miércoles, 20 de enero de 2016

Obligación de convivir


El asunto de los cuatro grupos parlamentarios que pretendía tener Podemos en el Parlamento empieza a ocasionar daños colaterales y los cuatro diputados de Compromís, la Formación valenciana, decide continuar su andadura en solitario, mientras los otros socios de Iglesias aceptan ir en comunión, en el último momento.
Con todo por decidir, cada gesto puntual que se produce en estos días es minuciosamente observado y analizado por la prensa, que muchas veces parece asumir el papel de consejero sobre cuestiones de alianzas, ofreciendo a los implicados posibles soluciones que puedan facilitar la dura labor dialogante que les queda de aquí a que Mariano Rajoy fracase, como es previsible, en su intento de ser investido Presidente y que puede durar aún bastante tiempo, hasta que empiecen a fraguar los acuerdos.
Está por primera vez, desde hace varias legislaturas, el panorama político interesante y el diario devenir de unos y otros, nos tiene atrapados ante los medios, por si se produce en algún momento una noticia de cierta relevancia y nos pilla fuera de onda, después de lo que hemos apostado por que se pueda iniciar esto del Cambio.
 Pero de momento, la única certeza , es que el PP parece haber asumido que le será imposible formar Gobierno, aunque sin reconocer, en ningún momento, que esta soledad en que se encuentra, desde que se supo el resultado de las Elecciones, se debe en su totalidad, al tiempo que ha empleado durante sus años en el poder, en ganar enemistades en todos los frentes, que son, a día de hoy, absolutamente irreconciliables.
Llegados a este punto, todo el mundo está prácticamente convencido de que será el líder del PSOE el próximo Presidente español y aunque nadie admite haberse rendido, hasta en el Rey se advierte un cierto conformismo con el futuro que se avecina y que en nada se parecerá, a todo lo ocurrido en el pasado, para bien o para mal de todos nosotros.
Ya nos hubiera gustado que las cosas hubieran estado más claras y que los Partidos de progreso lo hubieran tenido un poquito más fácil para alcanzar acuerdos, pero habrá que admitir que este episodio de nuestra historia, en el que todos tendrán que afinar posturas para propiciar al candidato que resulte finalmente ganador, tiene su encanto.
Asistimos a un momento de particular intríngulis, en el que por fin, los líderes se ven obligados a practicar sus dotes de hacer política, cuestión que tenían olvidada, prácticamente desde el mismo inicio de la democracia y que ahora se les ha venido encima con inusitada urgencia, pillándoles desentrenados y a algunos, mal acostumbrados a una comodidad, que de repente se ha esfumado sin dejar rastro.
No vamos a negar que hay tensión, pero a la vez, puede ser maravilloso esto de vivir peligrosamente, atentos a no dar un mal paso que malogre la posibilidad de pactar y en permanente estado de alerta ante las exigencias y las cesiones de los otros.
Por fin, a los políticos se les ha impuesto la obligación de convivir, como nos ocurre a los ciudadanos corrientes y esto, que parecía imposible hace solamente unos meses, lo hemos conseguido nosotros, los que formamos parte de esta Sociedad, únicamente con la fuerza de nuestros votos.
Ahora les toca a ellos jugar sus cartas, hablar, buscar vías que les acerquen o les separen de quiénes han sido hasta hace poco sus oponentes y apostar por lo que buenamente les parezca mejor, sin olvidar que el que finalmente gane la partida, habrá de procurar el bienestar de los ciudadanos de este País, aunque de manera distinta.
La incertidumbre de no saber quién será, aunque nos provoca cierto recelo, no debe sin embargo, restar un ápice de emoción al momento.
Estamos seguros de que por fin se encontrará el camino. Lo bueno de que pase el tiempo, es que termina por curarse todo.


martes, 19 de enero de 2016

El rayo que no cesa


Mientras los Partidos se devanan los sesos para encontrar una salida airosa al galimatías que han dejado los votos de los españoles, tras la celebración de las Generales, continúan saliendo a la luz, casi a diario, nuevos casos de corrupción protagonizados por políticos, lo que viene a corroborar que una gran parte de los problemas económicos que tiene ahora mismo el país, bien podrían haberse resuelto si los capitales no se hubieran fugado por el sumidero de los paraísos fiscales.
Triste situación, la de tener forzosamente que contemplar cómo precisamente aquellos que por su profesión, debieran haber defendido los asuntos que afectan a todos los españoles,  sólo se han dedicado, en cuanto se les ha presentado la oportunidad de contratar algún tipo de servicio u obra pública, a cobrar comisiones, inflar facturas o desviar dinero hacia cuentas personales que han ido creciendo, mientras disminuía considerablemente, el nivel de vida de los ciudadanos.
Ayer, cuando la policía registraba varias sedes relacionadas con un asunto de aguas en la vertiente mediterránea, en la sospecha de que se habían venido cobrando facturas, muy por encima de su precio real, durante varios años, a uno no le quedaba más remedio que pensar que poco o nada importa, para el futuro, quiénes consigan formar Gobierno, si no se acaba radicalmente y con contundencia, con esta constante fuga de capital que jamás vuelve a las arcas públicas de las que fue sustraído y que contribuye además, a aumentar la enorme desigualdad que ya existe entre ricos y pobres en esta Nación, en la que parece que una buena parte de su clase política, procediera de una liberación masiva de ladrones, a los que se ha reinsertado en puestos de las Instituciones del Estado.
La interminable lista de políticos implicados en casos de corrupción, que en lugar de decrecer, aumenta todos los días, ante el asombro de la ciudadanía y sin que ninguna de las sentencias judiciales aplicadas hasta ahora, haya logrado frenar, pone en evidencia que las medidas que se han venido aplicando  hasta el día de hoy, no sólo han resultado ser del todo ineficaces, sino que parecen creadas para que los delitos fiscales sean, efectivamente, terriblemente sencillos de cometer y hasta que merezca la pena hacerlo, dada la benevolencia de los castigos reales que reportan.
La poca responsabilidad que se exige a todos aquellos que manejan caudales que pertenecen a todos y que luego desaparecen, por arte de magia, en forma de tramas urdidas desde los despachos de las Instituciones, como si se trataran de lugares de reunión frecuentados por aquellos gánsteres de Chicago año treinta, deja al descubierto la poca o nula intención que han tenido hasta ahora, todos los Gobiernos de los últimos años, de erradicar esta plaga de ladrones de guante blanco y corbata que se han instalado cómodamente entre nosotros y que encima, tienen la desvergüenza de presumir a boca llena, de que están sirviendo a la Patria.
Es absolutamente necesario e inaplazable, que se revise el código penal en este sentido, que aumente cuánto sea necesario, el número de inspectores fiscales, que se implante una separación de poderes que posibilite la total independencia de la justicia y que se acrecienten las condenas que se imponen a este tipo de delincuentes, que en el fondo, están restando posibilidades de bienestar, al conjunto de los ciudadanos.
Si para ello hay que aumentar la vigilancia sobre los políticos, que se aumente. Si hay que subir la presión fiscal sobre las grandes fortunas, que se haga, publicando además inmediatamente en prensa, los nombres de los defraudadores y si hay que inhabilitar para siempre a todos aquellos que se ensucien las manos en delitos de corrupción, para el ejercicio de la política, mucho están tardarlo en hacerlo y a saber cuánto nos está costando la incompetencia demostrada de los Gobiernos.
Y da igual, si los delincuentes proceden de las élites de los Partidos, o del Ayuntamiento más pequeño de cuántos conforman la geografía española.
La vileza de apropiarse de los fondos comunes, poner por encima el enriquecimiento personal, de las necesidades sociales de todos, constituye, en sí mismo, un flagrante delito de la más oscura traición y como tal, debe ser juzgado y condenado, si no queremos que más pronto que tarde, por esta causa, nos veamos obligados a declarar la bancarrota económica y a vernos, otra vez, a merced de otros prestamistas.


lunes, 18 de enero de 2016

Adaptación forzosa


Mucho estaba tardando la patronal en expresar su opinión sobre los resultados electorales y lo hace, cómo no, coincidiendo con reclamar junto al Presidente Rajoy un gobierno que garantice la estabilidad del país, a ser posible de derechas y por favor, que no derogue la Reforma laboral que les regaló el PP, casi al principio de la última legislatura y que ha permitido despedir con, total libertad, a un incontable número de trabajadores, fundamentalmente fijos y con sueldos por encima de los mil quinientos euros, para reemplazarlos, con cuentagotas, por otros de carácter temporal y con salarios por debajo de la mitad  de los que les antecedieron en los mismos puestos.
La fragmentación parlamentaria salida de las urnas, debe haber supuesto un duro golpe para esta CEOE, acostumbrada a torear a su antojo a los señores del bipartidismo y no cabe la menor duda de que en el momento actual, sus integrantes deben estar aterrorizados ante la perspectiva de que un gobierno de coalición de izquierdas pueda, mediante ley, arrebatarles alguno de sus múltiples e incomprensibles privilegios.
La reacción, no por tardía resulta ser menos esperada y constituye un espaldarazo a las tesis mantenidas desde la Unión Europea, que ha contado durante varios años con la connivencia y la sumisión de los gobiernos conservadores reinantes, lo que le ha permitido hacer y deshacer a su antojo en cuanto a políticas de recortes se refiere, en la seguridad de que los Presidentes de las naciones más endeudadas, como es el caso de España, Irlanda, Grecia o Portugal, no tendrían la osadía de desobedecer a ninguno de sus inapelables mandatos.
Ya tuvieron un susto y grande, en la vecina Grecia, aunque con la mala suerte de que Tsipras se encontró en una lucha que tenía que librar en solitario y ya hicieron todo lo posible y más, porque el díscolo Presidente heleno volviera pronto al redil, provocando el cierre de los bancos durante varias semanas y amenazando con peores medidas a un pueblo que sin embargo, se negó heroicamente a agachar la cabeza, volviendo a otorgar su confianza a la misma persona.
Ya dijimos entonces que todo hubiera sido muy distinto, de haber contado Tsipras con el apoyo de otros gobiernos progresistas, en otros países de Europa y ahora que en Portugal se ha consolidado un ejecutivo de izquierdas y en España parece que la solución pasa por un pacto que ha, necesariamente, de contar con Podemos, peligra el férreo control ejercido durante tanto tiempo sobre los ciudadanos del sur y aquella estabilidad que Merkel y los suyos daban por sentada, casi a perpetuidad, puede empezar a tambalearse seriamente, si nada lo remedia.
Es por eso, porque se corre el riesgo de perder esta especie de giro hacia el modelo laboral asiático que estaban implantando, a la fuerza, en Europa y porque si las cosas llegan a cambiar, ya no podrán  mantener el nivel de beneficios que les venía reportando la explotación descarada de los trabajadores, por lo que los señores del poder están visiblemente nerviosos por las circunstancias actuales y por lo que tratan desesperadamente de amedrentar a las sociedades con su discurso catastrofista, que tan bien les ha funcionado, desde el comienzo de la crisis.
 Nada importan los daños infringidos a las familias, europeas y españolas, a través de la pérdida de empleo y los recortes sociales, ni que hayan aumentando tan escandalosamente las diferencias entre ricos y pobres o que haya, prácticamente, desaparecido la clase media, dando paso a un modelo en el que no se es capaz de afrontar las más elementales necesidades, incluso si se está trabajando.
Lo que importa, es que los dueños del dinero conserven íntegramente su capacidad de maniobrar a su libre albedrío, sobre las Sociedades en general y muy particularmente, que no pierdan de ninguna manera, la potestad de hacer con nuestras vidas y las de nuestros hijos, lo que les de la real gana.
Pero los momentos históricos evolucionan desde siempre empujados por posturas de fuerza y la cuerda, en nuestro caso, se ha tensado tanto y de manera tan cruel e irreverente, que no nos ha quedado otro remedio que intentar, a través de nuestros votos, cambiar una situación que por causa de la avaricia y la deshumanización expresa del poder, se había convertido en absolutamente insostenible.
Acostumbrados a ganar, los dueños del capital van a luchar con uñas y dientes por no tener que dar pasos atrás en las políticas que han propiciado, para desgracia nuestra. Otra cosa es que consigan finalmente sus propósitos. Porque parece que la soledad que condenó a Grecia a tener que aceptar ciertas medidas con las que estaba en desacuerdo, ya no es tal y menos que va a ser, a medida que se vayan celebrando elecciones, en otros países del entorno.
Les guste o no a la patronal española y a los jefazos europeos, no les va a quedar otro remedio que adaptarse a los acontecimientos actuales y acostumbrarse a que los tiempos de hegemonía tiránica sobre los pueblos, van a terminar para siempre.

Los afectados por su dictatorial mandato ya no vamos a ceder. Así que serán ellos y no nosotros, los que tendrán que renunciar al menos a una parte de sus beneficios, si les interesa mantener  un pedazo de su status de poder, antes de que se barajen nuevas formas de financiación, en las que no sea imprescindible su presencia.

domingo, 17 de enero de 2016

Puntos de encuentro


Con el nuevo Parlamento constituido, aún sin saber quién será nuestro próximo Presidente y con todas las posibilidades de acuerdos y desacuerdos depositadas sobre las mesas de negociaciones, los Partidos políticos españoles, los viejos y los nuevos, empiezan a dar pasos cortos intentando posibles acercamientos, todavía en esa fase inicial en la que se establecen líneas rojas, que con toda probabilidad, luego habrá que mover, si verdaderamente se quieren hallar puntos de encuentro.
Esos primeros pasos, que a los ojos de los no entendidos pueden parecer a veces carentes de explicación y que suelen fraguarse en la intimidad de los despachos, hasta que salen a la luz provocando reacciones de toda índole, hasta en los propios afectados por los acuerdos, pueden sin embargo constituir una especie de cimentación provisional, sobre la que después se irán asentando, como piezas de un puzle, decisiones que llenaran espacios hasta entonces vacíos, que podrán completar las sociedades que no quedará más remedio que construir, para sacar adelante esta legislatura.
Un poco de todo eso, ha ocurrido con la cesión de sillones por parte del PSOE, en el Senado, a los partidarios de la Independencia en Cataluña y que inmediatamente ha producido un profundo rechazo en los barones socialistas afines a Susana Díaz, que parecen no comprender que parte del problema que se ha venido generando durante los años de Gobierno de Rajoy, se ha debido, en gran parte, a la falta de diálogo y comprensión con los representantes de aquella parte del País, a los que ni siquiera se les ha brindado la oportunidad de expresar cuáles eran sus reivindicaciones.
Fuera de circulación Artur Mas y con Rajoy ejerciendo una presidencia en funciones que seguramente no repetirá por falta de apoyos Parlamentarios, Pedro Sánchez ha debido pensar con acierto, que ponerse en contacto con el nuevo Presidente Puigdemont, ofreciéndole a la vez un gesto de buena voluntad, dando a los separatistas la ocasión de tener grupo parlamentario, podría reportar una relajación en el calendario fijado por el Parlamento catalán para la gestión de la Independencia, potenciando un futuro entendimiento entre las partes., ahora que los dos sujetos beligerantes que habían encabezado la lucha, ya no van a estar presentes.
 Y así lo ha debido entender también el recién estrenado Presidente de la Generalitat, cuando se ha apresurado a declarar que económicamente no se dan las circunstancias óptimas para declarar la Independencia, lo que podría suponer que tiende la mano a futuras negociaciones con el que posiblemente será el nuevo Presidente español y hasta puede que aceptando tácitamente como buena la idea de la constitución de un Estado Federal, que desde hace años llevan en su programa, los socialistas.
Pero como  nunca llueve a gusto de todos, la iniciativa del PSOE no ha sentado en absoluto bien a Podemos,  a pesar de que una de sus reivindicaciones fundamentales para apoyar a Sánchez en la investidura pasa por la aceptación de que se celebre un Referendum en Cataluña, como habían prometido durante la campaña electoral, a la Formación de Ada Colau y también a sus electores.
Estas aristas, que con toda probabilidad se irán limando en días venideros, parecen, en principio, grietas profundas que se abren entre los negociadores, difíciles de rellenar, si no existe buena voluntad y paciencia para afrontar un diálogo abierto a todas las posibilidades, que finalmente puedan concluir en futuros acuerdos.
Ceder ante ideas procedentes de otros grupos, comprender la posición en la que se encuentra cada oponente y establecer prioridades ante el nuevo periodo que se abre, en esta legislatura nueva, ha de ser, si se quieren conseguir objetivos, la manera menos lesiva de hacer política.
Los ciudadanos ya sabemos que esta etapa de ahora no se parece en nada a las que vivimos anteriormente y que los frentes abiertos en estos primeros días después de las elecciones, adolecen de una dificultad, fundamentalmente desconocida, sobre todo para los Partidos tradicionales, acostumbrados a gobernar con el apoyo de grandes mayorías.
Pero la obligación de los políticos es la de estar preparados para ser capaces de lidiar con los buenos y malos momentos y sobre todo, la de tener la habilidad de convencer en profundidad, precisamente a los que no piensan como ellos.
Nos encontramos en un momento en que esa capacidad de seducción se hace del todo indispensable y en el que ya no cabe aplazar, sine díe, el deber de escuchar a los demás, para intentar encontrar coincidencias, dónde hasta ayer, solo existieron abismos.

Lo ha querido la voluntad de los españoles. Que se sienten a hablar, que se escuchen, sin aspavientos ni mala educación, los unos a los otros, que se tire y se afloje según convenga a la mayoría del país y a ser posible, que den pronto, por favor, con algunos puntos de encuentro.

jueves, 14 de enero de 2016

Pánico a las urnas


Se apresura Ciudadanos a comenzar su labor en el Congreso, con una intervención de Albert Rivera a favor de un pacto entre fuerzas que garanticen la estabilidad y proponiendo una defensa a ultranza de la unidad del Estado español, ahora que corren vientos huracanados en la Generalitat de Cataluña.
No puede permitirse perder tiempo el Partido de Rivera, en el convencimiento de que en el caso de que hubiera que repetir elecciones, muchos de los votos que tomó prestados del PP, volverían a su legítimo dueño, lo que les colocaría en una situación de auténtica desventaja, con respecto a los resultados obtenidos y que les han otorgado cuarenta diputados en el Congreso.
Habiendo manifestado por activa y pasiva, que nunca pactarían con Podemos y temiendo un pacto de Izquierdas que les reste protagonismo en la Legislatura que empieza, Ciudadanos no tiene otra opción que promocionar un tripartito con PSOE y PP, esperando que Pedro Sánchez renuncie a su sueño de una alianza a la portuguesa, para sumarse a este Gobierno de estabilidad democrática, presidido por Mariano Rajoy, que propone Rivera.
Pero si Pedro Sánchez consiente en esta aspiración, llegando finalmente a un acuerdo con los Partidos conservadores y dando la espalda a las demás Formaciones de izquierdas, que esperan de su investidura el comienzo de un cambio que han venido reclamando en todos sus discursos, desde hace varios años, los propios militantes socialistas y muchos electores que le han otorgado su confianza creyendo que su moderación podría ser la que nivelara la balanza en un posible pacto progresista, quedarían profundamente decepcionados y de su indignación podría derivarse, en un futuro, una caída vertiginosa que colocara al PSOE cercano a su desaparición, después de más de cien años de existencia.
Una cosa son las aspiraciones de Rivera, que de seguro no se corresponden en nada con lo que le auguraban las encuestas y otra, bien distinta, lo que conviene a un líder socialista que incluso se ha visto obligado a enfrentarse ferozmente con barones del peso de Susana Díaz y que por tanto, no puede ni debe permitirse abandonar  la idea inicial de gobernar, cediendo cobardemente a las presiones ejercidas por el Gobierno en funciones de Rajoy, ni a las ínfulas presidenciales del líder de ciudadanos.
Y aunque no se sabe si al final podrá conseguirse un acuerdo con el Partido de Iglesias y otras Fuerzas, el mero gesto de tender la mano a Rajoy, a quién todos recordamos que se atrevió a llamar, ante las cámaras de televisión, indecente, colocaría a Sánchez en una encrucijada de la que le resultaría bien difícil escapar, jugándose además, su propia dignidad personal, como líder del Partido que representa.
Ojo. Rivera no va a cejar en su empeño, pues su temor a tener que volver a ser evaluado en las urnas se ha convertido y se le nota, en una obsesión que le persigue y que de hacerse realidad, le colocaría seguramente, en un lugar muy por debajo del que ahora mismo ocupa, en este variopinto Parlamento.
Sus verdaderas intenciones, quedan en evidencia, en el momento en que se constituye en auténtico protagonista del inicio de la Legislatura, celebrando ruedas de prensa y auto proclamándose mediador en las políticas de pactos que se avecinan, siendo como es en realidad, el líder de la cuarta Fuerza política, en número de votos, según el resultado de las Elecciones.
No les quepa la menor duda de que Rivera quería y quiere ser el Presidente de este País, pero las cosas se le han torcido de tal suerte, que su única e inaplazable opción es intentar que no se lleguen a celebrar nuevos Comicios, al menos, hasta que consiga armarse e idear nuevas estrategias que le permitan alcanzar su auténtico objetivo.
De los demás depende consentir o no con lo que propone, ser o no, cómplices de sus aspiraciones presidenciales y apoyo de sus reivindicaciones, que sólo a él conciernen, aunque, por encima de todo, lo que debería primar es el respeto a la voluntad de los ciudadanos, que por cierto, han desoído en su mayoría, las propuestas que presentó en la pasada Campaña electoral, colocándole en el sitio en el que ahora se encuentra.


miércoles, 13 de enero de 2016

El nuevo Parlamento


Se alcanza el primer acuerdo de la Legislatura, entre PP, PSOE y Ciudadanos, para nombrar al ex Lendakari  Patxi López , como Presidente de la mesa del Congreso, sin contar en esta ocasión con Podemos, como parecería ser de rigor, no sabemos bien si porque los de Pablo Iglesias no están de acuerdo con el candidato presentado o porque los demás se han negado a concederle los cuatro grupos parlamentarios que quería, para corresponder a las Formaciones que le han acompañado en su llegada hasta el Congreso.
Investido López, que siempre me pareció un personaje al que su Partido ha infravalorado, a pesar de su espléndida labor al frente del Gobierno del País vasco, ha sido éste, un día histórico y plagado de anécdotas, dada la variopinta composición que ha traído el resultado de las últimas Elecciones Generales y a la entrada en el Hemiciclo, por primera vez, de congresistas pertenecientes a los dos nuevos Partidos políticos que al menos en sus propuestas electorales, han apostado a fondo por el Cambio.
Por supuesto, y al margen de lo que hoy se trataba, los medios de comunicación han seguido al detalle el acceso de los nuevos miembros parlamentarios que aportan un aire de frescura a un acto que tradicionalmente y hasta ahora, se había caracterizado por su seriedad, no solo institucional, sino también indumentaria y que ahora se parece un poco más a lo que podría ser un aula de Facultad, cuyos asientos ocupan tanto post modernos de pelo largo y vaqueros, como encorsetados tipos de aspecto  impoluto, ataviados con trajes y corbatas de primaras marcas y de talante circunspecto.
Nunca antes habíamos visto a un bebé acompañando a su madre a ocupar su escaño en el Hemiciclo y cuya presencia, en brazos de Carolina Bescansa de Podemos, no sabemos si se debe a la falta de guarderías financiadas por el Estado o a un deseo expreso de la diputada, de  que su hijo forme parte, en presencia y esencia, de un acto que para ella ha de ser, sin duda alguna, trascendental y cuya imagen quedará, para siempre, en el recuerdo.
De todos modos, esta Legislatura, que para algunos agoreros se presenta, en principio, como una de las más breves que habremos conocido hasta ahora y que no estará exenta de dificultad, para otros supone la consagración a la vida política de quiénes hace apenas dos años, fueron capaces de hacer despertar a los ciudadanos del letargo en que los había sumido el largo periodo del estado del bienestar y que canalizaron la indignación surgida por los acontecimientos que provocó la llegada de la crisis, hasta llegar hasta dónde ahora se encuentran.
A todos aquellos que apostaron por la continuidad, está claro que no les han salido las cuentas y a partir de ahora, quiéranlo o no, tendrán que convivir, dialogar y negociar obligatoriamente con los que tras los primeros movimientos del 15M calificaron como perroflautas y que se han convertido, por mucho que les pese, en compañeros de bancada a los que ya no podrán ignorar, porque vienen para quedarse durante mucho tiempo.
Choca que mientras los aires de cambio invaden los espacios del Parlamento, el Partido Popular no sea capaz siquiera de proponer a otros candidatos para ocupar puestos de relevancia y vuelva a sentar a Celia Villalobos en la mesa del Congreso y a elegir, otra vez, a Pio García Escudero, como Presidente del Senado.
Estos gestos, que huelen a rancio y que no van en consonancia con la llegada de un tiempo diferente, dan una clara idea de lo atrás que se van quedando Mariano Rajoy y los suyos, mientras este País apuesta por avanzar por otros caminos y sobre todo, con líderes distintos.
Anclarse al pasado, intentar una impracticable sostenibilidad en el poder y no saber echarse a un lado, ofreciendo a otros la oportunidad de dirigir el momento histórico que vivimos, no es más que un intento a la desesperada por preservar una situación de privilegio que los ciudadanos aborrecen por lo que ha venido representando, en los últimos tiempos.

No puede ni debe olvidarse, que ha sido la voluntad popular, en las urnas, la que ha sentado en cada uno de los escaños a todos los que hoy los ocupan y que esa misma voluntad será siempre la encargada de decidir, en próximos comicios, si continúan o no disfrutando de la confianza que ahora se les otorga, pero que puede flaquear si no responden escrupulosamente, a las obligaciones para con todos, que desde hoy se les encomiendan.

martes, 12 de enero de 2016

Los que somos Hacienda


Ahora resulta, según palabras de los Fiscales del juicio de los Urdangarín, que ese slogan que durante años nos hemos repetido internamente los españoles, cada vez que nos correspondía pagar una considerable cantidad de dinero al fisco y considerábamos que debíamos hacerlo por el bien común, no era más que un anuncio y que en realidad, cuando de cuestiones tributarias se trata, existen auténticas e insalvables diferencias entre los que tienen la suerte de ser considerados de alcurnia y los sufridos currantes, como tú y como yo, que encima tenemos la dudosa suerte de tener una nómina, por lo que jamás podríamos defraudar un solo euro, por mucho que nos propusiéramos cometer un delito.
Qué desilusión, para los que nos confortábamos con la idea de que nuestro esfuerzo al tener que deshacernos de cierta parte importante de nuestros escasos estipendios, se compensaba con la aplicación de un mismo rasero para todos los ciudadanos y que acudíamos año tras año, a cumplir con nuestras obligaciones tributarias, seguros de que la frase repetida hasta la saciedad en todos los medios de comunicación, era de aplicación incontestable, para todos los españoles.
Han tenido que venir los fiscales del Estado, en este juicio que ahora se celebra, para aclararnos que a pesar de todas las pruebas e indicios que se han filtrado durante varios años en relación con la implicación de la Infanta Cristina en los negocios de su marido, no se da en su caso, ningún tipo de fraude al Erario que corresponde a todos y que el dinero que gastó a manos llenas y que procedía, presuntamente, de unos fondos comunes, no tiene la menor importancia, por lo que dichos fiscales no encuentran motivo para que siga sentada en el banquillo, junto a su marido y aconsejan su desimputación inmediata, para asombro de todos nosotros.
Haciendo una comparación, me viene a la mente que hace unos años, mi cónyuge y yo fuimos llamados por la inspección de Hacienda, que aducía un aumento en nuestro patrimonio, que no había sido declarado. Tras acudir a la cita y reclamar una explicación, pues no recordábamos haber recibido herencias u otros emolumentos que justificaran la reclamación que se nos hacía, el funcionario que teníamos en frente, nos aclaró que la llamada se debía a que la venta de unas acciones que nos había regalado una famosa empresa de seguros, nos había generado un beneficio de 0,80 céntimos.
Efectivamente. Nosotros también tuvimos la misma reacción que todos ustedes están teniendo en estos momentos y a pesar de todo, no nos quedó otro remedio que reconocer nuestro error y corregir en aquel mismo momento la declaración presentada, para nuestra propia tranquilidad y sobre todo, para la de esa Hacienda, que creíamos,  éramos todos.
No había en nuestro caso, ni facturas en negro, ni recibos de clases de salsa, ni de cualquier otro baile de salón o latino, ni excursiones a varios países para ver finales de fútbol, tenis o deportes varios, ni Safaris a Kenia, ni suculentas comidas, ni letras de ningún palacete, ni pagos encubiertos a empleados domésticos, ni prueba alguna que hiciera sospechar que teníamos intención de cometer fraude…pero nos llamaron.
Claro que lo más cerca que hemos estado nunca de la Familia real, fue una vez que coincidimos en la estación de Atocha con la Reina Sofía, cuando nosotros bajábamos de un tren y ella subía a otro.
Tampoco hemos pertenecido jamás a la casta política, ni ocupado cargo alguno en el que pasara por nuestras manos dinero de las arcas del Estado, por lo que se habrá de suponer, que jamás hemos tenido la oportunidad de caer en más tentación que la de hacer lo posible por encontrar partidas de las que poder deducir algo, en la declaración que escrupulosamente, todos los años hacemos.
Y dicho esto, piensen por un momento, si no ha de resultarnos a todos, al menos sorprendente, que existiendo como existen, facturas que demuestran cómo y de qué manera se han dilapidado caudales procedentes de supuestos delitos fiscales, los encargados de llevar la acusación por parte del Estado, defiendan a ultranza la inocencia de la hermana del Rey, perteneciendo ésta, teóricamente, al mismo sistema recaudatorio que nos reclamó esos 0,80 céntimos, que ya me contarán en qué podríamos haber empleado, de haber conseguido defraudarlos, cuando ocurrieron los hechos.
Profundamente decepcionados al comprobar que mientras a unos se les perdonan cantidades ingentes, a otros se nos reclama hasta el último céntimo de los caudales percibidos, no queda otro remedio que reconocer que los fiscales tienen toda la razón cuando afirman, que efectivamente, Hacienda no somos todos.