jueves, 12 de noviembre de 2015

Entre dos aguas


Veintiún altos cargos nacionalistas catalanes, se encuentran, desde ayer, en el punto de mira del Tribunal Constitucional, como promotores de la iniciativa de dar por iniciado el proceso para la Independencia, que ha sido declarada nula por este Organismo y que constituye en este momento, la más grande preocupación del Gobierno español.
La resolución, que está siendo comunicada, personalmente, a cada una de estas veintiún personas, ya ha obtenido respuesta por parte de la Presidenta del Parlamento catalán, que ha manifestado la intención de desobedecer las órdenes del TC, por considerar que el mandato popular confiere al Parlamento catalán toda la legitimidad necesaria, para tomar las resoluciones que le parecieran oportunas y ésta, en particular.
En esta espiral de violencia soterrada, que se viene librando entre el Gobierno español y los partidarios de la secesión de Cataluña, el próximo paso de los nacionalistas, tras recibir la comunicación del Constitucional, parece crucial, pues podrían incurrir en un delito de desobediencia y otros aún peores, si continúan aún empecinados en su postura, que podría derivar en una aplicación de la Ley, que diera lugar a que todos fueran detenidos.
Pero ¿quiénes serán los encargados de aplicar la Ley, a partir de todo lo ocurrido en Cataluña y qué órdenes obedecerán los organismos policiales, existiendo una confusión como la que existe ahora mismo, entre españoles y catalanistas?
Sopesar la opinión de los encargados del orden, sobre el tema, resulta altamente difícil, teniendo en cuenta el principio de neutralidad que debe reinar cuando se trata de procurar la aplicación de la Ley, pero que, en este caso, les va a obligar a decidir , entre dos mandatos absolutamente contradictorios. 
Porque pudiera ser, que aún incurriendo en un delito de desobediencia o aún en otro peor, los políticos catalanes implicados en el problema, salieran indemnes del todo, pero ¿quién asegura a los funcionarios, policías y otros trabajadores relacionados directamente con el tema, su impunidad, si se posicionan a favor de las órdenes vertidas por el Parlamento de Cataluña?
En este instante, mientras Mas pierde  una segunda votación para obtener la Investidura, todo pasa porque la CUP termine por concederle su apoyo, para que todo el proceso siga adelante.
Porque siendo que no y ocurra lo que ocurra con la resolución del Constitucional de aquí a unos días, todo se paraliza hasta el nueve de Enero y tal vez, hasta no quede otro remedio que convocar nuevas elecciones.
Entretanto, los ciudadanos catalanes, observan atónitos cómo se desarrolla una batalla campal, que a ninguno de ellos apetece y se preguntan qué será de sus vidas, si no se logra hallar una solución que acabe con la incertidumbre que les corroe, en estos momentos de dificultad que atraviesan.

El pulso por el poder, por demostrar la prevalencia de unos sobre otros, parece no tener fin y la verdad, todos empezamos a estar un poco cansados de tanta intolerancia  frenética.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Apuesta fallida


Pierde Mas, en primera instancia, su apuesta por continuar siendo el Presidente de los catalanes, ofreciendo al Gobierno español una tregua en su lucha por detener el proceso independentista y viéndose obligado a someterse a una segunda votación, que seguramente tampoco ganará, si nadie cambia de opinión, como parece evidente.
No consiguieron los socios de Junts pel si convencer a la CUP de la conveniencia de que Mas lidere la  secesión que pretenden llevar a cabo los nacionalistas, probablemente porque no siempre los Partidos se hallan dispuestos a pagar cualquier precio por obtener un objetivo cualquiera, por muy de acuerdo que estén con los sucesos que los mueven.
El ego de Artur Mas, que le ha impedido apartarse de la primera línea de protagonismo, endiosado como está tras el apoyo conseguido por una buena parte de la sociedad catalana, en su apuesta por la Independencia, está convirtiéndole ahora en una rémora que sólo consigue frenar las aspiraciones de sus socios en este proyecto, que probablemente acabará por ralentizarse, paradójicamente, por su empecinamiento en mantenerse como candidato a la Presidencia de un territorio, al que parece amar mucho menos que a su propia persona.
La alianza entre los grupos secesionistas ya resultaba en sí, bastante extraña, si se tiene en cuenta la procedencia ideológica de todos los grupos que la forman y las enormes diferencias que separan  los principios que mueven, por separado,  a estos socios circunstanciales, únicamente unidos por un proyecto.
Era pues de esperar, que en algún momento del proceso, la debilidad del nexo que los une terminara, al fin, por quebrarse y que la disparidad de pensamientos que cimentan a cada una de estas Formaciones, aflorara separando abismalmente, como no podía ser de otra manera, las posiciones de cada uno de ellos.
No se puede olvidar que mientras Convergencia podría considerarse como el Partido que representa desde siempre a la alta burguesía catalana, estrechamente vinculada a la ideología de la derecha, Esquerra Republicana y CUP se encuentran claramente relacionadas con un pensamiento de izquierdas, más o menos radical, que ha de estar, necesariamente, en contra, de las políticas de recortes llevadas a cabo durante los últimos cuatro años por Mas y los suyos, en este caso, en Cataluña.
Tampoco se puede olvidar, aunque Mas no lo mencionó ni una sola vez en su discurso por la investidura, la terrible rémora que está suponiendo el caso de la familia Pujol, ejemplo indiscutible de la corrupción llevada hasta extremos del todo inaceptables y los lazos que unen, personal y políticamente, al candidato de Junts pel sí, con el que ahora se ha convertido en uno de los personajes más perseguidos por la justicia.
Resultaba pues, casi una ofensa, para cualquiera fuera de Convergencia, que pudiera relacionarse el color de su voto en este debate por la investidura, con un posicionamiento a favor del Partido al que pertenece Mas, por mucho que en la votación estuviera en juego el desarrollo del proceso por la Independencia.
Es decir, si Convergencia no rectifica y propone inmediatamente un nuevo candidato a la Presidencia catalana, no va a quedar otro remedio que convocar nuevas elecciones, por cierto, de resultado imprevisible.
Entretanto, la visceralidad del sentimiento independentista seguramente se enfriará y habrá que ver qué piensan los catalanes allá por marzo, fundamentalmente porque esta trepidante actualidad, puede cambiarlo casi todo, dependiendo del calado de las noticias que de aquí a entonces, vayan apareciendo.



martes, 10 de noviembre de 2015

La Revolución sin cabeza


Tras la euforia de ayer, el Parlamento catalán celebra el debate para la investidura del que habrá de ser su próximo Presidente de Gobierno, aunque todo parece indicar que esto no se conseguirá en primera votación, al estar la CUP en contra de la candidatura de Mas y haber proclamado mil veces que nunca le votarían, por la vinculación del Partido que representa con los múltiples casos de corrupción acaecidos en Cataluña, en los últimos tiempos.
Entretanto, en Madrid, se busca afanosamente una manera legal de frenar el proceso independentista que la mayoría parlamentaria catalana dio por iniciado ayer y Rajoy, por primera vez, se ve obligado a tratar con máxima urgencia el asunto que nos ocupa, intentando  encontrar aliados para la aplicación de las medidas que seguramente tomará, sólo o en compañía de otros.
Pero la Revolución catalana, que ya ha construido el tejado que resguarde de todas las inclemencias venideras a los habitantes de su “nueva República”, carece sin embargo de un líder que cuente con el respaldo de las mayorías para llevar a cabo el proyecto, lo que supone una fractura en la cimentación que bien podría hacer tambalearse por sí misma, toda la estructura que está por construir, aún sin que el Gobierno  español se vea obligado a personarse en la causa.
Puede que el ego de Artur Mas, muy subido por la trascendencia de los últimos acontecimientos, no le permita discernir que si persiste en la decisión de mantenerse como candidato a la Presidencia, los pasos que los independentistas han dado de manera acelerada hasta ayer, pueden irse al garete y que todos las promesas que ha venido haciendo a la sociedad catalana alrededor del sueño separatista, podrían venirse abajo ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre la votación de la investidura.
De ser así, la tregua que se ofrece a Rajoy no tiene precio y la revolución descabezada habrá de transcurrir de manera mucho más sosegada de lo que a los secesionistas les gustaría, al estar peligrosamente cerca la celebración de las Generales, que con toda probabilidad traerá para España, un cambio en el color del Gobierno.
Si el proceso de la investidura no logra resolverse con prontitud, los nacionalistas catalanes ya no podrán utilizar la baza del inmovilismo de Rajoy, para reforzar sus argumentos y podría ocurrir, de cambiar los protagonistas en ambos bandos del conflicto, que se abra un nuevo proceso de negociación, al que todos deseamos más fortuna que al anterior y que todo se ralentice.
Esto colocaría a Mas en un fuera de juego que quizá ayudaría a los catalanes a valorar con más frialdad la labor realizada durante los años de gobierno y a tener una opinión mucho más objetiva de lo que ha sido su periodo como Presidente de la Comunidad y si ha conseguido o no el beneplácito de los ciudadanos, como gestor de los asuntos de Cataluña.
La presión que debe estar sufriendo la CUP para que todo esto no se produzca, ha de ser sin duda, explícitamente violenta, pero ceder ahora, votar a Mas para la Presidencia, obviar los gravísimos  casos de corrupción que salpican a Convergencia y abrir los brazos a una alianza ideológicamente imposible, representaría en sí mismo, una traición a los principios que predica la CUP, del todo imperdonable.
Hay veces, que el interés de la actualidad supera con mucho a cualquier posible ficción y que los enrevesados caminos de la política terminan por conducirnos a situaciones absolutamente distintas a las que, en un principio se imaginaron. Ésta parece ser una de ellas y por lo complicado de la historia, ni siquiera se puede predecir qué pasará en los dos minutos siguientes.
Un lujo para los que relatamos los sucesos.


lunes, 9 de noviembre de 2015

La peor pesadilla


Los peores temores del PP se han materializado hoy en el Parlamento catalán, cuando los grupos nacionalistas han conseguido sacar adelante la resolución para iniciar el proceso de separación del Estado español, que desde hace tiempo, venían defendiendo.
El resultado de la votación, que ha sido ampliamente aplaudido dentro y fuera del Parlamento, pone  las cartas en manos de Rajoy, al que consigue dejar, a los ojos de los ciudadanos, en total evidencia, por no haber sido capaz de solucionar un conflicto que ahora llega a su punto álgido y cuyas consecuencias resultan aún impredecibles, sin conocer la respuesta que dará el Gobierno español, a partir de mañana.
Durante mucho tiempo, observadores nacionales y extranjeros se han venido quejando de la falta de comunicación existente entre los representantes gubernamentales de España y Cataluña, advirtiendo con absoluta seriedad al Presidente Rajoy que no era suficiente la utilización de la vía legal, a la vez que el problema se iba recrudeciendo y que era del todo imprescindible una negociación, a la que el PP se ha negado sistemáticamente, para encontrar una solución que satisficiera a ambas partes, o la cuestión acabaría por desbordarse, como ocurre en este momento.
La tozudez de los populares, la ausencia total de propuestas y la incapacidad para escuchar las reclamaciones que se le hacían desde Cataluña y muy especialmente la petición de la convocatoria legal de un Referendum que aclarara el punto de vista real de los ciudadanos que allí residen, han terminado por acelerar las ansias independentistas de un pueblo que se ha sentido maltratado por la indiferencia del Estado y que ha preferido creer el mensaje que los secesionistas lanzaban a través de los medios y que les llegaban como la única tabla de salvación posible, para vivir una vida mejor.
Un gravísimo error, que sin duda está colocando a Rajoy, a punto de salir del poder, en una especie de callejón sin salida del que conociendo su manera de actuar, escapará haciendo uso  exclusivo de medidas policiales y legales, como es su costumbre y lo peor, es que llegados al punto en que nos encontramos, puede que no le quede otra opción, si no quiere encontrarse una mañana con una declaración unilateral de Independencia real y perder a la vez, cualquier resquicio de ese prestigio personal que le  pudiera quedar, ante sus propios seguidores y votantes.
Para ser claros, el problema catalán se le ha escapado de las manos al Presidente y constituye uno de los más estrepitosos fracasos políticos que se hayan visto en este País, desde que llegara la Democracia y no solo por la gravedad que representa que una parte del territorio quiera separarse del resto, sino sobre todo, porque conociendo la intención desde el principio, la gestión que se ha llevado a cabo desde que el PP llegara al poder, podría considerarse nula.
Esta deriva, constituye en sí misma un motivo de dimisión fulminante y la petición no tardará en llegar, si la oposición es lo suficientemente avispada, como para no desaprovechar el momento.
No se puede haber hecho peor y ahora nos encontramos, además de sumidos en un desastre social y económico, enfrentados con una parte de la ciudadanía, por motivos meramente políticos y sin contar con alguien capaz de poner un punto de cordura, que devuelva las aguas a su cauce.
A solo un mes y pico de las Elecciones Generales, la situación se hace asfixiante para nuestro actual Presidente, que continúa, sin embargo, empecinado en sus inamovibles posturas legalistas, sin haber siquiera intentado otros caminos, para frenar los acontecimientos.

Ya puede rezar para que las cosas no empeoren en los próximos días, aunque todo hace prever y los nacionalistas lo saben, que desde luego no van a mejorar, si Rajoy no desciende de su atalaya y se aviene al diálogo.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Velando armas


Con las espadas en alto, nacionalistas catalanes y Gobierno español aguardan los resultados del Pleno convocado para mañana en Barcelona, después de que el Tribunal Constitucional se negara a prohibir su celebración, como esperaban ansiosamente todos los grupos contrarios a que se inicie el proceso independentista.
Pero es que hacer una declaración de intenciones, pese a quién pese, no está prohibido por la Ley y aunque el TC, en los últimos tiempos, nos ha sorprendido con  sentencias que sugerían veladamente ciertas  simpatías por el Partido gubernamental, no siempre se pueden hacer ciertas cosas, sin levantar inmediatamente una polvareda entre todos aquellos que defienden el cumplimiento estricto de la legalidad.
Que el Constitucional le hubiera apoyado en este problema, supondría para Rajoy y los suyos una dilatación en el tiempo que encontrándonos como nos encontramos, a las puertas de las Elecciones Generales, les hubiera venido muy bien, a la hora de vender en campaña su triunfalismo impenitente. La negativa, en cambio, agrava ostensiblemente la sensación general de que el PP no ha sido ni será jamás capaz de hallar una solución al conflicto de Cataluña y que por tanto, habrá de conformarse con despedirse de esta legislatura, en pleno fragor de la batalla que se libra en aquel territorio.
De lo que ocurra mañana en el Pleno, van a depender muchas de las cosas que sobrevengan estos próximos días y que pueden, según su gravedad, sumar o restar un enorme número de votos a según qué Partidos, ayudando a que la balanza se incline de una u otra parte, propiciando a su vez, según quién resulte ganador, un nuevo  giro para la enquistadísima historia de  la pretendida secesión catalana.
Habría que suponer, que los nacionalistas no se atreverán a traspasar la delgada línea que los separa de la ilegalidad proclamando unilateralmente la Independencia, sino que más bien, que se congratularán de atreverse a dar nuevos pasos sobre la cuerda floja, llevando al límite la paz psicológica de sus contrincantes políticos, aunque esperando hasta que se hayan celebrado los Comicios del 20 de Diciembre.
Esta estrategia, podría servir para que los nervios de Rajoy y los suyos se rompieran definitivamente, dejando al descubierto, para beneficio de sus adversarios, en plena Campaña electoral, una serie de carencias inexcusables, que invalidarían del todo el discurso de que todo va bien y que oscurecerían, en gran parte, todas sus presunciones sobre el terreno de la Economía.
Porque de endurecerse el conflicto catalán, la atención mediática estaría centrada únicamente en este punto, convirtiéndolo en  foco de atención  y que además, provocaría en todos los Partidos que se presentan a las elecciones, la necesidad de hacer referencia en todos los actos de campaña al problema, teniendo que dejar de lado, por mera necesidad, otros asuntos de importancia que a todos nos atañen.
Esto, lo saben y muy bien, los grupos nacionalistas catalanes y en esta partida, que no ha hecho más que empezar, procurarán exprimirlo hasta sus últimas consecuencias, a ver si la imagen de Rajoy queda, también a los ojos de los demás, definitivamente defenestrada y se puede sacar cierta ventaja de ello.
Se augura pues, pase lo que pase en el Pleno, una campaña en la que Cataluña será la protagonista y no hay que ser muy avispado para entender que a pesar de que en los cuatro años de gobierno de Rajoy han ocurrido mil y una cosas del todo inaceptables, puede que sea el conflicto catalán el que finalmente se encargue de acabar con su carrera política y de jubilarle definitivamente, sin haber conseguido, por cierto, solucionar absolutamente nada.
Quizá le convendría, mientras vela esta noche sus armas, pensar en perder lo menos que pueda, de aquí a que se celebren las elecciones, aunque para esto, tendría que cambiar totalmente de manera de pensar, cosa que de momento, parece algo absolutamente imposible.




martes, 3 de noviembre de 2015

Acoso al indeciso


Se apresuran los Partidos nacionalistas a gestionar los caminos que pudieran llevar a Cataluña hasta la Independencia, ante la mirada atónita de un Marino Rajoy que no sabe muy bien qué hacer para frenar un problema que desde el principio se le ha ido escapando de las manos, creyendo quizá, que Mas y sus seguidores no se atreverían nunca a llegar hasta el punto en que ahora nos encontramos.
A punto de terminar sus cuatro años de mandato y profundamente agobiado por la multiplicidad de asuntos de corrupción que sacuden a su Partido, todos y cada uno de los días, Rajoy no esperaba  tener que lidiar con los nacionalistas de manera tan denodada, justo cuando está a punto de empezar una Campaña electoral de las Generales, que se augura difícil y violenta.
Puede que haya sido esa indecisión que le ha caracterizado desde su llegada al poder, la que hayan aprovechado los independentistas catalanes para acelerar su proceso, seguros de que el Presidente suele necesitar demasiado tiempo para llevar a la práctica cualquier medida, tenga la importancia que tenga y que es precisamente tiempo lo que ahora le falta, a punto de terminar una legislatura, que le ha costado Dios y ayuda sacar adelante.
Las debilidades suelen resultar bastante rentables para los oponentes, sobre todo si van acompañadas de un oscurantismo personal que convierte al débil en enemigo de encuentros y diálogo y terminan por pasar factura devolviendo de manera sobredimensionada, todo aquello de lo que se huyó, sin que pueda hacerse nada por evitar que el futuro se le eche encima,  engullendo con voracidad, todo aquello que encuentra a su paso.
No le queda a Rajoy, otra salida que mantenerse aislado en su inexpugnable fortaleza, hasta que pasen los comicios, e ir pensando cómo actuará, si tuviera la fortuna de ganarlos, aunque todo hace prever que necesitará apoyos para gobernar, si esto ocurriese.
Entretanto, los pasos que se vayan dando en Cataluña, aportarán una ventaja a los independentistas catalanes, que sea quién sea el vencedor de las elecciones, supondrá haber ganado un terreno del que ya nadie les podrá mover y que les consolida en el conjunto del país, como una fuerza contraria ya desde el principio, a la doctrina de la unidad territorial que parecen propugnar los líderes de los principales Partidos.
Es este momento de la actualidad, tan rabiosamente interesante, por lo que de trepidante tiene,  resulta difícil poner los ojos en otro sitio que no sea Cataluña, ni hacer otra cosa más que esperar a ver cómo juegan sus cartas, el Gobierno y los separatistas y cuál de los dos se apunta un nuevo tanto, cada vez que se produce una nueva noticia.
Tampoco se puede olvidar, que el Parlamento catalán también lo constituyen otras fuerzas políticas y entre ellas, los Ciudadanos que Albert Rivera ha conseguido colocar allí y que como todos sabemos, no están para nada de acuerdo, con los vencedores de las pasadas elecciones.
Aún sin Presidente, los días transcurren para los parlamentarios catalanes en un sin vivir plagado de gestos y consultas de textos que les permitan a unos y a otros hacerse con una razón por la que se pelea cruentamente y lo único que nos queda a los demás, es esperar que en algún momento, termine por triunfar una cordura, que desgraciadamente, falta en grandes dosis, a los encargados de gestionar este problema, que empieza a resultarnos, cansino.
Ya lo decíamos hace unos días. Con estos interlocutores, resulta imposible un acuerdo.



lunes, 2 de noviembre de 2015

El primer encuentro


Cercado por las circunstancias, Mariano Rajoy recibe por primera vez a Pablo Iglesias en Moncloa, buscando una salida consensuada al problema catalán, que se le ha ido escapando de las manos con cada una de las medidas que ha ido poniendo en práctica y que ahora le avasalla como un torrente, obligándole a abandonar la incomprensible manía de tomar decisiones en solitario, que adquirió desde el mismo momento en que fue nombrado Presidente, allá en Noviembre de 2011.
Al final, ha tenido que aceptar que los Partidos emergentes también cuentan, y mucho, en el panorama político actual y no le ha quedado otra que convocar a sus líderes, ante el convencimiento de que los resultados de las próximas elecciones generales, supondrá un cambio importante en la composición del Parlamento.
Nunca antes habíamos visto a Rajoy tan dispuesto a dialogar con el resto de las Fuerzas políticas, por lo que habremos de creer que la cercanía de los comicios y los augurios que para el PP se desprenden de las encuestas, han tenido necesariamente que influir en la difícil decisión de convocar a dos de sus adversarios más directos. A Rivera, porque tras su triunfo en Cataluña, puede ser uno de los pocos aliados que le queden frente al azote nacionalista y a Iglesias, porque su importancia mediática hace imprescindible que se le incluya en cualquier ronda de contactos, si no se quiere provocar la ira de sus numerosos seguidores.
 Como cabía esperar, hubo coincidencias entre el líder de Ciudadanos y el Presidente y casi ninguna con el de Podemos, como quedó patente en la posterior rueda de prensa ofrecida, en la que un Rajoy visiblemente nervioso, ni siquiera se dignaba a pronunciar el nombre de la persona con la que acababa de estar, como le ocurre cada vez que le desagrada hablar de alguien y las preguntas de los informadores le obligan a referirse a él de manera directa.
Sin embrago y por mucho que le pese al Presidente, este encuentro es sin duda, una de las noticias más importantes de cuántas se han producido en los últimos tiempos, teniendo en cuenta que hace apenas un año, los seguidores de Podemos eran calificados reiteradamente por el PP, como radicales anti sistema o como simples perros flautas procedentes de las “hordas” que propiciaron el 15M.
Mucho ha cambiado la historia desde entonces, hasta el punto de que no ha quedado otro remedio que contar con la opinión de Iglesias para cualquier asunto de interés nacional, poniendo en evidencia que en esto de la política no hay enemigo pequeño y que debe evitarse entrar en descalificaciones contra quiénes, a corto o largo plazo, pueden transformarse en claros oponentes capaces de llegar al poder, o al menos de tener peso en las Instituciones más importantes que conforman el Estado.
Que no hay simpatía entre ellos, se nota. Pero las funciones de un Presidente incluyen la obligación de recibir y escuchar todo aquello que tengan que exponer los que capitanean los principales Partidos y Pablo Iglesias se estaba convirtiendo en la en la excepción que confirmaba la regla.
Ha tenido Rajoy, que bajarse de la Atalaya desde la que dominaba tiránicamente el destino de los españoles y posar los pies en el suelo, haciendo oficial, con este encuentro, que Podemos existe y que su importancia en el panorama político español es real, pese a quien pese y duela a quién le duela.
Mucho me gustaría saber qué pensó el Presidente cuando tuvo enfrente a Iglesias en la Moncloa y si fue capaz de admitir en la corta distancia, su capacidad de liderazgo.
A Iglesias, le queda al menos, la satisfacción de que el primer paso para este esperadísimo encuentro, lo ha dado, precisamente, aquel que tanto le criticó en el pasado y que ahora, gustándole o no, le ha tenido que estrechar la mano, consagrándole como uno de los líderes más importantes de los últimos tiempos.

Quién nos iba a decir que sería Rajoy el que le diera la alternativa en el mundo de las grandes decisiones políticas.