lunes, 31 de mayo de 2010

Con los ojos vendados





En una prensa dividida por las corrientes de opinión, a menudo pienso que la única publicación a todas luces independiente del país es este humilde blog que me empeño en publicar cada mañana. Fieles al color de su ideología, los lectores se inclinan por los periódicos que las abanderan y desdeñan en su totalidad las otras opciones en la seguridad de que son absolutamente opuestas a sus propias tendencias.
Yo no se hasta que punto los periodistas contratados por las editoriales se ven obligados a seguir una línea en los contenidos de sus artículos, pero la impresión que vive desde fuera el observador, es que los uniformes partidistas han terminado por imponerse a la profesionalidad de los que se dedican a perseguir noticias.
Es casi imposible partir de una objetividad completa cuando uno se sienta a escribir y qué duda cabe que existe una influencia de la doctrina de cada cual que se refleja meridianamente en la narración personal de los hechos, pero el principio fundamental del periodista ha de ser primordialmente la búsqueda de la verdad y la constatación de lo que acaece sin atisbo de disfraces que maquillen los asuntos.
En esta andadura que me impongo como una obligación cotidiana y que se ha convertido en un motivo de ilusión pero también en un informe diario de la realidad que me rodea, enseguida he podido descubrir que no es posible estar siempre de acuerdo con una trayectoria determinada.
Indiscutiblemente, sería mucho más fácil contentar a los que coinciden en mi opinión general con soflamas demoledoras contra quienes se encuentran al otro lado de mi espectro ideológico, pero mi dignidad individual e innegociable, me obliga a la necesidad de criticar constructivamente a los que están cerca de mis posturas y también si el caso se diera, ensalzar las propuestas de quienes no coinciden con mi filosofía de la vida.
Debo a los se asoman a diario a mi ventana la honestidad de no caer en la tentación del engaño y la certeza de que mientras me leen estarán siempre inmersos en un mundo en el que no caben ni la insinceridad ni la sumisión a organismos manipuladores de las palabras que salen de mi pluma.
A menudo, ya lo he dicho en reiteradas ocasiones, me gustaría ser más optimista en el panorama con el que me levanto cada mañana, decir que nos espera un futuro mejor y que la confianza en los que me gobiernan me permite seguir con mi rutina en la seguridad de que son un ejemplo de decoro profesional y limpieza de miras pero sería incorrecto por mi parte maquillar la verdad creando falsas expectativas en quienes acceden a estas letras.
Esta lección tan sencilla de retener para quien apenas acaba de empezar en estos menesteres de la información, parece haber quedado relegada a un pasado en el que todavía el poder de la prensa radicaba fundamentalmente en contrastar la investigación para llevarla hasta los usuarios sin una pizca de manipulación o intrusismo.
Y es por eso que hoy quiero reivindicar que se puede y apelar a la conciencia de quien llega a las masas a través de un periódico de tirada nacional influyendo con sus comentarios en el ánimo de los que de buena fe, confían en la autenticidad de lo que escriben. El periodista ha de ir con los ojos vendados sin atender a las tentaciones que el camino le ofrece. Acaso algunos debieran tomarse un momento para pensar cuanta importancia tienen unas letras impresas en la dirección de la vida de los otros y dirigir su esfuerzo a conseguir que lo que publican en los medios pueda ser considerado al menos, un canto a la libertad de expresión y un modelo de imparcialidad en el relato.


domingo, 30 de mayo de 2010

In extremis





No acaban de ponerse de acuerdo loa agentes sociales `para llevar a cabo la tan cacareada reforma laboral que nos anuncian como imprescindible para remontar la crisis.
Los magnates del capitalismo nunca podrían adoptar una postura de conformidad con los logros de las clases trabajadoras y ahora que han conseguido hipotecar a los Estados, ahogan a los dirigentes con exigencias que vuelvan a llevar las aguas a un cauce del que, a su juicio, nunca debieron salir.
La lucha continuada de los asalariados y lo que con ella se ha conseguido a lo largo del tiempo, claramente no reportaba ya los beneficios millonarios con que acostumbraban a cerrar su gestión y con la vista puesta en la rentabilidad de los mercados asiáticos, la salida no era otra que la de provocar un caos financiero del que obtener a todas luces , una sumisión urgente que iguale los horarios laborales y los sueldos con aquellos aportando un crecimiento escandaloso de las divisas de los que tienen el poder. El desgarrador crecimiento del paro y las carencias en las necesidades más primarias, han ido minando a la sociedad hasta el punto de convertir en una prioridad absoluta la consecución de un puesto de trabajo, al precio que sea.
La Reforma laboral desde luego, no es realmente una cuestión de urgencia para los obreros. No puede serlo desde el momento que se instruye desde el recorte de nuestros derechos y nos obliga a replantear nuestro itinerario dentro de unas nuevas premisas que exigen trabajar más por menos o a padecer una inestabilidad en un empleo del que resultará mucho más fácil despedirnos. La reforma es urgente para empequeñecer las deudas creadas por nuestros políticos ahora convertidos en marionetas del capital y para los socios fundadores de un sistema globalizado cuya ambición no se satisface suficientemente.
Debemos saber que la oratoria decadente de quienes nos representan está muy lejos de reflejar una realidad que nos incumbe plenamente y nos aleja de un futuro prometedor en el que desenvolvernos con plena autonomía material para lanzarnos de bruces a un laberinto donde seremos dominados hasta donde los señores del dinero quieran permitir.
No nos cuentan los líderes sindicales cuales son las pretensiones que ponen encima de la mesa de negociación el resto de los participantes. No someten a plebiscito qué cuestiones podrían ser aceptadas y cuales son inadmisibles para el bienestar general como si temieran que la respuesta pudiera ser de una rotundidad incontestable.
Pero la marcha de las negociaciones ha de ser de una transparencia absoluta ya que las clases populares somos en realidad los verdaderos afectados por las decisiones tomadas y los únicos sufridores de pérdidas que probablemente, jamás podremos volver a recuperar.
Nuestra mayor preocupación ahora, es a quien exigir responsabilidades en este despropósito que nos conduce irremediablemente a una existencia desesperanzadora y que nos muestra un mañana bastante tenebroso para nuestros hijos. Alguien tendrá que cargar con el peso de tantas concesiones y enmendar en la medida de lo posible, la dirección en la que el mundo habrá de moverse para llegar a ser justo y equilibrado con aquellos que lo habitan.
Sería un suicidio permitir una manipulación orquestada sobre nuestras conciencias, condescender a nuestra desintegración sin plantar cara o alzar la voz frente a quienes usurpan nuestras funciones en beneficio propio sin demostrar siquiera un mínimo interés en el sufrimiento de las masas.
No hay otro modo más que apelar a la unidad para dar una contestación decisiva a quienes nos obligan a renunciar al porvenir, ya sea en una mesa de negociación o por decreto. Empecemos a desterrar el recuerdo de un pasado en el que una vez fuimos aparentemente felices y mirémonos ahora desmembrados por la insolidaridad de los que aspiran a poseernos en su totalidad.
Si callamos, nada podremos exigir cuando lo peor sea irremediable y habremos de soportar de por vida, la vergüenza de haber sido cobardes una vez.

jueves, 27 de mayo de 2010

En mis zapatos

Para entender al que tenemos enfrente no existe una lección mas esclarecedora que la de ponerse en su lugar. Hay posiciones que quedan tan lejos de una comprensión por nuestra parte, que sólo calzar los zapatos del otro y situarnos en su lado de la historia puede llegar a convencernos de lo que haríamos en su situación.
Esta debiera ser una práctica habitual obligatoria al menos una vez en nuestras vidas, pues contribuiría notablemente al destierro de la intolerancia y a la humanización de los radicalismos exagerados que conducen a una falta total de entendimiento.
Así, cuando nuestros políticos repiten hasta la saciedad que comprenden la posición de funcionarios y jubilados ante las últimas medidas adoptadas por el gobierno, su afirmación resulta por lo menos, incompleta y faltan datos que prueben que ese entendimiento pudiera siquiera acercarse a ser auténtico.
Adopten sus señorías la personalidad de los afectados: Abandonen por unos días el Congreso y trasládense durante un solo mes, por ejemplo, a la conserjería de un Instituto de barrio, cambien sus coches oficiales por un utilitario de segunda mano, soporten los atascos mañaneros hasta llegar a su lugar de trabajo ,dejen sus chalets de la Moraleja y acomódense en un piso de protección oficial de setenta metros en un barrio de la periferia, reciban en su nómina la magnífica cantidad de mil euros y empiecen a organizar el pago de los recibos de la hipoteca, la luz, el agua, el teléfono y los impuestos de circulación y la contribución urbana: distribuyan el sobrante en hacer una compra en un centro comercial donde los precios fluctúan de acuerdo a mercado, cambien los viajes al extranjero por una semana en un apartamento compartido en la playa más cercana o, como mucho, en la casa del pueblo y en vez de acudir a las cenas del palacio real, las inauguraciones de los locales de moda y a cualquier otro evento de la categoría de sus señorías, tómense una mala cerveza en el bar de la esquina sin poderse siquiera permitir una tapa de tortilla, porque los mil euros hace tiempo que se acabaron y ya empiezan a acumular deudas para el mes que viene. Además, han de prescindir de las tiendas de lujo para adquirir la ropa que llevan (la pague quien la pague) y aficionarse a los mercadillos de la zona para poder vestir de una manera decente, reducir la paga de sus hijos cuando salen a la calle, apuntarlos a los colegios públicos y olvidarse de los estudios en Estados Unidos o los master de perfeccionamiento para que su educación llegue a ser completa. Prescindan del Club de tenis, el palco del Bernabeu o las entradas del rally de Montecarlo porque lo más cerca que estarán del deporte será el sillón de su casa o el Polideportivo municipal.
Si se ponen enfermos, su sueldo no dará para mantener el gasto que supone una compañía privada y sus muy ilustres posaderas habrán de soportar estoicamente las nueve horas en las urgencias de los hospitales públicos, su dolencia no podrá ser inmediatamente operada y entrarán a formar parte de una lista de espera en la que no es extraño acabar muerto y, por si fuera poco, tendrán que ir a trabajar todos los días sin los periodos vacacionales a que se acostumbraron cuando ingresaron en la política y el único regalo que recibirán será una agenda de plástico malo que les repartirán en navidad como deferencia a los servicios prestados y para que no olvide el calendario laboral.
Y ahora, encuéntrense con que quien ocupó su lugar en este trueque, les sorprende anunciándoles que a los mil euros que tanto estiró para cubrir sus necesidades vitales, se les recortan un cinco por ciento por decreto, que debe ponerse manos a la obra para ver de qué modo es capaz de hacer lo mismo con menos dinero y autoconvénzase de que es culpable de la crisis y que encima, ha de prestar dinero a la banca,
Y cuando experimenten todo esto, podrán decir con toda propiedad que nos comprenden y nosotros, cuando hayamos sufrido en carne propia todos los privilegios que las ajetreadas vidas de sus señorías tienen, seguramente entenderemos también. Y no querremos volver jamás al estado inicial en que nos encontrábamos ni conservar el recuerdo de las experiencias pasadas cuando en vez de ustedes, éramos nosotros.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Saber dónde mirar




El grado de crispación de un país es el caldo de cultivo ideal para confundir la mirada de quienes los habitan. Los pueblos son cómodos por naturaleza y necesitan la figura del líder como representante de su voz y de sus esperanzas.
La necesidad de ser gobernado se acentúa en los tiempos difíciles y es propensa a la manipulación ideológica por parte de quienes ansían el poder por encima de todas las cosas.
Es lícito delegar responsabilidades por medio de las urnas y desear la pronta resolución de los problemas depositando en los políticos nuestra confianza, pero habría que estar preparado ante los encantadores de serpientes que se ofrecen a la salvación de las masas y de cuyos antecesores nos quedó tan ingrato recuerdo.
Es fácil encabezar un movimiento aglutinador e ilusionante que reúna a los se3gidores mas desfavorecidos alrededor de un liderazgo. No hay más que ahondar una y otra vez en un recordatorio sistemático de las carencias sin permitir a los individuos que olviden su malestar , insinuando que la única salida posible estaría en el camino que le ofrecen determinadas manos. También es fácil excluir a quienes desde el principio demuestran una clara oposición, sólo hay que inventar una excusa y provocar desde la sombra una psicosis que aconseje su desaparición de la escena para que el bienestar colectivo pueda ser alcanzado. Se ha de acompañar esto con un discurso enardecedor capaz de alterar las conciencias y hacer que se unan bajo la protección indispensable de quien capitanea el movimiento…y habremos creado un fascismo.
La única medicina contra esta enfermedad de nuestro tiempo sería una consideración de los hechos mucho más coherente. La huída hacia adelante del hombre moderno habría de pasar forzosamente por una mirada individual y razonada de la situación en la que se encuentra y una participación colectiva en el esfuerzo de la reconstrucción de un mundo en el que quepamos todos.
Por ello es necesario saber dónde mirar y aplicar desde la libertad de elección los mecanismos que preserven los principios de los individuos, sen cuales fueren sus tendencias ideológicas y su criterio.
Perder la dignidad permitiendo la alienación de los pueblos es un peligro que debemos evitar significando con nuestra actitud ante la vida que nuestra prioridad es la de conservar nuestro propio pensamiento.
Obligatoriamente, habremos de estar alerta porque probablemente los Mesías llegarán ejercitando su mágica persuasión para arrastrarnos hacia un camino que no tendrá vuelta atrás y no podremos asombrarnos si después creamos una historia que nos avergonzará para siempre.


martes, 25 de mayo de 2010

Banqueros con sotana





La intervención del Banco de España en Caja Sur plantea una disyuntiva difícil de superar para quienes miramos desde fuera la sin razón que provoca esta crisis y los acontecimientos que se suceden aceleradamente ante nuestras miradas atónitas de neófitos en estas materias.
Uno tiene la errónea idea de que las religiones proceden siempre de doctrinas que procuran primordialmente, un bien para el ser humano y que el sacerdocio ha de partir de una ejemplificación transparente de los dogmas que una fe determinada conlleva. La lectura de los llamados libros sagrados para los practicantes, habrían de suponer una ejecución estricta de los principios fundamentales de esa religión que reclamara explicaciones a aquellos que se apartaran del camino incurriendo en lo que ellos llaman pecado.
Roza el escándalo el hecho trascendental de que la religión católica y por ende sus representantes directos, sean dueños de una Banca. Si no recuerdo mal, su ideario ha de estar sin discusión, al lado de los pobres y su más fiel representante, Jesucristo, se despojó de todos sus bienes materiales para dedicarse al predicamento de su fe desdeñando a los mercaderes e incluso expulsándolos de los templos.
Por el contrario, las altas jerarquías eclesiásticas que han encabezado la dirección de Caja Sur, se han negado sistemáticamente a una fusión beneficiosa para la conservación de los puestos de trabajo de los empleados de esta entidad y han preferido la intervención del Estado con tal de no renunciar a los rendimientos que a título personal, les reportaba su itinerario curricular al frente del organismo.
Curiosamente, en esta época convulsa que sacude a Europa tambaleando los cimientos de sus estructuras económicas en una lucha feroz y despiadada contra los derechos laborales y el bienestar de la sociedad, nadie ha mencionado en ningún momento que haya el menor atisbo de crisis en los Estados Vaticanos, a pesar de ser uno de los más pequeños del mundo.
Esta paradoja hiere la susceptibilidad incluso de los creyentes más recalcitrantes poniendo en tela de juicio la totalidad de un ideario que entra en clara contradicción con las prácticas diarias de sus dirigentes y lleva a una reflexión humanamente lógica sobre la autenticidad de los pilares en que esta religión se asienta y qué es lo verdaderamente importante de su fondo y su historia.
La sensatez indicaría la necesidad perentoria de que quienes todo lo tienen organizaran un plan urgente de ayuda para satisfacer las necesidades de los menesterosos como mandan los cánones, pero la respuesta de estos religiosos metidos a banqueros y comerciantes es el más absoluto silencio.
Obligatoriamente, su credibilidad ya bastante debilitada por los casos de pederastia, el machismo exacerbado y su intolerancia hacia grupos de homosexuales e incluso simplemente laicos, su ingerencia continuada en los asuntos de Estado y su apoyo incondicional a las clases poderosas , incurre gravemente en una degeneración intolerable para las personas de bien, que no hacen otra cosa que preguntarse con qué autoridad moral se atreven aún a exigir ayuda monetaria de los ciudadanos si no es para otra cosa que la de mantener un modo de vida exuberante al que no quieren renunciar, simplemente.
Los países europeos debieran exigir una explicación transparente de los devaneos del Vaticano con la economía y desde luego, retirar de inmediato cualquier tipo de acuerdo que beneficie su acumulación de riquezas y la usura que demuestran sus accionistas más relevantes.
No me extraña que su única carencia se base en un decrecimiento de las vocaciones religiosas ya que su ejemplo no puede ser más descorazonador para quienes albergaran una mínima dosis de fe y que se ven ahora abandonados en el abismo de las terribles tinieblas de un materialismo feroz totalmente alejado de la misericordia o el amor hacia el prójimo.





lunes, 24 de mayo de 2010

Dobles vertientes





Desearía tener la oportunidad de sentarme una mañana ante el papel y poder escribir una buena noticia, huir de la oscuridad que nos envuelve y asomar la cabeza a un mundo distinto más acorde con la justicia social que no se viera empañado por la infelicidad de los hombres.
Al principio pensé que la creación de la célula artificial que nos anunciaba la prensa la semana pasada representaba un punto de esperanza para la curación de enfermedades tanto físicas como medioambientales y que su hallazgo podría tal vez ser uno de los más importantes conseguidos en un laboratorio.
Debo sin embargo adolecer de un mecanismo oculto que me alerta de la doble vertiente de las cosas y de un sentido estricto de la ética que me mueve inconscientemente a reconsiderarlo todo pidiendo una segunda lectura que lleve más allá de la simple noticia.
Quizá se trate de una desconfianza inducida por la visión terrorífica de lo que nos rodea y de cómo los intereses creados son capaces de obrar transformaciones aberrantes de sucesos de los que en principio, no cabría esperarse ningún mal. O probablemente, el reflejo de pasadas experiencias irremediablemente augura nubarrones de tormenta sobre las mansas aguas de todas nuestras alegrías inmiscuyendo las doctrinas económicas en cualquier paso adelante que demos, arrastrando nuestros avances hacia terrenos pantanosos.
Hasta los propios autores del descubrimiento reclaman medidas urgentes que regulen la ética de su evolución para que no sea mal empleado en terrenos de inminente peligro. Ya han demostrado su interés las Industrias petroleras y aunque se omite, estoy segura que también las de armamento, cuyos escabrosos fines no conoceremos jamás.
Contemplando la presunción de inocencia, es de suponer que los creadores de la nueva célula, no abrigarán otra esperanza que la de no hacer mal a nadie, pero sin capital no hay investigación y la falta de colaboración en el proyecto podría terminar relegándolo al ostracismo u obligando a sus progenitores a rendirse al soborno de las empresas si su deseo es el de seguir trabajando.
Es por eso, que mi primera impresión de alegría, de pensamiento positivo y ánimo enfervorizado hacia lo que sería a todas luces una buena noticia, pronto se torna en suspicacia relativamente bien fundada y se nubla el horizonte mientras vaticino un futuro incierto a las consecuencias de este hallazgo.
Ojala y la duda ofendiera y las mías no fueran más que elucubraciones de quien anda escarmentado del mundo en el que vive, pero mucho me temo que la esencia de las buenas noticias son y serán un simple referente de lo que pudo ser si el ser humano no anduviera más que en la dirección que le marca el camino de su propia ambición.

domingo, 23 de mayo de 2010

Lo que en el fondo importa





Haciendo uso de un derecho constitucional reconocido, los Sindicatos convocaron el pasado día veinte concentraciones de funcionarios por todo el país. Este fue el primero de los eventos previstos para demostrar la disconformidad de los trabajadores de la función pública con el decretazo que les priva de parte de su salario justamente ganado y que puede convertirse en una medida exportable a otros ámbitos de la sociedad como remedio a una crisis que otros mucho más poderosos provocaron.
Dada la gravedad de estos acontecimientos, era de esperar una participación masiva en estas convocatorias para tratar de contrarrestar el atropello por imposición a que se somete a un colectivo numeroso de personas que teóricamente, deben sentir que su modus vivendi se devalúa llevándoles a ajustar el presupuesto en algunos casos, de manera insostenible.
Pero quizá son otras cosas las que en el fondo importan y me remitiré al caso de Sevilla, como ejemplo de lo que realmente puede dar de sí la participación ciudadana y en consecuencia, lo que se puede adivinar que pasará en días venideros, como en el paro convocado para el ocho de Junio. Siendo esta ciudad una de las cuatro más importantes de España, el número de trabajadores afectados por las medidas del gobierno es tan amplio como para suponer que su contest5ación habría de ser multitudinaria y escandalosa.
Sin embargo, los organizadores cifraron el número de participantes en apenas dos mil. Mientras, y para que sirva como ejemplo vergonzante a quien pueda leer estas líneas, cien mil personas acudían a la ¨gloriosa¨ llegada del la copa de fútbol del Rey ganada el día anterior por un equipo de la ciudad.
¿Qué se puede esperar de quien antepone una memez semejante al logro de sus propios derechos y hace como si le fuera la vida en un evento económico-deportivo mientras su dignidad salarial es pisoteada desde arriba con toda impunidad?
Esperar que otros nos defiendan abandonando a su suerte a los compañeros comprometidos para después beneficiarse de lo conseguido en condiciones de igualdad es un acto de cobardía y desconsideración inaceptable.
Quizás quienes prefirieron hacer el ridículo llorando por las calles de la ciudad detrás de unos cuantos jugadores que multiplican por mucho sus ingresos con respecto a los de la clase trabajadora, no tienen más que lo que en el fondo merecen y no son dignos de que ningún organismo, ni compañero, ni persona de bien, les incluya en una causa por la que no demuestran sentir ni siquiera incomodidad o tristeza.
Y espero equivocarme al afirmar, que seguramente en sus lugares de trabajo han sido y serán los primeros en poner el grito en el cielo quejándose del decreto y vociferando lo que habría que hacer, siempre comprometiendo a otros en lo que es su lucha y sentándose a esperar la solución del problema servida en bandeja de plata.
Yo reniego de estos energúmenos y me avergüenzo de que pertenezcan a una clase obrera limpia y luchadora de la que debieran ser excluidos para no ser aceptados jamás.