie explicara con claridad los motivos de su infinita pérdida.
El Partido Socialista no perdió las elecciones ayer. Empezó a perderlas en el mismo instante en que se posicionó de espaldas a la voluntad popular y no fue capaz de rectificar los errores que nos estaban llevando al tortuoso camino sin retorno que trazaban La Banca y los Estados más poderosos de Europa, ávidos de llevar a cabo la colonización encubierta de sus hermanos más débiles.
Empezó a perderlas el día en que eligió sustituir la franqueza por la mentira y no fue capaz de plantear la cruda verdad a los ciudadanos que dependían de sus acciones, sometiéndolos a una multitud de vejaciones sin móvil aparente, hasta provocar en ellos una indignación de tal índole, que no encuentra comparación posible en ningún otro episodio de nuestra historia.
Naturalmente, los ahora vencedores, se propusieron desde el primer momento aprovechar la inutilidad manifiesta de quienes nos gobernaban y emprender una reconquista del voto perdido en 2004. Habían aprendido con su propia pérdida, que los pueblos no saben perdonar a los mentirosos.
El camino, para ellos, ha sido fácil y sin incidencias. Cada error cometido por Zapatero, ha sido diestramente envuelto en una promesa de esperanza y ya se sabe, que cuando no queda nada que perder, todos nos agarramos a un clavo ardiendo.
La abultada victoria de ayer demuestra primero, que la ingenuidad de los pueblos no tiene límites y en segundo lugar, que la estrategia del cambio ha dado el resultado apetecido.
La extrema dificultad del momento y el presumible giro a la derecha que en las políticas sociales habrá, se encargarán de poner las cosas en su sitio y probablemente, los conservadores acaben por volver a decepcionar a cuántos decidieron ayer, ejercer su derecho al voto.
Empieza la siembra popular, con una subida de la prima de riesgo, que no trae precisamente buenos augurios a este comienzo de legislatura. Dentro de cuatro años, Rajoy tendrá, exactamente lo que merezca, igual que ayer lo tuvo Zapatero, que sembró vientos y ahora recoge tempestades.