lunes, 10 de septiembre de 2018

La caída



Tras celebrar una reunión con Pablo Casado, la que fuera vice Presidenta del Gobierno con Mariano Rajoy  decide finalmente retirarse de la vida política, rindiéndose seguramente a la evidencia de que el que fuera uno de sus adversarios en las primarias y posterior ganador de las mismas, no contempla la evolución del PP del mismo modo en que lo han hecho durante años los colaboradores más íntimos del ex Presidente y probablemente convencida de no tener cabida en ningún puesto de responsabilidad, ahora que las líneas marcadas por los actuales dirigentes del que fuera su Partido, están girando peligrosamente hacia los planteamientos de la extrema derecha.
Habría que reconocerle a Santamaría, aún sin haber comulgado nunca con su ideario, un infatigable afán de trabajo y una lealtad para con quién fuera su superior más directo que ha traspasado con mucho los límites considerados como normales, pues como todos recordaremos, jamás ha rechazado enfrentarse a las situaciones más difíciles, cuando las circunstancias lo han requerido y mientras Rajoy decidía permanecer en un segundo plano, parapetándose descaradamente tras ella, evitando así, los peores golpes que le llegaban desde la oposición y sin llegar a reconocer nunca, los tragos amargos que ha tenido que soportar esta mujer, a causa de sus muchas ausencias.
Enemiga acérrima de Maria Dolores de Cospedal, todos tuvimos claro, en cuanto vimos que la ya ex Presidenta de Castilla La Mancha se apresuró a subirse al carro del ganador, pegándose a Casado, tan sólo unos minutos después de ser `proclamado como nuevo líder del Partido, que Santamaría no tendría cabida en el nuevo orden establecido por el recién llegado, dada su sintonía con personajes del estilo de Aznar y también que su dignidad no le permitiría aceptar el hecho de ser rebajada hasta la humillación, sobre todo, después de haber estado ocupando uno de los puestos de mayor responsabilidad política en el país , como todos recordaremos.
Denostada durante los últimos tiempos por una buena parte de sus compañeros y muy fundamentalmente por el ala más conservadora, a la que pertenece Casado, por su gestión durante la crisis catalana, los años de gloria de Santamaría,  al frente del poder, se precipitaron bajo el alud que se produjo tras la pérdida de la Moción de Censura y la marcha inmediata de Rajoy, que podría haber sido su principal valedor, de haberse quedado un poco más, aunque no hubiera sido más que para saldar la impagable deuda que con ella tenía.
Se cierra, con la marcha de Santamaría, una etapa de infausto recuerdo en la que los asuntos de corrupción protagonizados por multitud de líderes conservadores terminaron por pasar factura a quiénes trataron de taparlos sin importar los medios empleados para  conseguirlo y se abre otra de ideología ultraconservadora, que movida desde la sombra  principalmente, por Aznar y todos aquellos que aún le son leales, ofrezca a su fiel  electorado, una imagen mucho más radical, sobre todo en problemas relacionados con la Unidad territorial, como tratando de demostrar una clase de patriotismo, mucho más rancio y obsoleto.
Dónde irá a parar Santamaría, tras su abandono de la vida política y si utilizará o no alguna de las muchas puertas giratorias que se le habrán abierto de par en par, como a todos los altos cargos que antes que ella decidieron o se vieron obligados a dejar sus funciones, es una incógnita que aún está por resolver, aunque pronto sabremos qué destino aguarda a quien fuera durante legislatura y media, sparring de un Presidente demasiado flemático, incapaz de afrontar ninguna de las crisis que por razones de su cargo y por otras del todo inaceptables, le sobrevinieron.
Está claro, como ya hemos dicho tantas veces, que en Política todo es absolutamente efímero y susceptible de ser cambiado en cuestión de segundos y que se puede bajar del cielo a los infiernos porque nadie resulta ser imprescindible, aunque muchos piensen erróneamente que pueden llegar a serlo.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Retomando contactos




Tras la inauguración del nuevo Curso político, el Presidente  Sánchez se  apresura a recibir en Moncloa a Pablo Iglesias, en un intento desesperado por asegurar el apoyo que de Podemos y sus Confluencias viene recibiendo, desde el mismo momento en que se animara a presentar la Moción de Censura que desalojó a Mariano Rajoy , para poder terminar una legislatura que, en principio se presenta difícil, sin el respaldo de los nacionalistas catalanes y vascos, como de todos es conocido.
La reunión transcurrió, según ambos interlocutores, en un clima de total cordialidad y aunque no hemos podido oír declaraciones del Presidente, acerca de los temas que allí se trataron, la posterior comparecencia de Iglesias y el tono empleado ante los medios, bastante conciliador por cierto, puede dar una idea de que entre ambos Partidos existe una buena sintonía, que podría fructificar dando lugar a una serie de interesantes acuerdos.
 Vimos al líder de Podemos, mucho más distendido de lo que suele ser habitual en sus intervenciones y admitiendo en todo momento que  su Formación y el PSOE están destinadas a tener que entenderse, sobre todo si lo que se pretende es combatir el amplio frente que conseguiría un gran acuerdo de las derechas, aunque para ello haya, en estos momentos, que obrar con minuciosa cautela en lo que a la relación con los independentistas catalanes se refiere.
Justificó Iglesias su moderación en el discurso con el argumento real de que en unas negociaciones todas las partes se ven obligadas a ceder, hasta hallar un punto de coincidencia que satisfaga mínimamente sus aspiraciones  y  reconoció públicamente estar dispuesto a hacerlo, con tal de poder sacar adelante un proyecto común que mejore sensiblemente las condiciones de vida de los ciudadanos y colectivos más afectados por los recortes laborales y de derechos acunados durante los años de gobierno de la derecha, incidiendo principalmente, en la importancia de que las grandes fortunas y la Banca, que hasta ahora han logrado mantenerse a flote, en medio del maremoto económico y social que todos hemos sufrido, empiecen a contribuir a una regeneración absolutamente necesaria para el país, aunque para ello haya que centrar una buena parte de la investigación sobre el fraude fiscal, precisamente en estos sectores tan controvertidos.
La rebaja en el tono y la distensión con la que Iglesias se comportó durante todo el tiempo que duró su comparecencia, dieron a entender que en principio, la Formación que dirige y todas las demás que confluyen con ella, incluida la Izquierda Unida de Garzón, estarían dispuestas a quedarse al lado de Sánchez, hasta que decida convocar nuevas elecciones y que se esforzarían todo lo posible por convencer a los grupos independentistas catalanes para que pongan de su parte en las negociaciones que les atañen particularmente, aunque mucho nos tememos que seguramente podrán contar con el apoyo de Esquerra Republicana, pero que convencer al PdeCat de Puigdemont, va  a ser una labor casi imposible de conseguir, a no ser que se produzca una debacle en las previsiones electorales de este grupo, con vistas al futuro y no les quede otro remedio que aflojar, cosa que de momento, parece bastante improbable.
Este empecinamiento, sin embargo, bien pudiera suponer un error de dimensiones imprevisibles, si tras e nuevos comicios, Casado y Rivera lograsen hacerse con el poder, pues toda la disposición al diálogo y la negociación que se está teniendo en estos momentos, se rompería inmediatamente, dando lugar a un retorno seguro a las vías represivas y legalistas que fueron las únicas que se exploraron, mientras Rajoy permaneció en el Gobierno
Habría pues que pedir a Torra y sobre todo a Puigdemont, un poco de sensatez a la hora de elaborar sus actuaciones futuras en el tema y tratar de persuadirles para que, al menos, arbitren una tregua que permita sacar adelante a Sánchez una serie de importantes medidas, que no sólo afectan a los ciudadanos españoles, sino también, en igual o peor medida, a los catalanes, que además de sufrir las mismas carencias que nosotros, se hallan inmersos en un conflicto que empieza a minar gravemente la convivencia pacífica entre ellos.
Es pues imprescindible, mantener y cuidar con esmero estos contactos periódicos entre las fuerzas que se unieron para desterrar del poder al PP, seguras de que representaba un obstáculo para poder avanzar en un camino de progreso y procurar, por encima de todo lo demás, mantener el espíritu de unidad que les movió en el momento de la Moción, pues de otro modo, el camino iniciado en este sentido, podría desmoronarse, propiciando un regreso triunfal de unas derechas, que no tendrían ningún problema, como ya hemos podido ver con anterioridad, en aunar fuerzas, para lograr esos objetivos que tanto daño han hecho a la Sociedad en general y que todos sabemos que supondrían un nuevo periodo de regresión, en todo lo que concierne a nuestras libertades sociales y laborales y sobre todo, a nuestros derechos.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Una realidad paralela



Siguiendo punto por  punto el guion  escrito por los nacionalistas del ahora PdCat, cuando todavía Convergencia y Artur  Mas era President  de la Generalitat  y aplicaba sin reparos en su amada Patria, todos los recortes propuestos por el Gobierno del PP y algunos más de propia creación, de los que alguien tendría que hablar en algún momento, Torra visitó ayer a Puigdemont, como siempre, acompañado por un séquito de sonrientes acérrimos de la causa independentista, todos ellos pertenecientes a su propio Partido y luciendo, en solapa o en forma de pañuelo, los consabidos lazos amarillos y en un alarde de osadía, se atrevió a decir, lejos del territorio español, desde luego, que si los presos encarcelados por el asunto del Process, no eran puestos inmediatamente en libertad, usaría el poder que le otorga el cargo que ocupa para abrir las prisiones, levantando tal polvareda, que no le quedó otro remedio que desdecirse de sus afirmaciones, tan solo una hora más tarde.
El mundo paralelo en que se vive en Waterloo, lejos de las tensiones sociales que se producen a diario en los pueblos y ciudades de Catalunya, propicia de manera sensiblemente peligrosa, un clima de inquietante ilusión que una buena parte de los ciudadanos que creyeron sinceramente que el proyecto de la proclamación de la República sería posible, apoya hasta las últimas consecuencias, convencidos de una causa asentada sobre cimientos de fina arena, que hacen imposible que la construcción prometida se sostenga, sobre todo si se vuelven a cometer los mismos errores que trajeron las consecuencias que todos conocemos y que llevaron a una buena parte de sus líderes, directamente a las cárceles en las que permanecen.
Pone además, esta utopía esperpéntica y sin sentido que se transmite al resto del mundo desde el pacífico santuario que habita Puigdemot, en serio peligro, la vía abierta por Pedro Sánchez, con el apoyo de Podemos, para la reflexión, el diálogo y las negociaciones que pudiera arbitrar una solución al conflicto y enerva, como no podría ser de otra manera, a los principales representantes de Esquerra Republicana, que encabezados por el encarcelado Oriol Junqueras, están pagando todas y cada una de las consecuencias de unos actos que fueron cometidos, codo con codo, con otros muchos que optaron por la huida y que disfrutan de total libertad, lejos de los escenarios en los que se desarrolla la contienda.
También ayudan y de qué forma, sus continuas declaraciones a alimentar las tesis de las Formaciones de derechas y muy fundamentalmente las propuestas  por  Rivera, que ha convertido la crisis catalana, en un asunto personal y que daría todo lo que tiene porque triunfaran todas sus fórmulas represivas y legalistas, para catapultarse directamente a la Moncloa, dónde tiene puestos sus ojos, desde hace mucho tiempo.
Por otra parte, la estrategia de la insistencia en un mismo asunto, sin ofrecer un minuto de tregua, día a día, minuto a minuto, redundante y machacona en el mismo discurso, empieza a resultar ciertamente cansina y no solo para los españoles en general, que en muchos casos entendimos el derecho de los independentistas a manifestar libremente sus opiniones, sino también para una buena parte de sus propios seguidores, que están empezando a estar más que hartos de que las vanas promesas que se les hicieron no se hayan materializado, en modo alguno y que su vida no haya mejorado en ningún sentido, a pesar de los meses de  lucha continua.
Tampoco parecen convencer Puigdemont y los suyos a sus antiguos socios de la CUP, que siguen apostando, de acuerdo con su natural ideario, por una desobediencia plena a los dictados de la Justicia y el Gobierno español, por lo que se podría decir, sin temor alguno a equivocarse, que el PdeCat se está quedando solo sobre una cuerda floja que en cualquier momento podría romperse, sin que nada ni nadie pudiera evitar el descalabro que ello produciría, no ya en los líderes de este Partido, sino en general, en Catalunya.
 Sin querer renunciar a uno solo de sus antiguos privilegios, Puigdemont se ha convertido en una figura grotesca que se aferra a un momento de su vida que para él debió resultar francamente glorioso, sin percibir la dura realidad  de que ese instante ya pasó y que su plan quedó absolutamente desmantelado, en el mismo día en que decidió salir huyendo, ssidentin pararse a pensar en las consecuencias que su fuga podría acarrear para muchos de sus socios y compañeros.
Verdad es, que mientras Junqueras y los suyos continúan en prisión provisional, él está disfrutando de una libertad que constituye un evidente agravio comparativo en relación con lo que les ocurre a los de Esquerra, pero eso, poco o nada debe importar ni al ex President, ni a Torra, ni a ninguno de los que le profesan una devoción casi fanática, pues no hacen, sino ofrecer motivos a sus  adversarios, para que la situación de los presos se agrave, con sus declaraciones cargadas de amenazas imposibles, cargadas de materia explosiva.
Pedro Sánchez, se guarda las espaldas enviando un refuerzo de agentes, de cara a la celebración de la próxima Diada, que si se sigue calentando el ambiente, se augura como poco, difícil, aunque no sería de extrañar que además, tuviéramos que ver cómo se recrudece la violencia.
No estaría de más, que cada una de las Formaciones que se sumaron a esta curiosa Sociedad, en pos de conseguir la independencia para Catalunya, aclarara, antes de que llegara la Diada, en qué punto se encuentra en la actualidad y si realmente, quieren o no, iniciar un diálogo pacífico con el Gobierno español, dentro de la legalidad o en cambio, prefieren continuar con sus peregrinaciones y soflamas, prometiendo a las masas acciones que jamás podrán cumplir, porque entonces es que mentían cuando reclamaban negociaciones y eso sí que resultaría inadmisible.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Regresos y despedidas




Se reincorpora Pablo Iglesias a la vida política que abandonó hace unos meses para dedicarse plenamente al cuidado de sus gemelos, que como todos sabemos, vinieron al mundo prematuramente y lo hace, tras haber agotado su baja por paternidad, compareciendo junto a su compañera, Irene Montero, emitiendo un emotivo mensaje de agradecimiento a todos aquellos que nos hemos interesado, como no podía ser de otra manera, en la evolución de la salud de sus hijos, mencionando la inmensa gratitud que sienten por todos aquellos que les han ayudado, de manera profesional o personal a soportar la crudísima dureza de la situación que han vivido, sin olvidarse de ensalzar los enormes esfuerzos realizados por los curtidos trabajadores de la sanidad pública, la solidaridad los padres de otros niños nacidos en la misma tesitura que los suyos o la preocupación sincera de otros muchos, que discrepando radicalmente de su pensamiento político, se han interesado y hasta rezado por la recuperación de los pequeños.
Habría que decir que decir que esta comparecencia parece haber marcado un punto de inflexión que la distingue sustancialmente de otras muchas que esta misma pareja había protagonizado con anterioridad, quizá porque el hecho de ser padres suele cambiar siempre para bien, la manera de entender la vida, convirtiéndonos de repente en mejores seres humanos de lo que éramos, cuando no sentíamos esa inquietud interior que conlleva la enorme responsabilidad de tener que hacerte cargo de empezar a encauzar la vida de estos seres indefensos que formarán parte fundamental de las nuestras, ya para siempre.
Con admirable serenidad y un poso de preocupación natural evidenciado claramente en los rostros de ambos comparecientes, Iglesias y Montero se han colocado una vez más ante la ciudadanía, esta vez para informar de un problema personal y evitando hacer referencias a los temas políticos y por ello, nos han parecido en este caso tan particular, simplemente un par del  ciudadanos más que trataban de compartir una experiencia que sin duda les ha marcado profundamente y que incluso puede haberles hecho reflexionar, sobre lo que resulta ser verdaderamente prioritario, a lo largo de su propia existencia.
Apoyar su lucha por sacar adelante a sus niños y sentirse solidarios con su causa en estos momentos, no puede, sino ser algo imprescindible para todas las personas de bien y por ello, han de contar con la simpatía de toda la sociedad que les rodea, salvando las distancias que políticamente les pueda separar de ellos.
Casi a la misma hora en que se producía esta comparecencia, saltaba a los medios la sorpresa de que Xavi Domenech decidía abandonar todos los cargos que ocupaba hasta ahora en Podemos, causando en una buena sorpresa en militantes y simpatizantes de la Formación, que conocen de cerca la buena labor que ha venido realizando este hombre durante el tiempo que ha permanecido en el Congreso y los enormes esfuerzos que ha protagonizado por propiciar una solución pacífica, en el caso del problema de Catalunya.
Carismático y buen orador, mordaz y sarcástico en todas sus intervenciones sobre la Tribuna del Congreso, este líder, que alega para retirarse, el deseo de volver a su trabajo como docente, deja con su marcha, un hueco insustituible en el Partido que abandona y muchos de nosotros echaremos de menos su talante conciliador, sobre todo, en la mesa de negociaciones que se abre entre Gobierno e independentistas, en la que podría haber llevado a cabo un extraordinario papel, debido al conocimiento profundo que paree tener del conflicto.
Pierde con su marcha Podemos a uno de sus referentes esenciales que formaron parte desde el principio de su ambicioso e innovador proyecto y se queda, en cierta medida, huérfano de la cordura que siempre caracterizó a Domenech en sus análisis de las muchas situaciones complicadas que hemos vivido en los últimos años, ofreciendo siempre un ejemplo de honestidad personal, impagable en un mundo en el que lo habitual es utilizar cualquier clase de subterfugio, con la única intención de ganar un puñado de votos.
Su apuesta decidida por la neutralidad durante los peores tiempos de la crisis catalana y su defensa a ultranza de la necesidad de arbitrar una vía de diálogo y negociación que propiciara una solución meramente política del problema, sustituyendo a los recursos policiales y legales que el PP había estado utilizando sistemáticamente, como único medio de combatir el separatismo,  le costó una sustancial pérdida de votos en las últimas elecciones, aunque después de la Moción de censura, pudiera resarcirse personalmente del revés electoral, al mostrarse Pedro Sánchez, totalmente de acuerdo con sus tesis.
En estos días, en que unos regresan a la actividad y otros deciden despedirse de ella, pensar en la dificultad de los tiempos que se avecinan, no debe restar un ápice de trascendencia a estos temas personales que demuestran fehacientemente que los políticos, en el fondo, son seres humanos iguales que nosotros y que también ellos, aunque estén dónde están, han de afrontar sus luces y sus sombras en la misma medida en que lo hacemos todos, según las circunstancias del momento.

martes, 4 de septiembre de 2018

En busca de la felicidad




Por mucho que uno quiera apartarse de los acontecimientos que le rodean, tratando de construir una burbuja en la que aislarse de todo aquello que le produce dolor y sufrimiento, protagonizando seguramente uno de los actos más estrechamente relacionados con el egoísmo, hay escenas, sucesos que acaecen cotidianamente en este mundo  en el que por fortuna nos hemos acostumbrado a vivir, rodeados de comodidades y de pequeños placeres superfluos y en la mayoría de las ocasiones absolutamente innecesarios, a los que las personas de bien no podemos ni debemos volver la espalda, como si se hubiera producido dentro de nosotros una crisis de deshumanización, que nos empujara irremediablemente a perder la racionalidad, animalizando nuestra condición hasta reconvertirnos en meras bestias.
Las mareas migratorias  que se están produciendo cerca de las costas europeas y que hacinan, en condiciones infrahumanas, a miles de personas que huyen desesperadamente de los horrores del hambre, la miseria y las guerras, soñando con hallar un paraíso de paz, en este viejo continente dominado por los pensamientos de un capitalismo feroz, que no conoce ni obedece a los dictados de la conciencia, son sin embargo, una imagen que refleja en un espejo cristalino, las consecuencias de nuestro propio modo de actuar y del daño que hemos causado con nuestro elitismo  clasista y nuestro afán indomable de dominación, a millones de seres humanos que habiendo nacido, en teoría, con las mismas necesidades y derechos que nosotros, se han visto abocados a tratar de sobrevivir en unos escenarios donde la pobreza extrema les atrapa, sin dejarles otra salida que intentar zafarse de la condena a una muerte segura, agarrándose desesperadamente a la posibilidad de una huida precipitada, arriesgada y milimétricamente organizada por mafias sin corazón, pero que insufla un soplo de esperanza en quiénes nada tienen ya que perder y mucho que ganar, si finalmente, su aterrador viaje se concluye con éxito.
Pobres que conservan aún la inocencia infantil que suele caracterizar a los inocentes, el sueño de alcanzar las costas de cualquier país europeo y poder, al menos, respirar sin tener que mirar atrás temiendo lo peor durante todos los minutos del día, ser acogidos, sin que importe demasiado dónde, con un poco de comprensión y tener la oportunidad de vivir lejos de la miseria y el miedo, lo que menos pueden imaginar, cuando inician estos viajes, para muchos de ellos sin retorno, es que de llegar a estar tan cerca del objetivo que se propusieron, se encontrarán de frente con nuevos muros de intolerancia e insolidaridad, que les convertirán en una especie de nómadas errantes a los que nadie está dispuesto a ofrecer un rincón en el que poder olvidar la crudeza del pasado que les persigue.
Se topan de pronto, con un mundo supuestamente civilizado en el que lejos de imperar los principios del respeto a los derechos humanos y la compasión hacia los más desafortunados, nos regimos por las leyes que marcan los poderes relacionados con los movimientos del dinero y en el que los más poderosos, se jactan de haber logrado un satatus de altísimo  nivel, que no están dispuestos a compartir, bajo ningún concepto, con nadie que pueda hacer peligrar la belleza de su paisaje globalizado y perfecto.
Ese muro, que no tiene por qué ser físico, aunque en muchas ocasiones lo es, está fundamentalmente firmemente instalado en la mentalidad empobrecida de infinidad de hombres y mujeres que conviven entre nosotros y que ni siquiera reconocen que han adquirido, a base de oír reiteradamente los mensajes lanzados sibilinamente desde el poder, unos hábitos de xenofobia que sólo consiguen emponzoñar sus corazones, acercándoles peligrosamente a una ideología de tintes claramente fascistas, aunque ni siquiera ellos mismos se hallen dispuestos a reconocer el fracaso que como seres humanos de buena voluntad, representan.
Si miramos alrededor, son muchos los que apoyan el cierre de fronteras, las devoluciones en caliente y otras de las  muchas atrocidades que se están cometiendo con estos migrantes, cuyo único pecado es el de pertenecer al último de los eslabones de la cadena de las clases sociales, sin percatarse de que son, en el fondo, víctimas de su propio miedo, un miedo que se ha multiplicado por un millón, desde que todos empezamos a sufrir los terribles estragos de la crisis y que los poderosos se han encargado minuciosamente de acrecentar, colocando a nuestro alrededor gruesas cadenas que nos impidan cualquier tipo de movimiento.
Son esos que niegan amparo a los que más lo necesitan, igual o más desgraciados que ellos, pues ni siquiera les queda ya esa esperanza que los que llegan a través de los mares traen, en sus ojos  y sus corazones, puesto que se han dejado vencer, sin resistencia, por el pensamiento de sus propios verdugos, cayendo en brazos de una ignorancia que les conduce sin remisión y mansamente, no solo a la pérdida de su propia identidad, sino también a la de la dignidad, que es algo que todos debiéramos saber salvaguardar, como un tesoro, sin permitir que nadie nos la arrebatase.
Y mientras estas cosas suceden, nuestros mandatarios siguen perdiéndose en eternas conversaciones sin contenido,  intentando repartirse, como si de ganado se tratara, estas mareas migratorias compuestas por personas con nombres e historias que a ninguno de ellos parece interesar, por cierto.
Esta falta más que evidente de humanidad, es el precio que estamos pagando religiosamente al Dios intocable del dinero y darnos cuenta de ello, hablarlo y difundirlo,  que abran los ojos todos los que aún los conservan cerrados, a la espera de que algún milagro que no llegará, mejore sus situaciones personales, es una obligación que todos los que todavía consideramos que somos capaces de a razonar, debiéramos marcarnos sin dilación, antes de que las aguas de nuestros mares desaparezcan dejando al descubierto los cementerios que albergan y que nuestras conciencias ya no puedan soportar la culpa que produce esta impotencia por no poder ayudar a estos desheredados de la tierra, que en otras circunstancias, podríamos haber sido  nosotros.

lunes, 3 de septiembre de 2018

La guerra de los lazos




Queda inaugurado el curso político, en medio de la absurda polémica que se ha levantado entre los partidos por la colocación y el retirado de lazos amarillos, a lo largo de toda la geografía catalana, polémica que se ha ido recrudeciendo especialmente entre las derechas y las izquierdas, dando como único resultado una enorme publicidad gratuita a la causa independentista, que como ya hemos podido comprobar, sabe muy bien cómo gestionar en su favor, esta historia de símbolos y banderas que en el fondo pertenece a la más estricta intimidad de cada cual y a la que por  tanto, se concede mayor o menor importancia, según quién lo mire.
Como era de esperar, Albert Rivera enseguida se ha auto proclamado como defensor único e insustituible de la unidad del Estado y anda arrancando con sus compañeros de Partido, un día sí y otro también, todos los lazos con los que se tropieza en la calle y hasta ha recurrido al Defensor del Pueblo, alegando una indefensión de una parte de la ciudadanía catalana que puede que sea cierta en determinados aspectos, pero a la que no afecta, ni para bien ni para mal, que cuelguen o no estos lazos que por la Libertad de expresión reconocida en nuestra Constitución, pueden ser legítimamente colocados, allá dónde se quiera.
Poco o nada parece preocupar a Rivera que en otros muchos lugares del país permanezcan expuestos toda clase de símbolos representativos de la ideología fascista, colocados durante los años de la dictadura y que incluso haya expresado cierta contrariedad ante la idea de la exhumación de los restos de Franco, como si la permanencia de esta multitud de recordatorios de una etapa nefasta de nuestra Historia fuera algo natural y hubiera que convivir con ellos, obligatoriamente.
Da la impresión, oyendo las declaraciones continuas que ofrecen, siempre ante las cámaras, los representantes de PP y Ciudadanos, de que el conflicto catalán hubiera quedado de pronto reducido a la profusión de lazos que lucen en todos los rincones de esta tierra y que los problemas fundamentales que originaron que la situación haya llegado justo al momento en que se encuentra, hubieran desaparecido mágicamente, absorbidos por la marea amarilla que inunda los pueblos y ciudades y que son retirados, sin tregua, por otros ciudadanos, con otro pensamiento distinto.
Presumir que todo este espectáculo que están ofreciendo las derechas, no persigue otro objetivo que la obtención del voto de aquella parte de la sociedad catalana  que no desea la independencia, sería quizás, aventurar una opinión verdaderamente personal que como todas, pudiera estar del todo equivocada, pero es que nadie impide a ese sector de la población, la colocación de banderas españolas en balcones o logares públicos o privados, ni a los otros, su derecho a quitarlas, si es que ese fuera su deseo, pues en una democracia auténtica han de caber, como todos sabemos, todas las opciones, de manera pacífica, naturalmente.
Entretanto, el Gobierno de Pedro Sánchez afronta el comienzo del nuevo curso político con la intención de retomar las negociaciones prometidas al President de la Generalitat, al principio del verano y ahí será, dónde verdaderamente habrá que poner, por ambas partes, toda la carne en el asador, para intentar hallar una solución estrictamente política al gravísimo problema que se está viviendo en Catalunya y que estamos seguros, puede resolverse por esta vía, por la que siempre hemos apostado, si existe voluntad real de hacerlo y creemos que la hay, como no podría ser de otra manera.
Juega pues la derecha, en mayor o menor medida, a tratar de azuzar a su público en general, intentando que los enfrentamientos se recrudezcan para, como ya han declarado, forzar una nueva   aplicación del artículo 155 y de paso, poder decir que llevaban toda la razón cuando decían que la vía legal era la única que podía poner fin al problema, aunque los resultados obtenidos a través de este método, fueron, como todos sabemos, absolutamente infructuosos.
Habrá que esperar un tiempo prudencial, hasta ver qué ocurre en las primeras reuniones del Gobierno con los separatistas, pero se intuye, por el modo en que se expresan las derechas, que en el fondo, les haría mucho daño que el diálogo triunfara anulando, por la fuerza de la razón, todos sus argumentos y sobre todo, porque si así ocurriera, las urnas podrían llenarse de votos para los socialistas de Sánchez, sin que nada pudiera impedirlo, cosa que dañaría gravemente las esperanzas futuras que albergan Casado y Rivera, en el fondo de sus corazones.
Bienvenidos, queridos lectores, a este nuevo curso que promete ser belicoso y si me lo permiten, hasta virulento y que comienza hoy, del mismo modo en que terminó el anterior, por lo que hemos de deducir que la lucha será encarnizada y que nos esperan días difíciles cargados de noticias, aunque lo que de verdad deseamos, es que empiecen a solucionarse algunos de nuestros problemas auténticos.
Hagan examen de conciencia y díganme, qué puñetas puede importar a una familia sin recursos, si de los barandales cuelgan o no lazos amarillos reclamando la libertad de los presos.


domingo, 2 de septiembre de 2018

Rehabilitación anímica



 Estaba claro que después de este último año, yo necesitaba una limpieza interna que canalizara todas las emociones negativas que se habían ido acumulando dentro de mí, de manera imperativa e inconsciente y que no había, como desconectar absolutamente de la vida rutinaria y absorbente que a todos nos asalta sin pedirnos permiso, para recuperar  la perspectiva de lo que viene ocurriendo alrededor como si no formáramos parte de ello, cosa que he conseguido estando un mes totalmente distanciada de cualquier asunto relacionado con temas políticos y sociales, que suelen ser los que  conforman mi tiempo, a lo largo de los meses en los que me muevo en mi pequeño mundo cotidiano y mi ambiente.
Al inicio del periodo vacacional, me hice a mí misma la promesa de apartar la vista y los oídos de cualquier medio de comunicación, contando con que si se producía alguna noticia de calado, similar a la que ocurrió el año pasado con el atentado de Barcelona, la sabría inmediatamente por el antiquísimo método del boca a boca, promesa que he logrado mantener durante más de treinta días y que ha conseguido rehabilitarme, convirtiéndome en una persona mucho más tolerante, pacífica y sin adicciones a las redes sociales, que he procurado utilizar lo menos posible, exceptuando comunicaciones familiares, que ésas sí son, del todo ineludibles.
Perdida entre los montes, los pueblos  y las ciudades de  la hermosa Galicia, respirando aire puro y con la sola compañía de mis seres queridos y un par de libros, he conseguido reunir el valor suficiente para volver a la palestra dispuesta a retomar la escritura, a través de la cual me comunico con todos ustedes de manera cuasi permanente y también para hacer una reflexión profunda de cuáles han podido ser mis peores errores, a lo largo de los pasados meses, llegando a la conclusión de que tomarse la vida con demasiada intensidad, termina por agotar los recursos emocionales que una posee y que teóricamente, debieran durarle hasta los últimos momentos.
De vuelta a casa, me doy cuenta que no me he perdido gran cosa en este paréntesis de inacción y que incluso podría retomar este artículo, como si me hubiera marchado ayer, sin que ustedes percibieran que he permanecido en mi retiro durante más de treinta días, lo que puede dar idea de lo poco que cambia el mundo en realidad y de lo mucho que exageramos, cada vez que decidimos ofrecer nuestro punto de vista, sobre una determinada noticia.
No quisiera dejar pasar la ocasión de recomendar a todos, los que aún no lo hayan leído, el libro “Patria”, de Fernando  Aramburu, que tenía como una de mis lecturas pendientes desde hace más de un año y que me ha dejado impresionada por la manera en que analiza el llamado conflicto vasco, a través del estudio de una serie de personajes personalmente implicados en los dos bandos que allí se establecieron, dejando en la sociedad, en general, una huella profunda e imborrable y que está tratado, con una exquisitez casi mágica, de modo que a una le cuesta distinguir quiénes han sufrido más, en todo el tiempo en el que ETA se mantuvo en activo, aunque por razones de pura razón, es humano posicionarse del lado de las víctimas.
También terminé de releer “Las uvas de la ira” de Steinbeck, un libro obligatorio que a pesar del tiempo trascurrido desde su aparición, no ha perdido un ápice de vigencia y que ayuda, desde su perspectiva de la crisis del 29, en el medio rural americano, a entender con claridad meridiana lo ocurrido en estos años que estamos viviendo y las auténticas motivaciones que han llevado a un gran número de familias, a los límites mismos de la miseria.
Mañana, retomaré la actividad habitual a las que les tengo acostumbrados, a través de estos artículos de opinión que suelen mezclar el plano emocional con el natural discurrir de las noticias y ya les anticipo, que entre la guerra de los lazos, la reincorporación a la política de Pablo Iglesias, tras su baja por paternidad o la exhumación de los restos de  Franco, que continúa levantando ampollas, entre sus incondicionales sempiternos, de no ocurrir algo imprevisto, habrá poca carne que poner en el asador, pero permítanme que hoy, que es mi último día de vacaciones, dedique el resto de las horas, a la añoranza de la paz que dejé entre el verdor de los helechos gallegos, en los que me hubiera quedado prendida, de no ser porque las obligaciones laborales y otras menudencias de las que prefiero no hablar, no lo hubieran impedido inexorablemente,
Encantada de que nos volvamos a encontrar. No podría negar que les quiero.