martes, 10 de mayo de 2016

La foto del día


La imagen de Pablo Iglesias y Alberto Garzón fundidos en un abrazo, como confirmación del acuerdo firmado por sus respectivos Partidos, en el incomparable marco de la Puerta del Sol, que inevitablemente nos devuelve al recuerdo del 15M, se convirtió ayer por la tarde en la noticia más importante de cuantas hemos conocido en los últimos días, pues nunca ha sido fácil que la izquierda se ponga de acuerdo en este País, pensando exclusivamente en el bien de las mayorías.
Pero tras el fracaso de las conversaciones con el PSOE, emprendidas a raíz del pasado 20 de Diciembre, no quedaba otro remedio que intentar otras coaliciones, para tener alguna posibilidad de apear al PP del poder que ha venido ejerciendo tiránicamente durante los últimos cuatro años y era una cuestión de compromiso, admitir que resulta mejor concurrir unidos a las próximas elecciones, que hacerlo por separado, desperdiciando una buena cantidad de votos que con la Ley Dhont corresponderían indefectiblemente, a los Partidos más votados.
No tenía ya razón de ser que dos Partidos de parecida ideología, que han destacado por la fuerte oposición ejercida contra las medidas aprobadas por los populares, durante sus años de Gobierno y por entender como necesaria la participación ciudadana en las decisiones políticas, continuaran comportándose como contendientes en un Parlamento que, afortunadamente, en nada se parece ya a los que se constituyeron con anterioridad y que cuenta ahora con un buen número de diputados provenientes de nuevas Formaciones, que no comulgan con la pasada hegemonía del bipartidismo.
Tuvo Pedro Sánchez la oportunidad de presidir un Gobierno de progreso, pero prefirió o le hicieron elegir, como única alternativa, una coalición con Ciudadanos, negando la incontestable verdad de que únicamente un pacto por la izquierda podría hacer cambiar la clase de política que actualmente padecemos y que de otro modo, volvería a instalarse entre nosotros, para los próximos cuatro años.
La jugada de intentar la abstención de Podemos, una vez cerrada la coalición con el Partido de Rivera, fracasó y los barones socialistas habrán ahora de atenerse a las consecuencias que podría traer para su Partido un más que probable sorpasso, quedando seguramente relegado a una tercera posición en el arco Parlamentario, que le colocaría en el peor lugar ocupado nunca en el Hemiciclo, desde la misma llegada de la Democracia.
Pero en política, no siempre se gana y es de ley reconocer los errores e intentar corregirlos, sobre todo cando se aspira a procurar el bien de los ciudadanos y no a ocupar posiciones de poder, dentro de la Formación a la que uno pertenece o incluso aspirar a la Presidencia de la Nación, en un futuro más lejano, como sería el caso de la propia Susana Díaz.
El acuerdo entre Podemos e IU, deja pues al PSOE, en una incómoda posición entre la derecha y la izquierda y sólo de las decisiones que tome a partir de ahora, dependerá que se le identifique con una u otra corriente. Porque está claro que nadie va a negar la pertenencia a la izquierda de la flamante coalición, ni que el PP y Ciudadanos pertenecen, como todos sabemos a la derecha.
Así que los socialistas, de repente, han quedado momentáneamente anclados a una especie de limbo ideológico aún por definir, que ira tiñéndose de rojo o azul, según las posturas que vayan adoptando, cuando se forme un Nuevo Parlamento y aquel Partido que Pablo Iglesias fundara en 1879, podría terminar siendo considerado como una especie de balsa flotante entre los extremos políticos naturales, sin conseguir una definición que aclare al electorado a dónde, realmente, pertenece.
 Buscando un poco de cordura en esta inquietante realidad, Podemos intenta una última oferta, en la que propone a los socialistas ir en listas conjuntas para el Senado y, naturalmente, espera respuesta.
Sánchez y los suyos, habrán de meditar escrupulosamente qué contestar. Decir que no, bien podría ser interpretado como una rendición absoluta a los pies del bloque contrario y significaría, pese a quién pese, que el PSOE se encuentra decidido a abandonar del todo, la izquierda.




lunes, 9 de mayo de 2016

La traca final


Por si fuera poco lo que hemos sabido hasta ahora sobre el PP valenciano y cuando todavía resuenan los ecos de las últimas imputaciones de un buen número de sus miembros, la Cadena Ser ofrece hoy la noticia de que uno de los imputados del caso Taula afirma que durante la etapa de Camps, cientos de proyectos fueron financiados irregularmente, por valor de más de treinta millones de euros y que esta trama podría haber doblado el volumen que se le ha supuesto a la Gurtel, aupándose así a uno de los primeros puestos del ranking de los casos de corrupción relacionados con el Partido que preside Mariano Rajoy, hasta el momento.
La información no puede ser más oportuna, estando a las puertas de una campaña electoral y supone un nuevo varapalo para el Partido conservador, pues ya casi no quedan argumentos con que justificar la podredumbre que corroía el funcionamiento de las instituciones bajo su mando en la Comunidad Valenciana, ni tampoco gente con la que suplir esta desbandada general de cargos imputados en gravísimos asuntos de corrupción, fundamentalmente por cuestiones de tiempo.
Este nuevo escándalo, que puede convertirse en la traca final de cuántas corruptelas han sido investigadas y de cuyos resultados estamos pendientes, por encontrarse casi todas ellas en fase judicial, podría constituir, sin duda alguna, el declive absoluto de la hegemonía del PP  en esta parte del territorio español, dejando atrás más de veinte años de reinado en los que a juzgar por lo que vamos conociendo, se cometieron impunemente toda clase de tropelías, bajo el amparo de las  mayorías absolutas que los ciudadanos otorgaron a la Formación conservadora, varias veces consecutivas.
Los entramados, que se convertirán sin duda en tema recurrente en los Debates entre Candidatos a la Presidencia que se celebren los próximos días, van a colocar a Rajoy en una difícil posición, si se tiene en cuenta  su poca inclinación a ofrecer explicaciones sobre asuntos oscuros y le van a dejar, si es que finalmente se aviene a acudir a ellos, en plena soledad ante las acusaciones y preguntas de sus adversarios y lo que es peor aún, ante la mirada indiscreta de millones de espectadores.
El que fuera durante tantos años uno de sus feudos, puede transformarse ahora en una de sus principales preocupaciones, pues no parece probable que esté dispuesto a admitir que existió una financiación ilegal y menos aún, que dichas componendas enriquecieron grandemente a algunos de sus más prominentes socios políticos.
Quizá por eso ha declarado que quiere que los Debates se produzcan en terreno neutral, aunque inmediatamente, su exigencia sugiere la intención de que sean organizados por la Televisión Española y no por alguna de las Cadenas privadas, a las que considera claramente posicionadas en su contra, simplemente por haber ofrecido a sus espectadores las noticias tal como son y no maquilladas por una capa de triunfalismo, como ocurre en el caso de la Pública, que se ha convertido en la última legislatura en mera correa de transmisión de los populares.
A los votantes de la derecha, que deben levantarse cada mañana de la cama temiendo lo peor, apenas les quedan ya motivos para continuar eligiendo al PP, si no quieren convertirse en cómplices de estos escándalos protagonizados por sus dirigentes, porque aunque quisieran disculpar, creyendo en el argumento de las acciones individuales, el montante de lo escatimado a las arcas de todos los españoles, supera todas las previsiones que pudieran haberse imaginado, más que con creces.
Esta traca final, necesariamente ha de pasar factura a la supuesta necedad de unos dirigentes, que han permanecido, según propias palabras, en la más absoluta inopia de lo que sucedía delante de sus ojos en Valencia y Madrid, bien porque estas explicaciones resultan  en sí mismas  increíbles o bien porque su incompetencia a la hora de gobernar ha resultado ser de tal calibre, que parece inaceptable que repitan mandato, si no queremos que se produzca una catástrofe.
Mucho habrán de pensar en estos días, esos incondicionales de los populares. La triste historia que viene acompañando a su amado Partido en los últimos años, no puede ser más horripilante y patética.
Quizá ya va siendo hora de que piensen en otras opciones.







domingo, 8 de mayo de 2016

Las malas intenciones


Ahora que hasta los barómetros del CIS dan por seguro que una alianza entre IU y Podemos conseguiría colocarse como segunda Fuerza política, muy cerca del Partido Popular, irrumpe una nueva campaña de desprestigio que trata de vincular a Pablo Iglesias con el cobro de una suculenta cantidad de dinero, procedente del Gobierno de Venezuela y a través de un banco situado en un paraíso fiscal, que se refleja en un documento en el que no aparece la firma del político, aunque sí su nombre y sus dos apellidos.
 El líder aludido, que se ha apresurado a declarar que interpondrá una denuncia contra Eduardo Inda, el periodista que ha publicado la noticia a través de OK diario y que se ha paseado por todos los platós de televisión, exhibiendo dicho documento, ya había protagonizado varios enfrentamientos en relación con este mismo tema, que parece haberse convertido en recurrente para la prensa afín a la derecha, cada vez que se acercan nuevas elecciones.
Con anterioridad, Podemos ha ganado cuatro querellas por acusaciones similares a las que aquí se tratan y hasta el momento, nadie ha podido demostrar esa estrecha vinculación que se le atribuye con el Gobierno de Maduro, aunque está claro que no van a cejar en el intento.
Y sin embargo, en este país, se observa cierta permisividad legal cuando aparecen en los medios informaciones como está, llegando incluso a comparar el acoso que sufre ininterrumpidamente Podemos, con el que supuestamente está padeciendo el PP, en relación a la multitud de casos de corrupción en que se están viendo envueltos muchos de sus cargos, en los últimos tiempos.
Como comprenderán, la comparación no sólo resulta odiosa, sino que además, comete el error de apoyarse en una falacia fácilmente rebatible, pues mientras los líderes y cargos de Podemos no han sido, en ningún momento, imputados por la justicia, la lista de los conservadores acusados de delitos fiscales parece interminable y continúa creciendo.
Demasiada paciencia está teniendo la gente de Podemos, que soporta estoicamente el aluvión de críticas que contra su Partido se vierte, sin haber llegado jamás a perder de forma evidente, los nervios y habiendo, como asumido que su sino será el de tener que convivir con estas informaciones maliciosas y con los periodistas que las lanzan, convencidos de que algún perjuicio harán, si consiguen hacer dudar a los electores, de la limpieza de este juego.
No obstante, echamos en falta que la ley no contemple un castigo para estos casos de difamación, ni para los que urdieron, solos o en compañía de otros, los contenidos publicados, pues atentar contra el honor de los demás no debiera quedar impune en ningún caso, para evitar situaciones similares en un futuro y las evidentes complicaciones en el ámbito político, que acarrean tales sucesos.
Ahora que se nos vine encima una nueva campaña electoral y todos los grupos políticos empiezan ya a poner toda la carne en el asador para intentar conseguir su propósito de alcanzar el poder, después del 26 de Junio, los ciudadanos agradeceríamos que se esforzaran en evitar posibles confrontaciones de este tipo entre los unos y los otros y también que los medios no dieran cobertura a determinados periodistas, que a pesar de tener absoluta libertad de expresión, no saben o no quieren atenerse a publicar estrictamente la verdad, inventando en su lugar truculentas informaciones que finalmente no pueden demostrar y que por tanto, dañan sensiblemente la imagen de la profesión a la que representan.
Bien está, ya lo hemos dicho muchas veces, que la prensa vuelva a ocupar el lugar que le corresponde y que el periodismo de investigación avance en el descubrimiento y publicación de corruptelas…pero cuando son ciertas.
Inventar, difamar o difundir informaciones, con la mala intención de hacer caer a una determinada opción política, porque no se comulga con ella o simplemente, porque se defienden tácitamente los intereses de otra contraria, no pude ni debe ser admitido por los ciudadanos, más que como una especie de libelo que bien pudiera emplearse para construir un guión, pero nunca para transmitir una realidad, cuyo transcurso afecta a la vida de la sociedad en pleno, de manera directa.


jueves, 5 de mayo de 2016

En busca de la unidad


Votan las bases de Izquierda Unida, a favor del pacto con Podemos y lo hacen mayoritariamente convencidas de que será el único modo de avanzar hacia el Gobierno de cambio que quiere nuestra Sociedad y que se encarga de desbaratar la maldita Ley electoral por la que nos regimos, cuando los Partidos se presentan por separado.
Ya hemos visto que no se puede contar con el PSOE cuando aventaja en votos a  otras Formaciones y vendría bien adelantarlo, para demostrar que cuando los brazos están abiertos, lo están, en las duras y en las maduras.
Beneficia también a la alianza las encarnizadas guerras internas que mantienen los socialistas entre ellos, perfectamente alineados en dos corrientes particularmente distintas y que generan una crisis de liderazgo que no pasa desapercibida para una ciudadanía, mucho más inteligente de lo que desgraciadamente se le presume y harta de soportar que los políticos acostumbren a pensar  mucho más en sus intereses personales, que en el bienestar de las mayorías.
Ciudadanos, PP y también el PSOE, se han apresurado sin embargo a criticar el posible pacto, por razones bien evidentes, que no hacen sino retratar claramente una postura de terror a ser superados en votos, de manera incontestable, por unos recién llegados a los que se han afanado en desprestigiar, prácticamente desde que aparecieron y que están jugando sus cartas con mano maestra, mientras ellos se van desgastando, los unos acorralados por los casos de corrupción, los otros por sus luchas internas y los terceros, por esa terquedad en apoyar al Gobierno de Rajoy, al que los ciudadanos consideran culpable de todas sus desdichas.
La alianza, que de lograrse constituiría un hito en la Historia de este País, poniendo fin a la maldición de la Izquierda y que si se repitieran los resultados del 20 de Diciembre, podría aproximarse peligrosamente a los votos conseguidos por el PP, terminaría con el bloqueo político que ha paralizado a un Parlamento fuertemente dividido e incapaz de alcanzar acuerdos que permitan la gobernabilidad, posibilitando una salida digna a esta ruptura de un bipartidismo, reacio a perder toda una suerte de apetitosos privilegios.
A los detractores que como Gaspar Llamazares o Errejón, se pronunciaban en contra del pacto, habría que decirles que los Partidos que se deben a la opinión de sus bases, no pueden hacer otra cosa que llevar a cabo el mandato de las mayorías y que no cabe otro temor que poder fracasar en las urnas, cosa que a día de hoy, parece bastante improbable, dada la decisión que parecen manifestar los ciudadanos en mantener la elección que ya hicieron, hace sólo unos meses.
Por primera vez, los que hasta ahora han sido considerados como los dos grandes Partidos del País, son conscientes de que es posible que su alternancia en el poder haya terminado para siempre y que otras vías han logrado atraer la atención del electorado, seguramente para asentarse en un  panorama político español, en el que escaseaba la ilusión por comprometerse con nuevos proyectos, hasta que estos jóvenes nos enseñaron que todo era posible.
De nada habrá servido el esfuerzo denodado de los medios afines a los poderosos por denostar a estas Formaciones durante tanto tiempo, ni el manido discurso amenazador que preludia apocalípticas condiciones de vida, en el caso de que llegara al poder, esta posible alianza de progreso.

A veces, hay que romper con lo establecido para poder, simplemente, avanzar y como todos ya sabemos, jamás se ha conseguido nada sin arriesgar, para  que las utopías se hicieran realidades tangibles. 

miércoles, 4 de mayo de 2016

Ignorancia supina


Como suele ser su costumbre, el Partido Popular evita dar explicaciones sobre el escándalo de la mujer de Arias Cañete y cierra filas en torno a la teoría de que no se deberían revelar datos fiscales de ningún ciudadano, tratando de salvaguardar una privacidad que en este caso estaría directamente relacionada con lo público, al ser el afectado Ministro de Agricultura, en el momento en que se produjeron los hechos.
Se han puesto muy de moda estos matrimonios que sin ser modernos, por razones obvias de edad, dicen no mantener ningún tipo de conversación sobre las actividades profesionales a que se dedican los cónyuges y que por tanto, permanecen en una cómoda inopia, evitando con ello, los problemas relacionados con el ámbito laboral de su pareja, aún conviviendo bajo el mismo techo.
Este desconocimiento absoluto de cómo se desenvuelve cada uno en su profesión y la supina ignorancia de cómo marchan las finanzas del otro, aunque este tema sea por tradición, uno de los más importantes a tratar en cada familia, suponen sin embargo, una excusa recurrente cuando las cosas se ponen mal, cosa que como estamos viendo últimamente, suele suceder con demasiada frecuencia entre gente de rancio abolengo.
La ingenuidad y el poco interés reconocido por estos  consortes ha dado lugar a situaciones auténticamente rocambolescas, como cuando Ana Mato declaró que nunca había visto un Jaguar que había regalado una trama de corrupción a su marido, aún estando aparcado en su propio garaje, o cuando la Infanta reconoció que nunca se interesó por saber de dónde había salido el dinero para pagar el Palacete en el que vivía o los viajes de placer de que disfrutaba, junto a los suyos, alrededor de todo el mundo.
Ahora es Cañete el que, a pesar de haber ocupado puestos de relevancia política, se muestra sorprendido al saber que su mujer tenía empresas ubicadas en Panamá, o que se acogió a la Amnistía Fiscal aprobada en un consejo de Ministros en el que estuvo presente, tratando de regularizar, por un cómodo tres por ciento, capitales que hasta entonces gestionaba en el extranjero, lejos de los ojos de Hacienda.
Tampoco el Partido Popular parecía seguir  cerca las actividades de su Ministro, pues declara la Vicepresidenta no conocer los detalles de esta operación, llevada a cabo pocos días después de que se aprobara el Decreto, como si  viniendo de dónde venía, no hubiera tenido que llamar necesariamente la atención, de aquellos que compartían Ejecutivo, con el marido de la afectada.
La verdad es que se debe vivir magníficamente en esta especie de limbo en el que la economía familiar debe ser considerada como una cuestión absolutamente secundaria y en la que los lazos establecidos por el matrimonio deben circunscribirse solamente a temas superficiales y a cuestiones meramente lúdicas, que claro está, deben ayudar enormemente a reforzar las relaciones de pareja, lejos de todas esas discusiones que suelen acarrear los conflictos crematísticos, que a otros menos pudientes nos afectan, desde que nos bajamos de la cama.
Y sin embargo, a pesar de ser infinitamente más pobres, de vivir rodeados de problemas y de no saber muchas veces adonde buscar lo poco o mucho que nos falta para cuadrar las cuentas del mes, habremos de reconocer que al menos en cuestiones de comunicación, aventajamos sensiblemente a estos matrimonios entre ricos, cuyos temas de conversación han de estar necesariamente limitados, si no pueden hablar entre ellos de sus problemas laborales, ni despotricar contra el jefe que les hace la vida imposible, ni sobre los bancos que exigen puntualmente el pago de unos recibos, que ni los dos sueldos juntos pueden pagar, por mucho milagro económico que según ellos, se esté produciendo.
Luego, tendrán la desfachatez de criticar los matrimonios entre parejas del mismo sexo y de ponerse a la cabeza de manifestaciones clericales, reclamando el derecho a la vida en familia, mientras potencian con su permanente desinterés por sus parejas, un modelo a seguir, que no concuerda en nada con la unidad que debiera reinar entre los consortes y menos aún, con la confianza que debiera existir entre ellos, tanto en lo bueno, como en lo malo.


martes, 3 de mayo de 2016

Perdón para los ricos


Si algún día llegan a publicarse los nombres de todos los que se acogieron a la amnistía fiscal de Montoro y que se vendió a los españoles como una forma de recaudar impuestos, eficaz y tangible,  por parte de todo el gobierno del Partido Popular, seguramente podremos confirmar que el proyecto se diseñó con la única intención de favorecer a un puñado de defraudadores de guante blanco, entre los que se encontraban una gran parte de reconocidos simpatizantes de la ideología conservadora, cuyas fortunas, de ignorada procedencia, proporcionaban sendos beneficios en Paraísos fiscales y bancos extranjeros.
Hoy hemos sabido, como corroboración de la teoría anteriormente  expuesta, que la mujer de Arias Cañete  figura entre esos nombres celosamente guardados por el aún Ministro Montoro y que su acogimiento a la medida impulsada por el PP, se produjo precisamente mientras su marido ocupaba la cartera de Agricultura, siendo así posesor de una información privilegiada y de primera mano, que seguramente facilitó la regularización de estos bienes, de forma rápida y secreta.
Y en secreto hubiera continuado tal información, de no haber sido por la aparición de este mismo nombre en los Papeles de Panamá, cosa que ha potenciado que se continuara investigando sobre los movimientos  financieros de la esposa del ex Ministro, para descubrir finalmente la información que hoy aparece en toda la prensa y que constituye un nuevo varapalo para una de las medidas estrella aprobada por el Partido Popular, en el transcurso de la última legislatura.
Cañete, actualmente vinculado a Europa, ya se apresuró a declarar que en su matrimonio hacía tiempo que habían firmado la separación de bienes y que por tanto, su desconocimiento sobre los supuestos negocios de su mujer era total, por lo que no podía ofrecer  ninguna explicación sobre los hechos.
No podrá sin embargo alegar lo mismo sobre el acogimiento a la amnistía fiscal, pues es de suponer que formando parte del Gobierno, las informaciones que se produjeran entonces sobre este tema, le llegarían de primera mano y más aún, si se tiene en cuenta el estrecho vínculo familiar que le une a esta persona, a la que con toda probabilidad conocerían también, todos y cada uno de los miembros de aquel Ejecutivo.
La posición en que esta información deja a Cañete, en las instituciones europeas, no puede ser más incómoda y menos deseable, pues constituye una mancha difícil de lavar  en la pretendida limpieza de que presumen los encargados de dirigir nuestros destinos y no puede por menos, que generar ciertas reacciones inmediatas que podrían terminar, de un plumazo, con la carrera política del Comisario, si por una vez las cosas se hacen bien, como sería deseable, para todos nosotros.
Pero es que además, al gobierno en funciones le corresponde ofrecer una explicación urgente sobre estos hechos, si no quiere dar pie a que toda la oposición se le eche encima por la manera de gestionar un asunto con connotaciones tan particulares y que pudiera ser la punta de un enorme iceberg oculto bajo las aguas del secretismo que rodean a estos amnistiados de traje y corbata, de reconocido renombre y abolengo.
Sin embargo, la posibilidad de que estos datos sean revelados, por voluntad propia del gobierno, es francamente mínima y habrá de ser, como siempre, la prensa, quién indague la verdadera magnitud de este inexplicable perdón para los ricos que potenciaron los populares, en cuanto tuvieron oportunidad para ello.
Curiosamente, cada nuevo escándalo de corrupción, incluye algún nombre relacionado con sus siglas y lo que se ha tratado de tachar como “casos puntuales”, por parte de los representantes del PP, es ya, a día de hoy, una maraña que sigue creciendo de manera imparable, cuyo tamaño sobrepasa cualquier previsión que hubiéramos podido aventurar hace sólo unos años, incluso siendo muy perversos.
La verdad, tozuda como pocas, terminará por imponerse y llegará un momento en que ya será imposible negar una evidencia que no por conocida, resulta ser menos impactante para los honrados ciudadanos que habitamos este país irreconocible.
Haya o no justicia, de un modo u otro, lo pagarán y no se me ocurre mejor manera de conseguirlo a corto plazo, que negándoles el voto, en las próximas elecciones de Junio, porque si no están, no podrán seguir con estas prácticas malsanas que van en perjuicio de todos y que han ayudado grandemente al deterioro de  una Nación, que merece ser gobernada, al menos, por gente decente.




lunes, 2 de mayo de 2016

Candidato de transición


A punto de empezar una nueva campaña electoral, el PSOE no parece avanzar en sus luchas internas y pierde a Carme Chacón por el camino y no precisamente por los motivos personales que ha pretendido argumentar Pedro Sánchez, sino más bien por discrepancias con las líneas que sigue el candidato socialista, que continúa balanceándose en el filo de una navaja, que  sus detractores no dejan de afilar, seguros de que fracasará en los resultados de los próximos comicios.
También se le apea Irene Lozano, por la que apostó personalmente cuando abandonó UPyD, a pesar de las duras críticas que había venido vertiendo contra el PSOE en los últimos tiempos y a la que sus compañeros de Madrid no recibieron precisamente con los brazos abiertos, sino más bien todo lo contrario.
No ha bastado la concesión que supuso firmar el acuerdo con Ciudadanos, ni apartar violentamente a Podemos de la negociación, ni achacar  a Pablo Iglesias una culpa que no le corresponde en absoluto, en el fracaso, para lograr el afecto de los suyos, que continúan arropando las ínfulas presidencialistas de una Susana Díaz, cada vez más convencida de que tiene ante sí una carrera exitosa en la política nacional y que espera como agua de Mayo que Sánchez se estrelle el 26 de Junio, para presentarse como salvadora de un Partido  que se ha movido en un declive imparable, desde que Zapatero cometiera el error de ponerse a disposición de las exigencias europeas, hace ya más de cuatro años.
Nunca, ningún secretario general socialista contó con tan pocos apoyos y nunca antes había protagonizado ninguno de ellos un fracaso tan estrepitoso como el que hemos visto en los días anteriores protagonizar a un Pedro Sánchez que no debió aceptar las exigencias de sus barones acerca de unas alianzas que le hubieran salido redondas de haberlo intentado por la izquierda, en lugar de por la derecha, llegando incluso a renunciar con dignidad a su puesto, de no haber conseguido convencer a sus correligionarios más recalcitrantes.
En su lugar, Sánchez accedió a regañadientes al acuerdo con Ciudadanos, aún estando seguro de antemano que los números resultaban ser del todo insuficientes y quedando así maniatado, no sólo por la maniobra de Rivera, sino también por la que se tramaba en sus propias filas, negándole cualquier oportunidad de conseguir su sueño.
Ahora sus actos están empezando a traer consecuencias y ya nadie oculta que las nuevas elecciones supondrán la muerte política de este candidato socialista que nunca ha conseguido verdaderamente ganarse las simpatías de sus compañeros y al que probablemente, se ha utilizado como parachoques en las horas más bajas del PSOE, mientras los auténticos pesos pesados se rearmaban en las sombras, con la intención predefinida de aupar a Díaz, primero a la Secretaría General y después a la candidatura a la Presidencia del País, que tanto desea la andaluza, desde que empezara a escalar puestos en la vida política.
No les quepa la menor duda de que tras la celebración de elecciones, este candidato de transición que ha sido Sánchez, será duramente recriminado por sus correligionarios más relevantes, sobre todo si la alianza de Podemos e IU se acaba materializando y los socialistas pasan a ocupar un tercer puesto, que supondría el mayor fracaso en los resultados electorales, de cuántos  han conocido en su historia.
Nadie parece sin embargo contar con que la perspicacia de los votantes pueda llegar a descubrir este juego sucio que se está produciendo, mientras se tratan de manipular  peligrosamente  las esperanzas de un buen número de votantes que apostaron decididamente por un cambio y a los que las batallas internas del PSOE ha frustrado cualquier oportunidad de conseguirlo, sin que nadie haya sido capaz de explicarles por qué, ni a qué ha venido este acercamiento inexplicable, con un Partido de derechas.
Los votantes, no estamos aquí para potenciar que Susana Díaz pueda lograr sus aspiraciones, sino para intentar, a través de las urnas, mejorar en lo posible nuestra actual situación y así lo haremos saber, otra vez, cuando se celebren las próximas elecciones.
Verán, de haber querido que PSOE o Ciudadanos lideraran el cambio que ansiamos, no les quepa la menor duda de que los resultados electorales hubieran sido otros bien distintos y eso, es una verdad indiscutible que debiera ser suficiente para curar la ambición de la señora Díaz y para hacerla reflexionar profundamente sobre las limitaciones que se imponen sobre sus argumentos.
Solo trescientos mil votos, separaron a Podemos del PSOE en diciembre. IU tuvo entonces un millón de votos, que de poco sirvieron, por nuestra injusta Ley electoral.
Sin embargo, los seis millones y pico de votos que supondría la alianza de ambas Fuerzas de izquierdas, superaría, con mucho, cualquier aspiración real que los socialistas pudieran albergar, aproximándose numéricamente además, a los resultados del PP y rompiendo todos los esquemas conocidos hasta ahora, en el panorama político español.
Solo un pacto PP, PSOE, podría dar carpetazo al proyecto de cambio que los ciudadanos desean. Tal vez corresponda a Susana Díaz, entonces, el más que dudoso honor de protagonizarlo, contribuyendo así a la agonía de su amado Partido.