domingo, 13 de diciembre de 2015

Excusas electorales


El ajetreado final de legislatura que está teniendo Mariano Rajoy, parece haber alcanzado su punto álgido con el atentado de Kabul, en el que han muerto dos policías españoles y que complica aún más, si ello es posible, la decisión del PP sobre la ayuda que deben prestar a Francia, tras los terribles sucesos de Paris.
La explicación ofrecida por el Presidente sobre el ataque, que señala que el objetivo era una casa de huéspedes situada justo al lado de la Embajada española no ha resultado en absoluto convincente, sino que ha sonado más bien, a una excusa urdida para no empañar la campaña electoral en la que se halla inmerso en estos momentos, teniendo que ofrecer una respuesta contundente a lo sucedido en Afganistán.
Pero los españoles hace tiempo que dejamos de confiar en lo que nos dice el Presidente y mucho más si hay intereses electorales por medio, por lo que nos resulta casi imposible creer la versión oficial que se ha dado sobre el asalto y que deja demasiadas incógnitas abiertas que, teóricamente, debieran ser respondidas, antes de los comicios, por el propio Rajoy, como ya han reclamado determinados Partidos de la oposición.
 Afortunadamente, la libertad de prensa de que aún disfrutamos en el País, nos ha servido para conocer que el Gobierno español ya había sido advertido en varias ocasiones de la vulnerabilidad de la Embajada en Kabul, por lo que quizá habría sido necesario, tras la oleada de atentados recientes, reforzar la seguridad de algún modo que hubiera evitado los sucesos que ahora lamentamos todos y muy especialmente, las familias de los fallecidos.
Admitir por tanto que el ataque iba dirigido sobre dicha Embajada, supondría para Rajoy y los suyos tener que aceptar su inoperancia ante los avisos recibidos, a pocos días de las elecciones y tener que explicar a toda una ciudadanía ávida de noticias de última hora y sobre todo a un buen número de votantes indecisos, por qué razón no se habían tenido en cuenta las advertencias y fundamentalmente, si finalmente se apoyarán los bombardeos sobre Siria, que proponen Hollande y sus aliados.
Acostumbrados a que se nos hurte la verdad con demasiada frecuencia, los españoles hemos recibido con escepticismo la noticia de que el atentado iba dirigido a la casa de huéspedes, omitiendo nuestra opinión real, seguramente, porque ninguno de nosotros desea verse envuelto en el conflicto bélico que se libra en las ciudades sirias y a pesar de que a las explicaciones que ha ofrecido el Gobierno les falta elucidar el motivo por el que dicho emplazamiento podía constituir un objetivo fundamental para los terroristas, si se trataba de un simple lugar de alojamiento.
Lo extraño de esta situación, es que aún no se haya cursado ninguna petición por parte de los participantes en la firma del pacto antiterrorista para exigir una comparecencia del Presidente y que sólo Podemos, parezca haber dudado en profundidad de la veracidad de lo que se nos relata, como si lo ocurrido en Kabul y la pérdida de vidas sufrida, no hubiera tenido nada que ver con nosotros  y lo único que nos importara en estos momentos, fuera que la puñetera Campaña electoral se celebrara, sin ningún tipo de injerencias.
Como siempre, la búsqueda de la verdad, el derecho de los ciudadanos a ser informados de los hechos reales ocurridos, pasan a ser algo nimio, cuando hay intereses de poder por medio.
Nos ha ocurrido tantas veces, que ya, desgraciadamente, ni siquiera nos extraña, aunque sea tan grave, que debiera, en este caso, servir para reflexionar sobre el voto que emitiremos y a qué clase de individuos apoyaremos, para los próximos cuatro años.



En campaña


Como si el debate del lunes no hubiera terminado, los analistas políticos centran ahora todas sus intervenciones en presuponer cuáles serán los pactos reales a que se llegarán, una vez finalizadas las elecciones y qué alternativas de gobierno serán posibles, calculando las probabilidades que tendrían unas y otras alianzas entre Partidos, incluso de diferentes ideologías.
Hace años que la política no estaba presente en todas las conversaciones de los españoles y eso, debemos en justicia agradecérselo a la llegada de Podemos, que entró como un torrente de aire fresco en un País, dónde todo se había viciado de tal manera, que los ciudadanos éramos ya incapaces de identificarnos con el decadente bipartidismo que se alternaba en el poder, desde la misma llegada de la Democracia.
Hay en la calle, expectación  e interés por lo que unos y otros exponen en sus  particulares campañas electorales y no solo porque, como es evidente, la política afecta a todos los órdenes de nuestras vidas, sino también, porque hacía años que no se libraba una batalla entre aspirantes de tanta envergadura como ésta, en la que por cierto, nos jugamos nuestra estabilidad colectiva y personal, durante los próximos cuatro años.
Cuenta también, que el incumplimiento de promesas electorales que ha protagonizado el PP durante la legislatura, ha conseguido que seamos mucho más meticulosos a la hora de asimilar los discursos, haciendo que pongamos toda nuestra atención en las probabilidades reales que tienen los programas de ser cumplidos o no, en un futuro, ya que estamos hartos de que una vez que alcanzan el poder, los políticos se olviden de sus compromisos.
No queda más remedio que otorgar un voto de confianza a los partidos emergentes, puesto que no hay razón que justifique dudar de su palabra todavía y también, porque la política española necesitaba con urgencia de savia nueva, que transformara la caduca manera de actuar de la vieja guardia de socialistas y populares, que habían sido incapaces de evolucionar, en los últimos cuarenta años.
Se nota, un viento de renovación que seguramente incomoda a los candidatos tradicionales pero que hay que reconocer que nos tiene enganchados al devenir de los acontecimientos, pegados a las pantallas de las televisiones y a las noticias de los medios, incluyendo a una juventud, hasta hace bien poco, se mostraba apática con cualquier tema que tuviera que ver con la cosa pública.
Subidos al tren de la inmediatez, los españoles se han vuelto a meter de lleno en la vorágine de los acontecimientos electorales y hasta expresan su deseo de votar, cuando muchos de ellos habían dejado de hacerlo sistemáticamente, al no encontrarse representados en ninguno de los Partidos que conformaban hasta ahora, nuestro Parlamento.
Hasta se apuesta en la calle por determinadas alianzas, deseando, cada cual en su línea que tal o cual negociación no llegue a buen término, quizá porque  todos estamos deseosos de abandonar la niebla gris que nos ha acompañado durante estos últimos cuatro años y que con toda seguridad, de un modo u otro, desparecerá por fin de nuestras vidas, el próximo veinte de Diciembre.
Pase lo que pase, ya nunca nada volverá a ser lo mismo, porque en cierta medida, en este país nuestro y durante el peor de los tiempos que nos ha tocado vivir, se ha hecho una revolución tácita que está dando ahora los apetecidos frutos que todos añoramos, cuando salimos a las calles aquel 15M.
Los que pretendan seguir anclados a los modelos del pasado, errarán. Quiéranlo o no, todo ha cambiado demasiado en esta España nuestra.
El futuro que tenemos por delante estará dirigido, por el que mejor sepa evolucionar con los tiempos, cumpliendo a rajatabla lo que prometa precisamente en estos días y entendiendo que su primera obligación será estar al servicio de los ciudadanos, atendiendo en cada momento, las necesidades de las mayorías.
Sin poder dejar de atender a las noticias que se van produciendo, también para los que escribimos esta historia, por fin, vuelve a ser apasionante. 
De verdad, que lo habíamos echado mucho de menos.


Disculpen las molestias



Un fallo difícil de localizar, me ha impedido durante varios días el acceso al escritorio del blog, por lo que no he podido, de ninguna manera, publicar los artículos correspondientes a la pasada semana. Al fin, encontrado y aparentemente reparado el error, parece que podré retomar mi actividad diaria, a partir de hoy mismo. Les ruego disculpen las molestias.

martes, 8 de diciembre de 2015

Directo al corazón


A pesar de basarse en un formato que no daba lugar al lucimiento, el esperadísimo debate de La Sexta tuvo en Pablo Iglesias un clarísimo ganador que arrasó en las encuestas convocadas por varios medios de comunicación de distinto signo y que, seguramente, consiguió atraer hacia su persona y su Partido, un buen número de votos de indecisos que bien podrían transformar considerablemente los augurios que le colocaban como cuarta fuerza política, por detrás de PP, PSOE y Ciudadanos, para las elecciones del 20 de Diciembre.
Precisamente el formato, diseñado más que para un Debate, para una entrevista a cuatro bandas, aguó considerablemente las perspectivas con las que los espectadores nos sentamos ante el televisor, al ofrecer unos temas marcados por los presentadores sin dar demasiada oportunidad a la improvisación de los participantes, ni permitirles tocar en profundidad real, ninguno de los aspectos tratados, además de obviar otros, como el de la Justicia e incluso el de la Sanidad, de vital importancia para la vida cotidiana de todos los españoles.
La sombra de Rajoy como sujeto elíptico, representado por una Soraya Sainz de Santamaría abocada a tener que defender la gestión del PP durante sus cuatro años de gobierno, sobrevoló en todo momento el plató forzando a los candidatos a dirigirse a él, como si estuviera presente y provocó, casi desde el principio del acto, un aluvión de críticas y mofas continuadas que no cesaron en toda la noche, quizá como merecido castigo a su falta de valor para enfrentarse a sus enemigos políticos.
Un Pedro Sánchez profesionalmente muy preparado para la ocasión, que no desaprovechó ninguna de las oportunidades que se le brindaron para criticar severamente la gestión de los populares, a la vez que se autoproclamaba como la única alternativa de poder, se mostraba sin embargo, absolutamente hierático frente a las cámaras, carente de gestos de complicidad que atrajeran la simpatía de los ciudadanos y daba por sentada una consolidación personal como líder del PSOE y como renovador del Partido, que en ningún momento resultó creíble, ya que en nada se diferenciaba su actuación de la que hubieran tenido, de estar allí, cualquiera de sus antecesores.
Procurando obviar cualquier hecho de un pasado que sin embargo, forma parte de la historia de este país  y de la memoria de los españoles, trató de competir, en un plano de total desigualdad, pues todos recordamos a los gobiernos socialistas, con los líderes emergentes que le acompañaban y a los que no se puede aún juzgar por labores de Gobierno.
Albert Rivera, excesivamente nervioso y equívocamente convencido por los resultados que le auguran las encuestas, adoleció sin embargo, de la necesaria seguridad para defender argumentos que fueron, uno a uno, aplastados por la lógica de sus oponentes y solo consiguió un momento de notoriedad, cuando esgrimió la portada de  El Mundo, en la que se acusaba a Rajoy de cobrar sobresueldos en negro.
Ni siquiera la natural verborrea del aspirante, sirvió para proporcionarle la altura que de él se esperaba en tan importantísimo evento e incluso hubo minutos en que la tensión le superó con creces, como cuando Pablo Iglesias le invitó a definir claramente si estaría o no dispuesto a enviar tropas españolas a Siria y no supo o no quiso contestar, temiendo quizá perder, si decía que si, un buen puñado de votos.
Qué decir de Soraya Sáinz de Santamaría, la peor de todos, con diferencia, abrumada por los ataques en bloque de todos y cada uno de sus oponentes, desacostumbrada a debatir con gente que la contradiga y viviendo una realidad paralela a la que perciben los ciudadanos del país que gobierna. Sola ante un peligro que su Presidente le había regalado, como si más que una cómplice fuera una enemiga y sabiendo que cuántas acusaciones se hacían a la gestión del PP durante sus años de gobierno, iban dirigidas también personalmente a su comportamiento, aunque el principal responsable estuviera, como es su natural, lejos del terreno de juego.
Quizá esa espantosa soledad fue la que le hizo perder los nervios en varias ocasiones, incapaz de defender lo que todos los españoles consideramos indefendible y flanqueada por tres animales políticos de primer orden, cuya primera misión era anoche, apearla del tren de la campaña, sin compasión alguna.
Pablo Iglesias, sereno, cercano, hablando el idioma cotidiano de la mayoría de la gente y expresando con meridiana claridad los auténticos problemas con que se enfrenta a diario el sufrido pueblo español,  dio una lección magistral de saber estar, vertiendo las acusaciones hacia sus oponentes, con una educación exquisita.
Contundente y directo, con la mirada limpia, pero atreviéndose a casi todo, sin un solo atisbo de indecisión o miedo, sus años de brega con los medios, le posicionaron casi desde el principio, como vencedor del enfrentamiento.
Sencillamente, no tuvo competidor, a pesar de ser el más atacado por todos, en el transcurso de la noche, muchas veces con palabras y gestos de mal gusto, otras con comparaciones que no venían al caso, como cuando Sánchez le habló de Txipras.
Mantener la serenidad y no dar nunca la impresión de ser más que una persona normal, frente al divismo de los otros, le ayudó considerablemente a ser comprendido y respetado por quiénes le veíamos a través de la pantalla, como si fuera uno de los nuestros.
Su alegato final, brillante y estremecedor, fue el colofón que coronó la noche que termina de consagrarle como uno de los mejores líderes que han pasado por la política española.
Sus palabras, fueron directas al corazón de los españoles. Y no les digo yo que más de uno no las recuerde y las haga suyas, a la hora de depositar su voto en las urnas, el día veinte.




jueves, 3 de diciembre de 2015

Ausencia de carisma


Insufrible la entrevista que hizo Bertín Osborne a Mariano Rajoy, intentando acercar a los españoles a un hombre absolutamente anodino, cuya vida personal resultó ser para los espectadores ciertamente irrelevante e incapaz de levantar pasiones en cuestiones políticas, debido quizá, a su tediosa manera de plantear los problemas con los que se ha encontrado y que a los demás nos han parecido, de una gravedad imponente.
Sin un solo signo de fatiga en el rostro, a pesar de la tormentosa etapa que le ha tocado vivir en sus años de gobierno, Rajoy se presentó ante los ciudadanos, emulando tal vez a Iglesias, en mangas de camisa, casi siempre en posturas relajadas y procurando en todo momento mostrar una cercanía que ha evitado reiteradamente durante toda la legislatura y que ahora le urge conseguir, si no quiere perder un montón de votos el 20 de Diciembre.
Los que aguantamos hasta el final, incluso teniendo que soportar el aire triunfalista del candidato, empeñado hasta el narcisismo en haber bordado la gestión, tuvimos la sensación de que teníamos delante a un ser a quién le venía grande el cargo que ha ocupado en los últimos tiempos y que por su forma de estar, podría sin duda, pasar inadvertido en cualquier reunión a la que acudiera, durante toda la velada, sin que nadie se percatase de su presencia.
Que la historia que parece haber vivido durante su legislatura no coincida en nada con la que nos ha tocado padecer al resto de los españoles, no solo demuestra la lejanía en que se ha desenvuelto Rajoy, mientras los demás nos veíamos obligados a recortar profusamente nuestro nivel de vida, sino también, que dichos recortes, en nada le han afectado a él, a nivel personal,  a juzgar por las afirmaciones que hizo sobre su rutina familiar en Moncloa, libre de todo agobio económico, por supuesto.
La vergonzosa vanidad de presumir continuamente de grandes viajes y de sus relaciones con los líderes internacionales, obviando nombrar a ninguno de los implicados en los grandes casos de corrupción pertenecientes a su Partido, supuso, en sí, un agravio para todos aquellos que encontrándose en situación de riesgo a nivel familiar, se preguntan a diario si todo les hubiera sido más fácil, de poder contar con el montante que han defraudado a la hacienda pública, todos estos delincuentes.
El presentador, que en ningún momento ocultó su simpatía por la opción política que Rajoy representa, ni supo, ni quiso incidir en los temas que más preocupan a la población, como si el único objetivo del programa fuera limpiar la mala imagen que se ha ganado a pulso este Presidente desde que llegara al poder y que ahora, le pasa la lógica factura en votos, que merece.
Reír chistes sin gracia, apoyar incondicionalmente los comentarios de su entrevistado e incluso aceptar tácitamente la posibilidad de presentarse a la alcaldía de Jerez, con el PP por supuesto, en lugar de contribuir a conocer al candidato Rajoy de cara a las Elecciones Generales, potenció, más bien, la idea de que el entrevistador se encontraba sumisamente al servicio del entrevistado, esperando, tal vez, ser recompensado algún día, por el empujón que le estaba ofreciendo.
Sin talla, sin carisma y sin argumentos, Rajoy fue anoche ante las cámaras, un hombre aburrido, incapaz de proporcionar a los españoles, siquiera, un rato de distracción, en horario de máxima audiencia.

Ahora entendemos un poco mejor, lo mal que le ha ido en la Presidencia.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Historias de la televisión


Nadie puede dudar a estas alturas que aparecer en televisión, para un político, supone una innegable fuente de poder y que no se puede dar la espalda a los medios, por mucha mayoría que se tenga, si uno pretende garantizarse un futuro en su carrera personal, gozando de la popularidad que aporta colarse en las casas de los ciudadanos, sin esfuerzo, a la hora de la cena.
Está claro también, que si la televisión necesita de la presencia del político, sobre todo en campaña electoral y siempre con las miras de subir en audiencia, mucho más necesita seguramente el político de la televisión cuando la indecisión acompaña a una gran mayoría de los votantes, pues los mensajes emitidos a través de este medio, son los únicos que tienen cierta garantía de ser escuchados, si se tiene en cuenta que  casi nadie puede prescindir de sentarse un rato ante la pantalla y en familia, como todos sabemos y asumimos.
De ahí la importancia que se atribuye a los Debates entre aspirantes a gobernar en cualquier País medianamente civilizado y de ahí, la guerra mediática que se libra por conseguir agrupar en una cadena cualquiera al mayor número de ellos, para propiciar un enfrentamiento educado del que los futuros votantes puedan entresacar conclusiones antes de tomar una decisión concreta, al mismo tiempo que sube el prestigio del canal que emite el programa, para vanagloria de sus dueños.
Mucho le ha costado entender todo esto a Mariano Rajoy, que a veces parece anclado de facto y en su retórica, en un mensaje decimonónico absolutamente obsoleto, casi tanto, como descender a una realidad de la que comenzó a separarse desde el mismo momento en que empezó a saborear las mieles del poder y que se le ha echado encima de golpe y por sorpresa, casi al final de su legislatura, reclamándole todas aquellas acciones que sistemáticamente negó, pero que ante la incertidumbre, se convierten en instrumentos de utilidad, si no quiere que le apeen del carro los españoles, el próximo veinte de Noviembre.
Todos sabemos que Rajoy se siente infinitamente más cómodo en las cadenas que sabe afines a su ideología y que como no podía ser de otra manera, ni siquiera le importa enfrentarse al líder del PSOE, en un debate a dos, que ahora carece de enjundia, a la vista de las circunstancias políticas, pero que le cuesta un enorme esfuerzo y de ahí su reiterada negativa, participar en un Debate ágil, en el que no tenga tiempo de consultar sus imprescindibles papeles y en el que tenga que responder a la vez, a varios contrincantes, con programas distintos, que sabe de antemano que no se lo van a poner fácil con sus impertinencias.
Por ello, a Rajoy le da igual que lo entrevisten en soledad, cocinar con Bertín Osborne o jugar al dominó en una peña de ancianos, en plena Castilla, a la hora del café, e incluso participar en programas de radio deportivos, en los que los temas fundamentales tratarán del deporte, como no podría ser de otra manera y  por tanto, hasta podrá salir airoso de un lance en el que la discusión nunca pasa a mayores, pero  podría hacerle parecer más humano, delante de la gente.
A regañadientes, no le ha quedado otro remedio que aceptar acudir por primera vez, sin que sirva de precedente, a la Sexta, para enfrentarse a las preguntas de un grupo de ciudadanos, de los que todos esperamos que aprovechen esta impagable oportunidad, para ser incisivos en sus planteamientos.
Sin embargo, al Gran Debate del día siete,  envía en avanzadilla a quien suele resolver todos sus problemas, la sufrida Soraya Sainz de Santamaría, que en estos momentos debe  sentirse como un gladiador a punto de saltar a la arena para enfrentarse a unos leones que, en principio, estaban destinados a otro luchador, que se las arregló para sortear el azar, colocando a quien le seguía en el orden natural de la lucha, justo dónde debía estar él, no se sabe con qué argumentos.
Con toda seguridad, esta decisión que ahora le ayuda a mantenerse al margen de toda crítica, terminará por pasarle factura, pues en sí misma, constituye una falta de respeto hacia los ciudadanos a quienes les encantaría recibir, aunque fuera a estas alturas de su mandato, parte de esas explicaciones que sistemáticamente se ha negado a dar  y que de este modo, no podría eludir, acuciado por sus tres contrincantes.
Ha de quedar claro, que todas las acciones tienen un precio y que el descarado desplante de Rajoy, su reiterado desprecio hacia los deseos de la Sociedad que gobierna, su manía de huir cuando las cosas se ponen feas y su empecinamiento en permanecer al margen de una realidad de la que no podrá, no obstante, escapar, va a suponer, todos lo esperamos, una enorme pérdida de votos, el próximo día veinte.
El tiempo, con su innegable tozudez, termina por poner a cada uno, justamente en el lugar que merece.



martes, 1 de diciembre de 2015

Todo por decidir


Buena remontada de Pablo Iglesias, en el debate organizado por El País, en el que triunfó por goleada ante sus adversarios Pedro Sánchez y Albert Rivera, según los votos en las redes y en el que, a pesar de la ausencia de algún representante del PP, parece que se consiguió saber un poco más, en torno a las ideologías que defienden, verdaderamente, estos tres aspirantes.
Hay que reconocer que Rivera no tuvo una buena noche y que al no estar presente Rajoy, todas las críticas hacia las políticas que defiende la derecha, fueron dirigidas exclusivamente a él, quizá porque los otros dos debatientes sabían que resultaba absolutamente necesario frenar como fuera, su vertiginoso ascenso.
Inseguro y muy verde en algunos temas, Rivera no supo o no quiso responder a determinadas preguntas y ofreció a los espectadores una imagen bastante vintage de lo que podría ser su modo de gobierno, ofreciendo a Iglesias y Sánchez la oportunidad de tildarlo sin reservas como líder de una nueva derecha e incluso atreviéndose, en el caso de Sánchez, a definirle tácitamente, como más extremista que ciertos miembros del PP.
La brega de iglesias en tantos programas televisivos anteriores, le ha concedido una soltura  y una naturalidad ante las cámaras, que jugó ciertamente ayer muy a su favor en el debate y que aprovecho demostrando a la concurrencia que no hay tema en su programa que no domine de manera magistral y siempre buscando el apoyo de los sectores más desfavorecidos de una sociedad, harta de estereotipos de un pasado, de los que desea huir, a la mayor brevedad posible.
Sánchez, en su línea de renovador del PSOE, estuvo, en todo momento, a la zaga del verdadero protagonista de la noche, siendo incapaz de superarle en ningún momento, por lo que su atención y sus críticas, como no podía ser de otro modo, se dirigieron todas a Rivera.
Este comienzo de campaña, que podría dar idea de lo que sucederá en el Gran Debate del día siete, al que también acudirá Soraya Sainz de Santamaría, contradice todos los resultados augurados por las encuestas y habla de que la opinión ciudadana, al menos ayer, estuvo más de acuerdo con las propuestas del líder de Podemos, que con las ideas programáticas ofrecidas por los representantes de PSOE y Ciudadanos, que se vanagloriaban sin tapujos de haberle derrotado ampliamente.
La remontada de Podemos, que podría ser una realidad tras el enfrentamiento del próximo día siete, añade un punto de emoción a la ya interesante campaña y deja claro que todo está aún por decidir y que pueden pasar todavía muchas cosas, de aquí al día veinte de Diciembre.
De momento, en el Debate del País, Pablo Iglesias obtuvo casi un cincuenta por ciento de apoyo entre los votantes, venciendo, muy de lejos a los otros participantes y dejando claro a quiénes le declaraban vencido, que no solo está vivo, sino que está dispuesto a pelear, con uñas y dientes, cada palmo de terreno que quede por conquistar, de aquí a los próximos comicios.
Al final, como siempre, el resultado dependerá de lo que decidamos nosotros.