Me quito los zapatos
y la melancolía
que dejaba susurros
de futuros inciertos.
Noto en los pies descalzos
un sabor a ironía
y me crecen mil alas
en mil espacios muertos.
Huele a espliego y romero
naciendo en el desierto
y oigo una melodía
apenas recordada
que evoca otros momentos
y aquellos otros versos
rimados con destellos
de lunas plateadas.
Me despojo del tiempo
que ya doy por perdido,
de todos los espejos
que reflejan la nada
y soy la bailarina
de un mundo sumergido
en los mares profundos
que yo siempre soñaba.
Me quito los zapatos
y me quito la blusa
y voy desparramando
mi vida por el suelo
y ya no me hace falta
una mínima excusa
para emprender el vuelo…
jueves, 29 de septiembre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Vivir sin el euro
Los innumerables sacrificios exigidos a la población europea, como resultado de la crisis mundial que se nos vino encima tras la quiebra de cierta banca estadounidense, han ido en todo momento encaminados a sacar adelante la moneda más fuerte de nuestro continente y se han llevado consigo la dignidad de varias naciones, amenazando aún la estabilidad de otras muchas, si las medidas impuestas tiránicamente por los respectivos gobiernos, no fueran suficientes.
La bancarrota institucional de Grecia, como primera víctima de la insaciable voracidad de los grandes manipuladores de la economía, podría llegar a ser un problema sin solución y convertirla en el país pionero en apearse del euro, como última tentativa de supervivencia, ante su propia imposibilidad de seguir formando parte de una Unión Europea de vuelos demasiado altos.
Algunas voces ya han apuntado al abandono de la idea de la moneda única como vía de escape ante las nefastas consecuencias que vivimos los menos poderosos, pero nadie se atreve realmente a dar el primer paso en renunciar a lo que en su momento fue un sueño de grandeza, que se pensó abriría todas las puertas a un continente en expansión y que al final está resultando ser la clave de todos sus fracasos.
Si cuando se abandonaron las correspondientes monedas se hubiera apuntado más bajo al establecer el precio de los euros, probablemente el nivel de endeudamiento adquirido desde entonces no hubiera tocado techo de manera tan escandalosa y el poder adquisitivo de los ciudadanos quizá sería aún medianamente razonable, a pesar de las notorias pérdidas sufridas a causa de la crisis.
En nuestro caso, por ejemplo, se estableció un cambio claramente desfavorable para la sociedad colocando el precio del euro en 166 pesetas, en lugar de establecerlo en 100, como hubiera sido prudente, provocando subidas en los productos de un 66%, de un día para otro, encareciendo las materias primas en el mercado interior de forma casi insoportable.
No se conoce el caso de ni un solo español que no añore los tiempos de la peseta y si en una de esas encuestas que circulan por el país, fueran preguntados a cerca de este tema, probablemente más de un 90% de los consultados, estarían dispuestos a volver a la antigua moneda y por supuesto, a los precios establecidos en el momento en que dejó de existir.
¿Y qué ocurre si hay que abandonar el euro? Tratándose de una acción colectiva, tampoco sería tan grave tener que volver a entendernos efectuando cambios monetarios en las transacciones comerciales y no se acaba de entender las razones de los grandes expertos para contemplarlo como un desastre calamitoso, a no ser que se oculten tras la opinión motivos escabrosos.
De igual modo que se montó el proceso para la llegada del euro y se anduvieron caminos para la reunificación de los caudales hasta conseguir exactamente lo que ahora tenemos, podría desandarse lo andado y aceptar más pronto que tarde el estrepitoso fracaso que la idea ha traído a nuestras vidas, que se han convertido en un sobresalto permanente y en muchos casos, en una pesadilla ineludible.
Los sueños de superar la fortaleza del dólar americano, alimentados por las ínfulas faraónicas de la canciller alemana y todos los partidos conservadores de Europa, han terminado por esquilmar las arcas de los estados, denigrar a los ciudadanos, terminar con derechos adquiridos durante siglos por los trabajadores y hacer cambiar las ideologías hacia un modelo de sociedad basada únicamente en una economía de mercado de imprevisibles consecuencias.
Se puede vivir sin el euro. Ya lo hacíamos antes y podemos volver a hacerlo, porque a pesar de que los líderes que nos gobiernan parecen haberlo olvidado, los países los forman las sociedades que los habitan y no los altibajos de las bolsas, ni los tipos de dinero puestos en circulación.
Si la desaparición del euro pudiera representar una posibilidad para una salida airosa de esta crisis eterna, cualquier pérdida de tiempo en iniciar el proceso de su retirada, tendría que ser considerada una traición para cada uno de nosotros.
La bancarrota institucional de Grecia, como primera víctima de la insaciable voracidad de los grandes manipuladores de la economía, podría llegar a ser un problema sin solución y convertirla en el país pionero en apearse del euro, como última tentativa de supervivencia, ante su propia imposibilidad de seguir formando parte de una Unión Europea de vuelos demasiado altos.
Algunas voces ya han apuntado al abandono de la idea de la moneda única como vía de escape ante las nefastas consecuencias que vivimos los menos poderosos, pero nadie se atreve realmente a dar el primer paso en renunciar a lo que en su momento fue un sueño de grandeza, que se pensó abriría todas las puertas a un continente en expansión y que al final está resultando ser la clave de todos sus fracasos.
Si cuando se abandonaron las correspondientes monedas se hubiera apuntado más bajo al establecer el precio de los euros, probablemente el nivel de endeudamiento adquirido desde entonces no hubiera tocado techo de manera tan escandalosa y el poder adquisitivo de los ciudadanos quizá sería aún medianamente razonable, a pesar de las notorias pérdidas sufridas a causa de la crisis.
En nuestro caso, por ejemplo, se estableció un cambio claramente desfavorable para la sociedad colocando el precio del euro en 166 pesetas, en lugar de establecerlo en 100, como hubiera sido prudente, provocando subidas en los productos de un 66%, de un día para otro, encareciendo las materias primas en el mercado interior de forma casi insoportable.
No se conoce el caso de ni un solo español que no añore los tiempos de la peseta y si en una de esas encuestas que circulan por el país, fueran preguntados a cerca de este tema, probablemente más de un 90% de los consultados, estarían dispuestos a volver a la antigua moneda y por supuesto, a los precios establecidos en el momento en que dejó de existir.
¿Y qué ocurre si hay que abandonar el euro? Tratándose de una acción colectiva, tampoco sería tan grave tener que volver a entendernos efectuando cambios monetarios en las transacciones comerciales y no se acaba de entender las razones de los grandes expertos para contemplarlo como un desastre calamitoso, a no ser que se oculten tras la opinión motivos escabrosos.
De igual modo que se montó el proceso para la llegada del euro y se anduvieron caminos para la reunificación de los caudales hasta conseguir exactamente lo que ahora tenemos, podría desandarse lo andado y aceptar más pronto que tarde el estrepitoso fracaso que la idea ha traído a nuestras vidas, que se han convertido en un sobresalto permanente y en muchos casos, en una pesadilla ineludible.
Los sueños de superar la fortaleza del dólar americano, alimentados por las ínfulas faraónicas de la canciller alemana y todos los partidos conservadores de Europa, han terminado por esquilmar las arcas de los estados, denigrar a los ciudadanos, terminar con derechos adquiridos durante siglos por los trabajadores y hacer cambiar las ideologías hacia un modelo de sociedad basada únicamente en una economía de mercado de imprevisibles consecuencias.
Se puede vivir sin el euro. Ya lo hacíamos antes y podemos volver a hacerlo, porque a pesar de que los líderes que nos gobiernan parecen haberlo olvidado, los países los forman las sociedades que los habitan y no los altibajos de las bolsas, ni los tipos de dinero puestos en circulación.
Si la desaparición del euro pudiera representar una posibilidad para una salida airosa de esta crisis eterna, cualquier pérdida de tiempo en iniciar el proceso de su retirada, tendría que ser considerada una traición para cada uno de nosotros.
martes, 27 de septiembre de 2011
El cambio catalán
Cuando los catalanes con su voto, decidieron cambiar a Montilla por el nacionalista moderado Mas, no esperaban tener que enfrentarse a los duros recortes sociales aplicados ahora por este líder carismático, que basó su campaña en una defensa a ultranza de los valores específicamente territoriales y en una critica feroz a la gestión que de la crisis habían hecho sus antecesores en el cargo.
El recuerdo de la anterior etapa de Convergencia en el poder no era otro que el de los éxitos de Pujol ante los gobiernos de Madrid y las etapas de bonanza disfrutadas bajo la batuta de quien supo aprovechar el hecho de ser la llave necesaria para abrir cualquier puerta en el Congreso y el ingrediente para que todas las salsas alcanzaran una cierta consistencia.
Sin embargo parece olvidarse que la procedencia real de este grupo mayoritariamente votado y deseado en Catalunya, no es otra que el conservadurismo de una burguesía, más cercana a las teorías asociadas al capitalismo, que a ideologías de izquierdas, a pesar de sus declarados deseos de independencia.
Ahora, las promesas electorales, las arengas inflamatorias a favor de una identidad plena, las reclamaciones permanentes de una mayor autonomía, las exigencias lingüísticas y todo lo repetido hasta la saciedad en los últimos años, ha quedado ensombrecido por los efectos de la crisis y ha dado paso a una serie de medidas recaudatorias que superan, con creces, las aplicadas por el nefasto Zapatero, en su última etapa como presidente.
El afán de los ahora dirigentes catalanes parece encaminarse exclusivamente, a sectores absolutamente imprescindibles para el buen funcionamiento de la sociedad y se ceba de manera contumaz con los trabajadores adscritos a la sanidad pública, cuyo funcionamiento ya han criticado los líderes convergentes en múltiples ocasiones, atreviéndose incluso a proponer un sistema de copago en el ámbito de su territorio.
Primero comenzaron cerrando las urgencias de ciertos ambulatorios durante las tardes y ahora tratan de arremeter contra los sueldos del personal, exigiendo una colaboración desmedida por su parte en la resolución de una crisis que no provocaron y ahogando su derecho inalienable a recibir un salario digno a cambio del trabajo realizado, como fijan las leyes universales de las relaciones laborales.
La semejanza con las medidas adoptadas por el Partido Popular en las Comunidades Autónomas que gobierna, en su caso con los docentes, es innegable y deja en evidencia que en el fondo, las doctrinas de los dos partidos van en paralelo, en cuanto al modelo de sociedad que desean para el futuro de los ciudadanos.
No se alcanza a entender qué ha ganado Catalunya en el cambio de gobierno y si realmente merecen la pena ciertas pérdidas irrecuperables en cuestión de derechos elementales para la supervivencia personal de los habitantes de sus pueblos.
Porque ahora, probablemente puedan hablar con mayor libertad su idioma y exhibir los símbolos patrios con toda suerte de lujos desde los balcones de los ayuntamientos, pero si la enfermedad les ataca en horario nocturno, por ejemplo, la dificultad para encontrar un centro en el que ser atendidos será infinitamente mayor que en cualquier lugar de España.
El agravio comparativo practicado contra su propia gente por Mas, atacando de pleno los logros conseguidos durante años de lucha obrera, merece una respuesta contundente, sin posible negociación, ni concesiones a su tiránica conducta. Tal vez lo próximo sea un intento de privatización del sector y la retirada total de subvenciones a cualquier obra social que dependa de su gobierno.
El recuerdo de la anterior etapa de Convergencia en el poder no era otro que el de los éxitos de Pujol ante los gobiernos de Madrid y las etapas de bonanza disfrutadas bajo la batuta de quien supo aprovechar el hecho de ser la llave necesaria para abrir cualquier puerta en el Congreso y el ingrediente para que todas las salsas alcanzaran una cierta consistencia.
Sin embargo parece olvidarse que la procedencia real de este grupo mayoritariamente votado y deseado en Catalunya, no es otra que el conservadurismo de una burguesía, más cercana a las teorías asociadas al capitalismo, que a ideologías de izquierdas, a pesar de sus declarados deseos de independencia.
Ahora, las promesas electorales, las arengas inflamatorias a favor de una identidad plena, las reclamaciones permanentes de una mayor autonomía, las exigencias lingüísticas y todo lo repetido hasta la saciedad en los últimos años, ha quedado ensombrecido por los efectos de la crisis y ha dado paso a una serie de medidas recaudatorias que superan, con creces, las aplicadas por el nefasto Zapatero, en su última etapa como presidente.
El afán de los ahora dirigentes catalanes parece encaminarse exclusivamente, a sectores absolutamente imprescindibles para el buen funcionamiento de la sociedad y se ceba de manera contumaz con los trabajadores adscritos a la sanidad pública, cuyo funcionamiento ya han criticado los líderes convergentes en múltiples ocasiones, atreviéndose incluso a proponer un sistema de copago en el ámbito de su territorio.
Primero comenzaron cerrando las urgencias de ciertos ambulatorios durante las tardes y ahora tratan de arremeter contra los sueldos del personal, exigiendo una colaboración desmedida por su parte en la resolución de una crisis que no provocaron y ahogando su derecho inalienable a recibir un salario digno a cambio del trabajo realizado, como fijan las leyes universales de las relaciones laborales.
La semejanza con las medidas adoptadas por el Partido Popular en las Comunidades Autónomas que gobierna, en su caso con los docentes, es innegable y deja en evidencia que en el fondo, las doctrinas de los dos partidos van en paralelo, en cuanto al modelo de sociedad que desean para el futuro de los ciudadanos.
No se alcanza a entender qué ha ganado Catalunya en el cambio de gobierno y si realmente merecen la pena ciertas pérdidas irrecuperables en cuestión de derechos elementales para la supervivencia personal de los habitantes de sus pueblos.
Porque ahora, probablemente puedan hablar con mayor libertad su idioma y exhibir los símbolos patrios con toda suerte de lujos desde los balcones de los ayuntamientos, pero si la enfermedad les ataca en horario nocturno, por ejemplo, la dificultad para encontrar un centro en el que ser atendidos será infinitamente mayor que en cualquier lugar de España.
El agravio comparativo practicado contra su propia gente por Mas, atacando de pleno los logros conseguidos durante años de lucha obrera, merece una respuesta contundente, sin posible negociación, ni concesiones a su tiránica conducta. Tal vez lo próximo sea un intento de privatización del sector y la retirada total de subvenciones a cualquier obra social que dependa de su gobierno.
lunes, 26 de septiembre de 2011
El príncipe azul era memo
El peor momento en la vida de una mujer moderna es aquel en el que descubre que el joven audaz, inteligente y rápido de reflejos del que se enamoró, es en realidad, el mayor inútil de todos los habitantes del planeta tierra y que todas sus virtudes intelectuales están puestas al servicio exclusivo de aquellas funciones que verdaderamente le interesan.
Todo va bien mientras las relaciones se reducen a pasar algún tiempo enfrascados en la fase del cortejo, en la que todo adquiere un maravilloso color rosa, aderezado por los periodos de ardorosa pasión, que suelen venir acompañados de promesas de amor eterno y ramalazos de sensibilidad casi “femenina”, que encandilarían al ogro más feroz, provocándole una imagen idílica del príncipe azul que han tenido la suerte de encontrar, pero el espejismo no tardará sin duda en desaparecer, en el mismo instante en que se traspasan las puertas del hogar común y la vida cotidiana da síntomas de que el desorden que genera la convivencia, empieza a necesitar un repaso.
El primer aviso de la idiotez repentina que los asalta es el de una ceguera patológica para observar cualquiera de las manifestaciones de suciedad doméstica, evidentes para las personas que no desee pasar la vida en una pocilga moderna y sean conscientes de la urgente e ingrata necesidad de ponerse en marcha para remediarlo.
Sin embargo, toda la inteligencia que nos enamoró en el momento en que les conocimos, queda reducida a la nada, en cuanto se les habla de poner a funcionar cualquiera de los electrodomésticos que nos hacen la vida más fácil, tratando de establecer un turno de trabajo, para mantener cierto orden lógico, cuando se regresa del destino laboral que se tuviere, al dulce hogar que ambos habitan, ya sin demasiada armonía.
De pronto, regresan a una etapa de parvulario en la que necesitan que se les repitan hasta la saciedad sus obligaciones domésticas, sufriendo de una amnesia generalizada bastante inexplicable en la triste rutina de los trabajos de casa, adoptando una actitud infantil, con alguna que otra pataleta incluida, que nos lleva a tener que asumir el papel de madre severa, del que tanto despotricamos en nuestros años de adolescencia.
De nada vale condescender cayendo en la tentación de pensar que hay posibilidades de una negociación pacífica, que dé como resultado un entente cordial entre las partes, porque para cuando se trata de iniciar el proceso, la responsabilidad adquirida desde siempre por las féminas, ya ha dejado la casa como los chorros del oro, mientras ellos están aún empezando a digerir una situación en la que se sienten gravemente perjudicados, en cuánto a sus milenarios privilegios.
Derrotados en el sofá, suelen mirarte con ojos de cordero degollado rogándote indulgencia o bien buscan rápidamente una solución infalible para el problema, proponiendo la contratación inmediata de una empleada de hogar que les libre de tan insoportable maleficio.
Mientras, apuran la última camisa del armario sin acercarse a la peligrosa lavadora, abandonan media docena de latas vacías de cerveza en la encimera de la cocina, enrollan con la mayor habilidad la ropa interior usada, guardan celosamente las zapatillas bajo el sillón de la sala y son capaces de dormir en las mismas sábanas un par de meses, sin advertir el olor a sudor de la almohada en la que recuestan la cabeza, ni la acumulación de pelos en el lavabo, tras dos o tres semanas sin pasar una triste bayeta.
Los cristales, la plancha, el polvo de los muebles y por supuesto la cocina, son elementos inexistentes borrados de la realidad, con una especie de extraño mecanismo mental elaborado artesanalmente, en uno de los muchos ratos de ocio que disfrutan mientras tú pasas un aspirador cuyo ruído, ni siquiera les molesta.
La encrucijada llega cuando empiezas a preguntarte cómo no fuiste capaz de darte cuenta de la patente idiotez que sufría en cuanto empezasteis a conoceros y sobre todo, cómo soportas tu absurda esclavitud ,al servicio de un memo sin ánimo de llegar a aprender ninguna de estas banalidades, pero super preparado en materias profesionales que dejarían boquiabierto a cualquier mortal de mediana inteligencia que quisiera aproximarse a ellas.
Nada peor que asumir el conformismo disparatado de pensar que las cosas no tienen arreglo, porque el deseo de hegemonía latente en cada varón desde la cuna, se pone en movimiento provocando un efecto diametralmente opuesto al deseado y entonces, además de no colaborar, sale a la luz el derecho a exigir categóricamente aquel orden natural de las cosas que nunca dieron síntomas de comprender, en su extraña manera de aplicar la igualdad entre los sexos.
Ante la inexistencia en el mercado de manuales explicativos para esta desastrosa experiencia, a la mujer sólo le queda la opción de armarse de paciencia y echar mano de sus habilidades pedagógicas para, a través de una psicología elemental y siempre después de su jornada laboral, ir instruyendo al inútil hasta colocarlo a un nivel aceptable, para poder mantener la convivencia que un día decidió iniciar a su lado.
Claro que todo se vuelve a desmoronar en cuanto la televisión da un partido de fútbol de cierto interés, que coincide con el horario planificado para la limpieza de los baños, pongo por caso. Las prioridades en estos asuntos, están perfectamente claras, e incluso no cuesta nada poner en la mesa todo lo necesario con anticipación, no olvidando, como suele ocurrir cada día, ni uno solo de los utensilios ni viandas necesarias.
Y todo se complica mucho más, en cuanto aparecen los hijos, pero para entonces, ya nadie cree en la existencia de los príncipes azules y las princesas rosa se ponen negras, sin excepción, con la idea de tener que añadir una nueva tarea ineludible a la vida multifuncional a la que llegaron totalmente engañadas cuando las atrapó el hechizo del enamoramiento.
domingo, 25 de septiembre de 2011
El peor presidente
Se marcha Zapatero con el regusto amargo de no haber cumplido con las perspectivas que de él se esperaban, por parte de la ciudadanía, y dejando al partido que representa en la peor situación electoral conocida, desde que Felipe Gonzalez irrumpió en el panorama político español, arrasando con su magnifico verbo, en el recién estrenado parlamento democrático, en 1977.
Ya se había retirado, de facto, de todos los eventos significativos del país, forzado al ostracismo por la mala imagen adquirida en los últimos tiempos de su mandato, en un intento desesperado por salvar los pocos enseres que quedan en el barco que ha pilotado hasta ahora, y con el beneplácito de todos y cada uno de sus oponentes, deseosos de abordar la nueva carrera electoral que culminará en los comicios del 20 de Noviembre.
Se lo ha puesto difícil al sucesor, con sus veleidades incomprensibles y sus reformas lesivas para la clase trabajadora, haciendo que cualquier esfuerzo que se quiera emprender sea ya prácticamente inútil y colocando a los conservadores del partido popular en la situación más ventajosa vivida en toda su lucha por un poder, que probablemente obtendrán ahora sin el menor esfuerzo.
Carece de argumentos que puedan producir un vuelco electoral imprevisto, pues los más de cuatro millones de desempleados que avalan su gestión de la crisis, son una verdad incontestable que hará que se le recuerde como el peor presidente de la historia y su falta de autonomía ante los mandatos de la clase capitalista pesarán siempre como una losa en la conciencia de los indignados ciudadanos, que tardarán años en olvidar de parte de quién les vino tener que lidiar con un presente irrespirable, para poder sobrevivir a su propia decepción, sin perspectivas de futuro.
Cierra con su marcha deseada por todos, una legislatura truculenta en la que los sobresaltos diarios se han terminado convirtiendo en una rutina para una población que ha visto descender sus posibilidades hasta los infiernos y aumentar su decepción con la clase política, a la que ya considera como un ente lejano, dedicado en exclusiva a un ejercicio de corrupción permanente y despreocupado en su totalidad, de la resolución de los conflictos colectivos, que por su oficio, les tocaría defender.
Dice que sentirá nostalgia, sin aclarar si será de los años de bonanza personal que ahora deja, o de los buenos contactos establecidos con sus amistades peligrosas de más allá de nuestras fronteras, pero es un hecho tristemente consumado que los españoles deseaban su partída fervientemente y que nadie deseará, como sucediera en otras ocasiones, su vuelta, ni siquiera como asesor, en uno de esos comités que suelen crearse alrededor de cada nuevo presidente.
No se da cuenta de hasta qué punto ha puesto en entredicho la ideología de sus correligionarios, haciendo caer uno a uno los principios del socialismo, mientras se acercaba cada vez más a los enemigos naturales de sus creencias y condenando al abandono a quienes creyeron en él, con ilusión, en aquellas elecciones de 2004, tras los atentados de Madrid.
No es que haya decepcionado a sus electores, los ha defraudado, pisoteado, exprimido y vejado hasta la saciedad, para regocijo de una sádica Europa, empeñada en dirigir los destinos individuales de las naciones, hacia un nuevo modelo de sociedad, más cercana a los mercados de valores, que a los valores de las personas.
Nos deja a todos mucho más pobres de lo que nos encontró, luchando denodadamente por encontrar un empleo precario con el que poder liquidar la lujosa hipoteca que se nos vendió, cuando nos alimentaban la ilusión de que podíamos ser ricos y con la amenaza diaria de perder ciertos derechos adquiridos, como una sanidad universal o una enseñanza gratuita.
Y sobre todo deja en nosotros la desolación inconsolable de no saber a quién otorgar la confianza que nos ha sido escamoteada concienzudamente, con cada una de las medidas adoptadas en nuestro perjuicio durante su mandato de terror, al servicio de los intereses de los poderosos.
Así que no podemos, en conciencia, desearle lo mejor. Podríamos, eso sí, querer para él, el mismo destino incierto que disfrutamos ahora, gracias a su gestión, todos los españoles y que, dada su edad, no vuelva a encontrar trabajo en su vida, como miles de padres y madres de familia, obligados a malvivir con su subsidio de hambre y toda la indignidad que les ha traído su nefasta visión de los acontecimientos.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Matar la información
El intento de censurar los contenidos de los informativos en la televisión pública por parte de los partidos mayoritarios, constituye sin duda, el atentado más grave contra la libertad de expresión ocurrido desde la llegada de la democracia, tras la muerte de Franco.
La manipulación sufrida por los medios de comunicación en los últimos tiempos, su falta de veracidad y objetividad en el lanzamiento de noticias, siempre teñidas por un claro partidismo, según quién las publica, se vería ahora incrementado en un porcentaje elevadísimo, si el medio público que costean los impuestos de los españoles, es obligado a pasar una criba antes de llegar a una gran mayoría de espectadores, que hacen de la televisión, su única vía de conexión con la actualidad y depositan su confianza en la relativa veracidad de los contenidos que contemplan.
Uno de los primeros síntomas de todas las políticas autoritarias es siempre el asesinato de la libertad de expresión y la toma de los entes públicos como correas de transmisión de las noticias que interesa difundir a estos regímenes.
Conseguir el derecho a la libra expresión en nuestro país, fue una carrera ardua, que contó con el apoyo de numerosos profesionales en la sombra, ansiosos de poder contar al mundo la auténtica realidad que se vivía en España y que ahora podrían verse de nuevo amenazados por la manipulación política de su pensamiento, si ésta iniciativa aberrante sale adelante, sin que se sepa bien su auténtica procedencia.
Eliminar contenidos de los informativos, suprimir noticias, o simplemente dar o negar permisos para que lleguen al televidente, constituye un comportamiento claramente dictatorial y choca frontalmente con el espíritu natural de cualquier democracia que se precie y más aún, cuando corren malos tiempos para la política.
Quizá se trate de ocultar los muchísimos casos de corrupción que sacuden a diario el país, manchando las siglas de los partidos mayoritarios, o de esconder el servilismo denigrante que practican nuestros dirigentes en Europa, o el fracaso estrepitoso de sus medidas contra una crisis a la que no se le ve el fin.
Pero la respuesta de los profesionales del ente público ha de ser contundente, ya que si permitieran que se cortaran las alas a la información, o transigiesen con transmitirla sesgada, constituiría un colaboracionismo inaceptable con los censores y una traición a sus seguidores, difícil de perdonar en un futuro.
No han tardado en alzarse las voces de ilustres periodistas, indignados por la injerencia intolerable de los políticos en su campo, negándose de plano a admitir la vigilancia sobre los contenidos que ofrecen y sobre la orientación que da a los mismos el informador que los investiga y los expone.
Pero es significativo que algo así haya podido siquiera sugerirse y peligroso pasar por alto este atentado manifiesto hacia el derecho a la información libre que cada uno de los ciudadanos tiene.
La manipulación sufrida por los medios de comunicación en los últimos tiempos, su falta de veracidad y objetividad en el lanzamiento de noticias, siempre teñidas por un claro partidismo, según quién las publica, se vería ahora incrementado en un porcentaje elevadísimo, si el medio público que costean los impuestos de los españoles, es obligado a pasar una criba antes de llegar a una gran mayoría de espectadores, que hacen de la televisión, su única vía de conexión con la actualidad y depositan su confianza en la relativa veracidad de los contenidos que contemplan.
Uno de los primeros síntomas de todas las políticas autoritarias es siempre el asesinato de la libertad de expresión y la toma de los entes públicos como correas de transmisión de las noticias que interesa difundir a estos regímenes.
Conseguir el derecho a la libra expresión en nuestro país, fue una carrera ardua, que contó con el apoyo de numerosos profesionales en la sombra, ansiosos de poder contar al mundo la auténtica realidad que se vivía en España y que ahora podrían verse de nuevo amenazados por la manipulación política de su pensamiento, si ésta iniciativa aberrante sale adelante, sin que se sepa bien su auténtica procedencia.
Eliminar contenidos de los informativos, suprimir noticias, o simplemente dar o negar permisos para que lleguen al televidente, constituye un comportamiento claramente dictatorial y choca frontalmente con el espíritu natural de cualquier democracia que se precie y más aún, cuando corren malos tiempos para la política.
Quizá se trate de ocultar los muchísimos casos de corrupción que sacuden a diario el país, manchando las siglas de los partidos mayoritarios, o de esconder el servilismo denigrante que practican nuestros dirigentes en Europa, o el fracaso estrepitoso de sus medidas contra una crisis a la que no se le ve el fin.
Pero la respuesta de los profesionales del ente público ha de ser contundente, ya que si permitieran que se cortaran las alas a la información, o transigiesen con transmitirla sesgada, constituiría un colaboracionismo inaceptable con los censores y una traición a sus seguidores, difícil de perdonar en un futuro.
No han tardado en alzarse las voces de ilustres periodistas, indignados por la injerencia intolerable de los políticos en su campo, negándose de plano a admitir la vigilancia sobre los contenidos que ofrecen y sobre la orientación que da a los mismos el informador que los investiga y los expone.
Pero es significativo que algo así haya podido siquiera sugerirse y peligroso pasar por alto este atentado manifiesto hacia el derecho a la información libre que cada uno de los ciudadanos tiene.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Sin perdón
Desoyendo las súplicas del mundo, anoche era ejecutado en Estados Unidos Troy Davis, tras esperar veinte años en el corredor de la muerte, acusado de asesinar a un policía.
Como en casos anteriores, las irregularidades halladas en los juicios celebrados contra el reo ,no han sido consideradas suficientes para anular la sentencia que ha terminado con su vida, en un acto incomprensible en un país, que dice ser el más civilizado en el ranking del universo.
La permanencia incomprensible de la pena de muerte en varios Estados americanos se convierte una vez más en motivo de enfrentamientos entre sus propios ciudadanos, en muchos casos testigos de la muerte de personas cuya inocencia pudo probarse tras su ejecución, haciendo tambalearse la firmeza de una justicia empecinada en conservar penas más propias de hace varios siglos.
En clara contraposición con el afán de modernización pretendido por la nación más poderosa del mundo, el triunfo de las teorías ultraconservadoras que se oponen diametralmente a la desaparición de la pena máxima y a su conmutación por la cadena perpetua, coloca en una situación de difícil credibilidad a sus máximos dirigentes, que no consiguen con el paso del tiempo, terminar con esta lacra inhumana y que aún se vanaglorian de mantenerla.
No hay que olvidar que la mayoría de los reos finalmente enfrentados a la inyección letal, pertenecen a grupos de clara exclusión social e incluso en muchos casos, se trata de individuos diagnosticados como enfermos mentales, para los que la ley no contempla el perdón, ni es capaz de abrir una vía médica que los rehabilite en su relación con la sociedad.
Los abogados de Davis, que han conservado la esperanza de salvar su vida hasta ayer por la tarde, contaban a su favor con el cambio de declaraciones de varios testigos y con una serie de anomalías cometidas en el proceso, que ya nunca podrán ser aclaradas, una vez consumada la tragedia.
Troy Davis, ha entrado fatalmente a formar parte de una larga lista de presos víctimas del asesinato de estado y no habrá vuelta atrás para él, aún cuando pudiera ahora ser probado un error en la sentencia.
Un estado que no es capaz de demostrar clemencia con uno de los suyos, jamás podrá ser referente para el resto de la humanidad, ni podrá considerarse preparado para administrar ningún tipo de justicia, en ninguno de los conflictos en que se encuentre inmerso.
Como en casos anteriores, las irregularidades halladas en los juicios celebrados contra el reo ,no han sido consideradas suficientes para anular la sentencia que ha terminado con su vida, en un acto incomprensible en un país, que dice ser el más civilizado en el ranking del universo.
La permanencia incomprensible de la pena de muerte en varios Estados americanos se convierte una vez más en motivo de enfrentamientos entre sus propios ciudadanos, en muchos casos testigos de la muerte de personas cuya inocencia pudo probarse tras su ejecución, haciendo tambalearse la firmeza de una justicia empecinada en conservar penas más propias de hace varios siglos.
En clara contraposición con el afán de modernización pretendido por la nación más poderosa del mundo, el triunfo de las teorías ultraconservadoras que se oponen diametralmente a la desaparición de la pena máxima y a su conmutación por la cadena perpetua, coloca en una situación de difícil credibilidad a sus máximos dirigentes, que no consiguen con el paso del tiempo, terminar con esta lacra inhumana y que aún se vanaglorian de mantenerla.
No hay que olvidar que la mayoría de los reos finalmente enfrentados a la inyección letal, pertenecen a grupos de clara exclusión social e incluso en muchos casos, se trata de individuos diagnosticados como enfermos mentales, para los que la ley no contempla el perdón, ni es capaz de abrir una vía médica que los rehabilite en su relación con la sociedad.
Los abogados de Davis, que han conservado la esperanza de salvar su vida hasta ayer por la tarde, contaban a su favor con el cambio de declaraciones de varios testigos y con una serie de anomalías cometidas en el proceso, que ya nunca podrán ser aclaradas, una vez consumada la tragedia.
Troy Davis, ha entrado fatalmente a formar parte de una larga lista de presos víctimas del asesinato de estado y no habrá vuelta atrás para él, aún cuando pudiera ahora ser probado un error en la sentencia.
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