miércoles, 10 de octubre de 2018

Fractura en una unión imposible




Como veníamos adelantando desde hace ya bastante tiempo, la unión de los Partidos que han estado formando la coalición por la Independencia en Catalunya procedía de corrientes antagónicas en sus principales planteamientos y sólo la exaltación de un momento especialmente sorprendente, el espejismo creado y difundido  por sus ideólogos más exaltados y la respuesta de más de dos  millones de personas, que creyeron de corazón que determinadas fórmulas eran factibles, propició que ese pacto saliera adelante y que ocurriera todo lo que ha venido después y que no ha afectado del mismo modo, a todos los socios de este movimiento.
Tenía que ocurrir tarde o temprano, después de un año de vicisitudes diversas, en el que no sólo no se han conseguido mejorar los problemas básicos que ya sufrían los catalanes, sino en el que ha aumentado considerablemente una herida entre ellos que resultará muy difícil sanar, que los planteamientos reales de cada uno de estos Partidos acabaran por ponerse sobre la mesa  y que el hartazgo de los más afectados, los que se encuentran en prisión, se hiciera evidente en forma de un toque severo de atención a quiénes desde un retiro francamente cómodo y apacible, continúan abogando por una utopía imposible de realizar o a quiénes defienden, como es el caso de la CUP, una ruptura con el sistema que sólo es compatible con las ideas que resultan ser propias de los anarquistas.
Exactamente eso fue lo que ocurrió ayer por la tarde en el Parlament  catalán, en el que por primera vez en su Historia las Formaciones partidarias de la secesión votaron por separado, perdiendo cinco mociones fundamentales para la continuidad de su línea de juego y hubo de ser Esquerra Republicana, la que cansada del empecinamiento en no delegar el voto de Puigdemont y quiénes le acompañan en su confinamiento,  se atreviera a provocar esa inevitable fractura que ya se intuía tras las declaraciones de  Torra durante los actos conmemorativos del Primero de Octubre que tan mal sentaron a todos los que no habían sido siquiera consultados sobre los contenidos de los mensajes que arengaban a los CDR a continuar en la lucha, ni sobre el ultimátum lanzado a Sánchez en pleno periodo de una negociación que de triunfar, podría propiciar la libertad de los presos.
Decíamos también que hacía muy bien el Gobierno español en esperar pacientemente a que estos hechos, que parecían ser inminentes, se dieran, pues los acontecimientos diarios que suceden en Catalunya, las órdenes de obligado cumplimiento llegadas directamente desde Bruselas y la desfachatez de Puigdemont de mantenerse en el poder, aún a costa del sufrimiento de su propio pueblo y la frustración de los que actuando con total coherencia, se quedaron aquí, no podían, sino precipitar un gravísimo desencuentro y el momento llegaba dejando a Torra y los pocos que todavía le son leales, en una soledad que probablemente no le dejará otra salida que la Convocatoria de nuevos Comicios.
Se desmarca así Esquerra abiertamente de la estrategia que pretende imponer alguien que ni siquiera puede juzgar, por la lejanía, la cruda realidad que los ciudadanos catalanes se ven obligados a vivir en su propia tierra, bajando por primera vez, desde que diera comienzo el proceso, al suelo y abandonando esa realidad virtual que se construye manipulando la mente de gente a la que se logró insuflar ilusión y a la que quizá ya no sea posible  conducir, para que acepten la fuerza de una verdad que terminará por imponerse, como suele suceder en todos los casos en los que no es posible hacer que se cumplan los sueños.
Hemos afirmado desde el principio, incluso desde mucho antes de que las cosas se complicaran hasta el punto en el que nos encontramos que sólo la vía de la negociación y la diplomacia podría arbitrar una solución real a la crisis de Catalunya y también que las medias represivas, propuestas reiteradamente por las Derechas españolas resultarían, en todo momento, del todo ineficaces e inútiles, cuestión que parece, a raíz de lo sucedido ayer tarde, haber aceptado Oriol Junqueras,  que se niega tajantemente a que ninguno de los suyos vuelva a saltarse la legalidad y que apuesta y así lo afirma, por continuar negociando con el Gobierno español, sabiendo perfectamente que la continuidad de las conversaciones significará tener que hacer concesiones, pero también, poder conseguir algún avance efectivo, en el camino que él considera como el mejor para su pueblo.
La importancia de lo ocurrido ayer tarde podría calificarse de extrema y abre un nuevo periodo en el que los propios catalanes habrán de juzgar al lado de quiénes desean colocarse, ahora que ha quedado muy claro que no todos piensan lo mismo, pero que les ofrece al mismo tiempo, una oportunidad impagable de reflexionar sobre lo que está ocurriendo en su país y en sus vidas y que a mi humilde modo de ver, tampoco se resolverá nunca ni con enfrentamientos, ni con violencia.
Toca al exiliado mover ficha y replantearse si verdaderamente hace con su obstinación en conservar el poder, algún bien a su pueblo o si por el contrario, su aventura de fuga al extranjero, la creación del Santuario en el que permanece y que ha convertido en lugar de peregrinación pseudo religiosa y su afán por gobernar desde la distancia un territorio que ha cambiado profundamente desde que lo abandonara hace un año, es verdaderamente hacer política o sólo se trata de una forma de no caer en el olvido, como pensamos quiénes miramos el problema desde una perspectiva mucho más abierta.
Pedro Sánchez, se apunta con esta fractura un tanto valiosísimo frente a las Derechas, que hoy deben estar, por cierto, bruscamente airadas, al comprender que sus tesis se vienen abajo y que no ha hecho falta la aplicación del 155, para ganar unas cuantas votaciones en el Parlament catalán, de momento.

martes, 9 de octubre de 2018

Prueba de fuego




A la Presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que se hizo tristemente famosa por el durísimo enfrentamiento que mantuvo con Pedro Sánchez y que después perdió, gracias a la voluntad soberana de las bases de su Partido, no le ha quedado más remedio que convocar nuevas Elecciones Autonómicas que se celebrarán el 2 de Diciembre, pues desde que Ciudadanos le retirara el apoyo que le venía prestando  desde el principio de la legislatura, se ha encontrado en una espantosa soledad que  no le ha permitido sacar adelante ninguno de los proyectos que pudiera tener en mente.
El error de cálculo que cometió cuando necesitó pactar para acceder a la Presidencia, convencida como estaba entonces de estar a punto de ser elegida como Secretaria General de un PSOE, que comandaba con mano de hierro a la cabeza de los viejos barones que la apoyaban en su guerra particular contra el que hoy es el Jefe del Gobierno, le ha pasado la factura que sería previsible esperar de cualquier socio que defienda una ideología tan distinta, pero en aquellos momentos de vanagloria personal, Díaz abominó claramente de la posibilidad de aliarse con la representante de Podemos, Teresa Rodríguez, con la que siempre ha mantenido una manifiesta enemistad y que ha sido, como todos sabemos, un azote continuo para ella misma y para su Gobierno.
Las cosas empezaron a torcérsele a la Presidenta andaluza en el mismo  momento en que comprendió que Sánchez le había ganado contundentemente, a pesar de todas las argucias y subterfugios urdidos para que esto nunca ocurriera y se le complicaron aún más, cuando tras plantear la Moción de Censura contra Rajoy, Sánchez le aplicó un correctivo de humildad, pactando directamente con Pablo Iglesias y otras fuerzas del arco político español y distanciándose claramente de los de Rivera, colocando así a Díaz en una situación imposible de sostener, que ha desembocado en  este adelanto electoral, obligatoriamente.
En medio de la tormenta que sacude el país, con la crisis catalana permanentemente presente y el PSOE gobernando con una minoría que sólo se sostiene con el apoyo que le brindan los podemitas y sus confluencias y un PNV que de momento, no  parece que vaya a echarse a un lado, como sí se entiende que está ocurriendo con los nacionalistas catalanes, las Elecciones andaluzas se convierten en un suceso de extrema importancia para el país, pues serán la prueba de fuego que demuestre el apoyo real con el que seguramente contaría Sánchez en unas Generales, en las que  todas las encuestas le auguran un triunfo que sin embargo, no puede considerarse como fiable, hasta que no haya pruebas contundentes que lo indiquen.
Le toca pues a Díaz, por azares del destino, defender con uñas y dientes las propuestas de quiénes gobiernan actualmente el país y con las que probablemente no está de acuerdo, aunque no le convendría la  nada que se hiciera evidente y ponerse sumisamente a las órdenes de quién fuera hasta hace bien poco un enemigo a derrotar, si no quiere perder no solo el granero de votos que su Partido ha tenido siempre en Andalucía, sino también la Presidencia de esta Autonomía, lo que traería, por añadidura, el fin de su carrera política.
Puede estar segura también de que en el caso de que consiga ganar los comicios y necesite pactos para formar un  nuevo gobierno, desde Madrid se le exigirá forzosamente que se entienda con IU y Podemos, cuestión que ha de provocar en ella, como de todos es sabido, cierta repulsión, pero que deberá intentar denodadamente, para procurar que Sánchez  terminar la legislatura con cierto éxito.
Las derechas tampoco se lo van a poner fácil a Díaz, sobre todo los Ciudadanos que se han sentido traicionados sensiblemente por el giro que ha dado la política en Madrid y que lucharán, junto a los del PP, con uñas y dientes por ganar parte del espacio que los socialistas han ocupado en Andalucía durante 39 años, recurriendo a cualquier cosa que pueda embarrar la trayectoria de la Presidenta, incluidos los casos de corrupción que como los ERE, ocurrieron cuando ella ocupaba puestos de relevancia en la Formación  a la que pertenece.
Ha sido Díaz una Presidenta carismática y ambiciosa que soñó con situarse a sí misma en el lugar más alto de la política española, empleando para ello toda clase de medios y que ha tenido la habilidad de ir haciendo a lo largo de su camino, toda una lista de enemigos de toda especie, base, ideología y condición, que ahora se le vuelven en contra, por lo que tendrá que aprender aceleradamente  a limar asperezas, suavizar el carácter y asumir que el poder con el que contó ya no volverá, al menos de la manera en la que ella lo había concebido.
Y sin embargo, le corresponde la obligación de salvaguardar los afectos  con los que cuentan los socialistas en el territorio que Preside y hacerlo, caminando a la par con sus compañeros, aceptando que es Pedro Sánchez, aquél joven que ella misma intentó convertir en una marioneta y que se le rebeló ganándole la partida y no ella, el encargado de señalar las pautas que deben seguirse en la próxima Campaña electoral, en la que no le va a quedar otro remedio que compartir escena con él, aunque como actriz secundaria, pues éste es el papel que le corresponde, gracias a los malabares del destino.
Será interesante poder contemplar cómo se desarrollará esta interacción. A veces, la vida, termina por colocar sabiamente, a cada uno en su sitio.

lunes, 8 de octubre de 2018

Arañando el espacio




Desde que Pedro Sánchez consiguiera sacar adelante la Moción de Censura que apeó inopinadamente  del Gobierno a un Mariano Rajoy, acogotado por la gravedad de los casos de corrupción que habían estado protagonizando un buen número de personajes de relevancia de su Partido, el grueso de la derecha española que ya había empezado a escindirse a partir de que Ciudadanos, con su líder Albert Rivera, se decidiera a dar el salto desde la política catalana al ámbito nacional, reivindicando los valores que caracterizaron a la transición y auto proclamándose adalides de la solidez y la limpieza, ha ido entando en el ojo de una tormenta en la que se han ido desatando todas las furias posibles de los elementos, incluso de aquellos que permanecían aparentemente dormidos, desde que se dejaron atrás los cuarenta años de una Dictadura, de infausto recuerdo.
Los más de diez millones de votos que tradicionalmente habían  constituido el granero de los populares, a causa de una lealtad que en algunos casos se nos antojaba inexplicable, a raíz de todo lo que estaba ocurriendo, empezaron a dividirse,  por las medidas que sobre la crisis y otros asuntos estaba tomando el Gobierno anterior y sobre todo, desde que el problema del separatismo catalán fue agrandándose de manera desmesurada y sin freno, despertando, por defecto, una especie de nacionalismo exacerbado en el conservadurismo español, que Rivera supo inmediatamente canalizar, en su propio beneficio.
Estos electores se vieron entonces obligados a tener que elegir entre las dos corrientes que coexistían en una especie de sociedad inteligentemente habilitada por Ciudadanos para dureza del momento, pero que luego se quebró, en cuanto las encuestas empezaron a vaticinar el crecimiento inusitado de los de Rivera, mucho más carismáticos y activos durante el recorrido del procés y mucho menos acartonados que los activos de un  PP que agonizaba sostenido por la única ayuda de aquellos en quiénes   confiaron y que les garantizaron la gobernabilidad, mientras preparaban un asalto al poder que sólo trucó la unidad de los Partidos que apoyaron a Sánchez, colocándole en La Moncloa, inesperadamente.
Esta irrupción, provocó una reacción inmediata de parte de los Partidos de derechas que se  dieron de cara con una realidad que frustraba todos los planes de futuro que habían dado ya como hechos y que además, les dejaba en herencia un espacio dividido que habrían necesariamente de  ganar, a base de un  duro trabajo de convicción que les obligaría a llamar puerta a puerta, en los domicilios de los electores, teniendo que empezar desde cero, una labor que habían dado por resuelta, hace ya mucho tiempo.
La retirada incuestionable de Rajoy y la llegada de Casado como sustituto a
la Dirección del Partido, que supuso un claro giro hacia el

 tradicionalismo más feroz, había estado hasta ahora permitiendo a Rivera
jugar con la ambigüedad de erigirse en representante del Centro- Derecha
 español, reservando al nuevo líder popular la oportunidad de reconciliarse
con el ala más dura de su Formación, representada por personajes del
estilo de Aguirre o Aznar, que  habían estado siendo muy
críticos con la gestión del antiguo Presidente.
Pero en Política, en cuanto alguien vislumbra que queda libre un espacio  por repartir, enseguida surgen grupos que ávidos de poder, inventan o resucitan fórmulas funcionales para poder ocuparlo, por lo que era de esperar que VOX, el Partido ultra derechista dirigido por Santiago Abascal, aprovechara la ocasión que le brindan estos desacuerdos  palpables, para reclamar su pare del pastel, en base a una ideología de tintes claramente fascistas, que muchos creían había sido desterrada del panorama nacional, pero que ha encontrado  el momento idóneo para resurgir de sus cenizas.
Ayer, miles de personas llenaban la Plaza de Vista Alegre ondeando banderas españolas, reafirmando la presencia de este pensamiento, a través de un discurso claramente machista, xenófobo, ultranacionalista y obsoleto, lanzando un meridiano mensaje a Casado y Rivera y aclarándoles que disputarán con uñas y dientes, un lugar en el Parlamento español, basando su actuación en tesis populistas similares a las de Le Penn en Francia o el propio Bolsonaro, que en estos instantes arrasa en Brasil.
Esta misma mañana, Casado, visiblemente nervioso ante este nuevo competidor que puede restarle un buen puñado de votos con los que empezaba a contar como suyos, tendía una mano a Abascal, con el que afirmaba compartir algunas opiniones y estar en desacuerdo en otras, alegando que la unidad era el único medio que quedaba a la derecha, para derrotar a Sánchez en las urnas. En ningún momento ha clarificado el líder popular, si entre los conceptos que comparte con VOX se encuentran, por ejemplo, la derogación de la Ley de Violencia de Género, la de la  Ley de Memoria Histórica, la devolución inmediata de los migrantes a sus lugares de origen, el abandono de la Unión Europea, la abolición de todas las Autonomías o la liberalización de la compra de armas por particulares, cuestiones que defendieron ayer los  oradores, en Vista Alegre, acaloradamente, en un mensaje que recordaba inevitablemente a los de Donald Trump, con su “American First”, que se ha hecho tristemente famoso en todo el mundo.
Rivera, mucho más cauto y ciertamente prudente, callaba, concediéndose tiempo para digerir esta irrupción inopinada de Vox, en el terreno de las derechas.
El “Divide y vencerás”, que siempre se ha atribuido a Julio Cesar, podría convertirse a partir de ahora en la estrategia a seguir por la izquierda, si es que por una vez en nuestra Historia, somos capaces de mantener una unidad que rompa esa maldición que siempre terminó haciendo trizas todos los proyectos que durante el pasado iniciamos.
De momento, parece que las aguas conservadoras andan revueltas.

domingo, 7 de octubre de 2018

La Diva más humana




Calla hoy, una de las voces más hermosas que hemos tenido el privilegio de poder escuchar tantas veces y que nunca podrá desaparecer de la memoria colectiva de los que amamos la música y la belleza, pues hace tiempo que su figura traspasó todos los límites que impone la a mortalidad para transformarse en una leyenda atemporal que circulaba por un mundo sin fronteras que se rendía incondicionalmente al poder ensoñador de las notas  transformadas por el temple de su prodigiosa garganta.
Provenía según propias palabras, Monserrat Caballé, de un ambiente de humildad casi rayano, por circunstancias, en la indigencia y fue quizá, esa imborrable remembranza de su ayer, la que insufló en sus venas, para toda su vida, un sello de esperanzadora humanidad que la alejaba ostensiblemente de todos los estereotipos establecidos sobre las estrellas rutilantes del Bel Canto, convirtiéndola en un ser cercano y  que solía contagiar un sentimiento de paz y alegría, a todos aquellos con los que coincidía, sin enorgullecerse jamás de la magnitud de su propia grandeza.
Fue precisamente ese gesto de permanente gratitud, hacia todos los que la habían ayudado a canalizar el regalo impagable que le había hecho la vida y también al azar, que tanto tiene que ver con el destino que nos acompaña a cada uno en el camino que decidimos recorrer libremente, la que logró acercarla al público en general, a través de una disciplina que hasta entonces había sido injustamente reservada para determinadas élites, generalmente clasistas y pudientes, hasta convertirla en un personaje absolutamente popular que primero enamoraba con su discurso sencillo y plenamente identificable con el de cualquier otro que pudiera estar escuchando, despertando después la curiosidad de los oyentes, por saber qué tenía de extraordinario, a nivel profesional, esta mujer, a la que bastaba oír cantar una vez, para amarla incondicionalmente.
Ejemplo innegable de que la constancia y el esfuerzo pueden transformar para siempre el rumbo de una vida y de que la posesión de una gracia nunca es suficiente para conseguir hacer realidad los sueños, trabajadora incansable y amante incondicional de su  oficio, estudiosa impenitente y valedora desde su lugar de privilegio de la popularización de la Ópera, la Caballé se convirtió, por mérito propio, en una parte de nuestra realidad cotidiana y en un referente para todas las jóvenes promesas que empezaban a caminar por la senda de esta difícil disciplina.
Estrella en todos los Grandes Teatros del Mundo, orgullosa de su origen, de su cultura y de su dedicación a un arte pensado para potenciar el entendimiento entre los hombres, uniéndoles incondicionalmente alrededor de la belleza y para salvar, aunque sea por unos momentos cualquier diferencia, por grave que sea, que pudiera existir antes entre ellos, arrastrándoles a cohabitar en comunión alrededor de la obra que están oyendo, Monserrat Caballé no sólo manifestó estar convencida de estas maravillosas ideas, sino que demostró, con sus acciones, que cuando ella cantaba, sobre el silencio de cualquier teatro, la magia se convertía en una tangible realidad, que nos hacía flotar en una  nube de fantasía, creada por su voz irrepetible y su innegable talento.
Muchos la recordareis por alguna de sus innumerables actuaciones sobre los mejores escenarios del planeta o por su interpretación de alguna de las Arias de las obras más conocidas de los grandes maestros o quizá, por aquellas incursiones que tantas veces hizo en la música popular, en cualquiera de los Conciertos benéficos en los que participó o muy particularmente, por su intervención, junto a Freddie Mercury, en los Juegos Olímpicos de Barcelona.
Yo guardaré por siempre un recuerdo especial de un momento sencillo, vivido desde mi casa, en relación con Monserrat Caballé, que ni siquiera tiene que ver con ningún evento especial y que  viví, para mayor satisfacción, en plena soledad, pero que me quedó grabado en el corazón para siempre.
Estaba ese día viendo un programa de televisión, cuya cabecera   ni siquiera recuerdo y un presentador o presentadora, tampoco lo podría precisar, entrevistaba a la Diva más humana, que hablaba, con toda naturalidad, como siempre, de los avatares de su vida personal y también de los ajetreos lógicos que acarreaba  una profesión como la suya, que no le permitían estar demasiado tiempo en un mismo lugar, aunque aclaró que ella consideraba hacer posible la pertenencia a un hogar al que regresar, siempre que uno contara, como era su caso, con el apoyo de personas queridas dispuestas a bregar incondicionalmente con el sacrificio que presuponía el éxito.
No sé cuánto duró la entrevista, pero sí que en un momento determinado, el interlocutor le rogó a Monserrat que esbozara unas notas de cualquier obra, esperando posiblemente, que la Gran Dama de la Ópera, pudiera negarse tajantemente a hacerlo.
Ella se concentró un momento y entonó, a capella, “El Cisne”, de Camille
Saint-Saens y el mundo quedó detenido mientras duró la breve, pero bellísima obra, causándome  una emoción que siempre perdurará en mi pensamiento.
Algunas veces, he tratado de recuperar, a través de la red, el hechizo de aquel instante. Jamás lo he conseguido. Supongo que debo dar las gracias por ello.
Hay sensaciones que por su intensidad, deben ser, necesariamente, irrepetibles. Esta fue una de ellas, estoy segura. Por eso quisiera decir adiós a Monserrat Caballé, rememorando y agradeciendo haber vivido aquel regalo de su voz, indeleble en el tiempo.

jueves, 4 de octubre de 2018

Torra, frente al espejo



Como hace mucho tiempo vaticinamos, los Partidos que se unieron para formar la alianza independentista en Catalunya y caminaron a la par en un momento de esplendor, en el que el espejismo que inventaron logró deslumbrar a las masas y hasta hacerlas creer ciegamente que la instauración de la Répública era posible, han comenzado a entender que en este proceso que iniciaron y que  ha traído las consecuencias que ya conocemos sobradamente, no todos apuestan, un año después, por apoyar las mismas propuestas para hallar una solución al conflicto, pues las eternas diferencias ideológicas que desde siempre han movido a estas tres Formaciones, hacen imposible que puedan llegar entre ellos a un entendimiento.
El sentido discurso de Quim Torra, en el aniversario del primero de Octubre ha levantado ampollas en el ambiente que se mueve en torno al separatismo y sólo Puigdemont, con quién seguramente preparó el President su contenido, aplaude la decisión de arengar a los CDR y el ultimátum dado al Gobierno, mientras Esquerra Republicana, que ha cargado con el peso real de las consecuencias sobrevenidas del Referendum y que tiene a sus principales líderes en prisión, se desmarca claramente de la amenaza lanzada al Gobierno español y la CUP se echa a un lado, acusando directamente al PdeCat , de extrema tibieza.
Las reacciones de los líderes de ER y la del propio Oriol Junqueras, desde la cárcel, no se han hecho esperar y hasta el mismo Rufián, famoso por sus palabras incendiarias y defensor a ultranza del proceso, ha calificado negativamente las iniciativas de Torra, manifestando, literalmente, que “los ultimátums los carga el diablo”.
Tampoco en el Parlament dr Catalunya ha encontrado Torra los aplausos que se esperaba, pues se dice que hasta sus propios compañeros de Partido se vieron sorprendidos por los  mensajes vertidos que el President no había consultado con nadie y esa desagradable decepción se hizo patente ayer en  las intervenciones protagonizadas desde la Tribuna, como todos pudimos oír y ver, a lo largo de una mañana en la que Inés Arrimadas se convirtió en protagonista, al sacar una bandera española y pedir abiertamente, en representación de su grupo, la inmediata aplicación del Artículo 155 en Catalunya.
Todas esas diferencias de pensamiento que siempre fueron una realidad entre estos socios ocasionales que se dieron la mano puntualmente, con la idea de conquistar un objetivo común, quedaron momentáneamente aparcadas por el inesperado respaldo que dieron más de dos millones de Catalanes a la propuesta de la celebración de un  Referendum que desde Madrid se prohibía, pero no desaparecieron, aunque diera la impresión de que sí, por el acaloramiento del instante, volviendo ahora a mostrarse, como siempre fueron, amplias y de difícil resolución, pues entre la  derecha, la izquierda y la acracia, nunca hubo precisamente una comunión ideal que pudiera durar demasiado tiempo.
Solo ante el fragor de los acontecimientos y víctima de la tiranía impuesta desde su retiro por Puigdemont, Torra, que decidió aceptar sumisamente el papel que para él habían elegido los que decidieron por voluntad propia huir, se encuentra ahora con que todos aquellos fantasmas que permanecían en un estado de letargo, se han despertado de repente y que amenazan su estabilidad institucional, negándose a acatar las órdenes tiránicas de quién  permanece fuera del territorio, viviendo en una realidad virtual, sin comprender la magnitud ni la crudeza real del conflicto.
Tampoco la respuesta de Pedro Sánchez, que ha ignorado olímpicamente el ultimátum que se le lanzaba, ha sido la que el exiliado esperaba, desde su retiro de Bruselas, por lo que al President no le ha quedado otro remedio que dar un paso atrás, llegando a decir ayer que su objetivo era conseguir la implantación de la República y que si no lograba hacerlo efectivo, tendría que retirarse.
Todo este desacuerdo, sin embargo, favorece sensiblemente las aspiraciones del Gobierno de Madrid, que continuó ayer mismo, sin perder un ápice de calma, apostando por el diálogo y la negociación, conscientemente ajeno a la tormenta que se desataba entre los socios independentistas y seguramente esperando, sin perder la paciencia, a que la unidad de estos socios fortuitos salte por los aires en cualquier momento, como seguramente pasará más pronto que tarde, a juzgar por lo que está ocurriendo.
No tiene Torra y él lo sabe, más hombro en que apoyarse que el de su amado Carles Puigdemont, que más que poner en él su confianza, le ha utilizado descaradamente en su propio beneficio y que cuando haya obtenido de él todo lo que esperaba, le abandonará sin ningún tipo de arrepentimiento.
Reflexionar sobre esa soledad, habría de ser ahora primordial para este President poco convencional que a estas alturas ya debiera haber entendido que su rol de marioneta no le traerá buenas consecuencias.
Haría bien en escuchar otras opiniones, además de las vertidas desde Bruselas y mucho mejor, en considerar que la única vía que solucionaría este conflicto pasa por negociar y ceder.
Por su manera de actuar, no parece que en ningún momento esté pensando en el bienestar de los catalanes, a los que debiera representar por su Cargo, sino en el beneficio exclusivo de quien le designó y que ve en él, el único bastión que le queda para no caer directamente en el olvido.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Una estrategia decisiva




El intento de asalto al Parlament  en el aniversario del Primero de Octubre en Catalunya ha brindado a  los Partidos derechas, españolistas y constitucionalistas , una oportunidad de oro para exigir, con más fuerza si cabe, la inmediata aplicación del Artículo 155 y urgir al Gobierno a que convoque nuevas elecciones generales, argumentando que el empecinamiento en dialogar que sigue manteniendo Sánchez con los independentistas, no conduce a ninguna parte y esforzándose en presentar un panorama absolutamente tenebrista, que Aznar incluso se ha atrevido a comparar con los prolegómenos que antecedieron a la Guerra Civil del 36.
Todos hemos podido comprobar que desde que triunfara la Moción de Censura, entre las filas conservadoras de PP y Ciudadanos se ha levantado una devastadora  tormenta y que ambas Formaciones, apoyadas explícitamente por los medios de comunicación que le son afines, están haciendo lo imposible por echar abajo esa alianza providencial que nos libró de la tiranía de Mariano Rajoy y que hasta ahora, se mantiene a duras penas, por la mezcolanza de ideologías que defienden quienes formaron esta sociedad, en su momento.
Sin poder ni querer perdonar una derrota de tal magnitud, la derecha ha conseguido sacar del terreno de juego a dos Ministros socialistas e intentado hacerlo con un par de ellos más, aunque lógicamente, los de Sánchez han contratacado impidiendo que se produjeran nuevas dimisiones, sobre todo desde que supieron que las encuestas les dan como ganadores, en el hipotético caso de que se llegaran a celebrar nuevos comicios, aunque el Presidente ha manifestado claramente su voluntad de agotar la legislatura.
Cegados por la soberbia y el dolor de comprobar cómo se les escapa el poder, Casado y Rivera han encontrado en su radicalidad españolista un hilo del que tirar para forzar a Sánchez a reconsiderar su posición dialogante en el conflicto de Catalunya, hilo que han tensado extraordinariamente tras las declaraciones de Torra, arengando a los CDR a continuar en su lucha por alcanzar la independencia, sin entender, quizá porque en cuestiones políticas ambos son muy ambiciosos, pero novatos, que el socialista viene aplicando desde hace tiempo una estrategia decisiva que se fundamenta en ofrecer continuamente a los separatistas, una vía de diálogo y negociación, que más que fracasar está poniendo en evidencia delante de todos los millones de futuros electores, españoles y también catalanes, que son precisamente los partidarios de la independencia, con las acciones que realizan, los que se niegan tajantemente a participar en lo que podría ser la solución al conflicto que mantienen abierto en su territorio, en el que ya tienen en contra a más de la mitad de la población y ciertamente cansada a una buena parte de los que les apoyaron en los primeros momentos y que han podido comprobar que nada ha cambiado en sus vidas, tras un durísimo año de confrontaciones y enfrentamientos.
Sabiamente, Sánchez y también sus socios de Podemos, aguardan pacientemente que se produzca el lógico desgaste que se origina en todo proceso en el que no hay avances significativos a lo largo del tiempo y es por ello, que a toda costa tratan de evitar  rupturas desaconsejadas o demostraciones  de fuerza, que proporcionarían un móvil aparentemente lógico  a los secesionistas, para poder acusar de nuevo al Gobierno español de represor e insolidario con el territorio que supuestamente ellos defienden.
Espera Sánchez a que la crispación entre catalanes se convierta en un  hecho incuestionable que traspase todas las fronteras de este país y que a nivel nacional e internacional se llegue a la conclusión de que si el conflicto no se resuelve no es porque el Gobierno español no tenga voluntad de negociar, sino porque los independentistas se niegan sistemáticamente a ello.
Así, la culpabilidad de que la confrontación continúe sería exclusivamente  suya y en un periodo razonablemente corto, los apoyos con los que cuentan podrían quebrarse, provocando una debilidad en sus filas, propicia a recapacitar sobre la urgente necesidad de tener que alcanzar un acuerdo o sucumbir en el intento.
Esta estrategia que se opone radicalmente a la visceralidad de las derechas y que choca frontalmente con ella, desatando continuas salidas de tono y exigencias permanentes  que de aplicarse, sólo complicarían extremadamente lo que está sucediendo, es sin embargo, mucho más diplomática e inteligente de lo que en principio se pudiera pensar, pues mientras más tiempo transcurra sin que se llegue a un principio de pacto, más fortalecida saldría la imagen de aquellos que trataron inútil y pacíficamente de conseguirlo y más grotesca resultaría la de quiénes nada hicieron para conseguirlo.
En esas andamos y en los frentes que mantiene abiertos Sánchez en estos momentos, realmente importa mucho más que pueda obtener una pacificación del conflicto catalán que someterse a las exigencias de unas derechas que tienen como única voluntad seguir mandando, hasta cuando no están en el poder, como si este país fuera un coto cerrado de su exclusiva propiedad y los ciudadanos no pudiéramos pensar libremente, teniendo que estar de acuerdo, obligatoriamente, con las pautas que quieran marcarnos, como mansos borregos.

martes, 2 de octubre de 2018

Un año después




El aniversario del primero de Octubre en Catalunya que empezó siendo una especie de conmemoración reivindicativa de una fecha que ha marcado un antes y un después en la política que se estaba llevando a cabo desde la transición y que ha sido celebrado por  miles de personas absolutamente convencidas de que no hay otro camino que el de la independencia para ellos, acabó complicándose anoche cuando un grupo numeroso de gente terminó aglomerándose en las puertas del Parlament, intentando tomarlo por asalto, lo que provocó la carga de los mossos contra ellos y algunas manifestaciones de violencia.
Ya por la mañana, Torra pronunció un sentido discurso de carácter separatista en el que animaba fogosamente a los Comités por la defensa de la República a continuar en la lucha y que sentó muy mal a los de Pedro Sánchez, que siguen apostando por el diálogo para resolver el conflicto y mucho peor, a los grupos de la derecha que vienen reclamando desde hace tiempo una nueva aplicación del artículo 155 y exigiendo una mayor dureza contra los actos organizados por los separatistas, para arreglar una situación, que según palabras pronunciadas por el ex Presidente Aznar “es igual que el golpe de Estado que se intentó dar en 1934”
Las manifestaciones matinales, formadas fundamentalmente por estudiantes y miembros de los CDR, que se situaron en la plaza de Sant Jaume, se encadenaron al edificio de la Bolsa de Barcelona, cortaron durante varias horas las vías del AVE y realizaron quemas de neumáticos en varias carreteras de acceso a las ciudades de todo el territorio catalán, discurrieron sin embargo sin incidentes, bajo la atenta mirada de los mossos, que apenas tuvieron que intervenir, más que en algunas acciones protagonizadas por grupos claramente radicales y antisistema.
Tras la manifestación de la tarde, que no contó con la cantidad de gente que se esperaba y que al final tomó la deriva del intento de asalto al Parlament, que se saldó con más de treinta mossos heridos, la indignación de los policías pertenecientes a este Cuerpo no se ha hecho esperar y ya esta misma mañana reclamaban explicaciones al Conseller encargado de Seguridad, acusando directamente a Torra de haber arengado a las masas a las que tuvieron que enfrentarse anoche y responsabilizándole directamente de lo sucedido, además de acusarle de no prestar ningún apoyo a estos agentes  catalanes.
Entretanto, desde su placentero retiro de Bruselas, Puigdemont se encargaba  de ir dirigiendo a con cierta complacencia, a distancia, todo cuánto estaba sucediendo, queriendo enviar un mensaje rotundo de que continuaba estando muy presente en el transcurso del proceso, convencido de ser el alma mater de esta lucha que resulta ser mucho más cómoda en su situación que estando in situ y de la que muchos catalanes empiezan a estar hartos, más que nada porque no se ha avanzado absolutamente nada  en la consecución de la independencia, ni ha mejorado la convivencia real que se ven obligados a soportar las dos mitades de los millones de catalanes que se encuentran inmersos en el núcleo del conflicto.
El mismo Torra, entraba ayer en contradicción, sabiendo que mientras animaba a los CDR, tenía la obligación de controlar las actuaciones de los mossos, como último responsable de su mando y en medio, unos millones de personas pertenecientes a los dos bandos que se han ido asentando en el territorio catalán, contemplaban estupefactos una escena sin precedentes que no acababan de comprender, por la propia naturaleza de sus efectos.
Muchos de ellos, se han ido retirando paulatinamente de aquel primer fragor sobrevenido hace más de un año, al comprobar que todo lo que ocurriera entonces no sólo no ha afectado su vida cotidiana, mejorándola como les prometieron, sino que además, la economía catalana se ha venido resintiendo desde entonces derivando hacia una situación francamente peor, al reducir las empresas su volumen de inversiones en este territorio o simplemente, abandonándolo, como hemos podido comprobar, sin tener intención de regresar allí, al menos de momento.
Tampoco ha cambiado la situación de los afectados por problemas de desempleo, sanitarios, educacionales o sociales de primera necesidad y además de eso, los líderes catalanes que encabezaron la lucha por la independencia y decidieron quedarse, en lugar de huir, continúan en prisión preventiva, sin que por el momento haya indicios de que puedan salir en libertad, hasta la celebración de los juicios.
Aquella primera ilusión, que fomentada por sus principales protagonistas creó unas expectativas que jamás de cumplieron, se ha ido desinflando y el cansancio y la desgana se ha hecho visible en muchos de los que se implicaron en un proceso en el que creyeron de corazón y que ha quedado al final reducido a una especie flor de un día, de la que sólo queda un ápice del fuerte aroma que se filtró a través de todos los rincones de Catalunya y que probablemente sobrevive con dificultad, gracias a los lazos amarillos que reclaman la libertad de los presos y la presencia a través del plasma del impenitente Puigdemont, que no se resigna a haber perdido para siempre el poder que acumuló, negándose tajantemente a caer en el olvido.
Me atrevería a decir que si los presos salieran mañana, un buen número de personas volvería a sus casas sin querer reclamar nada más y la negociación podría avanzar mucho más rápido por la vía política, de lo que lo está haciendo.