miércoles, 9 de septiembre de 2015

Regreso a las aulas


Vuelven nuestros niños al Colegio, a enfrentarse con una Ley Wert aprobada en solitario por un Partido Popular, al que probablemente sólo le quedan unos meses en el poder, hasta que se celebren las próximas elecciones.
Vuelven, para ser dócilmente adoctrinados, a causa de su edad, en la obligatoriedad de la religión Católica como asignatura puntuable, a pesar de vivir en un país constitucionalmente laico, en el que hasta ahora, eran las familias quiénes decidían si sus hijos optaban por esta materia o por la ética impartida por profesores de Filosofía, que ven con el cambio, sensiblemente reducidos sus horarios.
Vuelven, para ingresar en un sistema educativo distinto al que tuvieron sus padres y que gracias a la lucha incesante de muchísima gente, llegó a ser prácticamente gratuito, ofreciendo a todos por igual, la oportunidad de acceder a la Universidad, sin que tuviera importancia su procedencia.
Vuelven, esperando que cualquiera que gane en las Generales, si no es el PP, derogue inmediatamente esta Ley, concebida para disfrute de ricos, que anula cualquier posibilidad a todos aquellos que por razones económicas, no pueda costearse las altísimas tasas que han implantado, impertérritamente, los populares.
Vuelven, a un Colegio que volverá a separar a listos y torpes, como ya ocurría cuando muchos de nosotros éramos pequeños, amparándose en ofrecer una enseñanza de calidad, que sin embargo discrimina de modo fulminante a todos aquellos niños que no alcancen un determinado nivel, sin investigar las razones que producen este retraso, ni procurar en casos de que provengan de ámbitos familiares en riesgo, una integración, que como todos sabemos, es posible, si se lucha por el menor y se le conceden ciertas oportunidades para recuperar el tiempo perdido.
Vuelven, habiendo tenido que madurar  a causa de la pobreza que ha traído a sus casas la Reforma Laboral de Rajoy y muchas veces, sin tener siquiera sus necesidades más elementales cubiertas, por estar sus progenitores en paro y sin ninguna esperanza de encontrar, a corto plazo, un empleo digno.
Vuelven, con la lección tristemente aprendida de que lo que uno tiene no dura para siempre e incluso avergonzándose de tener que vivir como hoy viven, a pesar de que por su corta existencia, no han podido  incurrir en pecado alguno que justifique la mala vida que padecen.
Y sin  embargo, las calles se llenan otra vez de sus risas, como en cualquier comienzo de Curso en que no hubieran ocurrido ninguna de las terribles historias que acucian a nuestras familias, intacta la ilusión y preparados sin saberlo, para afrontar con toda la entereza del mundo, lo que les sobrevenga.
Ignorantes del futuro incierto que les aguarda, acuden a la Escuela esperando aprender, creyendo aún que basta con aferrarse a la mano de sus padres, para encontrarse a salvo de todos los peligros.
Mirarlos hoy jugar en los patios de recreo, aviva las ganas de continuar en la lucha, para que al menos tengan la oportunidad de poder cumplir todos sus sueños.




martes, 8 de septiembre de 2015

El gesto insolidario


A pesar de que muchos de los refugiados que huyen en estos día masivamente de los horrores de la guerra son musulmanes, las Iglesias asentadas en Europa y muy fundamentalmente la Católica, al ocupar el Estado Vaticano, no pueden ni deben cerrar los ojos a los dramas personales que estas personas traen detrás y  habrían, necesariamente, siguiendo los principios de su credo, de colaborar mucho más de lo que lo están haciendo hasta ahora, en mejorar la terrible situación que padecen.
Ya hemos oído al Papa Francisco sugerir que cada Parroquia tendría que acoger a una familia de estos refugiados, pero su  solución, la verdad, parece claramente insuficiente.
Estamos hartos de ver a voluntarios civiles solidarizarse con las multitudes hacinadas en las estaciones y aeropuertos, pero resulta difícil distinguir a sacerdotes ejerciendo allí las labores que exige su Religión para con los más necesitados, o manifestarse en las calles, como otras muchas veces han hecho contra el matrimonio entre homosexuales o el aborto, exigiendo a los gobiernos una pronta resolución de este problema, que está minando, ante las cámaras de todo el mundo, la dignidad de miles de seres humanos.
¿Qué ha hecho, por ejemplo, el archiconocido Rouco Varela, tan proclive a intervenir en los asuntos de Estado, cuando considera que están en peligro los intereses de su Iglesia?
¿Qué han propuesto Cardenales y Obispos al Presidente Rajoy, en nuestro caso, para paliar las condiciones inhumanas en que se ven obligados a vivir, ahora, en el mismo corazón de nuestra Europa?
No se puede creer que la Iglesia no ofrezca parte de sus incontables recursos para colaborar con las Naciones en la integración de esta gente y que sus propuestas se hayan limitado a las tímidas palabras papales, mientras miles de seglares se hallan dispuestos a abrir las puertas de sus hogares en todo el continente, para acoger bajo su techo, a estas familias.
Flaco favor se hace a sí misma la Iglesia católica ofreciendo este ejemplo de clara insolidaridad a sus fieles, que deben estar atónitos ante esta actitud que contradice diametralmente, la propia doctrina que predicó Jesucristo.
Porque si el argumento para permanecer al margen se basa tácitamente en que los refugiados son islamistas, su mutismo podría ser perfectamente interpretado como una forma  velada de otra clase de fundamentalismo.
Difícilmente podrán así atraer a su religión a nuevos feligreses, ni mucho menos, convencer a los que se alejaron de ella hace tiempo, intuyendo que algo como esto podría pasar, a la primera oportunidad que se presentara, de tener que arrimar el hombro, en ésta o en otra tragedia.
Si las imágenes que recibimos a través de la televisión son la vergüenza de Europa actualmente, en el caso de la Iglesia es mucho más aún. Es la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y una de las muestras más claras del papel camaleónico que siempre tuvo la Curia, que salvo gloriosas excepciones, acostumbra a elegir una incomprensible neutralidad, cada vez que se produce algún conflicto.


lunes, 7 de septiembre de 2015

El padre de la abeja


Muere José María Ruíz Mateos, uno de los primeros personajes mediáticos que conocimos los españoles como implicado en un delito de corrupción y cuyas empresas fueron nacionalizadas por el Estado, siendo Presidente Felipe González, en los primeros años ochenta.
El empresario, que no tardó después en convertirse en una imagen esperpéntica, por la lucha privada que mantuvo durante años contra el que fuera Ministro de Economía, Miguel Boyer, no tardó sin embargo en recuperarse, al menos aparentemente, de los estragos que según él, había causado en sus financias el Gobierno socialista y tras una aventura también fracasada como dueño del Club de Futbol Rayo Vallecano, emprendió una nueva y arriesgada odisea comprando un buen número de negocios y sacando a la venta una serie de participaciones, que muchos incautos compraron, creyendo en las vanas promesas de rentabilidad que a través de la televisión, ofrecía el propio dueño. 
Aquellos inversores, pronto empezaron a comprender que la oferta del  jerezano no era más que otra estafa monumental que sólo sirvió para mantener durante cierto tiempo el tren de vida de la numerosísima prole de la familia de Ruiz Mateos, teniendo muchos de sus miembros, incluido el padre, que enfrentarse nuevamente con la justicia, en otro episodio delictivo que aún no se ha cerrado, debido a la cuantía de las deudas.
Entretanto y habiendo ganado cierta popularidad entre la gente, ante la que aparecía continuamente disfrazado de un buen número de conocidísimos personajes y acudiendo reiteradamente a múltiples entrevistas de televisión, Ruíz Mateos, se atrevió incluso a crear un Partido Político, siendo elegido Eurodiputado, por una de esas cosas inexplicables que a veces ocurren en el mundo de la política.
 Católico recalcitrante, miembro del Opus Dei y ultraderechista convencido, no cabe duda sin embargo que Ruíz Mateos ha podido representar, exactamente, lo que nunca podría considerarse como un empresario ejemplar, sino más bien como lo que la lengua española define como “vividor”, sin que ningún otro calificativo exprese mejor lo que de este personaje pensamos la mayoría de los españoles.
Parece mentira que habiendo sido ya cuando el asunto Rumasa, desposeído de sus empresas por el estado, se le permitiera  de nuevo iniciar un episodio de similares características que, naturalmente, acabó como era previsible, de forma catastrófica.
Tras su muerte, lo que ocurra con su familia, absolutamente implicada en los negocios fraudulentos que el padre emprendiera durante toda su vida, es una incógnita que a todos los ciudadanos nos encantaría resolver, aunque no nos faltan razones para pensar que probablemente, todo este caso se diluya, sin que los estafados lleguen nunca a recuperar  el montante de sus inversiones.
Otra de ésas fábulas que parece directamente sacada de las manos del genial Luis Berlanga, pero que constituyen una página negra más, de las muchas que últimamente se están escribiendo en nuestra historia más reciente.




domingo, 6 de septiembre de 2015

Podríamos entendernos


A pocas fechas de la celebración de Elecciones, Artur Mas dirige una carta a los españoles, enalteciendo los valores democráticos y solidarios que siempre tuvo Cataluña, quejándose y lamentándose  a la vez, de la discriminación reiterada que ha sufrido la Comunidad que preside, por parte de los gobiernos españoles y muy especialmente, de éste que encabeza Rajoy, llegando a considerar que mientras los habitantes de otros espacios son considerados como ciudadanos, los catalanes podrían ser definidos, teniendo en cuenta los agravios sufridos, como súbditos.
Dice también que llegados a este punto no hay Tribunal Constitucional ni Organismo que les frene y que el 27  de septiembre es pues, el día para decidir si los catalanes quieren seguir formando parte de España o prefieren intentar la aventura independentista de convertirse en país, como es el sueño de quién firma esta carta, cosa que desde hace tiempo todos conocemos.
Parte de razón tiene el President de la Generalitat en sus afirmaciones y la inteligencia de los españoles que no formamos parte de su territorio, da para entender a la perfección eso y mucho más, a pesar de que el contenido de la misiva parece convertirnos a todos en auténticos represores de lo que representa la identidad catalana y en una especie de enemigos exacerbados de todo cuanto pueda  representar algún tipo de simbología propia de esta tierra que también para muchos de nosotros y no sólo por proximidad, es querida y respetada tal como es e incluso   admirada  por su tenacidad y otras muchas virtudes que no vienen al caso.
Es por eso que pensamos que aunque Mas acierta en el fondo, se equivoca en las formas, ya que no sólo Cataluña ha sido visiblemente atacada y despreciada por las políticas del Partido Popular, sino que más bien, el despropósito que ha constituido esta última legislatura, nos ha afectado a todos por igual, a pesar de no haber manifestado los demás, nunca, ninguna intención de llegar a conseguir la independencia y que todas las medidas adoptadas por el Ejecutivo han sido durísimamente criticadas desde todos los puntos del país sin que ninguna de ellas haya encontrado apoyo de ninguna de las Fuerzas Políticas que forman parte del Parlamento Nacional…exceptuando en algunos casos, el de Convergencia y Unión, que es casualmente, el partido que él preside y que también colaboró estrechamente, en el pasado, con Aznar y González, cuestión que obvia definitivamente, en el texto que ahora emite.
Tampoco es bueno el tono en que escribe la carta, que parece sugerir tácitamente que todos los españoles coincidimos con Rajoy en sus apreciaciones sobre Cataluña o en el tipo de estrategia adoptada  por el Partido Popular en pleno, en relación con el conflicto.
Somos muchos, más de los que se piensa, los que consideramos democrático que los catalanes celebren una Consulta sobre la Independencia, fundamentalmente, porque el Resultado de dicho Referendum podría, por fin, aclarar cuál es el pensamiento real de la mayoría de la sociedad de éste territorio, a la que tanto unos como otros, presuponen afín a su teoría, en los mítines abarrotados de seguidores, que celebran en los últimos meses.
Tampoco se sabe qué porcentaje de la sociedad española se manifestaría como auténticamente anti catalanista, pues no hemos sido preguntados nunca por esta cuestión, por mucho que sirva como piedra de toque a los líderes que ahora defienden la independencia y sería bueno, de todos modos, diferenciar que a muchos de los que son considerados como tales, lo que no les gustan, en general, son los nacionalismos, procedan o no de la zona que ahora nos ocupa y quizá porque los que recuerdan a lo largo de la historia, han resultado bastante  perjudiciales para el género humano en general, desembocando en episodios terribles.
A mi entender, a catalanes y españoles, nos encantaría fundamentalmente, poder llegar a acuerdos y aunque eso nunca se logrará con las posturas que adoptan en estos momentos Mas y Rajoy, puede que exista algún modo de lograr la concordia, en el momento en que ambos líderes abandonen el poder, si son reemplazados por personas de visión mucho más amplia sobre la política en general y principalmente, sobre este conflicto.
Huelga pues, la carta de Mas, que no hace más que añadir leña a este fuego que todos avivan contundentemente con sus afirmaciones partidistas, españolistas o catalanistas, nacionalistas en fin, de bandos diferentes.
Y aunque mantenerse  al margen de esta radicalidad de ambos frentes resulta harto difícil, sin ser acusado por algunos de apátridas desarraigados, razonar una salida dialogada y en paz, que facilite la convivencia entre tierras con idiosincrasias distintas, habría de ser, necesariamente, una prioridad, si lo que se pretende es terminar para siempre con estas hostilidades, que probablemente, sólo existen en las mentes calenturientas de determinados personajes y no en la realidad cotidiana que vivimos los ciudadanos de aquí o de allá, que por supuesto, podríamos entendernos, manteniendo cada cual intactas sus naturales diferencias.









jueves, 3 de septiembre de 2015

Muerte en el mar


La imagen del cuerpo de un niño de cortísima edad, arrastrado sin vida por las olas hacia la playa que hubiera representado para él la oportunidad de vivir en libertad, estremeció ayer a todos los seres humanos que nos atrevimos a mirarla y arrancó de nosotros un sentimiento de rabia contenida, por no haber podido hacer nada para salvar al pequeño.
Pero el cadáver de este niño no es más que una representación de lo que ocurre en demasiadas ocasiones en las aguas que separan al tercer mundo del nuestro y los españoles sabemos bien las fosas comunes que se ocultan bajo la aparente calma del oleaje, un día sereno.
Cómo pueden los líderes de Europa no arbitrar una solución urgente a este incesante éxodo de personas inocentes que luchan hasta perder el aliento por aproximarse a nosotros, con la mera intención de procurar para sí mismos y para sus hijos, un poco de dignidad y decencia con la que poder afrontar el futuro?
¿No les causa vergüenza, indignación e impotencia contemplar inertes desde sus posiciones de poder, estas crudísimas imágenes que retratan imperativamente las diferencias que existen, en este mundo que andan creando para nosotros, desde la más absoluta indiferencia?
¿No defienden una tierra globalizada? Pues habrá que globalizar también los problemas.
Porque seguir discutiendo exclusivamente sobre economía, animar al consumismo feroz, mientras el hambre y la miseria corroen la misma médula de los países más desfavorecidos, mientras las guerras y conflictos aún peores, impiden a las personas disfrutar de sus más elementales derechos, constituye simple y llanamente, una imperdonable traición que atenta contra todos los principios morales que fueron siempre lo que nos diferenció de las bestias.
El genocidio tácito que se está produciendo ante nuestros ojos, parece que ni siquiera será juzgado por ningún tribunal internacional y organismos como la ONU, se conforman con sugerir que deben entablarse conversaciones, para encontrar una pronta salida a la terrible tragedia.
Pero la gente no sobrevive sólo con las palabras y menos aún, con la creación de fronteras inexpugnables que no sirven para nada más que para dilatar en el tiempo, una realidad que sin embargo, permanece latente tras los muros y las alambradas, llevándose del mundo a cientos de miles de inocentes.
Sus vidas, sacrificadas en un sin sentido, mientras el primer mundo continúa disfrutando alegremente de su situación de privilegio, son también, responsabilidad nuestra y no sólo de los ciudadanos que solidariamente hacen lo que pueden por remediar la amargura y la desesperación que mueve a estos seres a llamar con insistencia a nuestras puertas, sino, fundamentalmente, de los Gobiernos.
Flaca memoria tienen algunos. Merkel parece haber olvidado que hubimos de reconstruir , entre todos, su país, después de la guerra y Rajoy, no debe recordar que no hace tanto tiempo, miles de españoles fueron también, refugiados que hubieron de huir de aquí, para buscar asilo en otras naciones que entonces, nos abrieron sus puertas.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

A la carrera


Mariano Rajoy se ha propuesto llegar a las elecciones del próximo Otoño aglutinando el mayor número de votos posibles y no hace últimamente otra cosa que urdir planes que le faciliten en la medida de lo posible, una permanencia en Moncloa, que no ha merecido ni merece, si se hace balance de lo que han sido para los españoles sus cuatro años en el Gobierno.
Pero ya se sabe que la erótica del poder acaba envolviendo a quiénes alguna vez lo tuvieron y resulta tremendamente difícil renunciar a los muchos privilegios que los cargos de relevancia ofrecen.
Quizá por eso, una de las primeras medidas que ha tomado el todavía Presidente en esta última etapa de su mandato ha sido la de bajar el IRPF a los trabajadores que todavía tienen la suerte de estar en activo, probablemente pensando que las cuestiones que afectan al bolsillo han cobrado más importancia de la que nunca habían tenido, sobre todo para quiénes como él, se rinden incondicionalmente ante el ídolo del capitalismo.
Y como, además, ha fracasado estrepitosamente en cuánto tiene que ver con temas sociales y muy especialmente promulgando una ley que arrebataba la cobertura sanitaria a los inmigrantes sin papeles, se ha propuesto ahora resarcir, en parte, a los afectados por la medida, ofreciéndoles una especie de componenda para que puedan ser atendidos en los Centros, aunque sin otorgarles la ansiada tarjeta sanitaria que supondría  la posibilidad de poder hacer uso de la medicina, en todo el ámbito de la Comunidad Europea.
Compra con ello, al menos tácitamente, la permanencia de estas personas en España, considerando quizá, que podrían serle útiles como mano de obra más que barata, esperando de ellos cierta correspondencia a cambio de unos servicios sanitarios, que en otra parte les serían negados sistemáticamente.
Por si fuera poco y en vísperas de la Celebración de las importantísimas Elecciones Catalanas, encontrar el modo de poder parar a Artur Mas y los suyos, en sus afanes independentistas, se ha convertido en una especie de cuestión de honor para el líder del PP y no se le ha ocurrido otra cosa que hacer uso de su mayoría absoluta para aprobar a la carrera una Ley, que le permita juzgar y condenar a todos aquellos que atenten contra la unidad de España.
Nada importa si Europa se enfrenta en este momento al mayor problema que ha tenido desde que la Comunidad se creara, con la suerte de miles de refugiados pendiendo de un hilo, aunque sólo sea por cuestiones humanitarias, ni que el paro en Agosto haya crecido, como era de esperar, contradiciendo las ínfulas triunfalistas que han sido el motor de su gobierno, ni la oposición contundente de todos los Partidos a la promulgación de Leyes que, al menos en apariencia, parecen hechas para favorecer en exclusiva, los intereses del Partido Popular al que pertenece.

Rajoy quiere, por encima de todo, ganar las Elecciones Generales y en el tiempo que queda para que se celebren, acuérdense, aún habremos de ver como su lucha personal se plasma en contentar, de la manera que sea, a  estos votantes españoles que tan poco le hemos importado durante los últimos cuatro años, pero de los que ahora depende su futuro y el de todos aquellos que le apoyaron incondicionalmente, aún en perjuicio de la ciudadanía.

martes, 1 de septiembre de 2015

Éxodo


El destino de miles de personas, procedentes de países en guerra y cuyo único sueño es el de sobrevivir  bajo la ansiada paz de cualquiera de los países europeos, pende de un hilo ante las alambradas colocadas  con el propósito de frenar su incesante éxodo, mientras los líderes de las principales potencias del Continente se debaten ante el dilema de qué hacer para remediar el problema sin demasiado costo económico, como si el sentido de solidaridad hubiera perdido de pronto, toda la esencia de su propio significado.
Esta triste realidad constituye sin duda la noticia más relevante del verano y todo hace presagiar que de no encontrarse a la mayor brevedad posible, una solución para esta inmigración sobrevenida, Europa tendrá que cambiar la naturaleza de un pensamiento ciertamente intolerante con los extranjeros y amoldarse, del modo que sea, a la posibilidad de tener que abrir sus fronteras, permitiendo la entrada a todos estos seres desesperados que son, en muchos casos, producto de situaciones extremas que los grandes líderes han ayudado a provocar, por colaboración u omisión, durante los últimos años.
La crudeza de los tiempos de crisis, los problemas originados fundamentalmente en el sur europeo e incluso la pobreza generada por los recortes impuestos, parecen carecer de importancia ante el drama personal que arrastran estos miles de refugiados que a diario se juegan la vida, por mar o por tierra, huyendo desesperadamente del horror de una guerras que ya se han cobrado miles de víctimas inocentes y que no tienen visos de terminar, sino más bien de recrudecerse, en una especie de vuelta de tuerca que convierte en peor que el anterior, cada uno de los días que van transcurriendo.
La misma Europa que nunca terminó de entender, por ejemplo, la gravedad de las olas migratorias que llegaban a España a través del estrecho, se ha encontrado de pronto, con un problema cuya magnitud sobrepasa exageradamente cualquier intento anterior por alcanzar el paraíso de la civilización que se contempla desde los lugares más desfavorecidos y ahora sí, tendrá por fin que tomar decisiones de peso, si como dice, no puede tomar   bajo su protección a los cientos de miles de refugiados que pretenden establecerse al amparo de sus fronteras.
Alemania, Suecia o Finlandia, los destinos más deseados por todos aquellos que consiguen pasar hasta los improvisados campos en los que se hacinan en espera de poder circular libremente por los países comunitarios, se dan ahora de bruces con una realidad que durante años han ignorado sistemáticamente, al no verse afectadas en ningún caso, por un problema que sin embargo, conocen bien Italia o España, por experiencia propia.
Sin embargo, vistos los acontecimientos vividos por los europeos, sobre todo por los del sur, desde que se iniciara la crisis, que la Señora Merkel y sus socios habiliten una vía de solución para que estas personas puedan alcanzar finalmente un estatus de dignidad, parece algo imposible de creer, sobre todo teniendo en cuenta que ni siquiera han sido capaces de proteger la dignidad de los habitantes comunitarios, a los que han, literalmente, masacrado con sus políticas económicas.
La búsqueda de un camino que nos permita compartir con estos refugiados políticos lo poco que nos han dejado a los que aquí vivimos, puede sin duda convertirse en un dilema que seguramente y como siempre, acabará por resolver, la propia solidaridad de los pueblos y no la negociación de estos líderes que ahora nos gobiernan.
Y a pesar de que cualquiera de nosotros podría, en un futuro, encontrarse en la misma situación en la que estos seres humanos se encuentran, la dificultad del momento que atravesamos nos hace temer que está próximo el día en que lo que decidan los mandatarios europeos sea más bien, construir altos muros con los que preservar sus ansiadas posesiones y no abrir puertas que permitan acercarse  a estos seres humanos a los que se abandonará a su suerte, como si vivieran en otro universo y nada tuvieran que ver con nosotros.