martes, 13 de octubre de 2015

Las cifras reales


No le salen las cuentas al Gobierno, que ha sido advertido por Bruselas, poniendo en entredicho toda la parafernalia triunfalista que Rajoy y los suyos vienen defendiendo, de cara a la Campaña electoral y dando la razón a los españoles, que para nada han notado, hasta hoy, esa categórica mejoría que pudiera significar que estamos saliendo de la crisis.
No se sostienen las reiteradas mentiras que periódicamente pone en circulación el PP, deseoso de repetir en el poder una nueva legislatura y queda demostrado que a pesar de haber seguido sumisamente todas las recomendaciones impuestas por Europa y que han empobrecido a los ciudadanos más allá de los límites previstos, las políticas de recortes no han servido siquiera para alcanzar los objetivos exigidos por las grandes economías continentales y que continuamos sumidos en una etapa de recesión, de la que parece que no vamos a salir nunca.
Las previsiones del incumplimiento del déficit, han debido sentar al Presidente como un jarro de agua fría, colocándole en una incomodísima posición, incluso ante su electorado más fiel y vienen a sumarse a toda una larga lista de razones de peso que ya aconsejaban no volver a votar al Partido Popular, a sólo un par de meses de la celebración de los Comicios.
La persistencia de las altísimas cifras de paro y la tímida creación de una clase de empleo precario y absolutamente temporal, no podían, sino conducir a una bajada drástica del consumo nacional y por tanto, al incumplimiento de las metas deseadas, que supondrían para España, un respiro dentro de la tormenta.
Ahora, los populares habrán de enfrentarse a la Campaña desnudos de cualquier presunción, de esas que tanto gustan de exhibir en mítines y actos sociales y lidiar, frente al resto de las Fuerzas políticas, defendiéndose con las pocas armas que les quedan, de las gravísimas acusaciones que seguramente recibirán y que no sólo tendrán ya que ver con su estrecha relación con innumerables casos de corrupción, sino también con su reiterada intención de engañar a los españoles, en cuanto a las cifras reales se refiere.
No queda tiempo material para enmendar los imperdonables errores que durante toda la legislatura se han cometido, ni para rehacer la agresividad de unas políticas, que todo el mundo, sobre todo  los ciudadanos, ha venido rechazando durante los últimos cuatro años y menos aún, para limpiar una imagen absolutamente deteriorada por los acontecimientos en que se han visto envueltos muchos de sus principales líderes, imputados en casos de la envergadura de la Gúrtel o la Púnica, actualmente en manos de la Justicia.
La baza de la economía, a la que se había apostado con fuerza desde los despachos de Génova,  se viene abajo propinando un durísimo golpe a los que ingeniaron esta historia de presunción que muchos de nosotros nunca creímos y queda reducida a una mera anécdota  que no acarreará, en modo alguno, el ansiado voto de los indecisos con el que prácticamente contaban Rajoy y los suyos, cuando se enorgullecían ante nosotros de haber superado el peor periodo de nuestra historia reciente.
Pero ¿qué se podía esperar de quiénes incumplen todas las promesas de su Programa y hacen exactamente lo contrario de lo que, según ellos, tenían previsto hacer, por mucha mala herencia que hubieran recibido?
Ahora, el legado que ellos dejarán, habrá que analizarlo con una minuciosidad casi obsesiva, pues a la vista de los relatos de ficción que nos han venido vendiendo a lo largo de su estancia en el Poder, no va a quedar otro remedio que buscar por todos los rincones la verdad, para hacer borrón y cuenta nueva, con los medios reales que nos queden.
Mucho nos tememos, que a partir de ahora vuelvan a retomar la cantinela del miedo y el catastrofismo, pues se lo están poniendo tan fácil a los Partidos emergentes, que sólo así quizá, podrían al menos conservar el voto de su más incondicionales electores.



lunes, 12 de octubre de 2015

El desplante



El revuelo que  ha armado la iniciativa de Pablo Iglesias, al negarse a acudir a la recepción ofrecida por el Rey, el día de la Fiesta Nacional, parece ofrecer a la prensa ligada ideológicamente a la derecha, una nueva oportunidad de zarandear al líder de Podemos y de procurar todo el desprestigio posible en torno a su figura, ahora que se aproximan la Campaña de las Elecciones Generales.
Sin embargo, las explicaciones ofrecidas por Iglesias en relación con este asunto, considerando que la situación económica de los españoles no está para soportar gastos extraordinarios originados por eventos de carácter exclusivamente lúdicos, podrían constituir para muchos, un ejemplo de que aún existen ciertos políticos, mucho más preocupados por remediar las innumerables carencias que padecen los ciudadanos, que de fastos organizados para el disfrute de unos cuantos privilegiados, que cada vez, parecen representar en menor medida, las esperanzas de todos aquellos que les eligieron.
No acudir a la recepción real, no puede ser por tanto, considerado un desplante hacia la figura del Rey, sino más bien, un acto de solidaridad con todos aquellos que habiéndose visto afectados por el torbellino arrasador de las medidas de recortes, se ven obligados a contemplar cómo se continúan derrochando los caudales comunes en actos que no están, precisamente encaminados a reportar una mejora de la situación general, sino más bien, a  remarcar un sentido de patriotismo obsoleto, más propio de siglos pasados, que de esta época convulsa en que vivimos.
La coherencia que debe caracterizar a cualquier Partido Político y que ha de residir en una puesta en común entre sus acciones y su pensamiento, queda sin embargo, denostada cuando se cumple en cualquier Formación de Izquierdas, sobre todo, si choca diametralmente con las normas impuestas por rancias tradiciones, acatadas con sumisión por el resto de la clase política, aún cuando el peso de la realidad aconsejaría en este momento, la revisión inmediata de tales eventos.
Si Pablo iglesias hubiera acudido a la Recepción real, habría faltado tiempo para decir que ha dejado a un lado la rebeldía que caracterizó desde un primer momento a Podemos, para entrar en la vorágine en la que se mueven desde siempre los Partidos tradicionales y tradicionalistas y convertirse en un líder más de cuántos hemos conocido, desde la misma llegada de la Democracia.
Que continúe siendo fiel a sus principios, incomoda severamente a sus adversarios políticos y muy particularmente, a los más cercanos a la ideología del Gobierno, que temen quizá, que la convicción al defender las ideas, les reste muchísimos más votos, de los que les podrían restar su implicación en determinados casos de corrupción o su incumplimiento de promesas electorales.
Y aunque todos sabemos que en política hay que hacer concesiones, una vez que se alcanzan ciertos niveles de poder, bien es verdad que atendiendo a los votantes convencidos de Podemos, Pablo Iglesias no podía en este caso, sucumbir a la tentación de ponerse en fila para estrechar la mano del Rey, exponiéndose así, al rechazo inmediato de todos los que en él confiaron, desde un primer momento.
Todo lo que puedan pensar, decir o criticar sus detractores en los próximos días, no logrará hacer otra cosa, de cara a sus votantes, que afianzar su carácter de líder de primer orden, al frente de un Partido de izquierdas y ofrecer a los indecisos, la visión, bastante extraña en estos tiempos, de una persona capaz de renunciar a obtener determinados privilegios, en pos del bien común, que debiera ser lo primordial, para cualquier estadista que se precie.
La necesidad que acucia al País, merece un poco más de respeto por parte de los dirigentes y no estaría mal para algunos en concreto recordar, que la asistencia a Fiestas organizadas, del carácter que fueren no es, en absoluto, obligatoria, ni debe ser una cadena con la que mantener atada a toda una clase política, últimamente bastante denostada, precisamente por este tipo de comportamientos.



viernes, 9 de octubre de 2015

Jóvenes suicidas


Cuando leo que el suicidio se ha convertido en nuestro País en la primera causa de muerte entre los jóvenes, no puedo más que asumir con dolor la parte de culpa que pueda tocarme en el macabro porcentaje que corresponde a toda la Sociedad y preguntar cuántas cosas hemos podido hacer tan mal, como para llevar a quién está empezando a vivir, hasta el oscuro abismo de la muerte.
Qué terrible desesperanza sentirán aquellos que deciden voluntariamente abandonar un mundo en el que aún les quedan tanto por hacer y qué clase de insoportable angustia habrán sentido a lo largo del tiempo, hasta llegar a tomar una decisión como ésta, entrando a formar parte de un nutrido grupo que se coloca ahora por encima de las enfermedades, quizá para recordarnos a todos, la naturaleza de nuestro propio fracaso.
La estadística no sólo es absolutamente preocupante, sino que se yergue ante nuestros ojos como un gigante imposible de ignorar, ofreciéndonos a la vez, una lección de drástica honestidad, a todos aquellos que en determinados momentos aceptamos el camino de la sumisión, en medio de la convulsa historia que nos han traído los Sistemas Políticos y sus principales líderes, en los últimos tiempos.
Porque todos los que hemos vivido de cerca el trágico relato de un suicidio y hemos estudiado con minuciosidad enfermiza los días y las horas de quién se marchó, pretendiendo encontrar del modo que sea, un móvil que justifique una decisión como ésta, sabemos bien y muy a pesar nuestro, que las incógnitas que se abren como océanos en el interior, quedan sin solución para toda la vida y que a medida que avanza el tiempo, se enquistan en el corazón, transformándose en una herida crónica que no se cerrará jamás, aunque haya que aceptar el suceso y perdonar al suicida.
Defienden algunos que esta forma de morir es el más grande acto de libertad protagonizado por el hombre, que no puede elegir el momento ni el lugar de su nacimiento y otros se agarran, como a una tabla de salvación, al pretexto de la locura, para explicar algo que les parece atroz y que definen a la vez, como la extrema cobardía.
Pero cuando las cifras crecen desorbitadamente y los protagonistas del drama son personas a las que, por edad, les corresponde por derecho la felicidad y la oportunidad de forjarse un futuro, dedicando libremente la vida a la actividad que cada cual desee, el hecho aislado sufrido en silencio por un puñado de familias, empieza a ser responsabilidad común y algo debiera hacerse, con urgencia, para tratar de transformar la carga de desesperación de esta juventud nuestra, en un camino de ilusión y esperanza.
Nadie puede ni debe cerrar los ojos a esta realidad que sucede inexorablemente entre nosotros y es nuestra obligación, más que lamentar lo que ya no tiene remedio, iniciar una búsqueda reflexiva de la cruda  verdad y hallar soluciones que posibiliten el bienestar de la juventud, aunque para ello hubiera que cambiar todos los Sistemas y revolucionar, desde los cimientos, el modo de vida actual, que ya no parece satisfacer a nadie.
Porque debe ser tan difícil continuar, cuando se piensa que el dinero maneja los destinos del mundo, viendo pasar los días sin trabajo, sin un lugar en el que poner en práctica los conocimientos adquiridos, sumidos en la espesa niebla de la miseria o teniendo que comprender que nunca llegará el momento en que podamos abandonar el hogar familiar, para quizá formar un núcleo nuevo y propio, que a poco que se quiera entender, se encontraría más de una justificación, para explicar el suicidio.
Y aunque cuesta admitir, sobre todo si se es mayor, que siendo joven no se halle causa alguna para seguir viviendo, habrá que admitir que las expectativas de futuro que tenemos, de continuar en la línea que para nosotros se ha trazado, no deja demasiadas ilusiones  por las que batallar, ni se ven luces al final de este túnel en el que estamos sobreviviendo.
Que nuestros jóvenes decidan morir, es mucho más importante que cualquier otra cosa que pueda preocuparnos y habría que ver si no es también, un acto de espeluznante rebeldía, con el que sólo se nos quiere decir cuánto nos estamos equivocando.



miércoles, 7 de octubre de 2015

Horrores de una guerra extraña


Los últimos bombardeos de rusos y americanos sobre Siria, impactando sobre objetivos civiles dedicados a ayudar a la población en labores humanitarias y que han costado la vida a inocentes y voluntarios de Médicos sin Fronteras, que nada tenían que ver con el conflicto, ponen en evidencia que esta guerra ha tomado un camino que no parece conducir a ninguna parte y que la intervención extranjera resulta ser ajena a las necesidades que reclama la población y exclusivamente motivada, no se sabe por qué oscuros intereses.
Nadie pensaba, cuando el pueblo sirio se levantó contra su dictador, siguiendo el ejemplo de otros países vinculados a la Revolución de los Jazmines, que la protesta iba a derivar por derroteros inexplicablemente consentidos por las grandes potencias mundiales durante demasiado tiempo y que iba a terminar con miles de personas huyendo en estampida hacia destinos más seguros, simplemente para asegurar la supervivencia.
La guerra a tres bandas, entre rebeldes, adeptos al régimen y un estado islámico que vio en la revuelta la posibilidad de asentarse en este territorio, constituye un ejemplo extraño de las dimensiones que puede alcanzar un problema, si no se toman las medidas adecuadas para una rápida resolución y se permite que se enquiste, mirando hacia otro lado, en lugar de iniciar un camino de negociación que hubiera, seguramente, evitado la pérdida irreparable de tantas vidas.
Pero Siria no era Irak, ni contaba con las fuentes petrolíferas ansiadas por los países más poderosos del mundo, ni Assad había tenido nunca el carisma reconocido que poseía Saddam Hussein, por lo que quizá fue menospreciada su posibilidad de resistencia en un poder que se ha negado sistemáticamente a dejar, probablemente seguro de que podría correr una suerte parecida a la de otros, como Gadafi.
Nada ha importado sin embargo  a Europa lo que sucedía en Siria, hasta que no se ha visto literalmente colapsada por la llegada de miles de refugiados procedentes de allí, ni tampoco a Estados Unidos, hasta que los rusos, que siempre apoyaron al dictador, han atacado bajo la excusa de estar combatiendo a los islamistas radicales, bombardeando sin embargo, objetivos civiles que se encontraban bajo la custodia de las fuerzas rebeldes.
Ahora, lo que ocurre en este país, parece haberse convertido de pronto en una prioridad para los dos grandes bloques rivales desde los tiempo de la guerra fría y la impresión que da, es que Siria se ha transformado en un espacio donde exhibir la capacidad armamentística de unos y de otros, sin que de los bombardeos realizados pueda deducirse que puede estar cerca el cese de las hostilidades.
Entretanto, los sirios ven como su tierra ha quedado reducida a un escenario donde el horror se ha instalado sin contemplaciones, para quedarse mucho tiempo y que la población, ajena a los enfrentamientos protagonizados por unos y otros en pos de no se sabe qué ideales o qué pensamientos, se encuentra atrapada y sin esperanza, utilizada como rehén colectivo y muriendo bajo el fuego cruzado sin que se sepa a qué enemigo atribuir el genocidio, o a quién culpar de lo que allí está sucediendo.
Un niño de apenas doce años, refugiado en uno de los vergonzosos campos europeos, aclaraba perfectamente el sentir popular cuando decía que los sirios no desean vivir en Europa, que lo que verdaderamente quieren, es que acabe la guerra.
No obstante, la guerra, para su desgracia, difícilmente podrá terminar, si las grandes potencias en lugar de negociar entre ellas sus hasta ahora ocultos intereses, se posicionan junto a cualquiera de los bandos allí establecidos, con la única intención de hacer ver al mundo hasta dónde llega su fuerza.
Y lo peor es que seguramente, cuando esto termine, nadie será jamás juzgado por los espantosos crímenes cometidos y que habrá que esperar los consabidos cincuenta años, para que sea la Historia la que esclarezca qué pasó en Siria y cuántas vidas costó  la cerrilidad de unos cuantos líderes ansiosos de alcanzar una gloria, teñida por la sangre de cientos de miles de inocentes.




martes, 6 de octubre de 2015

La fecha del cambio


Tras dos días de paro forzoso debido a una dolorosa tendinitis, retomo con prudencia la actividad, que después de conocer los resultados de las Elecciones portuguesas, no puede sino centrarse en comentar la fecha elegida por Mariano Rajoy para la celebración de las nuestras.
Llevamos tanto tiempo esperando la oportunidad de votar en estas Generales, que ni siquiera el hecho de saber que los conservadores han ganado en el País vecino, puede ensombrecer la ilusión que muchos españoles tenemos en conseguir cambiar aquí, el rumbo que ha tomado la política durante los últimos cuatro años.
Nunca antes habían tenido lugar unos Comicios en un día tan cercano a la Navidad, aunque parece evidente que el Presidente ha escogido el 20 de Diciembre esperando que los ciudadanos se encuentren ya de viaje en este día y sabiendo que una baja participación beneficiaría exclusivamente  al PP, contando como cuenta con un electorado fiel, bien distinto al que suelen tener los restantes Partidos del arco político español.
Poco ha tardado la prensa conservadora en publicar la primera encuesta, que concede a Rajoy, a pesar de lo que ha llovido, nada menos que cinco puntos de ventaja sobre  Pedro Sánchez, que según La Razón, mantendría al PSOE como segunda fuerza, por delante de Ciudadanos y Podemos.
Pero la cosa no debe ni puede ser tan evidente, si se juzgan las declaraciones ofrecidas en dos ocasiones por José María Aznar, que ataca directamente y sin tapujos el mismo corazón de los dirigentes de Génova y que carga las tintas, profundamente indignado, sobre quién él mismo designara hace años como su sucesor, temiendo que de seguir así, no podrá obtener en las Generales, más que un estrepitoso fracaso.
Aunque le pierden las formas y el ex Presidente tiene fama de ser uno de los políticos más rencorosos de cuántos se han conocido en este país nuestro, no se puede negar que si se constatan los hechos acaecidos en las últimas ocasiones en que los ciudadanos han sido llamados a las urnas, le asiste en este caso toda la razón y convendrán conmigo en que la realidad contradice, radicalmente, los resultados de esta encuesta.
Sin embargo, los líderes del PP parecen mucho más interesados en aclarar a los votantes que existen claras diferencias entre ellos y el Partido de Albert Rivera, procurando quizá que aquellos que han visto en Ciudadanos una nueva oportunidad para seguir votando a una derecha, hasta hoy libre de casos de corrupción e inocente de las políticas de recortes aplicadas por el gobierno, den marcha atrás,  si  corre insistentemente el rumor de que la formación se acerca más a la socialdemocracia que a la derecha de siempre que representan los populares y nadie más, al menos hasta este momento.
Pero puede ocurrir, si los resultados de las generales no son lo propicios que los aduladores de turno piensan, que la necesidad de contar con los de Rivera se convierta para los conservadores en perentoria, después del 20 de Diciembre y que este discurso de ahora, termine por transformarse  en un obstáculo insalvable para poder poner en marcha una negociación, a la hora de formar un nuevo gobierno.
El resultado de Ciudadanos en las Elecciones catalanas, muy al contrario de lo que parecen pensar los asesores de Rajoy, ha de ser, necesariamente, muy inferior al que seguramente obtendrá en las Generales, fundamentalmente porque en éstas, no tendrá que lidiar con los prejuicios que le acarreaba en Cataluña el hecho de su declarada españolidad y que ponía en su contra a miles de ciudadanos, que probablemente se decantaron por los nacionalistas.
Doble error comete pues el PP, menospreciando las posibilidades de los Partidos emergentes y dando por sentado un triunfo que está en el aire mientras los comicios no se celebren, sobre todo, si sólo atiende a encuestas realizadas por periódicos afines a su propia ideología que aunque pudieran influir de algún modo sobre la voluntad de determinados votantes, no ofrecen ninguna certeza, ni pueden garantizar la continuidad de Rajoy, en la nueva legislatura.
Hasta el 20 de Diciembre, queda aún, toda una Campaña electoral por delante y el futuro político de este país, ese día, estará, como siempre, sólo en manos de los españoles que atendiendo a su propio pensamiento y en total libertad, otorgarán el poder, a quiénes a ellos les de la real gana.


jueves, 1 de octubre de 2015

El colmo de la indignación


Ahora nos enteramos que uno de esos Bancos que han venido desahuciando a miles de familias en paro, sin piedad,  y que han necesitado fusiones y rescates que han costado a varias generaciones de españoles estar pagando una deuda eterna, perdonó al entonces Ministro de Economía Rodrigo Rato, la nada despreciable cifra de cerca de cuatrocientos mil euros, proveniente de una deuda que arrastraba una de sus empresas.
Qué motivos pueden llevar a una Entidad bancaria a una condonación como ésta, siendo como son todas, organismos sin corazón cerrados a hacer concesiones de ningún tipo a los ciudadanos, muchas veces sobrepasados por el fantasma del desempleo y con voluntad de pagar, pero sin recursos materiales con qué poder hacerlo, es una incógnita que sólo puede tener la explicación de que el Banco en cuestión, esperaba obtener a cambio, del entonces Ministro, algún tipo de favor especial o incluso un reguero de información privilegiada que le permitiera, por ejemplo, duplicar o triplicar sus beneficios.
No se puede entender que en este País nuestro, sigan sucediendo estas cosas sin que la justicia actué de inmediato, esclareciendo la naturaleza de los hechos  y que los protagonistas de estas historias de pura corrupción, que constituyen el colmo de la indignación para cualquier persona honesta, continúen en total libertad, campando por sus respetos y seguramente, urdiendo algún que otro plan similar que llene aún más sus ya más que abultados bolsillos, mientras a los demás se nos exige una impracticable austeridad, que empieza por tener que mal vivir con  los sueldos de miseria que nos ha asignado la Reforma Laboral aprobada por este gobierno.
Y lo peor, es que la trayectoria de Rato resulta ser, a poco que se escarbe en ella, sospechosamente similar e incluso idéntica, a la de un gran número de empresarios y políticos  de todo signo y color, sin que a día de hoy, nadie les haya exigido la devolución íntegra de los capitales, en muchos casos sustraídos a las arecas del Estado, que se guardan, como hemos podido ver, en paraísos fiscales de todo el mundo, que a los grandes, no interesa que desaparezcan.
Por eso ayer, cuando escuchábamos  al señor Presidente defender la separación de poderes en el Estado, a muchos españoles se nos heló la sangre en las venas.
Porque si la justicia fuera de verdad independiente y los Magistrados pudieran aplicar estrictamente  la Ley, procesar y condenar a todos aquellos que se ven envueltos en corruptelas, sin continuas presiones políticas, se tratase de quiénes se tratase, las cárceles del país resultarían del todo insuficientes para albergar solamente a los delincuentes fiscales, que sin embargo, parecen gozar de total impunidad, a la vista de lo acontecido.
Y fíjense, que en estos tiempos terribles que nos han tocado vivir, en los que las más elementales carencias se han convertido en rutinarias para millones de personas sin esperanza, robar del tesoro común, debiera ser considerado un delito de alta traición, pues compromete las prestaciones sociales necesarias para que ningún español caiga en riesgo de exclusión social, teniendo además a veces que hacer frente a situaciones extremas de dependencia, cuya atención debiera corresponder, en exclusiva, a los Organismos públicos pertinentes.
 En lugar de eso, algunos, hasta reciben SMS del mismísimo Rajoy, pidiéndoles que aguanten y animándoles, sobre todo, a callar aquello que saben, seguramente, para no comprometer a otros, que cometieron iguales delitos.
Recuérdenlo a la hora de votar en las Generales. No sea que esta terrible situación se haga crónica y no podamos escapar de ella, en el resto de nuestras vidas.

Sienta la justicia en el banquillo a los padres de Asunta Basterra, acusados de haber asesinado a su hija adoptiva hace ya tiempo, iniciándose así uno de los juicios más mediáticos de los últimos celebrados en España y en el que entran en juego muchos factores ajenos al propio crimen, incluida la idoneidad de determinadas parejas, para recibir hijos en adopción.
Este asesinato, bastante truculento por las pruebas encontradas en los días posteriores a las detenciones practicadas por la policía, como somníferos, fotos de la niña durmiendo y un espeluznante diario en el que parecía intuir su final, abre sin embargo, una serie de incógnitas sobre la relación con los que fueron sus progenitores, hasta el mismo momento en que perdió la vida, para ser abandonada después, en un terreno situado a pocos metros del que fuera el domicilio de sus abuelos.
Los procesos de adopción, que son en nuestro país largos y durísimos y que cuentan con magníficos profesionales dispuestos a indagar incansablemente para estar seguros de en qué manos caerán estos niños cargados de historias personales terribles, no cuentan ni han contado jamás, sin embargo, con el apoyo real de los Organismos que finalmente deciden la idoneidad, provocándose en muchas ocasiones, enfrentamientos entre la Administración y los Psicólogos y Trabajadores sociales, encargados de realizar los informes.
Pero una equivocación a la hora de adjudicar un menor a una familia podría ser fatal, si los elegidos no cumplen al milímetro todas las exigencias que se requieren y que han de ser, incluso, muchísimo más rigurosas que las que se pedirían a los padres biológicos, precisamente por la vulnerabilidad que traen consigo, de origen, aquellos que se convertirán en sus  hijos.
Es más frecuente de lo que se sabe, que se produzcan devoluciones tras un tiempo de convivencia, como si estos niños, terriblemente maltratados por la vida, fueran una mercancía comprada de saldo en unos grandes almacenes y carecieran de los sentimientos precisos que les permitieran apegarse a los padres que les cayeron en suerte y que en determinadas ocasiones, no esperaban tropezar  con la rebeldía propia de quiénes desde la cuna, no han hecho otra cosa que ser víctimas de indiferencia o los abusos.
Sin juzgar, en el caso de Asumpta, la culpabilidad o la inocencia de los encausados, la primera impresión que ofrece esta historia que hemos ido conociendo a través de los medios, es la de que estas personas se encontraban entre ese porcentaje de seres incapaces de hacer frente al durísimo camino de la adopción y que a presar de parecer patente su rechazo hacia la niña, no se atrevieron, por las razones que fueran, a formalizar una devolución, que quizá alguna vez, tuvieron en mente.
La búsqueda de la verdad, la necesidad de descubrir lo que pasó en esa familia durante los años que duro la que parece una amarga convivencia, resulta mucho más fundamental en este caso, que en cualquier otro en el que los padres acusados tuvieran lazos biológicos con sus hijos muertos, porque los entresijos de esta historia, podrían resultar ser de gran ayuda para otros núcleos familiares, en los que los menores adoptados padecen a diario, situaciones similares a las que se relatan, en relación con los hechos.
Y si finalmente se prueba la culpabilidad de los padres en el crimen, habría inmediatamente que preguntarse qué grado de responsabilidad corresponde a la Administración que concedió  la aptitud para la adopción a esta pareja, porque quedaría claro que no solo no eran idóneos, sino que carecían, incluso, de los instintos básicos que exige la paternidad y que alguien lo pasó por alto, atendiendo quizá, a otros intereses.