miércoles, 9 de julio de 2014

La táctica del insulto


Mientras la eliminación de Brasil del mundial y la muerte de Di Stefano copan la atención informativa, volviendo a convertir al Fútbol en el asunto más importante del país, la triste vida de los ciudadanos y su situación de penuria económica continúa exactamente en el mismo punto en que se encontraba, sin mejorar un ápice desde que empezara el campeonato de este deporte adormecedor de conciencias.
Entretanto, la formación Podemos, con su líder Pablo Iglesias a la cabeza, se atreve a demandar judicialmente a Esperanza Aguirre, por tratar de establecer estrechas vinculaciones de este Partido con el  Chavismo de Venezuela y la organización terrorista Eta, como han venido apoyando también todos los medios informativos adeptos a la derecha, en una campaña sin precedentes contra el grupo que mejores resultados obtuvo en las elecciones europeas.
El ataque feroz que sin duda es fruto del miedo cerval que despierta en el PP la sola idea de que Podemos pueda llegar a ser la llave del poder en las próximas Elecciones Generales, viene produciéndose de manera reiterativa y diaria, probablemente con el afán de crear al menos, una duda razonable en el electorado y haciendo efectivo el españolísimo refrán que reza: Difama, que algo queda.
A pesar de todo, aún no han conseguido que Iglesias pierda los papeles, lo cual debe resultar increíblemente irritante para los atacantes, a los que no queda más remedio que bajar el tono de los insultos ante la impasibilidad del líder de Podemos, cada vez que se enfrentan con él cara a cara, sin conseguir el objetivo marcado de que responda de mala manera.
Únicamente el inteligente Monago ha salido en defensa de Iglesias, manifestando que la Formación apoyada por más de millón y medio de votantes merece por lo menos, respeto, desmarcándose una vez más de las líneas impuestas por su Partido, que ha optado erróneamente por la descalificación, desde la mañana siguiente del recuento de las europeas.
La estrategia del  PP resulta sin embargo, tan evidente para todos los españoles, que por cada insulto vertido sobre ellos, los integrantes de Podemos podrían conseguir un alto número de nuevos votos, con los que con toda probabilidad, se conviertan en la tercera fuerza política del país, por encima de UPD e IU.
Si ahora además Pablo Iglesias consigue una decisión judicial a su favor y en contra de las tesis defendidas por Esperanza Aguirrre y por medios de comunicación como el Canal 13 o El Mundo, nada podrá detener el avance de su Partido, que ha conseguido ilusionar a unos ciudadanos hundidos por los nefastos efectos que sobre sus vidas  han tenido las medidas adoptadas por los políticos.
Ya puede olvidarse La Casta, como califica Iglesias a quienes hacen de la política un medio para su propio enriquecimiento, de apartar a Podemos del panorama político nacional, ya que no les quedará otro remedio que acostumbrarse a convivir con sus representantes en el Parlamento, escucharles con atención, e incluso llegar a pactar, si es que quieren seguir manteniéndose en alguna parcela de poder.
Haciendo un símil con la actualidad deportiva, Podemos también le ha metido siete a uno al PP, al PSOE y a todos aquellos grupos tradicionales que se habían creído que  su posición de privilegio era eterna.
Convendrán conmigo, en que todo el mundo tiene derecho a competir por gobernar, si es que este país sigue viviendo, verdaderamente, en una Democracia.


martes, 8 de julio de 2014

Una nefasta mayoría


Es fácil entender que para un Partido que se presenta a unas Elecciones Generales, obtener una mayoría absoluta que le permita gobernar en solitario, pueda ser una meta difícil de obtener, pero por la que hay que luchar con uñas y dientes y es razonablemente comprensible que esto sea así y no de otra manera, sobre todo si como en un país como el nuestro, esa mayoría absoluta garantiza el hecho de tomar decisiones sin ningún tipo de oposición, durante los cuatro años que dura una legislatura.
Sin embargo para los pueblos y para el nuestro en particular, que tiene la desgracia de no contar con recursos legales que permitan apear del poder a aquellas formaciones políticas que incumplan el programa con el que se presentaron a los comicios y que ha de conformarse con la línea política que haya decidido seguir el ganador de esa mayoría, no deja de ser una desgracia de la que no se puede escapar y a la que habremos de permanecer anclados, hasta que se nos de una nueva oportunidad de acudir a las urnas.
El caso del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza y el modo en que ha afrontado desde su llegada las labores de gobierno, constituye en sí mismo, un claro ejemplo de que la satisfacción de los ganadores y el sentimiento de indignación que se impone en la sociedad, a causa de la imposibilidad de hacerse oír, ni siquiera a través de los grupos de oposición en el Parlamento, van en relación estrictamente inversa.
La aprobación de medidas económicas por Decreto que se han venido sucediendo desde que Rajoy ocupó su cargo en la Moncloa y la aprobación de Leyes como la Reforma Laboral o la Ley del aborto, junto con la sucesión interminable de recortes sociales que hemos tenido que sufrir estoicamente los españoles, deja patente que para la totalidad de los ciudadanos, la existencia de una mayoría absoluta en el Congreso, es un auténtico tormento.
Como continuación al sinfín de tropelías que el PP ha cometido  amparado en esa mayoría, parece que el próximo Jueves se va a aprobar, cómo no, también por decreto, un paquete amplísimo de medidas capaces de modificar el trasfondo económico que hasta ahora nos era familiar y que se volverá a hacer sin contar con la opinión de los otros Grupos Parlamentarios, nuevamente a través de esa mayoría que constituye una patente de Corso, para Rajoy y los suyos.
Poco o nada va a importar que los líderes de todos los otros Partidos presentes en el Congreso hayan empezado a hablar de que se está secuestrando la democracia y que se opongan en bloque a la aprobación de este Decretazo que ni siquiera se impone ya, de manera encubierta.
Otra vez, los españoles tendremos que aceptar lo que Mariano Rajoy nos quiera imponer y sea lo que sea, habremos de cargar con ello, al menos, hasta las Elecciones Generales para las que aún falta, aproximadamente año y medio.
Para entonces, la derecha ya se habrá encargado de esquilmar los pocos recursos que aún puedan quedarnos, apoyados en la reforma de nuestro IRPF, el pago de nuevos impuestos por nuestras indemnizaciones por despido o por la venta de nuestras casas y habrá conseguido ganarse la estima de los magnates europeos a los que sirven de una manera patética, a costa del sacrificio extremo que exigen a todos los españoles.
Lo malo es que estos caminos, raramente permiten una vuelta atrás y que suele ser norma de todos los gobiernos actuales, del signo que sean, aceptar como bueno todo aquello que les permita llenar las arcas del ·Estado, por lo que estas medidas de corte dictatorial y recaudatorio, bien podrían, a partir de ahora, convertirse en costumbres.
Y sin embargo, ninguno de los grupos parlamentarios ha defendido aún la urgencia de cambiar la legalidad vigente para poder introducir en ella algún tipo de Ley que permita forzar la dimisión de un gobierno, si como es el caso de ahora, abusara de su poder, en perjuicio flagrante de los ciudadanos a los que, teóricamente,  representa.
Alguna Ley que se tenga mayoría absoluta o no, termine con las tiranías impuestas al conjunto de la sociedad por determinado grupo en el poder y que claramente favorece a otros intereses que nada tienen que ver con el bienestar de toda la sociedad, de la que debe ser servidor y a cuyo beneficio se debe.
El Decretazo que se nos viene encima podría ser, no obstante, el detonante que agite nuestra frágil calma social y la gota que acabe de colmar el vaso de nuestra infinita paciencia.
Tener cada vez menos, ser denostados, vejados y vapuleados reiterativamente por nuestros  gobernantes, empieza a causar en nosotros una especie de odio incontrolable por la figura de los políticos y no puede traer otra cosa que una mayor indignación y ganas de combatir los abusos.
Rajoy está tensando tanto la cuerda, que acabará rompiéndose en el momento más inesperado.





lunes, 7 de julio de 2014

Buceando en las aguas profundas


Una vez conseguido el objetivo de que en Cataluña no se hable de otra cosa que de la Consulta soberanista y habiendo caldeado los ánimos de los ciudadanos hasta el punto de provocar ciertos odios irracionales por razones de etnia, Artur Mas anuncia en pleno periodo pre vacacional que llevará a cabo nuevos recortes en Otoño, medida que por cierto coincidirá de lleno con la convocatoria hasta ahora ilegal, de su cacareado Referendum.
Buceando en las aguas profundas de la política catalana y en el modo de gobernar que Convergencia i Unió está practicando desde su llegada al poder, no puede por menos que advertirse una más que sospechosa similitud con la forma de hacer del que se considera el peor de los enemigos en aquellas latitudes y que no es otro que Mariano Rajoy, con quién tan mal dice Mas que se entiende.
Teniendo en cuenta que las competencias de la Generalitat son bastante completas, habría que convenir que la responsabilidad de la multitud de recortes aplicados y la pérdida de derechos sociales que han sufrido los catalanes en los últimos tiempos son, casi en su totalidad, responsabilidad única y exclusiva de Mas y su gobierno y que por mucho que se empeñe en relacionarlo de alguna manera con la contribución tributaria que han de hacer al Estado español, las cuentas no salen, ni de lejos.
Salpicados además, de lleno, por los escándalos financieros de la familia Pujol, que presuntamente había hecho de Andorra una especie de Banco particular al que trasladar cantidades obtenidas de manera absolutamente fraudulenta, a Convergencia no le quedaba otro remedio que ser capaz de urdir un plan brillante, lo suficientemente atractivo, como para poder captar la atención de toda la sociedad Catalana y que a la vez, moviera la sensibilidad colectiva, despertando un sentimiento de férreo patriotismo nacionalista, mientras conseguía desviar todas las miradas de los verdaderos problemas que en principio debieran ser, prioritarios para todos.
La cuestión soberanista y el empeño personal que Mas está poniendo en ella, no es más que la punta del enorme iceberg que se esconde bajo las aguas turbulentas sobre las que se asienta su propio gobierno y su pretensión, que además ha sabido ganarse desde el principio el apoyo de otros grupos políticos como ER, parece haber triunfado plenamente, pues en Cataluña han quedado silenciados todos los nefastos efectos que sobre sus ciudadanos ha ejercido la manera de gobernar de su Presidente.
Pero la situación laboral que padecen los catalanes y la incidencia que los recortes de Mas  está teniendo sobre materias como la Educación y la Sanidad son evidencias y la línea ideológica que siempre ha movido a los militantes de CIU, como todos sabemos, es igual que la de Rajoy, neoliberal y de derechas.
Los cambios que esperan los catalanes de una independencia, a la que pueden aspirar libremente si así lo desean, según mi criterio, no llegarán sin embargo, jamás, de la mano de Mas, ni de nadie que comparta su pensamiento y la resolución de los problemas que les acucian, que coinciden plenamente con los que también padecemos los españoles, nunca será gestionada de manera satisfactoria para el pueblo, por nadie que proceda de ningún Partido político adscrito a la corriente en la que se sitúa su tan amado Presidente.
Independiente o no, Cataluña se encuentra en la misma situación agónica que España, es víctima de un porcentaje igual de casos de corrupción y adolece de las mismas carencias que los que a fuerza de escucharlo, consideran sus enemigos.
Por tanto, además de luchar por conseguir la celebración de la Consulta soberanista propuesta por Mas, los catalanes harían bien en volver la vista hacia la realidad que soportan a diario y empezar a plantearse con seriedad variar su intención de voto, para otorgarlo a alguien menos manipulador de buenas voluntades y conciencias.


domingo, 6 de julio de 2014

Sin tirón


Muy mal anda el PSOE, si realmente cree que volverá a ganar la confianza del electorado español eligiendo un nuevo Secretario General y dando un somero lavado de cara a su manera de hacer política, porque la imagen que ofrecen los tres candidatos en liza a la ciudadanía en general, es en definitiva, un claro reflejo de la caótica situación que se vive en el seno de la Formación y no consigue paliar, ni siquiera mínimamente, ni uno solo de los grandes errores que cometieron durante la etapa en que Zapatero gobernaba el país, ni en el tiempo que Rubalcaba ha sido cabeza de una oposición que ha parecido más bien inexistente.
Verán, la clave del éxito del PSOE  durante la etapa de la transición y en años posteriores no fue otra que hacer a los ciudadanos pensar que estaban votando a una izquierda moderada, alejada de planteamientos radicales, capaz de luchar por los derechos laborales y sociales en el Parlamento y con líderes que nada tuvieran que ver con las corruptelas que se acostumbraban a practicar, durante la etapa del franquismo.
En esa época, el carisma innegable del tándem González y Guerra y el ansia indiscutible de cambio que corría por las venas de los habitantes de la nación, fue suficiente para aupar desde la nada a un Partido al que avalaban cien años de historia y una presumible transparencia a la hora de hacer política, que convencieron a una gran parte de aquel electorado que en 1982 le dio la victoria.
Pero esa época de florecimiento quedó atrás y la evidencia de que el poder corrompe y de que sobre todo, es capaz de transformar las creencias hasta pulverizarlas del todo, han conseguido ir deteriorando las bases en que se asentaba aquel socialismo de los primeros años, hasta convertirlo en esta especie de esperpento ideológico sin definición que pulula entre la derecha y la izquierda según soplen los vientos y carente de todo sentido y de líderes capaces de cerrar definitivamente las páginas de su pasado más reciente, deshaciéndose de todos los lastres humanos responsables de lo que ha sido una pérdida de identidad que ha dejado a la gente huérfana de todo aquello en lo que creyó e indignada por el enorme engaño que bajo esas siglas se ha urdido, en los últimos tiempos.
 Ninguno de los tres candidatos que ahora se presentan como salvadores del proyecto socialista trae un discurso mínimamente capaz de hacer tambalearse los cimientos de su Partido, ni parecen tener la fuerza necesaria para comprender que se debe partir desde cero, para lograr borrar la enorme degeneración que ha sufrido este socialismo español que se ha perdido en su totalidad, a causa del servilismo demostrado a los grandes, que asfixian a la población con sus continuas exigencias.
A ninguno de los tres se ha oído aún hacer una autocrítica profunda de su última etapa de gobierno, ni reconocer que ellos fueron quienes empezaron a abrir peligrosas puertas por las que después se ha colado Rajoy con sus destructivas reformas laborales y sociales que han dejado a este pueblo en la más absoluta de las ruinas, ni atreverse a expulsar de sus filas a todos aquellos que hace tiempo cambiaron los principios fundamentales de su ideología, por un ambicioso proyecto más cercano a las fuentes del capitalismo feroz, que a las de un pensamiento concebido como apoyo incondicional a los problemas de unos trabajadores, hoy abandonados a su suerte.
Asentados en cimientos de barro y en un imposible afán reformista que en ningún caso puede dar resultados que saquen a su Partido del hoyo profundo en que se encuentra, los candidatos parecen hablar, exclusivamente, para los incondicionales capaces de soportar estoicamente todo lo que se pueda llegar a hacer, simplemente por la fuerza de un fanático amor a unas siglas, francamente desgastadas por la evidencia de unos actos abyectos.
Muchas veces hemos dicho y nos reafirmamos en ello, que el PSOE más que una transformación necesita una auténtica Revolución, si quiere sobrevivir a su propia tragedia y ninguno de estos tres candidatos posee ni el empaque ni el criterio que debe mover a un revolucionario en sus comienzos, ni la firmeza en tomar decisiones sin titubeos que caracteriza a los líderes capaces de cambiar radicalmente una situación tan viciada.
Para eso tendrían que olvidarse, en principio, de su ambición por el poder y entender que ser socialista está radicalmente reñido con las aspiraciones que Europa tiene para nosotros.
Y partiendo de ahí, empezar a construir desde abajo, sin prisa por gobernar, todo aquello que empezó a hacerse añicos cuando decidieron que ya no eran marxistas, bajaron el puño, dejaron de cantar la Internacional y se acomodaron a los placeres del consumismo, sucumbiendo a las exigencias de los que ya antes se habían transformado en socialdemócratas en su querida Europa y que en realidad, lo que habían descubierto era que coincidiendo con el capitalismo se vivía, a nivel personal, infinitamente mejor.
Siento decir que cuando finalmente termine esta lucha por el puesto de Secretario general y este PSOE que no está dispuesto a cambiar elija por fin un nuevo líder, sea quien sea, los españoles continuaremos pensando que ya no nos convencen, para nada, sus argumentos y que en el fondo, estamos asistiendo a una sustitución de personas por otras que nada nuevo tienen que ofrecer.
Qué pena de Partido y qué pena de espacio ideológico perdido, únicamente por la influencia del color del dinero.





jueves, 3 de julio de 2014

Sin fundamento


El máximo representante del empresariado español ataca de frente a uno de los colectivos más castigados por los efectos de la crisis, las amas de casa, y las acusa directamente de apuntarse a las listas del desempleo, con la intención de llegar a cobrar algún subsidio y sin ningún ánimo de encontrar un sitio en el paupérrimo panorama laboral que nos ha legado la Reforma Laboral que Rajoy aprobó, con su plena aquiescencia.
Demostrando un desconocimiento garrafal de cómo funciona la concesión de subvenciones, a pesar de que por el cargo que ocupa debiera obligatoriamente estar al tanto de todas estas materias, Rosell incurre en el gravísimo error de ignorar que sin que se haya cotizado con anterioridad, resulta imposible obtener del Estado ningún tipo de ayuda económica, como suele ocurrir en el caso de una mayoría de mujeres, que decidieron quedarse en casa para cuidar a la familia.
Este colectivo, frecuentemente vapuleado e ignorado por todos los gobiernos que han ido pasando por el poder desde la llegada de la Democracia, ha sido sin embargo el sostén silencioso de las carencias que han azotado a las familias desde que se empezaron a producir masivamente los despidos y estas mujeres han demostrado, pese a quién pese, ser las mejores economistas de este país, a juzgar por los juegos malabares que se ven obligadas a realizar para poder llegar a fin de mes, con los recursos irrisorios que llegan a sus manos y que en muchos casos no superan los cuatrocientos y pico euros.
Quizá esa pueda ser la razón de que muchas de ellas, acuciadas por la necesidad que viven en su vida cotidiana, hayan decidido incorporarse al panorama laboral  inscribiéndose en las listas del INEM, con la esperanza de encontrar algún puesto que palie al menos en parte, la gravísima situación en que se encuentran, al no percibir en muchísimos casos, ningún tipo de ingresos, por encontrarse sus maridos e hijos, en paro.
Que este intento moleste al Presidente de la Patronal, puede dar una idea de la catadura moral que posee quién ocupa tan importante cargo y deja al descubierto las auténticas intenciones que mueven a un empresariado español, que lo único que no perdona en ningún caso, es ver mermados sus pingües beneficios.
Qué pueden esperar los trabajadores de quién se atreve a hacer estas declaraciones, no puede ser más evidente y no puede ser otra cosa que mala voluntad por parte de quién probablemente nunca ha conocido, en carne propia, ningún tipo de carencia.
Su ataque a las amas de casa y la flaqueza de un argumento que no contempla la auténtica realidad legal en la concesión de los subsidios, no solo deja claro el afán de ocultar lo que verdaderamente sucede en el panorama laboral español, por parte de Rosell, sino que incide sin fundamento, nuevamente, sobre uno de los colectivos más desamparados que existen en este país.
Ya sabemos que pedir su dimisión no  daría ningún fruto, pero aún así, expresar que Rosell no merece de ninguna manera ocupar el cargo que ostenta, es, tras su intervención sobre este tema, más que una obligación, una exigencia que no debe eludirse ni callarse, teniendo en cuenta que este cargo es de enorme importancia para el buen desarrollo de las relaciones entre trabajadores y empresarios.
Qué fácil es, sentado en la poltrona que nos permite vivir como un Rey, cuestionar las intenciones de los que nada tienen y no ver en ellas más que mala intención y deseo de engañar al Estado, para beneficio propio.

Cree el ladrón, que todos son de su condición.

miércoles, 2 de julio de 2014

Puestos a comparar


La detención del ex Presidente Francés Nicolás Sarkozy  y sus más de quince horas de exhaustiva declaración en una Comisaría francesa, acaba de causar en España una serie de sentimientos cruzados, entre la sorpresa y la envidia, al comprobar que fuera de nuestras fronteras verdaderamente parece existir una justicia absolutamente igualitaria que cumple con rotundidad sus funciones, independientemente de la relevancia que puedan tener los individuos con los que se enfrente.
Puestos a comparar, los delitos de los que se acusa al ex Presidente francés podrían ser exactamente los mismos que el juez Ruz pudiera achacar a Rajoy, si como se prevé, sus investigaciones acaban probando la financiación ilegal de las campañas electorales de su Partido.
Y sin embargo, mientras en Francia no duelen prendas en ir a la raíz del problema y detener abiertamente y sin tapujos al presunto culpable, en este caso por la financiación de su campaña de 2007, en esta España nuestra, difícilmente veremos a quién hoy gobierna los destinos de la Nación en una situación similar, aunque llegara a presumirse su culpabilidad en tal delito y sobre todo, por los privilegios que le concede su aforamiento.
La similitud entre los casos es tal, que podría parecer que se calcaron uno de otro, tanto en los fines, como en los medios. Grandes empresarios tácitamente sometidos a una especie de extorsión y obligados a ofrecer jugosos donativos a cambio de favores, informadores estratégicamente situados en los ambientes judiciales capaces de filtrar una relación detallada de los pasos que se van dando en los casos de corrupción abiertos y una prensa potente, encargada de hacer la vista gorda a lo que a todas luces parece ser constitutivo de delito e incluso de levantar cortinas humo que empañen las más claras evidencias, haciéndose eco de efímeros escándalos relativos a otras Formaciones, para alejar la atención de lo  que verdaderamente podría herir de muerte a los que se encuentran en la cresta del poder.
No me cabe la menor duda de que en Francia si Sarkozy tiene que caer, caerá, ni tampoco de que la justicia será implacable a la hora de juzgarle, si llegan a demostrarse sus delitos.
Tampoco dudo de que se exigirán explicaciones sobre todos sus actos al ex Presidente, teniendo en cuenta que ya se le han practicado escuchas telefónicas y que incluso podrían tenerse pruebas de su implicación a través de ellas, de propia voz y manifestadas en primera persona.
De este modo, los ciudadanos franceses podrán sentir todo el orgullo de que nosotros carecemos, sobre el funcionamiento de su sistema judicial y se acostarán a diario con la sensación de que nadie, por alto que sea su cargo, puede escapar a la acción de una justicia igual para todos.
Nosotros, sin embargo, de poder presumir de algo, sólo podría ser de haber batido todos los records existentes en cuanto a número de casos de corrupción y también del de las sentencias absolutamente inexplicables que siguen a casi todos ellos, pues suelen saldarse con incomprensibles absoluciones, o con penas infinitamente inferiores a las que deberían corresponder a la importancia de los delitos.
Claro que cuando los franceses hablan de sus políticos, quizá pueden hacerlo refiriéndose a ellos como personas a las que se sobreentiende una honestidad probada, mientras que los españoles, a la vista de lo que nos ocurre en los últimos tiempos, habremos de buscar exhaustivamente para poder tropezar con alguno que no tenga sobre su espalda la sombra de alguna sospecha.
Puede que los años que nos llevan en la práctica de la Democracia, hayan servido para que los políticos tengan claro que han de estar al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio de los políticos.
Uno no puede por menos que sentir amargura al comprobar la poca suerte que nos ha deparado la historia, tras haber soportado más de cuarenta años de dictadura y haber luchado tanto por asentar en el poder a quienes ahora nos pagan con un uso abusivo y despiadado de los cargos que ocupan, sola y únicamente, gracias a la gentileza de nuestros votos.
Mucho tiempo habrá pues de pasar, para que en España suceda lo que pasa hoy en Francia y para que tengamos la certeza de que no existen barreras capaces de obstaculizar la acción de una Justicia, independiente de toda influencia de poderes fácticos, ciega e igualitaria para todos los seres humanos que habitan nuestro territorio.
Basta el ejemplo que acabamos de ver en la imputación de la Infanta Cristina, para entender la gran diferencia que nos separa de otros países en esta materia.
Y lo peor, es que ni siquiera se avergüenzan.




martes, 1 de julio de 2014

Un toque de atención


Seis jueces del CGPJ consiguen arrancar del Organismo al que pertenecen, una condena tácita del ataque que el Fiscal Horrach dedica en su escrito de apelación al trabajo del Juez Castro en la instrucción del caso de la Infanta y aún sin mencionarle explícitamente, aboga por el respeto por el trabajo de los Magistrados y por la independencia a la hora de realizarlo.
Ya veníamos diciendo que la actitud de Horrach se apartaba bastante de la que debiera ser por lógica, normal en el cargo que ocupa y que su acalorada defensa de la Infanta más parecía ser propia de los abogados defensores que llevan su caso, que de un empleado público cuyo fin no es otro que el de acusar, apoyando en la medida de lo posible, el trabajo del juez encargado de instruir el proceso.
No es fácil escandalizar al Poder Judicial, compuesto en su mayoría por vocales conservadores y muy evidente ha debido ser el ensañamiento que Horrach ha demostrado en su escrito en contra de Castro, como para que el grupo más afín al PP de estos jueces, haya decidido apoyar, al menos en espíritu, la contundente protesta que el sector progresista ha liderado en contra del fiscal y a favor de la honestidad cuestionada del juez y de las conclusiones expresadas en la Instrucción de este caso.
 Castro había respondido al fiscal, que si sospechaba alguna irregularidad en la imputación de Cristina de Borbón, debía poner inmediatamente una querella por prevaricación contra su persona, convencido de que no han existido injerencias mediáticas en su manera de enfocar este caso y menos aún, influencias por razones del apellido de la ahora judicialmente imputada, por causa de incontables indicios.
Pero dicha querella, no solo no se ha producido, sino que dudamos mucho que sea presentada en los próximos días, probablemente porque Horrach sabe, en el fondo, que no tiene ninguna posibilidad de sacarla adelante, dado el concienzudo trabajo que apoya a las tesis de Castro y la multitud de evidencias que señalan a la Infanta, como actora  junto a su marido, en el caso en que se la imputa.
Con el verano por delante, Horrach más bien habrá decidido ganar apoyos entre los integrantes de la Audiencia Provincial de Palma, que será finalmente la que decidirá si Cristina de Borbón se sentará o no en el banquillo, no antes de Septiembre.
El fiscal no puede ni debe arriesgarse a perder una querella por prevaricación contra Castro, que podría hacer mella en su hasta ahora impecable carrera y con toda probabilidad, prefiere esperar a que los magistrados de la AP apoyen tácitamente sus tesis, emitiendo un veredicto más cercano a lo expuesto por él en el escrito de apelación, que a las conclusiones de Castro, tras la exhaustiva instrucción de un caso, que tantos disgustos le ha contado.
Habrá sin embargo, a partir de ahora, de andarse con pies de plomo para que su acalorada defensa de la hija del Rey no sea tan evidente, sabiendo como sabe que el CGPJ mirará con lupa sus acciones, para confirmar o desmentir la absoluta falta de respeto que viene demostrando por Castro desde que coincidieron en el escándalo Urdangarín y el juez decidió imputar a Cristina junto a su marido y sus socios.
La opinión pública, que esperaba mucho más del más alto organismo de la Judicatura, se encuentra también claramente posicionada con las tesis del juez, creyendo que con su actitud ayuda sobremanera a demostrar, por fin, que puede existir en España una justicia igualitaria.
El final del proceso dará la razón a uno u otro y entretanto, no queda más remedio que esperar que no se produzcan nuevas acusaciones contra la honradez de este juez, al que todos respetamos por la inmensa valentía que ha demostrado, al no ceder a las presiones de otros poderes que nada deben tener que ver en las decisiones judiciales. Ya veremos qué pasa.