domingo, 10 de abril de 2016

Justificar lo inaceptable


Lo que estamos viviendo estos días, el intento de apartar a un Partido al que votaron en las pasadas elecciones más de cinco millones de personas, por parte de los considerados tradicionales, y el montaje de esta especie de comedia de enredo cuyo galanes, Sánchez y Rivera y su cohorte de seguidores incondicionales, interpretan de forma magistral, ante un patio de butacas abarrotado de unos espectadores, que en este caso somos nosotros, no deja de ser una manera más de poner en tela de juicio la inteligencia de los ciudadanos y raya en lo grotesco, no solo porque se puede adivinar, casi desde el principio que ni  Socialistas, ni  Ciudadanos tenían la menor intención de alcanzar un pacto con Podemos, sino porque se intuye, detrás de su supuesta buena voluntad, el propósito malintencionado de que toda la culpa del fracaso de las negociaciones, recaiga en la Formación de Pablo Iglesias, desde el principio elegida para interpretar este papel, quizá por el miedo que supondría su posible participación en un nuevo Gobierno.
Uno empieza a pensar que todo está milimétricamente estudiado y que todos los que defienden con ahínco la supervivencia de los Partidos tradicionales, traman tácitamente que el final de las conversaciones terminen con la firma del acurdo de la llamada “Gran coalición”, fundamentalmente porque sería el único modo de aplazar sine díe el cambio reclamado por una gran parte de la sociedad, pero que no convence a ninguno de los que tendrían necesariamente que renunciar a un amplio número de los privilegios de que han venido disfrutando, en la comodidad del reparto de poder que facilitaba periódicamente un bipartidismo, que ahora se ve amenazado por la inesperada irrupción en el panorama político español, de una fuerza de progreso que cuestiona, con toda la razón, los cimientos en que se asienta un sistema cada vez más corrupto, regentado por unos políticos demasiado preocupados por la marcha de la macro economía y demasiado poco, por el bienestar de los ciudadanos.
Adjudicar a Podemos el sambenito de la culpabilidad, como si con su negativa a sumarse a lo pactado por PSOE y Ciudadanos, no estuviera dejando otra salida que aceptar la propuesta de Rajoy, que por cierto dejaría al Partido de Iglesias condenado a una oposición fallida, durante los próximos cuatro años, es, o al menos eso deben pensar los principales protagonistas de esta historia, la mejor justificación, de cara a los ciudadanos, de que todos, menos Podemos, están dispuestos a hacer lo mejor para España.
Sin embargo, los electores aún conservamos la capacidad de pensar por nosotros mismos  y quizá porque en estos últimos tiempos que nos hemos visto obligados a vivir, hemos aprendido a bucear denodadamente en los entresijos de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y a desconfiar por sistema,  de una clase política demasiado proclive a disfrazar la realidad, en beneficio de sus intereses, ya no nos dejamos llevar con facilidad por las primeras impresiones, ni  engañar por espejismos de impecable apariencia, que revelan después, cuando pasa el efecto de la alucinación, la  cruda verdad con la que habremos de enfrentarnos a solas, abandonados a nuestra propia suerte.
No hay ni habrá pues, justificación para esa alianza a tres que seguramente terminará por firmarse uno de estos días y en la que participarán supuestos enemigos irreconciliables, como PP y PSOE, bajo la batuta conciliadora de Albert Rivera y fundamentalmente no la habrá, porque los ciudadanos hemos demostrado con creces nuestra repulsa generalizada contra los múltiples intentos de manipular la verdad que han protagonizado los políticos en los últimos tiempos y que han puesto en tela de juicio cualquier atisbo de credibilidad que pudiera quedar a estos estrategas del siglo XXI, a los que resulta demasiado fácil descubrir y muy difícil perdonar,  sobre todo cuando las cosas no mejoran, para una sociedad cansada de ser la única en tener que asumir, toda suerte de sacrificios.
Hablando claro, el único culpable de que no haya sido posible un pacto de izquierdas, es este PSOE deteriorado, apeado de los cimientos de su propia ideología, que hace tiempo que se rindió  a la comodidad que ofrece el poder, abandonando por aclamación de sus líderes los fundamentos del socialismo y renunciando a toda posibilidad de reconciliación  con el pensamiento  que propició su fundación y que quedó enterrado bajo la gruesa capa de mansedumbre que ahora arrastra, como una losa, su casta privilegiada de dirigentes y la sola idea de que pudiera triunfar, y de qué forma, un movimiento encaminado a transformar auténticamente el Sistema, propiciando seriamente  la igualdad entre los habitantes de este país o restableciendo los derechos sociales que se nos han ido arrebatando, sin conmiseración, hasta dejarnos inermes, debe representar para ellos, la viva imagen del terror, pues sus ideas ya no son, ni serán jamás las que una vez fueron, ni representan, ni volverán jamás a representar, a nada que recuerde a la izquierda.
No hablemos pues de culpabilidad, sino de malas prácticas de la política, pero lo peor de todo, es que si finalmente nos gobierna  la Gran Coalición, la voluntad de la mayoría de los ciudadanos será, inaceptablemente, secuestrada y otra vez, seremos nosotros, los que paguemos las consecuencias.
La muerte política del PSOE, en minoría entre Ciudadanos y PP, estará, además, garantizada durante los próximos cuatro años, así que habría que preguntar a Susana Díaz y los suyos, si de verdad les merece la pena.



viernes, 8 de abril de 2016

El socialismo maniatado


Ya advertimos, cuando se firmó el acuerdo PSOE –Ciudadanos, que Pedro Sánchez quedaba maniatado para poder negociar con otras fuerzas y que en cierto sentido, rubricaba su propia sentencia de muerte política, cayendo en una maniobra hábilmente montada por los propios barones de su Partido, que ven en la andaluza Susana Díaz la sucesora inmediata de una etapa, que para la mayoría de ellos, ni siquiera tenía que haber existido.
Ya dijimos que los planteamientos de derechas de Ciudadanos, que desde el primer momento defendió la Gran Coalición, que incluiría al PP de Mariano Rajoy, como la única viable para la formación de un nuevo Gobierno, irían apareciendo y no ha habido que esperar, ni siquiera a que se culminaran las negociaciones que se iniciaron con Podemos ayer, para enterarnos de que se han abstenido en la votación en el Congreso, sobre la paralización de la Ley Wert, cuya derogación inmediata aparece sin embargo reflejada, en su pacto con los socialistas.
Ya dijimos que la ambición de Rivera no podía ser más evidente y que acabaría por reclamar puestos de responsabilidad en un futuro Gobierno, como efectivamente ha sucedido, horas antes de que se iniciara la reunión a tres bandas que se mantuvo en la jornada de ayer y que teniendo la sartén por el mango, difícilmente cedería, pues su objetivo de paralizar las acciones del PSOE y de impedir cualquier vía de negociación con cualquier Partido de la izquierda, se consideraba cumplido.
Efectivamente. Han bastado dos horas de conversaciones para entender que con Ciudadanos nunca será posible un cambio real y efectivo en las políticas de recortes manejadas por el último gobierno y no solo porque los planteamientos de Podemos estén, como todos sabemos, muy alejados de los que preconiza la formación de Rivera, sino también porque al validar el pacto con los socialistas, se hace visible una absurda posición de poder, por parte de los que menos escaños aportan a este acuerdo, que será sin embargo, la que habrá de potenciar un inmovilismo por parte del PSOE, incomprensible en quiénes se jactan de defender, los valores de la izquierda.
Las declaraciones tras la reunión, no pudieron ser más explícitas. O Podemos, vinieron a decir, abandona del todo la idea de conseguir un Gobierno de Progreso, o no habrá acuerdo, pues la diferencia entre los modelos económicos propuestos entre la Formación Morada y la Naranja, en nada se parecen y porque en realidad, los de Ciudadanos, siendo como son, los menos indicados para exigir, dada su posición minoritaria, en estas negociaciones, son los únicos que no están dispuestos a ceder, ni una pizca, a la vez que reclaman inconmensurables sacrificios, a sus dos oponentes.
Que lo que quiere Rivera, y lo dice cada vez que tiene ocasión, es aupar de algún modo a Rajoy hasta un nuevo Gobierno, para aliarse con él en la próxima legislatura, colocando a los socialistas en una incómoda posición ideológica, que además no les dejaría sacar adelante ni una sola de sus propuestas, todos lo sabemos, pero la realidad es que los votos de los españoles se han orientado hacia una dirección bien opuesta y que más de once millones de electores preferirían, en contra de los deseos de Susana Díaz, Rajoy o Albert Rivera, una amplia coalición de izquierdas.
El empecinamiento de los Partidos mayoritarios y ahora también, de este recién llegado Ciudadanos, contraviene expresamente las preferencias de los votantes y cualquiera, con una mínima visión política, debe ser consciente de ello.
Pablo Iglesias, no es pues, como quieren hacer aparecer, el malo de esta tragicomedia que han montado, desde el momento en que se conocieron los resultados electorales. Los malos son, aquellos que desoyendo la voluntad popular, por ambición o por Dios sabe qué intereses, se niegan sistemáticamente a intentar el cambio que todos deseamos, permaneciendo anclados, del modo que sea, al más puro e indeseable inmovilismo.





jueves, 7 de abril de 2016

Actos imperdonables


A la gente de a pie, nos duele mucho más enterarnos de que personajes  a los que considerábamos tradicionalmente cercanos al pensamiento de la izquierda se vean implicados en casos de corrupción, quizá porque habíamos creído ilusamente, que su cercanía con nuestros problemas era sincera y que su limpieza de corazón  estaba por tanto, garantizada, exactamente igual que la nuestra.
Que nombres como los de Pedro Almodóvar o Imanol Arias aparezcan ahora relacionados con los papeles de Panamá y descubrir repentinamente que aquellos que admiramos, no solo por sus triunfos profesionales, sino también por lo que creíamos que defendían, se   contaminan con gestos que les igualan a aquellos que criticaron duramente, se convierte en mucho más imperdonable, porque el fraude cometido traspasa los límites de lo meramente legal y entra de lleno en el terreno de lo  afectivo.
Los que durante años hemos agradecido el apoyo a nuestras causas que han evidenciado reiteradamente estas dos personas de las que ahora hablamos, no podemos por menos que abominar de los hechos que ahora se les imputan, fundamentalmente porque creemos que no se puede nadar y guardar la ropa, ni está bien jugar con las creencias de los demás, propiciando un engaño que no solo atañe a los bienes comunes de todos los ciudadanos, sino que además, menoscaba irreparablemente   lo cimientos del pensamiento de progreso.
Declararse abiertamente de izquierdas ha de conllevar necesariamente una línea de vida, absolutamente contraria a estos delitos de fraude fiscal, pues lo público ha de nutrirse sin remedio de la contribución solidaria que todos hacemos, a través del pago de nuestros impuestos, cuya cuantía revierte después, o debe al menos revertir, en la creación de Hospitales y Escuelas o en algo tan necesario como la Investigación, por poner importantes ejemplos.
Al recordar la participación de Almodóvar y Arias en sendos actos de protesta como las manifestaciones contra la guerra que se organizaron en la época de Áznar, o en las  se reclamaba en contra de la Reforma Laboral de Rajoy, o la imposición del veintiún por ciento de IVA, a los actos relacionados con la cultura, uno no puede por menos que sentirse absolutamente manipulado, utilizado y traicionado, al darse cuenta de que aquellas presencias debían ser, realmente, una magnífica interpretación de un papel que en nada se correspondía con la realidad personal de aquellos que aparentaban ser, como nosotros.
Reclamar limpieza a los demás, mientras uno incumple las normas establecidas en beneficio propio, se convierte en un irreprobable acto de hipocresía que puede dar una idea bastante aproximada del grado de confianza que merece quiénes lo practican y de la  credibilidad que van a merecer, a partir de ahora, sus manifestaciones al respecto.
A uno le parece, que estos delitos que nos perjudican a todos y que habitualmente eran cometidos por gente ideológicamente próxima a la derecha, ahora se han transformado sin embargo, en una especie de rutina común a todos aquellos que por su profesión o su cuna, disfrutan de una posición económica más que desahogada, pero que además, no se conforman con lo que ya poseen, necesitando cada vez más, sin importar los medios, para ser más felices.
Entretanto, los trabajadores de este país, que por cierto es el mismo al que pertenecen estos delincuentes, mantienen con sus aportaciones al Erario de todos, una estabilidad social cada vez más difícil, haciendo, en innumerables casos, enormes sacrificios por contribuir solidariamente con los demás, cada cual en la medida que el Estado le exige.
Conocer noticias del calado de las que estamos hablando estos días, hace a los ciudadanos sentirse inevitablemente idiotas y dan ganas, aunque al final no lleguemos a hacerlo, de declararse insumiso fiscal, hasta que cada uno de los innumerables corruptos que circulan libremente o no, por este país, salde, hasta el último euro, el montante total de sus deudas.





miércoles, 6 de abril de 2016

La lista de la vergüenza


La magnitud de la información obtenida por el Consorcio internacional de periodistas de investigación resulta ser de tal calado, que convierte la corrupción en algo más que un delito que se atreven a cometer ciertos políticos sin escrúpulos, mientras ocupan cargos de relevancia en sus respectivos países, transformándola en una especie de práctica generalizada entre todos aquellos que disfrutando de una posición económica privilegiada, se dejan llevar por un desenfrenado deseo de posesión, sin que les importe traspasar la línea de la Ley, ni conservar la dignidad que para todo ser humano, ha de ser necesariamente, un valor al que no se debe renunciar.
Que aparezcan mezclados en el mismo saco, Presidentes de gobierno de varios países, deportistas escandalosamente ricos, cineastas de fama internacionalmente reconocida, gente procedente de la nobleza o de familias renombradas que siempre gozaron de una posición envidiable para cualquiera de nosotros o un Premio Nobel, como Mario Vargas Llosa, cuyo nombre hemos conocido hoy, demuestra que la avaricia ha de ser seguramente, una enfermedad corrosiva, que invade inevitablemente a todos aquellos que tienen la fortuna de pertenecer a la élite mundial de la economía y que aquellos que nunca abandonan la legalidad, cumpliendo estrictamente con sus obligaciones fiscales, son la gloriosa excepción que confirma esta repugnante regla.
Que mientras estos delincuentes de chaqueta y corbata se dediquen a maquinar el modo de defraudar al fisco de sus respectivos países, los ciudadanos de a pie sigamos cumpliendo escrupulosamente con nuestras obligaciones con la Hacienda pública, en estos tiempos que corren y con los sacrificios que se nos han exigido pagar y que nos han costado en muchos casos, tener que renunciar a disfrutar de un modo de vida digno, constituye en el fondo y en la forma, un argumento que confirma que la explotación de las clases humildes no sólo se produce ya en el ámbito laboral, sino también y de manera considerable, a través de la parte que los ciudadanos pagamos para contribuir a un bien común, que sin embargo, sólo parece favorecer a estos malditos delincuentes.
Qué han hecho los Gobiernos de las naciones para exterminar estas prácticas deleznables, es ahora la pregunta que todos nos estamos haciendo, ya que parece imposible que haya tenido que ser la investigación de un Consorcio de periodistas quien haya levantado esta monumental tormenta informativa y que el descubrimiento parezca pillar por sorpresa a las autoridades de los países a los que pertenecen los implicados en el caso y muy fundamentalmente, a los Ministerios  de Hacienda, cuya función principal ha de ser, necesariamente, mirar por el cumplimiento estricto de las Leyes.
Que en este mundo globalizado, se continúe permitiendo la existencia de paraísos fiscales, sin que se haya logrado un acuerdo internacional que los erradique para siempre del planeta, mientras casi a diario se pactan medidas que esclavizan las economías de determinados países, como podría ser el caso de Grecia, no sólo llama poderosamente la atención de los que nunca hemos traspasado la ley en nuestra declaración de la renta, sino que produce, en sí mismo, una irrefrenable indignación, quizá por considerar que hoy día ser legal, parece ser un sinónimo de ser idiota.
A todos nos encantaría saber qué va a ocurrir con estos personajes, cuando la lista se complete y si se va aplicar, en todos y cada uno de los casos, toda la contundencia de la Ley contra ellos, o por el contrario, se optará de nuevo por habilitar una nueva Amnistía fiscal, tácitamente o no, que dé la oportunidad de regularizar su situación a quiénes, desde luego, no lo merecen.
Ahora nos enteramos también, que al mismo tiempo que desahuciaban a miles de familias de sus viviendas, determinados Bancos habilitaban las vías necesarias para que estos ilustres delincuentes pudieran crear sus empresas offshore, lejos de la vigilancia de las autoridades pertinentes.
Curiosa paradoja, la de intentar hacernos creer que todos somos iguales ante la Ley, cuando el dios capital está por medio.




martes, 5 de abril de 2016

KO técnico


Por primera vez, desde que Mariano Rajoy llegara al poder, hace ya más de cuatro años, alguien encuentra por fin el momento  para referirle frente a frente todas aquellas cosas que a los ciudadanos nos hubiera gustado decir, aunque nunca se nos brindó, por la inaccesibilidad del personaje, la oportunidad real de poder hacerlo.
Este afortunado, que no es otro que Jordi Évole, cuya trayectoria profesional ha terminado siendo indiscutible, en los últimos tiempos, consiguió el pasado Domingo, tras varios años de perseguir la ansiada entrevista, ponerse frente al Presidente, ahora en funciones, para tratar de arrancarle algunas respuestas sobre la multitud de problemas acontecidos durante la pasada legislatura y también sobre algunas cuestiones estrictamente personales que le han puesto a veces, en graves apuros y que nunca se han aclarado suficientemente.
El encuentro, brillante como no podía ser de otra manera, por la talla del periodista, no contó sin embargo, con ningún tipo de colaboración por parte del entrevistado, que se limitó a esgrimir el manido discurso de que por cada político corrupto, existen miles que ni lo han sido, ni lo serán jamás, como una coletilla aprendida de carrerilla en un ensayo precipitado de lo que imaginaba que podría ser el contenido principal de la cita que mantenía en aquel momento, sin que se apreciara, durante el tiempo que duró, ninguna intención de aclarar a los ciudadanos, ninguna de las cuestiones reales que verdaderamente importan y menos aún, aquellas que tuvieran que ver implícitamente, con el tratamiento que se ha dado y se da, desde el Partido popular que dirige, a los incontables casos de corrupción protagonizados por dirigentes, en muchos casos elegidos a dedo, por el propio Presidente.
 A pesar del intento reiterado del periodista, por ahondar fundamentalmente en problemas que preocupan y mucho a la opinión pública, llegando incluso preguntar por las responsabilidades políticas que correspondería aceptar, por gravísimos asuntos, como el de Valencia, el Presidente, que permaneció a la defensiva y hasta se atrevió a decir que sólo se hacía referencia a lo malo, como si la honradez de los políticos no fuera una obligación ineludible que debiera ser inherente a los cargos, no supo o no quiso responder, quizá porque el cara a cara no es su fuerte, a ninguno de los planteamientos que se le hacían y que en muchas ocasiones, le ocasionaron una más que visible irritabilidad, manifestada claramente en sus gestos.
 Como novedad, admitió varias veces que había cometido bastantes errores, sobre todo en relación con la estrecha amistad que había mantenido con personajes como Fabra o Bárcenas, aunque escudándose siempre, en que había hecho lo que había creído lo mejor para España y no se dignó a considerar la posibilidad más que evidente, de que ni tan siquiera su política económica había dado los frutos deseados, a juzgar por las tasas de paro o el incumplimiento del déficit.
La soledad de los jardines de Moncloa, en las imágenes en que los interlocutores paseaban, antes de acceder al despacho, se me antojó, un reflejo exacto de lo que está ocurriendo a Rajoy, desde que el voto de los españoles en las pasadas elecciones, le demostrara que su hegemonía no era eterna.
Abandonado por todas las demás Fuerzas políticas y traicionado por los suyos, en muchos casos más preocupados por enriquecerse de manera ilícita, que por servir a los intereses de España, a Rajoy no parecía quedarle nada más, que terminar lo mejor posible el tiempo que le quede por estar en funciones, para volver después a un anonimato del que verdaderamente, nunca logró salir, pues ha sido el menos carismático de cuántos Presidente   ha habido, desde que se implantara la Democracia.
Unos minutos antes de que los espectadores empezáramos a ver la entrevista, se destapaba el caso de los papeles de Panamá, prueba fehaciente  de que la Amnistía fiscal que decretara Montoro, ha sido, también, un estrepitoso fracaso. Qué pena que el programa fuera grabado, porque de haber sido en directo, estamos seguros de que Évole no hubiera desaprovechado la oportunidad de preguntarle por el asunto y a muchos de nosotros, nos hubiera encantado oír su respuesta.

   

lunes, 4 de abril de 2016

La rebelión del cuarto poder


Indignados por la situación actual y hastiados de la manipulación política que se hace mundialmente de los medios, un consorcio internacional de periodistas ha investigado durante más de un año la desviación de capitales, por parte de cientos de personajes de relevancia mundial, hacia paraísos fiscales, logrando finalmente la que podría considerarse como la mayor filtración obtenida  jamás de documentación, en la que aparecen detallados los datos personales de los implicados y cuya publicación, a partir de ayer, empieza a convertirse en un descomunal escándalo.
 El hasta hace poco considerado como el cuarto poder, que últimamente parecía haber sucumbido a las veleidades impuestas por los mecanismos económicos, capaces de comprarlo casi todo, resurge de este modo de sus propias cenizas, demostrando que mientras queden profesionales dispuestos a defender la decencia y la honestidad, a la hora de tratar con ecuanimidad las noticias, la podredumbre que se ha apoderado del mundo puede y debe seguir siendo aireada por la prensa, para que los ciudadanos puedan conocer la verdad de lo que está ocurriendo a su alrededor y valorar el calado de sus acciones futuras, sobre todo, a la hora de elegir libremente, a aquellos que les representen.
La lista de evasores, que constituyendo sociedades offshore , encontraron la manera de sortear sus obligaciones fiscales en sus respectivos países, no tiene desperdicio e incluye, desde conexiones personales de Vladimir Putin, el Presidente de Islandia, Argentina y Ucrania, reconocidísimos jugadores de Fútbol o en el caso de España, gente como Pilar de Borbón, Pedro Almodóvar o la esposa de Arias Cañete.
Esta punta de iceberg, cuyo fondo real iremos conociendo en próximas jornadas y cuya fuente se desconoce, por deseo expreso y obligado del consorcio de periodistas de investigación, acapara hoy las primeras páginas de todos los medios, que empiezan ya a exigir responsabilidades a los involucrados, aún antes de que las propias Agencias Tributarias de las naciones, hayan podido poner en marcha la maquinaria real que probablemente, exigirá que se impute por delito fiscal a estos evasores de nombre ilustre, que han demostrado despreciar el concepto de solidaridad que supone satisfacer las obligaciones fiscales, que impone el pago religioso de los impuestos.
La filtración, procedente de un despacho de abogados en Panamá, que hasta hoy no ha merecido por parte de la Unión europea, la denominación de Paraíso fiscal, puede a partir de ahora, condicionar las calificaciones de determinados territorios que se mueven en la cuerda floja, entre la legalidad y el delito y hasta forzar a los dirigentes de la Comunidad a reconsiderar todo lo establecido en este tema, sobre todo si continúan apareciendo informaciones que comprometan implícitamente, a alguno de sus miembros.
En el caso de nuestro país,  la inclusión de Pilar de Borbón en la lista ya publicada y la curiosidad de que la sociedad que regentaba desde 1969, se haya disuelto precisamente el mismo día, en que su hermano el Rey Juan Carlos hiciera pública su abdicación, ha levantado un revuelo difícil de contener, por la serie de preguntas que se plantean alrededor de este caso y fundamentalmente, por los lazos familiares que unen a esta implicada, no sólo con el Monarca emérito, sino también con el actual, aunque la Casa Real haya excusado dar explicaciones sobre el tema, alegando que Pilar de Borbón no pertenece a la Familia Real directa.
Mucho se había hablado también de los negocios de Cañete, aunque nunca hasta ahora se habían podido demostrar fehacientemente ilegalidades manifiestas y tratándose de que es su mujer quien figura en estos papeles de Panamá, sin que el nombre del Comisario europeo figure en ellos en ningún momento.
Es sin embargo, el caso de Pedro Almodóvar el que más llama la atención, pues el director cinematográfico se ha caracterizado siempre por abogar  abiertamente por cualquier causa que vulnerara los derechos de las personas y participado en múltiples manifestaciones de protesta, por motivos sociales y políticos, por lo que la decepción resultaría ser aún mayor, si llegara a demostrarse que al mismo tiempo estaba evadiendo impuestos, contradiciendo así de manera absolutamente inaceptable, todo aquello que los demás defendíamos de corazón, con la limpieza propia de quiénes nada tienen que esconder y solo reclaman sus más fundamentales derechos.
A los ciudadanos, naturalmente, no nos queda más remedio que agradecer el inconmensurable esfuerzo que sin duda habrá supuesto esta investigación, para estos profesionales ejemplares que dignifican el periodismo y rogar, para que no cejen en el empeño de buscar la verdad por encima de todas las cosas, aún arriesgando en muchos casos su propia integridad personal, e incluso la vida.

Ansiosos por conocer el resto de la historia y sin que a ninguno de nosotros, pobres ciudadanos de a pie, nos importen las consecuencias que acarreen para estos ilustres delincuentes, las penitencias de sus pecados, solo cabe esperar que a partir de ahora, cunda el ejemplo y que la prensa vuelva a recuperar el esplendor que tuvo en aquellos momentos en que se la consideraba capaz de desvelar la información, del calado que fuere, sin tapujos e impedimentos y no como ha venido ocurriendo desgraciadamente, cada vez con más asiduidad, que se la considere correa de transmisión de Políticos de distinto signo, o simplemente, esbirros de un poder, que anula sistemáticamente y sin pudor, la libertad de expresión que debe ser, principio fundamental de este oficio.

domingo, 3 de abril de 2016

Vidas paralelas


Cuando en 2011,  una amplia mayoría de  españoles otorgaron  a Mariano Rajoy la confianza suficiente para ser el  nuevo Presidente de Gobierno, tras la desastrosa legislatura que había protagonizado Zapatero, la mejor excusa que pudieron encontrar después de emitir sus votos, fue la de que la Economía siempre había marchado mejor bajo el amparo del principal Partido de la derecha y que las cosas habían empezado a torcerse precisamente por la indolencia de unos socialistas, que habían dejado, a decir de los principales líderes del PP, una desastrosa herencia.
El arrepentimiento de aquellos electores no tardó en empezar a extenderse, en cuanto los recién llegados empezaron a obedecer con fe ciega los mandatos casi impracticables que les dictaban desde Europa y multitud de medianas y pequeñas Empresas, que hasta entonces habían constituido el grueso de nuestra economía, se apresuraron a echar el cierre, dejando en la calle a cientos de miles de padres y madres de familia, con la aquiescencia de un gobierno que aprobó por decreto, una Reforma Laboral, que de manera tácita y torticera, apoyaba descaradamente el despido libre.
A esto,  siguieron una infinidad de medidas de recortes, en palabras textuales de nuestros gobernantes, absolutamente necesarias para sanear la situación en que nos había dejado la crisis y una letanía de exigencias que comenzaron a dificultar, y mucho, la mera supervivencia de los casi seis millones de ciudadanos que  no solo habían perdido sus empleos, sino que además, veían atónitos como los mismos  Bancos que les prometieron el Edén, en los años de bonanza, no tenían ningún problema en desahuciarlos de sus viviendas, en cuanto la dificultad para pagar las hipotecas eternas que habían firmado, empezaba a hacerse evidente.
Después, vinieron el rescate Bancario, la degeneración paulatina del pasado estado de bienestar, explícitamente advertida en la pérdida repentina de multitud de prestaciones sociales, el intento de privatización, afortunadamente fallido, de la Educación y la Sanidad públicas y universales, las bajadas de sueldos, la temporalidad exagerada en los nuevos empleos, la fuga de cerebros al extranjero, por motivos de evidente precariedad en la investigación y la activación necesaria de mecanismos de solidaridad popular, como la apertura de infinidad de comedores sociales que paliaran el hambre infantil, que  hasta entonces había sido un concepto que resultaba inimaginable en nuestra sociedad y que ahora se estaba convirtiendo en un problema habitual, por la imposibilidad real de las familias, de asumir las necesidades primarias, exclusivamente, por falta de ingresos.
El mito de los triunfos económicos de la derecha, se fue desvaneciendo entre la bruma de las evidencias personales y la legislatura de Rajoy, pronto se convirtió en la más contestada, a nivel popular, de cuántas habían existido, hasta entonces, en estos cuarenta años de Democracia.
Entretanto, los populares vivían la cómoda vida que les proporcionaba el intenso placer de una mayoría absoluta  que no podía ser rebatida por la debilidad de la oposición en el Parlamento y gobernaban de manera absolutista los destinos de los españoles, favoreciendo a las clases privilegiadas que siempre les acompañaron en sus años buenos, con amnistías fiscales que propiciaban en cierta medida, el blanqueo de los capitales anteriormente evadidos a paraísos fiscales y premiando la lealtad de ciertos empresarios afines a su ideología, con medidas de reducción de impuestos que les permitían contratar y despedir indiscriminadamente, al amparo de unas leyes, que abandonaban a los trabajadores a su suerte, robándoles la dignidad de poder denunciar y ganar, la improcedencia de los actos que contra ellos se estaban llevando a cabo, impunemente.
Y en ese tono hubieran continuado las cosas, de no haber sido por la presión ejercida por los ciudadanos desde las calles, que finalmente se materializaron con el nacimiento de nuevos Partidos que ponían en tela de juicio la propia estabilidad del Sistema  y que movidos por la indignación general y por la inconveniencia legal de tener las manos atadas para propiciar un cambio, en medio de la legislatura, empezaron a preguntarse por qué, mientras  los españoles nos veíamos obligados a vivir asfixiados y sin alternativa de futuro, los principales líderes del PP, parecían mantener, todos ellos, no sólo una insultante estabilidad económica, impropia en los tiempos presentes, sino que además, no tenían ningún problema en hacer alarde de ello, en los actos que convocaban a lo largo y ancho del país, ignorando al propio tiempo, la triste realidad de los mismos conciudadanos que les habían otorgado el poder, que permitía ahora la coexistencia de tales diferencias.
Los frutos de esas investigaciones, no tardaron en ser evidentes y la interminable lista de nombres correspondientes a ilustres militantes del PP que se han visto imputados en innumerables casos de corrupción, resulta ser, al menos escalofriante, para todos los que creyeron alguna vez en la honestidad de aquellos políticos, cuya prioridad, ahora lo sabemos, no ha sido otra que enriquecerse a manos llenas desde que ocuparon alguna parcela de poder, sin que para ello haya importado extorsionar, chantajear, prevaricar, falsear documentos, esquilmar las arcas del estado o llevar hasta los paraísos fiscales, los capitales que pagamos religiosamente los españoles honrados, a través de nuestros impuestos.
Han financiado sus campañas electorales, como si de las presidenciales estadounidenses se trataran, remodelado sus sedes, construido aeropuertos, hospitales y palacios de la justicia, faraónicos y fantasmagóricos  y también adquirido mansiones y áticos de lujo, seguros de que al amparo de su inmenso poder, sus hechos no tendrían consecuencias.
Descrito todo esto, el hecho de que ni siquiera hayan sido capaces de cumplir con sus objetivos de déficit  y su empeño en ocultar la veracidad de los datos a la opinión pública, se convierte de pronto, en una prueba fehaciente de que esta derecha no sólo ha sido, del todo incapaz de mejorar en nada esa economía que afecta directamente a nuestra sociedad, sino que además, la ha empeorado para todos nosotros, considerablemente.
La osadía del Ministro Montoro, acusando del incumplimiento del déficit, al gasto generado  por la aplicación del Sovaldi, a los enfermos de Hepatitis, resulta ser, una de las bajezas más grandes, de las muchas que hemos oído, en estos años negros del Gobierno de Mariano Rajoy.
Poniendo en uno de los platillos de  una balanza el total de esa cuenta y en otro, la totalidad de lo robado en los innumerables casos de corrupción protagonizados por miembros del Partido Popular, ¿hacia dónde creen que se inclinaría?
La situación en que han dejado el país, no es más que una consecuencia directa de su total incompetencia.