martes, 13 de septiembre de 2016

Jaque a la reina


Por fin, el juez cita como investigada a Rita Barberá, que hasta ahora había conseguido zafarse de la acción de la justicia, a pesar de que todos y cada uno de sus colaboradores más cercanos han sido ya imputados por varios asuntos de corrupción, que presuntamente podrían remontarse hasta el momento en el que el PP, se hizo por vez primera con el poder, en la Comunidad de Valencia.
Blindada por Mariano Rajoy, debido quizá a la amistad personal que le une con ella, la que fuera alcaldesa de Valencia durante tantos años y que según fuentes cercanas, maneja una enorme cantidad de información comprometida sobre lo que ocurría en las entrañas de su Partido, no tendrá otro remedio que someterse a la investigación que sobre ella ordena hoy el juez, convirtiéndose de pronto en mucho más vulnerable de lo que en principio, habíamos empezado a pensar todos los españoles.
 Sin embargo, la vida judicial puede aportar a veces incomprensibles sorpresas y tal vez, solo tal vez, la suerte vuelva a acompañar, también a partir de ahora a Barberá, como otras tantas veces, por lo que no está claro aún si finalmente la veremos sentada en un banquillo, aunque todas  las vicisitudes ocurridas a su alrededor, durante los últimos tiempos, parecen conducir a que su implicación en los hechos, es más que probable.
Casi al mismo tiempo, nos llega la información de que Luis Bárcenas decide retirarse como acusación, en el caso de los ordenadores de Génova, alegando que por motivos económicos no puede seguir adelante y levantando la sospecha de que podría haber llegado a un acuerdo con el PP, para librar al Partido de la vergüenza que supondría tener que responder ante los españoles de los delitos que se le presumen.
De momento, la ex alcaldesa, que se dirigía a Madrid, ha decidido darse la vuelta, en cuanto ha conocido la noticia, por lo que suponemos que no habrá, al menos hoy, oportunidad de saber qué decisión van a tomar, ella o su Partido, aunque se puede suponer que dadas las circunstancias, no le va a quedar otro remedio que presentar una dimisión que hace ya meses, debería haber solicitado.
Se abriría así, la posibilidad de que finalmente los ciudadanos pudieran conocer la verdad sobre lo ocurrido en la Comunidad valenciana durante los años de Gobierno del PP y si hubo, como todo parece indicar, no sólo una financiación ilegal del Partido, sino también un blanqueo continuado de dinero, que es por lo que, seguramente, acabará siendo imputada.
Mucho hemos esperado  que llegara este día y habría que decir, que de no haber sido por la constante presión popular y por el buen hacer de las Formaciones recién llegadas al Parlamento, el desenlace de la historia hubiera sido absolutamente distinto.
Así que nos congratulamos que las cosas, aunque sea con cuentagotas, vayan cambiando y de que los altos cargos de los Partidos Políticos  vayan comprendiendo que los tiempos en que disfrutaban, hicieran lo que hicieran, de una total impunidad, parecen haberse acabado.

El camino, no ha sido fácil, lo sabemos, pero la ilusión porque se vaya recuperando la fe en el funcionamiento real de la justicia, borra las amarguras pasadas.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Un proceso imparable


Se celebra la Diada de Cataluña, con una participación algo más baja que la de los últimos años, pero teñida de un calor popular que por mucho que pese a los aguerridos defensores de la indivisibilidad de España, es una realidad innegable que no se puede ignorar ni combatir con medidas judiciales o policiales, que sólo consiguen ir aplazando el momento de tener que enfrentarse con una verdad, que se ha convertido en el motor que acciona la voluntad de los catalanes.
Las repetidas tormentas declaradas en los últimos tiempos y la malsana costumbre de utilizar el problema catalán como base de todos los discursos lanzados por la derecha desde el Parlamento, no hacen sino acrecentar una brecha que se hay ido abriendo, a base de negarse al diálogo, a la negociación y al entendimiento, sin que hasta el día de hoy, ninguna de las soluciones propuestas por el Gobierno español y sus socios unionistas, haya conseguido frenar las ansias de libertad que incluso sin ser abiertamente independentistas, reclaman los catalanes.
No hay más que ver el número de personas que acuden a los actos organizados en la Diada, por los unos y los otros, para comprender lo que ocurre en una sociedad, fundamentalmente, cansada de los ataques y vejaciones que les han colocado en una situación delicada, frente al resto de los ciudadanos de todas y cada una de las otras Comunidades y que ha sido por ellos, totalmente empujada a una radicalización de posturas, que bien pudiera definirse, como un arma de defensa.
La constante negativa del Gobierno Rajoy a conceder la oportunidad de celebrar un Referendum, que al menos clarificaría para siempre cuál es la posición de los catalanes sobre la independencia, le ha estallado al Presidente en funciones en plena cara e incluso ha llegado a convertirse en una línea roja insalvable, que impide cualquier acuerdo de investidura, a las izquierdas.
Nadie, ha planteado aún, en este enfrentamiento, argumentos de peso que puedan hacer desistir a los ciudadanos de apostar por una independencia, que si se obtuviera, quizá trajera para ellos más desventajas que triunfos, pero cuya reivindicación es y seguirá siendo legítima en un Estado democrático como el nuestro, aunque a veces da la impresión de que los que apoyan esta idea, están cometiendo un delito.
No querer oír hablar del tema, no hará desaparecer el problema y quizá por el bien de todos, habría que replantearse la posibilidad de que el Referendum se celebre, concediendo así a los catalanes la posibilidad de escuchar otros argumentos distintos, a los expuestos por los principales beligerantes de los dos grandes bloques que hasta ahora han protagonizado esta historia.
Porque la verdad es que ni Cataluña se hundiría si abandonara a España, ni que todos sus problemas quedarían resueltos inmediatamente, con la proclamación de la República.
Pero como en este caso los árboles impiden ver el bosque, pudiera parecer que todo habrá de resolverse de una manera drástica en un sentido u otro, como si una locura colectiva se hubiera apoderado de pronto de todos y el recrudecimiento de la batalla entre estos bandos, exactamente iguales en su cerrazón mental, fuera la única opción viable que quedara para  terminar con el problema.
Como en muchos otros ámbitos de nuestras vidas, también en este de la política, se ha perdido el poder de la seducción, por la fuerza de la razón y los argumentos, y a muchos, la vía de escape que representa la ilusión de luchar unidos por la consecución de una idea, les ofrece una manera de escapar de la oscuridad de los tiempos difíciles, aunque no hayan estudiado en profundidad, la verdadera naturaleza de sus reivindicaciones.
Todos, sin excepción, deseamos fervientemente que nuestras vidas mejoren. Han sido tiempos de una dureza indescriptible. Quizá por eso, resulta endemoniadamente sencillo seguir a aquellos que nos prometen que con ellos, todo nos irá mucho mejor. Históricamente, ya hemos visto muchos casos de abducción colectiva.
Pero si la guerra termina, si se permite a los catalanes votar, si antes de que ese voto en Referendumn se emita, se ofrece una buena campaña informativa, lejos de partidismos, sobre los pros y los contras de la desconexión, si se negocia un mejor tratamiento del que ha recibido el pueblo catalán, de parte de sus detractores, seguramente sería posible abrir una  ruta de negociación, que permitiera, por fin, una convivencia pacífica entre ciudadanos, que no tienen motivos reales para el odio y muchos para combatir, unidos, contra los problemas comunes.
El espejismo de las manifestaciones, las declaraciones grandilocuentes y los ataques cruzados entre nacionalistas de uno y otro bando, quedarían así, anulados, por la fuerza real de la voluntad de los pueblos.


domingo, 11 de septiembre de 2016

Sonata de Otoño


Recordando al añorado José Saramago, que con su pesimismo natural no era capaz de augurar un buen futuro para la humanidad, pero que sin embargo, conseguía hacerla feliz con la lectura de los libros que escribía, ayudándola a reflexionar seriamente sobre lo terrenal y lo divino, afronto el tiempo que se nos sobreviene, en primer lugar, con la tristeza de comprobar que nada a ha mejorado en absoluto, para la mayoría de la gente que nos rodea, pero a la vez, con la esperanza de que la lucidez consiga derrotar a la cerrazón que se advierte en muchos de los que gobiernan nuestros destinos, ayudándoles a pensar que esto de la política no ha de ir nunca en función de los intereses personales, sino a favor de un bien común, que logre finalmente aliviar lo más posible, el sufrimiento de la gente.
Paseando hace pocos días entre el bullicio estridente de las Fiestas de Bilbao, características por sus excesos gastronómicos y de todos aquellos con los que se pueda hacer alarde de que  esta parte del territorio no ha sido, en absoluto, tocada por los efectos de la crisis, pensaba yo, en la poca solidaridad que todos demostramos con las tragedias que sufren otros seres humanos como nosotros y en el poco esfuerzo que dedicamos a reflexionar sobre cuál puede ser la manera de hacer más fácil la vida a las mayorías, sin permitir que nuestras reivindicaciones queden acotadas por idiomas ni fronteras.
La alegría desbordante de los que se movían junto a mí y la tremenda politización presente en cada calle del País Vasco, indistintamente de que esa calles se encuentren ubicadas en grandes ciudades o pequeños pueblos, me hicieron, eso sí, desear que todos los que circulábamos en esos momentos por allí, nos viéramos, de algún modo, contagiados por ese espíritu de lucha que independientemente de las consignas que defienda, resulta indispensable para que el mundo marche mejor y no regrese a épocas pasadas que todos creíamos haber olvidado hace tiempo y que parecen haber regresado de repente, de la mano de esta crisis eterna.
Me pareció estar tan lejos de lo que irremediablemente me acompaña en mi lugar de origen y en otras partes del país, que también he visitado durante los últimos años, que aún estando como estaba, de vacaciones y desconectada adrede de la actualidad informativa, supe que en algún momento, tendría que compartir las sensaciones que estaba viviendo allí, para que muchos de los que me siguen comprendieran, que siempre y en cualquier situación o lugar, todo es posible.
Para que contemplaran, a través de mis palabras escritas, la inmensa satisfacción que da cumplir con el deber de ganar, a través de la lucha diaria y sobre todo con la unión, todo aquello que desde el inmovilismo, nos puede parecer imposible y para que supieran que los pequeños pasos, dados uno a uno, pero con firmeza, terminan por convertir los caminos más intransitables, en rutas accesibles, si se persevera con tenacidad en el intento.
Una canción de Silvio Rodriguez, sonaba maravillosamente interpretada en una esquina, por un gran artista callejero, al que la suerte, dada su edad, no habría reconocido jamás, sus méritos, aunque efectivamente, conseguía crear todo un remanso de calidez, a través de su voz, que inmediatamente recordaba de todo lo que es capaz, la belleza.
El improvisado concierto, era en esencia, una isla en la que reposar, en medio del fragor sonoro, de la fiesta.
De vuelta a la realidad, a la cruda rutina, a la poenunmbra que rodea nuestro futuro, en estos días inciertos, el haber visto que verdaderamente existen otros mundos, dentro de éste, ayuda a remontar cualquier atisbo, por muy sutil que sea, de desaliento.
Esta Sonata de Otoño, que ha empezado a escribirse con un lenguaje musical de desesperanza y melancolía, puede sin embargo, si queremos, transformar su ritmo decadente, en una oda a la alegría.
Todo dependerá de la intención. El primer paso es siempre el más difícil.



jueves, 8 de septiembre de 2016

Desconcierto


Anda Pedro Sánchez afanado en conversaciones telefónicas con el resto de líderes políticos, aunque ha dicho que no piensa postularse como futuro candidato a la presidencia y tiene a los ciudadanos desconcertados con estas acciones, cuya intención nadie es capaz aún de imaginar, aunque bien pudiera ser un modo de huir del acoso a que ha sido sometido  por todos, en los últimos tiempos.
No se atreve a gritar en voz alta lo que realmente le gustaría hacer, quizá por no tener que enfrascarse en una guerra abierta con un torrente llamado Susana Díaz y con todos aquellos que le rinden diariamente pleitesía, apoyándola en su sueño de desbancar a quién lidera el PSOE ahora, para hacer su entrada triunfal en la política nacional, como salvadora de España y de su propio Partido.
Tener que lidiar con estos barones recalcitrantes que hace tiempo dejaron de ser socialistas, para convertirse en parte de una casta continuista y opositora de cualquiera que defienda los principios de la izquierda no debe ser nada fácil y habría que compadecer a quien a base de querer intentarlo, no hace otra cosa que estrellarse una y otra vez contra un muro de incomprensión, ninguneado estrepitosamente por sus mal llamados compañeros.
Porque la impresión que da desde fuera, es que Sánchez tiene personalmente muchas más cosas en común con las propuestas de Podemos que con las que se lanzan desde su propia Formación y que no se atreve a  contárselo abiertamente a los ciudadanos, quizá por ese falso pudor de no hacer daño a las siglas bajo las que milita y que son las que más presión ejercen sobre la aparente voluntad de su Secretario General, incomprensiblemente.
Lo que ocurre es que su indecisión, su falta de valentía para organizar con mano dura el galimatías en que se ha convertido este PSOE de ahora y para acallar de algún modo el cacareo incesante de los amantes de los privilegios, está terminando por cansar a este sufrido pueblo que ya ha tenido que acudir dos veces a las urnas, en los últimos meses y que agradecería, y mucho, un poco de sinceridad por parte de quién dice liderar el que ha sido hasta ahora, uno de los grandes Partidos, en el panorama político español.
Uno se pregunta si no existe algún medio para que Pedro Sánchez consiga quitarse de encima esa rémora que le impide los pactos que parece que en su fuero interno desea, quizá preguntando directamente a su militancia, que es la que al fin y al cabo sostiene los Partidos, si de verdad sería tan terrible firmar un pacto con Podemos, o si es lo que prefieren, como parecería lo más lógico, al tratarse de un Partido de izquierdas.
Huelgan ya, los Comités federales en los que todos sabemos que nunca se pondrán de acuerdo y mucho más, la comedia de unas conversaciones que no consiguen llegar a ningún fin, con los oponentes.
De algún modo, el PSOE tendrá que dar un paso adelante en una u otra dirección, si no quiere que esta indecisión suya acabe por pasarle factura en forma de un castigo electoral, peor que el que ya ha venido sufriendo, desde hace varios años.
Porque esto no es un juego de mesa en el que los participantes no buscan nada más que divertirse un poco, a costa de las pérdidas ajenas, sino que se trata de una cuestión de estado, en la que se dirime algo tan serio como el futuro de un país, que para mayor inri, es el nuestro.
Así que si ha de haber un cisma en el PSOE, que lo haya. Al menos  de este modo, los electores podrían tener la oportunidad de saber qué tendencias mueven a cada uno y sobre todo, qué pactos estarían dispuestos a firmar, pero claramente.


Por favor, sean rebeldes


Los ocho millones de votos que ha recibido el Partido Popular en las pasadas elecciones y la sensación de creer que una buena parte de los ciudadanos refrendaban con su apoyo en las urnas las políticas llevadas a cabo por el gobierno, aunque no han bastado, como todos sabemos, para que, hasta el momento, Mariano Rajoy haya podido ser investido, han sido sin embargo, suficientes, para que sigan ocurriendo cosas como la propuesta de colocar al ex Ministro Soria al frente del Banco Mundial, que contradice en lo más profundo, cualquier principio ético.
Acostumbrados a no haber tenido ningún tipo de oposición durante la legislatura en la que han ocupado el poder y crecidos por la aquiescencia de quienes les han perdonado no sólo todas las tropelías cometidas en una multitud de casos de corrupción, sino también el hecho de haber convertido el ejercicio de la política en una mera cuestión de recortar sueldos, empleos y derechos, el amiguismo descarado practicado durante tantos años con total impunidad y la necesidad de comprar el silencio de los que se han visto forzados, por sus actos, a abandonar las filas conservadoras por la puerta trasera, se han convertido en una práctica que no parecen estar dispuestos a abandonar, pensando equivocadamente que los españoles somos una masa ignorante a la que se puede manipular y convencidos de que hagan lo que hagan, sus fieles nunca se plantearían retirarles su confianza.
Pero, he aquí que la suma de los votos del resto de los ciudadanos supera, en mucho, esos ocho millones de leales y sumisos seguidores y que además, por motivos que todos conocemos, el Parlamento español ha pasado de ser una aburrida Cámara en la que los dos Partidos mayoritarios discutían, hasta ahora, con mayor o menor teatralidad, la alternancia en el poder, a un Foro en el que, por suerte,  han irrumpido para quedarse otra serie de Formaciones, dispuestas a poner en práctica las labores propias de una oposición responsable y decididas a terminar fulminantemente con cualquier tipo de corrupción, ya sea de carácter económico o moral, aunque para ello haya que presentar recursos todos los días.
La ha salido mal a De Guindos la jugada que tenía prevista para su amigo y gracias al escándalo que han provocado las mentiras que se han ido elaborando estos días, desde el seno del PP y las exigencias de otros Partidos, al reclamar inmediatamente explicaciones sobre el posible nombramiento, el gobierno se ha visto obligado a dar marcha atrás, forzando, otra vez,  a Soria, a renunciar al puesto.
Así que las cosas, pese a quién pese, parecen estar cambiando, por lo menos en esto y la laxitud con que se han llevado estos asuntos, desde las filas populares y que darían para escribir un par de tomos sobre su modo de entender la endogamia, tiene, para bien de la sociedad en general, los días contados, pues el pasado ya no volverá, ni hay disposición para tolerar la soberbia que ha caracterizado a los conservadores, por parte de los otros grupos políticos.
Que De Guindos encontrará en breve otro puesto que pueda satisfacer la ambición de su amigo Soria y asegurar su silencio, no cabe duda, pero es verdad, que cualquier intento futuro habrá de ser minuciosamente estudiado si no se desea ofender gravemente  a los españoles.
No olvidemos que la formación de un nuevo Gobierno sigue estando en vilo y que las costumbres de los populares y su manera de hacer las cosas, con mentiras y subterfugios, no parece una buena forma de ganar adeptos.
Ni siquiera con  los Ciudadanos de Rivera podrán, de este modo, contar. Por muy de derechas que sean los recién llegados, no se atreverán a jugarse el poco o mucho prestigio de que puedan disfrutar, permitiendo que estas situaciones continúen repitiéndose, por cierto, mientras apoyaban la propuesta de investidura de Rajoy, ajenos a lo que se cocía en la trastienda.
Naturalmente y a raíz de lo que estamos viviendo, no cabe otra cosa que pensar que los populares no han aprendido nada en absoluto del cambio que se está produciendo en nuestra sociedad y que por supuesto, no estarían  dispuestos a renunciar a este tipio de actitudes, ni en la próxima legislatura, ni nunca.
Claro que mientras ocho millones de personas sigan otorgando un voto incondicional a políticos de  estas características, los españoles estaremos condenados a soportar estas amarguras, indefectiblemente.

Nada hay peor para un pueblo que la sumisión. Por favor, sean rebeldes.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cuestión de voluntad


Con los ojos puestos en lo que pueda ocurrir en las próximas elecciones vascas y gallegas, Mariano Rajoy se marcha a la reunión del G20, dejando la estela de su fracaso en la Investidura, como una herida abierta, a los demás, que de momento, parecen incapaces de encontrar una solución que encarrile los destinos del país, a causa de la poca empatía que existe entre los Partidos de izquierdas, o al menos, entre  los líderes que los encabezan y a los que no les vendría nada mal  apearse un poco de su ego para ponerse, como sería su obligación, al servicio de una Nación que pasa por unos momentos muy difíciles.
La tregua de dos meses que se concede a todos para tomar decisiones y meditar sobre la necesidad de practicar un poco más la diplomacia y el arte de pactar, tan desconocido en el panorama político español, parece sin embargo arrancar con una dosis baja de ilusión, por parte de los protagonistas de la historia, que a pesar de la gravedad de la situación que vivimos, no parecen tener ninguna prisa en iniciar siquiera una simple ronda de negociaciones, acuciados quizá, por los problemas internos que se cuecen de puertas para adentro de los propios Partidos y sobre todo, como en el caso del PSOE, por miedo a ser fagocitado por la energía demostrada por una Formación como Podemos, que bien podría sustituirle en breve como principal representante de la izquierda española.
A los más mayores, todas estas historias nos recuerdan a lo que pasó en la transición, primero con el estrepitoso fracaso de la Alianza Popular de Fraga y luego con el cisma incontrolado de la UCD que fundara Adolfo Suárez, cuya desaparición potenció en gran parte, el nacimiento del PP que ahora conocemos, aglutinando en un gran Partido, a toda la derecha.
Entonces, también fueron tiempos difíciles, aunque los principales problemas que amenazaban  al país tuvieran más que ver con el ruido de sables que con los altibajos de una pobreza económica, que los ciudadanos considerábamos como inherente a nuestra propia condición de españoles y contra la que hubo que luchar en múltiples frentes, que finalmente dieron fruto, cuando se consiguieron alcanzar toda una suerte de imprescindibles derechos.
La diferencia está en que entonces, todos confiábamos en nuestros políticos como representantes de nuestra voluntad, dejando  en sus manos la resolución de nuestros problemas, casi seguros de que pondrían cuanto pudieran de su  parte para encontrar las soluciones que favorecieran a unas  mayorías, demasiado heridas por las huellas que había dejado en ellas, el interminable periodo de la Dictadura franquista.
Quizá por eso, craso error, muchos consideramos que era mejor que emergieran con fuerza sólo dos Partidos que representaran claramente los dos grandes bloques de izquierda y derecha y el voto útil, la necesidad de llegar pronto a la libertad que se nos había negado sistemáticamente durante tanto tiempo, propició que PP y PSOE se alzaran alternativamente con un triunfo que quizá no merecían por sus méritos y que ha durado, para desgracia nuestra, hasta nuestros días.
Así, lo más que tuvieron que negociar unos y otros, fueron ciertos acuerdos con unos nacionalistas mucho menos beligerantes que los de ahora y que se conformaban con unas migajas a cambio de un apoyo incondicional, al Partido vencedor de las elecciones, independientemente de su programa o su ideología.
Puede que por eso, ninguno de los dos sepa de pactos mucho más que cualquier ciudadano de a pie y que ese sea, precisamente, el motivo que nos haya traído hasta dónde nos encontramos en este momento, aunque con una composición del Parlamento que reclama la urgente necesidad de encontrar una vía que nos dote de un nuevo Gobierno.
Pero habrá que asumir que los tiempos cambian y que aquellos que favorecieron con tanta generosidad a los señores del bipartidismo, terminaron y muy fundamentalmente, porque ninguno de los protagonistas de esta historia supo administrar decentemente los poderes que se le concedieron, forzando a la sociedad a dar un paso al frente para detener unas prácticas políticas absolutamente distantes de la voluntad expresada por los ciudadanos, que han conducido a este país a un callejón desde el que no se puede ver la luz, casi como antaño.
No ha sido fácil tampoco para nosotros, para la gente corriente, volver a partir de cero. Pero hemos hablado, acercado planteamientos, tendido la mano y hecho concesiones los unos con los otros, aunque nuestro Parlamento haya sido la calle y nuestros escaños, el suelo.
Ese paso, que después se ha ido consolidando hasta reflejarse en los resultados que han salido de las urnas en las dos últimas ocasiones, ha sido sin embargo, de una importancia capital para los que pensábamos que todo estaba ya perdido y que todos aquellos esfuerzos que hicimos hace años, habían resultado al final, de una inutilidad manifiesta.

Por tanto, no ha de ser tan imposible esto de negociar. Sólo hay, eso sí, que poner ganas en el empeño, no aferrarse jamás a un pasado que ya no volverá, ceder y exigir, con  la misma vehemencia y sobre todo, querer, aunque para ello haya que dejar a un lado las ambiciones personales, que al fin y al cabo solo son, efímeras páginas de nuestras vidas, que  empequeñecen ante la grandiosidad del interés general que a todos nos confiere la posibilidad de ser mejores.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Comenzando de nuevo


Regresamos los españoles de las vacaciones, tal y cómo nos fuimos, encontrándonos con que no hay manera de librarse de un  Presidente en funciones, que languidece en el cargo esperando que su Dios le haga el favor de concederle el impensable milagro de robar la memoria que de su pasado tenemos todos y la capacidad de atraer, sin ofrecer nada a cambio, el favor de unos oponentes políticos que, momentáneamente, han cerrado filas contra el enemigo común, votándole rotundamente NO, en una Sesión de investidura especialmente interesante, que animó poderosamente el final de un largo y cálido verano.
 Se ha encontrado el señor Rajoy, con la sorprendente rebelión de un Pedro Sánchez dispuesto a morir con las botas puestas y remando contra corriente en el seno de su propio Partido, al que todos apremian a tomar una decisión, la que sea, que saque a este país del atasco en que lleva sumido, desde el pasado mes de Diciembre.
De nada han servido los ocho millones de votos que obtuvo en las pasadas elecciones el popular, ni el servil apoyo de un Rivera, cada vez más escorado a la más recalcitrante derecha y claramente dispuesto a pactar con quién sea, sin contar con ideologías o impedimentos con la justicia, con tal de tocar un poder que ansía su irrefrenable ambición, por encima de todas las cosas y que la negativa de las izquierdas  y los nacionalismos, le han negado por segunda vez en unos meses, devolviéndole a la realidad de sus 32 diputados, que le pesan como una losa, en su intención de llegar a acuerdos que fructifiquen y que podrían mermar en el caso de que se repitieran las elecciones, debido a ese picoteo de flor en flor que se trae el catalán y que define perfectamente cuál es la base real de su pensamiento.
Continúa Iglesias, reclamando a los socialistas, ahora que Rajoy ha fracasado estrepitosamente en su intento, una alianza que aunque podría ser efímera y necesitaría de vascos y catalanes para triunfar, no resultaría tan descabellada como parece, pero lo hace, habiendo aprendido bien la lección que le dieron los ciudadanos en Junio, cuando le recordaron que su mejor baza consiste en la frescura de su mal definida radicalidad, volviendo al discurso que llega al corazón de los pueblos y que siempre se caracterizó por decir verdades como puños, de esas que hieren profundamente a esa casta que nos ha ido llevando hasta el lugar en el que nos encontramos y del que nunca saldremos, si finalmente Rajoy consigue arrancar de los socialistas la maldita abstención que reclama y que sería el fin de un largo periodo de lucha que mucha gente protagonizó, en defensa de un pensamiento que  se ha ido diluyendo en los últimos tiempos, acercándose peligrosamente a las doctrinas que pregonan los defensores de unas políticas, del todo nefastas para los intereses de los pueblos.
El caso es que el socialista parecería, a juzgar por su discurso, dispuesto a capitanear el supuesto pacto de izquierdas y hasta se podría tener la impresión de que hubiera logrado vencer a los seguidores de la señora Díaz y los beneficiarios de los privilegios que otorgan las puertas giratorias instaladas a la salida del Parlamento, pero le falta la sinceridad de  compartir públicamente la naturaleza de los problemas que le impiden dar ese paso necesario que devolvería a su Partido la credibilidad perdida en cada paso que ha venido dando en los últimos años y que le ha convertido, a los ojos de los españoles, en sumiso servidor del mandato europeo y en asesino del ideario proclamado por su fundador, a finales del SXIX.
Así que aunque su intención parece buena, le falta a Pedro, la valentía necesaria para romper con el sometimiento a los poderes económicos y el esfuerzo preciso para partir de la nada recreando todos aquellos pasos que son inherentes al socialismo que figura en sus siglas y que podrían lograr devolver la dignidad robada, a ese pueblo que dicen representar, cuando se subén a la tribuna del Parlamento.
La vida, le está dando una tercera oportunidad, que no debiera desaprovechar en oír los cantos de sirena que susurran en sus oídos los barones que le rodean en Comité Federal y que no parecen, sin embargo, tener en cuenta la opinión casi unánime de sus bases.
Debiera, obligatoriamente, pactar con Podemos e incluso tratar de conseguir un acercamiento con los nacionalistas, aunque tuviera que aceptar el Referendum.
También es extremadamente urgente desenquistar la situación catalana, aunque nadie se atreva a coger al toro por los cuernos.
Pero eso, ya se verá. De momento, hemos regresado a la arena y nada se ha movido un ápice de dónde estaba cuando nos marchamos.
A ver si pasa este maldito calor que nubla el entendimiento y el aire fresco del otoño disipa los miedos de nuestros políticos que son, aunque parezca muchas veces lo contrario, humanos y vulnerables como nosotros y tampoco pueden luchar contra  los rigores del clima, al menos de momento.