miércoles, 19 de febrero de 2014

Otra cuenta en Suiza


No es de extrañar que este País se encuentre en la desastrosa situación que padece, si a lo que sería el curso natural de una gravísima crisis como ésta, se suman las cantidades manejadas en los innumerables casos de corrupción que se van descubriendo y que podrían ser la punta del iceberg que oculta bajo sí otros muchos que probablemente nunca conoceremos, a pesar de intuirlos cada cual, en el ámbito en que se mueve.
No pasa un solo día sin que la prensa nos sorprenda con alguna ilegalidad cometida por alguno de los políticos, consiguiendo que cada nueva revelación empequeñezca a las anteriores por su gravedad o por la relevancia que en alguno de los Partidos haya tenido y aún tengan sus protagonistas.
Justo tras la comparecencia en el Senado de Rajoy, para defender la actuación de la Guardia Civil en los luctuosos sucesos de Ceuta, el Diario el Mundo lanza la información de que Francisco Granados ha ocultado durante años una cuenta en un Banco suizo,  cuya media superaba en todo momento el millón y medio de euros.
Inmediatamente nos vienen a la memoria, como no podía ser de otra manera, las durísimas declaraciones que este Senador del PP, procedente de la Comunidad de Madrid, ha vertido en innumerables ocasiones sobre el caso de Bárcenas, probablemente seguro de estar protegido por el secreto bancario, aunque algunas fuentes señalan que en Diciembre intentó sin éxito dejar a cero su cuenta, que ya estaba siendo investigada por la policía española, desde hacía varios meses.
No cabe mayor inmoralidad y el PP debe ser absolutamente consciente de que la noticia le llega en el peor de los momentos, en tanto en cuanto viene a sumarse a los muchos problemas internos que vienen afectando a la buena armonía de la familia conservadora y sobre todo por la importancia de que en ella ha gozado el protagonista de la historia, desde hace varios años.
El descaro con que Granados se ha enfrentado al caso de Bárcenas y la defensa a ultranza que ha venido haciendo sobre la honradez de los miembros de su partido, convierten su peripecia suiza en mucho más imperdonable y pone en duda todas y cada una de las palabras pronunciadas en relación a este asunto, haciendo tambalearse cualquier atisbo de credibilidad que pudiera quedar de pie, en  las comparecencias que los miembros del PP han hecho ante los medios, para proclamar a los cuatro vientos su pretendida inocencia.
La vileza de llamar a Bárcenas delincuente, mientras su cuenta permanecía intacta en Suiza, sin haber tenido siquiera la precaución de haber utilizado el nombre de un testaferro, coloca a Granados en una situación insostenible, no ya en el seno de su propio partido, sino también a los ojos de todos aquellos a los que se atrevió a exigir austeridad, mientras se convertía en adalid de las políticas de recortes de Rajoy, de la Reforma Laboral y de que el peso de la justicia cayera inexorablemente sobre los corruptos, claro que sin hablar de sí mismo.
De qué manera asumirán Rajoy y los suyos esta nueva noticia, es una incógnita en estos primeros momentos, pero fuentes cercanas al Gobierno hablaban ayer de que el Presidente y los Ministros se hallaban visiblemente afectados por la gravedad del descubrimiento, aunque ninguno de ellos había querido hacer declaraciones sobre tan escabroso asunto.
La proximidad de las elecciones europeas y la popularidad del protagonista de esta historia, podrían sin embargo incidir muy negativamente en la opinión de la ciudadanía, ya bastante indignada por el número de políticos del PP imputados en casos de corrupción en los últimos tiempos y también porque las cantidades que se manejan alrededor de ellos, bien podrían reafirmar las sospechas existentes sobre la percepción de sobresueldos, cuestión que explicaría lo abultado de las cuentas de estos individuos y que de ninguna manera pueden ser fruto de trabajar honradamente en un servicio público.

El futuro se pone negro para Rajoy y si la verdad termina prevaleciendo sobre el engaño, probablemente se pondrá imposible.

martes, 18 de febrero de 2014

¿Motivos personales?


Parece que el Juez castro está dispuesto a mantener la imputación de la Infanta Cristina en el caso Noos, al no haberle convencido ninguno de los argumentos  manifestados durante las horas de la declaración que tuvo lugar en los Juzgados de Palma, durante la mañana del día ocho, del presente mes.
La impecable labor que está llevando a cabo el Magistrado, podría verse, sin embargo, empañada por el empecinamiento del Fiscal Horrach, si son ciertas las suposiciones publicadas por la revista Interviú y como se dice, se ha permitido enviar un documento a la defensa de la hija del Rey, ofreciendo las claves necesarias para que pueda salir indemne, de su enfrentamiento con la justicia.
La negativa de Horrach a la existencia de dicho documento, ha sido inmediata, pero la mera sospecha de que dicha información pudiera ser cierta, unida a la más que extraña actitud adoptada por el fiscal en este caso, coloca sobre él todas las miradas de los medios informativos y de una ciudadanía, atónita ante la machacona persistencia de Horrach, en demostrar la inocencia de esta imputada, a pesar de que su obligación sería, precisamente, la de buscar la manera de que la  acusación se mantuviera, tras el estudio de la multitud de indicios existentes.
El solo pensamiento de que dicho documento pudiera ser real, sin ser delito, pondría en tela de juicio todas las normas de la ética profesional de este fiscal en concreto y vendría a sumarse a los muchos motivos que ya tienen los españoles, para desconfiar del buen funcionamiento de la justicia.
El enfrentamiento entre Castro y Horrach, que se ha convertido en algo habitual desde que coincidieron en la instrucción de este caso, llega a dar la impresión a los que miramos desde fuera de que el Fiscal ha de tener, necesariamente, graves problemas personales con el Juez, o no se entiende que con su actitud haga tambalearse todas las pautas de funcionamiento de la justicia, únicamente con la intención de que la monarquía no tenga que pasar el mal trago, de tener que ver a uno de los suyos sentarse en el banquillo de los acusados y ser susceptible de ser condenado, si así se entendiera, tras la celebración del juicio.
Pero si Cristina de Borbón no ha sido capaz de solventar  airosamente las numerosas sospechas que la relacionan con lo ocurrido en las Sociedades que regentaba con su marido, a pesar de habérsele dado la oportunidad de aclarar ante el juez, todas las dudas que la señalaban como conocedora de la marcha de estos negocios, la primera obligación de quien lleva la causa no puede ser otra que la de mantener la imputación y aconsejar su comparecencia en juicio, junto a los otros acusados en relación con este caso.
Que las presiones externas han sido muchas y de toda índole, no es un secreto para nadie y todos hemos podido ver y escuchar, incluso, al mismísimo Presidente de nuestro Gobierno, defender la inocencia de Cristina, ante las cámaras de televisión.
Pero las injerencias que se ha visto obligado a soportar el Juez, no pueden borrar la contundencia de los hechos y el rastro de facturas pagadas con dinero procedente de las Sociedades, unido a la insípida manera de responder de la Infanta durante el interrogatorio, no hacen sino confirmar que supuestamente, no solo  sabe más de lo que dice, sino también que podría estar ocultando valiosa información que ayudaría sobremanera al esclarecimiento del caso, por amor, o por puro interés personal, de no ser salpicada por la magnitud de este escándalo.
  Y aún si como se espera se mantuviera la imputación, tampoco estaríamos seguros de que se hiciera efectiva contra ella la acción de la Ley. La extraña conjugación de gente variopinta, interesada en que salga ilesa del trance, hace presagiar que el culebrón no ha hecho más que empezar y que aún falta un largo camino por recorrer, para que se demuestre con hechos, que la Justicia en este País, podría empezar a ser igual para todos.



lunes, 17 de febrero de 2014

Un ejercicio de memoria


Cómo afecta a la política de partidos, la llegada de un periodo electoral, no es un secreto para nadie, ni incide en la credibilidad que cada uno tiene de cara a los ciudadanos, por mucha novedad que se ofrezca, con el evidente propósito de ganar, por cuantos más votos mejor, al resto de los adversarios.
El golpe de efecto de Rubalcaba poniendo a Valenciano al frente de las listas para las europeas, ha acelerado la elección del nuevo representante del PP en Andalucía y hecho saltar el rumor de que Rajoy, con toda probabilidad, se desprenderá en breve de unos cuantos ministros molestos, con los que la ciudadanía en general, no muestra sino una indignación continuada y sin precedentes.
Pero la misma teoría que avanzábamos el otro día para el PSOE y su falta de imaginación para componer un argumento mejor que el de dar un lavado de cara a su panorama general, conservando a la misma gente en los mismos puestos, valdría también para este PP, cuya mendacidad ha alcanzado las cotas más altas conocidas en nuestra Democracia y tampoco para él supondrá nada el intento desesperado de esconder a los responsables directos de las más enérgicas protestas, ya que todos sabemos que la política llevada a cabo por el ejecutivo nunca hubiera sido posible, sin el apoyo tácito o declarado del mismo Presidente.
Que Wert, Soria o Mato pasen a un segundo plano antes de la campaña electoral y que el incombustible Arenas, perdedor impenitente de todos los comicios a los que se ha presentado en Andalucía desaparezca por fin de la vida de los andaluces, ni cambia la manera de pensar que Mariano Rajoy guarda en su intimidad, ni es la panacea que aleje de nosotros el fantasma de los recortes, ni la solución para la miseria que sufren los seis millones de parados que se arrastran ante las oficinas del INEM, suplicando la oportunidad de reincorporarse a un mundo laboral, seriamente dañado por la Reforma aprobada por los conservadores.
Pero la premura del tiempo suele causar en los ineptos una innegable inquietud por intentar arreglar todo aquello que ocurrió gracias a sus crasos errores y hace que la imaginación trabaje a ritmo desaforado para tratar de encontrar una vía de escape por la que evadirse de cuánto ha sido su responsabilidad, sin haber sido solucionado nunca y que pesa como una losa cuando unas nuevas elecciones precisan de la colaboración de los votantes, para que algunos se reafirmen en el poder u otros lo consigan, si sus argumentos logran convencer a los sufridos ciudadanos.
A veces, son tantas las mentiras que se vierten durante el transcurso de una campaña electoral, que no queda otro remedio que tirar de hemeroteca para cerciorarse de que lo que almacenamos en nuestra memoria como un mal recuerdo, ocurrió de verdad y no ha sido fruto de nuestra imaginación, a juzgar por el discurso que oímos en boca de determinados políticos.
Así que un cambio de gobierno en el caso del PP, no puede ni debe hacernos olvidar todo lo que nos ha ocurrido, gracias a su gestión, en estos últimos dos años. Ni las cifras de paro que padecemos, ni el intento continuado de privatizar la Sanidad o la Educación, ni la bajada real de los salarios y las pensiones, ni las escandalosas subidas de las energías, ni la liberalización del despido o la aprobación de una amnistía fiscal para los evasores de impuestos, ni la idea de cambiar la vigente Ley del aborto, nos lo hemos inventado nosotros.
Tampoco han sido un espejismo,  la proliferación de los desahucios en nuestro País, ni la millonaria ayuda que se ha dedicado a la Banca, mientras los españoles sufrimos la época más difícil conocida en varios siglos de nuestra historia.
Cambiar las caras pues, es únicamente un gesto promovido con la clara intención de volver a embaucar a unos cuantos incautos, incapaces de ver más allá de sus propias narices, para conseguir nuevamente la confianza de sus votos.
Pero si cada cual apela al simple ejercicio de  ejercitar su propia memoria, poniendo en una balanza su situación personal de hace unos años y la que corresponde al día de hoy, toda la persuasión a que vamos a ser sometidos de aquí a que se celebren las europeas, resultará para el PP, del todo inútil, sin dar los ansiados frutos que supone saborear las mieles del poder, tan apetecido y valorado por todos.
Prueben y juzguen ustedes mismos.





domingo, 16 de febrero de 2014

La paradoja suiza


Probablemente sin entender del todo el peligro que representa, Suiza coquetea con los planteamientos de la extrema derecha y vota para restringir la entrada de extranjeros en su territorio, a pesar de que su tasa de paro no pasa del tres por ciento y no existe una competencia real que justifique de ninguna manera la defensa a ultranza de los nativos contra los que llegan de fuera, cuando se trata de obtener un puesto de trabajo.
Este País, que se había tenido desde siempre por uno de los más civilizados de Europa y que en los años sesenta y setenta contó con mano de obra llegada de todas partes, incluidos los miles de españoles que se desplazaron hasta allí buscando una mejora sustancial en su modo de vida, cruza ahora una línea de riesgo que pone en peligro la libre circulación de personas que tanto ha defendido la Unión Europea, colocándose en una postura ideológica incomprensible para todos aquellos que aman la Democracia y de cuya ilustrativa experiencia tanto pudimos aprender tras el paso de los nazis por Alemania.
Ya sabemos que Suiza nunca ha formado parte de la Unión, pero que ha sido considerada por todos como un vecino respetable y respetuoso, con el que se podía convivir, sin esperar ningún tipo de sobresaltos que pudieran representar una ruptura radical con las reglas establecidas y aceptadas por todos como buenas y a pesar de que históricamente es de todos conocido, que una gran parte de la riqueza de esta Nación procede de la laxitud demostrada por su poderosa Banca, al recibir de buen grado grandes capitales de dudosa procedencia, ninguno de los miembros de la Unión ha considerado siquiera la posibilidad de incluirla en la extensa lista de Paraísos fiscales conocidos, probablemente como pago a la educación exquisita con que se ha tratado desde allí, la concordia.
Pero es absolutamente inmoral que mientras se recibe con los brazos abiertos a todos aquellos extranjeros de traje y corbata que pisan territorio suizo portando un maletín, cuyo contenido es inmediatamente ingresado en cualquiera de las sedes bancarias que salpican lo largo y ancho de su geografía, sin demostrar demasiado interés por la identidad de los clientes, ni por la procedencia del dinero que aportan, se cierren a cal y canto las fronteras impidiendo el paso a quienes únicamente aspiran a mejorar sus condiciones vitales, en muchos casos empujados por las circunstancias políticas de sus países y aún siendo portadores de un extenso bagaje cultura y una formación exquisita, con la que enriquecer cualquier lugar en el que decidieran establecerse.
Para que quede claro, Suiza   no estará dispuesta de ninguna manera,  a admitir en su territorio a los emigrantes pobres, aunque nada se dice en esta ley de próxima aplicación, sobre todos aquellos que avalados por una posición económica de altísimo nivel, procuraran lo mismo y a los que sin duda alguna, estarán encantados de recibir, sobre todo si están dispuestos a abrir jugosas cuentas, bajo secreto sumarísimo, en su Banca.
Luego entonces, la xenofobia que ha crecido entre su gente, nada tiene que ver con el color de la piel y ni siquiera con los postulados que tradicionalmente ha defendido la extrema derecha, que ahora los ha convencido para obtener su voto y mucho con el poder adquisitivo que puedan demostrar quienes llamen a su puerta, procedan de donde procedan, vistan como vistan y profesen la religión o las ideas políticas que profesen.
La respuesta de la Unión Europea debiera ser, nos parece, inmediata, si  se quiere evitar que el ejemplo pueda contagiarse y afectar en breve a alguno de sus muchos socios, creando de nuevo, un caldo de cultivo propicio para la exclusión de determinados ciudadanos, como ya ocurrió desgraciadamente el siglo pasado y cuyas terribles consecuencias, todos conocemos.
Tal vez, se podría presionar exigiendo un listado completo de la cartera de clientes en los bancos suizos, cumpliendo a la vez el objetivo de esclarecer un número indeterminado pero seguramente alto, de casos de corrupción, que podrían afectar a todos y cada uno de los socios de la Unión, abriendo la posibilidad de recuperar una gran parte de capitales obtenidos de la evasión de impuestos.
Hurtar a los ciudadanos el derecho a la libre circulación, aún cuando  afecte a uno solo de los países europeos, constituye un grave atentado a leyes que todos creíamos, para siempre, aceptadas y abre una incertidumbre de cara al futuro, imposible de negociar, sino se quiere caer directamente, en brazos de una nueva forma de fascismo.     



jueves, 13 de febrero de 2014

Pena de excomunión


Una vez más, la Iglesia Católica irrumpe en el panorama político español, no ya para expresar una opinión lícita sobre un tema de actualidad, sino para amenazar a sus fieles con el peor castigo que puede aplicarse sobre quienes siguen su doctrina y que no es otro, que la de ser excomulgado si desoyendo las órdenes de su pastor, aún sin tener en cuenta las circunstancias personales, participen de algún modo, en una práctica de aborto.
El dilema moral en que se coloca a las mujeres católicas que por las razones que fueren decidieran interrumpir un embarazo no deseado, en estricta aplicación de su libertad de elección, pasa porque  habrían  de plantearse que serían inmediatamente expulsadas de su Iglesia y despojadas abruptamente de la religión que eligieron como suya, además de todos los traumas que ya reporta tomar una medida como ésta. 
 Las continuas injerencias en los asuntos de Estado que viene practicando la curia española dependiente del Vaticano , muchas veces invadiendo terrenos que escapan de la estricta labor pastoral que debe caracterizar a una Iglesia, parecen recrudecerse precisamente, cuando los temas que se tratan inciden sobre situaciones que ocurren en un plano de intimidad y que debieran dirimirse exclusivamente en ese ámbito, sin convertirse en objeto de juicio, ni para los políticos, ni para los curas, que en nada conocen los motivos que mueven a cada cuál para tomar un cierto camino de sexualidad, o a decidir sobre el momento en que llegar a la maternidad, de un modo libre y consciente.
Como si la Edad Media no estuviera tan lejos como todos pensamos y la intolerancia inquisitorial que se practicaba en aquel tiempo siguiera presente entre todos nosotros, la voz huraña de la Iglesia y el dedo levantado de sus pastores , continúan avasallando a los feligreses desde los púlpitos, poniéndoles en claro que el Castigo Divino no es cosa del pasado y recordándoles que todo aquel, en este caso aquella, que se aparte del redil señalado, será apartado de la Comunidad, con saña y para siempre.
 Y esta actitud incomprensible, si tenemos en cuenta que España es constitucionalmente, un Estado laico, es tolerada y aplaudida por los conservadores que nos gobiernan, quizá porque coincide en el fondo y la forma, con los planteamientos esgrimidos desde que se asentaron en el poder, con la intención más que probable, de no abandonarlo nunca.
La soberbia y la inmisericordia, comunes a católicos y populares, cercenan sin embargo, la libertad de elección que cualquier ciudadano tiene, cuando se vive en Democracia y hacen del terror al castigo, un argumento continuamente utilizado para conseguir los fines previstos por unos y por otros y que serían esencialmente, poder conseguir una sumisión plena de los ciudadanos ante sus órdenes, sin dar derecho a réplica a los que sufrimos su tiránica forma de gobernar o la involución constante de la doctrina inamovible que se sigue en su Iglesia.
Y no basta con que las Leyes previstas hagan prácticamente imposible abortar en España, sino que además, el fantasma de la anacrónica excomunión perseguiría a la gente a través de las fronteras y salpicaría además a médicos, enfermeras, personal sanitario que intervinieran en el aborto y a todos aquellos que conociendo la intención de quien lo hiciere, le prestara algún tipo de apoyo o comprensión, aunque fuera simplemente, por una cuestión de caridad.

De locos.   

miércoles, 12 de febrero de 2014

Fomentando la impunidad


Tras vencer en la consulta sobre la reforma de la Ley del aborto y aprovechando el revuelo que se generó ayer alrededor de este asunto en el Congreso, el PP da un paso adelante en su disparatados métodos políticos y propone robar a los jueces españoles su derecho a juzgar crímenes cometidos por ciudadanos u organismos internacionales, fomentando una impunidad que puede traer consigo una importante elevación de una serie de delitos de todo tipo, sabiendo los delincuentes que aquí no podrán ser juzgados por la comisión de los mismos.
Casos como el asesinato de José Couso, presuntamente a manos de soldados americanos, durante la guerra de Irak, podrían ahora quedar archivados en el fondo de algún cajón, para desdoro de unos familiares que jamás verán satisfechas sus ansias de justicia.
Que el PP no quiere conflictos ni oposición alguna a la gestión que está realizando desde su llegada al poder, no es ningún secreto, ni coge por sorpresa a unos ciudadanos cada vez menos confiados en el funcionamiento de la justicia, pero cuya opinión aún salvaba la labor de determinados jueces que no se han dejado influir por la presión política y que aún continúan en sus cargos ejerciendo con honradez la profesión que eligieron, con el único ánimo de dirimir los casos, con plena equidad y en cumplimiento estricto de lo que marcan las Leyes.
La intención de imputar al Presidente chino, en relación con el genocidio del Tibet, parece haber sido el detonante de esta propuesta y el afán de seguir luchando de la familia Couso por conocer la verdad de lo que pasó en el Hotel Palestina, puede haber ayudado a los populares a hacer promesas a determinados mandatarios con poder, asegurándoles con esta nueva Ley, impunidad para sí mismos y todos aquellos a los consideran bajo el amparo de sus respectivas banderas.
Pero es que el crimen del cámara, que todos pudimos ver en directo, gracias al buen hacer periodístico de Jon Sistiaga, sigue siendo una herida abierta en el corazón de  los españoles, que continúan  deseosos de que se juzgue a quienes se atrevieron a convertir en blanco de guerra un edificio de carácter civil, en el que igualmente pudieran haber muerto muchas más personas, de no haberse ofrecido a través de la televisión, las imágenes que todos vimos y que dejaban claro que todo sucedió cuando Couso se encontraba, por supuesto inerme y en total indefensión frente a la incomprensible agresividad de sus asesinos.
Que esta propuesta coincida prácticamente en el tiempo con la visita que hace pocas fechas realizó Rajoy a Estados Unidos y con su entrevista con Obama, no deja de ser, al menos ciertamente sospechoso y dota de  razón a los que piensan que la decisión puede deberse a un compromiso personal de Rajoy con el líder estadounidense, en desagravio por el alejamiento que se produjo entre ambas Naciones, en la época de Zapatero.
Pero si esto es verdad, debe preocuparnos y mucho, que quién es Presidente de nuestro país anteponga los intereses norteamericanos o chinos a los de su propio territorio y sobre todo que no muestre ningún afán por esclarecer lo que pueda ocurrir a los ciudadanos españoles, abandonando a la familia de un fallecido en extrañísimas circunstancias a su suerte, mientras les cierra las vías legales que podrían ayudar a que se hiciera justicia.
Pero todos sabemos de la probada obediencia de Rajoy a otras banderas y de su sumisión a los mandatos de otros dignatarios, en detrimento de todos nosotros, llámense Merkel u Obama, si con su amistad puede conseguir un apoyo tácito a las medidas que ha venido aplicando, aunque con ellas lesione directamente los derechos legítimos de los españoles o les hurte el amparo que una justicia democrática debiera ofrecerles, como en el caso que nos ocupa.
No hay más que oír las declaraciones de las mujeres del PP, antes de la votación sobre la retirada de la ley del aborto, para confirmar lo que digo.
Todas votaron en contra, no ya porque pensaran que lo que se contemplaba en dicha ley beneficiara el furo de las españolas, sino porque la Propuesta la presentaba el PSOE, su enemigo de siempre.

La conciencia, el honor y lo que sea mejor para los ciudadanos, por lo visto, carece de toda importancia. 

martes, 11 de febrero de 2014

Una jugada imperfecta


Mandar a Elena Valenciano a Europa, no le servirá a Rubalcaba para mejorar sus resultados en los próximos comicios, ni servirá al PSOE para salir del bache en que se encuentra, gracias a las últimas medidas tomadas por el Gobierno de Zapatero, si no desaparecen del panorama político y en breve, todos aquellos que puedan recordar a la ciudadanía la etapa final del último mandato del partido que tantas puertas abrió a quién le sucedió en el poder, para desgracia de todos nosotros.
La herencia de Zapatero, no sólo es el argumento más utilizado por el PP, para justificar sus recortes, sino también el recuerdo nefasto de la inauguración de una política que nada tendría que ver, en principio, con nada que recuerde a la doctrina socialista y que a todos nos pareció una rendición incondicional a las exigencias del capitalismo feroz que reina a sus anchas en Europa y que defraudó enormemente a los electores que habían confiado en que el PSOE siempre defendería los derechos sociales y la dignidad  para los trabajadores.
Alfredo Pérez Rubalcaba, estaba allí y no puede, de ninguna manera, cambiar la que ha sido su historia. Su pertenencia al gobierno anterior, ya en sí, representa que hubo un apoyo tácito a cuantas medidas se tomaron entonces y hace dudar en todo momento de la veracidad de sus palabras de ahora, ya que encontrándose en el poder, nada hizo por dar otro rumbo a los primeros recortes que llegaron de la mano de quién entonces era su Presidente.
Y aunque Valenciano ocupó después el número dos y se ignora hasta dónde podría llegar si consolidara su posición en el PSOE, el mero hecho de estar en el mismo espacio que el viejo líder socialista, aferrado inexplicablemente a su cargo, a pesar de la oposición de los suyos y de mucha gente de fuera, ya supone un enorme hándicap  para ganar la confianza de un electorado, demasiado escarmentado de la aventura del archiconocido bipartidismo.
Que el PSOE consiga remontar en las europeas es, no solo bastante improbable, sino prácticamente imposible, mientras Rubalcaba no se decida a abandonar definitivamente la secretaría general del partido, al que perjudica sensiblemente, causando al ciudadano la sensación de no saber a quién votar, sobre todo a los que desengañados de la gestión del PP, estén dispuestos a cambiar su intención, paro  siguen encontrando en la formación socialista a las mismas personas de las que abominaron en las últimas elecciones generales.
La cobardía de no querer asumir que existen otras opciones en el panorama político español, puede ser la mejor baza para el PP en las europeas, a la vez que el peor de los augurios para un PSOE que ha sido incapaz de renovarse, en los dos años de esta legislatura. Ahora bien, si es verdad como dicen algunos, que poner a Valenciano al frente de las listas para las europeas es una forma de asegurarle un trabajo para los próximos cuatro años, porque Rubalcaba está decidido a marcharse, la pregunta sería:
¿Importa más que Valenciano consolide su posición personal, o que el PSOE protagonice un resurgimiento que le ofrezca la posibilidad de volver a la primera línea de juego, en el panorama político español?
Sólo Alfredo Pérez Rubalcaba podría ofrecernos una respuesta.