miércoles, 18 de julio de 2018

Guerra abierta




A sólo unos días de que se celebre el Congreso del Partido Popular  y sin que lo que ocurre a la vez en  el País parezca preocupar demasiado a sus figuras más conocidas, los dos candidatos a ocupar la vacante que se ha visto obligado a dejar Mariano Rajoy, de  manera tan intempestiva, se  han lanzado de cabeza a una guerra abierta, en la que ya ni siquiera se molestan en disimular la clase de ambición que les  mueve, a juzgar por el cruce continuo de acusaciones y jugadas sucias en la sombra que vienen orquestando, para desprestigio de su rival directo.
Lo que estamos contemplando estos días, sobrepasa los límites de la ética entre quienes supuestamente son compañeros y está  haciendo que la lucha entre Pedro Sánchez y Díaz, que ya vivimos y contamos, parezca un guion de Walt Disney, al lado de esta continua batalla en la que no dejan de aparecer vídeos en la red, que por supuesto, nadie se atribuye, pero que horada cada vez más en el pasado de los candidatos, plasmando acciones de las que nadie podría sentirse, o sí, especialmente orgulloso.
Luego están, los posicionamientos abiertos de los figurones, viejos y nuevos, a favor de una u otro, que en realidad van únicamente encaminados a poder conservar los privilegios personales que hasta ahora disfrutaban, con total placidez y gallardía, pero que pueden terminarse, si la vencedora o el vencedor  conoce que se ha estado haciendo campaña en su contra, en forma de purga, en cuanto se alcance el poder, pues aquello de la férrea unidad y sobre todo del perdón, todos sabemos que no se hicieron para los populares.
Lo que sí ha quedado de manifiesto es que ya no puede haber marcha atrás y que lo que se juega en este peculiar Congreso, no es sólo quién se convierta en Jefe del Partido, sino el triunfo a  las claras de una de las dos corrientes de pensamiento que habían estado confluyendo en el PP, a regañadientes, durante años y que apuestan por políticas mayor o menormente escoradas a la extrema derecha.
Ambos, presumen de tener convencidos a tantos compromisarios que los números superan con creces la cifra real de los que son, pero ese afán de manipular datos, al que nos tienen  acostumbrados estas gentes, no nos pilla por sorpresa, ni tampoco la soberbia personal con que cada uno de ellos aborda la recta final de esta encarnizada batalla.
Lo extraordinario es que representando Soraya, según fuentes oficiales, al ala supuestamente más progresista del PP, en los vídeos que se han lanzado en su contra, aparezcan personajes carpetovetónicos, a los que no  hay quién  mueva de los cargos que vienen ocupando desde hace cuarenta años en el Partido, mientras en los que se critica a Casado, al que apoya el ala más recalcitrante de los conservadores, se hable más bien, de otras  lindezas, como si con la artillería que lleva en su bando fuera posible una renovación, sólo por razones de edad y no por la naturaleza real de su auténtico pensamiento.
En honor a la verdad, ninguno de estos dos candidatos puede ofrecer a nadie nada nuevo, pues es tan grande el lastre del pasado que esta Formación trae consigo y han cambiado tan poco las caras de los que la lideran, que es difícil o casi imposible imaginar que de alguna manera pueda llegar a producirse la revolución radical que el PP necesitaría, para borrar de la memoria de los ciudadanos, una lista interminable de infaustos recuerdos.
Así que ya pueden enzarzarse en las disquisiciones que deseen, cruzar cuántos insultos y acusaciones les vengan en ganas, desacreditar el discurso del otro o incluso utilizar la baza del género, en una lucha sin cuartel que terminará en definitiva, como quieran los mismos de siempre, que a los que nunca les votamos y me da la impresión de que también a muchos de los que durante muchos años lo hicieron,  no van a convencernos de nada y menos aún, si todo va encaminado a manipular al personal, con aquello de limpiar una imagen, que sinceramente, no tiene arreglo.
La impresión que da desde fuera es que el PP estaría más cerca de un cisma parecido al que ocurrió a UCD, aunque por razones bien diferentes y que la supuesta integración de los perdedores nunca se producirá y menos, existiendo la posibilidad de integrarse en otro Partido de derechas, como el de Albert Rivera, que espera ansioso los resultados del Congreso.
A éste último, le encantaría que Casado fuera el vencedor, pues esto le daría pie para adjudicarse, en exclusiva, el espacio del Centro Derecha, pudiendo así descalificar al flamante ganador con el discurso de que sus políticas se parecen más a las de Le Penn, que al moderno liberalismo que dice representar él mismo y que tendría como modelo a Macron, en Francia, como todos imaginamos y creemos.
Menos mal, que sólo faltan unos días para conocer el desenlace de esta historia de terribles desencuentros, porque tener que soportar mucho más tiempo lo que está sucediendo ante nuestros ojos, con lo hartos que estamos de sufrir a los populares, desde hace varios años, podría convertirse en una tortura y ahora que por fin hemos conseguido librarnos de su mala influencia, tendría gracia que nos viéramos obligados a estar escribiendo día tras día sobre sus andanzas post gubernamentales, como si tuvieran un poder paralelo del que resultara imposible deshacerse.

martes, 17 de julio de 2018

En tránsito


A estas alturas del verano y aunque este año  ha sido muy especial en muchas cosas y no sólo en la climatología, los ciudadanos estamos, en general, en ese punto que oscila entre la euforia y el agotamiento y los que no hemos tenido la suerte aún de tomarnos un merecido descanso, sobre todo mental, para poner un poco de orden dentro de nuestras desequilibradas cabezas, ansiamos desesperadamente que llegue el día en el que cada uno con su bagaje, marchemos hacia otros horizontes en los que disfrutar de  la pereza no sea considerado como un pecado, ni desconectar de los asuntos serios, como una despreocupación, por nuestra parte, de los problemas que nos atañen a todos.
Somos conscientes y de qué manera, de que la situación económica de la mayoría no está como para tirar cohetes y también de que andamos metidos en un guirigay fenomenal, con esto de que el nuevo Gobierno no cuente más que con 84 diputados y necesite apoyos de grupos bien diversos para poder aprobar todo lo que en justicia, debiera sernos devuelto, pero las fuerzas dan para lo que dan y todos llegamos hasta dónde podemos, incapaces de seguir bregando con más sobresaltos, del estilo de los que solemos conocer a diario a través de los medios de comunicación y que nos hacen enfurecernos hasta la saciedad, provocándonos un estrés casi crónico, que no nos dejan combatir, por la marcha habitual que últimamente llevan los acontecimientos.
Hoy, por ejemplo, Pedro Sánchez está compareciendo en una sesión del Congreso anunciando medidas económicas que evidentemente nos interesan a todos, pero sinceramente, me ha pillado en uno de esos días en que no me apetece nada hacer cábalas sobre lo que pudiera suceder en el futuro que nos aguarda, así que me siento ante el ordenador sin haberme parado, como suele ser habitual, a pensar sobre lo que quiero escribir, prefiriendo que las palabras vayan fluyendo laxamente y sin condicionamientos exteriores, porque una también, de vez en cuando, necesita resetearse plácidamente en la soledad de la habitación e hilar frases intrascendentes  que sólo afectan a su estado de ánimo y a esas pequeñas cosas que componen la rutina diaria, a las que tan poca importancia solemos dar, pero que constituyen, en sí mismas, los pilares de nuestras  propias historias.
No hay ninguna, de las cada uno tenemos , que pueda considerarse banal, pues todas ellas han ido poco a poco, forjando nuestro particular carácter y fortaleciendo ese mundo interior que nos hace ser como somos, buenos o malos, según las circunstancias, con nosotros mismos y con los demás, pero la mala costumbre, muy extendida por esto de las prisas, de no pararnos a escuchar lo que los más cercanos tratan de transmitir, nos roba la oportunidad de poder aprender sobre la naturaleza de los seres humanos y la de enriquecernos abriendo la mente e impregnándonos de las experiencias que otros vivieron, para hacernos, en definitiva, mejores y más fuertes.
Así que hoy me he concedido el inmenso placer de oír lo que se cocía a mi lado, tomándome unas horas para vivir la calle sin prejuicios adquiridos y he vuelto, francamente mucho más relajada y tajantemente dispuesta a no hacer mención en este artículo, más que a las ilusiones que todos tenemos por volar, dentro de unos días, aunque sólo sea con la imaginación, a otros sitios, donde otras gentes, maravillosamente diversas, a las que ni siquiera conocemos, seguramente nos aportarán un material impagable y humano que después, de vuelta a nuestros orígenes, intentaremos aprovechar lo mejor que sepamos, para sacar, a pesar de los malos momentos que nos aguarden, todo el jugo que podamos, a la vida.
Este tránsito íntimo que hace fluir la alucinación de que la cruda realidad cotidiana, puede hacerse desaparecer tomando distancia y minimizando los efectos nocivos que sobre nosotros tiene, no sólo ayuda a establecer ciertos límites absolutamente necesarios para lograr un equilibrio benefactor, sino que además, conlleva, en sí mismo, un ejercicio de humildad, que nos enseña a comprender la poca importancia real que tenemos, como seres humanos, simplemente.
De modo que en estos momentos, el valor que concedamos a las cosas mundanas depende, en exclusiva, del que en nuestra preciosa y precisa soledad, les queramos dar y ese ambiente, francamente tóxico, en el que se nos obliga a movernos en este mundo globalizado que nos maneja como a marionetas y nos lleva de un lado a otro, según soplen los vientos, cerrar los ojos y mirar solamente hacia adentro, puede convertirse en un tesoro impagable que supera con creces todos los placeres que pueda aportarnos la más grande de las fortunas materiales que manejan, esos a los que la ambición, no concede jamás un minuto de aliento.
Si quieren probar, la gratuidad de la experiencia no la hace menos gratificante y conciliadora y ya les digo yo, que merece la pena deshacerse de vez en cuando de lo amargo, para sumergirse en los mares cálidos de la quietud personal, aunque sólo sea  para reafirmar querencias y recuerdos.
Mientras las tormentas, los aguaceros y las granizadas azotan a una gran parte del país, fastidiando profundamente a los amantes del calor y las playas y sobre todo, a las cosechas, los que aún permanecemos en nuestras respectivas localidades, contando con avidez, las horas que nos faltan para partir, buscamos fórmulas que nos permitan tolerar lo mejor posible, la lentitud del tiempo.
Yo me he decantado hoy por ésta, que he compartido con ustedes, siendo plenamente consciente de que quizá sólo les habré procurado aburrimiento.
Perdonen, pero los escritores somos proclives a dejar que la mente se nos escape, como si no formara parte de nuestros cuerpos y a ratos, sufrimos  estas crisis que normalmente se solucionan  por sí mismas, haciéndonos aterrizar, de bruces, a las pocas horas, otra vez, sobre el suelo.


lunes, 16 de julio de 2018

La última cruzada



Si el maestro Berlanga viviera, estaría disfrutando de lo lindo y sin duda, tomando notas, con la intención de hacer una película, con toda la polémica que se ha levantado, en este país tan particular que aún   tenemos, a causa de la exhumación de los restos de Franco y la remodelación del Valle de los caídos, porque realmente, el argumento da para mucho y si no tuviera la connotaciones trágicas que tiene, resultaría, en algunos momentos, francamente jocoso.
Ayer, sin ir más lejos, los fascistas que todavía campan a sus anchas por el territorio nacional, emprendieron una especie de cruzada, a la que acudieron masivamente, en el lugar en el que reposan los restos del Dictador y armados con toda clase de símbolos representativos de su época gloriosa, léanse banderas preconstitucionales, camisas azules, boinas rojas y guantes negros, que levantaban furiosamente mientras entonaban el Cara al sol y otras lindezas que fueron escritas para enaltecimiento de la victoria de su añorado Franco, exigieron, con uno de los nietos del Dictador a la cabeza, un respeto para el monumento que para  ellos significa un referente nacional, respeto que han negado sistemáticamente durante casi ochenta años a las víctimas que todavía yacen en las cunetas del territorio patrio y que por cierto, fueron pasadas por las armas, por el hecho de haber defendido la legalidad de la República, frente al golpe de Estado orquestado por su querido General, que desembocó en una cruenta guerra civil que provocó más de un millón de muertos.
Como si el tiempo se hubiera detenido en el año 39 y acabara de emitirse aquel famoso último parte de guerra dictado desde Burgos, las huestes franquistas, desfilaron en el día de ayer a sus anchas por este lugar vergonzoso de cuya existencia abominamos el resto de los españoles, ofreciendo imágenes que recordaban peligrosamente a las que muchos de nosotros aún recordamos, propinando una sonora bofetada a las aspiraciones del nuevo Gobierno y respaldados, como no podía ser de otra manera, por los curas que gestionan la viabilidad de este Valle maldito y que se prestaron gustosamente a ofrecer una misa, a la que asistieron todos los presentes y que precedió a todos los actos y actitudes que siguieron después, sin que nadie hiciera absolutamente nada para frenar tan obsoleto desatino.
El resto del mundo, debió quedar del todo perplejo ante la contemplación de lo que allí estaba sucediendo, pero este país nuestro, entre que está acostumbrado a presenciar de vez en cuando acontecimientos de igual magnitud y que se celebraba la final del Mundial de fútbol, probablemente ni siquiera prestó atención a lo que podría considerarse como algo que sería impensable que pudiera suceder, en cualquier otro lugar civilizado de la tierra.
Y  sin embargo, durante todo el día, se organizaron atascos en los accesos del lugar señalado para tan particular concentración, que en realidad no pretendía ser otra cosa que una demostración de fuerza del fascismo, que resulta ser ilegal en todo el mundo, pero con el que aquí se ha tenido y hay que decirlo, demasiada tolerancia, durante demasiado tiempo, aunque nunca es tarde para atajar de raíz un problema que abochorna considerablemente a la inmensa mayoría de los españoles, que ven en este reducto inexpugnable de una ideología de contenido inaceptable, una especie de atracción de feria con la que distraerse, por lo variopinto que resulta el personal que acude a este tipo de reuniones.
Faltó en la transición el coraje necesario para llevar ante la justicia a todos los responsables vivos de aquellos hechos acaecidos durante y después de la guerra y todo se trató de suavizar con una Ley tácita de punto final, que sin embargo, ni curó las gravísimas heridas que habían sido infringidas contra los perdedores de la contienda, ni consiguió enmendar las conductas soberbias de los vencedores, cuyos seguidores, a la vista está, continúan pensando que todo lo ocurrido durante los años de guerra y dictadura estuvo más que bien y que por ello, se encuentran en pleno derecho de que los Gobiernos de la Nación, acaten sumisamente sus órdenes, respetando sus exigencias y sus incomprensibles privilegios.
Anclados en un pasado que, por supuesto, les fue muy favorable y que trajo para los suyos toda suerte de parabienes, los sufrimientos de los demás, la libertad de pensamiento y expresión y los deseos de todos los demás ciudadanos, absolutamente contrarios a su pensamiento, nada importan a este puñado de esperpénticos personajes, que en el fondo añoran una segunda cruzada de liberación, no habiendo quedado, al parecer, satisfechos, con lo que ya ocurriera en la primera.
Deseamos y hasta nos atrevemos a exigir al Gobierno que proceda, a la mayor urgencia posible, a la ilegalización de estos movimientos inadmisibles y por favor, que no ceda en sus aspiraciones de exhumar el cadáver del Dictador ni tampoco en la reestructuración inmediata de este Valle maldito, pues continuar tolerando tales desmanes constituiría una  flagrante traición, no sólo a lo que pide la Sociedad de este tiempo que vivimos, sino a las mismos principios  de nuestra propia Democracia.

domingo, 15 de julio de 2018

El Club de los amnistiados




Hace relativamente poco tiempo, cuando Pedro Sánchez era líder de la oposición y presumía de encabezar las aspiraciones de una izquierda que apostaba por la  transparencia frente a la corrupción, exigiendo a Montoro, entonces Ministro de Hacienda con Mariano Rajoy que publicara la lista de los nombres de los que se habían acogido a la muy criticada amnistía fiscal que había aprobado el PP, probablemente no contaba con que los acontecimientos que después se precipitaron, le llevarían en volandas a ocupar la Presidencia del Estado y que sería él quien se vería acuciado por quienes le ayudaron a triunfar en su Moción de censura, para poner cara a todos y cada uno de los que entraron  a formar parte de este Selecto Club, desde el que muchos apellidos muy conocidos, por  razones diversas, en este país, consiguieron blanquear la totalidad o una parte de las inmensas fortunas que habían estado evadiendo hacia Paraísos fiscales, evitando tributar a la Hacienda española aquello que se nos exige a todos los que residimos aquí, anual e ineludiblemente, como contribución solidaria a las arcas de la nación, con fines que supuestamente, se encaminan a beneficiar las necesidades de la mayoría de los ciudadanos.
No suponía seguramente el socialista, que en aquel momento sólo conocía una parte de este interesante listado que afectaba fundamentalmente a gente de renombre del PP, algunos grandes empresarios estrechamente relacionados con la derecha y algún que otro artista descarriado que culpaba de tales desmanes a los consejos de sus asesores económicos, con que con el paso del tiempo llegaría a conocer en su totalidad, debido a la importancia del puesto que ahora ocupa, el registro al completo de todos los implicados en aquél oscuro negocio y menos aún, que probablemente, en él figuraban, al lado de todos aquellos a los que había acusado directamente de traición, alguno o muchos de los que fueron o aún son parte de la Formación a la que él mismo pertenece.
Seguramente por este motivo, la nueva Ministra de Hacienda, María Jesús Montero, optaba anteayer por minimizar la importancia de las declaraciones de Corinna sobre el Rey emérito, en las que aseguraba que había formado parte de los amnistiados y se apresuraba a defender como inalienable el derecho a la intimidad que según ella marca la ley, para silenciar, sine díe, todos esos nombres que sin embargo, tanto interesa conocer a toda la Sociedad y que con toda probabilidad tendremos que esperar a saber, como viene ocurriendo desde hace unos años, a través de la prensa.
Esta incoherencia, que resulta ser la primera que pone en duda la credibilidad del discurso del nuevo Gobierno, no complace sin embargo, en modo alguno a todas aquellas Formaciones que superando miles de escollos le auparon hasta el puesto más importante de la Nación y empequeñece, a la vez, la importancia de todos los gestos que ha venido protagonizando Sánchez desde su llegada a la Moncloa, pareciendo que la limpieza y la honestidad pierden cierta relevancia cuando afectan directamente a personajes cercanos a su ideología, a los que quizá merece la pena tapar, en pro de la defensa de la imagen que se pretende dar del PSOE, en estos precisos momentos.
Pero todas estas disquisiciones, que suelen ser propias de casi todas las Formaciones políticas y que por cierto, se convirtieron en rutinarias mientras gobernaba el defenestrado Rajoy, terminan indefectiblemente por  pasar factura a los que las practican, cuando la verdad se abre paso a empujones, sobre los intentos de manipulación que se ejercen, poniendo en duda la inteligencia de los ciudadanos y una buena prueba de ello la tiene Sánchez en el final que ha tenido su antecesor y que pudiera ser el mismo que a él le aguarde, si se posiciona al lado de los que consideran que los intereses de los Partidos se encuentran por encima de los de los ciudadanos, cometiendo el error garrafal de olvidar que somos los que formamos parte de esta sociedad, los que aupamos o nos deshacemos, a través de nuestros votos, de nuestros Presidentes.
Mal empezamos, si aquellas promesas que hicimos en el pasado y cuyos contenidos defendimos con la vehemencia que suele dar el hecho de considerar que llevamos razón, quedan relegadas a un segundo plano cuando por cualquier motivo, se vuelven en nuestra contra, colocándonos en la tesitura de tener que elegir sobre si debemos llegar hasta el final, aplicándolas hasta las últimas consecuencias, o si debemos optar por que el tiempo suavice los efectos de agresividad que suelen caracterizar a los primeros momentos, a la espera de que los problemas vayan desapareciendo poco a poco, engullidos por la inmediatez de otros más graves que puedan ir ocurriendo.
Pero esta equivocación garrafal dónde las haya, que ya cometieron casi todos los Presidentes que antecedieron en el cargo Sánchez, con mayor o menor fortuna, puede tener efectos mucho más evidentes cuando se olvida que sólo se cuenta con 84 diputados en el Congreso y que son absolutamente imprescindibles los apoyos de los demás, si se quiere afrontar con éxito el tiempo que resta de legislatura  y sobre todo, conservar intacta o acrecentar la confianza de los que somos y seremos, por derecho, electores y que habíamos puesto todas nuestras esperanzas en que este Gobierno y sus socios tendrían tolerancia cero con los casos de corrupción, afectasen a quiénes  afectasen y cayesen quiénes cayesen.
Nos defrauda y de qué manera, Pedro Sánchez, negándose a publicar todos los nombres de los amnistiados que esperábamos conocer bajo su mandato, más que nada por aquello del agravio comparativo y desdibuja, esa buena impresión que hasta ahora, por sus acciones, nos estaba ofreciendo, quizá porque la desaparición temporal  de la escena política  del azote Iglesias, ha hecho que el equipo de sus asesores se relajen en sus posiciones, cosa que ni queremos, ni podemos admitir, los que pusimos toda nuestra ilusión  en que las cosas cambiarían radicalmente, ahora que habíamos conseguido apartar a la derecha del Gobierno.
Resulta pues, imprescindible encontrar la manera de ofrecer esta importantísima información sobre los nombres de estos amnistiados, que no podemos olvidar que antes fueron evasores y que no haya que esperar a que ocurra lo que más temprano que tarde puede pasar y es que esta lista negra y oculta se filtre a la prensa y acabemos por conocerla a través de los medios de comunicación y no, como sería de desear, por la boca de un Presidente que se definía a sí mismo, como un hombre honrado y decente.

jueves, 12 de julio de 2018

Impunidad real




La epidemia de corrupción que viene afectando a este país durante los últimos años y que han propagado cientos de personalidades políticas de todo rango y condición, sirviéndose del dinero público para su disfrute personal y evadiendo a paraísos fiscales, a través de curiosos testaferros, la totalidad del montante de sus inmensas fortunas, ha traspasado todos los límites éticos y  morales que se podían imaginar, convirtiéndose en una reacción en cadena a la que se han ido sumando a diario más personajes relevantes, que en algunos casos han sido juzgados por la justicia, pero que en otros, permanecen en una especie de limbo, en el que parecen encontrar un reducto  de seguridad que les garantiza, no sólo continuar disfrutando de los privilegios de una buena vida, sino también, la certeza de que aunque fueran detenidos, nadie podría obligarles nunca a tener que devolver la totalidad de los bienes sustraídos y evadidos, a lo largo del tiempo.
Por muy alto que apuntemos en la escala social, nadie parece estar exento de caer en la tentación de llevar a cabo estas malas prácticas que nos perjudican a todos y ayer, OK Diario, publicaba unas grabaciones obtenidas en una reunión mantenida entre la que fuera calificada como “amiga especial” del Rey emérito, Corina, Villarejo y el que fuera Presidente de Telefónica, Villalonga,  en las que se habla abiertamente de que Juan Carlos poseía cuentas en paraísos fiscales, propiedades que había conseguido poner a nombre de la propia interlocutora, incluso sin su consentimiento e incluso del cobro de comisiones por pate del antiguo monarca en las obras de los trenes de La Meca,en  las que estaba implicado también Villar Mir, que se encuentra imputado por la justicia.
 Cuenta además  la ilustre amante que  Juan Carlos era la cabeza pensante del Caso Noos, en el que Urdangarín jamás se hubiera atrevido a dar un solo paso sin haber consultado antes al entonces Rey y que al verse de pronto salpicada por tal asunto y haberle increpado directamente sobre lo que le estaba ocurriendo, el Rey respondió literalmente con la frase “ la sangre pesa”, insinuando que efectivamente prefería verla imputada a ella, que a su propia hija y a su yerno.
No olvidemos que cuando sucedieron estas cosas el monarca gozaba de una total inviolabilidad y que por el cargo que ocupaba, no podía ser llamado ni imputado por la justicia, aunque el Juez Castro, que ya insinuó en su momento que para él quedaba clara su implicación, no tuvo a mano los medios que hubiera necesitado para intentar, al menos, hacer justicia.
Nos preguntamos con cierta curiosidad qué habrá pensado el Fiscal Horrach, cuando haya escuchado estas grabaciones y si será capaz de seguir manteniendo el argumento de la inocencia de la infanta Cristina, que le situó en el plano de una especie de abogado defensor y que le costó la enemistad con el juez instructor para siempre, ahora que se aportan estas pruebas que ya están siendo investigadas, para comprobar su autenticidad y en las que se deja meridianamente clara, no sólo la participación de la Infanta, sino también la de su padre, según cuenta en primera persona quién es esos momentos mantenía una relación íntima con el emérito.
Llegados a este punto y habiendo comprobado que durante todo el día de ayer, la casa real ha estado manteniendo un profundo y sospechoso silencio, no cabe, sino plantearse si estos hechos van a ser o no investigados por la fiscalía anticorrupción o si el que fuera durante casi cuarenta años Rey de todos los españoles, continúa, aun estando ya retirado, disfrutando del privilegio de poder actuar impunemente contra las leyes, incluso cuando sus acciones atentan directamente contra todos los ciudadanos.
Sumergidos en una burbuja inviolable que les salvaguarda indefectiblemente de todo aquello que pudiera perjudicarles de algún modo, los miembros de la realeza gozan incomprensiblemente del privilegio de ser intocables, cuestión que establece un terrible agravio comparativo con el resto de una Sociedad, a la que se le impone la obligación de aceptar como sistema de Estado a una Monarquía, que por las acciones llevadas a cabo por algunos de sus miembros, no merece siquiera, el más mínimo de los respetos.
La Ley, que ha de ser necesariamente igual para todos y que debe actuar de manera implacable en todos los casos, ciega ante el peso de los apellidos, los cargos y los rangos, no puede y no debe dejar pasar la ocasión de demostrar que su funcionamiento es impecable y tiene la obligación de investigar la certeza o no de las durísimas afirmaciones que se vierten, contra Juan Carlos, en  las grabaciones que estamos oyendo y actuar en consecuencia, aunque el implicado se llame Borbón y haya ocupado el trono del país, durante un largo periodo de tiempo.
Dejar pasar esta ocasión, sería como admitir ante los ciudadanos que hay una justicia distinta, según el caso que se dirima y también que para ciertas personas, es posible moverse en total impunidad, sea cual fuere la naturaleza de los delitos que cometan y aunque con ellos estén perpetrando una traición flagrante, a los principios que juraron cuando accedieron al cargo que ocuparon, ante todos los españoles.
A estas horas, en las que también nos enteramos de que Alemania concede la extradición de Puigdemont a España, por un delito de malversación, la noticia está sin embargo, en las oscuras andanzas del que fuera nuestro antiguo Rey y en conocer, en profundidad, hasta dónde habría podido llegar esta nueva trama de corrupción que hoy se descubre, cómo no, a través de la prensa, porque si los delitos de que se habla en estas cintas pueden probarse, quizá habría llegado el momento de preguntar a los ciudadanos, en Referendum, si la Monarquía debiera ser sustituida por una República.

miércoles, 11 de julio de 2018

Suspensión cautelar




Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez trata desesperadamente de acercar posturas con el separatismo catalán, la vía judicial, abierta por Mariano Rajoy anteriormente, sigue su curso y el Juez Llarena  suspende cautelarmente de sus funciones como diputados a los políticos encausados por los acontecimientos del 1 de Octubre, incluido Puigdemont, tensando una cuerda que en cualquier momento podría volver a romperse, si el Parlament decide desobedecer la orden y mantener a los mencionados en sus puestos.
Envuelto todo en un halo de imprevisibilidad que hace prácticamente imposible predecir cuáles serán las reacciones de las partes en litigio en este conflicto, la incertidumbre que plantea esta suspensión pone en peligro la buena sintonía con que parecían haberse iniciado los contactos para las futuras negociaciones, volviendo a un punto de partida que podría incitar a los nacionalistas a dar un paso atrás, al considerar dicha decisión como un ataque directo a sus líderes, aunque las decisiones judiciales deben ser consideradas como independientes de las acciones políticas.
Con las manos atadas por la disposición judicial, el Gobierno se encuentra ahora en un punto de extrema dificultad para poder establecer sus cánones de actuación en una negociación que en principio, ya estaba planteada, pues va a encontrar enfrente la animadversión de los independentistas por esta resolución, que aunque no le compete en absoluto, embarra momentáneamente el terreno, constituyendo en sí misma, un escollo casi insalvable.
Mucho van a tener que pensar los componentes de la mesa de negociaciones del PSOE, para lidiar con este problema añadido, si el  Parlament decide no acatar las suspensiones planteadas por la justicia, sobre todo, porque de hacerlo así, estaría nuevamente desobedeciendo la Ley, lo que podría dar lugar a que el Ejecutivo español se viera forzado a utilizar de nuevo la vía judicial, teniendo que abandonar, al menos momentáneamente, su sueño de poder resolver el trance, por el camino del diálogo y la diplomacia, exclusivamente.
Del otro lado, esta suspensión vendrá seguramente a sumarse a la ya larga lista de oprobios que los independentistas exhiben como trofeos, allá por dónde van y propiciará que las críticas a la actuación del Estado español  se recrudezcan considerablemente, al esgrimir que las suspensiones representan, en realidad, una manera encubierta de descabezar el movimiento nacionalista y un modo directo de atacar sus aspiraciones de independencia, a las que por la libertad de pensamiento y expresión, en principio, tienen derecho.
Con Pablo Iglesias ocupado por asuntos meramente familiares, las posibilidades de mediación que estaban en manos de Podemos, quedan debilitadas considerablemente y en este momento, sólo cabe esperar que algún milagro, de esos que suceden en raras ocasiones en el mundo de la política, salve la situación o bien que los nacionalistas consideren que es mejor de cara al futuro, obedecer a LLarena y sustituyan a los suspendidos, por otros nombres que cumplan con sus expectativas igualmente, en el seno de su Parlamento.
No obstante y tras lo que hemos vivido,  no parece que Puigdemont esté dispuesto a ser reemplazado por alguien que en gran medida, robaría una  parte considerable  de su protagonismo y por ello, suponemos que su primera intención será la de plantar batalla desde su retiro berlinés, en el que está asentado como un bastión inamovible del separatismo, pero desde el que se ven y viven  las cosas, claramente, de otra manera.
Otra posibilidad  sería, que PdeCat y Esquerra no coincidieran en absoluto en cómo debe `plantearse esta circunstancia y que su alejamiento real, que ya se ha iniciado hace tiempo, aunque nadie se atreva a confesarlo abiertamente, se haga efectivo, provocando una fisura en la pretendida unidad del movimiento al que hasta ahora han representado, a pesar de sus diferencias ideológicas, como si formaran parte de un todo indivisible.
Pero todo esto son apreciaciones hechas a vote pronto, a sólo unos minutos de haber conocido la resolución de LLarena y sería una osadía aventurar lo que puede ocurrir, incluso en las próximas horas y lo cabal, sería desear que la prudencia se imponga a la visceralidad que en sí misma, produce esta noticia, esta mañana.
La Ley, que resulta ser un instrumento absolutamente necesario para arbitrar la convivencia pacífica entre los ciudadanos, puede a veces, complicar las cosas de manera superlativa, variando con ello el curso de unos acontecimientos que parecían haber empezado a mejorar   y que en un sólo segundo podrían volver atrás, llevándonos de nuevo al mismo sitio en el que nos encontrábamos, cuando Rajoy aún estaba en el Gobierno.

martes, 10 de julio de 2018

Limando asperezas




Al fin, llegó la esperadísima foto de Pedro Sánchez  recibiendo a Quim Torra en Moncloa y ya el gesto que evidenciaron ambos Presidentes, en cuanto se estrecharon las manos, puso en claro que los niveles de tensión entre ellos se diferenciaban  notablemente de los que  habíamos estado viendo entre Puigdemont y Rajoy, las pocas veces que se habían reunido.
Este primer contacto, que ambos tenían claro que no iba encaminado a conseguir un acuerdo relámpago para solucionar la crisis catalana, se desarrolló sin embargo, según los propios interlocutores, en un clima de cordialidad que aportó ciertas dosis de esperanza en que ambas partes están dispuestas a buscar una vía de entendimiento y por un momento, hasta pareció que todo hubiera vuelto a la normalidad, a juzgar por la animada conversación que Torra y Sánchez parecían mantener, mientras paseaban por los jardines, buscando el frescor de los árboles que lo pueblan.
Por primera vez en mucho tiempo, tuvimos la impresión de ver a dos políticos frente  a frente, en lugar de a dos enemigos, lo que nos llevó a pensar que los que siempre defendimos la negociación, como único camino posible para afrontar el conflicto de Catalunya no estábamos tan equivocados y que por mucho que las derechas ciudadanas y populares se empeñen en decir que la izquierda está rompiendo España, a nosotros nos parece que en estos momentos, la posibilidad de alcanzar pactos está mucho más cerca que cuando gobernaba Rajoy, quizá porque se ha cambiado la judicialización  por el diálogo y la furia por el mutuo respeto.
A todos los que esperaban ver a un Torra radicalizado, escenificando una escena del estilo de la que protagonizó con el Rey, recientemente, se les debió helar la sangre cuando pudieron contemplar que acudió a la reunión absolutamente distendido y que sólo el lazo amarillo en su solapa, como reivindicación de la libertad de los presos, le diferenció de cualquier otro Presidente autonómico cuando acude a Moncloa, para hablar de sus asuntos, con el Presidente.
 La reunión, cuyo contenido completo no ha trascendido, evidentemente, pareció sin embargo, satisfacer a ambas partes y seguramente hasta consiguió cerrar un poco la enorme brecha que separaba a los gobiernos español y catalán, aunque ayer no fuera el día de hacer ninguna concesión y sólo se limitaran a expresar que entre ellos, hay voluntad para el entendimiento.
Esto, que siendo casi una nimiedad, es sin embargo un gran paso para romper el enquistamiento en el que se encontraba este problema, a causa de la mala gestión llevada a cabo por PP y Ciudadanos, en los últimos años, pone un punto de luz en medio de la oscuridad y posibilita también un acercamiento entre las gentes que habitan en Catalunya y en España, que habían perdido el rumbo de la tolerancia mutua, a causa de los graves  enfrentamientos.
Ahora toca, nos toca a todos, sosegarnos y recapacitar si merece la pena grajearse la enemistad de amigos, familiares y vecinos o sería mejor reflexionar desde la calma y cada cual, en su intimidad, sobre las ventajas que conlleva convivir en una sociedad basada en el respeto a la libre expresión de cualquier tipo de pensamiento y decidir, si deseamos verdaderamente que este crudo enfrentamiento se solucione y sobre todo, cuánto estamos dispuestos a poner de nuestra parte, para que sea posible.
El comienzo, nos ha parecido, de momento, sorpresivamente positivo y espléndido, fundamentalmente, porque echa abajo todas las premoniciones expresadas por los agoreros, pero también, porque nos causa   ciertas dosis de orgullo que los hechos nos estén dando la razón, en aquello que defendimos desde el principio, porque creíamos de corazón, en ello.
Agárrense los machos Populares y sobre todo Ciudadanos, encabezados por el ambicioso Rivera, porque si Sánchez consigue solucionar finalmente esta situación, tendremos Presidente socialista, con apoyo de Podemos, para mucho tiempo.