lunes, 25 de septiembre de 2017

Dentro del laberinto


Magnífica, la entrevista de Jordi Évole, al President Puigdemont y no sólo porque la actualidad reclamara una aparición del personaje invitado a nivel nacional, para que los españoles pudieran oír de primera mano los fundamentos de sus argumentos, sino también, porque se presentaba una oportunidad única de intentar  rebatirlos que hasta ahora habían desaprovechado estúpidamente los partidarios del No y que un periodista de la categoría profesional del entrevistador, tenía la obligación de mencionar, para que los espectadores y muy fundamentalmente los residentes en Cataluña, pudieran hacer  una valoración justa de lo que se cuece entre bambalinas en ambos bandos, lejos del espejismo colectivo que se ha conseguido levantar en las calles, estos últimos tiempos.
El aplomo con que comenzó el President, se fue deteriorando a medida que fue avanzando la conversación, probablemente influenciado por la naturaleza incisiva que suele caracterizar a las preguntas de Évole en todas y cada una de sus intervenciones ante la cámara y que hizo bien, en no tratar el problema de Cataluña de modo excepcional y no sólo por no defraudar a sus seguidores, a los que resulta habitual esta manera de practicar el periodismo, sino muy fundamentalmente, porque en cierto modo, procuró centrarse en cuestiones que con toda seguridad habrían tratado los que abominan de la celebración del Referendum y que como explicó, nada más empezar, habían rechazado comparecer al lado del entrevistado, quizá para evitar dotar de cierta legalidad la celebración del Primero de Octubre.
 El nerviosismo de Puigdemont, que fue en aumento en cuanto comprendió que su interlocutor no estaba dispuesto a formar parte de su cohorte de admiradores y que alcanzó su punto álgido cuando Évole le recordó que había votado en contra de la celebración de sendos Referendums en El Sáhara y en Kurdistan, alla en 2014, puso de manifiesto que a pesar de todo lo que viene ocurriendo estos días, de la intervención tácita del Gobierno central y del aluvión humano que reclama reiteradamente su derecho al voto en las calles de Cataluña, lo que pueda ocurrir inmediatamente después del 1-0, se encuentra, simplemente, cogido con alfileres, pues no supo o no quiso aclarar cuáles serían los pasos que pensaban seguirse, si como se prevé, finalmente se puede celebrar la votación y es su opción la que vence, al recomendar sus adversarios políticos, no presentarse en los Colegios.
Abrumado por una cascada de videos que delataban ciertos tintes xenófobos entre su propia gente y también por la insistencia del entrevistador en que contestara las preguntas que se le hacían, sin permitirle evadirse de ninguna de ellas, no sólo titubeó en varias ocasiones, sino que intentando escapar de la tenacidad del periodista, incurrió en errores de bulto, por ejemplo, al escudarse en varias ocasiones en unas leyes españolas que ha desdeñado tantas veces, pero que en ese momento utilizó sin decoro, como argumento valedor de lo que trataba de afirmar, quizá sin percatarse de que la inteligencia de la audiencia notaría inmediatamente este imperdonable vaivén jurídico-político.
Visiblemente cansado, probablemente por el ritmo vertiginoso que está llevando personalmente en las últimas semanas, llegó a decir que su Gobierno permanecía neutral ante las opciones que se ofrecen a los votantes en este Referéndum, palabras que consiguieron movernos a todos de nuestros asientos, al recordar la enfatizada defensa del SI que hemos podido ver por su parte, en todos los actos en los que ha intervenido en estos últimos días, junto a sus socios en este proyecto.
Fue una pena que no tuviera enfrente un adversario de envergadura que ayudara a los catalanes a tener al menos, la posibilidad de elegir entre las opciones que se les proponen de cara al Referendum, en el caso de que se pueda celebrar, pero sobre todo, porque las verdades absolutas, como todos sabemos no existen y la Independencia, ganada a golpe de urnas o pactada, no ha de ser la excepción, pues se abren demasiadas incógnitas sin resolver y el camino real será largo y tedioso, cuando termine el encantamiento.
 No quisiera terminar, sin ensalzar la valentía de Évole en el contexto de esta dificultosa entrevista, que seguramente le costará la enemistad de muchos de sus conciudadanos, que quizá esperaban de él una postura más condescendiente con quién consideran como valedor de sus sueños, pero ser periodista significa, antes que nada, mostrar la realidad, con las luces y sombras que todo acontecimiento conlleva por sí mismo, respetando la objetividad y atreviéndose a considerar todos los aspectos, positivos y negativos, de un mismo suceso.

Mucho nos alegramos, de que haya sido un catalán precisamente, el que se haya atrevido a sacudir la quietud del árbol que se nos presenta, como dibujado en el horizonte. Había que hacer esas preguntas e incluso muchas más de las que se hicieron, aunque para nuestra desgracia, nos hayan acostumbrado a todos a convivir con un periodismo partidista, adulador y falaz, con el que no debiéramos conformarnos, si queremos tener una visión clara de cualquier hecho.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Una intervención encubierta


Sin valor para reconocer que todas las medidas tomadas hasta ahora en Cataluña han resultado ser un fracaso y sin saber cómo manejar la avalancha humana que se ha instalado en las calles de manera casi permanente, el Gobierno de Rajoy toma la decisión desesperada de nombrar al Coronel de la Guardia Civil,  Diego Pérez de los Cobos, como coordinador general de las Fuerzas de Seguridad en aquella parte de la Península, relegando a los mossos de squadra, a un papel secundario, argumentando la poca colaboración  que de ellos están obteniendo, en la requisa permanente de material relacionado con el Referendum.
Esta intervención encubierta, que resulta ser un paso más en la tácita aplicación del artículo 155 y que arrebata a la Generalitat una de las funciones más importantes de cuántas constituyen su cometido, viene a sumar tensión al clima que se vive en los pueblos y ciudades  estos últimos días, demostrando que el Ejecutivo está dispuesto a saltarse todas las normas que sean necesarias, con tal de evitar que el próximo día 1, la gente pueda votar, por lo que se intuye que a partir de ahora, podrían empezar a reprimirse con dureza las concentraciones de personas que se están produciendo y cuyo comportamiento era, hasta cierto punto, frenado por los mossos, que ya han manifestado su protesta al sentirse oficialmente sobrepasados por la policía nacional y la guardia civil, aunque nadie lo haya reconocido.
Lejos de amedrentar a la gente, que ha llegado a un clima de exaltación de la libertad, similar al del 15M, muchas personas que aún continuaban en casa, dudando seriamente entre lo que ordenaba la legalidad reclamada desde Madrid y la que aconsejan los líderes de la Generalitat, han dado un paso al frente colocándose al lado de sus conciudadanos, empujados a empatizar con lo que defienden los que ya estaban en la calle y que no sólo tiene que ver con su deseo de independencia, sino más bien, con la indignación de ver cómo se intenta someter a la población, sin permitirle siquiera su inalienable derecho a expresarse, en un sentido u otro, en una votación que se hace cada vez más necesaria, si se quiere salir del laberinto en el que nos hallamos perdidos.
Tampoco el gobierno de la Generalitat se mueve ni un milímetro de sus posiciones, pues la dificultad de manejar la situación a la que se ha llegado no debe ser, en estos momentos, nada fácil, con lo que la solución real del problema se intuye como cada vez más lejana, como si una ola de sobrevenida locura se hubiera apoderado de los que manejan el poder, en uno y otro bando y los recursos políticos hubieran sido superados por las resoluciones judiciales y policiales, como única salida.
Verdad es, que ni Puigdemont  ni Rajoy, pueden permitirse, a estas alturas, defraudar a quiénes les siguen en sus planteamientos, pues el acaloramiento de los ánimos, que ha entrado en una efervescencia imparable, no lo aconseja, pero habrían de considerar  con urgencia, que la apertura de la enorme brecha social que están generando con su exacerbado empecinamiento sólo puede traer consecuencias nefastas y que ceder, aunque sólo sea de manera testimonial, forma parte importante de la grandeza de los políticos, aunque tal acción sea continuamente menospreciada, en los tiempos que vivimos, por los que nos gobiernan.
Porque a nadie, en su sano juicio, se le ocurre otro remedio mejor que acudir al diálogo y la negociación para poder encontrar un camino que nos saque de éste, que no conduce a ninguna parte y que para ello, Rajoy y Puigdemont, habrían de renunciar por igual a cuánto ha venido ocurriendo en estos últimos años, para partir necesariamente de cero, aunque ello les costara, a los dos, una pérdida considerable de  adeptos o incluso tener que abandonar los cargos que ocupan, a favor de la conciliación y el respeto que reclaman la mayoría de los ciudadanos que les eligieron.
Ni se puede desoír las reclamaciones de millones de ciudadanos catalanes, ni imponer, del modo que se ha hecho, la celebración del Referendum. Sobran, los dos protagonistas que instigaron estas acciones y sobran, incluso las palabras, cuando de antemano se ha perdido la razón, por lo mal que se ha gestionado el conflicto.
 Puede, que a muchos les desilusionara tener que volver a empezar, pero eso pasa, cuando se juega peligrosamente con la esperanza de la gente.
Abrir vías de entendimiento, ha de ser la primera obligación de cualquier político que ejerza sus funciones en un país democrático y la aplicación de la fuerza, la represión o la instigación al odio hacia los disidentes, desgraciadamente no puede, sino recordar a  los métodos empleados por las dictaduras, sean del signo que sean y se encuentren dónde se encuentren.


jueves, 21 de septiembre de 2017

El pulso de la calle


La respuesta a las gravísimas medidas tomadas ayer por el Gobierno de Rajoy en Cataluña no se ha hecho esperar ni un segundo y una ingente multitud de ciudadanos se ha ido instalando paulatinamente en las calles, dispuesta a resistir el órdago lanzado desde Madrid para frenar en seco un Referendum, que se ha convertido en un símbolo representativo de la identidad catalana, independientemente de lo que pensaran votar, hasta hoy, los que participan activamente en estas multitudinarias protestas.
Sumidos en la estupefacción y asaltados a la vez por el temor a que los acontecimientos acaben derivando hacia caminos menos pacíficos que los que se están recorriendo, los habitantes de esta parte del territorio que compartimos y en el que hemos convivido hasta ahora, en un ambiente sosegado  que parece contaminarse por momentos, miramos con inquietud cómo el enfrentamiento entre nacionalidades parece recrudecerse por momentos, como si las acciones policiales y judiciales aplicadas desde ayer en Cataluña, contaran con el apoyo de nuestra sociedad en general, cuestión que dista mucho de ser cierta.
La verdad es que en este conflicto hace tiempo que las cuestiones de forma pasaron a un segundo plano,  tiñendo la   gestualidad de ambas partes  con un poso de tácita violencia y sólo la vuelta a la cordura, que aconseja solucionar por medio del diálogo pausado, las gravísimas diferencias que nos separan, podrían, tal vez, hallar una vía de entendimiento, que hiciera del respeto común, una barrera inviolable que nadie se atreva a traspasar, pues no se debe reprimir en modo alguno, la libertad de pensamiento.
Aceptar esa premisa, se ha convertido en primordial para poder abordar este problema en un plano de igualdad que extermine las raíces xenófobas que están creciendo entre nosotros, como la mala hierba, pues al fin y a la postre, catalanes y españoles somos, querámoslo o no, ciudadanos de un mismo mundo y quizá sea este el momento de demostrar que no hay cosa peor, que la institución emocional de nuevas fronteras.
Y no hablo de separaciones territoriales, de idiomas o particularidades de las que evidentemente cada cual puede disfrutar soberanamente, sino de estigmas que se instalan sinuosamente entre nosotros, de una manera casi imperceptible y que suelen nublar la razón, impidiéndonos mirar más allá del punto exacto en el que nos encontramos, defendiendo los bastiones entusiastas que nos mueven, robando a quiénes tenemos enfrente, sin pretenderlo, la oportunidad de ofrecer sus argumentos, tan válidos como los nuestros, si de veras se cree que la libertad de  expresión es un inalienable derecho.
En estas horas, en las que todo parece confundirse en una niebla densa y en la que los políticos que dicen representarnos no hacen otra cosa más que emponzoñar, de parte a parte, la deriva que está tomando este problema, la cordura de la calle, de esos catalanes que hacen guardia en las plazas, reclamando más que la independencia, el derecho a decidir sobre ella, no puede correr el riesgo de contaminarse, ni siquiera con frases malsonantes dedicadas a los españoles, pues la razón que les asiste y que muchos reconocemos a pesar de no vivir allí, se perdería tajantemente sepultada por la injusticia de atacar  a quienes sin duda no lo merecen.
Las escenas de vandalismo que pudimos contemplar en la larga noche que sucedió al intenso día que todos vivimos con tristeza ayer, los insultos indiscriminados que se vertieron sobre unas fuerzas de seguridad que acataban órdenes superiores y las apelaciones malsonantes hacia la prensa, no fueron, precisamente, un ejemplo de civismo, sino más bien, un patrón de nacionalismo trasnochado, rayano en una ordinariez, impropia de una sociedad que siempre se caracterizó por su civismo.
Esos brotes, que ofrecen una perspectiva distorsionada del pulso que la calle está echando a unos políticos incapaces de responder a sus reclamaciones más urgentes, han de ser necesariamente, cercenados, por la serenidad de las mayorías.
En cuanto al discurso ofrecido anoche por  Rajoy, que parecía haber sido acuñado en su totalidad, en su contenido, por Rivera, poco o nada habría que decir, pues la inmovilidad manifiesta en que se encuentran el Presidente y los suyos, las vías por las que se han decidido y que convierten a los detenidos en los primeros presos políticos desde los años de la dictadura, no contribuyen precisamente a serenar los ánimos de nadie. Tampoco los de la mayoría de los españoles.
Preparados para otra noche de vigilia, una buena parte de los ciudadanos catalanes, se agrupan en los lugares señalados por sus líderes, como demostración de fuerza. No todos son partidarios de la independencia, pero todos exigen el derecho a poder decidir si la quieren. Al menos, hay que reconocerles la valentía de hacerlo  abiertamente.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Crónica de urgencia


 Avanza inesperadamente el Gobierno en sus actuaciones en Cataluña y lanza una operación policial masiva, plagada de registros y detenciones de altos cargos vinculados a la Generalitat, como la mano derecha de Oriol Junqueras, Josep María Jove, al que se ha obligado a bajar de su coche en plena calle o David Palancar, durante el registro de la Consellería de exteriores, provocando una reacción inmediata y masiva de una ciudadanía que se ha echado en bloque a las calles, reclamando un derecho a decidir que se les ha negado sistemáticamente desde Madrid, dónde permanecen reunidos desde primeras horas de la mañana Rajoy y Rivera, a los que poco parece importar que estas medidas, puedan terminar acarreando una oleada de violencia.
Las imágenes que vemos a través de la televisión no preludian un buen final para esta absurda historia que ha dado comienzo hoy, como respuesta a la desobediencia declarada de la que ha venido alardeando la Generalitat, pero que desgraciadamente recuerdan y mucho a épocas pasadas que lo mayores tuvimos la mala suerte de vivir y que alejan de  nosotros, cada vez más, la sensación de hallarnos en un estado Democrático, en el que se respetan los derechos de la gente.
Queda claro, con estas actuaciones, que Rajoy y su socio desdeñan absolutamente lo que pueda opinar el Parlamento, que justo ayer por la tarde se pronunciaba, por mayoría, en contra de las medidas que hasta ahora había adoptado el Ejecutivo, en relación con el problema catalán y eso, sin conocer aún la decisión que  ya debía estar tomada, de lo que está ocurriendo esta mañana y que reviste una gravedad hasta ahora desconocida en el país, desde que se iniciara la transición para salir de la dictadura.
 En una intervención institucional, Puigdemont acaba de pronunciarse con extrema dureza sobre lo que seguramente ha debido pillarle por sorpresa y sin admitir preguntas de la prensa, ha invitado a los ciudadanos de Cataluña a conservar una calma, que será difícil de mantener, dado el clima de creciente tensión que están generando en las calles, estas detenciones.
Podría decirse, a tenor de lo que vemos, que en cierto modo, se ha puesto en marcha una aplicación encubierta del artículo 155, sin previo aviso y con alevosía, pues al extenderse las detenciones y registros también a Madrid, parece que la dureza de las medidas irán necesariamente, en aumento y que Rajoy ha destapado por fin, sus auténticas intenciones, sin propósito de dar un solo paso atrás, en su dinámica represora y sin dar una sola oportunidad al diálogo, como le reclamaba ayer el Hemiciclo.
En el momento en el que escribo este artículo, la sede la CUP está empezando a ser registrada por las fuerzas policiales, sin que se haya aclarado con qué fin, aunque quizá sea en busca de material relacionado con el referéndum y lo único que parece quedar claro en este momento es que se está intentando, desde el Estado Español, dar un golpe de gracia a todo el aparato de la Generalitat relacionado con la logística, tratando a la desesperada de cercenar de raíz, la convocatoria del primero de Octubre.
Las noticias, que se suceden en cascada en esta convulsa mañana de movimientos incomprensibles, permiten sin embargo, avanzar que lo que pueda ocurrir a partir de ahora, no será precisamente bueno y la intensísima participación ciudadana que estamos contemplando en los lugares más emblemáticos de Cataluña, probablemente terminarán por ser reprimidas si como se prevé, terminan por desbordar las previsiones que pudiera tener el Gobierno, lo que con toda probabilidad generará una subida de tono segura entre los manifestantes allí concentrados y raro sería, que no se produjeran brotes de auténtica violencia.
Tanto se ha pensado Rajoy  qué hacer con el problema catalán, que al final, le ha estallado en la cara, provocando además, una clarísima división, también entre los ciudadanos españoles, que no pueden estar de acuerdo con estos actos propios de regímenes absolutistas, en los que los tiranos se imponen , por la fuerza, a la voluntad de los Pueblos.

Rajoy, acompañado de Rivera, se ha permitido hoy ir mucho más allá. También se han atrevido a pisotear la voluntad expresa de la mayoría del Parlamento.

martes, 19 de septiembre de 2017

Un nuevo error


No parece estar dispuesto el PSOE  para aceptar la propuesta de Podemos y sus confluencias, que busca una solución urgente al problema catalán y apela a una indivisibilidad de España que hace tiempo dejó de existir, como prueban los cientos de miles de ciudadanos que desde Cataluña reclaman el derecho de votar a favor o en contra de conseguir la independencia y también el apoyo que reciben desde otras partes del país y muy fundamentalmente, desde Euskadi.
Esta negativa, que no se sabe bien si se fundamenta en la batalla que plantean algunos antiguos barones, que permanecen en cargos de importancia en el Partido, aunque siempre se declararon Susanistas o al temor evidente que Pedro Sánchez siempre ha tenido a ser desbancado por Iglesias, que le gana por goleada en carisma y que bien podría convertirse, si la propuesta se hubiera considerado justa, en el capitán explorador de esa tercera vía que frenaría momentáneamente la celebración del 1 de Octubre y que propiciaría la celebración de un Referendum oficial, en el que todos los catalanes pudieran expresarse, por fin, libremente.
Ya cometió Sánchez, anteriormente y por motivos que todos conocemos, el error de posicionarse al lado de Ciudadanos y PP, con aquél acuerdo nefasto y con la consabida abstención que llevó a Rajoy a la Moncloa y aunque ha llovido ya desde entonces y las circunstancias han cambiado sensiblemente desde que Sánchez derrotó a Díaz en aquellas primarias memorables, la realidad que vemos los observadores desde fuera, dista mucho de coincidir con el discurso a favor de la plurinacionalidad que esgrime el líder socialista en sus mítines, pues  a la hora de la verdad, está apoyando las dudosas medidas que está aplicando el Presidente.
No queriendo de nuevo,  posicionarse al lado de Podemos, en una proposición que parece viable, en estos momentos que vivimos, se niega en cierto modo, a sí mismo, otra oportunidad de poder desbancar a Rajoy  y las ocasiones, por regla general, no suelen presentarse más de dos veces, por lo que la actitud elegida por el PSOE ahora, perjudica al Partido gravemente.
Quizá sea el miedo, tantas veces detectado por la Sociedad, a ser sobrepasados por Iglesias, el que nubla a Sánchez la perspectiva de lo que ocurre a nuestro alrededor, influyendo negativamente en la consideración política del contenido real de esta propuesta, simplemente por venir de quiénes viene, independientemente de los puntos que contenga.
Pero la verdad es que el recrudecimiento del problema catalán se ha convertido en una innegable evidencia y que todas y cada una de las medidas adoptadas por Rajoy, judiciales, policiales o económicas, están resultando manifiestamente un fracaso frente a la exitosa estrategia de la desobediencia propuesta por la Generalitat, que no hace más que acarrear nuevos adeptos a su causa, cada vez que algún Alcalde es llamado a declarar o la guardia civil  inicia registros en alguna empresa.
¿Y qué hacen las demás Fuerzas parlamentarias españolas, mientras estas cosas suceden delante de sus ojos? Nada. Unos se posicionan abiertamente al lado del Gobierno, como es el caso de Ciudadanos y las demás, se limitan a divagar, esgrimiendo vagos argumentos sin peso, que en nada ayudan a resolver lo que se nos viene encima, mientras el 1 de octubre está cada vez más cerca.
¿Es este punto de relativa pasividad la mejor opción, ante un problema de tal envergadura? Indiscutiblemente no. Nunca fue la inacción el mejor camino para llegar a la resolución de un conflicto.
No hay peor ciego que el que no quiere ver y eso es aún, lo que le ocurre a este PSOE que no acaba de definir con claridad su línea política y que desde luego, está verde para enfrentarse a lo gravísimos acontecimientos que nos acompañan, quizá porque esperaban tener mucho más tiempo para que su líder se curtiera en asuntos políticos y este alud imparable, se les ha venido encima, inesperadamente.
Tendrán que elegir entre ser sepultados por la avalancha o aprender a marchas forzadas una técnica de supervivencia, olvidando, por la necesidad del momento, problemas partidistas y de liderazgo, que ni  vienen al caso, ni son aconsejables, por lo menos, ahora.

La propuesta de Iglesias, o el apoyo a Rajoy. Estas son las opciones que tienen y habrán de decidir entre ellas.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Un paso al frente


En un momento en el que todos prefieren mantenerse firmes en sus posiciones, con el temor de poder  ser llegar considerados por los demás como unos fracasados en sus planteamientos, Podemos da un paso al frente y propone convocar una Asamblea extraordinaria de Cargos electos, que arbitre la posibilidad de llegar a un acuerdo con los nacionalistas catalanes, para celebrar un Referendum pactado, a la mayor brevedad posible.
Con un rictus de seriedad que ha sido como un reflejo de la profunda preocupación que sacude a la sociedad por lo que estamos viviendo, Iglesias, tras reunirse con los suyos, hace un llamamiento a toda la oposición del Parlamento, para que se obligue a Mariano Rajoy a dialogar con los representantes catalanes y a oír sus exigencias, cosa a la que se ha venido negando reiteradamente, hasta conducirnos a todos al durísimo enfrentamiento que afrontamos y que con el paso de los días, no hace otra cosa que continuar recrudeciéndose.
La propuesta en cuestión, que se apoya en el principio de que ningún Gobierno que arrastre los problemas de corrupción que acompañan a diario al PP, cuenta con suficiente autoridad moral, para dirimir un problema de la envergadura del que nos ocupa y que camina peligrosamente por la línea que separa la legalidad de lo ilícito, con la aplicación de medidas que chocan frontalmente con los derechos de libertad de expresión y reunión , reclama una solución urgente que explore otras vías que no sean las judiciales o policiales, para salir del atolladero en el que nos encontramos y que pone en serio peligro, la convivencia pacífica entre los habitantes de esta Península.
Quizá debiera haber sido Pedro Sánchez, como primer líder de la oposición, quien hubiera debido encabezar la propuesta, pero en vista de la inactividad manifiesta que viene caracterizando a los parlamentarios en general y el ritmo vertiginoso que están adquiriendo los acontecimientos, no es éste el mejor momento para esperar, por lo que se agradece que alguien decida por fin señalarse, ofreciendo a los demás una mano tendida, que propicie un acuerdo.
Habría que abandonar, para empezar, los personalismos y partidismos a los que nos tienen acostumbrados nuestros políticos de todo signo y al menos, sentarse a considerar la propuesta, incluidos los detractores de Podemos, porque al margen de quiénes sean sus promotores, abre un camino entre la maleza de incomunicación que se ha generado alrededor de este conflicto, trayendo un poco de esperanza en que todavía no es demasiado tarde para lograr un consenso que arbitre una solución que satisfaga a la mayoría y que arbitre una tregua entre contendientes, en esta guerra particular que se han montado, los representantes de ambos bandos.
De antemano, ya no se cuenta e antemano con PP y Ciudadanos, pues caminan  de la mano, hacia el mismo abismo, pero quizá convendría y mucho a Pedro Sánchez y las demás Fuerzas políticas que componen el Parlamento y que por cierto, unidas son mayoría, hacer  posible esta Asamblea extraordinaria que al mismo tiempo podría propiciar una inmediata salida de Rajoy, del Gobierno y la convocatoria de nuevas elecciones, con la esperanza de que el bloque de izquierdas pueda llegar al poder, con lo que todo cambiaría completamente.
Otra vez, depende del PSOE sumarse a la iniciativa de Iglesias o permanecer en una posición desde la que al mismo tiempo se critica duramente a Rajoy, pero se apoyan sus actuaciones en Cataluña y aunque el panorama parece haber cambiado con el triunfo de Pedro Sánchez sobre Susana Díaz, al menos en apariencia, tenemos los ciudadanos aún, un cierto resquemor que nos impide apostar abiertamente porque los socialistas vayan a estar dispuestos a correr este riesgo, que vuelve a tener a Iglesias, como principal protagonista.
Sin embargo, en esta ocasión, no hay excusas que motiven una negativa tajante, como ocurriera en un pasado reciente y los acuerdos alcanzados últimamente por socialistas y podemitas, quizá pudieran extenderse ahora, demostrando que la izquierda es capaz de ponerse de acuerdo y ofreciendo a ambos líderes, una impagable oportunidad de apuntarse el tanto de haber conseguido abordar con sensatez, el problema de Cataluña.
Habremos de esperar, naturalmente, para conocer el final de la historia, pues la incertidumbre continua se ha convertido en un  sentimiento que viaja con nosotros todos los  días, pero el tiempo apremia y el 1 de Octubre se aproxima inexorablemente, sin que hasta el momento, nadie, más que Iglesias hoy, haya movido ficha, en este complicado tablero en el que, para nuestra desgracia, jugamos todos obligatoriamente.

Citando a Gabriel Celaya, uno de mis más admirados poetas: “Maldigo la poesía, del que no toma partido hasta mancharse”

domingo, 17 de septiembre de 2017

Tiempos de convulsión


Mientras los setecientos Alcaldes llamados a declarar por los Fiscales se agrupaban junto a sus líderes en Barcelona, clamando por la celebración del Referendum con el bastón de mando entre sus manos, el Ministro Montoro, en Madrid, daba un plazo de 48 horas a la Generalitat, para presentar ante Hacienda una relación detallada del empleo que se había hecho  del dinero procedente de las Arcas públicas y amenazaba, de no cumplirse tal encargo, con retirar la potestad de administrar los fondos al gobierno catalán, transfiriendo tal competencia, a las autoridades pertinentes del Ministerio que dirige.
Tal medida, que no ha parecido impresionar a los partidarios de la independencia y les ha ofrecido en bandeja de plata un motivo más para continuar con más radicalidad, si cabe, con los actos previstos para la Campaña que tienen perfectamente delineada, ha dejado con el aliento contenido a la mayoría de los ciudadanos, que se preguntan ya abiertamente, hasta qué punto  van a ser capaces de llegar los protagonistas de una y otra parte, en este tiempo convulso que vivimos y que nos arrastra inexorablemente hacia un conflicto aún mayor, si en lugar de medidas judiciales, policiales, represoras y ahora económicas, no se arbitran soluciones políticas.
La polémica, que se ha extendido a otros territorios, provocaba ayer mismo, una manifestación multitudinaria en las calles de Bilbao, en la que miles de personas abogaban por el derecho a decidir de los catalanes, mostrando claramente su solidaridad con la celebración del referéndum prohibido, anhelando tal vez, continuar el camino abierto por la Generalitat, para lograr una secesión, durante años reclamada en Euskadi, por la fuerza de las armas.
Poco o nada importan, no obstante a Rajoy, estos movimientos organizados que van surgiendo como consecuencia directa de su tajante negativa al diálogo, pues al mismo tiempo que todo esto ocurría,  el Presidente departía amistosamente con un grupo de adeptos en Santiago de Compostela, aportando como única primicia, la afirmación de que la actuación de los grupos secesionistas, le iba a obligar, literalmente, a hacer lo que no quiere, aunque sin atreverse a hacer referencia, a la aplicación del artículo 155.
Unas horas después, la Guardia Civil retiraba de una imprenta catalana una serie de planchas dispuestas para imprimir los carteles de Campaña de los separatistas y las exhibía, como un trofeo, ante las cámaras de televisión, casi al mismo tiempo que se prohibía a los funcionarios de correos, enviar cualquier correspondencia relacionada con la celebración del Referendum.
Así que podría decirse sin temor a equivocarse que el enfrentamiento se está recrudeciendo y que las posiciones de fuerza de unos y otros permanecen en un estado de inmovilidad, que garantiza que la situación pueda complicarse hasta límites insospechados, pues no creemos posible un milagro que lo remedie.
Desbordados por el cariz que han tomado los acontecimientos, el resto de Fuerzas políticas nacionales y también las partidarias del NO en Cataluña, se han visto desbordadas por un torrente imparable que las arrasa, por la magnitud de su fuerza, encontrándose en medio de un fuego cruzado que no saben muy bien cómo evitar, para salir ilesos del  peligro.
Pedro Sánchez viaja hoy a Cataluña para animar a sus alcaldes, que se han visto directamente atacados por los partidarios del SI, que no dudan en calificarlos como traidores a una causa que consideran como la única viable en estos momentos y a los que seguramente gustaría poder hacer campaña a favor de aquello en lo que creen, pero que se sienten en cierto modo, maniatados por las imposiciones legales que lo prohíben, al considerarlo delito.
 Los de Iglesias, que siempre se declararon partidarios de la celebración de un Referendum pactado, defienden su territorio como pueden, apelando a la libertad de expresión de  los pueblos y culpando sin paliativos, de todos los errores cometidos durante el largo proceso que estamos viviendo, a la ineficacia continuada del Gobierno Rajoy, que se ha negado sistemáticamente, a considerar siquiera, la posibilidad de propiciar unos comicios  con la Generalitat, que aclararían, de una vez, el pensamiento real de la Sociedad catalana, acerca del conflicto.
Sólo Ciudadanos parecen apoyar incondicionalmente al Presidente y arengan reiteradamente a que se actúe con mayor contundencia, por lo que se deduce que llegados al punto en que nos encontramos, son abiertamente partidarios de la aplicación del 155.
Pues fíjense, ni siquiera eso podría impedir que los nacionalistas desistieran de su intención de votar el 1 de Octubre, de una manera u otra, legal o ilegalmente, pues el grado de acaloramiento que sufre la sociedad catalana a día de hoy, augura que si se diera un solo paso atrás, la sensación general sería la de haber sido finalmente sometidos, de la peor de las maneras, por el Gobierno español, perdiendo con ello unos valores e ideales arraigados y considerados señas de identidad propia, desde hace siglos.
Por ese camino, Rivera y Rajoy se convertirían en enemigos declarados de Cataluña y los líderes separatistas, habrían ganado para siempre una aureola indestructible de mártires de la causa, que los canonizaría a perpetuidad, convirtiéndolos en un ejemplo a seguir, por jóvenes y viejos.
Así que la encrucijada en la que nos encontramos, nos impide avanzar en un sentido u otro, al menos hasta el 2 de Noviembre, cuando en la calle, en los locales públicos o incluso en los domicilios particulares, la gente pueda votar, cumpliendo la ilusión que les mueve y demostrando que nada ni nadie ha podido con ellos.
Si la República se proclama o no, está por ver. Cuando todos nos instalemos en la cruda realidad, ya veremos hasta dónde se llega, pero entretanto, la prudencia aconseja menos ostentación de fuerza por ambas partes y un poco más de reflexión, real, por parte de quienes capitanean esta guerra cargada de simbolismo, pero carente de cabeza.