domingo, 11 de febrero de 2018

Héroes sin medallas



Cuando los bomberos sevillanos Manuel Blanco, Julio Latorre y Quique Rodríguez, decidieron emplear su tiempo de vacaciones en prestar ayuda humanitaria a los que, a través del Mediterráneo, buscaban una manera de sobrevivir al horror del hambre y de las guerras, no imaginaban que su acto de buena voluntad, podía terminar teniendo que enfrentarse a una acusación por tráfico de personas, cursada por la justicia griega, que pide 10 años de prisión para estos cooperantes, que antes de ser detenidos, ya habían intervenido en varias acciones de rescate en Lesbos.
Las terribles imágenes que todos hemos podido contemplar en numerosísimas ocasiones y las espantosas condiciones en las que se ven obligados a viajar, los hombres, mujeres y niños que buscan en el viejo continente una manera de sobrevivir al horror que  les ha perseguido durante años en sus propios países, produce en quiénes tenemos la suerte de sentirnos seguros en un entorno que nos resulta familiar y cercano, la imperiosa necesidad de reclamar soluciones urgentes para estos genocidios que proliferan, cada vez con más fuerza, a nuestro alrededor y que no parecen preocupar suficientemente  a los Gobiernos del llamado mundo civilizado, a juzgar por la falta de medios empleados, no sólo en el rescate de los refugiados de toda índole y procedencia, sino  también, en tratar de erradicar los factores de fondo que dan origen a estos problemas.
El cementerio en que se está convirtiendo el Mediterráneo en los últimos tiempos podría aumentar su dimensión, de no ser por la actuación impagable que prestan en sus aguas Asociaciones sin ánimo de lucro, como es el caso de Proem-Aid, a la que se adhirieron los tres bomberos mencionados, para poner a su servicio sus conocimientos profesionales, de manera altruista y sólo con la intención de salvar algunas de las vidas que se pierden en los naufragios de las barcazas que transportan a estos miles de seres humanos, que explotados por las mafias, se arriesgan a navegar en condiciones de total inseguridad, con la esperanza de alcanzar un destino que garantice su deseo de supervivencia.
Una serie de circunstancias adversas, la avería del barco de rescate perteneciente a Proem-Aid y una alarma nocturna que aunque luego resultó ser falsa, reclamaba una intervención inminente, se conjugaron una noche en contra de estos tres voluntarios, que fueron inmediatamente detenidos por las autoridades de Lesbos y puestos a disposición judicial, transformando una historia de sacrificio personal, en una pesadilla que se ha prolongado en el tiempo y que les llevará el día siete de Marzo, ante un Tribunal, de cuya sentencia dependerá el futuro que les aguarde, tras esta historia ciertamente rocambolesca.
Nada se ha podido hacer de momento por remediar este malentendido, que pone en evidencia el mal funcionamiento de los cuerpos encargados de vigilar las condiciones de los rescates en Grecia, pues la trayectoria de los bomberos españoles, en general, goza de un bien ganado reconocimiento internacional y de todos es sabido que por ello, han sido reclamados en numerosas ocasiones, para intervenir en situaciones catastróficas, en las que han conseguido rescatar muchas vidas, que de otro modo se hubieran perdido irremediablemente.
Así que dudar de las intenciones que movieron a estos tres hombres, en principio, ya ofende y resulta incomprensible que durante el tiempo transcurrido desde su detención, no se haya investigado en profundidad lo ocurrido durante la noche en que se produjeron los hechos, a pesar de los múltiples esfuerzos realizados, no sólo por las Asociaciones que se mueven en Grecia, sino también por la gente de a pie, que ha estado recogiendo firmas para que se anule la celebración de este absurdo juicio, mientras miles de personas siguen muriendo en los mismos escenarios, en las mismas tragedias.
Es, como si la locura se hubiera apoderado definitivamente del mundo en el que estamos viviendo y que en lugar de premiar la valentía y la abnegación de quiénes se atreven a enfrentarse a estas situaciones de riesgo, sin otro ánimo que el de colaborar desinteresadamente, se tratara de persuadir a quiénes pudieran estar considerando la posibilidad de ayudar, tratando de frenar su impulso solidario, en razón de unos legalismos que carecen de toda lógica natural, cuando se trabaja con la urgencia de establecer dispositivos de rescate, a cualquier hora del día o de la noche.
La experiencia vivida por estos bomberos, no hace más que confirmar esta teoría que cobraría aún más fuerza, si se pensara que tal vez, la labor que cumplen los voluntarios no deben ser del agrado de los Organismos oficiales encargados de este problema y hasta se podría creer que, en cierta medida, desagrada que sean testigos de la auténtica realidad cotidiana que se vive y de la magnitud de la tragedia.
Europa, una vez más, quiere cerrar los ojos ante una situación que la desborda, por la intranquilidad  que produce en la estabilidad de su ambiente y  se convierte por su insolidaridad manifiesta, en cómplice de una situación, que priva a cientos de miles de seres humanos de los derechos que les corresponden, simplemente por nacimiento.
Estos bomberos, que en cierto modo, somos todos los que no hemos perdido la inmensa virtud de la misericordia hacia los demás, se convierten en una causa que debemos defender, hasta sus últimas consecuencias, porque si a nuestros dirigentes les quedara un atisbo de humanidad, los refugiados que rodean nuestras fronteras, las condiciones de vida que se ven obligados a soportar y las historias personales que arrastran, individualmente, hace tiempo que debieran haberse convertido en una prioridad, pero claro, no producen ningún tipo de beneficio económico, que en realidad, es lo único que importa, en estos tiempos.


viernes, 9 de febrero de 2018

La inocencia robada



Leemos con estupor, la espeluznante noticia de que un niño de sólo nueve años, en un Colegio  de Jaén, ha sido reiteradamente violado durante las horas de recreo, por cuatro compañeros con edades que oscilan entre los doce y catorce años, cuyos ataques han sido descubiertos durante un examen médico al que fue sometido el menor e inmediatamente denunciados  por los profesionales sanitarios correspondientes.
Haciendo un examen de conciencia, que resulta ser para todos nosotros, no sólo necesario, sino urgente, no cabe por menos que preguntarse qué clase de mundo estamos dejando en herencia a los que nos suceden y en qué momento comenzamos a ser cómplices del robo de la dulce inocencia que caracterizaba a la infancia hasta hace unos años, creando, con nuestra manera de educar y permitiendo a los niños un acceso a la información que se ofrece a través de las redes, con excesiva precocidad, esta especie de monstruos imberbes, capaces de cometer tan deleznables acciones grupales de violencia  y que condena, desde sus primeros años de existencia, a los más débiles, a una vida de terror que, normalmente, sufren en silencio, paralizados  por el miedo que les acompaña, al no tener la edad suficiente para hacer frente al odio extremado ante el que se encuentran.
Casos como éste, que estamos conociendo todos los días y que demuestran fehacientemente los gravísimos errores que estamos cometiendo entre las paredes de nuestros hogares, con nuestros propios hijos, reclaman soluciones que podrían parecer absolutamente drásticas, cuando se sacan de contexto, pero que seguramente conseguirían frenar esta ola de fanatismo que corroe las venas de los jóvenes instalándose en ellas, probablemente para quedarse durante el resto de sus malogradas existencias y que les hacen creer que poseen un poder ilimitado para dominar, sine die, la voluntad de otros más frágiles, por carácter o por pertenecer a colectivos diferentes, a los que no se intenta siquiera comprender  o aceptar, sobre todo si los tiranos pertenecen a familias, cuya mentalidad se encuentra decididamente instalada en roles decimonónicos que les impiden evolucionar para adaptarse a la diversidad  que caracteriza a la Sociedad en que vivimos y que no se cortan en defender, ante los menores, conceptos de corte machista o que potencian la obligación de hacer evidente ante los otros, una supremacía xenófoba, homófoba, o simplemente concebida para probar una prepotencia estremecedora, sobre todo cuando se está marcando un camino a seguir, a los que se están iniciando en la vida.
Tampoco ayuda en nada, esta Ley del Menor, que ciertamente fue concebida desde la mejor voluntad, pero que se ha demostrado que más que proteger a los frágiles, anima, por la impunidad que les ofrece, a los fanáticos, a continuar ejerciendo este tipo de acciones y que por tanto, habría de ser necesariamente revisada, para ser adaptada a una realidad que cada vez se hace más presente, en este mundo absurdo en que vivimos.
Oíamos ayer la propuesta de que se rebaje la edad de los votantes hasta los dieciséis años, alegando que los jóvenes de esta edad se encuentran perfectamente capacitados para decidir la opción de Gobierno que prefieren y choca, que en contraposición a esta idea, se les continúe considerando menores, hasta los dieciocho y que por tanto, no se les pueda juzgar ni condenar, por la comisión de delitos de la naturaleza a que aludíamos al comienzo de esta artículo y que traspasan todos los límites de la imaginación de cualquier persona normal, por la violencia que engendran.
Las edades de los violadores, pueden dar una idea del conocimiento de la sexualidad que pueden tener y sobre todo, ofrece una información impagable, sobre la calidad del entorno en que deben vivir y también, de la educación que  deben haber recibido de sus mayores.
Al final, en este tipo de terribles acciones, es siempre la víctima, la que debe tratar de convivir con lo que le ocurrió, aunque escenas como éstas, te acompañan durante el resto de tu vida.
Todos y cada uno de nosotros, somos culpables, unos por enaltecimiento de estos pensamientos y otros muchos, por inacción, de la tremenda pérdida de valores que está sufriendo la infancia en la actualidad, olvidando tal vez, que estos serán los hombres y mujeres del futuro que nos aguarda.
Si no hacemos nada por remediarlo, a la mayor brevedad posible, el nuestro será mañana un Mundo inseguro y terrible, en el que la convivencia pacífica en la diversidad, será definitivamente imposible. Se podría decir que volveremos a las cavernas y que nuestra evolución como seres humanos, habrá resultado un estrepitoso fracaso.

miércoles, 7 de febrero de 2018

La peor pesadilla



Mientras el juicio de la Gurtel en Valencia sigue su curso natural y Francisco Camps trata de zafarse a la desesperada, de su presunta implicación en una trama, cuyas connotaciones vamos conociendo, a través de las declaraciones de los imputados en la misma, la última encuesta del CIS vuelve a dar como ganador, en futuras elecciones, al Partido Popular, por lo que se podría deducir que a una buena parte del pueblo español no le importan en absoluto los casos de corrupción en que se ha visto envuelta esta Formación, ni siquiera teniendo la certeza de que una buena parte del dinero sustraído, sale directamente de su bolsillo y evita que pueda mejorar la grave situación de crisis que sufren los Organismos de carácter social y muy fundamentalmente a la Sanidad, la Educación y la hucha de las pensiones.
Ni siquiera lo sucedido en Catalunya y la espantosa gestión que durante años ha llevado a cabo el gobierno de Mariano Rajoy, en este tema, permitiendo con su pasividad que se llegara hasta dónde se ha llegado y elevando poderosamente la fuerza de los independentistas, a través de los desafortunados comentarios que atentaban directamente sobre el honor de los catalanes, ha conseguido frenar, más que allí, dónde se ha convertido en un Partido con representación testimonial, la afluencia de votos que periódicamente le son otorgados, por quiénes deben estar de algún modo, abducidos, pues no son capaces de aceptar una realidad que supera todos los límites de la moralidad y que en cualquier otro país del mundo hubiera provocado hace años, la dimisión forzosa del Gobierno en pleno.
Verdad es, que el PSOE recorta distancias, aunque este Pedro Sánchez en el que tanta gente puso sus esperanzas mientras duró la batalla que libraba contra los dinosaurios de su propio Partido, no parece decidido a hacer uso de las prerrogativas que le ofrece su puesto como líder de la oposición, para hacer lo imposible por remediar que sigamos siendo gobernados por una Formación que se encuentra siempre bajo la sombra de la sospecha y que nos ha llevado a la peor situación que nos ha tocado vivir desde que llegara la Democracia, con sus recortes, sus Decretos  y esas Leyes que han ido horadando poco a poco, nuestra dignidad y nuestros derechos.
Así que resulta del todo normal que una buena parte del electorado de derechas haya optado por apoyar a los Ciudadanos de Rivera y que ese subidón que le auguran las consultas que se hacen, les sitúe cada vez más cerca de los números que se auguran para sus socios, cuestión que por otra parte, deja a la izquierda en muy mala situación, para poder formar un Gobierno.
Los constantes encontronazos entre PSOE  y Podemos no han ayudado en nada a la solución de un conflicto que pareció zanjado cuando Pedro Sánchez venció en las primarias a Susana Díaz y esa maldición que parece perseguir constantemente a las Formaciones progresistas, vuelve a hacerse presente en el momento actual, rompiendo los sueños de tanta gente, que se atrevió pensar que un cambio real era posible.
Las veleidades de Iglesias y sobre todo, la desaparición de Errejón de la primera línea política han terminado por desinflar la ilusión de cientos de miles de seguidores de Podemos que han empezado a pensar, y tengo a algunos cerca, que la magia se rompió en el mismo instante en que el tándem que formaban estos dos líderes, se fue al carajo por cuestiones que nunca fueron bien explicadas y que una buena parte de los inscritos, ni comparten, ni entienden.
Tampoco la postura adoptada en relación al problema catalán ha sido comprendida, ni fuera ni dentro del territorio aludido, pues la visceralidad que siempre nos caracterizó, está directamente reñida con el amor a la neutralidad, aunque a veces, ciertas personas, se nieguen a formar parte de cualquiera de los dos bandos que se enfrentan en una batalla, simplemente por convicción o por una mera cuestión de principios.
Teóricamente adelantado por Ciudadanos, Podemos ha quedado rezagado a un cuarto lugar que merma considerablemente las expectativas que se tuvieron tras su descomunal ascenso y sólo una autocrítica feroz y una vuelta urgente a sus inicios, paliaría lo que podría ser un gigantesco batacazo y lo que es peor aún, el triunfo por mayoría absoluta, de los Partidos de derechas.
Este, será el futuro que nos aguarda, si Sánchez e Iglesias no liman inmediatamente asperezas y abandonan el ego personal para pensar un poco más en el País y un poco menos en ellos mismos, porque sólo sumando, haciendo un esfuerzo por aunar posiciones y atacando a un enemigo común, podría pararse, en parte, la debacle que se avecina.
A veces, la ambición de poder, puede convertirse en la peor pesadilla de los políticos.

martes, 6 de febrero de 2018

Prácticas deleznables



Impresionante, el programa de Jordi  Évole, sobre las industrias cárnicas en España y no sólo por las terribles imágenes que pudimos ver sobre un maltrato animal que ignoramos los consumidores, cuando llevamos estos productos a nuestras mesas, sino también, por el mortificación que determinados empresarios sin escrúpulos están infringiendo a los emigrantes a los que explotan en sus fábricas y que roza la esclavitud que se viviera a principios de la revolución industrial, en las textiles, como si no hubieran pasado dos siglos y la lucha por los derechos de los trabajadores hubiera quedado pulverizada, sin ningún tipo de intervención de los Gobiernos.
Los testimonios de estos operarios, que son obligados a darse de alta como autónomos  cooperativistas, sin llegar nunca a serlo y que soportan interminables jornadas de durísimas labores, sin derecho a pagas extraordinarias ni vacaciones  y teniendo que costearse incluso los equipos que necesitan, recibiendo a cambio unos sueldos de miseria y unas humillaciones constantes, por parte de quiénes les mandan, nos parecieron, como salidos de otra realidad que estuviera sucediendo en algún país muy lejano, pues no dábamos crédito a que en este nuestro estuvieran ocurriendo estas cosas, en el tiempo en el que vivimos.
Hablemos ahora, de esas granjas en las que los cerdos se ven obligados a vivir hacinados, carentes de los más mínimos cuidados fundamentales y sin ningún tipo de vigilancia sanitaria o no se entenderían los gravísimos casos de enfermedades que se pudieron contemplar en el programa, ni el canibalismo practicado con los animales muertos y que sirven, impunemente sus productos a firmas de cierto reconocimiento entre la población, como es el ejemplo de El Pozo, cuyas etiquetas aparecían tiradas por el suelo, entre la podredumbre que caracterizaba el escenario que se nos estaba mostrando en aquel momento.
La existencia de estos lugares, documentada y no sólo esta vez, por quiénes  se han interesado por esclarecer la verdad de lo que ocurre en un sector poderoso, como éste, resulta ser absolutamente inadmisible y llama la atención, cómo los encargados de vigilar que estos productos puedan llegar a los consumidores, o niegan la evidencia o alegan un imperdonable desconocimiento que supone un incumplimiento flagrante de las obligaciones de su cargo, o tratan de paliar los efectos que puedan producir este tipo de reportajes en la población, alegando una falta de medios que aun siendo cierta, no  exime de la urgente necesidad de realizar las visitas pertinentes y por supuesto, las revisiones  sanitarias que sean menester, para garantizar también, la salud de los consumidores, en todo momento.
Ninguna de las dos Empresas mencionadas en el reportaje, The Gourmet Pig, en Vic (Barcelona), ni El Pozo, a la que servía la granja de cerdos, situada en Murcia, quisieron abrir sus puertas al programa para mostrar lo que ocurría en su interior y ambas declinaron aparecer en pantalla, aunque la segunda sacó ayer un comunicado en el que se acusaba a Évole de haber mostrado imágenes capciosas.
Lo que pudimos ver el Domingo, provocó en nosotros tal grado de indignación y repugnancia, como para pensarse seriamente la urgencia de abandonar el consumo de cualquier cerdo que no sea criado en libertad, aunque su precio se encarezca o incluso la opción de no volver a probar jamás este producto, pues las garantías que ofrecen los encargados de la vigilancia de la cadena de producción, parecieron ser del todo nulas, para desgracia nuestra.
La Empresa de Vic, por el trato que ofrece a sus operarios, merece  directamente el cierre de sus instalaciones y uno se pregunta qué hacen los inspectores de trabajo en su horario laboral, porque no se puede comprender que sucedan este tipo de hechos, sin que se produzca una intervención del Estado, o al menos de la Comunidad, en este caso la catalana, para que desaparezca esta clarísima explotación humana, que allí se está cometiendo.
Y la otra, esa que se anuncia a bombo y platillo en todas las cadenas televisivas, asegurando una calidad de sus productos, que visto lo visto, resulta ser absolutamente incierta, uno de esos boicots que tanto gusta proponer a los que establecen luchas de banderas y que en este caso es, no sólo merecido, sino urgente.
Matar al mensajero, que suele ser en este país, la estrategia más socorrida cuando vienen mal dadas, para alguien en concreto, no resuelve sin embargo, el gravísimo problema que subyace en este sector millonario en ventas, pero que no respeta las más elementales normas exigidas en la elaboración de un producto, que resulta ser de consumo  masivo, en esta nación nuestra.
Si lo que vimos no mueve al Gobierno a una inmediata intervención en el tema, al menos, sí que moverá las conciencias de los ciudadanos, que en general, abominamos de estas prácticas deleznables, no sólo con los pobres animales, sino muy fundamentalmente, con los seres humanos que siendo en todo iguales que nosotros, se ven obligados a soportar la avaricia sin límite de los que dirigen estas Empresas.


lunes, 5 de febrero de 2018

Misión imposible



Por mucho que se empeñe Carles Puigdemont, en ser investido President de la Generalitat de Catalunya y por mucho sus partidarios le presten apoyo aludiendo a una unidad entre partidos separatistas que se va quebrando por momentos, la suya es una misión imposible de ser llevada  a cabo, por las circunstancias que alrededor de su persona se dan, por lo que sus más allegados dicen que sufre un enojo mayestático, pues no le va a quedar otro remedio que permanecer en Bruselas, si quiere conservar la libertad y como mucho, aceptar una propuesta que salta hoy a los medios de comunicación y que no es otra que ser nombrado President simbólicamente, por la Asociación de Municipios Catalanes por la independencia, ofrecimiento al que podrían adherirse todos los parlamentarios que así lo deseasen.
Así, se puede ir despidiendo de la intención de que en el Parlament se lea en ningún momento algún discurso suyo, elaborado desde Bruselas y también de que pueda llevarse a cabo una votación que le corone como máximo responsable del Gobierno de Catalunya y que termine con el canto enardecido de Els segador, como seguramente le hubiera gustado que ocurriera, para continuar manteniendo unas dosis de poder, que ahora le son negadas por los problemas que tiene pendientes con la Justicia española y que son consecuencia directa de la decisión que tomó cuando abandonó su propio territorio, en una fuga rocambolesca.
Una cosa es soñar y otra bien distinta que la realidad tenga que coincidir necesariamente con el contenido de esos sueños, por lo que mucho nos tememos que Puigdemont, acabará finalmente por convertirse en una especie de bastión de catalanidad aparcado en una mansión de Bélgica, en la que su historia presente se irá diluyendo paulatinamente y sin remedio, hasta que sólo quede de este tiempo que vivimos ahora, un leve recuerdo que no condicione ni altere para nada el futuro que se abre para Catalunya.
Será,  como un Santo al que puedan ir a rezar los más devotos en una especie de peregrinación, cada vez que les flaqueen las fuerzas o pierdan potencia, una vez que lleguen al poder y que podrá, eso sí, aconsejar lo que considere oportuno, en cada momento, aunque sus opiniones  no tengan validez alguna en las decisiones que tomen los que formen parte del nuevo Gobierno y que no estarán en modo alguno, obligados a obedecer los mandatos que les lleguen desde el exilio.
Cautivo de sus propios actos y habiendo infravalorado la manera de comportarse que siempre caracterizó a los conservadores, Puigdemont debió haber previsto, antes de dar un salto de fe, hacia su destino belga, que Mariano Rajoy y los suyos jamás perdonarían la vergüenza de haber sido atacados sin medida en sus más profundas convicciones y que estarían dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias, contando como cuentan, con el beneplácito de la Justicia española, con tal de impedir que el principal autor de tal afrenta, pudiera siquiera poder aacercarse a las Instituciones catalanas y menos aún, volver a ser nombrado Presidente.
Toca pues, como mencionaba hace unos días Oriol Junqueras, hacer frente a las responsabilidades generadas por las acciones de cada cual y aceptar que ese periodo de ilusión que vivieron durante unos meses los partidarios de la Independencia, terminó, sin que exista ninguna posibilidad que permita retomar el camino, al menos en las condiciones en que fuera truncado por la aplicación del 155, en Catalunya.
No queda otra, que mirar al futuro que viene e intentar iniciarlo, como se pueda y con quién se pueda, pues los que fueron los principales protagonistas de esta historia, o están en la cárcel o exiliados o simplemente, decidieron retirarse de la escena política, que hasta entonces habían defendido.
De manera que el empecinamiento de Puigdemont, en mantenerse al frente de una causa perdida de antemano, ha de tener que ver necesariamente con aquello del ego y no se entiende que su obcecación esté frenando la elección de un nuevo Govern en Catalunya, propiciando que se prolongue la aplicación del artículo 155, sine die y, por ende, que su territorio sea regido por el PP, que ha sido y es el peor enemigo que han tenido, a lo largo de todo el proceso.
En medio del temporal de nieve que nos azota, la tormenta que sacude particularmente a Catalunya tampoco parece que vaya a amainar y a los que miramos desde fuera, sólo se nos ocurre repetir aquella frase que se hiciera célebre en los labios de Aznar. “Váyase, señor Puigdemont”. Su pueblo se lo agradecería eternamente.

domingo, 4 de febrero de 2018

Fiesta por la igualdad



En medio de una ola de frío ártico que va in crescendo y con el habitual espíritu combativo que siempre ha caracterizado a las actrices y actores españoles, se celebró el Sábado la Gala de los Goyas, en Madrid, fuertemente marcada por las palabras pronunciadas, unos días antes, por el Presidente Rajoy, en el programa de Carlos Alsina, cuando fue preguntado por la brecha salarial existente entre los hombres y mujeres de este país y contestó, literalmente, “mejor, dejemos eso”
Enfundado en sus mejores galas y con las enormes dosis de glamour que suelen ser normales cada año en esta pasarela, el mundillo del cine acudía en pleno a la ceremonia programada y se presentaba ante los aficionados al Séptimo Arte, en todo su esplendor, para premiar, según su criterio, los mejores trabajos de este pasado año.
Echando de menos, desde el primer momento, la presencia de Dani Rovira, al que no se puede negar una gracia natural de la que carecen absolutamente los presentadores de esta edición, el evento y los premios concedidos, se convirtieron en un fiel reflejo de la diversidad que se da en esta península nuestra y que forma parte de una identidad con la que tenemos que convivir a diario, sin que esto pueda representar, en modo alguno, un elemento de discordia, sino más bien, una muestra de riqueza cultural que ya quisieran para sí, un buen número de países del mundo.
Ataviados con abanicos rojos, como símbolo de apoyo a la igualdad  laboral y personal entre sexos y en contra de la violencia machista, este público  tan particular que abarrotaba  la sala, aplaudiendo cada una de las intervenciones en las que se hacía referencia a éstos temas, soportó estoicamente el aburrimiento del guion que traían preparado los dos presentadores de turno e incluso hicieron un esfuerzo por devolver una sonrisa a cada una de sus alusiones, intentando que el tiempo transcurriera, sin que se notara el tedio que producía la insulsez  continuada de los diálogos que se sucedían, cada vez que pisaban el escenario los maestros de ceremonia de la fiesta.
Los premios, que se repartieron fundamentalmente, la película “Handía”, rodada íntegramente en euskera y que consiguió diez estatuillas, a lo largo de toda la noche y “La librería”, de Isabel Croixet, que fue recompensada con los galardones a la Mejor dirección y Mejor película, apenas dejaron espacio a otras películas y sólo el reconocimiento a Mejor actor, otorgado a Javier Gutiérrez, por “El Autor” y a Nathalie Poza, por “No sé decir adiós”, rompieron el ritmo marcado por los directores vascos y catalana, que fueron los auténticos vencedores de la noche.
Se echó de menos, la contundencia reivindicativa de otras galas, como aquella del “No a la Guerra”, convertida en un referente del espíritu de luchador de esta profesión, pues las alusiones a la igualdad  fueron lanzadas con cierta circunspección, por parte de todos los que subieron a escena y a los que faltó ese espíritu desgarrador, capaz de mover las conciencias de los espectadores y también de los políticos de turno, encargados de hacer posible que la desigualdad pueda ser corregida, a la mayor brevedad posible.
Tampoco fueron referidas las experiencias de acoso que dicen haber tenido que sufrir las actrices, como ha ocurrido en Hollywood y faltó, el efecto emocional que produce una sala en pie, que sólo se dio cuando la gran Marisa Paredes, recogió su Goya honorífico.
Sin poner en duda la calidad de las películas y de los profesionales que las hicieron posibles, esta Gala pasará , sin pena ni gloria y sólo los cinéfilos fanáticos se acordarán de lo que sucedió en ella,  cuando pasen un par de años.
Con nuestra felicitación a los premiados y nuestra palmadita en la espalda a los muchos que se quedaron con las ganas de serlo, la crónica de los Premios Goya de anoche, no dio para más y aunque sabemos que contamos con un gran elenco de profesionales dedicados a esto del cine, sentimos decir que esta vez, las expectativas que siempre ponemos en la esta celebración anual, no se correspondieron en absoluto, con lo que esperábamos de ella.
Los Ministros  asistentes a la sala, deben estar contentos con la tibieza de las intervenciones, aunque esto tiene el inconveniente de que por lo menos, hasta el año que viene, no podrán criticar a nuestras actrices y actores ni calificarlos de rojos subversivos, como han hecho otras muchas veces.

jueves, 1 de febrero de 2018

Si los muertos hablaran



Ahora que se cumplen cien años del nacimiento de Marcelino Camacho, un sindicalista ejemplar que sacrificó su vida personal por defender los derechos de los trabajadores de este país, arriesgando su libertad en los oscuros tiempos de la dictadura y después, mientras se lo permitieron las fuerzas, el comportamiento de los Sindicatos tradicionales, con sus líderes a la cabeza, en casos como el de la OPEL, en Aragón, constituye una flagrante traición al recuerdo de quiénes les antecedieron, durante muchos años y que ofrecieron a la clase obrera la oportunidad de ganar en derechos y en dignidad, consiguiendo que el trabajo se convirtiera en un bien común, que se ha ido degradando por la inercia y la ineptitud para negociar con los empresarios de quiénes se nutren a base de subvenciones obtenidas, a base de dar la razón a los Gobiernos.
El chantaje al que han sido sometidos los operarios de la OPEL, con el acuerdo tácito de los conservadores en el poder, que no han levantado un dedo contra una Empresa que escenifica tales prácticas en un país democrático y que amenaza con abandonar nuestro territorio, si la plantilla no se pliega a sus exigencias, debiera haber  sido acometido por los Sindicatos, en general, con muchísima más contundencia, empleando, que para estas ocasiones están, todos los mecanismos legales a su alcance, incluida la huelga , pues no se puede ni se debe consentir que se denigre el honor de los trabajadores hasta tales extremos, ni que estas Sociedades aprovechen la debilidad de la clase obrera, en estos momentos de crisis, para obtener más beneficios, a base de su rendimiento.
En lugar de eso, nuestros renombrados Sindicatos potencian que se firme, punto por punto, la totalidad de este acuerdo, sin molestarse siquiera en hacer un amago de protesta en contra de la evidente extorsión a la que se somete a las ocho mil personas que trabajan en esta Fábrica y aún tienen la tremenda desvergüenza de afirmar que la firma del acuerdo es histórica y desde luego que lo es, pues sienta un terrible precedente que con toda seguridad, será seguido por todas aquellas Empresas que ateniéndose al resultado de esta espantosa negociación, seguramente encuentren un filón para doblar o triplicar, de esta manera, sus beneficios.
Si Camacho y aquellos luchadores a los que debemos, en gran parte, haber logrado salir del hacinamiento, la miseria y la ignorancia en que se encontraba la clase obrera, hasta que ellos iniciaron la lucha, levantaran la cabeza, no podrían sino renegar abiertamente de estos sindicalistas vendidos al poder y al capitalismo, que abandonan a su suerte a los que debieran proteger, en el peor de los momentos, asumiendo dócilmente y sin ningún tipo de rebelión, que el futuro de los trabajadores españoles sea equiparable a la situación que ya sufren los operarios asiáticos y que les hace regresar a una época, peor que la que les tocó vivir a nuestros padres y nuestros abuelos.
¿Qué ha sido de aquellas manifestaciones multitudinarias organizadas por los Sindicatos y en las que los obreros llenaban las calles de nuestros pueblos y ciudades en defensa de sus derechos? ¿Qué ha sido de aquellas noches de encierro en las Fábricas, de aquellas acampadas y de aquellas largas huelgas que cambiaban el curso de las negociaciones, obligando a las empresas a considerar que era mucho mejor hacer concesiones que soportar que todo se detuviera, sine díe, a causa der un paro indefinido?
¿Dónde está aquel espíritu de lucha que caracterizara a los trabajadores del metal, a los estibadores o a los mineros y que tantas alegrías reales diera a los que a base de resistir, consiguieron frenar la avaricia de las Empresas?
Mirando el panorama actual, la resignación con la que aceptamos la naturaleza de lo que nos está ocurriendo y la sumisión con la que nos sometemos a los dictados del poder, se podría decir, que en cierto modo, caminamos indefectiblemente, hacia una vida laboral de pura miseria.
Y esto, que podría ser producto del miedo en aquellos trabajadores humildes  que dependen exclusivamente de su salario para continuar malviviendo, resulta absolutamente inaceptable cuando se habla de los representantes sindicales, cuya primera y única obligación ha de ser la de mirar por el bienestar de las clases obreras e informar, dónde se producen estos conflictos, de que  nunca nada se consiguió antes sin lucha y que la humillación sólo puede traer consigo, indignidad y pobreza.
Al Gobierno del señor Rajoy, habría que decirle que cuando permite que se extorsione de mala manera a los trabajadores de éste país, sin intervenir a su favor de manera clara y directa, se pone en evidencia ante toda la sociedad la importancia real que se da al panorama laboral que se crea y también que por su falta de interés en estos asuntos, por su inacción ante los mismos y por potenciar una clase de puestos de trabajo, cada  vez más precarios, no merecen ni uno sólo de los votos de este extenso colectivo que es, en realidad, el motor necesario para que funcionen las Instituciones y el que paga sus millonarios sueldos.
Y a esos sindicalistas de guante blanco, que evitan con palabrería barata y conmiseración, cualquier tipo de enfrentamientos, que la clase obrera siempre se caracterizó por tener las manos manchadas y por llevar la cabeza muy alta, mientras luchaba por sus derechos.
Pero claro, para eso, hay que creer en lo que se hace y estar dispuesto a sacrificar lo que haga falta, por el bien de las mayorías y estos líderes de ahora, probablemente,  sólo piensan en su bienestar personal y en anteponer la comodidad de los despachos, al futuro de todos aquellos, a los que dicen que representan.