miércoles, 30 de noviembre de 2016

La culpa tendenciosa


Mientras se libra un fuerte pulso en el Parlamento, para intentar echar abajo las leyes más polémicas que aprobara el PP en la Legislatura pasada, como la LOMCE o la Mordaza, los ecos de la repentina muerte de Rita Barberá siguen sonando contundentemente en las voces de los sectores más recalcitrantes de su Partido, adjudicando a diestro y siniestro culpabilidades que, por sí mismas, no podrían haber desencadenado el deceso, pero que en cierto modo, alivian la mala conciencia de quienes habían convertido a la finada en innombrable, siguiendo las órdenes que les llegaban desde arriba.
El mismísimo José María Aznar se ha involucrado voluntariamente en esta polémica, criticando, como no podía ser de otra manera, lo mal que se han portado los que forman la cúpula actual del PP, con la ex alcaldesa y acudiendo, en olor de multitudes, a una de las misas que se han celebrado por su alma, quizá para demostrar a la familia que también entre los conservadores, sigue habiendo clases.
Esta estrategia de culpabilización,  que se ha puesto por bandera el sector más a la derecha del PP y que ha llegado a acusar a los medios de comunicación de practicar un acoso insufrible hacía Barberá, por lo que ellos consideran una nimiedad, como es el caso del pitufeo, ha empezado sin embargo a crear una especie de brecha entre las filas de los conservadores, que viene a ratificar que esa unidad de la suelen presumir los principales líderes populares, resulta ser en realidad muy frágil y que puede quebrarse en cuanto no se coincide en alguna toma de decisión, sobre todo cuando tiene que ver con los casos de corrupción y se opta por separar al sospechoso, del cargo que hasta ese momento ocupaba.
Qué habría que hacer entonces, cuando se produce una imputación judicial  que lleva al banquillo a algún cargo en activo del PP, es una incógnita que a pesar de la indignación palpable que estamos viendo estos días, nadie se ha atrevido a anticipar, ni siquiera el excelso ex Presidente, al que por cierto, no hemos oído defender a la ex alcaldesa de Valencia, hasta que se ha producido su muerte.
La impresión que percibe la ciudadanía sobre lo que está aconteciendo alrededor de esta desgraciada historia, es sin embargo, la de que se está tratando de convertir este tema en un asunto político y que se pretende tácitamente, a través de utilización, conseguir rebajar de algún modo el acuerdo con Ciudadanos, para mantener en sus cargos a los presuntos corruptos, prácticamente hasta que se hagan firmes las sentencias.
No se puede olvidar que de este modo, personajes como Bárcenas o Granados, continuarían ejerciendo, a pesar de los cargos que se les imputan e incluso gozarían de la libertad necesaria para seguir aumentando sus respectivos patrimonios, dentro o fuera de España  y con ello, se correría además el peligro de que se minimizaran hasta tal punto los asuntos de corrupción, que llegaría un momento en el que ni siquiera se les daría importancia, a pesar de que el dinero del que se habla, pertenece, en el fondo,  a todos los ciudadanos.
La esperpéntica representación a que estamos asistiendo estos días, la falsa indignación que ahora demuestran los mismos que callaron y permitieron que en el Partido se tratara a la alcaldesa como una apestada, no puede, sino dar a entender, que en política puedes pasar en un mismo día de villano a beato, sin que exista una explicación plausible, que justifique tal desatino.
El recogimiento que  en un primer momento pedía la familia, ha dado paso a un circo en el que las viejas glorias del PP, pugnan por ganar reconocimiento, no se sabe con qué clase de miras.
Parece imposible que los allegados de Barberá no sean capaces de distinguir algo que resulta tan evidente.




martes, 29 de noviembre de 2016

El machismo inmóvil


Las declaraciones del alcalde de Alcorcón, David Pérez, confundiendo burdamente el sentido del movimiento feminista con una especie de rencor enconado hacia la figura del hombre, por parte de determinadas mujeres, ponen en evidencia el desconocimiento que aún existe entre determinados personajes políticos sobre lo que acontece en el mundo que les rodea y cómo ese desconocimiento es capaz de tergiversar una realidad, con la que sin embargo, no les queda otro remedio que convivir , fundamentalmente, si ocupan un cargo que conlleva el trato con todo tipo de ciudadanos, como es el caso de la persona a la que nos referimos.
La salida de tono de este alcalde carpetovetónico, ignorante y anclado en una especie de fundamentalismo religioso que le ha llevado a afirmar que las mujeres que deciden abortar son, textualmente, salas de ejecución en las que se acaba con la vida de los seres humanos y que las feministas no son más que las que por frustración personal defienden ideas evidentemente contrarias al que sería su pensamiento, ha puesto en pie de guerra a cientos de miles de afectadas, que incluso sin pertenecer a movimiento alguno, se han sentido inmediatamente indignadas por la gravedad de estas afirmaciones y no están dispuestas a permitir que el suceso acabe por convertirse, como suele pasar en estos casos, en algo meramente anecdótico.
La lucha feminista, que como todo el mundo sabe, no pretende otra cosa que lograr la igualdad de derechos entre ambos sexos y que no resulta ser la contrapartida de ese machismo que caracteriza a personajes parecidos a este alcalde de inclinaciones ultraconservadoras que aún pululan por las calles de este país nuestro, ha conseguido, habría que recordar, desde sus inicios, mejorar considerablemente las condiciones de vida de millones de mujeres en todo el mundo y tiene aún por delante, un largo camino que recorrer, para poder erradicar, precisamente, esa clase de pensamiento que refleja a la perfección este personaje al que nos estamos refiriendo y que forma parte de un todo que no está dispuesto a conceder a las mujeres, aquello que le corresponde por derecho.
Partiendo de esa base y reconociendo que afortunadamente se avanza a diario en la consecución de la igualdad, el hecho de que personas como el mencionado alcalde de Alcorcón continúen ocupando cargos de relevancia en nuestro país y que sus declaraciones no hayan bastado para que se haya exigido su dimisión inmediata, resulta reflejar una realidad que no por  indeseada es menos frecuente y deja en evidencia cuán urgente es cambiarla radicalmente, para que el buen funcionamiento de las instituciones, se convierta en un hecho.
Anclados a un pasado decimonónico, estos ultraconservadores, talibanes de un catolicismo mal entendido y fieles a la espantosa tradición de dominio machista que les inculcaron sus ancestros, tratan de impedir por todos los medios los avances progresistas hacia la verdadera igualdad y menosprecian indignamente, la esencia misma de todas las mujeres.
Con individuos de tal calado, no puede extrañar que el salario de las mujeres siga siendo considerablemente inferior al de los hombres, que se las siga considerando obligatoriamente cuidadoras de niños y ancianos o que continúe existiendo la lacra social del maltrato doméstico, de la que tanto nos está costando deshacernos.
Tengan en cuenta que estos individuos, cuestionan incluso el derecho a decidir sobre la maternidad que nos permite la ley, como si nuestros cuerpos hubieran de ser, necesaria y únicamente, dedicados a la procreación y objeto de uso y disfrute de recalcitrantes opresores a los que servir, hasta la extenuación.
Anclados en su cómoda postura de supremacía, la inquietante presencia del feminismo, como tal, no puede, sino significar para ellos un riesgo de perder todos y cada uno de sus privilegios, así que como todos hemos podido ver, no dejan pasar una sola ocasión para expresar ante sus encendidos auditorios, las viejas y trasnochadas doctrinas que les inculcaron y que jamás les ha permitido evolucionar o abrir la mente, para poder crecer al ritmo que les imponen los tiempos.
Cristina Cifuentes, no ha tardado en exigir a su compañero de Partido una disculpa, que por supuesto ha dado prontamente.
Pero ya no hay remedio. Todo el país sabe hoy cómo piensa realmente David Pérez y lo que se puede esperar de él como político.
No queda, sino compadecer al pueblo de Alcorcón, al que, desgraciadamente, representa.



lunes, 28 de noviembre de 2016

Una enfermedad inoportuna


Una grave tendinitis en ambos hombros me aleja unos días de la posibilidad de escribir, precisamente cuando los acontecimientos en España y en el mundo recorren caminos inesperados que nos causan a todos tremendas sorpresas.
Tumbada por el insoportable dolor, me quedo estupefacta ante la noticia del repentino fallecimiento de Rita Barberá y asisto atónita, después, al interminable rosario de comentarios fuera de tono que vierten los mismos que decidieron abandonarla a su suerte en cuanto intuyeron que su situación judicial podría empezar a afectar la estabilidad del Partido, como si la memoria de los ciudadanos tuviera una caducidad casi diaria y no pudiéramos recordar todo lo que se ha escrito y dicho sobre la ex alcaldesa, a la que ahora tratan de beatificar, culpando reiteradamente a los informadores y a cualquiera que se haya atrevido a opinar sobre los problemas con la justicia, en los que se había visto envuelta últimamente.
Todos aquellos que la convirtieron en innombrable, incluidos Mariano Rajoy y su séquito de Ministros y portavoces de primera y segunda línea de juego, seguramente tan sorprendidos como el resto de los ciudadanos, pero con el agravante de no poder escapar de un suceso que había tenido lugar a escasos cincuenta metros del Congreso, cayeron, sin saber cómo reaccionar, en una especie de hechizo lacrimógeno inducido seguramente por su propia mala conciencia y sólo la familia, en el fragor de los primeros momentos, se atrevió a sugerir  que el estrés provocado por el absoluto abandono de sus compañeros, podría haber sido el detonante del infarto fatal que se ha llevado a uno de los personajes más controvertidos que han existido entre las filas del PP y que ahora descansa lejos de todo aquello a lo que tanto temió, por cierto sin haber tenido tiempo real para poder implicar a nadie más, en estos farragosos asuntos.
Quizá esa misma mala conciencia llevó también a la Presidenta del Parlamento Ana Pastor,  a convocar el minuto del silencio que se llevó a cabo dentro de un Hemiciclo al que la difunta jamás había pertenecido y que provocó la criticadísima reacción de Podemos de ausentarse de la sala, por considerar que se estaba rindiendo una especie de homenaje a quién hasta esos mismos momentos había estado imputada en un caso de corrupción, por el que había declarado, justamente, dos días antes del fallecimiento.
Las reacciones no se hicieron esperar y no tardaron los Partidos tradicionales en acusar a Iglesias y los suyos de haber faltado al respeto a una persona que acababa de fallecer, sin tener en cuenta que ese minuto de silencio se había convertido, por celebrarse precisamente dónde se celebró, en un acto político que tal vez faltaba al respeto a una buena parte de los ciudadanos.
Otra cosa hubiera sido, si el acto se hubiera organizado, por ejemplo, a las puertas del Hotel el que se había producido la muerte y que se encontraba a escasos metros del propio Parlamento, orientándolo como un acto de intimidad y de apoyo a la familia, que seguramente hubiera contado con  la presencia de todos y cada uno de los parlamentarios, de acuerdo en respetar a Barberá como persona, que era de lo que se trataba en esos momentos.
La misa vespertina, dirigida por uno de los obispos más conservadores de cuántos pululan por este país nuestro, tampoco contribuyó demasiado a sosegar los ánimos de los populares, a los que prácticamente se acusó de haber precipitado los acontecimientos que habían rodeado la muerte.
Y así estaban las cosas aquí, cuando Raúl Castro, en una escena calcada a la que protagonizó Arias Navarro en aquella madrugada del 20 de Noviembre,  anunciaba en Cuba que su hermano Fidel había abandonado el mundo de los vivos a la edad de noventa años, provocando en los medios de comunicación una desbandada general que prácticamente dejaba a Barberá de cuerpo presente en Valencia, para dirigirse a la Habana, por la indiscutible importancia de la noticia que acababa allí de producirse.
El carismático comandante, el longevo dictador, que más que longevo, algunos creíamos eterno, había muerto finalmente en paz, en aquella tierra a la que consiguió cambiar radicalmente por medio de su Revolución y a la que años después, también, había sumido en una desesperación de la que no había conseguido sacarla jamás, quizá por temor a rendirse ante todos aquellos que fueron hasta el último aliento, sus enemigos y que tampoco pudieron con él, a pesar de haberlo intentado profusamente.
Duelo en las calles cubanas, espontáneo o inducido y celebración excesiva en las avenidas de un Miami en el que habita una buena parte del que fuera su pueblo.
Luces y sombras, mezcladas con esa exageración caribeña  que hace las reacciones menos creíbles, sean cuales fueren y que lo que al final vienen a demostrar la enorme brecha abierta y probablemente insalvable que existe entre los que se quedaron y los que se fueron de la vieja isla a la que amamos y a la que deseamos un futuro esperanzador, sin guerras fratricidas.
Y en eso estamos, en este día, en el que por fin recupero la movilidad en los brazos para sentarme tranquilamente a escribir sobre estas dos noticias, habiendo tenido tiempo de entender que en este mundo en el que vivimos, ni llueve ahora, ni lloverá jamás a gusto de todos, como si estuviéramos condenados, por un decreto natural, al desentendimiento.
El reposo obligatorio te obliga, aunque no quieras e incluso te ofrece la oportunidad de ser mucho más objetivo en las opiniones, aunque he de reconocer que no me gusta nada estar fuera de escena.



Una enfermedad inoportuna


Una grave tendinitis en ambos hombros me aleja unos días de la posibilidad de escribir, precisamente cuando los acontecimientos en España y en el mundo recorren caminos inesperados que nos causan a todos tremendas sorpresas.
Tumbada por el insoportable dolor, me quedo estupefacta ante la noticia del repentino fallecimiento de Rita Barberá y asisto atónita, después, al interminable rosario de comentarios fuera de tono que vierten los mismos que decidieron abandonarla a su suerte en cuanto intuyeron que su situación judicial podría empezar a afectar la estabilidad del Partido, como si la memoria de los ciudadanos tuviera una caducidad casi diaria y no pudiéramos recordar todo lo que se ha escrito y dicho sobre la ex alcaldesa, a la que ahora tratan de beatificar, culpando reiteradamente a los informadores y a cualquiera que se haya atrevido a opinar sobre los problemas con la justicia, en los que se había visto envuelta últimamente.
Todos aquellos que la convirtieron en innombrable, incluidos Mariano Rajoy y su séquito de Ministros y portavoces de primera y segunda línea de juego, seguramente tan sorprendidos como el resto de los ciudadanos, pero con el agravante de no poder escapar de un suceso que había tenido lugar a escasos cincuenta metros del Congreso, cayeron, sin saber cómo reaccionar, en una especie de hechizo lacrimógeno inducido seguramente por su propia mala conciencia y sólo la familia, en el fragor de los primeros momentos, se atrevió a sugerir  que el estrés provocado por el absoluto abandono de sus compañeros, podría haber sido el detonante del infarto fatal que se ha llevado a uno de los personajes más controvertidos que han existido entre las filas del PP y que ahora descansa lejos de todo aquello a lo que tanto temió, por cierto sin haber tenido tiempo real para poder implicar a nadie más, en estos farragosos asuntos.
Quizá esa misma mala conciencia llevó también a la Presidenta del Parlamento Ana Pastor,  a convocar el minuto del silencio que se llevó a cabo dentro de un Hemiciclo al que la difunta jamás había pertenecido y que provocó la criticadísima reacción de Podemos de ausentarse de la sala, por considerar que se estaba rindiendo una especie de homenaje a quién hasta esos mismos momentos había estado imputada en un caso de corrupción, por el que había declarado, justamente, dos días antes del fallecimiento.
Las reacciones no se hicieron esperar y no tardaron los Partidos tradicionales en acusar a Iglesias y los suyos de haber faltado al respeto a una persona que acababa de fallecer, sin tener en cuenta que ese minuto de silencio se había convertido, por celebrarse precisamente dónde se celebró, en un acto político que tal vez faltaba al respeto a una buena parte de los ciudadanos.
Otra cosa hubiera sido, si el acto se hubiera organizado, por ejemplo, a las puertas del Hotel el que se había producido la muerte y que se encontraba a escasos metros del propio Parlamento, orientándolo como un acto de intimidad y de apoyo a la familia, que seguramente hubiera contado con  la presencia de todos y cada uno de los parlamentarios, de acuerdo en respetar a Barberá como persona, que era de lo que se trataba en esos momentos.
La misa vespertina, dirigida por uno de los obispos más conservadores de cuántos pululan por este país nuestro, tampoco contribuyó demasiado a sosegar los ánimos de los populares, a los que prácticamente se acusó de haber precipitado los acontecimientos que habían rodeado la muerte.
Y así estaban las cosas aquí, cuando Raúl Castro, en una escena calcada a la que protagonizó Arias Navarro en aquella madrugada del 20 de Noviembre,  anunciaba en Cuba que su hermano Fidel había abandonado el mundo de los vivos a la edad de noventa años, provocando en los medios de comunicación una desbandada general que prácticamente dejaba a Barberá de cuerpo presente en Valencia, para dirigirse a la Habana, por la indiscutible importancia de la noticia que acababa allí de producirse.
El carismático comandante, el longevo dictador, que más que longevo, algunos creíamos eterno, había muerto finalmente en paz, en aquella tierra a la que consiguió cambiar radicalmente por medio de su Revolución y a la que años después, también, había sumido en una desesperación de la que no había conseguido sacarla jamás, quizá por temor a rendirse ante todos aquellos que fueron hasta el último aliento, sus enemigos y que tampoco pudieron con él, a pesar de haberlo intentado profusamente.
Duelo en las calles cubanas, espontáneo o inducido y celebración excesiva en las avenidas de un Miami en el que habita una buena parte del que fuera su pueblo.
Luces y sombras, mezcladas con esa exageración caribeña  que hace las reacciones menos creíbles, sean cuales fueren y que lo que al final vienen a demostrar la enorme brecha abierta y probablemente insalvable que existe entre los que se quedaron y los que se fueron de la vieja isla a la que amamos y a la que deseamos un futuro esperanzador, sin guerras fratricidas.
Y en eso estamos, en este día, en el que por fin recupero la movilidad en los brazos para sentarme tranquilamente a escribir sobre estas dos noticias, habiendo tenido tiempo de entender que en este mundo en el que vivimos, ni llueve ahora, ni lloverá jamás a gusto de todos, como si estuviéramos condenados, por un decreto natural, al desentendimiento.
El reposo obligatorio te obliga, aunque no quieras e incluso te ofrece la oportunidad de ser mucho más objetivo en las opiniones, aunque he de reconocer que no me gusta nada estar fuera de escena.



lunes, 21 de noviembre de 2016

La estrategia de la negación


Como ya hemos visto otras muchas veces, también Rita Barberá ha optado por elegir la estrategia de la negación, como elemento principal de su defensa y ha repetido por enésima vez ante el tribunal, que desconocía la inmensa trama de corrupción que se movía a su alrededor, alegando una ceguera casi imposible de creer, si se tiene en cuenta el carácter controlador que todos adjudican a que fuera Alcaldesa de Valencia.
Tras el baño de multitudes que se dio en el acto de inauguración de Las Cortes, dónde  arropada por sus ex compañero, se atrevió, incluso a estrechar la mano del Rey, sentarse hoy en el banquillo, tragarse la soberbia que ha demostrado durante todo el proceso que se empezó a incoar contra ella, hace algún tirmpo y adoptar una postura de sumisión para contestar las preguntas que se le han hecho durante toda la mañana, no ha debido ser fácil para quién de la mano del PP, manejó durante años unas cotas de poder, que le permitieron hacer y deshacer a su antojo sin tener que ofrecer explicaciones a nadie y llevada en volandas por la mano del que fuera su íntimo amigo, ahora otra vez, Presidente.
Ha contado Barberá que lo único que reconoce es haber hecho a su Partido una donación de mil euros, pero que nunca nadie le reembolsó esa cantidad, como se cuenta en cierta grabación que obra en poder del juez y que probablemente será, una de las pruebas de cargo con las que cuente el fiscal, para intentar que se la condene.
Con todo su equipo procesado y con la Comunidad y el Ayuntamiento regentados por PSOE y Compromís, los apoyos con que contaba la ex alcaldesa, se han ido cayendo uno a uno, llevándola a ser considerada en la actualidad, como uno de los muchos personajes fantasmas que tuvieron en su día cargos importantes en el PP, a los que ahora, ni siquiera se nombran.
Como el juicio acaba de empezar, habrá que esperar para ver qué deriva van tomando los acontecimientos, sin que hoy por hoy sepamos de qué sería capaz Barberá, si finalmente se ve acorralada por la justicia, hasta el punto de temer un veredicto de culpabilidad casi cierto, ni si llegado el caso, se atrevería a hacer uso de la valiosísima información que posee, acerca de las malas prácticas de financiación llevadas a cabo, presuntamente, por su Partido o si en Génova eran conscientes de cuánto estaba sucediendo.
Con la Gurtel y La Púnica encima y a punto de conocerse la sentencia del caso Urdangarín, los tiempos no pintan demasiado bien para la ex alcaldesa.
El aluvión de casos de corrupción protagonizados por políticos del PP exige condenas ejemplarizantes que disuadan a los cargos actuales de cualquier tentación que pudieran tener en estos desgraciados asuntos y la señora Barberá no va a ser la excepción que confirme la regla.
Endiosada por sus compañeros durante más de treinta años, a Barberá le cuesta y mucho, reconocer que se le han terminado los privilegios.
La justicia se encargará de establecer, exactamente, en qué posición se va encontrar a partir de ahora y ya les digo yo  que ninguno de aquellos que fueron sus amigos del alma, estaría dispuesto a dar la cara por ella.


domingo, 20 de noviembre de 2016

Tiempo de borrascas


Mariano Rajoy está convencido de que la abstención del PSOE le ha otorgado una patente de corso con la que poder gobernar, a la manera que estaba acostumbrado cuando contaba con mayoría absoluta en el Parlamento y no ha tardado nada en empezar a lanzar rumores sobre subidas de impuestos y la necesidad de llevar a cabo más recortes, si se quiere cumplir con Bruselas, además de intentar colocar en un puesto de extrema responsabilidad al que fuera su Ministro del interior, cuestión que se ha frustrado, por la terrible oposición del resto de los grupos políticos.
Ya avisamos de que aquella  abstención conduciría directamente a la práctica de un chantaje permanente y apenas ha pasado tiempo para que hayamos podido comprobar que no errábamos en nuestro juicio, pues a todo lo expuesto anteriormente, hay que añadir que el recién reelegido Presidente, no para de hacer referencia a la imposibilidad de gobernar, si no recibe los apoyos que necesita o se vería obligado, a la convocatoria de nuevas elecciones.
La izquierda, que anda aún muy enfadada con los socialistas y  más aún, desde que Felipa González dedica todas las ocasiones que puede a criticar con extrema dureza a su Secretario General saliente, no se ve, sin embargo, capaz de sacar adelante ninguno de sus proyectos pendientes, pues la losa de Ciudadanos, apoyando a los populares, incluso contraviniendo los principios de su propio programa y las veleidades de la Gestora de Fernández, a la que sólo preocupa purgar a los disidentes, convierten en prácticamente imposible dar pasos en otra dirección que no sea la que imponen los conservadores, que al final, ni  se abren al diálogo que prometieron, ni están dispuestos a que triunfe ninguna de la tesis elaboradas por Podemos, al que ahora considera su enemigo principal, en estos tiempos revueltos.
Está el país, descontento con la solución que se ha dado, tras casi un año de vacío de poder y aquellos que votaron al PP, esperando que por las circunstancias parlamentarias, algo cambiara necesariamente, se han llevado un chasco de muerte al comprobar que Rajoy se mantiene firme en sus inalterables principios de austeridad y que de aquí a unos días, va a volver, otra vez, a practicarlos.
Mucho tendrían que cambiar las cosas para que el gallego recapacite sobre sus errores y mucho tendrían también que cambiar los vientos electorales, para que los socialistas volvieran al cauce del  que tanto se han alejado en los últimos meses, por lo que pronosticamos, casi sin temor a equivocarnos, que más de una, de dos y de tres veces, accederán a lo que se les pida desde Moncloa, al menos hasta que Susana estudie si puede recomponer o no, la herida que sangra ininterrumpidamente en el seno de su Partido y que de curarse, le permitiría aparecer en Madrid, como la única salvadora de esta Patria.
Pero como los caminos se le han torcido tanto a la andaluza, que ya ni Felipe González se atreve a apostar por ella en público, esgrimiendo burdas excusas increíbles, mucho nos tememos que la legislatura que acaba de empezar y que en principio se preveía breve, puede  durar los cuatro años que marcan los cánones, con la aquiescencia de Rivera y de Fernández, como Presidente de una Gestora eterna.
Vaya por delante, que a nadie acaba de complacer ver al PSOE llevado a tal extremo, por el chantaje de la derecha, pero convendrán conmigo en que en política, correr riesgos del calibre del que corrieron los socialistas, el día de la Investidura, en el Parlamento, suele traer consigo la certeza de que cada cual acaba teniendo, exactamente, lo que se merece.
Con la borrasca encima de su cabeza, al PSOE no le queda otra opción que resguardarse de las inclemencias, obedeciendo sumisamente  los mandatos del que ayudaron a ser Presidente y que ahora, para su desgracia, se ha convertido, además, en su dueño.





jueves, 17 de noviembre de 2016

Anclado en el ayer


Con la abstención de los socialistas aún muy presente en la memoria de los ciudadanos, se produce una nueva intervención del ex Presidente Felipe González, en la que tilda a Zapatero de ingenuo, por no haber previsto con suficiente antelación la gravísima crisis que se le venía encima y a Pedro Sánchez, poco menos que de carente de información, al considerar que no sería capaz de hablar de España, durante más de media hora seguida.
Esta intervención, que se produce mientras crecen los rumores de que el ex Presidente está a punto de dar el pistoletazo de salida a la candidatura de Susana Díaz para la Secretaría general, consigue sin embargo recrudecer aún más si cabe, el enfrentamiento que permanece latente entre los socialistas y añade, si eso es posible, más leña a un fuego que en lugar de empezar a extinguirse,  se intensifica por momentos, colocando al PSOE, al borde de un cisma irrecuperable.
González, que se ha definido como el último referente vivo de la transición y que se escuda en su actuación de entonces para considerarse poco menos que un Dios en el mundo de la política, no ha sido aún capaz de reconocer y mucho menos aceptar, que aquellos tiempos difíciles en los que los españoles logramos pasar sin extrema violencia de la Dictadura a la Democracia, quedaron atrás, aunque algunos personajes como él, no hayan sabido o querido evolucionar, para poder escribir otros nuevos capítulos de nuestra Historia.
Siempre se ha dicho que no es fácil saber retirarse a tiempo y la cantinela de González, de un tiempo acá, le ha convertido precisamente en todo aquello contra lo que durante sus años de juventud luchaba, colocándole al lado de un conservadurismo feroz, que ni siquiera permite a los ciudadanos considerarle como un anciano venerable al que respetar, por lo que hizo en su momento.
Su posicionamiento al lado de los golpistas del PSOE en el asunto de Sánchez y las descalificaciones que ha vertido después sobre la figura del que fuera su Secretario general, sólo le ha acarreado una crítica atroz, por parte de toda la izquierda, que no comprende como un dirigente de su peso político pasado, haya podido alinearse de manera tan directa, con los neoliberales que defienden las políticas de austeridad, en perjuicio de las clases trabajadoras que fueron, conviene no olvidarlo, las que le auparon hasta la Presidencia de este país, durante muchos años.
Atrás quedaron, parece, aquellas promesas de defensa incondicional de los más desfavorecidos, las críticas mordaces a la derecha y hasta el sueño que una vez albergó, de representar al socialismo por el mundo, ejemplificando que la victoria de las izquierdas era posible, sin que nada se derrumbara.
Ahora, cómodamente instalado tras la puerta giratoria que se abrió para él, frecuentando con demasiada asiduidad las amistades peligrosas de los que antaño consideraba sus enemigos  políticos, empeñado en no ser apartado de la más vibrante actualidad y aupado por cierta prensa que  le ha convertido en portavoz de los ñoños barones que le corean sumisos, González ha perdido la memoria, la dignidad y hasta la poca credibilidad que aún le concedía un grupo de leales electores que más que socialistas eran felipistas, sentimentalmente unidos al pasado del ex Presidente.
No parece haber explicaciones fidedignas que justifiquen este cambio de chaqueta, ni móvil aparente para la comisión de esta especie de abdicación ideológica que hace públicamente el ex Presidente, pero la vida acaba siendo justa y da sorpresas inesperadas, sobre todo a los prepotentes y puede que en el caso de González, el sueño de colocar a Susana Díaz al frente de su Partido, se desvanezca como un espejismo delante de sus propios ojos, por la acción de esos militantes a los que, descaradamente, menosprecia.
Vender el cerdo antes de matarlo, suele ser un gravísimo error que a menudo cometen los políticos, sin terminar de comprender que la última palabra la tienen, siempre, los pueblos y este pueblo, que mira atónito cómo se ha deteriorado alguien al que admiraba por lo que significó en su momento, camina en otra dirección y empieza a considerar a González, más que como referente de aquella transición, como adalid de las políticas de las derechas.