jueves, 25 de noviembre de 2010

Con la fecha en los talones





La búsqueda de temas que tratar, cuando los argumentos personales te apabullan y te dejan sin tiempo para dedicarlos a cuestiones generales, resulta ardua, sobre todo si el cansancio acumulado en los días anteriores, sobrepasa los límites de la imaginación y te dejan fuera de onda, sin remisión posible.
Siento pena de tener que hojear la prensa sin detenerme en artículo alguno, tener que pasar ampliamente de poder escuchar la radio o darme cuenta que cuando enciendo la televisión para ver los informativos, ya han llegado a los deportes.
La marcha vertiginosa de los acontecimientos familiares, definitivamente va a poder conmigo, pues ya no sé si voy o vengo, me estalla la agenda de cosas por hacer, y ni siquiera puedo renunciar a mis obligaciones domésticas porque mi sentido de la responsabilidad, creo que me hace ser mucho más tonta de lo que hasta ahora había creído.
Quiero que pase el tiempo y poder retomar una dulce rutina que me permita reencontrarme con mi yo, de forma apacible, sin sobresaltos de última hora, sin la incertidumbre de no saber qué me deparará el mañana o dónde acabarán mis pobres y mancillados huesos al final de la jornada.
Quiero que alcancemos de nuevo la estabilidad que tanto nos había costado conseguir y volver a ser una persona normal, morirme de aburrimiento si me da la gana, e incluso hacer un viajito, con mi ya regresado compañero, en el que disfrutar de la belleza de un simple paisaje, en el rincón más recóndito de nuestra maravillosa geografía.
De todas formas, he caído en la cuenta de las cosas que soy capaz de hacer por amor, filial en este caso, y hasta me siento orgullosa cuando echo la vista atrás y miro la transformación que ha experimentado mi vida, sobre todo en el último mes.
Creo que encima, vamos a tener una boda pasada por agua, si las previsiones meteorológicas no fallan, y es bastante probable que pesquemos un resfriado, pues se aproxima una ola de frío polar, nada compatible con nuestras galas de finas gasas y los zapatos de corte veraniego que luciremos en el evento.
Ya os contaré. Emitiré un gran suspiro, me calzaré mis imprescindibles zapatillas, me daré un corte de pelo de los que hacen época y volveré a reconocerme en el espejo, afortunadamente. Retomaré con avidez la lectura, me engancharé de nuevo al tren del mundo, me cabrearé un poco todos los días, como siempre, con las injusticias, con los capitalistas, con la banca, con la iglesia, con el alcalde de mi pueblo y su subida de impuestos, con los políticos, con los corruptos, con la televisión basura, con la manipulación descarada de los medios, con los prepotentes, con los ineptos, con las instituciones, con la puta legislatura y los señores que la practican, con los ladrones de esperanza y, cómo no, con la maldita crisis y sus efectos, pero regresaré a mi camino y lo haré a mi manera.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Unas gotitas de apatía

Todo el País está pendiente del resultado de las elecciones catalanas. Naturalmente, nos preocupa el conflicto de Corea y sólo algunos con cierta conciencia social, mantenemos la mirada en Haití y la terrible epidemia de cólera, que azota, como siempre, a los más desfavorecidos, redundando en la ya terrible desgracia de este pueblo, que continúa hacinado en las calles, sin resquicio alguno de que la ayuda internacional tenga algún efecto sobre su tragedia.
Nuestros políticos andan a la caza de descubrir los trapos sucios de los demás, a la gresca, sin percatarse los ahora gobernantes, de sus ínfimas posibilidades de victoria, los populares, con un ego excesivamente subido, celebrando una mejora en votos bastante improbable, y Convergencia intentando atar cabos por si tras su, muy previsible triunfo, le hiciera falta pactar para hacerse con la presidencia de la Generalitat.
Ni buscando afanosamente en los anales de nuestra más reciente historia, encontraríamos una situación parecida a la que vivimos en la actualidad. Primero, porque jamás habíamos padecido una crisis tan grande, y en segundo lugar, porque la pérdida casi total de ideología de estos contendientes por alcanzar el poder, tampoco había sido nunca tan evidente.
Quiero confesar que por primera vez, ni siquiera estoy pendiente de los discursos de campaña. Son todos en el fondo tan iguales, que no responden, para nada, a las perspectivas que, en mi imaginación se cuecen, para resolver el único problema que, realmente, preocupa en la calle y que no es otro, que la desorbitada cifra de parados que colapsan las oficinas del INEM, a la búsqueda de alguna posibilidad de poder ganarse el pan con el sudor de la frente.
La bolsa se arrastra por su reluciente parquet, en espera de un milagro económico que el sistema no es capaz de producir y nuestras esperanzas de mejora, al depender enteramente de los magnates capitalistas, no auguran buenos vientos para la clase obrera.
Y en estas estamos, todos metidos en un mismo paquete de desilusión, que tal vez se reflejen dejando una grave abstención en los comicios que se avecinan, demostrando el desinterés general que suscitan en nosotros los políticos y la desconfianza en su gestión que nos embarga sin remedio.
No está previsto que suceda nada que pueda, de momento, cambiar la situación. Ni siquiera la visita de Benedicto XVI, parece haber causado el menor efecto, al alza, en nuestra paupérrima economía y hasta el nuevo ministro de trabajo ha sido ya abducido por el efecto Zapatero y ha empezado a afirmar que la reforma de las pensiones, resulta estrictamente necesaria.
En casa, pasado mañana se nos casa la niña y han empezado a llegar los primeros invitados, mermando considerablemente mi tiempo para dedicarlo a escribir en esta pequeña ventana que compartimos. Me vais a disculpar la apatía, pero ahora he de pensar, por decreto, sólo en la banalidad de estar lo más bella posible el día del enlace. Se lo debo a mi hija y pienso conseguirlo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Vientos de contienda




La lluvia pertinaz con que nos saluda este Otoño, que no nos permite disfrutar de dos días seguidos de sol y nos obliga a refugiarnos en casa, buscando un calor mucho más propio del invierno, acaba por minar un poco el ánimo, ya tocado por las malas noticias que se producen a nuestro alrededor, como si nos hubiera tocado vivir una de esas rachas nefastas de las que no se sale nunca.
Hoy los coreanos se atacan los unos a los otros, por si no hubieran tenido ya bastante con aquella guerra, que nos suena lejana, y que sólo conocemos ligeramente, por la mención que a ella se hace en algunas películas americanas.
La palabra guerra, tiene espantosas connotaciones de dolor y de espanto. Es igual dónde se produzca, nos pille o no cercana, siempre deja tras de sí un reguero de vidas rotas, de inocencias violadas y de un terror insuperable hacia nuestra misma especie, que roza los límites de la razón con su inexplicable cadena de violencias.
Poco importará hoy a los coreanos que haya bajado la bolsa en España a causa del hundimiento económico de Irlanda, o si la madre iglesia autoriza o no el uso del preservativo en casos muy contados, sin el apoyo de su curia más recalcitrante. Hoy, a los coreanos, seguramente, lo único que les preocupará será encontrar un rincón donde sobrevivir a su propia tragedia e incluso hallar una remota posibilidad de huir hacia pacíficos territorios donde no les roce, siquiera, su enquistado conflicto.
Oigo deslizarse la lluvia a través de los cristales, con una exagerada melancolía y me invade una sensación de profunda tristeza al comprobar lo poco que hemos aprendido los seres humanos en tantos años de existencia.
¿Qué puede ser tan grave que nos lleve a tomar entre las manos un arma y acabar con la vida de otro, como demostración de un odio ancestral que ni siquiera termina cuando la persona que teníamos enfrente exhala su último suspiro? ¿Qué clase de enseñanza hemos sido capaces de asimilar si aún cuando contemplando, en vivo y en directo, las atrocidades que somos capaces de hacernos, no se nos mueve la conciencia para dar un paso atrás y recapacitar sobre nuestros actos?
¿A quien interesa realmente que se diezme la población mundial como para dedicar su tiempo a recrudecer viejos rencores hasta hacerlos desembocar en un alzamiento armado donde probar cualquier artilugio letal de inquietantes repercusiones posteriores?
Verdaderamente, el maldito mundo se mueve exclusivamente por intereses económicos y aquellos que se hallan en su cima, en otra dimensión que el resto de los mortales, aquellos que ni siquiera se detienen ya a contar sus desorbitados beneficios, son .desgraciadamente, los amos de nuestro triste universo.
Y aunque lo sabemos, la ratonera en que nos encontramos atrapados tiene un candado exageradamente grande para nuestras frágiles manos de tristes trabajadores y es tal nuestra simpleza, que comprender los entresijos del sofisticado engranaje de estos seres sin rostro, escapa, literalmente, de nuestras posibilidades de entendimiento, humanas y limitadas, al fin, sin la maldad necesaria para hacer de nuestros semejantes, juguetes rotos con los que enriquecernos y divertirnos.
Entre tanta mala conciencia, alguien ha repartido a los niños de Afganistán ejemplares de “El principito”, traducido a su lengua. Un bello gesto que quizá pueda darles una perspectiva del mundo diferente a la que ven diariamente en los humildes poblados en los que sobreviven: que en el mundo, además de la guerra existen valores por los que merece mucho más la pena luchar, el amor y la amistad, por ejemplo. Tal vez también debieran hacerlos llegar a los poderosos.




lunes, 22 de noviembre de 2010

Paradojas clericales

¡Alabado sea Dios! Al fin se han abierto los ojos cerrados de la más alta jerarquía de la Iglesia Católica, apostólica, romana y su máxima autoridad en la tierra, habiendo recapacitado largamente, ha descubierto las ventajas del uso del condón, eso sí, sólo en determinadas situaciones.
Desde que la propagación del sida se relacionara directamente con la práctica de las relaciones sexuales sin protección, la postura inamovible del papado abogaba por la castidad, como único medio de no adquirir la enfermedad por contagio y sus ayudantes más cercanos, a saber, una masa ingente de carcamales ochentones que detentan el grado de cardenales u obispos, seguían a pies juntillas las instrucciones de su jefe, vociferando en contra de cualquier método anticonceptivo, ya que consideraban como función principal de la pareja, la procreación.
Y tampoco se han apeado ahora del burro, no vayan a creer, pues los casos excepcionales en que podría tolerarse el uso del preservativo, se refieren, literalmente, a aquellos en que se adopte el sexo como profesión, es decir, cuando anda de por medio la prostitución como medio de vida.
A poco que se reflexione sobre la noticia, se cae rápidamente en la cuenta, que se sigue considerando pecado mortal, atajar el paso de los espermatozoides cuando la relación la lleva a cabo una pareja normal, teóricamente limpia de cualquier acto moralmente reprobable, incluso santificada por el sacramento del matrimonio, que acude semanalmente a misa, que cuenta sus más elementales errores a su confesor y que cumple escrupulosamente sus dictados pero, por razones individuales, decide, por ejemplo, no concebir más hijos. Su vida ejemplar, a los ojos de los jerarcas vaticanos, se va directamente al garete, sin importar su intachable conducta anterior y su condenación está asegurada únicamente porque, a lo peor, su situación económica no es la más acertada para admitir a nuevos miembros en la unidad familiar o porque, acaso, uno de los dos es portador del VIH, por razones que ahora no vienen al caso, y no desea contagiar al otro.
Pero he aquí que la mano santa se abre milagrosamente si una mujer de la vida, pecadora impenitente, sin remilgos a la hora de meterse en la cama con cualquiera que le ofrezca una satisfacción económica, para hacer cosas que, seguramente, escapan a la santidad espiritual de los mandatarios vaticanos, y la magnanimidad se hace patente de manera repentina permitiendo que la infección no se propague a sus clientes que, desde luego, no son precisamente angelitos de la corte celestial y casi siempre arrastran consigo, una conducta de infidelidad nada grata para la vida familiar que proclaman a los cuatro vientos los señores vestidos de púrpura.
Nada dice el escrito de si la benevolencia papal llega también a los muchísimos casos de pederastia que están creciendo como hongos entre las filas de los que lidera. No estaría nada bien infectar a niños inocentes con una enfermedad relacionada muy directamente con las prácticas homosexuales, si se realizan sin la debida protección, y, desde luego, aquellos que llegan a la degradación de aprovecharse de los más débiles en un abuso indescriptible de autoridad, probablemente ya han recorrido un largo camino de aberraciones anteriores con las que podrían haber contraído el SIDA, por derecho.
No sé si ahora que se han abierto las puertas del cielo a determinados pecadores, los demás podremos pasar también, aunque sea por una rendija, al paraíso celestial que se nos ha negado sistemáticamente, simplemente por ser portadores de lesa humanidad. Tal vez se reblandezcan las oscuras e inquebrantables membranas de los corazones de quienes se creen con derecho a juzgarnos o a darnos unas lecciones de moralidad, que nunca son medidas con el mismo rasero cuando se trata de la curia.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Pánico en las aulas

El único delito que podría achacarse a los docentes sería el de intentar, por todos los medios, abrir camino a sus alumnos en su vida futura.
Por lo general, las personas que eligen la enseñanza como profesión, suelen ser idealistas vocacionales que sueñan con mejorar el nivel cultural de los jóvenes, a base de entrega y paciencia, pero el tópico extendido de que disfrutan de largas vacaciones y de cortas jornadas laborales, ha ido minando la idea que de ellos tiene la sociedad y, por añadidura, asentando en la mente de los estudiantes una falta de respeto que, en la mayoría de los casos, proviene íntegramente de los comentarios que oyen en sus casas.
Esa imagen grabada a fuego en el pensamiento general, sumada al desconocimiento de valores que nuestra juventud arrastra en los últimos años, a la soledad que padecen debido a la falta de tiempo que les dedican sus padres y a la protección exagerada que la ley les ofrece cuando cometen un delito, ha convertido la enseñanza en una carrera peligrosa, repleta de agresiones verbales y físicas, que ningún gobierno hasta ahora se atreve a atajar, en la medida que le corresponde.
La noticia de varios alumnos implicados en un tiroteo a las viviendas privadas de sus maestros, a pesar de la gravedad de los hechos, no es más que otro paso, en la interminable lista de actos deleznables, que a diario se producen en innumerables centros del país, en muchos casos, con la colaboración directa de unos progenitores que no son precisamente, un ejemplo para sus alterados hijos.
Si no se toman pronto medidas ejemplares que eviten radicalmente que estos hechos se sigan produciendo, al final llegaremos a encontrarnos frente a un problema similar al de la violencia de género, que ya nadie podrá parar, por muchos ministerios de ayuda que se saquen de la manga los políticos de turno, los mismos que ahora se inhiben, en su totalidad, de lo que se cuece en las aulas de todo nuestro territorio.
Casualmente, aún no se ha llegado a un resultado de muerte en la persona de un enseñante, pero según el cariz que están tomando los acontecimientos, no sería de extrañar que una noticia como esta, abriera el día menos pensado las portadas de todos los telediarios.
Quizá convendría aleccionar a unos padres excesivamente relajados con la educación de sus hijos, para que de una vez, asumieran que la educación de sus vástagos corresponde en exclusividad a quienes decidieron traerlos al mundo, y que la labor de los Colegios e Institutos, no es otra, más que la de ofrecer formación académica, siempre dentro de unas normas establecidas de respeto cívico.
En dos palabras: a los hijos hay que mandarlos a la Escuela ya educados, preocuparse de que, a ser posible, no sean portadores de armas blancas o de fuego, como en el episodio antes comentado, y desde luego, con la clara idea de que la persona que tienen enfrente, su profesor, no es un monigote del que mofarse, ni un colega al que insultar, ni una figura de papel con la que practicar el lanzamiento de cuchillos o el tiro al blanco.
La justicia, debe categóricamente proteger, sin fisuras, al profesorado y si para ello hay que cambiar una ley del menor que no satisface ya a nadie, ni demuestra beneficios para los no tan tiernos infantes, no quedará otro remedio que hacerlo, ya que la permisividad actual deja sólo la evidencia de una degradación de costumbres significativamente peligrosa.
El apoyo de las familias a los que se encargan de sus hijos a diario, debe ser total y la reprobación a lo medios utilizados por determinados bárbaros contra cualquier disciplina impuesta a quienes suelen ser un problema en casa y en la clase, ha de ser correspondida con medidas contundentes desde la inspección, que sólo parece preocuparse por alcanzar un porcentaje elevado de aprobados, dejando a sus trabajadores en la más completa indefensión.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Sin argumentos

Mientras el Presidente del País ofrecía toda suerte de explicaciones en el Parlamento, en un intento desesperado por justificar la cadena de errores que, durante su mandato, nos ha llevado a la cifra inaudita de cinco millones de parados, una prioridad personal, me llevaba a la última prueba médica que aún me quedaba por hacer, una resonancia del cráneo, y en cierto modo, me ahorraba el bochorno de ver en directo cómo todos los grupos del arco político, reprobaban por unanimidad la gestión de los socialistas en el poder.
De todas las acusaciones vertidas sobre el asunto, sólo Gaspar Llamazares, cuando le acusaba de haber traicionado su ideología, ha parecido quedar al margen de las encarnizadas luchas por el poder que se intuyen en los demás partidos.
No me cabe la menor duda de que el clamor por anticipar las elecciones, lleva consigo la idea fija de aprovechar el mal momento que atraviesa el PSOE, para conseguir el mayor número posible de representantes en la Cámara, haciendo leña del árbol caído.
Un presidente bastante más derrotista que de costumbre, se ha defendido con argumentos débiles porque posiblemente era consciente de la razón que asistía a sus detractores en todos y cada uno de sus discursos, acudiendo a los acostumbrados ataques salidos de tono que últimamente dedica desde su atalaya a quienes le contradicen, pero los datos terroríficos le acompañan como una sombra alargada que se ha pegado a sus pies, sin dejarlo desembarazarse de su nefasta influencia.
Tan triste me resulta el estrepitoso abandono de la preciosa doctrina que caracteriza al socialismo, que incluso, en cierto modo, he agradecido pasar un rato dentro de un claustrofóbico tubo de metal, sometida a la tortura de toda clase de ruidos estridentes, con tal de no asistir a la caída inevitable de este gobierno en el pozo de profunda oscuridad, al que va destinado sin remedio.
Las elecciones catalanas serán, probablemente, la primera de las pruebas evidentes del final de esta etapa caracterizada por el atropello a la dignidad de los trabajadores y si aún así, la actitud obstinada del señor Zapatero, no se apeara de las nefastas perspectivas con las que ya amenaza, todo lo que venga detrás le pasará factura y acabará pagando caro su alejamiento de las clases populares y su adoración por los oropeles de los magnates europeos.
Parece estar a la espera de tener en las manos los resultados de los comicios, como si no fuera capaz de creer, aún estando meridianamente claro, que somos víctimas de sus continuos errores, sin que lleguemos nunca a ver la luz.
Para completar, resulta escandaloso el silencio que guarda sobre la situación crítica que en estos días sufre el pueblo saharaui.
Al final, vamos a tener que pensar que elegimos en 2004 al hombre equivocado, que ni era realmente socialista, ni capaz de abarcar las labores que exige presidir un país, dada su negativa a ver u oír cualquier cosa que represente un problema.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tiro al negro

Los asesores del Partido Popular para los comicios catalanes, en un alarde de imaginación inaudita, han tenido la “feliz” idea, de crear un juego interactivo, en el que su candidata Alicia Sánchez- Camacho, convertida en una especie de heroína repartidora de justicia, va bombardeando todo aquello que molesta al ánimo, de natural caduco, de sus militantes, incluidos los emigrantes sin papeles que tanto molestan a la derecha.
Esta demostración de racismo, lanzada, creo, para medir la reacción de los electores, deja entrever una vez más, la cercanía ideológica que el principal partido de la oposición mantiene con las formaciones ultraderechistas que están resurgiendo en Europa.
Las críticas llovidas desde todos los flancos, no han dejado otra opción que acudir a la excusa del tan manido error de impresión, que viene a socorrer, junto con la visita de la protagonista del spot, a un grupo de emigrantes de color, a los ya poco afortunados militantes del PP catalán, tras haber quedado en evidencia a los ojos de los ciudadanos de bien.
Acudiendo a una memoria no demasiado lejana, resultará fácil recordar, la durísima oposición de los populares a todo lo que signifique abrir fronteras, su nacionalismo exacerbado con los símbolos que ellos consideran como patrios, y la machacona cantinela que protagonizaron cuando inventaron aquello del efecto llamada.
Además, mientras ayer se apresuraron a pedir disculpas por el dichoso jueguecito, el alcalde de Motril, perteneciente a sus filas por mas señas, desmantelaba un campamento chabolista de rumanos, al más puro estilo del presidente francés, ofreciendo a sus pobladores dinero para regresar inmediatamente a su país, sin dar otras opciones.
Si estas dos muestras de intolerancia no son puro racismo, si las actitudes demostradas por esta formación no discriminan con toda claridad a seres humanos que, por circunstancias de toda índole, se ven obligados a emigrar, no se me ocurre cómo definir esta actitud y me falta idioma para calificar dichas posturas inflexibles.
Y uno, que quiere convencerse de la civilización de la derecha, que con buena voluntad, desea alejar los recuerdos del pasado para intentar hacer un hueco en su mentalidad a los que proceden de otro tiempo y circunstancia, se ve continuamente obligado a volver la vista atrás, cuando suceden estas cosas, e incluso a retomar el convencimiento de que una cosa es la imagen que ofrecen de cara a la galería y otra, muy distinta, la que guardan en el cofre de su ideario más profundo.
No tienen, afortunadamente, ninguna posibilidad en Cataluña. Ellos lo saben, y nosotros también lo sabemos. Y si quedara alguna duda, yo les aclaro que estas elecciones, las va a ganar Convergencia y Unió, asentada en el corazón pequeño burgués de los catalanes, por muchas y variadas razones y que su intento de introducir el tiro al negro en su ya ridícula campaña electoral, no ha de traerles otra cosa, más que la consecuencia de dejar al descubierto su feroz xenofobia y su obsoleta posición ante un mundo que se nutre de todo tipo de seres humanos, de toda clase, raza o condición. Si leen con atención ese catecismo que tanto esgrimen en sus manifestaciones católico-apostólicas, seguramente aprenderán que su Dios ya militaba en un bando totalmente contrario al que ahora ellos predican.