domingo, 10 de junio de 2018

Ïdolos caídos



En el caso de que algo pudiera ser considerado como una certeza,  cuando se  habla del ejercicio de la política y sobre todo de los que se dedican, como profesionales a ella, sin duda sería la de poder asegurar que nunca se puede dar por sentado que una determinada situación permanecerá inamovible a lo largo del tiempo o que sus protagonistas serán capaces de blindar su propia estabilidad, como líderes infalibles, por muy espectacular que pueda parecer el futuro que les aguarda o las secretas ambiciones que alberguen, en los rincones más recónditos de sus pensamientos.
Todo es susceptible de ser cambiado, en cuestión de segundos, días o semanas, causando estrepitosos estragos en el campo de una batalla que se libra de manera permanente y en la que se lucha cuerpo a cuerpo y sin condiciones, por la consecución del poder, propiciando que la ascensión o la caída de los combatientes se halle siempre sujeta a los movimientos estratégicos que cada uno se atreva a intentar y  que ponen en riesgo la estabilidad del contrario, consiguiendo desestabilizar los cimientos que sostienen a estos ídolos con pies de barro, que ha de estar preparados para ganar y perder, en igual medida, según la dureza de los tiempos.
Hace  sólo unas pocas semanas, Mariano Rajoy se encontraba cómodamente emplazado en una legislatura que esperaba poder terminar, con el apoyo de los Ciudadanos de Albert Rivera, que a su vez, habían comenzado a experimentar la vertiginosa ensoñación que produce la confirmación de haber iniciado un ascenso supuestamente  imparable que les llevaría directamente  hasta la primera línea de juego y esas convicciones, virtualmente  bien ancladas a un fondo que se pensaba firme, pero cuya composición verdadera se basaba en un arenal movedizo, del que se liberaron las amarras, favorecieron que ambos barcos se vieran expuestos, a la ferocidad inesperada de los vientos.
Su aventura, la de ambos líderes, considerados hasta ese momento como cabezas visibles de la vieja y nueva derecha, empezó a malograrse en cuanto los intereses partidistas de ambos se cruzaron, sobre todo con el problema de Catalunya y la férrea unidad de la que se servían, por una mutua cuestión de conveniencia, fue transformando aquella alianza primera, en una lucha descarnada por ocupar un espacio político en exclusividad y aunque ambos, acompañados de sus más cercanos asesores, procuraban aparentar una normalidad que a todos nos parecía, como espectadores, del todo ficticia,  terminó por truncarse, en el mismo instante en el que el resto de Partidos  que forman el arco parlamentario español, decidieron unirse en su contra, aprovechando, con una habilidad sin precedentes, la sentencia del caso Gurtel, para poner fin a los planes ilusorios, que ambos habían codiciado, durante tanto tiempo.
Nadie podrá negar que lo ocurrido en los últimos días pilló por sorpresa, no sólo al Presidente Rajoy, que se consideraba invencible, confiado como estaba en la solidez de sus apoyos, sino muy particularmente a Rivera, que se vio, literalmente aplastado por la celeridad con que se llevaron a cabo los primeros movimientos de unos opositores a los que había infravalorado escandalosamente, demostrando un desconocimiento total de esa primera regla de la política de la que hemos hablado al principio y cayendo, en una trampa mortal, minuciosamente preparada y preservada en el más absoluto secreto, por quiénes habían guardado celosamente unos cuantos ases bajo la manga, capaces de cambiar, fulgurantemente, el resultado de la partida en juego.
 Así que la derecha española, se ha visto literalmente descabalgada de todas sus posiciones de privilegio y he aquí que sus capitanes, el que lo había sido hasta ahora y esperaba continuar poder siéndolo, a base de sortear los escollos que le iban surgiendo en los caminos, dando exclusivamente tiempo al tiempo y el discípulo displicente que aspiraba a golpe de imagen y efectos inopinados, ocupar el lugar que los populares habían establecido como suyo, desde hacía tanto tiempo, han quedo reducidos a meros espectadores que tendrán que ir acostumbrándose a practicar el arte de la oposición y a los que no les quedará más remedio que volver  a empezar de cero y aprender obligatoriamente, la lección que les ha ofrecido la vida, sobre la práctica de la política, en vivo y en directo.
Ahora que Pedro Sánchez ha nombrado un Gobierno, que por su incontestable preparación no parece pensado para ser efímero y que ha despertado en una gran parte de la  Sociedad, una cierta ilusión que viene a paliar los efectos de los años oscuros que se  habían vivido, bajo el mando dictatorial de PP, ahora que se habla de dialogar, negociar, dar o conceder, como algo natural y cotidiano, entre Formaciones opuestas, todos esos sueños de gloria, de perpetuidad pretendida por las derechas españolas, más acostumbradas a gobernar a golpe de Decreto y a la utilización continuada de la estrategia del miedo, han quedado de pronto, reducidos a cenizas, por la contundencia de la legalidad y no queda otro remedio, por mucho que duela, que asumir que han perdido esta batalla, irrecuperablemente.
Las heridas, que han afectado a unos mucho más que a otros, como evidencia la incontenible irritación que afecta a los partidarios de Ciudadanos, que caen escandalosamente en las primeras encuestas efectuadas, sólo un día después del estreno del nuevo Gobierno, ya les digo yo que no sanarán, si como se ha sugerido, desde los primeros momentos, la estrategia a seguir será la de utilizar como principal argumento, la violencia verbal , pues los españoles necesitamos, más que nunca, entender que nuestros políticos saben hacer algo más que recurrir a los insultos y las descalificaciones hacia sus adversarios, sin aportar en cambio, soluciones a los problemas reales que padecemos.
Mientras el PP se recompone del hundimiento sufrido y comienza la lucha fratricida que se abre para la sucesión de Rajoy, Rivera, golpeado dónde más le duele, trata de sacar la cabeza del agujero en que le han enterrado, convencido de que sólo con el ataque frontal, podrá volver a ser lo que era.
Olvida, que la posición en que se encuentra no es más que el fruto obtenido por un terrible error. Nunca debió apoyar a Rajoy en la Moción de Censura, convirtiéndose tácitamente en cómplice de todas y cada una de las acciones que se le imputaban y traicionando el propio discurso que contra la corrupción, tantas veces se había atrevido a emitir, delante de la ciudadanía.
La gente, tardará mucho tiempo en olvidar esta equivocación. Se impondría pues, aprender la lección y resignarse a que sus propias acciones son las que han provocado esta caída atropellada de su imagen, desde el cielo, hasta el suelo.


jueves, 7 de junio de 2018

El Gobierno de la esperanza



A las diez de esta misma mañana, los miembros de este particular Gobierno formado por Pedro Sánchez tomaban posesión de sus cargos ante el Rey y se iniciaba el habitual cambio de carteras que tanto juego ofrece a los medios de comunicación, por la comunicación oral y gestual que ofrecen los Ministros entrantes y salientes y que resulta ser un trámite necesario para que se vuelva a poner en marcha la maquinaria del Estado, que se paró la semana pasada, cuando sorpresivamente, los socialistas ganaron la Moción de Censura que habían puesto contra el Presidente Rajoy  y el Partido que aún representa.
En la tarde de ayer, Pedro Sánchez sorprendía a los ciudadanos con la composición de un Ejecutivo formado, por primera vez en nuestra Historia, por una amplia mayoría de mujeres y sobre todo, por la magnífica preparación que en su área acreditan todos y cada uno de los nominados, y que han gustado, en general a la mayoría, con algunas excepciones ya expresadas, por los independentistas catalanes y Podemos.
Ha cumplido el nuevo Presidente, con creces, su promesa de apostar por la paridad y la impresión que nos deja, como ya avanzáramos con anterioridad, es la de que su intención  primordial ha sido la de construir un Gabinete de conciliación, que no parece haber sido diseñado para durar sólo unos cuantos meses, sino con las miras puestas en poder ganar, sin discusión, las próximas elecciones, en cuanto se celebren.
Este Gobierno, formado mayoritariamente por mujeres, en el que han llamado la atención los nombres y personalidades de algunos de sus componentes, como el de Pedro Duque, el Juez grande Marlasca o Maxim Huertas, parece sin embargo, minuciosamente estudiado para atraer la atención de los electores, haciendo un guiño a varios colectivos que en estos momentos se encuentran en lucha y con cuyos problemas, se ha comprometido, personalmente, con anterioridad el Presidente entrante, asegurando que haría cuanto estuviera en su mano para encontrarles solución , cosa que no parece fácil de conseguir contando solamente con el apoyo de 84 diputados, pero que podría conseguirse, si se sabe arbitrar  una vía de negociación permanente, con otras fuerzas del Parlamento.
De momento, los independentistas catalanes no parecen nada satisfechos con el nombramiento de Josep Borrell, como Ministro de Asuntos Exteriores,  sabiendo como saben que el viejo socialista ha manifestado en varias ocasiones su oposición total al movimiento separatista y temiendo seguramente, que el peso político que se le adjudica en Europa, jugará en contra de la popularidad de que ahora gozan los exiliados relacionados con el Process, empezando por Puigdemont, cuyas tesis podrían empezar a resentirse, si se ve obligado a enfrentarse a las  que defiende este Ministro entrante, al que todos adjudican un conocimiento serio y profundo, de la auténtica realidad europea.
Pedro Sánchez, paga con su nombramiento, una deuda personal que tenía con quien le prestara, incondicionalmente su apoyo, en los que fueran sus peores momentos y cubre a la vez, el cupo intergeneracional que prometió en cuanto gano la Moción a Rajoy, prefiriéndole a otros Barones  que permanecen anclados en un pasado que ha quedado absolutamente obsoleto, pretendiendo de este modo que todos ellos entiendan que aquella etapa ya no volverá y que se abre un tiempo nuevo  en el que el socialismo español apuesta por posiciones mucho menos conservadoras que las que ha venido defendiendo la vieja guardia, encabezada por una Susana Díaz que ha perdido definitivamente la batalla, junto al resto de sus fieles compañeros.
Exactamente lo mismo ocurre con Carmen Calvo, cuya lealtad y entrega ha sido premiada con una Vicepresidencia y la recuperación de un Ministerio de Igualdad, que había desaparecido injustamente durante el mandato del anterior Gobierno y que siempre fue una luchadora impenitente por los derechos de las mujeres, cuyo futuro no puede contemplarse del mismo modo, desde los acontecimientos ocurridos el pasado ocho de Marzo, en todas las ciudades, de este país nuestro.
Otro nombre que ha suscitado una enorme polémica, ha sido, como no podía ser de otra manera, el del Juez Grande Marlaska, que fue aupado al Poder judicial por el PP, que archivó, en dos ocasiones, el caso del Yak 42, no sabemos si por presiones, o por propio convencimiento y que alcanzó su mayor auge de popularidad cuando ordenó el encarcelamiento de Otegui, que se ha apresurado a recordar su enfrentamiento con él, en cuanto la ocasión se lo ha permitido.
Pablo Iglesias ya ha manifestado que a Podemos le desagrada este nombramiento, al considerar como un hándicap el conservadurismo que se atribuye a este juez y quizá como a muchos de nosotros, le hubiera complacido mucho más, que el elegido hubiera sido un personaje humillado y denostado constantemente por los populares durante su mandato, como es Baltasar Garzón, al que la sentencia de la Gurtel, por cierto, acaba de dar la razón, aunque permanezca inhabilitado aún, para ejercer su cargo, injustamente.
Este no llover a gusto de todos, es sin embargo, perfectamente asumible para la gente de a pie, en general, porque este Gobierno en franca minoría, que ha llegado legalmente al poder, aunque sin haber ganado unas elecciones, debe caminar por la cuerda floja que se mueve bajo sus pies, con extrema delicadeza, pues representa, para una gran parte de esta sociedad tan diversa, un Ejecutivo de esperanza, cuyos cimientos necesitan ser asentados a base de mucha mano izquierda, pues podrían ser dinamitados a la menor ocasión, por los deseos demostrados de venganza que alberga esta derecha dividida y despechada, incapaz de haber digerido aún, el modo en que se les ha arrebatado un poder, que creían tener asegurado, para varias décadas venideras.
Hay pues, que ofrecerle a Sánchez la oportunidad de ponerse en macha, sopesando si finalmente consigue más aciertos que errores, en esta andadura que le aguarda y en la que tendrá que recurrir a los pactos obligatoriamente y no parece el momento indicado para empezar a quebrar una unidad que tanto esfuerzo ha costado conseguir, sin haber dado tiempo al tiempo.
Los currículos de los nuevos Ministros hablan por sí solos de los méritos personales de cada uno y la indiscutible preparación que poseen, obtenida en casi todos los casos, por cierto, a  través de la Educación pública y que causa, una cierta sensación de orgullo, en todos aquellos viejos luchadores que hemos contribuido, con nuestra batalla constante, a tales éxitos.
Mientras se abre la guerra sucesoria en un PP mortalmente herido en lo más profundo de su esencia, los recién llegados manifiestan públicamente y sin reservas, la ilusión ilimitada que ponen en este nuevo proyecto.
Poe ellos y sobre todo por nosotros, ojalá y tengan mucha suerte.


miércoles, 6 de junio de 2018

Hurgando en las heridas



Todo el mundo  esperaba con expectación la presentación de un libro de José María Aznar, ayer por la tarde, sobre todo porque se daba por seguro que no se callaría su opinión sobre lo ocurrido tras la Moción de Censura y la marcha de Mariano Rajoy, que había acontecido por la mañana, en la certeza de que no le dolerían prendas en hacer una durísima crítica a la gestión llevada a cabo por el ex Presidente, del que le separa, desde hace años, una enemistad manifiesta.
Una nube de periodistas que aguardaban la entrada en el acto del ex Presidente, se llevaron una enorme decepción al comprobar que su acceso al recinto se había producido por alguna otra parte y sólo cuando estuvo sentado en la mesa, flanqueado por el impenitente Manuel Vidal, Aznar se decidió, según él, como respuesta a la reclamación generalizada que desde los medios se le hacía, a emitir su dictamen, sobre lo ocurrido con el Partido Popular y no sólo en estas últimas semanas que han propiciado su hundimiento.
Comenzó su intervención, con una sorprendente  declaración de principios, en la que aseguró no ser militante de ninguna Formación y no sentirse representado por nadie, en estos momentos y bajo esa premisa, de sus labios comenzaron a surgir, ante el asombro de los asistentes al acto, una serie de afirmaciones pronunciadas en un tono de altivez que sobrepasaron, ya desde el principio, todos los límites naturales y que dieron la impresión de que nos encontrábamos, más que frente a un político retirado, frente a una especie de elegido por Dios, que desde  la infalibilidad, trataba de establecer como dogmas sus opiniones, mostrando un absoluto desprecio por las de los demás, que no se molestó en ocultar en todo el tiempo que duró su  discurso, perverso y denso.
Aseguró, que tal y como él mismo había vaticinado hace ya varios años, los problemas de los españoles habían ido enquistándose peligrosamente durante el tiempo que Mariano Rajoy, cuyo nombre no pronunció en ningún momento, había estado al frente de la Gestión del Estado, llegando a decir que en Catalunya se había producido un golpe de Estado al que no se había respondido adecuadamente y que el nuevo President de la Generalitat, no era más que un ejecutor en funciones de quiénes lo perpetraron, cuestionando claramente la legalidad de su nombramiento y por supuesto, la de todos los Consellers que formaban su nuevo Gobierno.
La gravedad de sus afirmaciones, confirmaron la repugnancia personal que el ex Presidente debe sentir por este tema y sobre todo, su impotencia por no haber podido, desde su posición actual, endurecer en grado superlativo, las medidas tomadas por el Ejecutivo de Rajoy, al que tácitamente consideró ineficaz e irresponsable en su intento fallido de solucionar el conflicto, atreviéndose a decir que el movimiento independentista no había sido aún desarticulado, como si de un comando terrorista se tratara, quizá traicionado por su  subconsciente.
En este mismo tono se refirió, utilizando el mismo término, a la desarticulación de la derecha española, haciendo alusión, sin nombrarlo, a la aparición de Ciudadanos en escena y a la cada vez más patente debilidad del Partido del que aún es Presidente honorífico y cuando todos esperábamos que se extendiera en la explicación sobre los motivos que habían llevado a tal desmembración, víctima de su propia egolatría, se ofreció abiertamente a reagrupar al rebaño desperdigado, insinuando, incluso gestualmente, que sólo él, estaría capacitado para tal fin, ofreciendo una imagen que recordó peligrosamente a la que suelen ofrecer todos los dictadores que hemos conocido a lo largo del tiempo.
Después vinieron los reproches a los populares por su tolerancia con una Corrupción, que en gran parte se gestó y comenzó a producirse mientras él  era Presidente y culpó, directamente y sin medias tintas a los que fueran sus compañeros y especialmente a quien él mismo designó como su sucesor, de haber sido excesivamente tolerantes con lo que calificó como un cáncer para la política, asegurando que él siempre había asumido sus responsabilidades, desde la primera, hasta la última, advirtiendo muy seriamente que no pensaba consentir, a nadie, que se atreviera a manchar ni su imagen, ni su prestigio.
Estos párrafos, resonaron con gran estruendo en los oídos de los ciudadanos, que aún esperan sin resultado, que Aznar se disculpe por su apoyo a la Guerra de Irak, como ya hicieran Bush y Blair, hace demasiado tiempo, o que ofrezca, por poner otro ejemplo de libro,  una explicación a los familiares de los fallecidos en el accidente del Yak 42, que por cierto, se han topado esta semana con la desagradable noticia de la aparición de una pierna que perteneció a alguno de sus allegados, en este triste episodio de nuestra historia, por el que jamás les pidió perdón el ex Presidente.
Curiosamente, obvió hacer referencia al hecho de que sólo uno de sus ministros no ha sido aún imputado por la justicia, por algún delito económico, quizá porque admitirlo hubiera sido abrir un frente que hubiera podido salpicarle directamente.
También nos hubiera gustado, en gran medida, que Aznar reconociera ante nosotros su apoyo real a la burbuja inmobiliaria que se gestó durante sus años de mandato y que le ayudó a acuñar la ya famosa frase de “España va bien”, que tanto le gustaba pronunciar en unos mítines, de cuya financiación no que  más remedio que empezar a dudar, visto lo visto y con la sentencia del caso Gurtel, en la mano, como sin duda, todos conocemos.
Así que ese catastrofismo inaceptable que inundó de nubarrones negros su discurso en la tarde de ayer y esa arrogancia al intentar por todos los medios y aupado en la soberbia, quedar limpio de polvo y paja, ante la sociedad, ofreciéndose como Salvador de una Patria, a la que no demuestra ningún respeto, al despreciar la diversidad de ideologías, quedó inmediatamente anulado por la propia naturaleza de su intervención y por la intolerancia de su pensamiento.
Los españoles no necesitamos que nadie nos rescate. Lo hacemos solos, legítimamente, a través de nuestros representantes elegidos, en el Congreso.
Flaco favor hace este líder, cuya obsolescencia manifiesta, le hace caminar por la inestable línea de lo ridículo, a este Partido Popular, que en otro momento fuera el suyo, en estas horas de oscuridad y tensión, en las que quizá esperarían, de su Presidente de honor, un trato menos vejatorio que el recibido y un poco más  de apoyo y comprensión, para poder soportar medianamente, la contundencia de su estrepitoso fracaso.
Afortunadamente, todos conocemos a Aznar y albergar la esperanza de que el paso de los años, hubiera podido suavizar los matices autoritarios que siempre le caracterizaron y que muchos sufrieron personalmente, no es más que una inalcanzable utopía. Y más, cuando la gravedad de los acontecimientos ocurridos, seguramente han despertado la bestia negra que siempre llevó dentro.

martes, 5 de junio de 2018

Cautivo y desarmado



Se estrena Pedro Sánchez, como nuevo Presidente del Gobierno,  recibiendo en las escaleras de Moncloa al Presidente de Ucrania, Petró Poroshenko , mientras continúa meditando el reparto de carteras entre quiénes formarán parte del Ejecutivo que está apunto de crear y para el que ya se ha barajado un amplio abanico de nombres, que no se sabe si coincidirán o no, con quiénes serán finalmente los elegidos.
A última hora de la tarde de ayer saltaba el nombre de Josep Borrell, para el Ministerio de Exteriores y se daba casi por sentado que su nombramiento era un hecho, cuestión que contentaba en gran medida a la militancia socialista, por el apoyo incondicional que este personaje mantuvo hacia Sánchez, en los que fueron sus peores momentos, pero que enojaba monumentalmente a los líderes del independentismo catalán, incluido Puigdemont, por la defensa a ultranza que Borell ha mantenido sobre la unidad nacional, participando, incluso, en actos convocados por la Sociedad Civil Catalana, junto a Vargas Llosa y Rivera.
Sin embargo, todo parece indicar que el Presidente se decantará por  un Gabinete conciliador que termine de coser las heridas aún abiertas en su propio Partido y en el que tendrán cabida todas las corrientes internas que se mueven en el PSOE, para empezar  el duro camino que le espera, asegurándose un apoyo incondicional alrededor de su liderazgo, que evite futuras fisuras que pudieran desestabilizar las medidas que tiene en mente.
Entretanto, Mariano Rajoy acaba de dirigirse a los miembros del Comité ejecutivo del PP, que esperaban con expectación su intervención con todas las incógnitas abiertas, asegurando, tras un discurso sin un solo atisbo de autocrítica y en el que ha enumerado uno por uno los supuestos logros conseguidos, según él mismo, durante los años de su mandato, que ha llegado el momento de cerrar esta etapa de la que ha sido el principal protagonista y de abrir otra nueva, en beneficio del Partido que hasta ahora preside y en el suyo propio, anunciando la convocatoria de un Congreso Nacional, en el que se elegirá a su sucesor, sin aclarar si se hará por primarias, o por designación personal, como ha sido tradicional en el PP, desde siempre.
La imprescindible regeneración del Partido conservador ha primado sobre la inmensa carga que sin duda,  ha debido llevar sobre sus hombros durante la Moción de Censura, el ya ex Presidente y las presiones ejercidas por sus propios compañeros y sobre todo, lo que pueda acarrearle el futuro en múltiples asuntos relacionados con la corrupción, que se irán aclarando a lo largo del tiempo, han decantado la balanza hacia la única salida que le quedaba a este Rajoy, cautivo y desarmado, por la unidad de una oposición, dispuesta a llegar hasta donde haga falta, para asegurarse plenamente de haberle convertido en un cadáver político.
Apesadumbrado y nervioso, pero sin dar un solo paso atrás en la defensa de la infumable inocencia de su Formación y de él mismo, en los múltiples frentes que tienen abiertos, este flemático y oscuro ex Presidente, ha hecho lo único que podía hacer, ofrecerse a permanecer en el cargo que  ocupa, hasta que sea elegido su sucesor, seguramente en unos meses.
Habiendo tenido que soportar, desde que perdiera la Moción de censura, el run run incesante de voces “amigas” que le acusaban directamente de esta bochornosa pérdida del poder, Mariano Rajoy ha debido recordar, obligatoriamente, las imágenes de todos y cada uno de los que fueran sus compañeros y que después se vieron implicados en algún caso de flagrante corrupción, a los que inmediatamente se convirtió en innombrables y a los que se abandonó a su suerte, en la más absoluta soledad, comparándoles, evidentemente, con lo que pudiera sucederle a el mismo.
No podía pues, tomar otro camino que el de renunciar, antes de ser masacrado, buscar la salida menos nociva para su propia imagen como persona y como líder, antes de que se abriera la veda para su acoso y derribo, que ya se estaba organizando en determinados sectores conservadores, como de todos es sabido.
Tras su apresurada marcha, ya lo quedaban a Rajoy, argumentos y el modo en que ha sido despeñado por el barranco de la  indignidad, por una izquierda que por primera vez en la Historia, se ha unido sin fisuras, para tal fin, ha sido el motor que ha conseguido poner en marcha la quietud natural de su pensamiento, aconsejándole una renuncia que  seguramente, ni siquiera hubiera valorado, hace apenas unas semanas.
Sin aclarar si piensa dimitir también de su escaño en el Congreso, lo que le dejaría sin inmunidad, frente a una posible acción de la justicia, Rajoy ha dicho adiós, sin demasiados aspavientos. Nunca tuvo el carisma necesario para protagonizar escenas dramáticas, ni tampoco memoria para  recordar, sin la ayuda de papeles, los textos de los discursos decimonónicos, con que nos obsequiaba en el Parlamento.
La batalla que se abre para la sucesión, promete ser cruenta. Hay en el Partido Popular, demasiados “patriotas” ambiciosos, ávidos de alcanzar el poder y pocos políticos de raza de los que consideran esta profesión como una forma de servicio real a la voluntad de los pueblos.



lunes, 4 de junio de 2018

Periodo de observación



Mientras  Pedro Sánchez reflexiona sobre quiénes formarán su nuevo Gobierno y PP y Ciudadanos se revuelven sobre lo que les ha ocurrido inesperadamente, la gente de a pie, hace un esfuerzo  por recuperar  una esperanza que desde hace algún tiempo había dado casi por perdida y se nota en sus ojos, un tinte de ilusión que manifiesta su apoyo tácito a la apresurada salida que ha protagonizado Rajoy y que otorga un voto de confianza a este Gobierno en minoría, al que espera una etapa ciertamente difícil.
No se resignan las derechas al hecho de haber perdido un poder en el que esperaban perpetuarse durante muchos años, ya fuera la vieja capitaneada por Rajoy o la nueva liderada por Albert Rivera y menos aún a tener que pasar la vergüenza de que el PP haya sido expulsado por los mo
tivos que todos conocemos, a pesar  de que para el País, resulta ser verdaderamente importante que se haga patente la intolerancia contra la corrupción y que haya quedado manifiestamente claro que todos los políticos están obligados a asumir las responsabilidades que les correspondieran y no sólo en este asunto del que ahora hablamos, sino de forma continuada e inquebrantablemente.
Pero admitir una derrota de tal magnitud no ha de ser fácil ni para Rajoy ni para Rivera y  la debilidad numérica con la que contará a partir de ahora el Gobierno de Sánchez, ha propiciado que se pongan inmediatamente en marcha los mecanismos de una oposición que promete ser feroz y demoledora, desde el primer momento, por lo que ya se habla de la inminente  posibilidad de poner trabas a los Presupuestos aprobados por ellos mismos en el Senado y no sólo porque  en esta Cámara cuentan con mayoría absoluta, sino también como una forma de castigo inmediato a lo que consideran como una traición del PNV, que la semana pasada, los había votado junto a ellos.
Así que en cuanto se conozca la composición del nuevo Gobierno, Sánchez habrá de enfrentarse ineludiblemente a su primer desafío y no sería de extrañar que lo perdiera, por lo que habría de conformarse con manejar los presupuestos del año anterior, al menos, hasta que sea capaz de sacar adelante los suyos propios, que seguramente volverán a contar con el apoyo de los mismos que le auparon hasta la Presidencia.
Tiene esta derecha española, desde siempre, una insaciable sed de venganza contra todos aquellos que por las razones que fueren actúan en contra de sus opiniones o designios y que permanece en ella, como un mal incurable que se perpetúa de generación en generación, por mucho que evolucionen los tiempos, como si torcer su voluntad, aunque sea de manera absolutamente legítima fuera una especie de pecado mortal imperdonable, que no se expía jamás, ni se perdona y que parece haberse contagiado, inexorablemente, también a esta nuevo conservadurismo que capitaneado por Rivera, se ha abierto un hueco en la Sociedad, argumentando que sus maneras nada tenían que ver con la de aquellos que ideológicamente les antecedieron, pero  cuyas actitudes reales, contradicen sensiblemente ese discurso pacificador, demostrando fehacientemente que en el fondo, son una copia bien maquillada de aquellos de los que reniegan.
Así que no habrá, para todos los que el pasado Viernes celebraron en el Congreso el triunfo de la Moción de Censura, ningún tipo de benevolencia, en ninguno de los asuntos que planteen y por ello, resulta del todo imprescindible, mantener una férrea unidad que aunque en principio fue concebida con el único fin de apartar al PP del Gobierno, habrá de fortificarse, si se quieren lograr determinados objetivos de progreso, sin dejarse amilanar ni por las amenazas que se verterán continuamente a partir de ahora, ni por supuesto, por el consabido y recurrente mensaje del miedo.
Para que este gobierno camine y pueda responder a los ciudadanos de la manera que ellos esperan, la lucha no tendrá más remedio que ser todo lo cruda y cruenta que exijan las circunstancias, en cada momento futuro y a Sánchez le va a tocar  asumir el papel de un Presidente implacable, que controle, milimétricamente, los movimientos de una oposición que herida por un sentimiento de rencor, que hará todo cuánto esté en su mano por apartarle del poder lo antes que pueda, recordándole, cada vez que cometa un error, la imprescindible urgencia de convocar nuevas elecciones, en las que poder medir fuerzas de igual a igual y partiendo de cero.
Pero unos nuevos Comicios no podrán borrar de la memoria de la gente lo que ha ocurrido en el pasado, ni tampoco, las posturas que adoptaron cada uno de los Partidos, cuando el hecho de que Rajoy continuara ostentando el poder, se convirtió en una misión imposible.
Así que otorgar a Sánchez la oportunidad de despegar y de intentar solucionar determinados asuntos que han permanecido enquistados durante demasiado tiempo, se convierte ahora, casi en una ineludible obligación, pues no podemos olvidar que ha llegado a la Moncloa, legítimamente.
Hablar, como han hecho algunos radicales de golpes de estado o sugerir que su jugada ha rozado los límites de la ética, como si presentar una Moción no estuviera recogido en la Constitución por la que nos regimos, hasta el momento, todos los españoles, no es más, que una prueba irrefutable de que la derecha nunca supo perder y que para muchos de sus líderes, ni siquiera tendría sentido continuar en el ejercicio de la política, si no hay por medio un cargo que les sustente.
Resulta pues fundamental, observar cómo se comporta cada uno en este periodo incierto que se abre ante nuestros ojos y en el que mucha gente ha puesto su confianza, sinceramente.
Observar y recordar, para que cuando llegue el momento de decidir a quiénes otorgar nuestra confianza, sea cuando fuere, sepamos sencillamente, a qué atenernos.
Por si algunos lo han olvidado, ese poder apetecible que todos quieren ganar, lo otorgamos nosotros, a través de las urnas y es nuestra voluntad y no la suya, la que finalmente quita y pone Presidentes.
Los últimos años de nuestras vidas, no han constituido, en absoluto, un camino de rosas, sino más bien un calvario que nos hemos visto obligados a recorrer, a golpe de Decreto, de la mano de quién ahora se lamenta de la forma en que se ha visto obligado a dejar un cargo que desde  hace tiempo, no merecía.
Tampoco es buena la ansiedad. Un buen político, ha de contar, imprescindiblemente, con grandes dosis de paciencia.



domingo, 3 de junio de 2018

El gran perdedor



Tras la victoria obtenida por Pedro Sánchez en la Moción de Censura y habiendo sido nombrado ya nuevo Presidente de nuestro País, se impone reflexionar sobre lo ocurrido en el Parlamento durante los últimos días y estudiar minuciosamente el papel que ha correspondido a cada cuál,  en esta jugada maestra llevada a cabo con tal premura y discreción, que no ha dado tiempo a los oponentes para preparar un contrataque que de otro modo, hubiera sido sin lugar a dudas, mucho más contundente.
Los ciudadanos hemos percibido este corto lapso de tiempo, como el argumento de una de esas películas sobre la política americana, en la que todos los personajes llevan a cabo un cometido minuciosamente estudiado de manera absolutamente implacable y en las que el factor sorpresa constituye una baza esencial para que todos los engranajes funcionen a la perfección, sin errores que puedan desviar la trayectoria marcada con anterioridad, de manera coordinada y escrupulosa y en  las que siempre acaba triunfando el plan fraguado por los protagonistas, que suelen ser, como no podía ser de otra manera, los defensores de la honestidad y la justicia.
Dicen por ahí, que la intervención de Pablo Iglesias ante los medios, apenas unos minutos después de conocerse la sentencia de la Gurtel, fue el detonante que alertó a los socialistas de que les había llegado una oportunidad de oro que no podían permitirse desaprovechar, para hacerse con el poder y que hubo, desde el primer momento, contactos privados entre los líderes de las dos Formaciones principales de la izquierda, que decidieron ponerse inmediatamente en marcha, asumiendo conjuntamente, pero a la vez, por separado, la difícil misión de recabar, apresuradamente y con una reserva inquebrantable, los apoyos precisos para que el ataque emprendido contra Rajoy pudiera salir adelante, aunque resultaba imprescindible, el factor tiempo.
Era, absolutamente indispensable adelantarse a cualquier oferta que pudiera presentar Ciudadanos, que  se suponía que empezaría por exigir la dimisión de Rajoy, como ya había hecho otras veces, como por ejemplo en el caso de Murcia y no quedaba otro remedio que hacerlo, porque a Rivera le convenía especialmente propiciar un adelanto electoral, que según los resultados de las encuestas, le colocaban como ganador, a causa del terremoto que había propiciado su Partido, en el conflicto catalán, con la victoria de Inés Arrimadas, frente al estrepitoso fracaso de los populares, en este territorio en concreto.
Así que los socialistas se activaron y presentaron la Moción poco después de las ocho de la mañana del siguiente día, tomando por sorpresa a los de Rivera, que como se calculaba, ya habían pergeñado otro plan, que pasaba necesariamente por la sustitución de Rajoy por un líder independiente, pero que apoyaba tácitamente la permanencia de los populares en el poder, exigiendo la inmediata convocatoria de nuevos comicios.
Quizá porque no esperaban la reacción que había tenido Sánchez a horas tan tempranas, su intervención ante la prensa estuvo llena de errores de bulto que más que demostrar un desconocimiento de las normas, señalaban abiertamente un nerviosismo demoledor, aunque les quedaba, como a los populares, la gran esperanza de que el PNV, que acababa de aprobar los presupuestos generales junto a ellos y los conservadores, justo el día anterior, se colocaran de su lado, por lo que se atrevieron a calificar la Moción, de sencillamente, inviable.
Contaban además, con que los nacionalistas catalanes no serían capaces de perdonar a Sánchez su apoyo a la aplicación del 155, tras los sucesos ocurridos tras el 1 de Octubre y la aparente tranquilidad de Rajoy, contribuyó en gran manera, a cimentar una premisa que se dio por hecha, sin esperar que la reacción de los nacionalistas catalanes y vascos, pudiera ser otra distinta, tras estudiar el caso en profundidad,  como hubiera sido de recibo, en un asunto de tal envergadura.
Cuentan, que fueron los de Iglesias los encargados de negociar con ellos, pues su postura de neutralidad durante el conflicto les eximía de cualquier tipo de culpa y los que acercándose primero a los   de Esquerra Republicana, por una mera cuestión de afinidad ideológica, les convencieron de la necesidad de atraer a sus socios del PdeCat, con el argumento de que una posible victoria de Rivera en unas Generales, no podría, sino empeorar gravemente las relaciones con el Estado español, a tenor de lo manifestado por el líder de la Formación naranja, sobre la tibieza con que Rajoy, estaba acometiendo el problema.
Ganado el apoyo de los catalanes, al PNV, no le quedaba más remedio que hacer una elección crucial que era esperada con auténtica expectación en su territorio, por la importancia que conllevaba, en sí misma y no hubo más que recordarle que Podemos ya había logrado derrotarles con cierta amplitud y que los movimientos de pensionistas y mujeres que habían tenido lugar, en los últimos meses en las calles, jamás perdonarían un posicionamiento a favor de quienes consideraban culpables, de las injusticias que se estaban cometiendo.
Con todo asegurado, al PSOE no le quedó más que admitir que respetarían los presupuestos generales aprobados junto al PP y prometer que abriría una ruta de negociación, lejos de las vías judiciales en Catalunya y el pacto, que parecía imposible en principio, quedó sellado y rubricado, aunque todo se mantuvo en el más estricto secreto, hasta el mismo día de la votación, por razones más que evidentes.
El error de cálculo de Rivera, que debió al menos contemplar la abstención, como un camino intermedio que no le señalara como el único responsable de intentar mantener en el poder a un Partido manchado por un gravísimo caso de corrupción, le dejó finalmente sólo en la votación, junto a los integrantes de las filas populares, convirtiéndole, en gran medida, en cómplice de quiénes estaban a punto de caer, empujados por la fuerza de la cohesión de una oposición de pensamientos diversos, que había conseguido alcanzar un consenso que le dejaba fuera de escena y que demostraba fehacientemente que había sido víctima de su enorme ambición, a los ojos de todos los ciudadanos, independientemente de su origen.
No hizo falta, más que fijarse atentamente en el rostro de Rivera cuando bajaba desde su escaño, mientras el resto de la Cámara vitoreaba a Sánchez, por la victoria conseguida, para darse cuenta de que había sido, muy a su pesar, el gran perdedor de la partida y de que todos sus planes, pensados exclusivamente para colmar su infinita ambición, se acababan de hacer pedazos, destrozados por un personaje al que nunca concedió importancia, quizá por considerarle inferior, en cuestión de locuacidad y carisma.
Le costó, Dios y ayuda, acercarse a tenderle la mano para felicitarle por su triunfo y la desgana con que lo hizo y el color de la mirada que le dirigió, hablaron por sí mismas, sin que hiciera falta a ninguno de los que contemplábamos la escena, dudar de la clase de pensamientos que le estaban cruzando, en ese momento, por la mente.
Se le acababa de escapar la oportunidad de su vida, la ocasión de continuar radicalizando el problema catalán y  la posibilidad de ser él quién acabara por echar a Rajoy, cuando creyera llegado el momento de aparecer como un nuevo salvador de esa Patria que se ha estado inventando,  a su imagen y semejanza, desde hace tantos meses.
Se esfumaba, la  ilusión de entrar en Moncloa por la puerta grande, vitoreado por las multitudes como el nuevo líder de la derecha española y el posible orgullo de arrasar en unas elecciones que durante tanto tiempo ha estado diseñando, para su propio y personal lucimiento.
Derrotado por sus peores enemigos, sin poder creer que la izquierda hubiera conseguido unirse, por primera vez en la Historia y sobre todo, lamentando no haber sido capaz de prever lo que podía pasar, su propia frustración, su ira contenida y la magnitud de su fracaso, quedaron patentes en la primera de sus intervenciones, en la que utilizó sin medida, la amenaza y el miedo, para dirigirse a un ciudadanía, que celebraba sin quererle oír, el triunfo de la Democracia, en su estado más puro.
Ni siquiera el Presidente saliente tuvo una reacción tan adversa, lo que puede ofrecer  una idea bastante aproximada de cómo es realmente Albert Rivera. De repente, se le han caído todas las caretas.






viernes, 1 de junio de 2018

Ajuste de cuentas



Poco después de las once y media de la mañana, el Parlamento español respaldaba la Moción de Censura presentada por Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy y cambiaba, con 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención, el curso de la historia política de este país, demostrando que la grandeza de la Democracia, en ocasiones, hace posibles realidades que en principio, podrían haber sido consideradas, sólo como utopías.
Nos habíamos levantado los ciudadanos con la impresión de que cualquier cosa era aún factible y hasta con cierto temor de que el Presidente Rajoy se decantara por presentar la dimisión en el último momento, temor que se ha visto acrecentado, al saber que tampoco hoy ocupaba su escaño en el Hemiciclo y que ha durado hasta el mismo instante en que ha declarado que aceptaba el resultado de la Moción y hemos podido comprobar cómo se despedía de su cargo, con ciertos tientes de sensiblería, desde la Tribuna del Congreso.
Un Pedro Sánchez exultante, que como todos sabemos se ha visto obligado a librar mil batallas, dentro y fuera de su propio Partido, que nunca ha sido verdaderamente respetado por Rajoy, como líder político   y que hasta hacas semanas, parecía sencillamente aletargado y un poco perdido en  el camino que se abría para su Formación, a tenor de los resultados de las encuestas, ofrecía una lección de pundonor, dignidad y coherencia política, derrotando por goleada a un Presidente hundido por la incapacidad demostrada en el abordaje de todos los problemas y al que la Cámara ha sometido a un durísimo  ajuste de cuentas, merecido por haber consentido la institucionalización de la corrupción, como líder de su Partido.
Sólo el voto de Ciudadanos, ha procurado conservar en su puesto a Rajoy, manteniendo un discurso catastrofista que sólo a sus intereses electorales favorece y la evidencia de su error, ha quedado meridianamente demostrada en el momento en que  la oposición aplaudía, puesta en pie,  la proclamación de Sánchez como nuevo Presidente, al grito, ya generalizado entre la sociedad de nuestro país, de “Si se Puede” y visiblemente emocionados por haber hecho posible que el Partido Popular de los recortes y la corrupción, por fin, cayera.
Y ha sido ese instante mágico, en el que no eran visibles las ideologías y nacionalistas, constitucionalistas y todos los demás, se confundían en una unidad, hasta hace poco del todo impensable y que algunos han denostado como si se tratara de una plaga letal de incalculables efectos, cuando los ciudadanos, absolutamente absortos ante las pantallas de televisión, han comprendido que en política todas las vías son susceptibles de ser exploradas y que el arte de la negociación y la práctica continuada del diálogo, merecen una oportunidad que los populares han negado sistemáticamente, durante demasiado tiempo.
Muchos de nosotros, deseábamos ardientemente este cambio, por razones que son evidentes y sobre todo, porque las actitudes demostradas por los conservadores en asuntos como el problema de Catalunya o en  los incontables casos de corrupción que han protagonizado personajes de relevancia de su Partido,  habían sido, sencillamente intolerables y reiteradamente sostenidas sobre unas bases cimentadas en la mentira, la intolerancia y constante judicialización de los conflictos, adecuando camaleónicamente sus opiniones, según les beneficiaran o perjudicaran los resultados de las sentencias.
Tenían en la calle, a los jubilados, por la pérdida del poder adquisitivo sufrido,  a las mujeres, por la desigualdad salarial, la violencia de género y la falta de conciliación familiar,   a los jueces y fiscales, reclamando la imparcialidad necesaria para el cumplimiento de sus funciones, a los militares despedidos tras unos cuántos años de servicio, a los trabajadores agobiados por el desempleo y la precariedad laboral, a los profesionales de la sanidad, gravemente afectados por los recortes y a los de la Educación, por el mismo motivo, a la gente exigiendo la libertad de expresión robada por la Ley Mordaza y cómo no, a todos los colectivos más desfavorecidos de la Sociedad, como por ejemplo a los afectados por la Ley de dependencia.
Y la única respuesta de Rajoy era siempre, sonreír, callar y dejar que el tiempo pasara, confiando en que las heridas sanaran mágicamente,  centrando únicamente su discurso en la hipotética recuperación de una economía, que nunca fue percibida por las familias como algo real que estuviera, en modo alguno, mejorando sus condiciones de vida.
Al mismo tiempo, se iban destapando, cada vez con mayor frecuencia, gravísimos casos de corrupción a cuyos principales implicados ya todos conocemos y que inmediatamente pasaban a engrosar una lista interminable de innombrables a los que el PP abandonaba a su suerte, alegando  un inaceptable desconocimiento de sus actividades delictivas, pero que al final,  han traído, en gran parte, un merecido castigo a todos aquellos que siendo responsables directos de lo que estaba ocurriendo, intentaban desesperadamente escurrir el bulto, con M. Rajoy, a la cabeza.
Sabemos que a Pedro Sánchez le queda un largo y durísimo camino por recorrer , si verdaderamente está en condiciones de afrontar con coraje y valentía la resolución de estos conflictos y también que el número de diputados de que dispone resulta ser del todo insuficiente para tomar las medidas pertinentes que estos asuntos requieren, pero la Democracia, cuyo funcionamiento ha quedado patente hoy ante toda la Sociedad, consiste precisamente en la voluntad de alcanzar acuerdos con los adversarios políticos, a través de la negociación, de ese tira y  afloja, en el que se debe, en igual medida, dar y ceder y que suele dar resultados para quienes la practican, a veces, excelentes.
 Se han terminado los tiempos de las mayorías absolutas de Partidos que todo lo resolvían sin oposición y a golpe de Decreto, los momentos de bonanza en los que los populares convirtieron a España en un Cortijo de su propiedad , en el que todos éramos braceros asalariados a su servicio y se abre , al menos eso es lo que esperamos, una etapa de esperanza que basada en una igualdad real entre todos los ciudadanos de toda índole, pensamiento, género o condición, permita que  se pueda mirar al futuro, lejos del miedo.
Esperamos de Pedro Sánchez, que sea el presidente de todos y que nunca reniegue de solicitar la ayuda que precise para poder construir un modelo  diferente. Nos asiste, el derecho a convivir en paz, a curar las profundas heridas abiertas, por la intolerancia y la radicalidad, en los últimos tiempos y también, la  urgente necesidad de  recuperar un ambiente de sana alegría, que se nos ha robado paulatinamente, a fuerza de exigirnos sacrificios insoportables, que sólo han causado dolor y sufrimiento.
Por ello, no podemos, sino desearle lo mejor, seguros de que sería imposible hacerlo peor que el Presidente saliente. Necesitamos, un escenario de paz sobre el que construir y sobre todo, que alguien nos devuelva la confianza perdida y la ilusión. Y además, estamos seguros de que se puede.